La terapia

Encendió el lavavajillas, repasó la cocina y colgó el delantal.

—María, necesito ir al baño otra vez...
—Claro, cariño, ahora voy. Bajo primero a apagar el calentador —contestó ella.

Como cada noche, todo en el coche pareció estremecerse ante el brutal grito que profirió tras cerrar la puerta del conductor.
Escrito por Álex Garaizar

Botones

Ya nunca veré la cara amable de la anciana vendedora. Ni en el escaparate las sartas de botones, que desde niña tanto me gustaban. La tienda no tiene quién la abra, encienda la luz, y coloque el muestrario.

Esta mañana había un cartel: SE TRASPASA O SE VENDE, POR DEFUNCIÓN.
Escrito por Carmen Hinojal

El descanso del dios

—Estoy cansado de esta carga —gruñó el titán.
—Pronto descansarás —dijo Zeus.
—Siglos quemándome con el sol que me rodea —retrucó el dios.
—Otro sostendrá a la Tierra —refutó Zeus. 
—¿Quién tendría mi fuerza? —inquirió Atlas.
—Newton, pero cuando te remplace ya no vivirás —sentenció el padre de los dioses.
Escrito por Daniel Quiroz Castro - Twitter

Una

Le serví el café en el sofá.

Cuando vi que el mando de la tele se le escurría, creí que era el momento de decirle, como siempre hizo él, que ansiaba su perdón y que lo quería mucho. También le dije que no volvería a ocurrir, pero aquí no mentía.
Escrito por Javier Palanca

Infieles

El hermano Leandro no era como los anteriores. Había algo en su semblante y maneras que le permitía lograr importantes avances en nuestra evangelización. En la tribu todos escuchábamos sus sermones boquiabiertos, dichosos de tenerlo entre nosotros, ilusionados con lo mucho que iba a halagar a nuestro dios su sacrificio.
Escrito por Enrique Mochón Romera - Twitter

Ludópatas

Cada vez que vuelve del bar, taciturno, su mujer pone un barreño con agua para sus pies y prepara la cena.

Mientras comen le acaricia la cara y mira, sonriendo, a sus ojos. Ambos se saben perdedores; él en las tragaperras, y ella por apostarlo todo al as de corazones.
Escrito por Miguel Ibáñez

El sombrero

Dos corcheas atravesadas echaron a mi dueño de la filarmónica. Desde entonces, trabajamos en la calle: él toca el violín mientras yo hago el pino. Los transeúntes dejan en mi boca monedas que recompensan nuestro arte: él cree que es por su música; yo sé que es por mi pirueta.
Escrito por Pablo Núñez - Twitter

Crono ilógico

Así fue su primer beso, como por accidente, justo después de ver la luz en aquel túnel. Las manos le sudaban y se veían, los pies también y no, mientras esperaba el llamado del jefe en la entrevista. Se abrió la puerta, cinco pasos hacia ellos:

—¡Felicidades! Es un varón.
Escrito por Juan Mono

Tiempos bizarros

Ya es oficial: la Roña ha alcanzado el distrito financiero. Yo mismo he visto cómo se desplomaba el edificio de la bolsa bajo el peso de la podredumbre. Afortunadamente, las milicias populares llegaron a tiempo para sacar vivo al Presidente.

Tuvieron que arrancarle la lengua para que dejara de gritar.
Escrito por Carles Quílez - Web

No te duermas

¡Despierta, por favor! No tengo sueño. Hablemos sin prisas, veamos esa película, besémonos despacio, hazme cosquillas o demos ese paseo, y trasnochemos juntos... Hoy no me dormiré temprano.

—Señora, lo siento, es la hora. Tenemos que cerrar el féretro.
—Antes era yo la que estaba muerta —sintió ella entre lágrimas.
Escrito por Atlante

Sistema de falacias

Soñó despierta con un futuro mejor, con tres comidas por día, con una educación para sus hermanas... De golpe, volvió a la realidad de siempre, a la ignorancia de la ciudadanía, a la falta de humanidad. La caja tonta seguía escupiendo crueles palabras. Mensajes llenos de odio, mentiras e injusticia.
Escrito por Esther Moreno Morillas - Web

Orígenes de la fonética del ego

El hombre camina delante y alumbra el angosto pasillo con el fuego de una antorcha. La mujer sigue sus pasos envuelta en pieles. Al final del corredor de piedra, ilumina el techo de la cueva.

