Buenos días, Bangkok

El timbrazo soprendió a Lawan, que acudió rauda a abrir la puerta de su nueva clínica. El joven le sonrió amable y pidió la lista de precios.

—900 bahts el masaje completo.
—¿Tanto? —se extrañó—. Incluye final feliz, ¿verdad?

El diploma de la facultad, agazapado detrás, contuvo la respiración.

—...Claro.
Escrito por Álex Garaizar

El maestro

Vivía humildemente. Se sentaba en la orilla del río y mendigaba la caridad de los pescadores. De los peces que le daban, hacía su sustento.

Aquella mañana, el pescador se acercó a él con sonrisa serena y le miró a los ojos. En sus manos puso la caña de pescar.
Escrito por Manuel Bocanegra - Web

Tenacidad

Mis negativas eran rotundas, pero él cada noche volvía a tirar piedrecitas a mi ventana, declarando su intención de poseerme para siempre. Nunca he sido fácil de conquistar, pero sé que es más persistente que cualquier alma que habite en la tierra y que, al final, cederé a su deseo.
Escrito por Mª Belén Mateos Galán

Poesía eres tú, ¿o quizá tú?

Más de mil combatientes en tan terrible refriega, ninguno con patria, todos con patria; todos amigos y todos rivales. Vuelan los versos por el campo de batalla, ya no queda casi ninguno en pie; las letras y el alcohol menguaron sus fuerzas.

Un último combatiente, un valiente; la poesía prevalece.
Escrito por Rubén José Huertas Rojo - Web

Crisis de los cuarenta

Timidez hasta los quince. Euforia con veinte. Seguridad al pasar los treinta. Me intimida llegar a tan redondo número y obviar mi madurez sería de irresponsable, pero la cifra imprime carácter y está asustando a mis musas. ¿Seré capaz de escribir este y confesar que ya he cumplido los cuarenta?
Escrito por Malu

El tren de las miradas

Ella. Siempre cogía el mismo tren. A la misma hora. En el mismo asiento. Jamás me atreví.

Un día no vino. Escribí una nota por si volvía: «A mi viaje le falta algo sin tu mirada».

Contestó: «Miro sin ver cuando no estás. Buscándote».

Viajaban juntos y de la mano.
Escrito por Tonigc - Twitter

Incomunicación

"Parece que ha refrescado", le digo a mi padre, intentando torpemente iniciar esa conversación que nunca tuvimos. Mientras agarro su delgada mano, sus ojos parecen mirarme desde una profundidad abismal, como albergando un océano de comprensión. "Ya sabes, hijo —responde finalmente, meneando la cabeza—, que nunca he estado en Belgrado".
Escrito por Enrique Mochón Romera - Twitter

Tesoro oculto

Fue a detenerse ante sus pies descalzos. Con asombro, la recogió del agua y la observó. Jamás había visto algo similar en su recóndita playa. Con nerviosismo, sacó el papel de su interior y lo leyó detenidamente. Amor, nostalgia y duelo, encerrados en el cristal vomitado por el embravecido mar.
Escrito por María José Viz Blanco

Una mujer de palabra

En el anuncio buscaba marido, ofrecía tranquilidad y casita con vistas al mar.

Se presentó Cándido. Después de una cena romántica a la luz de las velas, lo estranguló con sus propios tirantes de seda. En la tapa de madera de pino colocó un póster de la playa de Benidorm.
Escrito por Pepe Sanchís

Soledad

Desde que se fue de mi vida creo haberla olvidado. Antes, cuando pensaba estar perdido en mis propios pensamientos, ella conseguía dominarme con el desprecio miserable al que me sometía con su indiferencia. Ahora, aunque todo parece estar lejos de esa realidad, sigo siempre solo extraviado en el completo olvido.
Escrito por Antonio Ortuño Casas - Web

Arácea

El Pino Tea de la librería fingía llamear, en la última repisa desplegaba sus hojas un poto. La arácea arrojó sus ramas por el entarimado, se detuvo a los pies de su dueña. Trepó por su cuerpo atrapándola. La asfixia instantánea no permitió lucha. Replegó sus brotes y se adormeció.
Escrito por LZY

Una gran dama

Apenas entró en el vagón, un halo de perfume lo inundó todo. Llevaba un vestido ligero, azul con lunares blancos. En la mano, una cartera marrón. Yo la observaba disimuladamente preguntándome quién sería. Antes de bajar a la estación me regaló una amplia sonrisa. Entonces me percaté... ¡Oh! ¡Era Marilyn!
Escrito por Mª Luisa Pérez Rodríguez

Doble o nada

Ayer me encontré con mi otro yo. La doble paradoja situada en un estado cuántico idéntico provocó que aniquiláramos a uno de los dos.

