Apretón inesperado

Una noche, lejos de casa, una boda, una cena, apretón inesperado, retortijón de tripa, sudores fríos... me levanto y voy al baño, me quito el pantalón sin mirar nada más y comienza el espectáculo. Camisa empapada e intento de recomponer la situación, mirada alrededor, incredulidad, nervios, angustia, no hay papel.
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Anónimo hasta noviembre

Condenado

Su reloj ya no funciona, los números se han detenido en una cifra absurda, las 6:66 horas.

Se levanta de su cuerpo muerto y avanza hacia la luz. No es blanca ni luminosa. Algunos haces de esa luz lo alcanzan. Abrasan. Quiere regresar a su recipiente mortal.

Es muy tarde.
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Oráculos de aldea

Preocupados por el futuro de su único hijo, acudieron al patriarca, hombre sabio y de predicciones acertadas. Tras observarlo detenidamente, el anciano sentenció: "El muchacho tiene madera". Y algo de razón debiera tener por cuanto que, cada vez que se rascaba la cabeza, restos de serrín quedaban entre sus uñas.
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Volver a empezar

Como cada mañana entró en el aula lleno de alegría, cogido de la mano de su compañera. Desde el centro de la sala anunció de nuevo: "¡Es mi primer día de clase!". Tras los aplausos, la monitora esbozó una sonrisa antes de reanudar el taller de refuerzo de la memoria.
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Decisiones

El ambiente estaba tenso, cuando repentinamente se oyó:

—¡Es la última vez que decides! ¿Entendido? ¡Siempre es lo mismo, ahora tengo que arreglar todo este desastre! —vociferó el cerebro.

—Tienes toda la razón —murmuró agazapado el corazón.

Bajo una tenue luz y con una tristeza indescriptible, el poeta continúa escribiendo.
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Reencuentro

Después de cenar sale en el carro a recorrer las calles. Busca a las chicas que, por unas monedas, dan gratificación. Una entra al auto y, en un callejón, se desahoga con ella. Se va con la certeza de volver a verla. Cuando se la lleven, él hará la autopsia.
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La sutil diferencia entre miedo y terror

Cada mañana, al despertar, con las imágenes aún latentes en la cabeza, transcribía lo soñado en una libreta. Convertía sus pesadillas en historias de dioses primigenios y terror gótico.

Algunas noches, la dulce chica de la panadería se colaba en sus sueños. Pero esos no los escribía. Le daba miedo.
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El viejo Miguel

Miguel ha envejecido visitando diariamente la playa, donde se sienta hasta que atardece. Miguel espera, y espera...

Hoy, por fin, algo entre las olas lo sobresalta. Es una botella con un mensaje. Lo lee. Lo relee.

Se arrodilla y llora amargamente durante horas.

Al anochecer, Miguel se pierde mar adentro.
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Religiones

En medio de un océano de represión y terror vivieron adoctrinados por los siglos de los siglos. Eran pocos los venerados, muchos los discípulos uniformados sin escrúpulos imponiendo grave obediencia a través de la limosna, aprovechándose del miedo e inocencia aprendida de sus fieles. La guerra entre banderías estaba servida.
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Lo inevitable

Observándole escondida entre los matorrales, se enamoró de él. Le gustaban su apostura, su coraje, su determinación. Mil veces estuvo tentada de acercarse a él, pero temía que la rechazase. Por fin, un día, se armó de valor. Ocurrió lo inevitable: el cazador le rompió el corazón a la loba.
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A largo plazo

Mientras las noticias vomitan: edificios que se derrumban, vientos huracanados, mares enfurecidos, tierra arrasada, en un planeta que se despereza y deja huellas con manotazos sin control, muchas manos vuelven a construir, a devolver sueños, a plantar semillas, a borrar dolores. El ciclo volverá a repetirse hasta la destrucción total.
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Identidades emigradas

Llegó a la Isla de Ellis agotada y preocupada por que no la separaran de sus hijos. Entregó la documentación al funcionario, que rellenó su ficha y la selló "Antella Galecki". Ella trató de corregir el error "Czy Galowski, Nazywam się Aniela Galowski". Ignorándola, el funcionario de inmigración gritó "¡Siguiente!".
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M y Y

A Manuel un rayo le atravesó el corazón convirtiéndolo en piedra, como aquel que pintó en un banco con sus inciales. Ya apenas se ve; compañero de chicles, grafitis y manchas de aceite.

Mientras, Yolanda huye de la tormenta bajo su paraguas. Esquivando los charcos. Del brazo de su marido.
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Certidumbre

Por fin lo podía ver todo claro en medio de aquella sala. Me encontraba rodeado de gente en silencio. Ninguno se miraba entre sí. Tampoco yo lograba reconocerlos. Solo me reconocía estirado en el mesón. Lo veía más claro: estaba muerto y no me lo sabía responder a mí mismo.
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Hija de la espuma

Inconsciente de su propia hermosura, en una eterna primavera, se baña desnuda en la espuma del mar.

Cuando llega la hora, se coloca sobre una concha nacarada. Se cubre los senos con una mano; el pubis, con el largo cabello.

Y va derramando amor entre los visitantes de los Uffizi.
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Se rompió

Se le cayó al suelo, y decidió no recogerlo. Intuía desde hace años que algún día se le caería y se le haría añícos, no en vano se le había ido rompiendo en pedacitos poco a poco en los últimos 10 años. Finalmente reflexionó y decidió construirse un nuevo corazón.
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Juntos

Mi mujer y yo solíamos ir al cine juntos. Juntos caminábamos por el parque y juntos asistíamos a las presentaciones de libros. Como era natural, juntos también dormíamos. Un día desperté y no la vi. Somnoliento, me puse frente al espejo. Ahí estaba ella, con su cuerpo... y mis pensamientos.
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Fracaso

Extrajo de la chistera las escrituras de la hipoteca, el seguro de decesos, el recibo de la contribución, la notificación de una multa y la factura de la comunión de Clarita. Agotó el último truco.

Hundió más el brazo: solo halló su certificado de defunción. También había muerto la magia.
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Cabo suelto

La tienda abarrotada, la música, las luces cegadoras... se mareaba. Quería irse pero su mujer vagaba ojeando zapatos, bolsos y pulseras. Entonces la vio. No estaba muy cambiada... El deseo contenido de 10 años se leyó en sus miradas.

La siguió al probador. Se amaron por primera vez, con prisa.
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Hasta aquí hemos llegado

Ajeno al bullicio festivo, con el gesto empecinado del que vive del milagro y el orgullo soterrado de su abolengo marchito, salió camino del parque y allí sopesó sus motivos, entre palomas y madreselvas.

Después, encomendó su hastío al frío criterio de una pistola. Las palomas, asustadas, batieron alas unánimemente.
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No me pinches, que llevo chanclas

A pesar de su aspecto afilado, recto e inflexible había forjado una gran amistad con las cañitas secas de tallo corto que formaban aquel montón.

Parecía difícil que la encontraran, pero ocurrió.

Su nueva y solitaria vida se limita a esporádicas salidas del pequeño estuche cuando urge unir algunas telas.
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Más allá del amor

Al entrar, vestida de blanco, ilumina la habitación donde duerme María. La cubre de caricias mientras la asea para su marcha. Desenmaraña su cabello plateado, tras haber vencido desde la cama el combate por su vida.

Se despide con un beso. Al alba, con amor, le inyecta su último suspiro...
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Palabras encadenadas

Voy a intentar dejar escapar mis palabras que llevan tiempo atrapadas en mi alma. Hoy saldrán y se vestirán de gala. No sé lo que dirán y cómo se expresarán, lo que sí sé es que serán libres, sin cadenas y sin fronteras.

¡¡Tanto tiempo viviendo en el silencio!!
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Esa voz trastorna

—No le bastó con desquiciarme, doctor, ahora me visita en este encierro.

Tras apagarse el sonido del intercomunicador, el incrédulo guardia no daba crédito del ruido emitido por los altoparlantes de aquella habitación vacía de la sala de entrevistas del ala abandonada del hospital de psiquiatría...

Se funde a negros.
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Wanted

Para cuando Juan llegó al Oeste ya manejaba diestramente el revólver y cabalgaba como un comanche. Pero de inglés no andaba muy sobrado: "Hands up", "Give me the dough" y poco más. 

Hizo fortuna pronto, mientras las ciudades se iban llenando de, a su parecer, afectuosos pasquines con su rostro.
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¿El final?

Por un instante, se imaginó que sería seguro cerrar los ojos y olvidarse de toda preocupación. Pero apenas lo hizo, un desgarrador aullido se atrevió a romper de golpe la calma nocturna. Después de escucharlo, él dio un largo suspiro de tristeza. Su jornada por el infierno apenas estaba comenzando.
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El premio

El calor de hogar que Adrián Expósito había soñado desde la Casa Cuna se desprende del café humeante, caricias de miel y flores de pasión que Kifi le ofrece.

Kifi entró en su vida cuando obtuvo el premio.

Adrián nunca encontró mejor compañía. Lo había creado para ser su robot.
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Algo parecido a un adiós

Tiritas, tiemblan tus manos. Miras mis ojos pero no me ves. Intento abrigarte pero como estoy tan lejos no te llega mi calor.

Te llamo, hablo sin parar aunque no me escuchas. Te siento, aunque no te entiendo. Cuelgo el teléfono, enmudezco, presiento.

