Nuevos alimentos

Mis padres me enseñaron a no ser caprichoso y a conformarme con comer solo aquello que estaba a nuestro alcance. Siempre les he obedecido, pero desde que me dejaron solo cada vez estoy más débil y ellas, más fuertes y hambrientas. A las ratas no les afecta nada la radiación.
Escrito por Ángel Saiz Mora

20 comentarios :

  1. Interpreto el terrorífico momento que nos muestras en tu texto como una suerte de escenario postapocalíptico, si es que se dice así. ¿Qué habrá ocurrido para llegar a esta situación? A las ratas no parece afectarles la radiación, pero ¿les afectará comerse a un posible infectado? ¿Esa debilidad del protagonista tornará en necesidad? ¿Es un hombre el narrador? ¿Un animal? ¿Una máquina? Creo que, a pesar de que parece clara la escena, quedan muchos interrogantes abiertos. Cosa muy buena, me da por pensar. Me ha gustado, Ángel. Un saludo y suerte.

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  2. Presentas, amigo Ángel, un panorama desolador. Siempre me ha impresionado oír hablar sobre la radiación. Estamos expuestos a todo tipo de peligros, en un mundo cada vez más carente de sentido. Te felicito, como siempre, por tus buenas letras.
    Un abrazo fuerte.

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  3. Enrique Caño9/8/17 17:38

    Me ha gustado mucho el micro, Ángel. Muy terrorífico y dramático.

    Al igual que Jesús, creo que la historia pretende dejar varios interrogantes en el aire.

    No sé si acierto, pero yo, interpreto que los padres han fallecido por una radiacción y las ratas están haciendo de los cadáveres sus delicias -de ahí los "nuevos alimentos"-. Mientras tanto, el pobre muchacho está pasando penurias sin poder llevarse nada a la boca.

    Según vas leyendo la historia, el micro tiene el poder de ir transformando sigilosamente la realidad.

    Felicidades por estos increíbles micros con los que disfruto mucho.

    Un abrazo.

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  4. Maravilloso relato post-apocalíptico.
    Esa sombra de una guerra nuclear se ha cernido sobre nosotros y lo seguirá haciendo hasta que la humanidad aprenda su lección al respecto (o muramos en el intento).
    El personaje de tu relato refleja el tierno candor de un niño, así lo siento, y en su inocencia honra a sus padres siguiendo sus consejos; sin darse cuenta de que en tiempos de supervivencia post-apocalíptica puede que todas las reglas se redefinan y la gama de grises entre los que es bueno y es malo sea aún más amplia.

    Benditas alimañas las ratas y sus posibilidades de sobrevivir a la radiación, cosa que se escucha mucho de las cucarachas también, han estado aquí millones de años antes que nosotros y tendrán todas las posibilidades de seguir aquí cuando nos hayamos ido (quizás por un evento como el que pinta tu cuento).

    Excelente relato mi estimado Angel.

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  5. Amgel, esa imagen de las ratas frente al niño me pone los pelos como escarpias, es que esos bichos no los soporto. Tu relato transcurre con la narración tierna del niño, que nos causa pena por la situación que vive. Pero cuando con tu última frase nos explicas y nos haces ver la situación, nos sacude y nos pones los ojos como platos, por lo menos a mí. Tu incursión en estos ambientes postnucleares ha sido fantástica.
    Muy buen relato, Ángel, me ha gustado mucho. Enhorabuena.
    Un abrazo enorme.

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  6. Ángel, menuda historia la que nos relatas. Ese niño superviviente de una catástrofe nuclear, intentando cumplir a rajatabla las normas que sus padres le han enseñado, mientras las ratas lo acosan esperando para hincar el diente en su pequeño cuerpo. A veces, deberíamos enseñar a los niños, que en caso de necesidad puede uno saltarse las reglas. Hemos de darles herramientas para sobrevivir en cualquier circunstancia, sobre todo si es adversa.
    El relato me pone el vello de punta. Las ratas son asquerosas...
    Besos apretados.

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  7. Ángel, tu relato está envuelto en una atmósfera de terror en la que son fundamentales el miedo a los experimentos o excesos científicos, la soledad del protagonista en un mundo postapocalíptico, el menor que lucha por la supervivencia y la tenacidad con la que las ratas se aferran a la vida, muy superior a la de la especie humana.
    Ahí es nada. Has destapado la caja de los truenos y, conforme vamos leyendo, la lástima por el niño, el temor a la radiación y el asco por las ratas nos invaden.
    Un relato magnífico. Enhorabuena, amigo. Un fuerte abrazo.

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  8. De entrada, al leer lo de la radiación, siente uno un escalofrío al acordarse de la escalada verbal entre esos dos matones de taberna cargados con armas nucleares, Donald Trump y Kim Jong-un. Pero así de absurdo es este mundo, de pronto, y como si alguien moviese los hilos tras el escenario, un megalómano, un fanático, o un malvado de cualquier pelaje se hace con un poder inmenso y causa millones de víctimas.
    Lo sabemos, sabemos el peligro en el que estamos y eso lo han explotado muy bien el cine y la literatura que nos tienen ya acostumbrados a estos escenarios post-apocalípticos y, en algunas de esas obras, parece que va a ser inevitable que algo de una terrible magnitud en el campo del horror acabe sucediendo, como tú mismo reflejas en estas cincuenta palabras, con ese personaje que ha sobrevivido y recuerda las enseñanzas de sus padres, y esas enseñanzas ya no son válidas para ese nuevo mundo inclemente en el que parece que los humanos ya no van a ser quienes lleven las de ganar, sino esos animales a los que hemos despreciado pero que están mejor preparados que nosotros para sobrevivir en condiciones extremas.
    Nosotros disponíamos de la inteligencia, pero la despilfarramos como un hijo pródigo cualquiera, la utilizamos contra nosotros mismos y contra los demás y el resultado ha sido la catástrofe absoluta, así lo transmite tu personaje desde su orfandad y su inocencia, y si forzamos un poco la imaginación, podemos ver su horrorosa muerte a causa de la ratas y la radiación; quizá no lo sepa, pero está condenado, como quizá estén condenados todos los supervivientes del planeta. La vida seguirá, pero sin nosotros que tuvimos la desfachatez de autocoronarnos reyes de la creación.
    Tremenda catarsis la de tu microcuento, Ángel, pero mirar para otro lado no suele servir para nada, por el contrario, hay que ponerse en la balanza correcta e intentar que el curso de la historia se incline hacia ese lado.
    Un fuerte abrazo.