Poco después, era medianoche, desapareció mi sombra.

Ya en casa, froté cuidadosamente los rastros de sangre, pero nadie me respondió al otro lado del espejo. Nada...
Escrito por Pepe Illarguia - Web

La vergüenza

Iba al mercado, un tipo desde una casa me llamó y me tocó. Corrí, lloré, sentía vergüenza. Una mujer bondadosa me ayudó, me llevó a su casa, justamente la casa de la vergüenza. El hombre nos vio entrar y la vergüenza que me originó se apoderó ahora de su rostro.
Escrito por Marco Modernel - Twitter

Wanted

Me mordí la lengua, callé, después la ira fue mi compañera, no debí contar hasta diez.

Al día siguiente, como si nada hubiese pasado, pregunté por la sección de objetos perdidos, me indicaron y, efectivamente, allí estaba yo, por fin me encontré, mirándome con la rabia contenida, delante del espejo.
Escrito por Ismael González Martín

Sara

Piel de seda y aroma de jazmín, paseaba ante mi casa mientras mi pie desconchaba la pared, trazando señales de amor.

Tuvo vida amarga con otros.

Cuando quiere sonreír y endulzar su pecho, viene a leer la sombra que hace años dibujó mi pie: un corazón y un nombre: SARA.
Escrito por Pablo Núñez - Twitter

Cenicienta II

Ella era feliz con su vida de cuento, sus zapatos de cristal y su príncipe azul. Su dicha hubiera sido completa de no haber sufrido esos terribles dolores de barriga que la llevaron directamente al hospital. Nada pudieron hacer los médicos por salvarla, el empacho de perdices había sido mortal.
Escrito por Margarita del Brezo - Twitter
Parte I | Parte II

La puerta verde de Bulsara

He vuelto. Tras veinticinco años estoy frente a la puerta verde. Puedo notar cómo me sigo estremeciendo al caminar sobre las dedicatorias escritas por tus fans en el suelo y los muros de tu casa. Busco la mía. ¡Qué suerte! Está borrosa, pero sigue ahí: There can be only one.
Escrito por Olga

Homenaje

Desde hace tiempo, gente extraña circula cada día por todas las habitaciones de mi casa. Tal vez seamos parientes lejanos, quizá por eso no nos conocemos. Hace décadas que, desde este sitio, los observo en silencio.

Quisiera descansar, pero intuyo que jamás descolgarán mi foto de la pared del comedor.
Escrito por Laura Pederzoli - Web

Armados y peligrosos

—Comisario, ha llamado el encargado de un restaurante gallego. Dice que una horda de descerebrados no quiso pagar una comida previamente concertada aduciendo engaño fehaciente al no haber allí ni arena, ni mar, ni gaitas. Huyeron despavoridos al grito de "¡ciencuentista el último!", pisando, inmisericordes, a un abatido chaval barbado.
Escrito por Jesús Garabato Rodríguez

Cuando la palabra es más filosa que un cuchillo

Sus lágrimas, que caían sobre el papel, reflejaban tristeza, inmensa culpa y dolor visceral. Había sido ella.

Había asesinado. No con cuchillos, sino con palabras. Mató con ellas los sueños, los proyectos, su corta vida... y a su compañera de curso.

Solo dos palabras escritas de un último mensaje: "Te perdono".
Escrito por Nicolás Libardoni

Vuelve cuando quieras

Llamó solicitando caridad. Abrieron la puerta. La bañaron exquisitamente. Fue invitada a la cocina. Degustó suculentos manjares. Complacida, accedió al salón de juegos donde el señor, con refinadas técnicas, le otorgó una sofisticada y monumental paliza.

La arrastraron hasta la salida. Allí vio una placa: Marqués François de Sade. Filósofo.
Escrito por Isidro Moreno - Web

Verano azul

Frente a mí, el azul que he de vigilar; en la playa, el bikini azul del que no puedo apartar los ojos, como azules serán los ahogados con los que luciré mis habilidades si hay suerte.