Y ahora soy yo la que tirita.
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Hada Palabras

Pequeña como una mariposa, de piel negra como el grafito y largas trenzas, Hada Palabras salva vidas. No es un trabajo difícil, basta con borrar una letra ce de las sentencias impresas en papel oficial. Luego, los condenados a la horca pasan la hora en su celda y son liberados.
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Hambre

Desde aquel día en que descubrió que faltaba un calcetín al sacar las prendas de la lavadora, invariablemente, cada vez que ha hecho la colada se ha extraviado una pieza de ropa. Hoy lava a una mano, sinceramente arrepentido de haber metido demasiado el brazo para ver qué podía recuperar.
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En busca de la felicidad

Mis pies descalzos y sucios corren con la pelota de trapo. Tras marcar, mis compañeros de tez oscura y sonrisa franca se arremolinan para celebrar la victoria, levantando nubes de polvo.

Decepcionado, de nuevo, me quito el casco de realidad virtual. No consigo llenar el vacío que prometía la publicidad.
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Empresas fallidas

A pesar del excelente acabado y la perfecta sincronización, aquel negocio de relojes de arena en el desierto del Gobi —donde el cuarzo más fino del mundo— no acababa de despegar. Antaño tampoco le funcionó bien la tienda de clepsidras en el atolón de Canohé —donde el agua más cristalina—.
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Estereotipos

Como tantas veces, el lobo bonachón entrará al camerino, se pondrá antifaz, garras y colmillos feroces.

El camerino contiguo disfrazará de impoluto lo disoluto, maquillará levemente una faz angelical. Niña en cándido rojo.

Saldrán al escenario y allí, como siempre, la ordinaria audiencia ovacionará la consabida obra de los estereotipos.
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Visita inesperada

—¡Vete, por favor! Necesito más tiempo, no estoy preparado aún.
—Sabes que no puedo hacerlo y tampoco quiero.

Apoyó la guadaña en el aparador, le dio un abrazo, cálido pero efímero y, con la voz más dulce que pudo, le dijo:

—¡Vamos! es la hora: tu hora.
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Rasgos humanos

Tras el diagnóstico, enjugó las lágrimas de Marta con un paño de esperanza. Su propio llanto lo reservó a la soledad.

Desde que en ella se desvanecieron los recuerdos y mermaron los pasos, los días son eternos.

Amarla y desear su muerte al mismo tiempo, convulsionan cada día su corazón.
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Huracán

Aquel verano el huracán llevaba nombre de mujer.

Puso las ideas patas arriba, arrasó con los imposibles y azotó los miedos de una nueva relación. Me llevó por delante despojándome de mis sombras.

Aquel verano la paz estaba en sus ojos. Aquel verano un huracán se convirtió en mi mujer.
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Balada negra de la supremacía

(Crescendo)

Perros, antorchas, patadas, gritos, disparos. Cruces en llamas. Cristales rotos. Patio trasero. Descampado.

El odio, encapuchado. La cuerda, el árbol, el nudo en la garganta, el cabo tenso, el estertor, el peso muerto.

(Silencio)

Compás de brisa triste. Balanceo. Coros de duelo. Solo sin voz, el canto del ahorcado.
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Aquí hay trabajo

El nuevo empleado pregunta por el vetusto sombrero de un maniquí. El dueño dice que no le incumbe. El trabajador no reprime el capricho de colocarse el viejo complemento. La figura cambia de rostro.

El propietario, con desgana, vuelve a poner en el escaparate el anuncio de "Se necesita dependiente".
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Nostalgia

Escucho el trino de los pájaros; se me antoja un homenaje a la vida alegre que llenó de risas, hace no tanto tiempo, nuestro mundo. Los niños ya no juegan, solo atienden sus móviles. Los jóvenes no se enamoran, se desahogan. Tú ni siquiera me miras.

Estás muerta, como yo.
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Mi gran tesoro

Abrió la puerta con sumo cuidado para evitar despertarla. Dormía plácidamente abrazando la almohada. Se acurrucó a su lado y sintió su respiración e incluso sus latidos. Se estremeció recordando cuando en sus brazos susurrándole una canción de cuna se dormía con ese mismo respirar placentero y lleno de inocencia.
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Un amor esdrújulo

Ella daba vértigo. Era una sílfide de ébano, una reina de África. Sus labios eran pétalos; sus palabras, música; sus caricias, bálsamos. Nos hicimos íntimos, nos creímos únicos. Pero a veces era ácida y también crítica. Un día se fue y me quedé rígido, me sentí ínfimo, fue realmente trágico.
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Hermano Cosme

No respeta el silencio monacal. Todos los días relata historias de su madre y de sus hermanos.

Los monjes saben que la madre falleció durante su único parto.

—¡Ya no me dejáis cocinar en el monasterio porque decís que se me va la olla! Pero... ¿para qué os contaba esto?
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Cena a la luna llena

—Me encanta la luna llena. Admito que es un tópico comentarlo cenando en la primera cita.

La muchacha se limpió relamiéndose los restos que le quedaban en los labios, y abandonó los despojos sangrantes del ligue de turno.

—Alguien debería haberle dicho que no se habla con desconocidas —dijo sonriendo.
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Fue un fantasma

Quizá fue un sueño. O un fantasma. O una pesadilla. En la que casi nos ahogamos entre las dobleces de la cola de su negra sábana; llenos de mentiras, verdades a medias, intereses egoístas y mucha amargura.

Un buen día abrimos los ojos y la enfrentamos. Ya no nos asusta.
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Patitos feos

Habían sido los patitos feos del colegio, los empollones rechazados y ridiculizados por todos.

Las hormonas de la adolescencia le transformaron a él en el macho alfa más deseado. A ella en una rosada garza de largas patas imantadora de miradas.

De su inevitable atracción nacieron patitos feos, también empollones.
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Tres segundos

El soldado baja sus pantalones. Defeca. Su cuerpo, ahora aliviado, deja que el cerebro vuelva a centrarse. Las balas del enemigo silban muy cerca de él, otras, impactan tras el muro.

Tres segundos nada más, se dice el soldado, "retortijón, urgencia y diarrea desaforada. Solo tres y fin del enemigo".
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El oscuro brillo de la verdad

Gracias a la divina providencia siempre me enamoro de hombres buenos, que me cuidan e intentan hacer de mí una mujer decente. Me esfuerzo por complacerles, pero el instinto es más fuerte que la voluntad y las cadenas. Por eso, no insistas, nunca pasearemos a la luz de la luna.
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Obsolescencia programada

Ni un te quiero. Ni un beso. Ni el cigarrillo de después. Cuando empezamos, estamos dale que te pego, hasta que los vecinos golpean la pared gritando: "¡Ya está bien!". Entonces lo aparto, me doy media vuelta y a dormir, pensando que mañana no se me olvide cambiarle las pilas.
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Como lluvia

La tierra se estremeció. Todos en el lugar se quedaron inmóviles, incrédulos ante lo que sucedía. Después de unos segundos, una mujer desgarró el silencio y gritó: "¡Están cayendo, están cayendo!". La multitud corrió, sin embargo, era demasiado tarde. Las bombas caían como lluvia. La Segunda Guerra Mundial había comenzado.
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El miedo

Entró sigiloso, acechante. Cubierto de pies a cabeza comencé a temblar. Olía a cabra, y a cuerno quemado. Arrastraba sus pezuñas por el suelo. Tenía que levantarme, o me llevaría con Él, al Infierno. Saltó sobre mí, ahogándome.

Tiramos los dos de las mantas. Y me lamió cariñoso las lágrimas.
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Epifanía Z

La noche transformó el camino en una duda serpenteante. Cuando aquella estrella iluminó lo que parecía ser un establo, los viajeros decidieron dar descanso a sus monturas.

Allí, un recién nacido les mordió el corazón.

Melchor fue el primero en convertirse. Súbitamente, sintió la irrefrenable necesidad de adorar al niño.
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Cuando no quieren...

Les abro la puerta de par en par, pero ni por esas. Hacen caso omiso a mis zalamerías, mirando con cierto desdén hacia otro lado. Me exasperan cuando se ponen de este humor. Bien saben que las necesito, irremediablemente, porque sin ellas no puedo escribir mi amarga historia de amor.
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Bendita competencia

No soy republicano ni monárquico y tampoco especialmente religioso que se diga, pero empiezo a estar bastante cansado. Llevo no sé cuántos años pidiendo a los Reyes una dentadura nueva porque Simona no quiere dejarme la suya y no consigo que me hagan caso. Tendré que probar con Papá Noel.
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Re(s)catada

Siento unas manos moldeando mi cuerpo. Mis senos, mis caderas, mi ombligo, mi sexo. Todo resulta perfecto. Un hombre a mi lado prepara la cena. Y una piel de serpiente secándose al sol. Cuando abro los ojos, un bombero macizo me lleva en sus brazos.

—Cuidado señora, vigile sus sueños.
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Confluencias

El actual Equipo de Gobierno, conformado democráticamente por los representantes designados por Bloque Unidireccional, Facción Alternativa, Inacción Española, Marchando Hacia El Futuro, Frente Oficialista, Cobremos, Ciudadanía Universal, Equidistantes En Acción y Jodeos Todos no ha podido alcanzar una resolución única sobre el horario de las sesiones plenarias.

Firmado: Los Alcaldes.
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Futuro condicionado

—Papi, de mayor quiero ser fontanero.
—¿Y eso?
—Para arreglarte el váter.
—Ah, bueno, pero me gustaría más asistir a tu graduación.

Transcurridos unos veinte minutos...

