Microcuento kafkiano para leer entre Ópera y Sol

Incapaz de soportar su aspecto, Gregor Samsa se arrojó a las vías del Metro cuando llegaba un tren. Tras el impacto, el traje de Josef K., que estaba en el andén, se manchó de quitina. Al verlo, pensó en ir a cambiarse, pues así no podía aparecer ante el tribunal.
Escrito por Enrique Angulo - Twitter

29 comentarios :

  1. Un insecto enorme destrozado por las ruedas de un tren debe dejar un rastro de sangre marrón y quitina externa nada desdeñable. Ya se sabe que a los juicios, más si se trata de un largo proceso, hay que ir decentes para causar buena impresión. Lo hemos visto mucho en el cine y en las series, en los que hasta los indigentes o maleantes que no saben lo que es una americana o un traje se lo ponen.
    Un autor atrapado por sus personajes, que son universales e intemporales como él mismo; por eso pueden aparecer, ellos y él, en un ramal del suburbano madrileño en nuestros días. Él y ellos forman parte de una misma genialidad, como cualquiera de tus relatos, confeccionados con imaginación, buen criterio y mucho fondo, con una dosis de conocimientos siempre destacable. Kafka merece todos los homenajes.
    Sigue compartiendo esa imaginación.
    Un abrazo fuerte, Enrique

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    1. Desde luego que Kafka merece todos los homenajes, pues es de esos autores inagotables, de esos que encierran un misterio que nunca llegamos a desentrañar, pues hablan de lo más profundo de nuestro ser, de los misterios que sólo unos pocos son capaces de vislumbrar.
      En mi pequeño homenaje, he escogido a los dos principales personajes de dos de sus grandes novelas –La metamorfosis –ahora el título lo traducen por La transformación- y El proceso, y los he traído a nuestros días, a nuestra cotidianeidad, a esa barahúnda que es la vida en una gran ciudad donde miles de destinos se cruzan cada día sin intercambiar, a veces, ni una mirada. A Gregor Samsa le he dado otro destino diferente al que le dio su autor, a Josef K, lo he dejado inmerso en ese delirante proceso que acabará con su muerte.
      Muchas gracias, Ángel por ese gran comentario que me has hecho, un abrazo fuerte de vuelta.

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  2. Enrique, como muy bien ha expresado Ángel, por medio de los personajes vemos reflejdo perfectamente a su autor, Kafka.
    Me gusta esa manera en que has unido ambos personajes, utilizando de forma genial la estación de metro, la cual podemos incluso relacionar con tu original y buen título.
    Muy buen relato, Enrique.
    Un abrazo.

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    1. Considero que el título es algo importante para cualquier obra de creación, aunque, claro está, al título debe seguirle algo con chicha.
      En este caso, he tratado de crear un ambiente para el propio relato, y supongo, pues no lo he experimentado, que no será lo mismo leer estas cincuenta palabras en una habitación, o en un lugar público, que en un vagón de Metro, escuchando el traqueteo del tren, los chirridos de las ruedas, las conversaciones de la gente...
      Luego, cuando uno toma prestado algo de un autor tan grande como Kafka, ya tiene mucho ganado, pues gran parte de lo que sea el relato se deberá a él, y quienes hayan leído al escritor praguense, inmediatamente, conectarán con su mundo.
      Muchas gracias, Javier, por tu comentario, un abrazo.

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  3. Tras mirar lo que es la quitina me queda más todavía más claro lo perfectamente hilado que está tu relato. Además, aun con su temática, para mí, "culta" -en el buen sentido- es muy fácil de leer y comprender. En broma: el pobre hombre para ir a Tribunal tendría que hacer transbordo. Bueno, de esto no estoy seguro. Me ha gustado. Enhorabuena, Enrique. Saludos y suerte.

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    1. Curiosamente, el Metro de Madrid tiene una estación que se llama Tribunal, así que, rizando el rizo, se podría pensar que es ahí donde se dirige Josef K., puesto que todo es posible en el mundo de la fantasía y de la creación. Kafka así lo demostró al convertir a un individuo en un escarabajo sin más explicaciones.
      Así que hay que dejarse llevar por la lógica del relato, que nada tiene que ver con la lógica de la vida, e imaginarse a un escarabajo gigante en un andén de una estación de Metro, la misma en la que está el personaje de El proceso que se dirige a algunas de esas extrañas sesiones en las que todo resulta irreal, y cómo el primero se suicida tirándose ante un tren y el segundo recibe un salpicón de la materia del cuerpo de ese insecto en su ropa.
      Muchas gracias por tu comentario, Jesús, saludos, igualmente, de vuelta, y, en cuanto a la suerte, esa ya la tiene uno al poder compartir historias y opiniones con gente afín en esta página.