—¡Ah!
—Uhm.
—¿Uuuhm?
—¡Yo!

La incipiente eufonía resuena entre los bisontes pintados de la cúpula.
Escrito por Manuel Bocanegra - Web

Porque la risa libera al hombre de sus miedos

Nadie tomó en serio al humorista cojo recién llegado a aquel pueblo escondido entre la ligera niebla, hasta que un día se descubrió que en el fondo era muy serio cuando invitó a todos los ciudadanos a mostrar su sentido del humor el día que se cayó aquel alcalde vitalicio.
Escrito por Guillermo Arnul Castillo Ruiz - Web

En la oscuridad

Al volver la esquina, una mirada, verde y rasgada, la estaba observando fijamente. Presa del pánico, gritó y se desmayó. Al volver en sí, esos ojos seguían clavados en ella. Echó a correr, prometiéndose no volver de noche por ese sucio y angosto callejón, dejando atrás sonidos de horripilantes arañazos.
Escrito por María José Viz Blanco

La larga y penosa espera

Quedan quince minutos, cuarenta segundos y tres milésimas. Parece solo un rato pero se me está haciendo eterno. Hace tiempo hubiera deseado estar en este preciso momento, ahora sé que la ansiedad permanecerá hasta rebasar la última milésima. Para entonces habrán sido, exactamente, veintidós años y un día de espera.
Escrito por Rafa Olivares - Web

Mala cabeza

Allí seguía, en aquella extraña posición, esperando que pronto pasara el peligro. Pensó que no aguantaría mucho, pero era el único método que conocía para eludir problemas. Lo había visto en algún reportaje sobre avestruces en la televisión y ahora no recordaba cuándo debía salir; le dolía tanto la cabeza...
Escrito por Mª Jesús Rodríguez

Garra

Tirada en el piso, comenzó a despertar y se aferró a las paredes para levantarse. Varios pasaron a su lado, pero nadie la ayudó. Sintió dolor en el costado derecho de la cara. A pesar de todo, se acomodó su cabello y se levantó su tanga, tenía hijos para comer...
Escrito por Alejandro Fabián Alberto Aguirre

Corte de mangas

Corría ante las fauces del bulldog percibiendo sus babas con cada ladrido. Acorralado, optó por saltar al vacío desde la azotea. Antes de saltar se giró y, con gesto chulesco, se mofó del can.

Era su séptima vida. Como buen gato, sabía que disponía de siete. Pero no supo contar.
Escrito por Isidro Moreno - Web

Catwoman

Estoy harto de la del quinto. Por las noches se escuchan en su piso voces, gemidos y toda clase de ruidos diabólicos. De su tendedero siempre cuelgan trajes de látex y algún látigo.

A mi hijo he tenido que engañarle: cuando me pregunta, le digo que nuestra vecina es Catwoman.
Escrito por Plácido Romero - Twitter

Buenas intenciones

La intención de ser sólo amigos le duró hasta fin del trimestre. La de no preñarla, cinco semanas más. La de serle fiel, ciento cincuenta días; la de serle fiel nuevamente, menos que un suspiro. La intención de morir de viejo le duró hasta la primera de las veinticinco puñaladas.
Escrito por Silvina Palmiero - Twitter

Carroñeros

"Cuánto espacio vacío nos ha quedado dentro", pensé mirándole a los ojos. Él pareció que me leyera el pensamiento. Me contestó siempre con la mirada: "Es mejor no preocuparnos y tratar de encontrar otras especies que necesiten alimentarse, aquí hay demasiados buitres al acecho y no dejarán ni las migajas".
Escrito por Mª Luisa Pérez Rodríguez

Asesina

Las lágrimas anegan sus ojos, resbalan libremente por el rostro desprovisto de emoción.

La sangre mana sin cesar, desbordando sus dedos, manchando su camisa mientras, con ojos desesperados, la ve alejarse. Soberbia y altiva es su asesina que, sin volver la vista atrás, se marcha después de arrancarle el corazón.
Escrito por José Torma - Web

Orden de sabotaje

—Colette, comunícales a los camaradas que estén preparados el jueves. Que, al paso del relevo de la guardia, detonen los explosivos escondidos bajo el puente. Luego...