—Ven, campeón. ¿Lo que hay en el fondo del inodoro es tu peluche?
—Papi, se me olvidó decirte, también quiero ser corredor de fondo.
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Su impulso fue el correcto

Allí estaba Carmela, con una pierna rota en el hospital. Por su parte, el "Johnny de pacotilla" se llevó puntos en una ceja, por el botellazo que le metió cuando se acercó a socorrerla.

¡Es inevitable! Cualquier mujer sueña con bordar la coreografía de Dirty Dancing. ¡Ese imbécil lo fastidió!
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Conversaciones con Dios

—Mi hijo se muere... ¿Por qué él ?
—No hay motivo.
—¡Te odio!
—No me odias.
—Te necesito.
—Estoy aquí.
—¿Puedes ayudarme?
—Sólo si tu me dejas.
—Estoy confuso...
—Lo sé.

Y se alejó en silencio, igual que vino.

—¡¿Volverás?! —grité desde el otro lado.
—Depende de ti. Sabes dónde encontrarme.
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Hoy ha sido un gran día

Un banco libre en el parque, la colilla de un puro, sobras de un bocadillo de queso, algunos cartones nuevos junto al contenedor, una chaqueta abandonada sin demasiados agujeros, pocas palabras de desprecio y una mirada de ternura acompañada de un "buenas tardes"... y sin que supiera que era yo.
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Anónimo hasta noviembre

Amor

No se habían visto nunca a pesar de que ya eran muchos los años transcurridos. Se querían, seguro. Todo fueron palabras, juramentos... por e-mail. Al encontrase, cambiaron letras por besos. Frases por caricias. Soledad por compañía. Eternidad por momentos. Promesas por gritos. Fidelidades por mentiras. Hastío por rutina. Se querían.
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Casimiro no se mira en los espejos

Cuando Casimiro estrenó gafas, no pudo aceptar la imagen avejentada que le devolvía el cristal azogado... y empezó a sospechar de los espejos.

Ya no se mira en ellos. No quiere ni imaginar lo que los muy tramposos han estado urdiendo desde el día en que lo sorprendió la muerte.
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Anónimo hasta noviembre

Aquel temor

Abrió los ojos y se sintió bien, una vez pasado el gran susto. La vida entera había vivido con ese miedo fuertemente arraigado y nunca fue capaz de superarlo, hasta que Ángel, con juegos, lo empujó. Lanzó gritos y aspavientos antes de ser engullido por el acogedor y calmado mar.
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Anónimo hasta noviembre

Condena perpetua

—Bailaré sobre tu tumba —le susurré.
—Eternamente —musitó moribundo.

Desde entonces suele aparecérseme, señala a quienes hablan conmigo y fallecen, retrasando mi muerte tantos años como les roba.

Ayer, desesperadamente solo, cumplí 40 años. Decidí suicidarme.

Hoy, condenadamente vivo, mi maldición amaneció prolongada por la muerte súbita de cuarenta neonatos.
Escrito por ¿?
Anónimo hasta noviembre

El despertar

Lo sacudió con una rabia visceral. El tipo cayó con gran estruendo y todo él, desde el puño hasta las entrañas, vibró en un torrente de adrenalina. Era Dios: eterno, invencible.

Se golpeó el pecho y liberó un aullido primitivo, y su rostro desencajado recibió exultante el puñetazo de vuelta.
Escrito por Álex Garaizar

Batalla en vano

Se arrojó a la trinchera. Recibió una lluvia de tierra y de carne. Verificó que no le faltaran pedazos y se paró con su batallón para mandarle balas, gritos, granadas e insultos al enemigo. Lástima que las radios de cada lado fueron destruidas: la guerra había terminado hacía dos días.
Escrito por Mario Aguirre - Twitter

Nunca se olvida

En la librería, el vate que nunca editó sus poemas, el que sólo leía en público. Me dijo:

—Tienes unos ojos, una mirada que habla.

Me sorprendió, conocía sus lecturas. Y alegró mi jornada con el halago.

—Haré memoria, cara como la tuya no se olvida.

Pensativo, quedó el librero.
Escrito por Carmen Martínez Marín - Web

¿Hogar?

Corrió. Corrió como si no hubiera un mañana. ¿Qué, un mañana? Como si a cada paso que daba, sus huellas cayeran al vacío. Como su pasado. Intentando dejar atrás los maltrechos violadores y sus miedos.

Sin saber que el mayor de los monstruos le esperaba en su propia casa, borracho.
Escrito por Saioa Etxegia Eizagirre

Basura

Lo depositó sobre la toquilla con sumo cuidado, pero el bebé escogió aquel instante para abrir los ojos. Su madre le habló cariñosamente en susurros hasta que, confortado por la voz familiar, volvió a quedarse dormido. Ella bajó entonces la tapa del contenedor y se alejó presurosa en la noche.
Escrito por Manuel Menéndez Miranda

Y el verbo se hizo sueño

El sol, acechado por el atardecer, te miró y, mientras luchabas por salir del cascarón, devoró serpientes, alimañas y engendros. Por ello el ocaso surge verde, la pradera es un enjambre que baila al son de los grillos, y tú eres una mezcla expectante de savia, hojas, saliva y vientos.
Escrito por Crispín - Web

La visión

¡Mírame! Ya no soy la de antes. Ya todo es distinto. Ya todo ha cambiado. He mejorado y he salido adelante. Sin ti, sin tu ayuda. No te he necesitado. Puedo sola, gracias. Me veo y me gusto. Soy independiente. No necesito tus consejos vacíos. Adiós, espejo. Te quedas solo.
Escrito por Elena

Partir con tu idea

Te has fijado en lo gris del cielo ahora, aunque no puedes determinar si es real o no. Quizá, tus ojos ya no son capaces de discernir los colores. Tus puñetazos y patadas no acabaron con ella y se defendió a martillazos en tu cabeza. ¿Para ti o para nadie?
Escrito por J. Tremico - Twitter

La soledad (II)

Se operó. Cambió de naturaleza. Dejó de mugir. Se sintió muuuy mujer. Lo dejó todo. Quiso ser modelo. No la contrataron. Quiso ser presentadora de televisión. No la contrataron. Se presentó a puta. No la contrataron. Volvió al pueblo, más sola que la una. Todos se rieron, con mucho éxito...
Escrito por Iñaki Ferreras - Web
Parte I | Parte II | Parte III

Rebelión

Todas sabían que jugaban un papel importante, pero un día decidieron liquidar la tremenda autocracia dominante desde que nacieron. Las órdenes del soberano dejaron de ser cumplidas.

Pero solo un par de días pudieron sostener la situación.

—La muerte cerebral ha sido confirmada en el paciente —confirmó el equipo médico.
Escrito por Omar Martínez González

Ojitos de papel

Llevábamos años buscándote. Cuando escuchamos tus latidos, decidimos construir un gran proyecto para ti: música, universidad... De pronto, los violines callaron y los libros se cerraron. A pesar de todo, mi vida se llenó de luz al verte. Ni tus ojitos rasgados ni tus palabras trabadas me han impedido quererte.
Escrito por Adela Caño Amaro

Solo un símbolo

Aquella enorme caja era el mejor símbolo de nuestra separación: tú pretendiste llenarla con los recuerdos, metas y sueños de nuestra vida en común.

Yo la llené con lo único que me importaba en el mundo. Pero, por más que intento, la sangre no deja de gotear sobre la alfombra.
Escrito por Daniel Castillo

Tonos en rojo

Corría desesperadamente cuando le estalló entre las manos la bomba plateada que había estado camuflada en la arena. Y al tiempo que su mente recorría los campos de batalla con imágenes de destrucción, su cabeza desnuda reposaba en un charco de sangre y llamas envueltas en un sofocante cielo ardiente.
Escrito por Olga

El concierto

Con muchos años vividos, se vistió de negro y galopó por el escenario. Por su hilo de voz hablaron poetas acompañados de acordes de guitarra y al finalizar cada canción bebió un sorbo de líquido transparente. A nadie dejó indiferente. Gusto o no. La reflexión y el debate quedaron abiertos.
Escrito por SnowThomas

Ocurrencia macabra

El humor negro es peligroso. Como el de Yahvé, que le llevó a ordenar al patriarca que sacrificara a su hijo. A punto estuvo de hacerlo.

El hombre tuvo la oportunidad de quebrar el abuso de autoridad, defender su decoro rebelándose. Pero el miedo le impidió negarse a tamaña barbaridad.
Escrito por Carmelo Carrascal

Extraña nota encontrada entre las hojas de un libro usado

Si estás leyendo esto, es que has comprado un libro en la tienda de Blackmouth. Por favor, ten cuidado, seguro el viejo sabe que he escrito pidiendo ayuda y esperará a encerrarte en el sótano junto a mí. No abras la puerta, no salgas, recela de todos. Tu vida peligra.
Escrito por Jean Durand - Web

Lágrimas de arrepentimiento

Ella gritó: "Suéltame" y salió corriendo. Lloraba, secaba sus lágrimas y lloraba de nuevo. No podía creer lo que había hecho. Estrujaba sus labios tratando de borrar el sabor amargo de aquel veneno.