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  4. Original este homenaje que haces al gran Kafka. Me encanta. Te felicito, Enrique.
    Un fuerte abrazo.

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    1. Enrique Angulo18/6/17 12:05

      Me alegra que te haya parecido original, sólo el atrevimiento y mi absoluta devoción por el autor de El castillo me han llevado a utilizar a dos de sus más importantes personajes para esta pequeña ficción, si el resultado ha sido aceptable me doy por satisfecho.
      Muchas gracias por tu comentario, María José, un fuerte abrazo de vuelta.

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  5. La admiración tuya por Kafka se transforma en mi admiración por ti y tus formas de dominar su universo literario y darle vida, precisamente en una estación de metro donde confluyen vías y vidas paralelas que se andan buscando entre sí como personajes diarios de una novela que alguien lleva bajo el brazo para leer entre estación y estación mientras espera su destino.
    Exquisita me parece la manera de entrelazar la original historia, pues la concepción de la misma bien pudiera haberla imaginado el propio autor de vivir en nuestra época. Increíble. Personajes con vida propia al margen de su autor.
    Una genialidad "angular", Enrique. Mi aplauso cerrado y un abrazo cordial.

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    1. Enrique Angulo18/6/17 12:28

      Por utilizar palabras de José Saramago, diré que Kafka forma parte de mi familia de espíritu. El escritor portugués, preguntado por un periodista sobre qué libros recomendaría, nombró a los siguientes escritores: entre sus paisanos, a Camoens, a António Vieira, a Raul Brandao, a Fernando Pessoa y a Eça de Queiroz. Y entre los extranjeros, a Cervantes, Montaigne, Voltaire, Kafka, Borges y Gogol.
      Así que cada verdadero lector creo que tiene a esa familia de espíritu, a esos escritores con quienes se siente a gusto porque hablan su lenguaje del espíritu, y no se trata ya de la calidad de las letras, que, por supuesto, todos los citados por Saramago, y muchísimos más, la tienen, sino de algo más misterioso que toca a la fibra profunda de lo que cada uno somos.
      En cuanto a los personajes de los libros, sabemos de muchos que acaban ‘comiéndose’ a sus creadores, y no digamos ya al resto de los mortales que acabamos siendo sombras devoradas por la noche del tiempo, por los ácidos del olvido.
      Así que muchas gracias, Manuel, por ese aplauso, me satisface mucho que te haya gustado, pues también en esta página uno busca complicidades y afinidades que no suele encontrar en la vida cotidiana.
      Un abrazo fuerte.

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  6. Era lo que le faltaba al pobre Josef K; como si no tuviera bastante con estar procesado por algo que desconoce. A ver si ahora le van a acusar también de convertir en insecto a Gregor Samsa y empujarlo a la vía del tren. Muy imaginativo y divertido este cruce de personajes kafkianos, Enrique. Un abrazo.

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    1. Cualquier cosa les puede pasar a los personajes de Kafka, como él mismo demostró en sus novelas y relatos, tan es así, que sus narraciones ha dado lugar a un adjetivo. Así que, como apuntas, a Josef K., muy bien podrían acusarlo de convertir en insecto a Gregor Samsa y empujarlo a las vías del tren, dada la delirante y angustiosa situación en la que está metido.
      Muchas gracias por tu comentario, Juana, un abrazo.

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  7. Sólo te ha faltado un ayunador quejándose de que la gente, entretenida con lo que ocurría en las vías, no le prestaba atención.
    Un excelente micro. Saludos, Enrique

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    1. En las cincuenta palabras de rigor no cabían más personajes ni situaciones kafkianas, pero en uno más largo, bien podrían aparecer varios de esos personajes extraños que en nada se parecen a los de ningún otro autor, siendo, quizá, el más amable y normal de todos ese Karl Rossmann de su novela América, pero el ayunador de Un artista del hambre que citas, el mono de Informe para una academia, el agrimensor K de El castillo, el Georg de La condena, el oficial de La colonia penitenciaria y tantos otros, componen un abanico de seres extraños y únicos a cuyo estudio casi podría dedicarle alguien la vida entera.
      Muchas gracias, por tu comentario, Plácido, un saludo de vuelta.

