El remedio

Sentado en la hierba, contempló el mar a sus pies, teñido por el sol del ocaso. Se empapó del murmullo de las olas y se rodeó de ansiada soledad. Trató de pensar algo profundo y después trató de no pensar. Algo hizo mal. Anocheció y buscó el camino a casa.
Escrito por Álex Garaizar

No fue la lluvia

No fue la lluvia, como pensaste en un primer momento.

Como recordarás, estábamos en el patio y comenzó a llover. Estabas tan guapa... Entonces, Carlos me pidió que te pasara esa nota con las letras aguadas, donde se declaraba. No debí leerla, pero lo hice. Eso me partió el corazón.
Escrito por Raquel Tevas Cisneros

El camino

Buscaba ese lugar donde los sueños se hacen realidad y, segura de encontrarlo, eligió el camino menos transitado. Estaba tan oscuro... Pero no se rindió. Súbitamente, vio el cielo extenderse ante sus ojos y decidió que los rayos de sol iluminasen sus días y las estrellas, sus noches. Para siempre.
Escrito por Wadi Rum

Virus informático

Empecé a pensar en un nuevo relato. Y ante la pantalla en blanco sentí el vértigo de los saltos de página, la opresión de los márgenes y la fluidez viscosa de las sangrías.

Revisé las impresiones que podían justificar mi bloqueo y entonces lo vi claro. Me compré una pluma.
Escrito por Margarita del Brezo - Twitter

Hediondo

"Estudiá, trabajá, enamorate, viajá, formá una familia, continuá trabajando y morite". Con bronca cerré la puerta y me fui.

No me recibí, odié el empleo, abandoné una familia, encontré al amor de mi vida... huyó. Viajé solo y, en un rincón de algún continente, la amoralidad también comenzaba a apestar.
Escrito por Priscila Pry

Toda una Venus (Por amor al Arte I)

Tras el dramático accidente solicitó el reconocimiento de invalidez. Sin embargo no pudo demostrar las circunstancias del siniestro y, a pesar de la evidencia, rechazaron su petición.

Pero ella conservaba esa espléndida belleza clásica y así pudo ganarse holgadamente la vida. Ella, precisamente ella, no podía quedarse cruzada de brazos.
Escrito por Mª Jesús Rodríguez
Parte I | Parte II | Parte III

Aceptación

—Por favor, no me cuelgue. Necesito hablar con alguien.

—¿Eres tú...? ¿Raquel?

—No, señora, soy una desconocida, pero no sólo para usted. Mi vida transcurre entre rechazo y rechazo; tanto, que he llegado a hacer del repudio una rutina. Nadie me escucha.

—Y entonces, ¿qué tarifa de móvil me recomiendas?
Escrito por Gabriel Pérez Martínez

Miedo, terror, pánico

Era un ser retorcido, maligno. Sentirle llegar y temblar, todo era uno. ¿Podría liberarme de su presencia? Siempre me faltó el valor, pero el convencimiento de que mi destino era convertirme en él me impulsó aquella noche.

La inspectora me llamó y cuando sonó el móvil apenas balbuceé: "¿Todavía respira?".
Escrito por Rafael Domingo Sánchez - Twitter

Milagro

El almirante despliega armamento de última generación, los sitiados observan el emplazamiento de los cañones, la flota, el brillo de la infantería. El almirante exhibe estrategia militar para obtener la rendición del puerto en dos meses, como anunciaron las medallas conmemorativas. El día de la victoria ordena tocar a retirada.
Escrito por Pedro Elías Martínez - Web

Antes de entrar, dejen salir

Empieza las vacaciones y camino de casa deja de fumar. Al día siguiente deja de gritar, al siguiente de refunfuñar, y día a día va dejando de enfadarse, de maldecir, de cabrearse, de...