Lo mire y murmuré: "¿Qué le pasa a esa chica?". Y él me respondió: "Drogas, amor, drogas".
Escrito por La Niña Pony - Twitter

Lluvia en el cafetal

Entré al cafetal, había mañana de poca luna con rayos golpeando mejillas. El colibrí tenía casa sin flores. Las nubes comenzaron flagelando ramas con hielos blancos, luego apedrearon todo. Entonces los cafetos acurrucaban sus granos tiernos. Cuando el sol volvía al cenit, quedé sin nubes, hecho poema y todavía respirando.
Escrito por Edwin Antonio Gaona Salinas - Web

Bajo la luz de la Alhambra

Anonadado, pero absolutamente complacido, recordé aquella noche junto a la puerta trasera del restaurante de la Morahima: tu pelo negro, el recorte redondeado de tu cara y tus ojos oscuros brillando bajo la luz de la Alhambra me embaucaron. No supe reaccionar ante tan sublime belleza. ¿Lo mejor? Oírte maullar.
Escrito por E. Caño Pedraz

El destino del desertor

Desde la colina se oía el rumor del frente como si fuera una tormenta lejana. Corría rápido, pero la muerte le alcanzó haciéndole un agujero en el cráneo . Hace años conoció a un viejo nigromante que adivinó su nombre porque lo había visto en un sueño, escrito sobre una bala.
Escrito por Encarna Cuesta García

Nido vacío

El silencio ocupa la casa habitada de recuerdos. Todo está en su sitio, nada perturba el orden: ni una colcha arrugada, ni un balón por el pasillo. Y mientras él evade ausencias tras el periódico, ella se confunde al poner la mesa y pela cebollas en la cocina para disimular.
Escrito por María José Escudero

Puesta de largo

Desde que te hiciste mayor, vamos de mal en peor. Cumpleaños multitudinarios, viajes a parques temáticos y graduaciones ostentosas. Esta noche estás preciosa, abriendo el baile con tu vestido negro. Tu padre y yo esperamos que tardes mucho tiempo en pedirnos uno blanco.

Nuestra cuenta corriente no sale del rojo.
Escrito por Asun Paredes

Asintieron

Javier y sus tres compañeros llevaban varios años haciendo encuestas. Disfrutaban trabajando juntos, aunque muchas veces discreparan. No siempre era sencillo interpretar los datos. En aquella ocasión, las estadísticas decían lo siguiente: el ochenta por ciento de la población trabaja mucho menos de lo que parece. Los cuatro amigos asintieron.
Escrito por Manuel A. V.

Puppy: nuestro peluche vaivén

—¡Niños, salimos!

Sentados en corro, aguardan la entrega diaria de Puppy.

—¿Sabíais que Puppy cuida mucho a los perritos? Incluso a los que están en las estrellas.
—¡¡Ohhh!! —corean.
—¡¡Hoy para Susana!!

Ya corre feliz con Puppy elevado:

—¡¡Papáaa, mamáaa!! Tristes, esperan darle la noticia. Yo... les guiño un ojo.
Escrito por Enrique Caño

Polizona

Semanas intensas, risas, miradas, infinitos besos.

Al final del verano la barca quedó varada en la arena y tú en mi memoria. Ya no quería navegar pues había zozobrado en tus últimas palabras: "Me gustan las travesías de poco calado con marineros. Para viajes de larga duración prefiero tierra firme".
Escrito por M. Carme Marí - Web

Misión fallida

Los extraterrestres aterrizaron en la ciudad; buscaban al miembro de su tripulación que, hace meses, se había quedado en misión de exploración. La señal de su biolog le ubicó en la planta baja del Museo de Ciencias Naturales, en la sala de lepidópteros. Le encontraron clavado en el expositor 3B.
Escrito por Luis Goróstegui - Twitter

Evasión

Cansado de la vida que llevaba, decidió escapar de una vez y para siempre. Escogió cuidadosamente el instrumento que lo sacaría de su miseria y esperó a quedarse solo para hacerlo. Entonces, y de un solo golpe, abrió el libro y se perdió para siempre entre orcos, elfos y enanos.
Escrito por César Eduardo Moreno Senmache - Twitter

Insomne

Otra noche en vela intentando que el murmullo que me tortura cese y permita reposar mi cerebro unas horas. Ya no recuerdo la última ocasión que el silencio me acompañó. Nunca pensé que la conciencia fuera tan molesta. La próxima vez, sin consciencia y con mucho más egoísmo. Maldita reencarnación.
Escrito por Rafael Domingo Sánchez - Twitter

Doble o nada

Quería ganar todo lo que apostaba, iba de casino en casino, jugando en todas las ruletas, su número de la suerte 6 y rojo nunca le abandonaba.

Sucedió que una noche se tropezó con el rival de su vida, la mirada de ella, y fue su doble o nada. Perdió.
Escrito por Leire Frex

La fuente maldita

El verano agoniza dando los últimos coletazos y el alba conserva los rescoldos de una tórrida noche. Ella zarandea las sábanas, como queriendo ahuyentar al dragón dormido que aún reposa en sus sueños. Jorge entra en la habitación y la calma con ternura.

—¡Buenos días, princesa! ¿De nuevo las pesadillas?
Escrito por Macarena Fernández - Web

Evidencia

Como ninguno de los dos quería dar su brazo a torcer, el Australopithecus le propuso a Dios que se hicieran la prueba de ADN, para dilucidar su disputa sobre la paternidad del hombre. Dios se negó: no necesitaba probar nada. Él conserva un certificado de nacimiento, expedido por la fe.
Escrito por Beto Monte Ros - Twitter

Escapar de aquí

—¡He encontrado el modo de escapar de aquí!
—¿Qué? No lo creo.
—Es sencillísimo.
—¿Sí?
—Ni lo imaginas. Lo hemos tenido siempre delante de nuestras narices.
—Estoy harto de vivir en este sitio. A ver, dime cómo salir.
—Fácil. Toma. Cómete esto.
—¿Una simple manzana? Eva, ¿te estás quedando conmigo?
Escrito por Plácido Romero - Twitter

El final del verano

Con la nariz pegada a la ventanilla del coche mientras se alejaban, notó cómo empezaba a vaciársele el corazón. Atrás quedaban el espigón y la playa, la casa de los abuelos, y la de Lucas y Marina. Atrás quedaba el kiosko de Juan y atrás, el muelle de los cangrejos.
Escrito por Aurora Baeza

Atadura

Le costaba arrancar el motor para iniciar la rutinaria jornada. El largo y placentero sueño parecía no haber sido suficiente para recargar las ya oxidadas pilas. Para su desgracia ella no estaba, había olvidado del todo que ahora debía emprender solo el futuro, toda su vida había sido su batería.
Escrito por Antonio Ortuño Casas - Web

Amor secreto

Desde mi asiento veo miles de rostros pero todos se reducen al tuyo.

Hacía tiempo que no veía tu reflejo en el cristal, obligando a mi mirada a perderse en el infinito. Es así como puedo espiarte en secreto, mientras apartas, pensativo, un mechón de pelo que cruza tu rostro.
Escrito por Maribel N.

Cosmopolita

Tomé el metro como todas las mañanas, en Hostafranchs.

Próxima estación: Waterloo —se oyó por los altavoces—. Me dirigí a la salida Eiffel observando el cartel de un teatro de Broadway.

Ya en la calle, no me importaba tomar cualquier dirección puesto que todos los caminos me llevarían a Roma.
Escrito por Josep Sebastián - Web

Tiempos modernos

Ambos llegaron a ser amigos míos. Se conocieron online, se comunicaban por Skype; les iba bien. Era su estilo. Se enviaban felicitaciones por WhatsApp; y los primeros regalos por Amazon. Se casaron por poderes y como regalo de divorcio les envié una pluma estilográfica.

No sabían qué hacer con ella.
Escrito por Gil Hernando de Santiago - Web

Hijo del corazón

Meses de papeleos, años de espera. Sentía cómo ibas creciendo dentro de mi corazón. Aquella llamada cambió mi vida. Nervios, incertidumbre. Después de horas eternas en avión, por fin llegué. Al día siguiente te vi, nos miramos fijamente y lo supe... Cuánto tiempo te he esperado hijo mío, te amo.
Escrito por Isabel Mora

El carril central

Camino sin rumbo por la calle con una brújula que no sé utilizar. La sombra de los edificios me nubla y me marea. Los comerciantes intentan llevarme a sus tiendas pero yo no sé qué comprar. Semáforo en rojo. La montaña está muy lejos y aquí no sopla el viento.
Escrito por Sanguino

Aroma

El aroma se desvanecía con la brisa otoñal que entraba por la ventana y por el humo del cigarrillo encendido. ¿Qué hacer? ¿Salir y pedirle que lo abrazara nuevamente para volver a empaparse de ella? Demasiado tarde. El enfermero ordena apagar las luces mientras el somnífero empieza a hacer efecto.
Escrito por Giancarlo Ubillus - Twitter

Detrás de la puerta

Perdí mi felicidad; yo aseguro que la había dejado junto a todos los recuerdos, pero no está. Volé rumbo a Las Vegas para obtener algo temporal y empecé a buscar sin tener resultados, porque los dichos no son en vano.

Casi me daba por vencida. Pero abriste esa puerta y...
Escrito por Geyna López - Twitter

Emprendedores

La enemistad entre ambos pueblos tenía tanta antigüedad como su propia historia. Por eso resultó tan sorprendente que los vecinos de Villaldea de Abajo hicieran una colecta para regalar unos espléndidos aseos públicos a Villaldea de Arriba. Solo después de inaugurado, pusieron en marcha el criadero de cangrejos de río.
Escrito por Rafa Olivares - Web

Ficciones

Siempre he tenido problemas para diferenciar la fantasía de la realidad; por eso acostumbro salir a la calle vestido de mago, vampiro o seductor maldito, según la moda de eso que hoy llaman literatura. Esta mañana me ha pegado la nostalgia y he sacado el viejo traje de Alonso Quijano.
Escrito por Andrés Galindo - Web

La encrucijada

La esposa, sorprendida, le confesó:

—Pareces adoptado, no te pareces a tus padres. Bueno, físicamente sí, pero no en el carácter.