Sin embargo los días pasan y vuelvo a ver la muerte de Chanquete, solo.
Escrito por Luisa Hurtado González - Web

Derrotas invisibles

Siempre competía con ilusión, pero las victorias que tanto esperaba nunca llegaron. Impotente, decidió darlo todo en una última carrera que le haría dueño de un futuro imposible. Sus pies, juntos, recorrieron un corto trayecto, impulsados por el peso de su cuerpo, hasta quedar detenidos a escasos centímetros del suelo.
Escrito por Cadillac Solitario

Todo un calavera

El terreno era muy inestable. Tenía que estar muy atento a lo que mis metatarsianos, en la penumbra nocturna, iban esquivando. Tampoco ayudaba la falta de luz selenita. Pero ya quedaba poco para llegar a mi lugar de descanso. Debería pensar en cambiar de osario. Demasiados fémures y escápulas impertinentes.
Escrito por Rafael Domingo Sánchez - Twitter

Efluvios

Intenta escapar del sopor que lo atrapa, pero es humo arrastrado por el viento. Siente que se asfixia mientras camina en un laberinto de penumbras, cree que está dentro de un sueño, todo es inmaterial. Todo, excepto su cuerpo, tirado en el piso, y la jeringa que pincha la vena.
Escrito por Beto Monte Ros - Twitter

Los primeros besos

La tenía frente a él y su sonrisa le parecía la más bonita del mundo. Aún no sabía que con ella descubriría cosas preciosas que ahora desconocía. Pero quiso regalarle un beso. Y con las mismas prisas, volvió al recreo a jugar con sus compañeros de primer curso de infantil.
Escrito por Juan Aguilera

Esperanza

Revisa el buzón a sabiendas de que lo hallará vacío. Estoica, lleva aguardando una promesa desde que vestía su piel el esplendor que la juventud otorga. Como cada mañana, Soledad, al examinar el frío y yermo receptáculo, reprime el llanto aferrándose a una esperanza que todos, salvo ella, saben estéril.
Escrito por Matrioska - Web

Cambio de género

Cuando era Carmen, se presentó a Saber y Ganar. Concursó durante varios meses y se llevó a casa casi treinta mil euros. Utilizó ese dinero para pagar los honorarios de una prestigiosa clínica.

Ya convertido en Marcos, acudió a La Ruleta de la Fortuna y lo eliminaron el primer día.
Escrito por Plácido Romero - Twitter

Androide, demasiado androide

La salmuera de los días se disipó cuando ganó el Partido Humanoide. Encadenados como dúos "ombligados" regresamos emparejados a la Caverna platónica convertidos en sombras equidistantes, edénicas, sin otra capacidad comunicativa que la de intercambiar actualizaciones e indulgencias...

—Eres bonita, enviar, tu cordón prende como yesca de un calor primigenio.
Escrito por Plinio el Bizco - Twitter

Luna de hiel

Era la novia más triste que había maquillado jamás. Permanencia inánime, como títere caído. Los pinceles luchaban con destreza para dar vida a su tez marmórea y a su mirada de niebla.

Supo que su trabajo fracasaría cuando abrieron la puerta para entregarle un delicado ramo de nomeolvides sin tarjeta.
Escrito por Carmen Cano - Twitter

Voces

Los trajes guardan palabras de los ángeles. Añaden a la tarde sus conversaciones, pero el vestido blanco, el traje de luto, a veces callan. Son trinos aislados en la encina del tiempo. Al oír el susurro del atuendo de fiesta la señora enmudece, sus parientes donaron los trajes al hospicio.
Escrito por Pedro Elías Martínez

Tortura

"Uno, dos, tres...". Sin pausar se oía la voz cantar los números, siempre igual, del uno al diez, luego un silencio y vuelta a empezar.

El prisionero escuchaba el conteo mientras rascaba la pared detrás de su cama. Lo que para muchos era tortura, para él era aliciente de libertad.
Escrito por José Torma - Web

Campamento

Ángel abrió, de par en par, sus enormes luceros color tierra, cuando escuchó la palabra "campamento" en el telediario. Para fin de curso visitarían uno de verano.

Se presentó en la cocina con lágrimas en los ojos.