—¿Estás loco, Pierre? Es así: guardamos el mensaje en este tubito y, cuidadosamente, se lo atamos a la pata. Et voilá! ¡A volar, Colette!
Escrito por Jesús Garabato Rodríguez

Sucedió en Praga

Sobre la tumba donde descansaban Hermann y Julie con su hijo Franz, cayó lentamente una lluvia de cenizas. "Creo que son nuestras hijas Elli, Valli y Ottla, que murieron en campos de exterminio nazis", dijo la madre. "Son ellas", añadió el hijo, a quien le corrían escarabajos por los huesos.
Escrito por Enrique Angulo - Twitter

Eva y el Arcángel

Tengo frío, un frío intenso, desde que nos dejó el Arcángel en las puertas de la ciudad prohibida, por más ropa que me ponga encima. Abrázame, esposo mío, el camino es muy largo hasta las estrellas. Los animales, cuyo lenguaje comprendíamos, rehúyen nuestra presencia. Intuyen quizá que necesitamos botas nuevas.
Escrito por Pepe Illarguia - Web

Destino

He bajado del coche sin ni siquiera apagar el motor; después, he mirado inquieto el porvenir. Anteriormente había tomado ese desvío necesario para abandonar la soporífera autopista. Pero ahora no sé adónde dirigirme y, lo que es peor, la vía se ha estrechado tanto que no puedo dar la vuelta.
Escrito por Mozasmo

Copyright by Homero

Las sirenas, con sus bellos cantos, habían cautivado a los tripulantes del barco de Ulises que regresaba camino a Ítaca. Llegando a su isla, maldijeron a todos los dioses. Otra vez estaban allí, empeñados en cobrar el canon anual, aquellos inoportunos inspectores de la SGAE (Sindicatura Griega de Autores Épicos).
Escrito por Pepe Sanchís

Promesas

Guido y Luigi Farabutto, los estafadores que lograron vender un traje invisible al emperador, bien sabían que casi nadie iba a querer revelar el engaño. ¿Quién quiere ser considerado un imbécil?

Hoy se dedican a fabricar las promesas electorales de un partido político. Pero no voy a descubrir para cuál.
Escrito por Cadillac Solitario

Niebla

¿Quiénes eran esas personas? ¿Por qué le sonreían a él? ¿Qué hacían todos en aquel jardín?

Un desconocido lo tomó del brazo y lo acercó hasta una mesa donde había una tarta y, todos a una, gritaron:

—¡Feliz cumpleaños, papá!

El buscó a su padre pero, tristemente, no lo halló.
Escrito por Inma Carrasco

· · · — — — · · ·

Desde hace varias noches, siempre de madrugada me despiertas con esos ruiditos insistentes: · · · — — — · · · En ese estado de placentera somnolencia creo entender que quieres decirme algo, sospecho que utilizas el código morse. · · · — — — · · · Cierro los ojos, no quiero oír, ¡vete!

Finalmente desatornillo el cajón de la persiana y sales volando.
Escrito por Nieves

Gabriel sherpa

Cruzar la cascada de hielo y los campamentos. Aferrarse a las cuerdas hasta coronar el Everest sin la ayuda de sus alas de ángel, igual que cualquier mortal. En la cima, atreverse a besar a la diosa del cielo y reír como un hombre: el sueño más grande jamás cumplido.
Escrito por Vicente Varas - Twitter

El sótano

Impulsado por un súbito ramalazo de bravuconería nunca antes visto en él, y enarbolando la bandera de la temeridad que confiere el alcohol, bajó de dos en dos los escalones del sótano donde yacían sus más profundos temores. Fue muy valiente. Hasta que escuchó cerrarse la puerta tras de sí.
Escrito por José Ramón Sánchez Varela

Parla, cane

Una borrachera de perfumes y colores estaba llevándome al borde del paroxismo en el parque del Retiro, cuando mi Pepa quiso darme su opinión: se acercó lentamente a los rosales, los miró, me miró y volvió a mirarlos. Luego, flexionó sus patas traseras, curvó su rabo y apretó el esfínter.
Escrito por Luis San José

Lo razonable y el corazón

Su alergia ocular se vuelve crónica. El dictamen resulta concluyente: la salud es lo primero.

Llega el día. No puede dejar de acariciarle.