Él lo aceptó:

—¿Sabes? Creo que estoy en una encrucijada. Porque nuestros hijos tampoco se parecen a mí.

Ella lo tranquilizó:

—¡Bah, no te preocupes! Lo llaman brecha generacional.
Escrito por Francisco Rubio Yepes - Web

Cuando el horror extiende sus tentáculos

Otra vez el odio irracional, la sinrazón arrasó en forma de furgoneta los sueños de muchos inocentes, cuando desprevenidos gozaban de su merecido descanso. Esos monstruos que matan amparándose en razones equivocadas, transformaron en horror indeleble los días que debían ser inolvidables. Pero la gente de bien jamás se plegará.
Escrito por Gloria Arcos Lado

Alter ego

Subyugado por su desinhibida desnudez y aquella pose manierista, lo rescató del contenedor. Apreciaba, sobre todo, su silencio cómplice, pero últimamente sentía tras de sí sus ojos vigilantes. Y no descansó hasta escuchar el estertor del plástico, mientras las fauces del camión de la basura engullían la sonrisa del maniquí.
Escrito por Javier Igarreta Egúzquiza - Web

Viaje a ninguna parte

Manuel cargó la inservible bicicleta con sus escasas pertenencias, una gastada maleta, un paraguas roto y una maltrecha caja. Todo bien sujeto detrás del sillín, preparado para iniciar un largo viaje. La acomodó contra la desgastada pared, entró en la casa y emprendió la marcha.

La bicicleta espera y envejece.
Escrito por María Galerna

Gran gourmet

Su paladar insaciable, cada vez más exigente, le obligaba a arriesgar. En sus últimas clases de alta cocina adquirió nuevas técnicas de elaboración para satisfacer su irrefrenable deseo. Descubrió cómo podía innovar sus clásicas creaciones.

Excitado, salivaba recordando el carpaccio del muslo de aquella rubia, que aguardaba en la nevera.
Escrito por Pilar Alejos Martínez - Web

La llamada

Fue inevitable, como también añorarte toda la vida. Sonó el teléfono a las tres de la madrugada e intuí que no era una equivocación; algo grave había ocurrido.

Al escuchar al interlocutor experimenté un déjà vu: tras la colisión quedabas atrapado en el asiento del copiloto, fallecido en el acto.
Escrito por María José Gómez Fernández - Web

El niño pez

Sus pies están cubiertos por unos pequeños patucos, sus piernas regordetas y ligeramente arqueadas sostienen un cuerpecito acorde a su tamaño.

Papá y mamá agarran sus manos. Golpea al aire. Da una patada. El camino hasta la cuna le parece muy lejano. Imagina que en el agua será más difícil.
Escrito por Smokey pisó la raya

Grises

La policía, tras acordonar la zona, entró a la tienda con sumo cuidado; allí estaba el dependiente con la cara descompuesta e incapaz de vocalizar una palabra por el miedo, él fue el que encontró la bolsa. 

Tras manipularla cuidadosamente la arrojaron al fuego; eran unos pantalones de colores estampados.
Escrito por Rubén José Huertas Rojo - Web

Sin miedo

El hombre caminaba lento pero decidido. Relatando historias vividas, iba despojándose de su pasado, acariciándolo y desdibujándolo a la vez.

Luego, abrió la ventana, trazó dos líneas rectas, paralelas, por las que se marchó; sereno, confiado, pintando el horizonte en tono azul cielo.

Después, sin mirar atrás, desapareció para siempre.
Escrito por Malu

Cosmopolita

Dicen que viajar enriquece el alma. Trasnochar, el ruido de las maletas, que no haya nadie en la calle... A veces voy al aeropuerto, veo aviones despegar, y me alegro por los que van dentro. El mundo a sus pies. Yo no he tenido la ocasión, pero debe ser fascinante.
Escrito por Nimrod

Costumbre

El peligro de hacer algo por primera vez es que te puedes acostumbrar y repetirlo.

Él la tomó, caminaron, recordó el pasado, un infierno de golpes de su marido, cárcel para ella. Marcas habitaban su pecho, supo, tenía que matarlas y aunque él la había rescatado, tenía que matarlo también.
Escrito por José Luis Troconis Barazarte - Web

No es abrigo para mí

Otra vez ese dichoso abrigo me mira desde el escaparate. Me acosa en mi humillante rutina de tener que pasar por esta acera. Me observa con esos botones descarados de las solapas, mientras los bolsillos con pespuntes se ríen de mí. Insolente. Sabe que no puedo permitirme cambiar de acera.
Escrito por Sonia Serna San Miguel - Web

Pacientes de riesgo

Una epidemia selectiva estaba mermando alarmantemente la población mundial de feos.

Flor y yo nos enamoramos esperando la vacuna: hermosa historia que se vio truncada cuando, al llegar nuestro turno, supimos que solo quedaba una dosis.

Juro que intentaba ser amable al decir que ella la necesitaba más que yo.
Escrito por Enrique Mochón Romera - Twitter

La última corona

Con su cuerpo hábilmente siliconado ganó innumerables concursos de belleza. Para evitar arrugas gratuitas solo sonreía cuando posaba. Pero, aun siendo la imagen publicitaria de una importante marca de cremas antiaging, envejeció.

Antes de morir dejó por escrito rigurosas instrucciones a los técnicos de tanatopraxia. Fue la primera Miss Tanatorio.
Escrito por Juana Mª Igarreta Egúzquiza - Web

El poder de una palabra

He descubierto la palabra clave. Tras años y años de estudio lexicológico, combinándolo con la psicología conductual y con la estadística avanzada. He descubierto que funciona. Sólo pronunciarla y las personas cambiarán y se convertirán en verdaderos humanos. Allá voy, la pronunciaré y correrá como la pólvora... Aggh, ¡maldito infarto!
Escrito por Jesús Manzaneque Fraile

Laberinto de pasión

Locos enamorados, la pasión nos arrastra a su laberinto. Calles y encrucijadas recorremos juntos, perdidos en su fuego. Deseo y locura, tomados de la mano para siempre.

Amantes felices, retamos al tiempo, torvo minotauro que amenaza cortar nuestro hilo. Brama, celoso, diciendo que solo es eterno el amor mientras dura.
Escrito por Manuel Bocanegra - Web

El ficus de Lisboa

Alrededor del ficus plantado por un indiano, generación tras generación, fue creciendo un maravilloso jardín. El árbol se hizo majestuoso y al jardín le dieron el título de "Botánico Nacional". Para celebrar el centenario construyeron una fastuosa fuente de mármol en el parterre central tras talar el ficus que estorbaba.
Escrito por Manuel García González

Visita social

Llegas con tiempo a ese viaje que bien sabes durará tres chats de WhatsApp; atiendes las notificaciones que Facebook demanda; subes la foto más atractiva de tu dispositivo a Instagram; te pones al corriente de tu atribulado entorno en Twitter y terminas aquella visita al váter con las piernas "dormidas".
Escrito por Cristopher Josué Escamilla Arrieta - Twitter

Filantropía

Tras las alambradas, el viento y la lluvia azotan sus cuerpos encogidos. Están lejos de su país y se sienten abandonados. Pero los habitantes de un pueblo próximo les traen agua, comida, mantas, entre ellos hay un médico. Entonces, sonríen con timidez, estrechan las manos de sus benefactores, lloran agradecidos.
Escrito por Enrique Angulo - Twitter

Vacaciones

Me desperté, desayuné, recogí, cocine para mis dos hijos; antes de bajar a la playa, sin olvidar el móvil, descansamos en la hamaca consultando el Facebook . Después de bañarnos, entretuvimos la espera en el restaurante enviando whats. Antes de dormir jugamos con las tablets. Al día siguiente, vuelta a empezar.
Escrito por Ángeles

Bajo presión

El personal del turno de mañana piensa que el trabajo de los dos vigilantes es llevadero. No conocen que alguien, una noche, elegirá a uno; que el otro, despechado, se quitará la vida y segará la del compañero; que la leyenda sobre el fantasma de una mujer irresistible es cierta.
Escrito por Ángel Saiz Mora

In vitro

He gestado en mis entrañas el engendro de vuestra violación. Pariré la criatura experimental de vuestras ecuaciones. Ella fumigará los campos, perforará los pozos, hará brotar el líquido oleoso en forma de llamas fosforescentes, volatizará vuestros cuerpos con sus kilotones.

Galopará desde Oriente a Occidente. Se llamará Primera Amazona Apocalíptica.
Escrito por María Jesús Briones Arreba

Un veintisiete incompleto

Vivieron con la misma pasión literaria y artística, la misma inquietud vanguardista, la misma lucha por la República, el mismo fracaso y exilio que sus compañeros varones de generación.

Sus nombres, que no sus obras, eran comunes: María, Rosa, María Teresa, Maruja...

Murieron sin fama, sin reconocimiento, las sin sombrero.
Escrito por Carmen Cano - Twitter

Universo en hormiguero de cristal

Dos hormigas charlaban animosas sobre su evidente universo. Llegada una nueva, recogida del zoológico; relata entusiasmada sobre infinidad de humanos y animales.