Acaba las vacaciones y de vuelta a la oficina pasa por el estanco y deja de dejar.
Escrito por Dídac Marín Hernández - Web

No importa qué o quién

La encontró en la escalera ya oscureciendo, no le preguntó su nombre, su lugar de procedencia, ni por su familia. Era evidente que no tenía hogar. La invitó a pasar a su casa, le dio de comer y le ofreció un lugar para dormir aquella noche o todas las noches.
Escrito por Carmen Martagón E. - Twitter

Atrapado

"Vienen a rescatarme", pensó Aurelio al escuchar el gemido del cerrojo al abrir la puerta de la biblioteca. Se restregó los ojos acompañándose de un largo bostezo y, abriendo los brazos enérgicamente, consiguió salir de entre las páginas de aquel libro cuya lectura le había atrapado durante toda la noche.
Escrito por Juana Mª Igarreta Egúzquiza - Web

Silencio

Siempre distinguí los más extraños olores. Todos envidiaban mi habilidad. Esa noche detecté un aroma especial, etéreo y frío: olor a muerte. Traté de decirlo muchas veces pero fue en vano, nadie me oía. Aquellas personas sólo se limitaron a recoger mi cadáver. Ninguna entendía el lenguaje de los perros.
Escrito por Paulo Verdín - Twitter

El plan B

El planteamiento de Dorian Grey le pareció genial: cargarle el mochuelo a un cuadro para evitarse la intervención de estética. Supuso que necesitaría al diablo para pactar. Buscó en bufetes, ayuntamientos, multinacionales... pero se apañaban estupendamente sin semejante contacto. Tuvo que conformarse con entrar en quirófano y encomendarse a Dios.
Escrito por Antonio Bolant - Twitter

Patinazo artístico

Deseaba intensamente pasear con ella bajo la luna. Quise ser original y le espeté por teléfono un "Hola, hermosa luz de agosto" que juzgué seductor. Se ve que ella no había leído a Faulkner, porque me contestó con un "No, aquí no queremos nada" que me dejó mudo y perplejo.
Escrito por Antonio Toribios - Web

Las obras completas del Presidente Kim

El camarada Hu saca la libreta y el bolígrafo. Escribe la fecha. Se ajusta las gafas. Abre el volumen que el bibliotecario acaba de entregarle. Comienza a leer. No tarda en copiar un fragmento en la libreta. Comprueba una vez más que cada página del Presidente Eterno esconde una maravilla.
Escrito por Romero

En el riachuelo aquel

La transparencia de aquel remanso acentuaba hasta lo indescriptible el claror azulino de sus ojos y el castaño de sus cabellos. Zapateros y caballitos del diablo, unidos a cientos de mosquitos, pululaban enloquecidos sobre el cuerpo de Raquel.

Desde la orilla, él aún paladeaba el sexo y la sangre recientes.
Escrito por José Antonio Barrionuevo

La cruda realidad

Venían cogidos de la mano, ella estaba triste porque a su marido no le gustaba la comida que cocinaba y antes le encantaba. Le reprochaba que guardaba el detergente en la nevera, los zapatos con la verdura... Todo había cambiado. Cuando salió del médico, no recordaba nada. Pues tenía alzheimer.
Escrito por Manuela

El escondite

El niño no aparecía en toda la mañana. Como si se lo hubiera tragado la tierra. Todo era desconcierto, un ir y venir de acá para allá. Llamadas que creían haber visto. Nada. Hasta que su maestro recordó el dibujo en donde, con tanto esmero, había plasmado sus mayores aventuras.
Escrito por Miguel Ángel Page - Web

La fotografía

La fotografía era perfecta. Encuadre idóneo, correcta iluminación, posición elevada para favorecer el ángulo de visión, contenido atrevido, líneas dominantes. Nunca antes había disparado de una manera tan intuitiva y precisa. Lástima que la policía forense sólo admirase el contenido de la foto y no la belleza de la misma.
Escrito por Cuarta Lobo - Twitter

Quiero conocerte

—Me gusta tu voz —me dijiste—. Lo nuestro comenzó como el cine mudo, sin voz pero con palabras —reíste tu chiste—. ¿Nos pasamos al sonoro? —y automáticamente soltaste unas carcajadas que sonaron muy infantiles.

—Lo siento, guapo, a mí me gusta el cine en 3D —y te colgué el teléfono.
Escrito por Larin

Elección

Suena el despertador innecesariamente. Llevo toda la noche sin pegar ojo, pensando de nuevo en lo mismo que, con mucha frecuencia, me desvela. Me levanto y, resignada, me aseo sin poder dejar de darle vueltas a la cabeza. Ahora llega el momento de afrontar la inevitable decisión: ¿qué me pongo?
Escrito por Rafa Olivares - Web

