A la tercera va la vencida

Eran unos críos la primera vez, se buscaban con esmero pero no pudieron encontrarse. Más tarde volvieron a intentarlo pero la venda del orgullo les tapaba los ojos. Fue a los años, tras intentar sin éxito olvidarse, y frente al mar, cuando al fin lograron verse. Esta vez sin vendas.
Escrito por Lulú

Terror

Su relación es peligrosa.
Murmuran las malas lenguas.
Pronto ocurrirá una desgracia.
Alguien abre una puerta.
El marido llegó temprano.
Su mirada da miedo.
Ronda cerca la muerte.
Tiemblan abrazados dos cuerpos.
Imploran los amantes infieles.
El cuchillo chorrea sangre.
Se escucha un grito.
¡Me muero por ti!
Eso dolía.
Escrito por Beto Monte Ros - Twitter

Otros tiempos

Quienes mandaban se hacían obedecer. Pago de impuestos y tributos por un lado y diezmos por el otro. Unos te llevaban a la guerra y otros al infierno. Al rebelde, tortura, mazmorra y grilletes; de ahí al cadalso. Al final se le encapuchaba, el populacho asistente hacía silencio, y... ¡zas!
Escrito por Carmelo Carrascal

Cuatro pasos

La lámpara de cristal se reflejaba en las gafas del rey Gustavo. El investigador recorría la alfombra que le separaba del Nobel. Se detuvo nervioso. La misma distancia que una vez le separó de un punto de penalti, el de la victoria en la gran final: si hubiera conseguido transformarlo.
Escrito por Jerónimo Hernández de Castro - Twitter

Ocho amigos

Hubo una vez ocho amigos que compartían ambiciones: deseaban triunfar. En la universidad eran inseparables. Luego, se fueron distanciando. Emprendieron carreras profesionales, iniciaron negocios, entraron en política, se enriquecieron.

Cayeron uno a uno: Bárcenas, Gürtel, Porto, Bankia, Brugal, Guateque, Púnica, Lezo.

Ahora vuelven a estar juntos en Soto del Real.
Escrito por Plácido Romero - Twitter

Cuota de lágrimas superada

Entiéndalo, ha sido un mes difícil. Murió mi suegro y mi mujer lo ha pasado muy mal. Me despidieron del trabajo y alguna lagrimilla se me escapó.

Haga la vista gorda. Apenas si faltan dos días para cumplir el plazo. Tiene sólo tres meses, ¿cómo pretende que deje de llorar?
Escrito por Ignacio Urtiaga - Twitter

Eternidad

Era eterna y era desdichada (no hay una cosa sin la otra). Venía de enterrar a su tercer hijo de esta centuria. Vendrían otros. Aunque pensó que para el siglo veinticinco era mejor tomarse un descanso. Después de enterrar a treinta y cinco mil doscientos sesenta, estaba cansada de parir.
Escrito por Gabriela Capdevila

Queridos Reyes Magos:

Disculpad que os escriba con tanta antelación. Este año he sido muy bueno, pero no pido nada para mí. Me gustaría que trajerais su juguete preferido a todos aquellos adultos —papás, mamás...— que de pequeños no lo recibieron a pesar de haber sido muy buenos. Se lo merecen. Muchas gracias.
Escrito por Luis Goróstegui - Twitter

La muerte verde

Desde lejos la belleza de Lady Caroline Griffin destaca sobre los demás. Los nobles hablan de una maldición que provoca la dolorosa muerte de sus pretendientes. Su sonrisa, figura e insondable mirada terminan por enamorarme.

Me aproximo y beso su mano enguantada, cerca de su extraño y resplandeciente anillo verde.
Escrito por Jean Durand - Web

Billete solo de ida

Se lanzó al abismo esperando encontrar ahí el más allá que arriba no conseguía. Dos alas se desplegaron sin querer en sus brazos y con sus piernas convertidas en ventosas alcanzó el fondo. Sólo se dio cuenta hasta entonces de esas habilidades; pero si quería regresar debía volver a nacer.
Escrito por Antonio Ortuño Casas

Reencuentro

Ya voy de camino, cariño. Dudo que te alegres al verme, tanto como que hayas logrado perdonarme. En ambos casos lo entendería, aunque ninguno me consuela. La misma carretera, la misma lluvia, el mismo árbol... Pero créeme, aunque hubiera sido una expiación perfecta, esta vez la culpa no fue mía.
Escrito por Macarena Fernández - Web

Gracias por su atención y feliz vuelo

Hollaba los aeropuertos con paso firme, sabiendo que el uniforme de la compañía aérea le quedaba como un guante; su maquillaje, perfecto. Nunca pensó que tendría que usar de verdad el chaleco salvavidas. No volvería a reírse del miedo a volar.

De hecho, probablemente no volvería a reírse de nada.
Escrito por Aurora Baeza

Planeta X (III)

—¿Cumplió su promesa? —bajó la mirada.
—Nunca volví a ver a mi padre.
—¿Tú cumplirías, verdad? —abrió los ojos.
—Nunca volverá a pasar, hijo, lo prometo.
—¿Por qué lloras, papá? —sonrió. Recordé a mi padre.

Bajo un gran marco, donde se ve una masa amorfa e incandescente, se lee Celtar.
Escrito por Giancarlo Ubillus - Twitter
Parte I | Parte II | Parte III

Maquiavélica pulpa

Amaneció con el pie derecho. Sin menospreciarla. Incluso la alabó con un "este zumo está de muerte". En segundos se le cerró la tráquea. Se le abrieron los ojos de pánico. Y la última imagen que vio fue la cara amoratada de su amada, con una sonrisa maquiavélica de satisfacción.
Escrito por Stbn

Memoria

Hemos llegado otra vez al lugar donde comenzamos y tengo miedo de no poder resistir hasta el final. No sé hasta cuándo pueda aguantar que me sigas olvidando. Te amo y no puedo evitar una lágrima cada que me preguntas quién soy. Yo también me voy perdiendo en tu alzhéimer.
Escrito por Andrés Galindo - Web

La decepción de la sirena

Se dio cuenta de que había sacrificado su voz para nada, aunque pudiera hablar nunca conquistaría el corazón del príncipe. Ahora en tierra firme, observó cómo contoneaba las caderas al andar, algo que no notó cuando salvó su vida. Volvería al mar, cualquier tritón habría tenido más éxito que ella.
Escrito por Perraka - Twitter

Con la luz apagada

Aunque es muy vergonzosa, en lo referente al sexo es ella la que siempre sugiere nuevos juegos. Tampoco pone impedimentos a practicar posturas más allá del 69. Lo que no permite, en ningún caso, es que su marido —ciego— le toque la cara con sus manos... Mucho menos, lo demás.
Escrito por Gabriel Pérez Martínez - Web

Abismo

Después de la cuarta aspirina disuelta en whisky sólo quedan los tambores, lo tengo comprobado. Y es aterradora la soledad, sí, pero prefiero ese redoble que me bambolea el cerebro como una pelota de trapo a las voces que susurran cosas. Cosas que no puedo... No querría... Al menos aún.
Escrito por Belén Sáenz

El Gran Gatsby

La madrugada arrugaba la carretera y adormecía los reflejos del conductor. El acompañante le preguntó si quería turnarse, dar una cabezada. Estaba dispuesto a relevar al volante a su jefe.

Repentinamente, el accidente. Entonces el conductor recordó la película de El Gran Gatsby: "Ahora tú dirás que eras quien conducía".
Escrito por Francisco Rubio Yepes - Web

Tiempo revuelto

Ayer, a primera hora, un furtivo rayo de sol asaltó un banco de nieblas. A media mañana, todavía relucía el botín de perlas de rocío desparramado sobre los prados. La cara del hombre del tiempo era todo un poema. Incapaz de encajar las líneas isobaras, dio paso a la publicidad.
Escrito por Javier Igarreta Egúzquiza - Web

El secreto de los campos de lavanda

Era ingenua y alegre, pero, a menudo, lloraba desconsolada sobre los campos florecidos, y un día desapareció.

Mamá callaba. Papá se ocultaba. Yo siempre la esperé y, abrazada a una niña violácea que olía a espliego, regresó.

—¿Es mi sobrina? —pregunté entusiasmado.
—Sí —respondió serena—, y también tu hermana —añadió.
Escrito por María José Escudero

Extinguirse

Una bocanada más o una menos. Al final no importaba. Claire miraba al cigarrillo consumirse lentamente frente a ella. Después de que se le fuera la vida tratando de complacer a otros, finalmente era libre para decidir en qué momento su vida se extinguía. Ya nada la volvería a atar.
Escrito por Patricia J. Dorantes - Facebook

Cálidamente frío

Y ahí estaba, con la ilusión de la última cita; un vestido nuevo, mejillas ruborizadas y el tic nervioso en el pie que sacudía incansablemente.

Por fin, el flamante caballero aparece frente a ella, ambos sonríen; pero el frío abrazo de sus prótesis hace enmudecerla y desaparecer sin dejar rastro.
Escrito por Selene Argueta - Twitter

Te daré tus sueños

Danzan sus manos melodías en blanco y negro. Desde su oscuridad, le basta rozarlas con gráciles dedos. Debe alzar lejos el vuelo para aprender e, ingrávida, poder acariciar el cielo.