—¿Tienes evidencia de eso? —le inquieren.
—No —responde tras larga meditación.
—Entonces: ¡no existen!

Mientras tanto, en el zoológico, muchos niños ríen ante las monerías de simpáticos chimpancés.
Escrito por Alejandro Cárdenas - Twitter

Cambios

Recuerdo los toboganes, de madera lustrada. Cuanto más altos, mejor. Subir desesperados los escalones para gozar de unos segundos de vértigo, un descenso sin control y volver a empezar.

Ahora los hay gigantes, de lona acolchada, para varios niños a la vez, pero ellos están sentados tipeando en un celular.
Escrito por Yolanda SA - Web

Curso de (autoesti)maquillaje

Aumenta la curvatura de tu sonrisa, aquí y aquí. Ahora da brillo a tu actitud, añadiendo toques de asertividad. Así das mejor sensación. Si hasta te ves más alta. Estas tonalidades potencian y favorecen tu autoestima.

Sal a la calle, caminando con decisión al compás de tu sonrisa. Repítelo constantemente.
Escrito por Maest

Rutinas

Todas las tardes de todos los jueves se citan en la misma habitación de hotel. Ana, siempre puntual, Luis cinco minutos después. El conserje les sonríe, cómplice. Lo que no sabe es que ellos esta noche volverán a verse.

Y allí, en su casa, convertirán la rutina en pura magia.
Escrito por Pepe Sanchís

Fue ayer

—¡Lo he visto, Padre! Militares altivos avanzaban, inclementes, pisando a las masas silenciosas. Entre grandes carcajadas, ocuparon los palacios. Los guiaba el más pequeño, tiernamente unido al cardenal en un abrazo. Sus manos bendecían y ultrajaban a su paso.

—Cálmate, hijo. Oficial, anote: Glosectomía total y enucleación ocular. Luego, cástrenlo.
Escrito por Jesús Garabato Rodríguez

La explicación

No lo supo nunca. La verdad... es que no lo supo nunca.

Algo la conducía, siempre e irremediablemente, hacia ese vertiginoso delirio placentero. Profundizar en las heridas internas, abrirlas, sentir las palpitaciones del dolor ajeno... le proporcionaba un intensísimo placer.

Quizás fuera porque necesitaba lo que otros, sin pedirlo, recibían.
Escrito por Salvador Pérez Salas - Twitter

Dama de noche

Estabas tan bonita... La belleza sentía envidia de ti.

Puro arte, tu contoneo de caderas... La seducción te hacía la reverencia.

Cuando hablabas, sentabas cátedra... La inteligencia no pudo más que rendirse a esos encantos tuyos. 

Hicimos el amor con nuestras almas. ¡Lástima que desaparecieras en cuanto abrí los ojos!
Escrito por María José Sánchez

Doble juego

La ruleta gira como una serpiente mordiendo su cola. El negro y el rojo se funden acariciados por la bola blanca. Aposté al 22, negro. Sale rojo e impar. La pistola cargada espera sobre la mesa. Todos me miran ansiosos.

Mi vida no vale el segundo final que le aguarda.
Escrito por Carmen Hinojal

Una de piratas: Naufragio a la vista

—Capitán, hemos perdido a algunos de nuestros mejores hombres.

Él permanecía impasible en el puente, junto a sus aduladores.

—Enrolaremos a más.
—Capitán, la mayoría serán inexpertos.
—Calla, gañán —dijo John "Little Shoes".

El navío continuó rumbo al Triángulo de las Bermudas... dejando tras de sí una estela de cadáveres.
Escrito por Javier Puchades - Web

El hombre que está triste y azul

El mismo día que te marchaste, cosí un gato siamés a mi espalda.

Nos costó un poco, aunque, al fin, encontramos la postura perfecta para dormir. Todavía no me he acostumbrado a sus horarios, pero él tampoco pone reparos a que, noche tras noche, vayamos a maullar bajo tu balcón.
Escrito por Carles Quílez
Elegido mejor relato de septiembre de 2017

Bombardeos

Desde ese día, nadie vende barquillos en el parque. No hay niños jugando en las plazas, ni abuelas sentadas a la puerta remendando sueños o zurciendo heridas de amor.

La guerra dio paso al hambre, al miedo y al abandono. Muchos salieron para no volver y olvidaron cerrar las puertas.
Escrito por Carmen Martagón E. - Twitter

Tal como éramos

Ya no se miraban, ni hablaban, ni se tocaban. El futuro que un día pintaron juntos se transformó en una sucesión compartida de días anodinos.

Hoy era su aniversario. Cada uno por separado y en silencio, buscarían recordarse en las sonrisas compartidas que dejaron atrás. Mañana... lo volverán a olvidar.
Escrito por Galilea - Twitter

Viejo verde

Casi siempre la veo venir con su singular forma de recorrer las distancias sobre la cenicienta alfombra de nuestra calle. Ya le afloran y se agitan sus inconfundibles cambios carnales; pero a esta edad, yo no soy yo; dejo a los pájaros que le silben y me apedreen al costado.
Escrito por Guillermo Arnul Castillo Ruiz

Domingo (III)

Las primeras luces la encuentran con los ojillos hechos merengue, de pegados y de tristes. Le duelen todos los huesos y la cabeza le cruje como si se le llenara de pisadas. Elsa recorre el pasillo como un animal herido.

Nieva. Los copos pintan lunares al aire. ¡Qué sola está!
Escrito por Catalina Saavedra
Parte I | Parte II | Parte III

Enigmas en el tranvía

A mi lado, un hombre que sonríe resuelve un sudoku. Enfrente, una anciana teclea caritas en un teléfono. Una voz desgarrada, dentro de mis auriculares, ve la vida en rosa. Por la ventanilla pasan puentes y murallas. ¿Será verdad lo que avisa la megafonía? Final de trayecto: Mago de Oz.
Escrito por Patricia Richmond - Web

Jazz

El bajo rompe el silencio, el piano lo endulza y la batería estalla. La trompeta, suave, ilumina una melodía improvisada a la que el saxo, perdiéndose entre notas, envuelve en una caricia. El pentagrama se despereza mientras la voz, acunada por el sonido, canta una historia de amor y perdición.
Escrito por Pablo Núñez - Twitter

Celebración

Todo estaba en orden para el acontecimiento. Sobre la mesa, el mantel blanco, buen pan, aceite de oliva virgen extra, y un vino Rioja de la última cosecha. Nadie se durmió y esperaban impacientes al invitado principal. El Minotauro no tardó en llegar. Él traía el queso y las aceitunas.
Escrito por Mª Luisa Pérez Rodríguez

Aunque

Quizá fuese con ánimo de superación o por envidia o acaso por aburrimiento, pero, en su terca decisión, se engalanó con un fastuoso traje de seda roja. Se observó ante el espejo y, recordando el refrán, comprobó por enésima vez que seguía siendo una primate. Vestida de seda, pero primate.
Escrito por Isidro Moreno Carrascosa - Web

Libertad

Soporté demasiados años a mi jefe. Cuando por fin le dije lo que pensaba de él, mi existencia cambió. Ahora me siento bien, he recuperado el control de mi vida y además me acompaña la suerte: hoy conseguí un flamante cartón de frigorífico y un magnífico lugar bajo el puente.
Escrito por Georges

Las Guerras del Martillo: Oscuras alianzas (II)

El Conde elector estaba henchido de gusto. Con la toma de la fortaleza enana el comercio del hierro forjado quedaría sentenciado en Bretonia. Podía sentir cómo las hordas orcas se aproximaban. El demonio del caos Khorne le recompensaria ávidamente por traicionar a su pueblo.

Los refuerzos del imperio nunca llegarían.
Escrito por Raquel Tevas Cisneros
Parte I | Parte II

Memoria repartida

La unidad de trasplantes amaneció con una actividad frenética cuando el doctor Fritz decidió acabar con la monotonía del hospital. Los pacientes despertaron con cerebros, manos, corazones, hígados que no eran los suyos. Surgieron amores inesperados, libidos adormecidas, psicópatas, travestís, ilusiones y hasta algunas enfermedades se refugiaron en otros cuerpos.
Escrito por Luis San José - Web

La miel del opositor

A un examen de tipo test
dos mil aspirantes concurrieron
que por ingenuos suspendieron
la plaza del hijo del juez.

Parece ser que, a pesar de lo establecido,
no acudieron en igualdad de condiciones;
muchos con meses de estudio e ilusiones
y un tipo con las respuestas en el bolsillo.
Escrito por Antonio Bolant - Twitter

El otro

"Ya has llegado. ¡Mira que tenías prisa! ¿Por qué no esperaste un poco? Digo yo que, por tardar algún tiempo más, unos años, por ejemplo, no pasaría nada".

Eso pensaba yo cuando aquel engendro minúsculo explotó en llantos agudos al lado de mi oído derecho. Todos sonreían, babeando. Yo, no.
Escrito por María José Viz Blanco

El 312º día del emigrante (III)

En vistas del atasco, aprovechó para besar a Marlene. La lluvia arreciaba.

—Y otro accidente... —se lamentó.
—¡Exagerado! Si en nada llegamos —contestó ella.
—Seguro que han sido turcos, otra vez. Vienen a liarla, y claro.