—No quiero ir a ese lugar lleno de barro. ¿Dónde está Idomeni, mamá?
Escrito por Carmen Martagón E. - Twitter

El hundimiento

El filósofo caminaba por una plaza turinesa cuando vio que un cochero daba fuertes latigazos a su derrengado caballo. Para evitar que el castigo continuara, se arrojó sobre el animal y abrazó su tembloroso cuello. Luego, las lágrimas brotaron de sus ojos y resbalaron hasta su negro y abundante bigote.
Escrito por Erique Angulo - Twitter

Fuego

Las llamas cobraron fuerza y se extendieron por el piso cerrando el paso a los que intentaban entrar, bloqueando la salida a los que pretendían huir. Todo quedó convertido en cenizas. Sustancias orgánicas e inorgánicas fundidas y confundidas, transformadas en rescoldos por el fuego. El divino don regalo de Prometeo.
Escrito por Eloína Calvete García - Twitter

Síndrome de Cotard

No soportaba la mirada demoledora de aquel animal. Se fijó en las paredes de mi casa, perdieron el color.

Profundizó. Se les fue cayendo el gotelé. Cuando recuperé la calma, volvió y sólo dejó las paredes, desnudas, destrozadas.

Decidí matarlo. Disparé. Creí caer muerto ante el espejo.

Pero sigo aquí.
Escrito por Gil Hernando de Santiago

Calling Dead

Los sutiles invasores nos estaban idiotizando, entonces compré un arma para defenderme; fue más fácil que cambiar de compañía telefónica.

Hoy, en mi fiesta de cumpleaños, he matado a los invitados que estaban abducidos mirando sus móviles. Por supuesto, grabé la escena y la compartí en las redes.
Escrito por La Marca Amarilla

Ofertas en el hipermercado

Cuando llueve salimos a comprar. "¡Me viene grande!". "¡Es pequeño!". "¡No me gusta!". Terminé llevándome un 3x2 y, como mi amiga eligió otro lote similar, nos regalaron dos calendarios de Mr. Pitt.

Aprovechamos la promoción echándole un par. Después comprendimos, con gran satisfacción, por qué algunos productos van por docenas.
Escrito por Cristina Aguas

Más allá de las recetas

Me insiste en que arroje sus cenizas al mar. Creo que quiere evidenciar que es más previsor que mi anterior marido, que solo pidió la incineración, sin preocuparse por el destino de las pavesas. Pero no sé, porque siempre que lo dice mira con aprensión la salsa bechamel al roquefort.
Escrito por Rafa Olivares - Web

Demasiado lejos

Te echo de menos. El día gira como la rueda de un molino movido por el agua de tu recuerdo. De repente ha pasado un tiempo sin pensar en ti y tu recuerdo retorna con la renovada dureza de los remordimientos.

¡Qué estúpido! Me quejaba porque vivías lejos. ¡Pero vivías!
Escrito por Javier Caboblanco Brasero

Al servicio del pueblo

Tras saludar al último de los quinientos invitados a la recepción de palacio, el Rey sintió un inquietante hormigueo en la mano derecha y vio que tenía seis dedos. Por recomendación arzobispal se proclamó un edicto que proscribía los pecaminosos guantes y se instituyó la Real Fábrica Nacional de Manoplas.
Escrito por Belén Sáenz

(La voz de) los silenciados

Toda la atención se centraba en ella .La muchacha se convertía en grito de millones de personas. Ella, abrumada, intentó formular palabra. Pero nada. De su boca no socorría más que un sollozo.

Se miró los zapatos y suspiró: se había atado los zapatos de escapar con sus cuerdas vocales.
Escrito por Saioa Etxegia Eizagirre

Cadencia E. D. R.

Mermados en número y con Linda gravemente herida las posibilidades de alcanzar la base se reducen drásticamente. Incierto es el destino que nos vemos avocados a encarar, nosotros, que defendimos PULSIÓN-8 hasta las últimas consecuencias. Pero aún no está todo perdido. El Dispositivo Rosenberg ha comenzado a emitir de nuevo.
Escrito por José Ramón Sánchez Varela

El hombre que gritó libertad

No era un refugiado al lograr huir de la guerra ni un preso al salir de la cárcel. Marcelo era simplemente un hombre normal que logró librarse del acoso telefónico de las compañías que le llamaban a diario a todas horas.