Su abuela cumplió sus anhelos, le legó sus sueños. Elisa sonríe cuando, frente al espejo, la reconoce en sus ojos.

Escrito por Pilar Alejos Martínez - Web

La vida y la muerte

Un día cualquiera, nacieron dos niñas llamadas Vida y Muerte. Los padres se tuvieron que separar y la madre se quedó con Vida y el padre con Muerte, pero las niñas nunca se quisieron separar, por lo cual Vida le mandaba regalos a Muerte, y Muerte los guardaba para siempre.
Escrito por Eva de Nicolás

Las escaleras mecánicas

Sara es una persona tan mayor, que la vida le pide permiso cada vez que cumple años. Las escaleras que llevan al barrio alto donde vive, pronto serán mecánicas. Por la noche, cuando todos duermen, se imagina probando el pasamanos.

"¿Falda o pantalón?", piensa mientras resuelve, emocionada, la anticuada ropa.
Escrito por Smokey pisó la raya

Solo yo

En el cumpleaños de mi suegra me regaló un aire acondicionado; en el de mi suegro, una televisión; en el de mis padres, un frigorífico; en el de mi mujer un libro; y en el de mi, hija un dibujo.

Para mi cumpleaños lo he pensado y querré un poni.
Escrito por Rubén José Huertas Rojo - Web

La muerte rodante

La maniobra no revestía peligrosidad: adelantamiento en una interminable recta. De repente, aquel vehículo oscuro hizo amago de desplazarse lateralmente...

Otra tragedia en la "Carretera del Infierno". Las autoridades apuntan a un exceso de velocidad, rezaba la portada del periódico dominical. Lunes por la mañana. Un deportivo negro circula temprano.
Escrito por José Antonio Barrionuevo - Twitter

Por un beso de la flaca

"¡Un, dos, tres! Repite, ¡un, dos, tres!".
"Sigue, no pares, sigue así, que vas bien".

Ernesto, pasado de años y peso, con tal de tener contenta a su mulata, seguía sin parar todas las noches hasta altas horas de la madrugada, a ritmo de samba y sin perder el compás.
Escrito por Malu

Ella lo sabe

Aprovecha las madrugadas de insomnes pensamientos cuando acuden como campanillas o sonajeros con su ripio nocturno. Son voces que conoce, son palabras que no dice. Disipándose con el humo del penúltimo cigarrillo. Lo repite en primera persona. Y, en el duermevela del celado arrepentimiento, llegará el alba por la ventana.
Escrito por Carmen Martínez Marín - Web

El pintor

Padecía una extraña enfermedad que la obligaba a ver la vida en monocromo. Sin resignarse, marchó en busca de aventuras que pudiesen llenarla de color. Según fuentes médicas, esa era la única cura. 

Rendida ante las tonalidades negras, lo conoció. Ahora su mundo se tiñe del verde de sus ojos.
Escrito por R. Clift

Cómo vivir del cuento

Póngase a escribir, miserable. Y hágalo de puta madre. Disfrute de los éxitos conseguidos. No rompa demasiados corazones por el camino y los que rompa, hágaselo sentir hasta el fondo de sus aurículas y ventrículos. Vuelva a empezar desde el principio. Muera dignamente cuando su cuento acabe con buen fin.
Escrito por Universo Particular - Web

Sobre la relatividad

Yacía ileso el peluche sobre el asfalto; algo casi insignificante en aquel hermoso día de este frágil planeta, que continuaba viajando alrededor del Sol y girando, acompasado con millones de astros, sobre el eje de la galaxia, expandiéndose con ella en el espacio inconmensurable, infinito; diminuto comparado con mi dolor.
Escrito por Enrique Mochón Romera - Twitter

Luna hechicera

Al llegar el día sus sueños se desvanecen. Son los mismos ojos, pero de vacuas miradas; los mismos labios, pero incapaces de ardientes besos; los mismos brazos, pero huyendo de enredarse en apretados abrazos.

Cada noche bajo el influjo de la misma luna, volverán a prometerse, ilusos, un futuro compartido.
Escrito por Juana Mª Igarreta Egúzquiza - Web

Hasta que la muerte los separe

Él arañaba el terciopelo rojo con la furia de un animal de caza. Ella, situada debajo, apenas si tenía fuerzas para seguir respirando con normalidad. Sudores y gritos inundaban la estancia. Un acto desesperado por sentirse vivos.

Algo complicado, dado que el ataúd ya había sido enterrado. Con ellos dentro.
Escrito por Carlos G. Alcántara - Twitter

Fronteras

—No está en regla.
—Consulado decir todo bien...
—Falta este sello.
—No más dinero...
—Eres un hombre afortunado. ¡Cinco mujeres solo para ti!

Sobreponiéndose a la vergüenza, su esposa se ofrece como pago.

—Tú, no —dice el guardia, sonriendo con su diente de oro a la mayor de las hijas.
Escrito por Manuel Bocanegra

Un mundo perfecto

Nada más tumbarse, la camilla se puso en marcha y lo dejó en el quirófano. "Será operado del corazón", dijo con voz neutra una máquina. Gritó que su operación era de juanetes, pero un robot se le acercó y le puso la anestesia. Al poco, estaba fuera de la realidad.
Escrito por Enrique Angulo - Twitter

El olor de mamá

Hoy el silencio suena diferente, como si tañera campanas en el huracán. Debe ser el hombre de los helados, que se acerca con su camioneta, avisando de que vamos a ser uno más. Le pediré un cucurucho de vainilla, para recordar a mamá, y lo compartiré con el niño nuevo.
Escrito por Patricia Richmond - Web

Supervivencia

Desde que la ola de calor arrasó el pueblo familias enteras han abandonado sus casas y han tomado al asalto el centro comercial, solicitando asilo climático.

Ya no cabe nadie más en la sección de colchones a la hora de la siesta.

El señor alcalde la ha declarado zona catastrófica.
Escrito por Asun Paredes

Final alternativo

Es que no tuviste bastante y mira que te lo he advertido; yo te quiero, pero un hombre debe hacerse respetar, saber imponer disciplina. Creo que podemos recomponer nuestra relación, aunque... no sé, creo que el cuchillo de la cocina clavado en mi tripa no nos va a ayudar nada.
Escrito por Jesús Manzaneque Fraile

Crimen y castigo

No es fácil ser una persona de bien y mantener la calma. Nunca soporté al vecino que aterrorizaba a su mujer, al depravado que acosaba a los niños ni a la cuidadora que zarandeaba al desvalido anciano. Y ahora, este despiadado carcelero al que parece que le debo la vida.
Escrito por Mª Jesús Rodríguez

El palacio del mar

Decidí abandonar la tierra para habitar el mar. Me recibieron los reyes de las aguas con aureola de dioses y tesoros humanos. Hileras de corales y perlas ornaban mi garganta. Nácar sobre mis uñas y aceite de ballena nutriendo mi piel de deseo.

Era hora de tiburones, preparaban su festín.
Escrito por María Jesús Briones Arreba

Nuevos alimentos

Mis padres me enseñaron a no ser caprichoso y a conformarme con comer solo aquello que estaba a nuestro alcance. Siempre les he obedecido, pero desde que me dejaron solo cada vez estoy más débil y ellas, más fuertes y hambrientas. A las ratas no les afecta nada la radiación.
Escrito por Ángel Saiz Mora

Su mamá me mima

—Mira, bonito, he comprado el jamón que te gusta. Y también agua mineral, que es más sana.

—Mami, ¿está la cena?

—¿Quieres callarte, imbécil? Si queréis cenar, recalienta las lentejas de la semana pasada y no molestes. ¡Lárgate! ¡Me tenéis harta! Ven, Boby, cariño. ¡También te he preparado unas torrijas!
Escrito por Jesús Garabato Rodríguez

El hombre menguante

Se levantó con media cabeza vacía. De hecho, se le caía hacia la izquierda. Se puso un collarín para mantenerla recta. En la oficina simuló dolor de cervicales y trabajó la mitad.

A su mujer le dijo la verdad. Ella rió y siguió recortándole la fotografía para el collage familiar.
Escrito por Carmen Cano - Twitter

Entre sueños e irrealidades

Un día despertaba en Chicago, padre soltero de un adolescente que soñaba con ser astronauta. Al otro día despertaba en la primera colonia en Marte, ingeniero de sistemas de oxígeno, solterón empedernido. En las noches del siglo XXII, el hijo soñaba ser su padre en la Tierra del siglo XXI.
Escrito por Alejandro Cárdenas - Twitter

Madre

No pasa un solo día sin que te recuerde. Tus besos eran mi motor. Tu mirada, mi paz. Tus caricias ya me convertían en campeona. Entonces yo podía con todo...

Ahora, miro al cielo y te dedico pequeños logros cotidianos. Los problemas complicados son un clásico en tus aterciopeladas manos.
Escrito por María José Sánchez

Involución

Nuestras manos se transformaron en zarpas con ágiles pulgares. El encorvamiento de nuestros cuellos cegó nuestra visión frontal. Adquirimos la capacidad de sentir los cuerpos por proximidad. 