Semanas después los síntomas desaparecen, salvo el picor de ojos y el lagrimeo cada vez que recuerda a su amigo, a quien hubo de dar en adopción.
Escrito por Ángel Saiz Mora

Inocentes

El verano de 1945 regresé a Berlín y escribí en mi diario:

Tengo ocho años, he vuelto a casa. Hoy me crucé con la señora Bauman, mamá dice que perdió a sus hijos en el frente, no sé qué lugar es ese, pero se la ve muy triste, ojalá aparezcan...
Escrito por Carmen Martagón E. - Twitter

La guardavía

Para Amalia el cine era su vida y ahora, divorciada, se evadía casi a diario apostada como un erizo ante los títulos de crédito. Una velada le asaltó un galán que obtuvo como trofeo su red social. Pronto apareció Cuenca en el horizonte... Se citaron, pero "Romeo" fue puro plasma.
Escrito por Plinio el Bizco - Twitter

Duelo

Se debatían un amor callejero, pero uno fue más fuerte, el que tenía el arma en forma de garfio. Entonces, el vencido se volvió hacia su amada haciéndole un guiño, pues planeaba amarla en su sexta vida.

Al día siguiente, el vecino indignado reclamaba la muerte de su felino siamés.
Escrito por Selene Argueta - Twitter

Calle del Gato, s/n

—¡Pim, pam, pum! Respeto a la autoridad —patalea con sus ancas de rana el capitán.

Rebotan, contra los ciudadanos congregados, las pelota de goma.

—No me afeen la ciudad —rabia la rubia chulapa con sus ojillos de rata.
—¡Mi casa, mis recuerdos, mi vida toda! —llora deshecha la anciana señora.
Escrito por Carmen Cano - Twitter

Recuerdos del futuro

No sé si voy o vengo desde que me presenté como voluntario para el estudio de la demencia. Con cada nuevo avance que ellos realizan, yo doy un paso hacia atrás. Los he denunciado por hacerme sentir como un cangrejo. ¡He perdido el juicio! Y ha quedado visto para sentencia.
Escrito por Margarita del Brezo - Twitter

Cuestión de perspectiva

Se desprendió la marquesina de la parada del autobús en el justo instante en el que hacía su llegada cuarenta minutos tarde. Los viandantes huyeron despavoridos ante tal descomunal incidente, mientras que los que lo esperaban, impacientes e irritados, se afanaban en subir al escacharrado bus acomodándose como si nada.
Escrito por Mª Belén Mateos Galán

Será una vez...

Encontraron en el desván una enciclopedia sobre el mundo real, con fantásticas ilustraciones que mostraban algunas de sus maravillas y de sus tragedias. El niño que vivía en los cuentos quedó fascinado y rogó al abuelo que le indicara el camino a ese mundo, cansado ya de comer tantas perdices.
Escrito por La Marca Amarilla

La número XIII

Siempre consideró la cartomancia una tontería más entre tantas. Hasta aquella noche. Madame Lamorte, pitonisa profesional, volteó el arcano. Fue entonces cuando notó en su cuerpo trémulo una gélida y terrorífica mirada. Allí y entonces acabó su manifiesta incredulidad. La echadora de cartas, rostro desencajado, cayó fulminante a sus pies.
Escrito por José Antonio Barrionuevo

La indiferencia de los dioses

Después de empujarla durante tanto tiempo, la piedra le resulta muy liviana. De hecho, ya no le cuesta ningún esfuerzo arrastrarla. A veces, mientras observa cómo la piedra rueda colina abajo, Sísifo se pregunta si en realidad su condena no consiste sino en sufrir eternamente la indiferencia de los dioses.
Escrito por Juan Pedro Ortega Sánchez - Web

Toda una vida

Entre miraditas y sonrisas deshojaron la primavera. Para mediados del verano recogieron su cosecha de caricias. El otoño les sorprendió en plena embriaguez de besos, pero solo con los primeros fríos del invierno descubrieron el fuego. Desde entonces, continúan atizando las brasas y, a veces, hasta se equivocan de estación.
Escrito por Javier Igarreta Egúzquiza - Web

Despedida

—Suéltame, por favor.
—¡No me pidas eso, te lo ruego! —gritó angustiado.
—Por favor...

Su corazón se retorcía de dolor aun sabiendo que no podría negar ese último gesto a la persona amada. Cerró los ojos, maldijo al cáncer, abrió las manos.

—Te quiero —alcanzó a oírla susurrar mientras caía.
Escrito por Argonauta

Ser un ser humano

Un golpe fue suficiente para noquearlo en el suelo. Ser alguien diferente bastaba a Joshua para justificarse. Así que Felipe expresó su deseo: un mundo sin prejuicios.