Margaritas silvestres

Se lo contó Fina y ella avisó a Malu. Se les unieron María Jesús, Rosy y la señora Juana, la de la panadería. Hablaron con otras vecinas y armaron su ejército. Cuando llegaron los del desahucio volaron las macetas y, con una sola voz, gritaron que ellas también eran Margarita.
Escrito por Patricia Richmond - Web

Normalidad

No tenía nada que hacer, me sentía cansado a pesar de no haber hecho nada; ya el cuerpo se ha ido acostumbrando a esa rutina, haciéndose del todo normal que sienta esa sensación. Y todo después de que me había quedado profundamente dormido pensando en que tenía algo que hacer.
Escrito por Antonio Ortuño Casas

Un padre abnegado

Como todas las jornadas, el sicario llegó a su casa sin demasiadas ganas de conversación. Sus hijos le reprocharon lo exiguo de su salario, motivo de vergüenza para toda la familia.

Él les escuchaba en silencio, mientras cavilaba con pesar: quizá la solución sea llevarse algo de trabajo a casa.
Escrito por Jerónimo Hernández de Castro

La promesa

No quería ni imaginarse que lo que le habían prometido los curas desde que era un crío podía ser mentira, y como tampoco sabía muy bien qué hacer, decidió esperar a que vinieran a buscarlo, con su traje de novio impoluto, aunque ya empezaba a agobiarle la estrechez del ataúd.
Escrito por Cadillac Solitario

Ella

Inició muy al fondo de la casa, siguió por el pasillo y llegó hasta la recámara. Siempre estaba ahí presente, realmente era una monserga, nadie la quería, todos la despreciábamos. Decidimos atacarla y después de una reunión familiar se acordó que llamáramos al plomero para que acabara con esa humedad.
Escrito por Gabriel Ramos

Sublime desazón

La espera se le hace larga. Radiante, la primavera se impone, pero él tiembla. Ya llega; saluda al grupo. Ahora, sudores. Le mira y se ruboriza. Disimula. Mientras le habla, su mano le roza y sus piernas, traidoras, se ablandan. Atontado, escucha su risa... transportado a varios palmos del suelo.
Escrito por Chusa RH

Problema de identidad

Todo empezó como un juego; tú escribías unos párrafos y yo, otros. Así surgían relatos que comenzaban en el universo y terminaban en una lata de Coca-Cola, ¡jajaja! De esta manera destrozábamos cuentos a cuatro manos, mas surgió la duda: ¿cuáles eran mis manos? ¿Cuáles las tuyas? Dejamos de escribir.
Escrito por Nieves

Medidas tardías

Le sorprendía ver cómo todos los políticos se encontraban muy lejos de su realidad. Hablaban de una segunda oportunidad para las familias en crisis, que para la suya llegaba tarde. Para ellos las medidas del Gobierno no valían. Mañana se iba a producir el lanzamiento. Solo les esperaba la calle.
Escrito por Gloria Arcos Lado

Un día diferente

7.00h: Despertador.
7.15h: Café
7.30h: Ducha
7.45h: ¿Qué me pongo?
8.00h: Atasco
9.00h: Trabajo.

Y así un día, otro... Haría algo diferente, volvería a casa andando, así podría pensar. Debería dejar el trabajo y viajar por fin. Vivir. Cuando una rama de un árbol cayó en su cabeza.

20.07h: RIP.
Escrito por Raquel Tevas Cisneros

No serás olvido

A pesar de tantos y tantos fracasos, el cincel que un día se fundió con tu mano seguirá destilando la tinta indómita que corre por tus venas. Algún día, cualquiera de tus personajes gritará su libertad; pondrá una sonrisa de color en una ciudad mortecina, y ellos no podrán impedirlo.
Escrito por Luis San José - Web

Arrepentimiento

Escribió cien veces "Te quiero" y cien veces más "Te pido perdón". Escribió cien poemas de amor y esperanza. Escribió cien frases con otras tantas promesas: "No puedo vivir sin ti", "Vuelve mi amor", "Te adoro"...

Pero cuando iba a escribir "No lo haré más", se le acabó la tinta.
Escrito por Crispín

El pequeño violinista

El viento, en ocasiones, disfrazado de música, vuelve al pueblo. Unos bailan con los ojos empañados recordando al pequeño violinista; otros, en cambio, tiemblan de miedo y, aunque se tapan los oídos, siguen oyéndola dentro de su cabeza, porque es la misma melodía que tocaba cuando lo empujaron al pozo.
Escrito por Ignacio Urtiaga - Twitter

La princesa de mis lágrimas

Me encontraba con una molestia en el ojo. Al verme en el espejo me percaté de que tenía una basurilla ocular con forma, inexplicablemente, de mano. La visión me lleno de melancolía. Comencé a llorar y de mis lágrimas apareció una pequeña niña. La diminuta niña me miró y lloró.
Escrito por Ricardo Rodríguez Sánchez

¡Maldito escritor!