Acompañados por ese golpeteo penetrante, contemplamos atónitos en la pantalla cómo nuestros antepasados se miraban y se acariciaban sin artilugios de por medio.
Escrito por Javier Puchades - Web

Cuerdas felinas

Camino a clases encontré un tigre que un mago buscaba con ahínco, así que lo guardé en mi saco.

Desenfundé el violonchelo y lo abandoné, porque yo no le servía de mucho y, a lo mejor, el ronroneo de mi nuevo instrumento acompaña, melodioso, la tonada que el maestro exige.
Escrito por Cristopher Josué Escamilla Arrieta - Twitter

Enfadados

¿Bajaste la tapa del inodoro? ¿Sacaste la bolsa de basura? Mirá que te dije que no te hurgaras la nariz en público.

¿Cómo puede ser que siendo tu perro, de tanto oír a Mercedes regañarte, me lo aprendiera de memoria?

Y vos, tan grosero como siempre, ¿justo ahora pretendés suicidarte?
Escrito por Lucía Folino - Twitter

Victoria aplastante

Casi todas eran señoras de edad madura. Concursaban con sus perros, con la esperanza del triunfo. Yo, deprimido y recién divorciado, decidí preguntarles a diez de ellas a bocajarro.

—¿A quién quiere más, a su marido o a su perro?

Siete a tres, victoria aplastante para los animales. Sigo depresivo.
Escrito por Gil Hernando de Santiago - Web

El cuento

Escuchaba el cuento que me narraba el maestro. Noté que una mano se posaba en mi entrepierna. Al levantar la mirada, vi su rostro congestionado y baboseante; mientras, con la otra mano, se presionaba la bragueta.

—¿Por eso le clavaste el lápiz en el ojo?
—Sólo por eso, señor juez.
Escrito por Isidro Moreno - Web

Por sorpresa

Ella se acerca por detrás. Él, ni se inmuta. Ella aproxima sus labios hasta la altura del lateral izquierdo de la cabeza de él. Por fin, los hunde (los labios) y se aparta. Él muere repentinamente.

Cáustico, el forense concluye su informe: "Falleció, atónito, de un beso en la sien".
Escrito por José Manuel Dorrego Sáenz - Web

Encuentros que pasan de largo

Cuando el semáforo estuviera verde los dos se cruzarían en la calzada. Sin mirarse disimularían no reparar en el encuentro. Su corazón estallaba cuando pasó a su lado. Una ráfaga de aire trajo su aroma característico. Sabía que durante los próximos diez años se culparía por no haberle dicho nada.
Escrito por Galilea - Twitter

La sonrisa

Nadie así. Nadie como ella.

El humo del cigarro ocultaba los destellos de miedo que escapaban de su triste mirada. Silencios obligados sellaban sus labios. Él la miró. Intentaba averiguar el porqué de su inesperada visita. ¡Tenía tanto que hacer aún!

—¿Por qué yo? —preguntó.

Ella, la muerte, le sonrió.
Escrito por Salvador Pérez Salas - Twitter

La buena suerte de Fortunato García

Sonríe a la gente con la boca desdentada y les muestra su mano. Consigue media barra y una lata de atún. Con migajas de pan y gotas de aceite alimenta sus mascotas. Duerme sin sueños.

—Qué suerte la mía. Un puesto fijo en Mercadona y casi todos los días, bocadillo.
Escrito por Pepe Sanchís

Accidente nuclear

La ciudad fue evacuada, aislada, quedó vacía, entregada a la naturaleza.

El padre era bombero con pocos conocimientos. Respiró, tocó y comenzó a envenenar con su proximidad, con sus abrazos.

Fueron muriendo a partir de mayo. Él, los hijos. La mujer, en diciembre, sin entender por qué estaba tan cansada.
Escrito por Yolanda SA - Web

El desfiladero del recuerdo

Incapaz de agarrarme a la libertad del olvido, mi memoria sigue el camino reservado a tus miradas cuando aún me invitaban a perder la cabeza contigo. El hábito de aquella cordura me condena a soñarte cada noche, sintiendo el mayor de los deseos y, al despertar, el vacío más profundo.
Escrito por Pablo Núñez - Twitter

Las dos damas

He visto el túnel y también esa luz. Y he vuelto. La misteriosa, la fascinante, la Dama de Negro, ha perdido esta batalla. Pero habrá otras.

Hasta entonces, he de dirigir mis pasos hacia la miserable, la tan temida y odiada, la achacosa y desdentada, la triste dama de gris.
Escrito por Georges

Las Guerras del Martillo: Intento de asedio (I)

El sonido del martillazo sobre el yunque rúnico acrecentó el temor de los hombres rata. Las runas de la fortaleza enana de las montañas del fin del mundo se cargaron de poder ancestral, de nada sirvieron los embates del ariete con cabeza de rata cornuda.

Pronto llegarían refuerzos del Imperio.
Escrito por Raquel Tevas Cisneros
Parte I | Parte II

El escritor

Perfumado de alcohol y de la mortal nicotina, decidió una mañana despertar a todo el mundo con sus disparos de divorciado de la vida. Nadie de su entorno conocía los motivos que tenía para suicidarse. Sólo el barman que le servía los daiquiris: estaba desesperado y ya no podía escribir.
Escrito por Mª Luisa Pérez Rodríguez

Estrella de luz

Tumbada en el sofá inspiro, espiro y cierro los ojos. Me concentro en mi respiración tocando mi abdomen con las manos. Siento mi cuerpo flotar, ingrávido y relajado, como volando en el espacio.

Ahí estás tú. Que siempre me guías. Mi pequeña estrella de luz. Tú. Que nunca te fuiste.
Escrito por Maest

Grand Central Terminal

La señora sentada a su lado parecía desgañitarse, pero, extrañamente, Jimmy no podía escuchar sus gritos.

Cuando el tren llegó a la estación central, no supo levantarse. Sólo podía mirar la mancha roja que se extendía por su camisa y cómo corría el chico que le había quitado la cartera.
Escrito por Carles Quílez - Web

¡Silencio!

Ya no se oyen las risas, ni los pasos apresurados por el pasillo. Las carrerillas también cesaron. Incluso las canciones que tarareaba mientras jugaba a botar la pelota. Pero no ha vuelto la paz. Esa pelota, esa maldita pelota. Debí enterrarla junto a su dueño. ¡Nunca me dejará en paz!
Escrito por María Galerna

La soledad

Faltaste aquella noche para darle cuerda al reloj, desde entonces aguarda callado tu regreso; dejaste sin conocer el final de la historia del libro, que con tanta emoción leías. El último cuadro, sin secar, con la falta de tu firma...

Una oscura carretera secundaria, la lluvia...

La soledad era esto.
Escrito por Carmen Hinojal

Señora de la relatividad (Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis: Muerte)

La amazona de diligente guadaña recolectaba los frutos que las diferencias entre culturas desparramaron en el campo de batalla. Se carcajeaba burlona trotando entre la irónica masacre, sabedora de estar acarreando, una vez más, almas indistinguibles; seres incorpóreos sin piel con la que discriminarse, ni fronteras por las que odiarse.
Escrito por Antonio Bolant - Twitter
Peste | Guerra | Hambre | Muerte

Sueños inalcanzables

El cielo del atardecer presagiaba acontecimientos dramáticos. En una cabaña un delincuente de poca monta planeaba su último golpe: atracar una joyería para retirarse después a una isla del Pacífico.

Pero los sueños de su cómplice eran más caros y necesitaba acabar definitivamente con la carrera delictiva de su socio.
Escrito por Gloria Arcos Lado

Exégesis

Anuncia quiere que la trague la tierra. Se va a encontrar con la autora y teme herirla por no haber entendido nada. Se aproxima el encuentro. Entonces, decide hacer otra lectura del libro. Sorprendentemente, ahora ha entendido el entramado de micropoemas, microrrelatos y cartas que pueblan la obra. Respira aliviada.
Escrito por María José Viz Blanco

Cita en el mercado

Mientras sus labios bisbisean una extraña letanía, la ventanilla del coche les devuelve una sombra creciente de recelo y sospecha. Dos portazos sacuden las luces del mercado. Alá les aguarda con setenta y dos huríes de pechos turgentes y vaginas intactas. "Restañadas", piensa Mohamed, porque no le salen las cuentas.
Escrito por Luis San José - Web

Domingo (II)

Una tarde de invierno, mientras dormitaba en el sofá le vino una arcada a la garganta y, cuando abrió la boca porque sintió que algo muy fuerte trataba por fin de abrirse paso, le resbaló un grito: "¡Hijo puta!". Los labios le sangraban como fresas aplastadas. Luego cayó al suelo.
Escrito por Catalina Saavedra
Parte I | Parte II | Parte III

La 87ª noche del emigrante (II)

Bajó con todos al antro de turno, previo pago al portero, y lo sacudió un fuerte olor a tabaco. Pese al house atronador y el acento local, entendió que tocaba otra.

Prost! —exclamó, jäggermeister en mano.

Las carcajadas lo acompañaron hasta el baño. Su móvil seguía vibrando en la chaqueta.
Escrito por Álex Garaizar
Parte I | Parte II

(In)culto al cuerpo

Acumulando lipoesculturas, cirugía de párpados y algún retoque de mentón consiguió cambiar su aspecto en poco tiempo. Sólo tras comprender que la verdadera belleza está en el interior superó su adicción a la cirugía. Desde que le trasplantaron el pulmón de aquel actor tan sexy, tiene alergia a los cacahuetes.
Escrito por Lluís T.