Meses más tarde, se topó con Joshua. Un golpe fue suficiente para noquearlo en el suelo. El odio bastó a Felipe para justificarse.
Escrito por Jane - Facebook

El camino del olvido

Fue un camino duro. Al menos, eso es lo que cuentan. No recordaba cuándo bajó del árbol. Tampoco, cuánto tiempo arrastró su cuerpo encorvado de un lado a otro. Olvidó, por completo, historias y batallas, religiones, tierras y banderas...

Después de tanto, la humanidad no recuerda por qué sigue viva.
Escrito por Salvador Pérez Salas - Twitter

Con-fundido en negro

¿Por qué no me entiende? ¿Será llorar la única solución? No tengo hambre, como regularmente, me ha traído agua y no tengo sed. Me siento calmado solo con verla, quiero estar junto a ella. Horror, otra vez la oscuridad... ¡Oh, no!

¡Buahhh...!

 ¡Manolo!, enciende la luz, te toca a ti.
Escrito por Ismael González Martín

Vista hermosa

Fijó sus pupilas hacia mí, o al menos eso presentí. Nos separaba una brecha generacional y un río entre aceras. Adelantó su andar. Tímido, sostuve la mirada, mi posición y el aliento.

¿Qué podría decirle? Nada.

Tras de mí, un vendedor de viandas callejeras era quien ofertaba mejores placeres gastronómicos.
Escrito por Cristopher Josué Escamilla Arrieta - Twitter

Proceso de desprincesamiento

1. La princesa rosa es una belleza. Está tan ocupada en sí misma que ha olvidado su belleza interior.

2. La princesa rosa no se siente bien consigo misma, quiere ser libre y cambiar el mundo.

3. La princesa rosa, con mirada de guerrillero, ahora quiere ser un príncipe azul.
Escrito por Olga

Global language III

Ayer me presenté a un concurso de microrrelatos en español convocado hace muchos años, en el 2016. No había fecha límite. Actualmente está prohibido escribir en español por internet. Hoy, buscando en la hemeroteca de la cárcel he descubierto que quedé primer finalista. ¿Seguirá el plazo abierto? Por intentar ganarlo.
Escrito por Antonio Presencia - LinkedIn
Parte I | Parte II | Parte III

Receta

Poner a cocer los recuerdos más queridos en una olla con abundante agua. En una sartén, dos cucharadas de deseos frustrados y salpimentar con resignación. Regar el ágape con un vino de denominación de origen, con lágrimas en los ojos, por lo perdido y cantado. Escuchar en silencio la soledad.
Escrito por Miguel Manrique

Revelación

Admiraba su inagotable vitalidad, su afán de superación, el optimismo que en todo momento mostraba y esa alegría que siempre nos contagiaba. Cual Mary Poppins moderna, su enorme bolso parecía contener cualquier cosa imaginable. Aquel día, un tropiezo y salió a la luz lo jamás imaginado: su cajita de Citalopram.
Escrito por FNR

Blancanieves

Cada noche Blanca vomitaba, se pesaba y se preguntaba: “Espejito ¿quién es la más guapa?”, su respuesta: “¡Tú no, gorda!”.

Hoy estaba contenta, menos de 40 kilos. Engañando a su madrastra solo comió una manzana, la felicitarían en Facebook.

Se acostó, se...

A ella ya no la despertaría ningún príncipe.
Escrito por Javier Puchades - Twitter

Ocupado

Tan absorto en su propio mundo, en sus problemas, no vio cómo caía aquella mujer al vacío. "Habría podido salvarla y no hice nada. Otro problema más en mi lista de problemas", pensó, observando asomado desde la barandilla del puente el cuerpo destrozado.

Luego tampoco hizo nada. Estaba tan ocupado...
Escrito por Rosa María García Palacio - Web

Tras el cristal

Algo le impide acercarse a ellas. Tras el cristal del escaparate las ve pasar. Ninguna repara en él. 

Sonríe mientras acaricia maniquíes. Adora su tacto, el olor de su piel, su pelo y su cuerpo troceado. 

Sabe que algún día será con ellas... y entonces se relame estremeciéndose de placer.
Escrito por Pilar Alejos Martínez - Twitter
Elegido mejor relato de julio de 2016

Sé quién eres

Sé que vendrás esta noche, como sueles, sin avisar, mojarás mis sábanas y me despertarás con esa forma brusca que solo tú dominas para que yo, jadeante y taquicárdica, solo acierte a buscar un punto de luz tranquilizador.