Continuaron al rato rumbo al IKEA. En el arcén, un autobús escolar echaba humo.
Escrito por Álex Garaizar
Parte I | Parte II | Parte III

Párpados

Así como algunas flores se cierran al caer la noche, los párpados le resultaban insoportablemente pesados al busto de cierto personaje histórico, pero el único en saberlo era el mendigo que dormía en aquella plaza donde se erigía el monumento. Y, ¿quién presta atención a las palabras de un mendigo?
Escrito por Ezequiel González Trama - Twitter

Latidos

Tras conocer su sexo, soñó su nombre y dibujó su cara. Imaginó su sonrisa, se enamoró de su mirada. Le mostró el color del cielo y el mar, su guitarra y su disfraz de hada.

Pobre Yolanda, decían. Ignoraban que ya no hablaba sola, que ahora tenía con quién volar.
Escrito por Jose Bravo - Twitter

Rendición

—¡Radical!
—¡Populista!
—¡Bolivariano!
—¡Perroflauta!
—¡Comunista!
—¡Podemita!
—¡Vete a Venezuela!

El joven, cansado de recibir amenazas e improperios por difundir sus ideas, accedió llorando al templo, se desvistió hasta quedar en taparrabos, se colocó nuevamente la corona de espinas y trepó para ocupar la cruz que, vacía, pendía tras el altar.
Escrito por Rafa Sastre - Web

Intereses enfrentados

—Estoy cansada —dijo Muerte.

—Pero no puedes dejar de trabajar —contestó Vida.

—Ni tú, salvo que nos pongamos de acuerdo. Si no hay nuevas muertes ni vidas, acotamos el tiempo y descansaremos.

—¡No podéis hacer eso! —protestaron airados Pasado y Futuro, ante la sonrisa socarrona de Presente, el único superviviente.
Escrito por Crispín - Web

Aullidos

El lobo contempla su miembro herido, temblando de rabia y miedo. Desearía arrancarse la pata y con ella la trampa que le tortura, pero le aterroriza el dolor. Aúlla ante la vida carente de libertad que le espera. Desesperado se mira al espejo y allí se encuentra con mis ojos.
Escrito por Manuel Menéndez Miranda

Los años que nos quedan

La vida se fue alejando. Por el camino se quedaron las ilusiones, las alegrías, las emociones. Perdimos la inocencia, nos olvidamos de la alegría. Nos atraparon las dudas, los temores, las soledades. Dejamos de luchar y comenzamos a resignarnos. Nos hicimos adultos y olvidamos al niño que fuimos. La vida.
Escrito por Elena

La chica de los pájaros

La chica de los pájaros. Así la llamaba Clemente cuando la veía entrar por la puerta de la piscina climatizada.

Los tatuajes que le granjearon ese apelativo fueron de gran utilidad cuando, creyéndose tal vez ave, se lanzó decidida al vacío desde la azotea del edificio más alto de Madrid.
Escrito por Amelia

La nada

Cogía desesperadamente, con el delirium tremens de su droga favorita, los dibujos colgados en las paredes. Un abismo de colores... No la creían. No la entendían. El ruido de los aspersores no la dejaba dormir. Pedía con ansia algo que la hundiera en el silencio. En la nada más absoluta.
Escrito por Niña Nadie

La soledad (I)

Manuel sintió una fuerte presión estomacal. Salió a recoger el premio. Los aplausos lo apabullaron. Se sabía completamente famoso y reconocido. Notó la fuerte presencia de su madre, hace poco muerta. Volvió a su hotel. Remordimientos... Había ganado el premio engañando. Una soledad insoportable lo invadió. Mamá se había esfumado...
Escrito por Iñaki Ferreras - Web
Parte I | Parte II | Parte III

Seis

A muy temprana edad, muestra el obstinado propósito de cortarse un dedo. Detesta la escuela porque sus compañeros le miran como si fuera un bicho raro, pero sus padres no le prestan atención, solo les desvela que no apruebe las matemáticas. Al contar con los dedos siempre cuenta de más.
Escrito por Lluís T.

Dos vidas en un instante

De repente, tiró su estuche al suelo, rompió las hojas del cuaderno, su cara enrojecía ante la perplejidad de sus compañeros y yo no recordaba ninguna asignatura para manejar esto. Sólo se me ocurrió decir:

—Joaquín, te quiero.

Sentí su desubicación ante mi reacción y, asombrosamente, empezó a recoger todo.
Escrito por Enrique Caño

Mi pequeño caracol

Por muy despacio que caminaras, cariño, jamás te alcancé. Estuve nueve meses persiguiéndote, y hasta te puse un bello nombre; mas nunca pude susurrártelo, sosteniéndote en mis brazos. Te arrastras suave cada noche en mis sueños, acariciándome de recuerdos durante el día; dejando en mi vida un rastro de baba.
Escrito por Miguel Ibáñez

Negociador

Intenté razonar con aquel suicida, pero era inútil: parecía firmemente decidido a lanzarse de la azotea del edificio. Repasé todas las instrucciones del manual: establecer contacto visual, hablarle con voz suave, recordarle a su familia. Pero nada daba resultado.

Nunca me he distinguido por mi paciencia: terminé empujándole con fuerza.
Escrito por Daniel Castillo

A brazo partido

Mientras subía al desván, despacio, dibujaba círculos con aquellos dedos en la baranda de la escalera de caracol. Tenía miedo de llegar y seguir sin recibir los abrazos que tanto reclamó a su hermano pequeño. Quizá, ahora, tras cortar sus manos, se lo pensaría dos veces antes de negarle nada.
Escrito por J. Tremico - Twitter

Desenlaces

Lo vi muy claro. Ningún pajarraco de esa caterva fúnebre iba a sacar tajada.

Con premura, ahondé lo suficiente para mi propósito, y esperé pacientemente el desenlace, una vez conseguí que aquella arena ardiente me sirviera de refugio postrero.

Que la tormenta cambiara mi muerte fue lo inesperado del asunto.
Escrito por Rafael Domingo Sánchez - Twitter

De vacaciones

Caminando por la playa, las olas engullen mis pies a cada paso. Un socorrista no me deja estar aquí porque no es agosto, así que regreso a mi cama a trescientos kilómetros de la costa para seguir durmiendo, esperando que pase pronto esta noche del treinta y uno de julio.
Escrito por Ana Belén Arbués - Web

Divino perdón

Isaac corre por las calles del gueto con una ración de pan entre sus ropas. Un "Achtung!" lo detiene en seco.

—¿Qué lleva ahí escondido?
—Nada, es solo pan duro.

El soldado, quien recientemente había hecho café, lo invita a sentarse.

Hablaron sobre Dios, el amor y el perdón divino.
Escrito por Daniel Morón

Lo que el tiempo se llevó

Un anciano pasea por un parque, descubriendo rincones con bonitas flores.

Dos manzanas más allá, un hombre con paso apresurado y la angustia pintada en el rostro recorre las calles.

A medio camino el viento arrastra una nota: "Papá, no te muevas de aquí. Vengo con el coche a recogerte".
Escrito por M. Carme Marí - Web

Hambre emocional

Ira: adrenalina, cortisol y un buen cuchillo hace que obtengas la mejor carne.

Alegría: satisfacción por obtener los mejores ingredientes.

Paz: tres respiraciones al cocinar, trocear la carne y sonreír con ella, luego agregar sal y pimienta al gusto.

Miedo: escuchar en mis sueños lamentos que salen de la cacerola.
Escrito por Ricardo Rodríguez Sánchez

Llegó vacía

Estaba en la baranda, soñando que las maletas vengan repletas del mismo amor adolescente. Ella llegó, traía equipaje con mirada vacía. Sentí que ese amor nunca fue nuestro, solo mío. Que fui como madera amando al fuego, sabiendo que me quemaba. No me miró. Quedé con las cenizas al viento.
Escrito por Edwin Antonio Gaona Salinas - Web

A la tercera va la vencida

Eran unos críos la primera vez, se buscaban con esmero pero no pudieron encontrarse. Más tarde volvieron a intentarlo pero la venda del orgullo les tapaba los ojos. Fue a los años, tras intentar sin éxito olvidarse, y frente al mar, cuando al fin lograron verse. Esta vez sin vendas.
Escrito por Lulú

Terror

Su relación es peligrosa.
Murmuran las malas lenguas.
Pronto ocurrirá una desgracia.
Alguien abre una puerta.
El marido llegó temprano.
Su mirada da miedo.
Ronda cerca la muerte.
Tiemblan abrazados dos cuerpos.
Imploran los amantes infieles.
El cuchillo chorrea sangre.
Se escucha un grito.
¡Me muero por ti!
Eso dolía.
Escrito por Beto Monte Ros - Twitter

Otros tiempos

Quienes mandaban se hacían obedecer. Pago de impuestos y tributos por un lado y diezmos por el otro. Unos te llevaban a la guerra y otros al infierno. Al rebelde, tortura, mazmorra y grilletes; de ahí al cadalso. Al final se le encapuchaba, el populacho asistente hacía silencio, y... ¡zas!
Escrito por Carmelo Carrascal

Cuatro pasos

La lámpara de cristal se reflejaba en las gafas del rey Gustavo. El investigador recorría la alfombra que le separaba del Nobel. Se detuvo nervioso. La misma distancia que una vez le separó de un punto de penalti, el de la victoria en la gran final: si hubiera conseguido transformarlo.
Escrito por Jerónimo Hernández de Castro - Twitter

Ocho amigos

Hubo una vez ocho amigos que compartían ambiciones: deseaban triunfar. En la universidad eran inseparables. Luego, se fueron distanciando. Emprendieron carreras profesionales, iniciaron negocios, entraron en política, se enriquecieron.