Aritmética simple para dos

Estando lejos lo hice, agarré la línea recta y la rompí en miles de trocitos que guardé en mis bolsillos. En el camino hacia ti los fui tirando despacio, y resolví el problema. La solución estaba ahí desde el principio; la distancia más corta entre los dos era tu sonrisa.
Escrito por Miguel Ibáñez

La sopa de la boba

Parecía boba y comía la sopa de sus padres. Y nini... Nunca aprobó primaria y no tenía talento para trabajar. Ni siquiera luces para prostituirse. Sus padres la educaron caprichosa, exigente, vaga; se lo daban todo... Un día, colocada, los asesinó sin dejar pistas. ¡Heredó un pastón, no tan boba!
Escrito por Iñaki Ferreras - Web

El largo camino del olvido

La estoy olvidando. No sé si fue hace dos años, ocho meses, veintitrés días, nueve horas, doce minutos y treinta y tres segundos, o si fue hace dos años, ocho meses, veintitrés días, doce minutos y treinta y cuatro segundos que ella me abandonó. Como verán, ya la estoy olvidando.
Escrito por Rubén Faustino Cabrera - Twitter

Cabo de Hornos

Espoleados por el ron, el eco de aventuras pasadas y la tormenta que azotaba la costa, los marineros sin oficio subieron al navío varado en el desguace del pueblo. Al grito de "¡Por las barbas de Neptuno!", la veterana tripulación celebró cómo los barriles de pólvora estallaban bajo la presa.
Escrito por Asier Susaeta - Web

Sucedió en mi cuarto de estudio

Tenía tres huchas en mi estantería: un soldado de roja casaca, un boy scout y una campesina. Cada uno guardaba cien euros en su interior. Un día el soldado se cayó, el explorador huyó entre los libros, la mujer sumó trescientos euros y yo, vengativo, la rompí y me emborraché.
Escrito por Crispín - Web

Sonrisa

La sangre le recordaba el mundo insalubre en el que vivimos. Las pinzas salían una y otra vez en rojo carmesí, sosteniendo esos pequeños tesoros. Cada diente en simbología de cada pecado y tantos pecados en seres tan pequeños.

Porque la mejor sonrisa es aquella que no muestra la dentadura.
Escrito por Ricardo Rodríguez Sánchez

3 de mayo

"¡Viva España!", grité clavándole mi navaja, ciego de odio. Mientras se desangraba murmuró en un quejido: “Maman”. Vi entonces que aquel soldado con uniforme francés era también un niño, apenas mayor que yo. Ahora, ante el pelotón, lloro por las dos madres que hoy perderán un hijo por su patria.
Escrito por Manuel Menéndez Miranda

El chaquetón

Como todos los martes, Pepa se asea, se peina y se echa la colonia que reserva para ocasiones especiales. Con el chaquetón hábilmente remendado, llega a la cita puntual. Quiere ser de las primeras.

Recoger el paquete de comida de Cruz Roja no es óbice para seguir siendo una señora.
Escrito por Amelia

Exaltación

Hacía mucho tiempo no escuchaba tantos elogios ajenos: un buen hombre, esposo ejemplar, empleado eficiente, excelente ser humano. Jamás se sintió tan querido.

Intentó levantarse para agradecer los cumplidos y saludar a todos los presentes, pero fue inútil: pese a todos sus intentos, la tapa del ataúd permaneció firmemente cerrada.
Escrito por Daniel Castillo

Excusa infantil

Mami, la maestra ha dicho que don Quijote ha cabalgado en México y que Hércules luchaba en Argentina, pues yo le he discutido mucho, se ha armado el problema entre dos bandos, el de la maestra y el mío, al final intervine firmemente, y nada, me he tirado el semestre.
Escrito por Edwin Antonio Gaona Salinas - Web

Estío

La estación preferida por heladeros y organizadores de eventos al aire libre. Y yo, vagando por este parque oscuro y solitario, aunque rezumante de olores floridos de temporada que añaden sensaciones al frescor de la fuente recóndita. Allí será donde culmine nuestro "inesperado encuentro".

Mañana, a comprar la prensa, espero.
Escrito por Rafael Domingo Sánchez - Twitter

Por un agujerito

Toda su vida lo había hecho, aprendió de su madre, ensayó con su hermana, después con sus novios, más tarde con su primer marido, y después con sus hijos y con sus sucesivas parejas. Siempre estuvo mandando y solo sentía no poder seguir haciéndolo desde el cielo por un agujerito.
Escrito por Literatonovato - Web

¡Nieguen ahora que la Tierra es plana! (Relatos cúbicos III)

Erno Rubik III, desde la Luna, contemplaba el nuevo planeta Tierra.

—Señor, es una gran obra de ingeniería, un planeta artificial cúbico, dividido en seis caras de colores continentes y cincuenta y cuatro cuadrados simulando países. Pero, ¿qué haremos cuando comiencen nuevamente las guerras? —preguntó un científico.

—Mover las piezas.
Escrito por Jean Durand - Web
Parte I | Parte II | Parte III

El desafío de dar en el clavo

Valentín tiene martillo, cuadro que colgar en la pared y clavo, clavito si se llamara Pablo.

Mientras trabaja va elaborando un microrrelato. Un relatito.

Se sube a la banqueta, dispone el clavo, pero como su mente se le va al clavito, lanza el martillo... y se da en el dedo.
Escrito por Carmelo Carrascal

Asombrado

Oyó entrar al extranjero. Cauteloso, se acercó a él y le observó. No era diferente a los otros: pequeño, débil. Estaba pensando cómo le mataría cuando advirtió que el intruso sostenía algo en la mano izquierda. ¿Qué demonios era?

El Minotauro, que contemplaba asombrado el hilo, no vio la espada.
Escrito por Plácido Romero - Twitter

Demasiado tarde

Ausente, inmerso en la desidia, no lo ve venir. Sólo porque no mira. Pasa ante sus ojos, ciegos, sin pestañear, fijos en la ausencia. Quizás sí lo viese pero le bastó con mirar hacia otro lado.

Sólo cuando ya a penas era capaz de respirar, lo vio: ella se había ido.
Escrito por Lulú

Estrés

Después de que el médico revisó sus exámenes y descartara sus dos principales teorías de su misteriosa enfermedad, cuando salió de consulta, en vez de dirigirse a la farmacia fue a la agencia de viaje más cercana, porque su récipe le recomendaba: días de playa, besos y muchas piñas coladas.
Escrito por Sir Helder Amos - Web

Caperucita, la del cuento

Después de comerse a Caperucita, el lobo supo que era la mujer de su vida. La acogió en su regazo ignorando que no volvería a despertar. Para ella, era la oportunidad perfecta para robar la fortuna del lobo. Al final del cuento, ella y el cazador vivieron felices por siempre.
  • Escrito por Diani

La memoria ahogada

El río se lo ha tragado todo. Paradojas de la vida o de cómo escribir sobre papel mojado. Hojas teñidas de azul que ahora se ahogan en el agua. Mi biografía. Escrita con la lucidez del superviviente que teme esa lacra oscura que amenaza con borrar, para siempre, mi existencia.
Escrito por Macarena Fernández - Web

Planeta Tierra (II)

Todo era caos. Gritos y empellones por doquier. Sintió que la arrastraban, pero no soltó la pequeña mano. De pronto lo miraba con ojos suplicantes: "¡Promete que nos veremos allá!". "Lo prometo", alcanzó a oír. Con lágrimas en los ojos leyó el brazalete que llevaban ella y el niño: Celtar.
Escrito por Giancarlo Ubillus - Web
Parte I | Parte II | Parte III

Escena del crimen

Al fin había acorralado al impostor. No podía sino matarlo. Aguardó a que estuviera solo en la casa. Entró. Hizo lo que tenía que hacer y, para no dejar rastros, se puso a limpiar la escena del crimen. Entonces alguien llamó a la puerta. Era él... que venía a matarlo.
Escrito por Andrés Galindo - Web

No soy responsable de mis actos

La encontré en un semáforo. Me cautivó su olor, el baile de su pelo al andar y el rítmico movimiento de su culito respingón. La abordé como si no existiera un mañana...

Sentí una fuerte opresión en el cuello. Mi condición fiel y sumisa me alejó, entre aullidos, de ella.
Escrito por Fernando da Casa - Web

Consecuencias

El ratoncito Pérez ya no visita a los niños. Parece que al fin encontró un diente que encajaba en el hueco dejado por el que se le rompió.