Laborioso, serio y reservado, amante de la rutina y la puntualidad, su estrecho mundo encarrilado, en orden.

Mas en un giro inesperado, el autor puso un cuchillo en sus manos, dibujó una mirada perversa, le hizo estallar de rabia y salpicó su gris trayectoria con un rojo pegajoso e intenso.
Escrito por Jose Bravo - Twitter

Roberto y Mabel IV

"Es costumbre acostumbrarse a todo en la ciudad. Incluso a olvidar", confesó Roberto a su analista, y se imaginó dando saltitos de felicidad.

Entró en su habitación, observó la cama: pensó en Florencia, Micaela y Sabrina. "Mabel es una más", juró. Eliminó sus fotos y corrió a encender las luces.
Escrito por Priscila Pry
Parte I | Parte II | Parte III | Parte IV | Parte V | Parte VI

Retirada

¡Corred, corred! Fueron las últimas palabras que escucharon mis oídos bajo un estruendo ensordecedor. Retroceder y refugiarse en la trinchera era nuestra única alternativa. Tan cerca estuve de lograrlo que, cuando la bala taladró mi cerebro, la zanja acogió mi cuerpo inerte. La oscuridad y el silencio se hicieron uno.
Escrito por Matrioska - Web

Bien hallados (Serie micro-cromática: Rosa)

Ella aterrizó en su vida un atardecer. Nubes magentas inflamaban el cielo, llevando consigo una promesa de viento.

Él la vio sonrosarse y una brisa escampó la ceniza que poblaba su corazón.

Ella rió y su risa olía a rosas. Él lloró, pero en sus lágrimas ya no había espinas.
Escrito por Carles Quílez - Web
Serie: Rojo | Gris
Blanco | Rosa | Negro | Naranja | Amarillo | Azul

La mar de solo

El viejo marinero, oyendo descerrajar la puerta de su casa, se hizo el desvanecido. En el suelo, anhelaba sentir unas manos sobre él y escuchar una voz diciéndole: "¿Puede oírme?".

Él, que había surcado la inmensidad de los mares, ahora, con su vida a la deriva, se hundía en soledad.
Escrito por Juana Mª Igarreta Egúzquiza - Web

Promesas incumplidas

"Nada será igual", le prometió. Y esperanzado, comenzó la búsqueda. Apartó de golpe las cortinas. Nada. Desplazó la alfombra con los pies. Nada. Miró bajo las mantas. Nada. Furioso, golpeó muebles, tiró cuadros.

Allí estaba, caliente, viscosa, con ese olor a podrido irrespirable de siempre, la nada.

Todo seguía igual.
Escrito por Margarita del Brezo

Realidades opuestas

Jemaneh vive de acogida en casa de María. Como cada tarde, meriendan y ven la tele. Después ella se va al baño. Él sabe lo que hace allí dentro, nunca olvidará la vergüenza y confusión que experimentó al descubrirlo.

María no puede evitarlo, se pirra por los huesos de Jemaneh.
Escrito por Rosy Val - Web

Con dos fogones

El gran crítico culinario le puso punto final a su última entrada en el blog y marchó agotado. Nadie le había dicho que morirse era mucho más cansado que vivir.

A su llegada, escéptico, revisó todo lo que encontró y sólo lanzó una pregunta:

¿A qué temperatura hierve el alma?
Escrito por Malu

Paraíso low cost

Un hombre de negocios llegó a casa algo tarde. Cuando llegó no estaba el servicio para poder cenar. Se fue a la cocina y cogió una tableta de chocolate. Se tendió en el sofá y degustaba cada pastilla mientras veía la televisión. Fueron sus mejores instantes desde mucho tiempo transcurrido.
Escrito por William Che - Web