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  9. Si hay algo en tu relato es originalidad, fantasía y buena pluma, no podía ser de otra manera Amigo Ángel. Un abrazo de los dos.

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  10. Sobrecogedor. Das pábulo a las más siniestras imaginaciones que pudiéramos suponer. No es lo que ocurre y lo que nos cuentas, sino lo que suponemos sucederá después influidos por la atmósfera que consigues recrear. Guarda tu micro la genialidad de aquella escena de Reservoir dogs, cuando asistimos a la tortura del policía al que cortan la oreja y que no llegamos a ver nunca directamente. De impacto.
    Si no fuera porque nos tienes mal acostumbrados a deslumbrarnos una y otra vez con micros sobresalientes, nos levantaríamos de la silla del sobresalto. Para ser breve, que estamos en agosto, magistral. De principio a final.
    Ángel, ¿cómo lo haces para que sea tan verdad? Un abrazo de verano.

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  11. Ángel, como siempre, un texto brillante. Creas una atmósfera especial, muy tuya, que nos lleva a historias, en apariencia sencillas (por constar solo de cincuenta palabras), pero que encierran enorme complejidad. En este caso, los efectos de las radiaciones sobre una familia de la cual queda el hijo como único superviviente. El trasfondo de un desastre nuclear... las ratas, esos bichos repugnantes que transmiten de todo, y que, para colmo, parecen ser ultrarresistentes. Los padres de la criatura ya en otra dimensión, probablemente fallecidos y devorados a posteriori. Un escenario dantesco, espeluznante.
    Me ha gustado mucho. Es una pequeña crónica de un suceso horrible, relatado con las palabras justas para hacerte una idea de la situación.

    Por cierto, se te echa de menos. Imprimes la marca a Cincuenta; sin tí estamos huérfanos, ja, ja.

    Besitos.

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  12. En este terrorífico escenario post-Trump que nos presentas, yo espero que el niño termine aplicando las enseñanzas de sus padres y se las ingenie para comerse las ratas. Por más repugnantes que estas sean, parecen ser el único alimento disponible y no contaminado.
    Enhorabuena por otro relato genial.
    Un cordial saludo, Ángel.

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  13. Jesús, María José, Enrique C., Alejandro, Javier, Pilar, Carmen, Enrique A., José María, Manuel, María José y Georges: no sabéis cuánto agradezco vuestras palabras, casi en la misma medida en la que siento, de todo corazón, no poder responder a cada uno de vuestros amables comentarios, como tampoco he podido leer ni comentar en condiciones este mes los relatos como a mí me gusta y merecen. El tiempo siempre juega en nuestra contra, pero hay ocasiones en las que no queda mas remedio que cerrar de forma momentánea la puerta de lo que más nos gusta para dedicarnos a otros quehaceres ineludibles y absorbentes. Con unas cosas y con otras espero que antes de mediados de septiembre haya podido volver a la normalidad.
    Un abrazo muy grande a todos, ruego me disculpéis. Mil gracias y un feliz verano

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  14. Me ha parecido un micro muy fuerte, donde se conjuga el hambre, la miseria y la necesidad de comer ¿ratas?.
    Eso es lo que he entendido.
    Suerte y un abrazo, Ángel

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  15. Me gusta mucho el poder varios destinos a tu micro... por hoy solo comeré ensalada.

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  16. Un relato posapocalíptico, por lo que veo. Si no puedes con las ratas, cómetelas.
    Saludos, Ángel

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  17. La fecha en la que se ha publicado el relato (qué casualidad) y la palabra "radiación" nos llevan directamente al bombardeo atómico sobre la ciudad de Nagasaki, tres días después del de Hiroshima, llevados a cabo por los Estados Unidos. Imagino la escena dantesca de ese niño herido, sufriendo en soledad al haber fallecido sus padres, rodeado de ratas, seres que al parecer soportan la radiación mucho mejor que los humanos. Creo que el "nuevo alimento" va a ser el niño para los roedores y no al contrario. Un relato muy gráfico y contundente, como recuerdo y denuncia de unos hechos que no tendrían que haber sucedido nunca. Felicidades y abrazo, Enrique.

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  18. Por los caminos de la sutileza nos llevas hasta un panorama absolutamente desolador y terrorífico. Enhebrando con mucho oficio los tiempos de la narración y mostrando la información en pequeñas dosis, el tapiz final que consigues es deslumbrante.
    A tus pies, maestro.
    Un fuerte abrazo y espero que estés disfrutando de tu merecido descanso.

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  19. Ay, qué congoja produce tu micro, Ángel. Dan ganas de meterse dentro de la historia y liarse a mamporros contra esas ratas mutantes. Tal vez solo haya que tener paciencia y esperar a que nuestro peque desarrolle su poder de superhéroe, estilo La Masa. ¡Resiste, por favor!

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