Sé que volveré a enmudecer cuando digas: "Tranquila, hoy tampoco estás muerta".
Escrito por Malu

Ejercicios prematrimoniales

Él creyó adivinar su intención. Ella había descubierto su debilidad. Nada sucedió muy a su pesar.

En la siguiente ocasión él debía actuar de forma diferente, pero no se había dado cuenta de que ella ya le había ganado la batalla. Muy a su pesar no había sido ella sola.
Escrito por Antonio Ortuño Casas

Rescoldos

Una vez a la semana, él le hace el amor metódicamente. Concienzudo, entregado y eficiente, como lo hace todo.

Ella se deja hacer. Se agarra a esos momentos compartidos en la seguridad de que son el único vestigio superviviente del desastre, lo único que queda de una bella historia olvidada.
Escrito por María José Rodrigo

El regalo sorpresa

Lo compré después de haberlo pensado concienzudamente. Era ideal para ella.

Cuando llegó su cumpleaños le dije:

—Toma es tu regalo.
—¡Un dron!
—Es tu regalo de cumpleaños, con mando a distancia. Ahora podrás mandarle que haga todo lo que me mandas. Adiós.

Rompió el dron, pero aún sigue esperándome.
Escrito por Gil Hernando de Santiago

Juego de palabras

Estaba Dolor en el bar y vio entrar a Seca.

—¿Quieres tomar algo? 
—No, gracias —contestó Seca sin levantar la cabeza.
—¿Quieres mi "D"? —le dijo Dolor para intentar animarla.
—Bueno, te la cambio por mi "C" —contestó Seca ilusionada.

Así, Color y Seda salieron satisfechos con su nueva identidad.
Escrito por Crispín - Web

Notas equivocadas

La ignorancia nos puede dar la felicidad.

La señora Emilia era feliz porque no sabía. Desconocía tantas cosas... Por ejemplo, que el tendero la timaba, que sus vecinas no la soportaban, o que su marido la engañaba. Bendita ignorancia.

Además, en el coro parroquial desafinaba. Y eso tampoco lo sabía.
Escrito por M. Carme Marí - Web

Noches ciegas de champán

Cada noche se bañan en champán. La oscuridad del local ampara sus cuerpos: rotan se agitan, enardecen, guardan sus secretos.

Mario estudia en una universidad privada. Él preside un banco, se debe al matrimonio. Acaban de robarle el reloj.

Más tarde, el joven reconocerá la inscripción:

Al mejor padre. 
Mario
Escrito por María Jesús Briones Arreba

De la vida de un esclavo

El jefe, por puro placer, le despidió. Solo entonces K. tuvo su único momento de dignidad: negarse a estrechar la mano que el jefe le tendía. No obstante, unos días después el jefe recibió las manos de K. por correo certificado —mutiladas con saña, decían—. No les acompañaba ninguna nota.
Escrito por Pau Miquel

Fin de jornada

Las seis. Puntual, llega el primer autobús de la mañana. Pica su billete y regala su última sonrisa al conductor. Se desploma sobre el asiento. Siente que la observan y abotona su blusa. Ya en casa, bajo el cobijo de las sábanas, sueña que es una mujer como las demás.
Escrito por Matrioska - Web

La hora de irse

Veinte años esperando su regreso; tejiendo y destejiendo los sueños de un héroe hasta sentir esa tarde, con la caída del sol, que el mito se derrumbaba. Quizá no debió sacrificarse a una leyenda.

Descosió con cuidado su corazón y partió hacia su propia Ítaca, dispuesta a olvidar su tragedia.
Escrito por Flor Belmonte

Traición ordenada

Volví la mirada al grupo de compañeros que yacía, cual pira funeraria, en el muro norte de la trinchera. Los traicioneros se habían esmerado a la hora de amontonarlos con cierto orden perverso: los oficiales, por encima de la soldadesca, como respetando la escalilla jerárquica. Me tocaba vivir para contarlo.
Escrito por Rafael Domingo Sánchez - Twitter

El peso de la paternidad

Se despidió después de conocerme. Dijo que no quería saber nada de mí, aunque hacía tiempo que me buscaba.

Y, cuando al fin me encontró, la responsabilidad le pudo. Al verme tan insegura, tan frágil, tan necesitada, sintió vértigo y optó por huir.

Yo sólo pude escribir: "Papá, te espero".
Escrito por Gloria Arcos Lado

Letanía de un hombre triste (Adoptada II)

Él le habló de la madre que los había abandonado a ambos: él, marido huérfano, y ella, apenas recién nacida. Habló de dolor y miedo a fracasar de nuevo. Levantó la mirada furtivamente un par de veces para ver si ella seguía allí y escuchaba.