Juego de espejos

Sólo sale los días de lluvia, pasea con la cabeza baja, sonríe, hace gestos. La madre no dice nada, sabe que no podrá detenerlo. Dicen que es un niño extraño, nadie imagina que adora los charcos porque reflejan el cielo, que a través de ellos saluda a su padre muerto.
Escrito por Ángel Saiz Mora
Elegido mejor relato de marzo de 2015

La vida amarga

Fue ver la escena de la Ekberg en la fuente y abandonar mujer e hijos para volar a Roma. Allí estaban Neptuno y los tritones, pero ni rastro de la sueca exuberante que le había traspasado el corazón. Malvivió un tiempo hasta que le atropelló la furgoneta de una trattoria.
Escrito por Antonio Toribios - Web

Tierra maldita

Cuando la nueva dueña de casa fue a barrer notó que, cuanto más barría, más ensuciaba. Perpleja, barría cada vez con más ahínco hasta que quedó, literalmente, enterrada. El piso, satisfecho, volvió a relucir. Pero ella jamás volvió a respirar.

La casa, en venta nuevamente. ¡Y a un precio único!
Escrito por Sandra Rebrij - Web

Cada quién en su lugar

Mientras espera el tren en el pequeño pueblo compadece a sus habitantes, tan faltos de los conocimientos que da la gran ciudad. Alarga la mano y coge el fruto de aquella planta. Un escozor intenso atraviesa su piel.

El hombre de la boina la mira incrédulo.

—Señora, son higos chumbos.
Escrito por La hija del Ferroviario

Evasión y victoria

Aquel músico del campo de concentración usaba las alambradas de pentagrama para seguir componiendo, hasta hacer sangrar sus dedos. El día en que lo encerraron en las duchas, en su cabeza, las notas cobraron vida. Una dulce melodía liberó su alma en un allegro infinito mientras el gas lo aniquilaba.
Escrito por Símar - Twitter

El príncipe

Tras diez besos, Blancanieves no despertó. El príncipe se marchó cabalgando por donde vino; había confundido el cuento.

Varios despistes después, y al no encontrar manera de despertar a la bella Aurora, concluyó que las princesas no eran lo suyo.

Despechado, decidió desposarse con una plebeya que resultó ser periodista.
Escrito por Antonio Bolant - Twitter

El rescatador de cuentos

Quedó vagabundo, pero rico de historias. Salvó una mugrienta libreta de su pobreza para poder plasmar los cuentos huérfanos que encontraba. Cada mes escoge uno y relata su historia en cincuenta palabras. Mágicamente, una página publica el cuento rescatándolo del olvido. Y le regala la maravillosa libertad de ser leído.
Escrito por Pablo Núñez - Twitter

Mi hobby

Lo que me excita es cuando la luz de sus ojos deja de resplandecer, cuando sincronizo sus últimos espasmos con mi culminación. Apreciar su latido en mis manos, su humedad viscosa colándose por mis uñas, me hace poderoso.

Recojo la caña y los anzuelos, vuelvo a casa, a mi soledad.
Escrito por Raquel Lozano - Web

Cerca

Ocurrió cerca de su casa, cerca del mediodía, hará cerca de un mes. Sentado cerca de un olmo de cerca de cien años, Juan se hallaba cerca de su fin leyendo a Javier Cercas con sus gafas de cerca. El resto lo hicieron, unas de otras demasiado cerca, las isobaras.
Escrito por Enrique Mochón Romera

La Edad de los Sueños

Tenía esa edad donde aún los sueños están intactos, es decir, realizables. Seguía soñando los mismos sueños, uno tras otro, sin desfallecer. Las noches eran de sueños cortos y múltiples sueños. Los días eran la búsqueda del sueño soñado.

Tenía esa edad, la de los sueños, que es cualquier edad.
Escrito por Patafresca - Twitter

En la trinchera

Llevamos demasiadas horas, demasiados días esperando y, aun con los pies y las manos entumecidos en esta fosa común de medio vivos, nosotros seguimos matando el tiempo como podemos. He oído que el enemigo está muy cerca, pero yo me temo que a estas alturas nos encuentre ya sin munición.
Escrito por Sandra Sánchez (Pulgacroft) - Web

El extraño caso de la asfixia ortográfica

En aquel antro con buen jazz y mal whisky repasaba el caso cuando recibió una llamada que le reveló la pista definitiva qué cabrón pensó el detective yo tan solo soy un personaje secundario el desconocido escritor que le encargó el asunto había aparecido ahogado sin aparentes signos de puntuación
Escrito por La Marca Amarilla - Twitter