Ahora los chicos están tristes. En la periferia, un grupo de preadolescentes organiza batidas para encontrarlo y saltarle un par de muelas.
Escrito por M. Carme Marí - Web

Hasta que la muerte nos separe

Desde la alféizar del décimo piso escuchaba atónita como su marido intentaba en vano salvarle la vida. Sabía que le engañaba y que era mentira todo lo que decía, pero mostrándose convencida agarró con fuerza la mano temblorosa que le ofrecía. Entonces fue como arrastrándolo a él, saltó al vacío.
Escrito por Encarna Cuesta García - Twitter

Proposición homicida

Tomaba un cubata con la bella estrella de mi chat, en un concurrido pub de Chinatown. Después de pagar con mis créditos, le dije de ir a mi piso. El coche iba a arrancar cuando ella chispeó, su piel se descompuso como cera. Cayó en mi trampa de cazador policía.
Escrito por Mase - Facebook

Candidato

Entre la chiquillada había destacado como el más reservado. Creció independiente, escapando siempre de la realidad, escondiéndose de los problemas, buscando atajos y encontrándolos como el mejor para no aparecer en escena. Hoy es el político de moda, va primero en los sondeos, y lo ha logrado escondiendo la verdad.
Escrito por Antonio Ortuño Casas

Extravío

Saturado de horizontes y de nieblas matinales, el farero perdió el norte y la estela de sus naves. Con sus ojos extraviados, busca los recuerdos varados en el vaivén de las olas. Por las noches, los destellos del viejo faro acunan, desde la lontananza, los fantasmas del insomnio del farero.
Escrito por Javier Igarreta Egúzquiza - Web

Gallo de corral

Paseaba pavoneándose con supremacía. Nunca se rebajaba a mirar, ni tan solo de reojo, a los súbditos de su reino. Cuello siempre estirado, mirada al cielo. Espalda recta, siempre altivo. Por no mirar no vio la piedra en el camino, cayendo de morros a los pies de quienes tanto despreciaba.
Escrito por Jessica Chamorro Olivares

El dinosaurio y el roedor

El imponente dinosaurio amenazó al diminuto roedor:

—Te lo advierto, insignificante renacuajo, ¡ni se te ocurra volver a molestarme mientras duermo o te aplastaré de un pisotón!

—Te aseguro, grandullón, que soy el menor de tus problemas —le respondió el roedor al mirar al cielo y ver llegar el meteorito.
Escrito por Luis Goróstegui - Twitter

Al borde del coma

Hubiera preferido no tenerlo conmigo antes que verle así. Este compañero fiel, eje de mi vida social y nexo con el mundo exterior, pronto enmudecería. Mi soledad era inminente. La batería se agotaba inexorable ante mi mirada impotente... ¿Cómo era posible que me hubiera venido de vacaciones sin el cargador?
Escrito por Aurora Baeza

Hambre de tiempo

Tenía, ante sí, unos meses de vida y la posibilidad de publicar con inmediatez. No lo dudó. Adelgazó una historia hasta reducirla a la mínima expresión. Lo logrado fue impagable: la sensación de permanencia en el tiempo que le brindaron aquellas cincuenta palabras, anidando de forma progresiva en otras mentes...
Escrito por Nuria RG

Oportunidades de la vida

Recordar es jugar al escondite inglés. Mirar instantáneas, un revelado del olvido. Luisa abre la caja de hoja de lata del fondo del armario, repasa cada intervalo del ayer como si ahora fuera parecido. La cierra y la guarda. El balance: la vida no ha sido un juego de niños.
Escrito por Carmen Martínez Marín - Web

Reencuentro

Sacudiéndose el polvo de la soledad acumulado durante años, la espera envuelto en un halo de impaciencia y silencio. Ella, con mirada trémula, se despoja del tiempo de añorarlo. Emprende el camino anhelando su reencuentro.

Mi corazón huérfano, roto de dolor, se inunda de amor al imaginar su abrazo eterno.
Escrito por Pilar Alejos Martínez - Web

Sin final (senza fine)

"En el principio fue el verbo".

Le sugirieron una excedencia: tendría todo el tiempo para el ocio, sentiría el placer de no hacer nada. 

Comenzó con una primera palabra. Pensaba que se acercaba al final, pero no se daba cuenta. Decidió vivir cada segundo dejando en cada palabra su vida.
Escrito por Francisco Rubio Yepes - Web

Alergia no correspondida

Iba con mi vida bajo el brazo, para entregársela, cuando me la encontré con otro de la mano. De lágrima fácil como soy, enseguida me vi inventando explicaciones para mi súbita congestión. Él mostró sincero y amable interés. Ella, que sabe que en otoño no florecen gramíneas, bajó la mirada.
Escrito por Enrique Mochón Romera - Twitter

El tesoro (En el fondo III)

Todo anhelo pervive inherente a la identidad hasta cumplirse. Así, una fuerza motriz empujó su voluntad. Venció la oscuridad que dominaba sus fuerzas, removió en la memoria siguiendo impulsos primarios de su corazón y, tomando el horizonte como bandera, emprendió rumbo fijo, siendo latidos y pasión indispensables en su travesía.
Escrito por Malu
Parte I | Parte II | Parte III

No es lo que parece

Yo voy a menudo a oírlos charlar, a mirarlos lamerse mutuamente durante horas, a dejarme penetrar por ellos hasta lo más profundo, a subirme sobre cada uno y ser llevado a los lugares más secretos del Caribe, solo oyendo un bongo, una trompeta un timbal, una tumbadora y una conga.
Escrito por Juan Mono

Espejismo

Al escuchar el estallido corrió a preguntar a su padre qué había sucedido. Este, escopeta en mano, señalando el viejo espejo del que apenas quedaban unos fragmentos en los vértices del marco, dijo: "Le ordené varias veces que se fuera, pero no había manera de hacer salir a ese carcamal".
Escrito por Juana Mª Igarreta Egúzquiza - Web

Promesa cumplida

Le hizo prometer a su hijo que, mientras ella viviera, no se casaría con aquella mala mujer. "Tenía razón", medita la novia al tiempo que avanza parsimoniosa hacia el altar. Bastó un almohadón para demostrar mi vileza. Aunque el médico certificó que le falló el corazón: algo que nunca poseyó.
Escrito por María José Escudero

El hombre más rico del mundo

Siempre soñó con ganar la lotería. Con yates pretenciosos. Y mansiones obscenas. Y cuando más lo necesitaba, el caprichoso azar llamó a su puerta. Regalándole el amor de sus seres queridos. Abrazos sinceros. Y lágrimas de alegría. Sus marcadores tumorales al fin estaban a cero, y se sintió inmensamente rico.
Escrito por Stbn

La cría repudiada

La cría intentaba acurrucarse junto al cálido y bello plumaje de su madre, pero ella la empujaba cada vez con mayor violencia y desdén, así hasta que consiguió echarla del nido. Desde lo alto del árbol, cayó al suelo. Allí, malherida y triste, agonizó sin comprender la injusticia del mundo.
Escrito por Enrique Angulo - Twitter

Vampiro de almas

Las atónitas enfermeras confirmaron la muerte del paciente. El cirujano se quedó unos segundos con los ojos en blanco, aspiró y después dio un respingo.

Ordenó que cosieran mientras él comunicaba la fatalidad. Por el pasillo pensaba en la crueldad de sus actos, y en lo inevitable: si quería sobrevivir.
Escrito por La Marca Amarilla

Armonías

En el desván de la casa hay un armario grande y muy antiguo. De esos que suelen llamar "de dos cuerpos". Lenita ha decidido guardar en él su muñeca decapitada. La coloca en el compartimento contiguo al de su hermana pequeña. Ahora el nombre cobra sentido. Y la distribución, simetría.
Escrito por Rafa Olivares - Web

SOS cósmico (Trilogía de las estrellas 2050 III)

Perdido control central atravesando el agujero de gusano. Activado sistema de emergencia. Aterrizamos accidentadamente sobre planeta de universo paralelo. Registradas condiciones ambientales óptimas, adoptamos apariencia inofensiva como estrategia de infiltración. Seres alienígenas bípedos nos evacuan en unidades de socorro llamadas A I C N A L U B M A.
Escrito por Manuel Bocanegra
Parte I | Parte II | Parte III

Nada mejor

Terminó de cenar y salió a la calle en bicicleta porque no tenía nada mejor que hacer. La dejó aparcada mientras rayaba y rompía retrovisores de algunos coches. Cuando se cansó tuvo que volver caminando porque alguien sin nada mejor que hacer le había robado las ruedas y el sillín.
Escrito por Ana Belén Arbués

Dirty Dancing mortal

La muerte lo persiguió toda la vida; vivía asustado, sabiendo que jamás se desharía de ella.

La muerte, preocupada por que no disfrutara la vida, le dijo que le avisaría llegado el momento; cuando le pidiera un baile, sabría que sería su hora.

Aliviado, decidió apuntarse a clases de baile.
Escrito por Rubén José Huertas Rojo - Web

No hay dos sin tres

—Mamá, no necesito ir al colegio.
—¿Qué pasa?
—Contigo aprendo más...
—Bobadas
—Mamá, el verbo "amar" me lo enseñaste tú.
—¿Y?
—También matemáticas.
—¿Como qué?
—Pues que tú y yo nunca dejaremos de ser tres.
—¿Tres, cómo es eso?
—Papá nos protege desde el cielo, dijiste...
—Verdad, hijo, somos tres.
Escrito por Ismael González Martín

¡Qué sumamente extraño me resulta todo!

Me sorprende la insólita circunstancia de circular sin cruzarme con otros vehículos. Kilómetros y más kilómetros de parajes yermos. Viajo por espacios inmensos, con una misteriosa sensación de soledad. Me esfuerzo mentalmente por buscar recuerdos, aunque sean difusos. Rememoro que unos ¿cuántos? días atrás se produjo aquella inevitable crisis mundial.
Escrito por José Antonio Barrionuevo - Twitter

El tropiezo

En aquella escalera, tropecé. No besé el suelo sino sus labios.