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  8. Has mezclado con audacia la esencia de K, sus personajes y su obra, haciendo un cóctel propio muy apetecible. Te doy un sobresaliente como lectora.
    Suerte y saludos.

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    1. Muchas gracias por ese sobresaliente, María Jesús, inmerecido, sin duda, pero si he salido airoso de este intento de recrear el universo de Kafka a través de dos de sus personajes más importantes, me doy por satisfecho, pues para mí es un autor imprescindible y al que vuelvo una y otra vez.
      Un saludo de vuelta, y la suerte son los comentarios que uno recibe en esta página.

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  9. Entre dos estaciones de Metro de nombre brillante transcurre la posible lectura y acción de este oscuro microrrelato. El título ya promete. Los dos personajes kafkianos, Gregor Samsa convertido en descomunal escarabajo y Josef K., coexisten con toda naturalidad en una realidad cotidiana. Lo fantástico, lo absurdo, en el Metro de Madrid: el suicidio del primero y la preocupación del segundo por aparecer presentable ante el tribunal que lo ha de juzgar y condenar. Dar vida a estos dos personajes, unirlos en una misma escena y crear una atmósfera kafkiana no es poco mérito, Enrique. Tu inclinación por este autor ya nos dejó un relato memorable ambientado en el cementerio judío de Praga. Tu lectura del autor checo es profunda, personal y reflexiva, como lo son las de aquellos escritores que eliges para elaborar tus micros. Sigue, pues, deleitándonos con tu visión de los clásicos.
    Un placer leerte, como siempre. Un abrazo enorme.

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    1. Has analizado muy bien la esencia de este microcuento, Carmen, de todo lo que he querido meter en él como homenaje a ese escritor imprescindible del siglo XX, pues a sus excepcionales relatos y novelas –casi todas inacabadas-, se unen sus escritos personales –cartas y diarios- en las que se desnuda como nadie o casi nadie lo ha hecho –ahora sólo me viene a la memoria Kierkegaard-, a quien Kafka le tenía un gran aprecio.
      Lo curioso, y lo que da también para multitud de escritos y especulaciones es que Kafka pidió a su amigo y albacea Max Brod que destruyera todos esos escritos, lo cual, no hizo, por lo que miles de lectores de todo el mundo le estaremos agradecidos eternamente, si es que esa palabra no quedara fuera de nuestra fugacidad en los abismos del espacio y el tiempo.
      A pesar de ello, el propio Kafka destruyó muchos de esos escritos y algunos otros se perdieron, lo que, cualquier fan de Kafka –y yo lo soy casi hasta el delirio-, siente como un desgarro incurable.
      Así que muchas gracias por recordar aquel terrible microcuento del cementerio de Praga, y por el inteligente y generoso análisis que has hecho de este.
      Un abrazo, igualmente enorme, para ti.

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  10. Unir a esos dos personajes en el metro me parece una genialidad.
    Me ha encantado tu 50.

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    1. Más que una genialidad, lo cual está reservado para cuatro, ha sido un atrevimiento lo de apropiarme de esos dos personajes de Franz Kafka, espero que perdone mi osadía sólo por el gran amor que le tengo. Sea como fuere, si he conseguido transmitir una minúscula parte de su esencia, si te ha gustado, me siento dichoso por ello.
      Muchas gracias por tu comentario y un abrazo.

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  11. Enrique, has utilizado el metro como nexo de unión, para hacer que se crucen las vidas de dos personajes de Kafka. Me parece una genialidad ese cruce de destinos.
    Muy original. Demuestra un gran conocimiento y admiración por Kafka.
    Enhorabuena, Enrique, has conseguido sorprendernos de nuevo.
    Besos apretados.