Mi pinacoteca

La ventana enmarca un paisaje con un realismo insuperable. El espejo, roto en mil pedazos, quiere reflejarlo al más puro estilo cubista. Enfrente, un bodegón paraliza el tiempo. El gotelé se esfuerza en el puntillismo y, debajo de mis sábanas, la rendición de Breda. Todo como a mí me gusta.
Escrito por Luis San José - Web

Lotería

A tus 57 años nunca te habías sacado nada en ningún sorteo. Ahora mirabas el boleto ganador con profunda alegría, mientras pensabas en la vida de sacrificios que dejarías atrás y en las formas en que utilizarías el dinero ganado. Sin embargo, también llorabas, no podías olvidar que estabas solo.
Escrito por Gabriel Ramos

La buenaventura

Conocerás a tu verdadero amor, amor del verdadero hasta la muerte. Sostendrás su mano antes de morir.

Había demasiada gente amontonada en la calle, ¡un accidente!

Me acerqué y extendió su mano. La tomé entre las mías y comprendí lo que sentía por aquella muchacha rumana que me dijo la buenaventura.
Escrito por El conductor de autobús

No hay derecho

Los viernes de mi vida vienen solos. Lo hacen uno tras otro. Pero la semana pasada no dio la cara. Esperé durante todo el fin de semana pero no apareció. Como no asome esta vez... hablaré con la semana. ¡Mi vida quiero vivirla entera! No puedo perder un solo día.
Escrito por Salvador Pérez Salas

Sangrante sinrazón

Cruce de miradas elocuente. Un simple parpadeo, una leve inclinación del rostro. La dirección correcta fue marcada, sin ambages, emplazando al receptor del mensaje a que asumiera su parte protagonista en la acción. Última revisión a ese cinturón cableado ceñido a la cintura, y el pseudoparaíso imaginado se hizo presente.
Escrito por Rafael Domingo Sánchez

Amaneció un día soleado

Nos levantamos con ganas de hacer algo diferente. Decidimos ir a ver la nieve a la montaña; mientras subíamos, disfrutamos viendo la flor del almendro, campos llenos de flores, árboles nuevos, verdes... Parecía primavera. Al final del camino, la nieve; blanca, fría, un día perfecto. En el mes de febrero.
Escrito por Manuela

El último caso de Sr. Lento: ¿Quién envenenó a Laura?

El jardinero estaba con Doña Aurora. Enrique tiene coartada. Silvia y Álvaro decididamente no pudieron hacerlo.

—Mmmaravilloso té, Néstor.

Quizá Gonzalo. Siempre sospeché de él. Sí, sí. Tan esquivo y suspicaz... Desde anoche, cuando el bueno de Néstor lo acompañó arriba, está ausente.

—¿Y este sabor a almendras amargas, Néstor...?
Escrito por Faroni

El mañana es otro problema

Cuando se conocieron, fue odio a primera vista.

Una mañana ella despertó de resaca en la cama de un hombre: el odiado. Silencio. Se miraron, vistieron y se fueron con un acuerdo silencioso. Nada sucedió.

Siguieron peleando. Ahora van al bar más seguido, con la esperanza de un olvido esperado.
Escrito por Liden

Avanza implacable

Devora viñedos, arrasa huertos, demuele caseríos centenarios, desgarra robles y pinos, allana colinas y montes, tritura rocas que han resistido un millón de años de ventiscas, heladas y aguaceros, devora millones de toneladas de tierra, salta ríos y arroyos, lacera el paisaje, ahuyenta a miles de criaturas. Avanza, avanza implacable.
Escrito por Plácido Romero - Web

Cons-pig-ación

Cuando me dirigía al baño tras la siesta, percibí extraños cuchicheos provenientes del salón. Me aproximé silenciosamente y asomé parte del rostro. Mientras se revolcaba en el sofá, el cerdo vietnamita que tenemos por mascota decía a alguien por teléfono:

—Tranquilo, no sospechan nada. Será esta misma noche. ¡Oink!
Escrito por Rafa Sastre - Web

Un desliz

Gélida tarde.

¿Fue un desliz? No quiso hacerlo... ¿o sí?

—Se me fue la mano —había dicho—, no soporté encontrarme a Agapito en mi casa.