Cosquillas de espuma y piel de guante elevaron mi delirio a ensueño.

Desperté en un colchón de hielo quebrado sobre una zapatilla desparejada de él y el frasco de mi perfume roto.

Me dejé resbalar. Nunca se llamará Mario.
Escrito por María Jesús Briones Arreba

Juego de palabras

Sólo era eso: asaltarte los eneros, ser el nudo de una trama imposible y contarle los dientes al lobo. Hoy ha aparecido una página nueva en mi diario. Al abrirlo se ha escapado un 'quizás', me ha retado un 'pero' y me ha guiñado el ojo un '¡vamos!'. Y voy.
Escrito por Patricia Richmond - Web

El problema con el que vivimos

Caminas orgullosa. Por la mañana te extrañó que estos hombres fueran a buscarte a casa. Ahora sabes el porqué. Te gritan, te insultan, te escupen. Te muestran esa muñeca. No lloras. Pero sigues sin comprender. Negro, blanco, amarillo, rojo... No te pares, Ruby. Tiende los puentes. Nosotros no nos atrevemos.
Escrito por Jesús Garabato Rodríguez

Lejos de ti

Renuncié al abismo de tu boca porque me faltaban las alas. No brillaba en tus ojos la luz que busqué. Tuve que alejarme, mudar la piel y los espejos.

Aun así, llueve a mares entre estas paredes que habito y los peces bucean insomnes en el fondo de mi tristeza.
Escrito por Carmen Cano - Twitter

En comunidad

En mi edificio era imposible instalar un ascensor. Los propietarios de los pisos más bajos argumentaban que no les hacía ninguna falta, indiferentes a que yo viviese en el quinto. Sólo cuando murieron ahogados pude mudarme.

Mis vecinos actuales tampoco son mejores, desde que estoy encarcelado por volar la presa.
Escrito por Ángel Saiz Mora

Estimado Ratoncito:

Ruego pases por alto la pérdida del diente de Clara. La he visto llorando desconsoladamente en el patio al no poder demostrarte bajo la almohada su hazaña. Estoy seguro de que, con tu sabiduría, sabrás entender la situación.

Atentamente,
El profesor.

—Dásela a tus papás para que también lo sepan.
Escrito por Enrique Caño

Solo faltaba la firma

El gato le arrebató el pincel y lo arrastró, manchando el sofá de pintura. Desde el suelo miró fijamente su obra maestra. No podía moverse, ni gritar. Su agradable soledad creadora se tornó en una maldición. Una lágrima resbaló por su mejilla y cerrando los ojos se abandonó al destino.
Escrito por Jesús Manzaneque Fraile

Una foto: la vida misma

Aquella foto de boda fue quedando vacía. En ella, sonreían los novios, las hermanas de la novia, su mejor amiga y la pareja de esta. El novio de su amiga resultó ser un maltratador, las hermanas pelearon, el marido la abandonó por su amiga. Ni siquiera tiene ya el vestido...
Escrito por Carmen Martagón E. - Twitter

Perdóneme padre porque (siento que no) he pecado

Con la elegancia que se le presupone a un asesino de su calibre, Giuseppe Consione se enfunda maestramente unos lujosos guantes de cuero negro mientras repasa por enésima vez el plan a seguir. Tan solo quiere terminar pronto el trabajo y acostarse cuanto antes. Mañana debe velar a su progenitor.
Escrito por José Ramón Sánchez Varela

Historia del Mundo Actual

En la Universidad, hoy toca exponer. Los alumnos hablan de: Mayo del 68, Guerra de Vietnam, Muro de Berlín. Por el estrado pasan: raperos, informales con corbata, alternativos. El profesor escucha. Las noticias informan de un nuevo atentado. ¿Cómo contarán estos futuros profesores a sus alumnos lo que hoy sucede?
Escrito por Snowthomas

Amor en la distancia

Es hoy cuando tengo que sacar fuerzas, para leer esta carta que tanto me cuesta. Pues es tan difícil decir las palabras que los demás esperan, y a la vez que puedan sentir el cariño que se les dispensa. Así pudiese llegarte este sentimiento hasta donde ahora tú te encuentras.
Escrito por Manu Cubicasa

Entereza

Sus pies no desisten, camina tan rápido como puede dejando huella de sus botas viejas en el lodo. Queda poco tiempo y el camino aún es largo; a cuestas, la bolsa plástica que guarda sus atesorados libros.

Seguramente nunca conocerá el océano, pero hoy el maestro le hablará de él.
Escrito por Selene Argueta - Twitter

XXS

Asomarse al espejo y mantener los ojos abiertos no era fácil, llevaba desde temprana edad encerrada en el cuerpo equivocado.

Ante la maldita impotencia de chocar con ciertos cánones estéticos, no lo pensó; optó por la vía rápida, definitiva. Un mar turquesa se tragó sus temores. La devolvió sin ellos.
Escrito por María José Sánchez

22 relatos y 11 títulos en 50 palabras

Al despertar me dijo mi padre: "Son tiempos difíciles, ha sido tu último asalto. Ellos siguen preguntándose quién les pedirá perdón. Tú querías alcanzar los 46, pero tienes tu destino escrito. Es mejor que decidas volver. Toma el último vuelo y abandona esta tierra extraña. Así, dejarás de ser invisible".
Escrito por Javier Puchades - Web

Episodio de una hazaña

Llegas a casa exhausto, extenuado, y todavía tendrás que recorrer la montaña sobre la cama para redescubrir las cobijas y almohadas. Sabes bien que es una aventura que sólo alguien tan intrépido como tú logrará realizar.

Es eso, o dormir de nuevo en el sillón, abrazado sólo a una frazada.
Escrito por Cristopher Josué Escamilla Arrieta - Twitter

Mi pregunta

—Pilar, mírame.

Y le cojo la cara con mis pequeñas manos hasta conseguir que me mire a los ojos.

—¿Mamá tiene metástasis?

Soy pequeña, aún no tengo doce años, pero sé qué significa esa palabra.

Mi tía, su hermana menor, desvía la mirada y llora amargamente.

Ya soy una mujer.
Escrito por Gil Hernando de Santiago

La viuda

Sería la enésima boda de la famosa viuda millonaria. Heredera de todo tipo de bienes, procedentes de sus anteriores maridos, sonreía feliz ante los flashes.

Un aprensivo grupo de escritores se ocupa en acaparar y almacenar miles de palabras, pues se rumorea que su último amante es un afamado escritor.
Escrito por Isidro Moreno - Web

Impregnación

Quedó su fantasma y algo más. François colocó el taburete en el centro del baño. Dispuso encima un pañuelo con mocos, un algodón teñido de azul, una compresa y, en el centro del altar, su perfume. Abrió el frasco. Una lágrima descendió en turbulencia lechosa por el Eau de Rosa.
Escrito por Cristina Aguas

No habrá recompensa para los malvados

—Allah, ya estoy aquí. ¿Dónde me esperan las setenta y dos huríes que me corresponden?

—Yo no pedí tal barbaridad en mi nombre. Nadie te espera.

Rubén soltó el bolígrafo sobre la mesa. Pensó que escribirlo le aliviaría, pero no podía dejar de mirar la cama vacía de su hermano.
Escrito por Galilea - Twitter

Diseños rurales

Acercarse a la ventana, mirar de reojo por el visillo y escuchar. Esa era la rutina nocturna de mi abuela en el verano. Supongo que después de hacerle trajes a todo el pueblo sentada a la fresca, le gustaba saber si ella iba desnuda o también tenía vecinos diseñadores.
Escrito por Cuarta Lobo

De cómo el Cielo se convirtió en un infierno

Los ángeles de la centralita no daban abasto. La humanidad entera pidiendo favores. Luzbel, elegido delegado sindical, solicitó una entrevista con el Patrón. Desde entonces, un prefijo 902 distribuye las oraciones:

Si quiere rezarle a la Virgen, pulse 1.
Si desea orar a Alá, pulse 2.

Y suena la musiquita...
Escrito por Pepe Sanchís

Lavado de conciencia

La visita cada domingo desde que ella decidió abandonarlo.

Cuando se marcha, la lápida siempre queda impoluta, pero él continúa sintiéndose culpable.