Ella seguía allí. Y escuchaba.
Escrito por Aurora Baeza
Parte I | Parte II | Parte III

Exhibición playera

Mira con desdén, observa: cómo presumen de embarcación. La vida les sonríe. Siempre hay motivos para disfrutarla cada cual a su manera. Al sol o la sombra, orillando los días. Sin embargo. nadie se apoya en el mástil más propicio. Ella lo sabe bien y sigue leyendo bajo su sombrilla.
Escrito por Carmen Martínez Marín - Web

Secretos a la luz

El abuelo guarda secretos tras las arrugas pero, como no quiere llevárselos con él, cada domingo nos desvela uno antes de anochecer.

Ayer el sol tardó mucho en ocultarse. Tanto como al abuelo le costó pronunciar el nombre de la mujer que más quiso. La abuela se hizo la sorprendida.
Escrito por Juana Mª Igarreta Egúzquiza - Web

El niño negro

El aire de la noche balancea al niño negro: hacia atrás, hacia delante, hacia atrás... Tiene los ojos muy abiertos dirigidos hacia sus pies y una gran mancha de orina en los pantalones. Pero esta vez su madre no va a reñirle, ella cuelga de otra soga en el árbol vecino.
Escrito por Paloma Casado Marco

Profesionalismo

Salí a buscar una buena moza que quisiera apagar las llamas de mi corazón. Luego de varias calles, topé con Mary Tornes.

—Soy experta en artes amatorias —afirmó sugerente—. Mi currículum es de doscientos dólares por hora.

—Soy experto en artes infamatorias —contesté con las manos en los bolsillos rotos.
Escrito por Andrés Galindo - Web

Verano

Miró hacia abajo sin saber muy bien lo que haría. Estaba feo, nunca fue una buena decisión. Tal vez debería haber pensado en la familia, en su rabia y en las consecuencias. Gritó y relajó su esfínter depositando lentamente sus heces de gaviota sobre la paella de la familia Ramírez.
Escrito por Arimike - Twitter

El misterio del Triángulo de los Bermúdez (Relatos triangulares I)

Cuando Charles Bermúdez decidió cortar su romance, la amante despechada amenazó con decirle la verdad a su esposa Berlinda, sin saber que ella, ya enterada, esperaba acuchillarla y enterrarla en el patio.

Ahora, cuando alguna infidelidad necesita ser terminada, Bermúdez se vuelve descuidado para que su esposa arregle el asunto.
Escrito por Jean Durand - Web
Parte I | Parte II | Parte III

Compulsión

Cada día se colocaba ante la pantalla del ordenador publicando lo necesario para llenar su vida. La dependencia virtual lo había poseído, asentándose tanto en su rutina cotidiana que, con el paso del tiempo, le había dado alas y piernas para olvidar que seguía pegado a una silla de ruedas.
Escrito por Maribel Durán Martínez - Web

El blues de la tierra de la libertad (Relato beodo #5)

Ser beodo no es un crimen en estas tierras sureñas en las que encapuchados blancos, con sus entrañas embadurnadas de bourbon, imparten justicia. Mientras mi familia baja al abuelo del árbol en el que fue condenado a muerte, froto mi piel con fuerza para blanquearla; para no ser un criminal.
Escrito por Pablo Núñez - Twitter
Beodo #1 | Beodo #2 | Beodo #3 | Beodo #4 | Beodo #5

Cincuenta

La llevaba de la mano. Cincuenta pasos. Cincuenta besos. Cincuenta caricias. Soltó su mano de cincuenta dedos y la agarró por la cintura de cincuenta centímetros.

Al atardecer, su padre asomó por el balcón de cincuenta barrotes y les echó una mirada de cincuenta demonios.

Se disgregó en cincuenta sombras.
Escrito por Santiago

En su vida en tal aprieto

Agarró la pluma con fuerza sabedor de que se le agotaba el tiempo. Eligió el conflicto, la estructura, el tiempo, el espacio. No había sitio para más personajes. Se dejaría la vida en ello: contar la última historia en cincuenta palabras antes de morir.

Contad si son cincuenta. Está hecho.
Escrito por Antonio Javier Álvarez

Caso perdido (Relato beodo #4)

—Ser beodo no es un crimen —dijo el acusado, intentando enfocar la vista. Su voz era un puré maloliente.