Escuchó la sentencia mientras el enterrador echaba la tercera palada sobre el ataúd de su compañera.

Y yo pensé: "¿Por quién doblarán hoy las campanas?".
Escrito por Gil Hernando de Santiago - Web

Por fin solos: ella, él y gato

Los maullidos se confunden con su llanto. Para los ruidos a deshoras, los cristales rotos, las marcas en la piel y los ojos llorosos, el gato también sirve de excusa. De puertas afuera, sin embargo, luce un sol radiante.

—Buenos días, parejita, se os ve tan felices —saludan los vecinos.
Escrito por Juancho Plaza - Web

In fraganti

Sabía que los encontraría juntos en su cama. Al abrir de golpe la puerta del dormitorio la luz de la noche reflejó, separándose, los cuerpos desnudos y sorprendidos de los amantes. De inmediato, se abalanzó sobre ellos cayendo justo en medio. Subió la manta y, ya seguro, se quedó dormido.
Escrito por Joaquín Grau

Por un palmo de tierra

La discusión entre dos cuñados por la situación de un mojón terminó con uno de ellos tendido en el suelo, el otro sin saber qué hacer con la navaja ensangrentada en la mano. Ahora, uno al Cielo, otro a la cárcel. La hierba lo cubre, hasta que otro intente cambiarlo.
Escrito por Ángel Rueda

Retahílas

Te lo cuento despacio, como quien desgrana una mazorca: compré frijoles, reñí con la vecina, tardó en secarse la colada, hoy no me duele la pierna renca. Tú escuchas en silencio, sin ojear el periódico ni prender el televisor. Con esa atención nueva que nunca me prestabas antes de morirte.
Escrito por Elisa de Armas - Web

Formas

Un cuadrilátero es más calculador, eso sin hablar de que con sus vértices puede hacerte daño. En cambio las circunferencias, ellas, son capaces de los mejores abrazos; eso sí hay que evitar que se te acerquen al cuello, no sea que entre mimo y mimo vayan a dejarte sin aire.
Escrito por Luisa Hurtado González - Web

El cuento huérfano

Me creó la cabeza de Poe hace demasiados lustros, pero murió antes de plasmarme en un papel. Desde entonces vago por las mentes de escritores que no quieren adoptarme. Hoy he llegado a ti, rogándote que me acojas. Ayúdame a ser leído. Afila tu pluma, escucha mi historia, y escríbeme.
Escrito por Pablo Núñez - Twitter

El principio

Me envió sus dos buenos relatos de 50 palabras, y me animó a que probara. Rompiendo el embrujo de la almohada me puse en ello; ummm, demasiado personal. Azuzaba a la musa de la inspiración pero seguía durmiendo. Más intentos; resultado: este pobre relato.

¿Sería un principio o un final?
Escrito por Jose Antonio Gallego - Twitter

Revés

Era su rutina nocturna desde hacía meses: aguardar que alguien saliera para entrar él antes de que la pesada puerta se cerrase. Y siempre después de las once. Una vez dentro, se acomodaba y entonces comenzaba a recordar, lastimero, las veces que franqueó esa misma puerta cuando dirigía la sucursal.
Escrito por José Antonio Barrionuevo

El tiempo es plata

—Por favor, sea breve —asevera ella con voz ronca.

Él fija la mirada al frente y, en un suspiro, abandona los billetes sobre la almohada. Su cuerpo cae fulminado y, ante tan extraño fenómeno, juzgaron a la mujer. Pidieron la máxima pena.

Entre rejas, tachaba números. "Sólo falta un funcionario".
Escrito por María Jesús Briones Arreba

Las gafas

Compró en la óptica unas gafas con la graduación de su mujer porque quería ver la vida con su optimismo, pero al usarlas halló una realidad deforme y fea. Entonces comprendió que no es la lente la que hace hermosa la vida, sino la persona que se esconde tras ella.
Escrito por María Navarro

Sensación

El día seguía siendo el día y la noche se tornó más oscura. Miraba las veces primeras al retorcerse entre líneas blancas.

Cierta vez lo soñó besando el sol, pero despertó con dos grados de sensación térmica y con la certeza de que aquello sólo hubo sido sensación de amor.
Escrito por Priscila Pry

El espectador

El acomodador cada noche, al terminar la última sesión, pliega las butacas, barre el suelo, recoge las prendas y objetos abandonados por descuido, apaga la luz de su linterna y cierra las puertas.