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    1. Creo que el Metro puede ser un lugar muy literario, ese cruce de vidas, ese hormigueo de gente, esas ensoñaciones que duran segundos, todo ello da mucho de sí a la hora de fantasear.
      En el caso de este microcuento he llevado hasta una estación de Metro a esos dos personajes de Kafka, a uno le he liberado de la cárcel del hogar paterno y le he dado la opción de decidir qué hacer con su terrible destino; al otro, lo he dejado inmerso en ese extraño proceso en el que está metido.
      Luego, el destino, decide que sus dos vidas tenga un punto de unión, Gregor Samsa se suicida, Josef K. sufre en parte las consecuencias en esa cotidianeidad de su peripecia que acabará de forma trágica: con su corazón atravesado por un cuchillo.
      Así que me alegro de que te haya sorprendido esta pequeña historia, muchas gracias, Pilar por tu generoso comentario, vayan para ti también unos besos apretados.

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  12. Parece que tras la metamorfosis de Gregor Samsa hay una conexión con nuestra realidad más cotidiana en una estación de tren. ¡Ahora a ver qué hace Josef con su traje!
    Felicidades, Enrique. Una mezcla genial entre la ficción y la realidad.

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    1. Hay algo vertiginoso en esa realidad cotidiana y es que, como mucho, sólo podemos fijar nuestra atención en un solo hecho, pues, al segundo siguiente, o en menos tiempo aún, todo ha cambiado: los gestos ya son diferentes, el tren ya está en otro sitio, las palabras son otras, algunas personas ocupan otro lugar...
      Por otro lado, esa realidad cotidiana está fecundada por nuestras ensoñaciones y nuestras fantasías y, aunque no ha sido el caso, bien podría habérseme ocurrido el microcuento en una estación de Metro, y podría haber imaginado la escena allí mismo.
      En cuanto a Josef K., imagino que volverá a su casa para cambiarse de traje y se presentará ante el tribunal y se someterá a sus preguntas y exigencias, peripecia que sabemos que acabará en tragedia.
      Muchas gracias, Enrique, por tu comentario, un abrazo.

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  13. Lo mundano con lo literario, lo cotidiano con lo kafkiano. No es un relato nada fácil, Enrique, pero se respira el espíritu del autor que has homenajeado en ese entorno subterráneo, en esa quitina que enlaza ambas obras. Una exquisita rareza, compañero.
    Un fuerte abrazo.

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  14. Lo curioso de lo kafkiano es que Kafka sacó su complejo y originalísimo mundo de esa vida anodina que podía vivir cualquiera: de la relación con su familia, sobre todo con su padre, de su experiencia laboral en una compañía de seguros, del antisemitismo del imperio austro-húngaro en general y de la sociedad checa en particular, de las diferencias entre los judíos orientales y los occidentales...
    De todo eso que derivó en una horrible Primera Guerra Mundial, preludio de otra todavía más horrible que llegaría veintiún años después y que él no llegó a conocer, pero sobre la que dio muchas pistas que, a posteriori, se han ido estudiando e interpretando.
    Así que sumergirse en su literatura, en su universo, siempre produce unas sensaciones extrañas, unas inquietudes y unas perplejidades que con ningún otro autor sentimos.
    Muchas gracias, Antonio, por tu comentario, y un fuerte abrazo, igualmente, de vuelta.

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  15. No tengo nada que añadir a los comentarios que ya te han hecho, llego muy tarde. Me parece una genialidad esa forma de hacer coincidir a los dos personajes kafkianos en el metro. Esto sí que es rizar el rizo.
    Me ha encantado.
    Un abrazo, Enrique.

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  16. Asun, nunca llegan tarde los comentarios de cualquier compañero, pues todos aportan algo y todos son bienvenidos.
    No sé si he rezado el rizo, o he rozado el rezo al hacer coincidir en una estación de Metro a Gregor Samsa y a Josef K., lo que sí es cierto es que la imaginación puede permitírselo todo, como empezar una de las mejores novelas del siglo XX con la frase: “Una mañana, tras un sueño intranquilo, Gregor Samsa se despertó convertido en un monstruoso insecto”.
    Así que me encanta que esta pequeña extravagancia mía te haya encantado a una gran campeona como tú. Un abrazo de vuelta.

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  17. Dos personajes atribulados por distintos motivos y que entrecruzan sus destinos, quizá por pertenecer al mismo universo, el de su autor. Asistimos en tu relato al final de la vida de Samsa y a las consecuencias indirectas que esta causa en K., que bastante crudo lo tenía ya el hombre, y todo ello sin perder el gris y opresivo ambiente de la obra de Kafka.
    Gran propuesta, Tocayo.
    Un abrazo.

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