Fue tan sencillo como hacerse cliente de todas ellas.
Escrito por Emilio NB - Twitter

Timidez

En la oficina de empleo, una mañana más, aguardo a que su mostrador quede libre. El rostro se le ilumina al darme la noticia. Yo callo. Hallar las palabras adecuadas es más difícil aún que haber encontrado trabajo, explicarle que nada tiene sentido si no voy a volver a verla.
Escrito por Ángel Saiz Mora
Elegido mejor relato de noviembre de 2016

La lentitud de Pandora

Sintió escalofríos ante la presencia del último monstruo, era viscoso, carecía de alma y apestaba a sangre y a pólvora. Su cuerpo estaba formado por las vísceras de miles de hombres. Si salía, asolaría países enteros, arrastrándolos en luchas fratricidas. Al verlo cerró la caja, pero él fue más rápido.
Escrito por Encarna Cuesta García

Hartazgo

Le habían ordenado que se callara, de nuevo, pero el niño berreaba a voz en grito, exigiendo a sus padres que le comprasen su coche semanal.

Hartos de que su hijo de tres años les montase cada viernes ese escándalo, decidieron aguantar estoicamente, mientras los transeúntes les lanzaban miradas aviesas.
Escrito por Gloria Arcos Lado

Peso muerto

Esas miradas de compasión, ese cuchicheo pensando que no escucho. Ese manosearme, sobarme, hacerme daño y no poder quejarme. Ese querer gritar de rabia y sonar hueco, vacío. Ese querer moverme y permanecer inmóvil. Ese querer todo y no poder nada.

Solo ser una mente encerrada en un cuerpo muerto.
Escrito por Amparo

Ruta 23

Era evidente el sudor en su frente y el temblor en las manos, después de tantas pruebas y entrevistas. Pronto lo llamarían a la oficina del jefe y sabría si el empleo era suyo.

Y escucha su nombre: "¡Carlos Mancilla!".

Y otra voz lo sacude diciendo: "¡Despierte, baje del autobús!".
Escrito por Selene Argueta - Twitter

Regresivo

Comencé a sospechar que algo andaba mal cuando salimos de firmar el divorcio y nos encontramos celebrando nuestro aniversario.

Al poco tiempo nacía nuestro hijo, luego nos casábamos y después nos enamorábamos.

Antes de perderla para siempre, logré detener mi cronómetro, al que había dejado por error en conteo regresivo.
Escrito por Daniel Castillo

Ni pío

Las décadas transcurren y sigue sin pronunciar su primera palabra. Aunque "mamá" fue la elegida por cinco de sus seis nietos, para él perdió vigencia hace mucho.

"Hable, don Servando. Sabemos que puede", insisten los médicos, desesperados. Como aquellos que de niño lo examinaban.

Las arrugas se acentúan cuando sonríe.
Escrito por Vicente Varas - Twitter

Un buen contable

Rober tenía diez años cuando empecé a contar. También tres balones que no me dejaba coger. Diecisiete juegos para la Play, súper intocables. Ciento veintiocho plastidecores. Seis disfraces, doce cochecitos fluorescentes. Dos patines. Yo tenía dos manos, él una espalda, y la escalera, aquellos maravillosos treinta escalones hasta el portal.
Escrito por Paloma Hidalgo Díez

Exlibris

Bernardo Soares se durmió sin pérdida de tiempo en busca de Proust. En una librería de viejo, junto al Gran Canal, encontró a Ulises, desencuadernado tras mil travesías, y a Alonso Quijano, lanza en ristre sobre una sobada cubierta. Cuando despertó, desasosegado por unas fúnebres campanadas, Fernando Pessoa estaba allí.
Escrito por Javier Igarreta Egúzquiza - Web

El secreto

Se conocían desde la infancia. Crecieron uno junto al otro. Parecían amigos pero eran rivales. Se envidiaban la altura, la lozanía, la gracia al moverse. Sólo les quedaba resignarse y convivir sin demostrar celos. Nadie sabía de su secreto.