Porque la lejía no blanquea la marca de la soga alrededor del cuello de ella, ni el cepillo de raíces eliminará jamás la inmundicia de sus abusos encubiertos.
Escrito por Asun Paredes

Maldito

Aquel desgraciado devolvió voluntariamente el cuadro de Munch al museo y, aferrado a la celosía del confesionario, me juró que nunca volvería a robar. Aún no puedo desterrar de mis pesadillas sus manos intentando taponar los oídos, el rostro cadavérico, aquellos ojos desorbitados, esa boca que era un puro grito.
Escrito por Belén Sáenz

Hombre y filantropía

Salí en busca del almuerzo. Un indigente mostraba un plato vacío. A la vianda le agregué un sándwich de jamón y queso. Regresé, no estaba en su lugar. Tenía que dárselo, calmar mi necesidad. Lo vi en la Plaza. Se lo ofrecí. Sorprendido, lo tomó y su boca lo despedazó.
Escrito por Yolanda SA - Web

La razón de su vida

Para muchos, ramera. Para otros, santa. Reunía todo para seducirlos: belleza, magnanimidad. carisma, vehemencia, apasionamiento por los humildes, porque ella, emblema de sofisticación y aristocracia, conoció la desolada indigencia. Se casó con un General, fue Jefa espiritual de su pueblo. Víctima del infame cáncer murió a los 33 como Jesucristo.
Escrito por Lucía Folino - Web

Revelación

La primavera se instaló aquella mañana sin previo aviso. La manecilla del reloj se paró y de sus bordes brotaron hojas verdes. El cuco cambió su melodía. Salieron polluelos en el nido del árbol. La gata se arrebujó junto a la ventana con los ojos cerrados. Fue mi mejor sueño.
Escrito por Mª Luisa Pérez Rodríguez

La revelación

El azar me condujo, con luces apagadas, al lecho de una desconocida. Esa noche, a oscuras, alcancé cimas de placer remotas hasta para mis fantasías.

La implacable inquisidora que acudió al amanecer dictaminó que había gozado con una mujer algo mayor, ligeramente masculina, decididamente fea.

Y comprendí a John Lennon.
Escrito por Georges

Miradas

Para recuperar trozos de vida perdidos, arrancándolos del inexorable paso del tiempo, me gustaba observar las fotos de los familiares que se habían ido. Nunca advertí si ellos notaban algo desde el otro lado del papel, pero ahora sé que resulta conmovedor sentirse añorado; así que nunca dejes de mirarme.
Escrito por Pablo Núñez - Twitter
Elegido mejor relato de julio de 2017

Mensaje en una botella (Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis: Hambre)

La trémula llama apenas alumbraba chispas de vida sobre los cuerpos enflaquecidos por la prolongada sequía. En aquel polvoriento chamizo, sólo una vela permanecía erguida a lomos de una botella de Coca-Cola que la marea había abandonado en la cercana costa, con decolorados restos de confeti, procedente del otro mundo.
Escrito por Antonio Bolant - Twitter
Peste | Guerra | Hambre | Muerte

El amante de mi mujer

Llamé a casa desde la oficina. Estaba seguro de que me engañaba.

—¿Dígame?

No podía ser. Esa voz tan familiar... ¿Pero cómo podía ser posible? No daba crédito. Estaba confuso. Era mi propia voz. Al fondo escuchaba reír a mi mujer. Maldita...

—¿Hola? ¿Hay alguien ahí?

"¡Clack!", me colgué ofendido.
Escrito por Raquel Tevas Cisneros

Al infinito y más allá

—Jadiya, la vida es como un avión; debes aprender a pilotar entre las turbulencias de este cielo llamado "mundo" y jamás perder la paciencia.

Sujeté su mano con fuerza y le dije:

—Sólo te pido una cosa: nunca dejes de volar conmigo.

Me sonrió. Y aquí seguimos. ¡Feliz aniversario, cariño!
Escrito por Geyna López - Twitter

Tradición familiar

"¡De payaso nada, so cobarde!", le gritó su padre encaramado en el trapecio, dando después un impecable salto mortal. Él guardó silencio y caminó lentamente hasta su refugio, allí donde la soledad se precipita con el viento en el océano desde lo alto del acantilado. "¡No será tan difícil!", pensó.
Escrito por Luis San José - Web

La caza

Primero, ir a la Cola de recuerdos. Una vez hayamos escogido algunos, procederemos a situarnos ante los Recuerdos a preparar y, con un poco de suerte, alcanzaremos la fila de los Recuerdos a recibir. Solo respetando estos pasos llenaremos el odre de la memoria. ¡Que haya buena caza, queridos amigos!
Escrito por María José Viz Blanco

Reflejo

Nos miramos desde la cambiante lejanía. Haciendo los mismos gestos. Si respiro, inspira a la vez. Tengo que ganarle esta última carrera. Al sonar el disparo, miles de espejos se desplazan alargando el laberinto.

Cuando creo que he ganado, siento que he perdido. Sudorosas nos miramos. Alicia es mi reflejo.
Escrito por Carmen Hinojal

Emoción

Me atrapas en tu tela de araña llena de notas. Las mariposas no cesan de revolotear alteradas en mi estómago, esa sensación subiendo a través del pecho, tan fuerte que apenas me deja respirar, lágrimas que sin control brotan de mis ojos. Nunca dejes de sonar, me haces sentir viva
Escrito por Isabel Mora

Agitada mente

Qué caro está todo. El niño al médico. Un ERE en la empresa de Lolo. ¿Cuándo le daban las notas? La derrama del ascensor nuevo. Suenan sirenas... ¿Qué pondré de comer mañana? Me noto un bulto por aquí... ¿Bomberos en la escalera? Llega el verano. El próximo curso, uniforme nuevo.
Escrito por Maest

Domingo (I)

Sí, era agosto, pero llovía. El ambiente estaba impregnado de tristeza y adioses. Elsa estaba cansada de dar abrazos a desconocidos, de explicar una y mil veces cómo había sido: "Me asusté porque sabía que de aquella noche no pasaba, pero me acobardé y me fui".
Escrito por Catalina Saavedra
Parte I | Parte II | Parte III

Mindfulness

Cierro la puerta. Cada vez soporto menos la tensión. Hoy no sucederá. Respiro consciente antes de comenzar la reunión. La ira acumulada cabe en un puño. Después, la calma. Reparo en la sangre de mi corbata y abro a la policía. Mientras me esposan dicen que soy el único superviviente.
Escrito por Jerónimo Hernández de Castro - Twitter

Guerrilla urbana

Accede al callejón con el sigilo de un gato. De su mochila extrae varios aerosoles y, sin perder un segundo, ejecuta su trabajo sobre la inmaculada pared. Escudriña en la noche al olfatear la amenaza. Un rastro de adrenalina, olor a pintura y a transgresión va dejando en la huida.
Escrito por Mª Jesús Rodríguez

Sur profundo

Hubo una cierta complicidad cuando te vi. Pisé tus piedras y me senté sobre ellas. Caminé hacia ti y dejé que acariciaras mis pies. Esperé y pensé. Mientras retrocedías para volver con más fuerza, dijiste: "Shhh". Callé y escuché. Me pedías guardar el secreto de lo que vivimos aquel día.
Escrito por La Niña Pony - Twitter

La primera noche del emigrante (I)

Envió un SMS a casa y colocó su figura de Star Wars sobre la mesilla. Una potente luz de laboratorio iluminaba el pequeño estudio, dominado por muebles IKEA. Por la ventana, desde un patio interior, asomaba el llanto de un niño.

Lo fió todo a la serena mirada de Yoda.
Escrito por Álex Garaizar
Parte I | Parte II

Paraísos perdidos

Ella quería volver una última vez a La Concha y yo solo podía pensar en cómo iba a pagar aquello, tanto que el técnico tuvo que repetirme la pregunta: "Sí, incluya la función de tacto", respondí finalmente. Entonces, tras el cristal, mamá comenzó a recoger arena de entre las sábanas.
Escrito por Asier Susaeta - Web

Vuela

Inspira. Despacio, muy despacio sigue andando por la acera que huele a antiguo. Nota el calor del sol, nota las cosquillas del viento en su cara, escucha su pasos cada vez más firmes. Inspira. Ya no hay lagrimas en sus ojos, sólo un ligero sabor amargo en los labios. Sonríe.
Escrito por Lau

Compañeros

La semana pasada le robaron el móvil. Anteayer se divirtieron rompiéndole las gafas. Desde el suelo, como un pájaro herido, suplicó silenciosamente ayuda con sus ojos miopes pero pasamos de largo. Hoy, en la capilla del colegio, delante del pequeño ataúd, somos nosotros los que llorando nos esquivamos la mirada.
Escrito por Manuel Menéndez Miranda

Desde Rusia con amor

Cuando entré por primera vez en el establecimiento, me llamó la atención su soledad. Se lo comenté a mi hija, y fuimos de la mano a rescatarla. La matrioska pasó de estar en la tienda de segunda mano a una abigarrada habitación infantil.

Mi hija dice que allí es feliz.
Escrito por Amelia

Querida amiga

¡Querida amiga, ya sabes que las mujeres tenemos que ser fieles y sumisas ante nuestros maridos! Ellos son los que nos dan el sustento y el apoyo constantes y a ellos nos debemos. No dejes de complacerle en todo momento.

Tuya siempre,

Elena Francis.

...Y la radio comenzó a arder.
Escrito por Iñaki Ferreras - Web

Náufragos del más allá

En los dos meses que llevo atrapado en esta maldita isla desierta, ya han aparecido flotando en la orilla veintisiete botellas con sus respectivos mensajes en el interior. Si echamos las cuentas, sale casi a una botella cada dos días. Los mensajes son explícitos: que vaya a rescatarlos, me escriben.
Escrito por José Manuel Dorrego Sáenz - Web
Elegido mejor relato de junio de 2017

Sin nombre. Sin título

Tildándolo de mentiroso, ruin y enfermo, provocó en él los más negros de sus días.

Ese negro volvió a su favor, decidiendo enlutarse a sí mismo, quitándose la vida.