Es entonces cuando la pantalla, emocionada, rompe a aplaudir y vitorear, una vez más, tan magistral escena.
Escrito por Mª Belén Mateos Galán

Mis paisajes

Los pinos, con sus azules hojas de aguja apuntando al cielo rosa, casi llegan al mar de templadas aguas de color naranja que lamen las verdes y finas arenas de la playa.

Falté a las clases de los colores y nunca me los aprendí, pero me encanta que me corrijáis.
Escrito por Isidro Moreno Carrascosa - Web

El olvido

Llegó a su casa y solo deseaba olvidarse del tiempo.

Envuelta en sus cotidianos problemas, no deseaba descolgar el teléfono, para que nadie la interrumpiera, pues no había superado aún su decepción, cuando de pronto descuelga y escucha despacito... Entonces decide que su respuesta va a ser irreversible, un "no".
Escrito por Alicia Cuéllar Vidal

Reciclar

Cada noche separo los residuos. Las tonterías de mi hermana, plástico; los sueños de mi madre, orgánico; los gritos de mi padre, tóxicos.

Cada noche el indigente que vive entre nuestros contenedores me confirma que no tenemos nada aprovechable mientras busca un poco de futuro entre estupideces, llantos e insultos.
Escrito por Dídac Marín Hernández - Web

Rebelde sin causa

El lector puede pensar lo que quiera, pero éste es un tuit que no se dejó escribir en ciento cuarenta caracteres. Rebelde y loco, creció hasta llegar a las cincuenta palabras. Hubiera seguido creciendo de manera desproporcionada y absurda de no haber yo apagado la maldita computadora... quizá para siempre.
Escrito por Andrés Galindo - Web

Mea culpa

Limpió al niño que nadaba en sus orines y esperó a que se durmiera. Fue a la cocina, hizo la cena y agarró una cerveza. Mientras comía y bebía pensaba en el muchacho; no era su hijo, pero cuando se lo robó del hospital, prometió que sería una buena madre.
Escrito por Beto Monte Ros - Web

El espejo del alma

—Demasiado alcohol anoche —se dijo nada más levantarse.

Miró a su alrededor; notó algo raro en su habitación, pero no le dio importancia. Entró al baño, se vio los pies descalzos; le parecieron poco familiares, pero tampoco le dio importancia. Al bajarse los pantalones para mear gritó:

—¿¡Quién eres tú?!
Escrito por Virginia Funes

No lo supe

Cubrí mi cuerpo con ropa de cadáveres, bebí agua estancada en charcos o huellas de animales, trabajé limpiando letrinas, nunca me abandonó el hambre. Morí muy joven. Pero estuve tan absorto, tan reconcentrado en sobrevivir, que solo de regreso al Nirvana entendí que en esta reencarnación había sido un "dálit".
Escrito por Marciano

Un lunes que suena a ti

Oírla fue saborear los recuerdos, el tiempo de la sonrisa franca y la complicidad. Sabían uno del otro, noticias esporádicas, puentes de palabras que nunca se atrevieron a cruzar. Hasta que la vio a lo lejos, en aquella plaza llena de niños y ancianos sentados al sol. Y la llamó.
Escrito por Macarena Abilleira Álvarez

El reloj de cuerda

El segundero iba impulsado por un burro joven. Uno viejo tiraba del horario y, del minutero, uno de mediana edad. Este último, abstraído en sus responsabilidades, discutía con el joven por ir tan alocado, siendo contestado "¡Tú, a tus cosas!", mientras el viejo sólo soñaba con ser escuchado alguna vez...
Escrito por María Parejo Peña

Espontáneo

Escuchó, como en la noche anterior, y otras pasadas, la misma súplica pronunciada por una voz que no le parecía del todo ajena: "Serán muy pocos los momentos de alegría y muchos de dolor grande. No me obligues. ¿Mamá?". Se despertó, notándose aún caliente la sangre derramada entre sus muslos.
Escrito por Javier Ceballos

Annabel

Hace años conocí a Annabel y junto al mar construimos un reino, un castillo, una fuente de luna. Una tarde inacabable sus parientes la llevaron a la ciudad y subí a la torre para decirle adiós. En algún país, un profeta, un sabio, un loco, alguien detuvo el sol inexplicablemente.
Escrito por Pedro Elías Martínez - Web