Cayeron uno a uno: Bárcenas, Gürtel, Porto, Bankia, Brugal, Guateque, Púnica, Lezo.

Ahora vuelven a estar juntos en Soto del Real.
Escrito por Plácido Romero - Twitter

Cuota de lágrimas superada

Entiéndalo, ha sido un mes difícil. Murió mi suegro y mi mujer lo ha pasado muy mal. Me despidieron del trabajo y alguna lagrimilla se me escapó.

Haga la vista gorda. Apenas si faltan dos días para cumplir el plazo. Tiene sólo tres meses, ¿cómo pretende que deje de llorar?
Escrito por Ignacio Urtiaga - Twitter

Eternidad

Era eterna y era desdichada (no hay una cosa sin la otra). Venía de enterrar a su tercer hijo de esta centuria. Vendrían otros. Aunque pensó que para el siglo veinticinco era mejor tomarse un descanso. Después de enterrar a treinta y cinco mil doscientos sesenta, estaba cansada de parir.
Escrito por Gabriela Capdevila

Queridos Reyes Magos:

Disculpad que os escriba con tanta antelación. Este año he sido muy bueno, pero no pido nada para mí. Me gustaría que trajerais su juguete preferido a todos aquellos adultos —papás, mamás...— que de pequeños no lo recibieron a pesar de haber sido muy buenos. Se lo merecen. Muchas gracias.
Escrito por Luis Goróstegui - Twitter

La muerte verde

Desde lejos la belleza de Lady Caroline Griffin destaca sobre los demás. Los nobles hablan de una maldición que provoca la dolorosa muerte de sus pretendientes. Su sonrisa, figura e insondable mirada terminan por enamorarme.

Me aproximo y beso su mano enguantada, cerca de su extraño y resplandeciente anillo verde.
Escrito por Jean Durand - Web

Billete solo de ida

Se lanzó al abismo esperando encontrar ahí el más allá que arriba no conseguía. Dos alas se desplegaron sin querer en sus brazos y con sus piernas convertidas en ventosas alcanzó el fondo. Sólo se dio cuenta hasta entonces de esas habilidades; pero si quería regresar debía volver a nacer.
Escrito por Antonio Ortuño Casas

Reencuentro

Ya voy de camino, cariño. Dudo que te alegres al verme, tanto como que hayas logrado perdonarme. En ambos casos lo entendería, aunque ninguno me consuela. La misma carretera, la misma lluvia, el mismo árbol... Pero créeme, aunque hubiera sido una expiación perfecta, esta vez la culpa no fue mía.
Escrito por Macarena Fernández - Web

Gracias por su atención y feliz vuelo

Hollaba los aeropuertos con paso firme, sabiendo que el uniforme de la compañía aérea le quedaba como un guante; su maquillaje, perfecto. Nunca pensó que tendría que usar de verdad el chaleco salvavidas. No volvería a reírse del miedo a volar.

De hecho, probablemente no volvería a reírse de nada.
Escrito por Aurora Baeza

Planeta X (III)

—¿Cumplió su promesa? —bajó la mirada.
—Nunca volví a ver a mi padre.
—¿Tú cumplirías, verdad? —abrió los ojos.
—Nunca volverá a pasar, hijo, lo prometo.
—¿Por qué lloras, papá? —sonrió. Recordé a mi padre.

Bajo un gran marco, donde se ve una masa amorfa e incandescente, se lee Celtar.
Escrito por Giancarlo Ubillus - Twitter
Parte I | Parte II | Parte III

Maquiavélica pulpa

Amaneció con el pie derecho. Sin menospreciarla. Incluso la alabó con un "este zumo está de muerte". En segundos se le cerró la tráquea. Se le abrieron los ojos de pánico. Y la última imagen que vio fue la cara amoratada de su amada, con una sonrisa maquiavélica de satisfacción.
Escrito por Stbn

Memoria

Hemos llegado otra vez al lugar donde comenzamos y tengo miedo de no poder resistir hasta el final. No sé hasta cuándo pueda aguantar que me sigas olvidando. Te amo y no puedo evitar una lágrima cada que me preguntas quién soy. Yo también me voy perdiendo en tu alzhéimer.
Escrito por Andrés Galindo - Web

La decepción de la sirena

Se dio cuenta de que había sacrificado su voz para nada, aunque pudiera hablar nunca conquistaría el corazón del príncipe. Ahora en tierra firme, observó cómo contoneaba las caderas al andar, algo que no notó cuando salvó su vida. Volvería al mar, cualquier tritón habría tenido más éxito que ella.
Escrito por Perraka - Twitter

Con la luz apagada

Aunque es muy vergonzosa, en lo referente al sexo es ella la que siempre sugiere nuevos juegos. Tampoco pone impedimentos a practicar posturas más allá del 69. Lo que no permite, en ningún caso, es que su marido —ciego— le toque la cara con sus manos... Mucho menos, lo demás.
Escrito por Gabriel Pérez Martínez - Web

Abismo

Después de la cuarta aspirina disuelta en whisky sólo quedan los tambores, lo tengo comprobado. Y es aterradora la soledad, sí, pero prefiero ese redoble que me bambolea el cerebro como una pelota de trapo a las voces que susurran cosas. Cosas que no puedo... No querría... Al menos aún.
Escrito por Belén Sáenz

El Gran Gatsby

La madrugada arrugaba la carretera y adormecía los reflejos del conductor. El acompañante le preguntó si quería turnarse, dar una cabezada. Estaba dispuesto a relevar al volante a su jefe.

Repentinamente, el accidente. Entonces el conductor recordó la película de El Gran Gatsby: "Ahora tú dirás que eras quien conducía".
Escrito por Francisco Rubio Yepes - Web

Tiempo revuelto

Ayer, a primera hora, un furtivo rayo de sol asaltó un banco de nieblas. A media mañana, todavía relucía el botín de perlas de rocío desparramado sobre los prados. La cara del hombre del tiempo era todo un poema. Incapaz de encajar las líneas isobaras, dio paso a la publicidad.
Escrito por Javier Igarreta Egúzquiza - Web

El secreto de los campos de lavanda

Era ingenua y alegre, pero, a menudo, lloraba desconsolada sobre los campos florecidos, y un día desapareció.

Mamá callaba. Papá se ocultaba. Yo siempre la esperé y, abrazada a una niña violácea que olía a espliego, regresó.

—¿Es mi sobrina? —pregunté entusiasmado.
—Sí —respondió serena—, y también tu hermana —añadió.
Escrito por María José Escudero

Extinguirse

Una bocanada más o una menos. Al final no importaba. Claire miraba al cigarrillo consumirse lentamente frente a ella. Después de que se le fuera la vida tratando de complacer a otros, finalmente era libre para decidir en qué momento su vida se extinguía. Ya nada la volvería a atar.
Escrito por Patricia J. Dorantes - Facebook

Cálidamente frío

Y ahí estaba, con la ilusión de la última cita; un vestido nuevo, mejillas ruborizadas y el tic nervioso en el pie que sacudía incansablemente.

Por fin, el flamante caballero aparece frente a ella, ambos sonríen; pero el frío abrazo de sus prótesis hace enmudecerla y desaparecer sin dejar rastro.
Escrito por Selene Argueta - Twitter

Te daré tus sueños

Danzan sus manos melodías en blanco y negro. Desde su oscuridad, le basta rozarlas con gráciles dedos. Debe alzar lejos el vuelo para aprender e, ingrávida, poder acariciar el cielo.

Su abuela cumplió sus anhelos, le legó sus sueños. Elisa sonríe cuando, frente al espejo, la reconoce en sus ojos.

Escrito por Pilar Alejos Martínez - Web

La vida y la muerte

Un día cualquiera, nacieron dos niñas llamadas Vida y Muerte. Los padres se tuvieron que separar y la madre se quedó con Vida y el padre con Muerte, pero las niñas nunca se quisieron separar, por lo cual Vida le mandaba regalos a Muerte, y Muerte los guardaba para siempre.
Escrito por Eva de Nicolás

Las escaleras mecánicas

Sara es una persona tan mayor, que la vida le pide permiso cada vez que cumple años. Las escaleras que llevan al barrio alto donde vive, pronto serán mecánicas. Por la noche, cuando todos duermen, se imagina probando el pasamanos.

"¿Falda o pantalón?", piensa mientras resuelve, emocionada, la anticuada ropa.
Escrito por Smokey pisó la raya

Solo yo

En el cumpleaños de mi suegra me regaló un aire acondicionado; en el de mi suegro, una televisión; en el de mis padres, un frigorífico; en el de mi mujer un libro; y en el de mi, hija un dibujo.

Para mi cumpleaños lo he pensado y querré un poni.
Escrito por Rubén José Huertas Rojo - Web

La muerte rodante

La maniobra no revestía peligrosidad: adelantamiento en una interminable recta. De repente, aquel vehículo oscuro hizo amago de desplazarse lateralmente...

Otra tragedia en la "Carretera del Infierno". Las autoridades apuntan a un exceso de velocidad, rezaba la portada del periódico dominical. Lunes por la mañana. Un deportivo negro circula temprano.
Escrito por José Antonio Barrionuevo - Twitter

Por un beso de la flaca

"¡Un, dos, tres! Repite, ¡un, dos, tres!".
"Sigue, no pares, sigue así, que vas bien".

Ernesto, pasado de años y peso, con tal de tener contenta a su mulata, seguía sin parar todas las noches hasta altas horas de la madrugada, a ritmo de samba y sin perder el compás.
Escrito por Malu