Lavado de conciencia

La visita cada domingo desde que ella decidió abandonarlo.

Cuando se marcha, la lápida siempre queda impoluta, pero él continúa sintiéndose culpable.

Porque la lejía no blanquea la marca de la soga alrededor del cuello de ella, ni el cepillo de raíces eliminará jamás la inmundicia de sus abusos encubiertos.
Escrito por Asun Paredes

34 comentarios :

  1. La tinta indeleble de la culpa recubre las acciones de este personaje que en esa neurótica fijación por la asepsia, en ese ritual hipócrita de exhibición del dolor, trata de expiar el resultado de sus inmundas miserias.
    Un relato muy duro, Asun, escrito con la brillantez que caracteriza tus narraciones. Un abrazo.

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    1. Me alegro que hayas captado mi intención de mostrar la inutilidad de ese gesto social de limpiar una lápida, para lavar las consecuencias de un maltrato que ya no tiene vuelta atrás.
      Muchas gracias por tu valoración, Manuel.

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  2. Asun, contundente relato, golpea y llega al fondo. Él por mucho que lo intente será difícil que limpie su conciencia, yo casi le aconsejaría que cogiese una soga y se colgase del árbol más alto que encontrase. Ella por desgracia, por culpa de ese animal, se vio abocada a un camino sin retorno, fue la única manera de escapar de ese infierno.
    Asun, me ha gustado mucho, muy bien contado, el párrafo final es muy bueno.
    Besos.

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    1. Muchas gracias, Javier. Sí que es un relato muy duro. Por desgracia, las víctimas directas del maltrato, las que acaban saliendo en los periódicos, son solo la punta del iceberg.
      Un beso.

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  3. Genial tu relato, Asun. Esa conciencia nunca se lavará. Lo más que podrá hacer es desaparecer. Porque hay gente, como tú protagonista, que carecen de sentimientos y acaban despojando de su cabeza la sombra de la culpa.
    Brillante.
    Un beso.
    Pablo.

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    1. Hay personas que nunca se sienten culpables de los estragos que
      causan en la vida de los demás. Este de momento, tiene remordimientos. Ya veremos cuánto le duran.
      Un besazo y muchas gracias, Pablo.

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  4. No hay lejía que limpie y desinfecte una mancha como esa. Ella terminó de forma trágica, pero al menos descansó y se libró de él. A los ojos de los demás este sujeto figurará como un buen hombre, atento y solícito, pero el castigo lo lleva él por dentro y, como la mancha, tampoco podrá nunca limpiarlo.
    Un relato contundente con personajes muy bien trazados.
    Un abrazo fuerte, Asun

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    1. Me encanta tu comentario, Ángel, siempre tan profundo. Hay muchas personas como mi protagonista caminando por el mundo, admirados por su actitud con sus seres cercanos, aparentemente intachable. Pero como dices, el sentimiento de culpa va por dentro.
      Un beso, amigo.

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  5. Muy duro y muy bien escrito, Asun. Dan ganas de entrar en el micro y hacer justicia. Un besito.

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    1. Sería buena idea, pero ya poco se puede arreglar, Maria José.
      Un beso y gracias por la intención.

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  6. Durísimo...
    Parece que como mínimo, tiene conciencia y se siente culpable. Pero vamos, de poco le sirvió a ella. De poco le sirve que limpie, lo que ya nunca conseguirá borrar.
    Muy bueno, Asun.

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    1. El sentimiento de culpabilidad no es eximente, cuando el daño está hecho.
      Muchas gracias por tu comentario, Galilea.

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  7. Narras de forma directa y dura la hipocresía del marido maltatador que visita la tumba de su esposa cada domingo. Solo él conoce el motivo del suicidio y, por mucho que limpie la lápida, nunca podrá limpiar su conciencia. "Sepulcros blanqueados", llamaban en el Nuevo Testamento a los hipócritas. Muy apropiado para tu relato.
    Un micro contundente y muy bien contado, Asun. Un beso.

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    1. Me alegro mucho de que te haya gustado, Carmen. Has encontrado un perfecto paralelismo con ese apelativo bíblico, no lo había pensado pero desde luego que es apropiado para este micro.
      Un beso y gracias.

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  8. Debió pensarlo antes, porque ese intento de lavado de conciencia no le servirá de nada y la culpa lo acompañará de por vida.
    Duro relato, Asún, e impecablemente narrado.
    Un abrazo.

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    1. La mala conciencia no se limpia por mucho que se quiera, cuando el mal que se hizo ya es indeleble.
      Gracias, Georges. Un abrazo.

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  9. Magnífico relato y perfectamente narrado.
    (Cuando lo he leído me ha salido un "Uauuu!!!", pero claro, si te pongo sólo eso en el comentario, alguien va a creer que pertenezco a la raza canina. Muy honrosa, por otra parte)
    Muy bien, Asun, "Mancantao"
    Un beso.

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    1. Muchas gracias, Isidro. Me encanta esa reacción espontánea y perruna (con todo el cariño te lo digo).
      Un beso.

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  10. Está claro que hay hechos que no tienen perdón, ni permiten el olvido, por más que se traten de "limpiar con lejía".
    Muy bueno, Asun. Besos.

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    1. Gracias, Maria José. Por supuesto, hay daños que no se borran ni con estropajos de aluminio.
      Un beso.