Les aguardaba una eternidad juntos a los dos cipreses del cementerio.
Escrito por Inma Carrasco

Reencarnaciones

Nació. Gimió. Mamó. Habló. Aprendió. Inventó. Gritó. Soñó. Enfermó. Murió. Resucitó.
Nació. Gimió. Mamó. Confió. Trabajó. Engendró. Perdió. Se jubiló. Murió. Resucitó.
Nació. Gimió. Mamó. Escribió. Rio. Besó. Mordió. Aró. Se casó. Huyó. Sufrió. Murió. Resucitó.
Nació. Gimió. Mamó. Creó. Ganó. Compartió. Se cansó. Envejeció. Rezó. Murió. Era Dios.
Resucitó.
Escrito por Lucía Folino - Web

Calavera Garbancera

Catrina estaba espléndida con su disfraz de esqueleto y su estola de plumas. La invité a bailar un réquiem e hicimos el amor sobre la piedra mientras un tropel de gente, entre vítores, flores y sollozos, jaleaba el espectáculo al pie de nuestro lecho. Fue un magnífico día de difuntos.
Escrito por Luis San José - Web

La nueva protagonista

¡Lo sabía! Desde antes de entrar en el salón de la entrega de premios ya lo sabía. Sabía que, una vez dentro, todas las miradas se centrarían en ella. Entró en la cocina... Una gota de tomate que cae y apareció ella, la nueva protagonista: una mancha en la camisa.
Escrito por Salvador Pérez Salas - Twitter

Enamorados

Camino ensimismada disfrutando los colores de la tarde, cuando en la distancia observo un movimiento suave. Miro de soslayo la pasión de dos amantes que viven la plenitud de sus cuerpos, mientras yacen ufanos en un manto de sedosa hierba.

No hay pasado, no hay futuro, solo un vibrante presente.
Escrito por MariE - Twitter

En tierra extraña

Su nieto pone el aparato de música cerca de su oído, se escucha "Ojos verdes", solo entonces los suyos brillan al compás de sus manos.

Sus recuerdos son en blanco y negro envueltos en dulces palabras: "Tú eres mi moreno, te quiero, bésame".

Su memoria está perdida en tierra extraña.
Escrito por Javier Puchades - Web

¿Regresó por ti?

Caminó hacia la calle con ese aire fanfarrón con el que se amedrenta a las almas sensibles. Siguió su camino, mientras otros tantos no dábamos crédito de su desfachatez. Y consiguió lo que buscaba: espantó al más incrédulo justo cuando en su rostro cadavérico apareció la cara del tendido difunto.
Escrito por Cristopher Josué Escamilla Arrieta - Twitter

El sueño de Narciso

Frente al espejo, empezó con las uñas, manos, brazos y piernas y, con un gesto intrépido, viró la dentadura y siguió con el estómago y el corazón, disfrutó de la tierna mousse de hígado y pulmones, del gelatinoso intestino y del sabor dulzón del sexo.

Solo encontraron sus dientes perfectos.
Escrito por Crispín - Web

El fuego del miedo

Sobre las llamas arde tu cuerpo, juzgado por quien proclama la fe en nombre de Cristo. Siervos de la bondad, reconvertidos en diablo. Cientos de ojos observan con pavor el castigo de su ¿Dios?, y solo los tuyos ven el miedo que ejerce sobre ellos la hoguera de la ignorancia.
Escrito por A. R. Payán - Facebook

Crueldad gratuita

John Pappalardo, caporegime de la familia Calascibetta, murió acribillado en el restaurante Little Palermo. Enfureció a los suyos no la muerte en sí de Pappalardo, que todos esperaban, sino la crueldad gratuita del asesino, que no permitió que su camarada terminara de saborear un delicioso plato de sarde alla siciliana.
Escrito por Juan Pedro Ortega Sánchez - Web

Nuevos retos

No puede ser tan difícil, y menos para alguien como yo, que siempre se vació los bolsillos de cadenas y yunques. El rebelde más admirado del campus.

Será hoy, o mañana o pasado, pero de esta semana o mes no pasará. Saltaré ufano de la cama e incluso me ducharé.
Escrito por Javier Palanca

El trastero

Después de ordenar la cabeza, decidió limpiar el trastero sin saber lo que desordenadamente acumuló en el cuarto de Diógenes. Paró frente a la puerta bloqueada, aunque al final nuevamente desistió.

No era la resistencia de la oxidada cerradura. Nunca quiso darse cuenta de que introducía la llave al revés.
Escrito por Lyon Sánchez

Recuerdos de familia

Papá olía a uvas fermentadas. Mamá acariciaba como la bufanda que estaba tejiendo. Mi hermano, ordeñando la vaquita morada envuelta en plata por su mucho cacao. Y yo, pendiente de mis trenzas doradas, imán de los chicos del barrio.