El juez anotó la palabra "patético" en el sumario. Ya tenía claro cuál sería el veredicto, pero, con todo, llamó al primer testigo de la defensa.

—Que pase el elefante rosa.
Escrito por Carles Quílez - Web
Beodo #1 | Beodo #2 | Beodo #3 | Beodo #4 | Beodo #5

Muros de tierra (Trilogía de un reencuentro II)

Me despierto empapado en sudor. Seguramente la visión de descender tumbado, de desencadenar una delirante metamorfosis bajo la tierra debió desvanecer tan escalofriante pesadilla.

Está profundamente oscuro; aún debe ser noche cerrada. Todavía agitado, intento incorporarme para beber algo pero mi frente se topa con una acolchada tapa de madera.
Escrito por Antonio Bolant - Twitter
Parte I | Parte II | Parte III

Primera impresión

Las fauces abiertas mostraban una mortal sierra de dientes afiladísimos. Se acercaba a una velocidad endiablada. Las piernas me temblaban y por poco me oriné. Estaba a tan sólo un metro de mí cuando giró para no chocar contra el cristal.

Nunca olvidaré mi primera visita al acuario de tiburones.
Escrito por Valentín Bayón Muntaner - Twitter

Por un momento contigo (Relato beodo #3)

Ser beodo no es un crimen, porque es la única forma de poder sumergirme dentro de una botella de vino para llegar a nuestros recuerdos, exprimirlos con mis manos hasta que goteen las palabras con las que hacerte poemas; y leerlos en los lugares a los que nunca te llevé.
Escrito por Miguel Ibáñez
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Ignorancia

Su desafiante mirada me invita a retroceder. Estamos solos en este recóndito paraje y siento el reto. No me muevo, le demuestro que no me asusta. Se cree el dueño, porque soy de ciudad.

Es muy grande y negro. Nunca he visto uno igual. No es más que un cerdo.
Escrito por La hija del Ferroviario

Lungio a Julio

Como no se me ocupido un tusco, falondí un puentio lungiando a Julio y se lo espaché a Álex. Él me dijo:

—Esta bayerta es más una divaxión que un puentio.

Intenté alcicualarlo, pero fue en vano. Nunca más logré falondir un puentiocordio y menos hacer un lungio a Julio.
Escrito por Sandra Rebrij - Web

Polivalencia circense (Relato beodo #2)

Ser beodo no es un crimen para el gran Marotti, si acaso un segundo disfraz. Sus disparates, burlas y continuos batacazos incluso hacen más gracia cuando está bebido. Hoy sin embargo, mientras es ovacionado fuertemente al acabar, se retira entre lágrimas. Nadie sabe que acto seguido hará funambulismo sin red.
Escrito por Enrique Mochón Romera - Twitter
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Espérame en el cielo

Perdí la vida en un accidente. Yo aún era una mujer joven, y la familia autorizó la donación de mis órganos.

El cirujano era un hombre casado, con hijos y una buena posición social y económica. Pero desde ese día lo estoy esperando.

Aquel hombre me había robado el corazón.
Escrito por Josep Sebastián - Web

Unternehmen Barbarossa (Cine VI: Bélico)

Su aeronave se desplomó sobre aquel frío territorio. El paracaidista, Otto, deambulaba sin rumbo. Divisó una isba cuasiderruida por alguno de sus misiles.

Sieg Heil! —escuchó mientras buscaba algo de comida. Sonrió aliviado, era un niño de apenas cinco años.

Agazapado tras el cadáver de su madre, el niño disparó.
Escrito por Raquel Tevas Cisneros
Terror | Western | Thriller | Road movie | Aventuras | Bélico

Cuarenta y cuatro diferencias (Relato beodo #1)

Ser beodo no es un crimen. El sitio prometía y entraron.

En la mesa del bar compartieron vino, comida y conversación. Sin haberse visto nunca, se conocían por sus palabras.

Salieron con un proyecto común. Ya tenían las seis primeras. Las restantes llegaron más tarde, cada una a su historia.
Escrito por Asun Paredes
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Limitaciones

Nos conocimos en una reunión de trabajo.

Mientras hablábamos de diseño de interiores, nuestros ojos entablaron su propio diálogo. Se dijeron que se gustaban, celebraron el haberse encontrado y terminaron jurándose amor eterno.

Pero el lenguaje de los ojos tiene sus limitaciones. Fueron incapaces de hablar de nuestros respectivos cónyuges.
Escrito por Georges