Ahora, él te sigue a ti. Te acosa. Su sombra te habla y te coacciona, siempre que piensas en su nombre.
Escrito por Nimrod

Esperando diagnóstico

Que infamia, se quedó mirándome, explorándome por dentro, mordiendo mi labio entregado, nunca pude escapar, fue tan impresionante que sus dientes afilados traspasaban mi pequeña lengua. Luego supe que la pasión de sus besos era sanguínea. Sigo incrédulo de su placer. El médico todavía no descarta contaminación vampírica por beso.
Escrito por Edwin Antonio Gaona Salinas - Web

El emulo

Abdul Yarameh, único y absoluto conquistador de Mauritania y, quizás, el más grande admirador de Atila, rey de los Hunos, jamás extendió su imperio más allá de los límites del desierto del Sahara. De esa manera, se aseguró de que, donde pisara su caballo, tampoco volviera a crecer el césped.
Escrito por Alejandro Guarino - Web

Crisis

Tras pasar más de una semana sentado frente a mi cuaderno de notas, y no haber sido capaz de escribir una sola palabra de mi nuevo libro, comencé a pasar de una en una las hojas en blanco, hasta llegar a la última página, en la que escribí maquinalmente "FIN".
Escrito por Crispín - Web

Furiosa

Miren. Estoy harta. Apenas comienzo a cantar, aparecen media docena de marineros. A la primera estrofa, ya los tengo encima. No sé de dónde salen. Ni siquiera me dejan terminar la canción. Me ponen furiosa. Normal que los mate. ¿Es que una sirena no tiene derecho a cantar en paz?
Escrito por Plácido Romero - Twitter

Instrucciones para escribir un microrrelato de cincuenta palabras justas

Tome las veintisiete letras del alfabeto y extiéndalas delicadamente sobre una hoja en blanco.

Combínelas acertadamente. Comience con una ingeniosa frase introductoria, prosiga con cadencioso ritmo e introduzca algunas figuras literarias, aderezadas con una novedosa trama narrativa y un final inesperado.

Al terminar, siéntese cómodamente y espere la ovación general.
Escrito por Daniel Castillo

'Candinsky'

De un salto le arrebató el pincel salpicando de garabatos el lienzo desnudo que su dueño había dejado sobre el suelo. Los transportistas de la galería, que lo cargaron con el resto de obras del pintor, y el aplauso unánime de los críticos hicieron de su perro un artista emergente.
Escrito por Macarena Fernández

( )

"¿Y si no tuviera nada que decir...?".

Enfrentado al deseo de expresar una situación imaginada, plausible o no, el autor fue invadido por dudas en vez de por musas. Su desesperación creativa lo llevó al borde del ventanal abierto.

Con sosiego, dejó el título en blanco, y avanzó un paso...
Escrito por Rafael Domingo Sánchez - Twitter

El día después

No soporto este mundo plagado de injusticias. Observo cómo la degradación de la especie humana nos conduce a un camino sin retorno, alejado de la voluntad divina.

La inocencia infantil no exculpa del pecado. Conseguiré que pidan perdón. Los hijos de los herejes ya no ríen. Están muertos, como yo.
Escrito por Fernando da Casa - Web

Noche de terror

Noche de tormenta. Asustada por los truenos y relámpagos, decidí irme a la cama. En ese instante, una brisa gélida invadió la habitación.

"No puedo dormir", me dijo al oído mientras se metía en la cama conmigo y me abrazaba. Desperté sobresaltada, junto al vestido con el que fue enterrada.
Escrito por Belén Sánchez Sánchez

Cuando se impone la sinrazón

La sinrazón se presentó sin avisar, en forma de un atroz crimen.

Guiado por el fanatismo, el terrorista destrozó las vidas de unos inocentes cuando, emocionados, asistían al concierto de su ídolo.

Y los dejó marcados por un miedo y un dolor que les acompañará el resto de sus días.
Escrito por Gloria Arcos Lado

Celtar (I)

En el museo de Celtar, los visitantes vienen y van, como en una procesión. De pronto, el silencio es roto por una voz áspera: "Y pensar que ese era nuestro hogar".

A través de un marco se ve una masa amorfa e incandescente y debajo se puede leer: Planeta Tierra.
Escrito por Giancarlo Ubillus - Twitter
Parte I | Parte II | Parte III

Mentirosa

—Usted es mi dueño. Con las opciones de configuración podrá personalizarme enteramente a su gusto. Sólo espero contribuir a su bienestar y felicidad.

Desilusionado, la apagó y la regresó a la caja. El vendedor jamás le había advertido que, además de bellas e inteligentes, eran tan mentirosas como las humanas.
Escrito por Silvina Palmiero - Twitter

El hombre del hatillo (III)

Al final, convenció al diablo y modificaron su pacto: en lugar de entregarle su alma, una vez al año le proporcionaría los sueños de un inocente.

Hoy es el día. Entre los jóvenes que hacen botellón, una muchacha acepta la pastilla que le ofrece ese chico que tanto le gusta.
Escrito por Carles Quílez - Web
"Un hombre, un hatillo, tres relatillos": Uno | Dos | Tres

Placer prestado

En la fila, bien erguidos, sacan pecho intentando mostrarse atractivos. La mujer pasea de un lado a otro escrutándolos. Los analiza detenidamente y a algunos de ellos, incluso, los mira por detrás.

Por fin, lleva al elegido hacia la puerta donde, en tinta azul, le estampan la fecha de devolución.
Escrito por Ignacio Urtiaga - Twitter

La innombrable

Volvió a mirarse al espejo una vez más. No era la belleza de entonces, pero guardaba el encanto que la hizo única. Ni esposa, ni madre. Muchas veces amante. Odiada, deseada. Sin remordimientos del pasado. Sabía lo que pensaban de ella...

No importaba. De llamativo rojo, bajó a la calle.
Escrito por Fina Yélamos

El hombre del hatillo (II)

Siempre había destacado por su lealtad y honestidad. No lo dudó cuando le pidió ser su fiador. Pero no tuvo en cuenta los antecedentes financieros de su amigo y ahora le cuesta vivir solo cerca de la Sagrada Familia, mendigando una copa de vino para olvidar el día que firmó.
Escrito por Mati
"Un hombre, un hatillo, tres relatillos": Uno | Dos | Tres

Némesis

Se puso frente al espejo humeante. Incómodo, comenzó a injuriar al que estaba del otro lado. Llegó a sentir tanta cólera que fue por un martillo y, sin compasión, lo descargó contra su némesis. Sólo al ver los pedazos rotos en el suelo se sintió satisfecho y con paz interior.
Escrito por Andrés Galindo - Web

Dios ya no juega a los dados (Relatos cúbicos II)

El astrofísico observaba atónito por el telescopio. Su teoría de dividir las nebulosas en seis colores fundamentales había sido rechazada. Pero, ahora, parecía que las galaxias, lentamente, se estaban agrupando por color; como si Dios jugara...

Encontraron al científico completamente chiflado y carcajeando con un cubo rubik en la mano.
Escrito por Jean Durand - Web
Parte I | Parte II | Parte III

El hombre del hatillo (I)

Alzó el vuelo del nido familiar muy joven persiguiendo una malentendida libertad. Cuando sus compañeros de vida bohemia sentaron la cabeza él no pudo hacerlo, pues la había perdido por una mujer. Abandonado al alcohol y la soledad, acaba las noches en el parque apurando los restos del botellón juvenil.
Escrito por M. Carme Marí - Web
"Un hombre, un hatillo, tres relatillos": Uno | Dos | Tres

Pinocho juega a la Ballena Azul

Tras esquivar los afiliados dientes, llegó al primer estómago en donde los jugos gástricos empezaron a corroer la madera.

Ser tragado por una ballena azul fue el último de sus cincuenta retos. No pudo compartirlo con Pepito Grillo, pues él terminó su juego entrando en una ciénaga plagada de batracios.
Escrito por Perraka - Twitter

El mejor poema

Como todo poeta, sacó su pluma y empezó a escribir versos. Algo lo detuvo.

Al voltear su rostro vio detrás de sí a un ser que empezó a susurrarle palabras al oído.

Cuando terminó de escribirlas, la muerte lo besó con pasión y alevosía. Ese había sido su último poema.
Escrito por Diani

Perdido en la trama

Apenas esbozado el planteamiento, el escritor se sintió vacío y abocado a un nudo gordiano. El presunto asesino, libre del corsé argumental, incubaba un creciente deseo de matar al padre. Pero el escritor reaccionó, justo a tiempo de desarmarlo. Ya en vena, se deshizo de él en un desenlace fatal.
Escrito por Javier Igarreta Egúzquiza - Web

Última voluntad

Con la noche como aliada y la soledad de testigo, se encaminó hacia lo desconocido. En su hatillo, esquirlas de caducos sueños por salvoconducto. La hallaron en la frontera entre ambos mundos con la esperanza aún dibujada en su rostro y una mirada de súplica que acudió en su auxilio.
Escrito por FNR

El ojo de vidrio

Tan pronto abrió los párpados, miró a su alrededor y dio un salto en la incómoda camilla. Horrorizado por lo que veía, pegó un terrible grito y, llevándose ambas manos a su ojo izquierdo, le rogó histéricamente al doctor que le quitara, rápido, ese maldito ojo de su cavidad ocular.
Escrito por Sir Helder Amos - Web