Hoy, embriagada, acaricio, ordeño y atraigo la plata de mis clientes.
Escrito por María Jesús Briones Arreba

De profesión: pastor

Dejó el inútil título de licenciado en su pequeña habitación con derecho a cocina y se echó al monte. 

De la pezuña de su nueva compañera de trabajo, aprendió el oficio rápidamente: evitar meterse en prados ajenos; vigilar al lobo que acecha; y nunca, nunca, dejar de contar las ovejas.
Escrito por Carles Quílez - Web
Pastor | Astronauta | Verdugo | Futbolista

El Triángulo del Diablo (Relatos triangulares III)

Charles llegó a casa con un ramo de flores. Atrás quedaron enterradas sus infidelidades. Por fin había valorado a su fiel esposa.

La ropa desordenada en el piso y los salvajes gemidos enfurecieron al marido que, ingresando con un cuchillo a la habitación, no percibió el aire impregnado de azufre.
Escrito por Jean Durand - Web
Parte I | Parte II | Parte III

Amor a la vinagreta

Las trampas que tendí para protegerme de los dientes del lobo no fueron suficientes. Dejé un resquicio sin vigilancia y se coló, curioso, por debajo de la persiana. Lo envasé al vacío, pero tiene mala cara. Mejor, voy a meterlo en el tarro de los pepinillos. Quizás, así, pueda conservarlo.
Escrito por Patricia Richmond - Web

Un trabajo casi perfecto

Revisaba concienzudamente cada rincón de la casa. Todo estaba escrupulosamente limpio. Había realizado un trabajo profesional acorde a su prestigio ganado a lo largo de su carrera.

Una lástima, con las prisas olvidó llevarse las bolsas con los restos... Cuando lo recordó fue demasiado tarde para subsanarlo...

¡Maldita fauna cadavérica!
Escrito por Pilar Alejos - Web

Toñi

Luto, lágrimas y flores exornaban a la perfección el acto. Esposo e hijos lloraban desconsolados mientras el féretro era sepultado. Supuse que uno echaría de menos las palizas que le proporcionaba, y los otros el olvido a la que la habían sometido los últimos quince años. No di las condolencias.
Escrito por Domingo Díaz

Prueba de amor

Cegada por los celos, Amelia me vigilaba día y noche. Con todo, logré hacer algunas escapadas al cobijo de la luna nueva. Un día, como prueba de amor, envueltos en papel de fiesta, le envié los ojos de mis amantes. Desde entonces, no ha vuelto a molestar... ni a verme.
Escrito por Andrés Galindo - Web

Otra más para sus juegos

Su seductora imagen, rebosante de sugestivas curvas y oscuros y húmedos recovecos, le hace interesarse por su nombre y por sus orígenes. Su intención, igual que con las anteriores, es comprobar hasta dónde puede llegar a experimentar con ella todo tipo de juegos.

Ansioso, abre el diccionario y busca "laberinto".
Escrito por Juana Mª Igarreta Egúzquiza - Web

La escena del crimen

—¿Recuerdas la droga caníbal ?
—¿El turista que se comió sus propios intestinos?
—Efectivamente. Pues te presento a Tito —señaló un cadáver desmembrado—, el mayor distribuidor.
—¡Joooder!
—¿Ves ese cargamento mordisqueado? Se lo comió su puto perro.

Ahí estaba: un mastín acribillado a balazos con los ojos aún inyectados en sangre.
Escrito por Raquel Tevas Cisneros

Olímpicos

La excursión se convirtió en un campeonato de deportes de riesgo: huida de abejas furiosas, pérdida del Norte, saltos en modo Tarzán sobre riachuelo enfangado... Los errores de cálculo produjeron varios aterrizajes forzosos sobre mullidas boñigas de vaca que amortiguaron los golpes. 