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  11. Ojalá los remordimientos de conciencia fueran el cancerígeno castigo para quien queda impune de la justicia de los hombres. Limpiar la cubierta cuando la bodega esconde inmundicia y putrefacción, ni expía ni redime, sólo aumenta la infamia.
    Un gran retrato de las consecuencias de convertir la convivencia en dominación.
    Muy bueno, Asun. Enhorabuena.
    Un abrazo.

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    1. Me alegro mucho de que te haya gustado, Antonio. Gracias por tu comentario y por tu análisis.
      Un abrazo.

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  12. Que pena que ella no tuviera a nadie que le ayudara a escapar de ese maltrato. Más amistades fuera de la pareja son necesarias, para abirle los ojos si hace falta y que pueda escapar de esa vida. Fulminado sobre la lápida tendría que caer, o agonizante, que ella sufrió mucho.
    (Perdón, me ha salido un comentario así de duro, como el relato, como la vida misma, desgraciadamente, en algunos casos.)
    Muy bien contado.
    Un beso, Asun.

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    1. Tienes toda la razón, Carme. En estos casos el maltratador se vale del aislamiento de la otra persona para anular su capacidad de reacción, ya que ni siquiera se plantea buscar el apoyo que necesita.
      Un beso.

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  13. Asun, un micro brutal, tanto por su contenido como por cómo lo has escrito. El abusador sufre la peor condena, su conciencia.
    Enhorabuena por tu excelente micro.
    Besos apretados.

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    1. Por desgracia, la mayoría ni siquiera tienen conciencia de haber sido los causantes de ese sufrimiento. Gracias por comentar, Pilar.
      Besos de vuelta para tí.

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  14. Por algún lado tenía el comentario que inicié ayer a medio terminar, pero debí hacer algo mal y no lo guardé. Y es que como el papel no hay nada. Sea como fuere, mantengo una relación de amor-odio –más odio que amor- con estas tecnologías modernas, aunque, pensándolo bien, mi odio va más bien dirigido hacia quienes las manipulan, según sus intereses, para complicarnos la vida.
    El personaje de tu historia, desde luego, es deleznable, un canalla de los muchos que pululan por el ancho mundo, y su arrepentimiento tardío no lo redime de nada, de hecho, él mismo sigue considerándose culpable.
    Siendo eso así, en este mundo hay aún individuos mucho más monstruosos, que han causado males mucho mayores y no han sentido el menor de los arrepentimientos; y de nada me sirve que se los califique de psicópatas, que no sé hasta dónde eso explica algo, pues lo cierto es que muchos de esos monstruos tienen unas inteligencias endiabladas para casi todo lo demás, y son capaces de arrastrar a grandes masas y tenerlas como hipnotizadas a pesar de los muchos crímenes que van cometiendo; y estoy apuntando a los personajes más perversos de los últimos cien años, de cuyo nombre no quiero acordarme, además de a todos los sicarios y verdugos -que hasta disfrutaron dando salida a sus instintos más criminales-, que fueron los ejecutores de los terroríficos planes de esos tiranos sanguinarios.
    Así que peliagudo tema este del daño que nos hacemos unos a los otros en este mundo, lo difíciles que son las relaciones humanas empezando ya por las personas ‘normales’, pasando por infames como el personaje de tu microcuento, y acabando por esos demonios que van provocando agujeros negros en la historia de la humanidad.
    Un abrazo, Asun.

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    1. Sin palabras me he quedado con este exhaustivo y extraordinario comentario tuyo, Enrique.
      El mundo está lleno de personajes como el de mi micro, como bien dices. La mayoría ni siquiera tienen la sensación de que hayan causado ese mal a los que le rodean, y por supuesto no se arrepentirían nunca. Este tipo de individuos justifican sus malos actos, disfrazándose de salvadores del mundo y arrastrando a miles de personas a cometer crímenes infames contra la humanidad.
      Un abrazo y gracias, Enrique.

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  15. Es cierto: en ocasiones, la conciencia no hay forma de limpiarla ni es posible la redención.
    Saludos, Asun

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    1. Ojalá esa conciencia de culpabilidad sirviera al menos de ejemplo para otros.
      Un abrazo.

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  16. Efectivamente, Asun, no hay lejía que limpie las manchas en el alma o en la piel.
    Impactante, duro y certero, querida. La pena es que hay muchos casos idénticos a este por el mundo. Sirva tu micro como crítica y denuncia para que no suceda nunca más.
    Un beso enorme.
    Malu.

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    1. Mientras el mundo siga habitado por seres crueles que no tienen reparos en dañar a los demás para su propio beneficio,seguirán existiendo casos como este.
      Un besazo, Malu.

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  17. El sentimiento de culpa prevalece siempre, no hay forma de borrarlo ni callarlo, aunque se quiera escapar de él.
    Me ha gustado.
    Besito virtual, Asun.

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  18. Se ve que es bastante habitual el remordimiento por parte del agresor en este tipo de delitos. Poco ayuda o consuela eso a sus víctimas. Al contrario diría yo, pues su reacción sumisa después de los golpes contribuye a incrementar el tan difícil de eludir síndrome de Estocolmo. Tu personaje masculino además se arrepiente tarde de sus barbaridades, como también ella parece no haberse decidido a tiempo a abandonarlo. Gran retrato sicológico del personaje.
    Un abrazo.

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