Consiguiéndose varias medallas olímpicas en risas entre amigos.
Escrito por Maest

El suicida

Su conciencia, obediente a los mandatos de la Iglesia, no le permitía hacerlo. Así que, cuando lo tuvo decidido, se la arrancó con determinación como si fuese una postilla seca, la guardó dentro de su sotana y colgó la soga en la viga sin encomendarse a Dios ni al Diablo.
Escrito por Paloma Casado Marco

Ley mordaza

Los guardianes del silencio peinan las calles en busca de una nota flotante o un díscolo calderón. No se percatan de la gente que transporta objetos a la espalda, en bolsas o que caminan saltando. Ignoran que se reúnen en sótanos que huelen a bemoles, a risas y a complicidad.
Escrito por Elena Casero

Mariposa

Estaba sola. Entre el cielo y la tierra, en algún punto entre la luz y la sombra; sin saber cuál iba a ser el paso siguiente. Se debatía entre esconderse o encararse al abismo cuando sintió una comezón en la espalda y un súbito deseo: comprendió que tenía que volar.
Escrito por Manoli VF - Web

Catálogos de viaje

Miré los catálogos de viaje y busqué una pista que me indicara por dónde seguir el rastreo. Sólo necesité cinco días para encontrarla. Lo que no entiendo es por qué se ha escapado tan lejos sin mí. Mañana se lo preguntaré en cuanto la vea. Después volveremos a casa juntos.
Escrito por Alma rural - Web

Ciencias inexactas

Empezó con el de pipa, luego con el rubio light, pasó al negro, siguió con los puros habanos y acabó con las colillas que dejaba su padre a medias. El orden de los productos no altera el factor. En su caso, el de riesgo.

Dejó viuda y dos hijos pequeños.
Escrito por Josep Sebastián - Web

La feria

Perico daba vueltas con los ojos vendados.

 —¿Por qué le cubren los ojos, abuelito?
—Se marea, mi niña.

Subida sobre el lomo del burrito, mi infancia giraba en aquel carrusel.

El tiovivo del tiempo se llevó a mi abuelo, y al burrito. Pero cuando miro una feria aún soy feliz.
Escrito por Carmen Hinojal

Soldados de arcilla (Infancias de guerra: Tropical)

Terminada la escaramuza, se derrumbó de rodillas junto al océano carmesí que su deshabitado hermano derramaba sobre la selva.

Mascullando un juramento, apretó su Kalashnikov bajo la venenosa mirada del sargento instructor; tenaz palanca que acabó por abrirle las abisales grietas del odio, esas que cuestan toda una vida cerrar.
Escrito por Antonio Bolant - Twitter
Occidente | Oriente | Tropical

Yates magnetoaerostáticos

—Por la excesiva industrialización y la nefasta gestión medioambiental se secaron los océanos, así que, para solventar el problema, los humanos inventaron los yates magnetoaerostáticos.

—¿Y los problemas de desequilibrios planetarios, de biodiversidad...? ¿No consideraban prioritario resolverlos primero?

—Lo importante era satisfacer la demanda turística.

—Ya, por eso se extinguieron.
Escrito por Luis Goróstegui - Twitter

Hasta que la muerte nos separe

Estoy bien en mi ataúd. Es cómodo; quizá algo húmedo por ponerle alguna pega. A veces siento nostalgia del tacto de la arena entre los dedos mientras charlábamos junto al mar. Hundir el pulgar en el centro de una naranja, desgajarla, compartirla. Besarte...

Por lo demás, bastante bien. De verdad.
Escrito por Aurora Baeza

Malos tratos II

El flamante collar de perlas se luce en su cuello. Sólo debe corregir apenas el maquillaje. Siempre hay algún entrometido que pregunta, y no tiene ganas de volver a explicar que no ha sido nada, que él está algo nervioso y que la culpa es de ella, por hacerlo enojar.
Escrito por Silvina Palmiero - Twitter
Parte I | Parte II | Parte III

Una chavala pa' quedarse de piedra

Me pusieron Juan por mi apellido. Que mi madre, cuando mocita, vio en un pograma a Paco Rabal y le gustó.

Vivo al lado del Guadalquivir y todas las tardes cojo mi barquilla y tiro pa’ Sevilla a disfrutar de las chavalas. Pero hay una, la Inés, me tiene loquito...
Escrito por Dipandra - Web

Dame la mano

Antonio el maestro invitó a los niños a plasmar su mano impregnada de pintura en un formato DIN A4. «Te doy mi mano para que recuerdes cuán pequeña era cuando todavía necesitaba la tuya. ¿Que dónde se encuentra, dices? Conservo una lata de tesoros, por si algún día me pierdo».
Escrito por Pilar García