El vínculo de los instantes perdidos

Cada noche, el aliento de las almas viajaba sobre las hojas que el viejo roble del cementerio entregaba al viento, sembrando de reencuentros la oscuridad aferrada hasta reverdecer los páramos del desconsuelo.

Mientras, su desabrigada corteza recogía los plácidos adioses de los fallecidos hasta el amanecer, cuando volvía a brotar.
Escrito por Antonio Bolant - Twitter

24 comentarios :

  1. Desde el título hasta el punto final verdadera prosa poética de la más alta escuela. Don Antonio, se supera cada mes y parece que no tiene usted techo.
    Un abrazo.
    Un admirador.

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  2. Antonio un gran relato, lleno de poesía en cada letra, en cada palabra. Este vinculo de los instantes perdidos nos transporta como ese viento que mece al viejo roble. Me encanta ese "reverdecer los páramos del desconsuelo".
    Un texto espléndido y bello. Enhorabuena.
    Felicidades por tu final de noviembre, mucha suerte.
    Un abrazo enorme.

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  3. Me parece una maravilla tu texto e, incluso, lo he disfrutado aun más al leerlo varias veces en voz alta. Además, me trae evocaciones de aquella suave y meláncolica melodía que otro viejo árbol del que nos hablaste hace unos meses parecía escuhar. Enhorabuena, Antonio. Suerte y un abrazo.

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  4. Querido Poeta: una muestra más de tu excelsa literatura. Recuerdo que, en nuestra Charla, leímos un microrrelato de temática similar a este. Los dos son Grandes, como todo lo que haces. Mil aplausos virtuales. Besos.

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  5. Gran relato, Antonio! Primorosa prosa poética que antepone la narración descriptiva a la sucesión de sucesos... Impecable y rico vocabulario. Hermosa historia de renacimiento en un lugar destinado al descanso eterno.
    Enhorabuena!

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  6. Carmelo Carrascal1/12/17 17:02

    Viajaba, entregaba, aferrada, reverdecer, desabrigada...

    Instantes perdidos y mágicos verbos hallados por ti, Antonio, como hojas del roble que cantas. Bonito regalo, para despedir 2017, el que nos haces. Muchas gracias, Antonio.

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  7. Injertas poesía en el viejo roble y la savia de tus letras se expanden llenas de sensibilidad. Precioso, Antonio. Un abrazo.

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  8. Ese viejo roble me recuerda al olmo de tu tocayo Machado, y no es de extrañar, pues has escrito un microcuento que es pura prosa poética y que, además, habla de la trascendencia, del mundo del más allá en el que queremos suponer que algo de nuestras existencias continua, y ya de una forma purificada, sin todos los inconvenientes y miserias de esta vida en la que, como el caracol, hemos de llevar a cuestas la casa de tantas limitaciones y obcecaciones que nos conforman.
    Todos esos instantes perdidos -una antología de los mejores instantes de nuestras vidas, me atrevería a desear-, perduran en ese otro mundo invisible para nosotros; allí tienen encuentros entre ellos, y podemos entender que se purifican unos a otros, que se consuelan unos a otros, y que quizá forman una comunidad de espíritus donde todo es mucho mejor que la vida que dejaron atrás.
    Y ese viejo roble, haciendo de antena para transmitir todas esas ondas en un bucle eterno, lejos de todos los pesares, de todas las crueldades. Nada muere en realidad, la energía ni se crea ni se destruye, sólo se transforma, como dice la ley de la conservación de la materia.
    Ojalá exista ese lugar de reposo y paz, cerca de un roble o de cualquier otro árbol, para descansar eternamente tras la azarosa jornada de esta vida, para recrearnos en esos instantes perdidos y ya para siempre recuperados.
    Un abrazo, Antonio, como Pablo, me declaro admirador tuyo.

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  10. Imaginamos las almas como algo etéreo, vivas a su manera, pero sin contornos definidos, intangibles, intocables y, por ello, limitadas. Las hojas del viejo roble sirven de ropaje para que, apoyadas en ellas, los espíritus vuelvan a materializarse. Gracias a este árbol, fuerte y noble, un páramo lleno de oscuridad y desconsuelo vuelve a ser un lugar donde es posible la vida y las interrelaciones. Hay que tener sensibilidad para imaginarlo y maestría para contarlo, dos cualidades que forman parte de ti y hacen de tus letras un regalo.
    Un abrazo fuerte, Antonio

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  11. Antonio, un relato escrito de manera exquisita. Una prosa poética que nos llega al alma. Un primer párrafo en el que nos hablas de un roble, testigo mudo y nexo de unión entre los que se han ido, que propicia a través de sus hojas el reencuentro con sus seres queridos y nos devuelves la esperanza. Luego, un segundo párrafo en el que el roble acoge el dolor de los que se van y nos devuelves la paz.
    Un verdadero bálsamo para los que hemos sufrido una gran pérdida. Gracias por regalarnos tus palabras. Nadie mejor que tú, habría expresado lo que siento.
    Un relato sublime. Enhorabuena.
    Besos apretados, amigo.

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  12. Rezumas poesía. Enhorabuena por tu victoria el mes anterior. Es pura musicalidad leerte.
    Un abrazo Antonio.

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  13. Antonio, sigues, tras el éxito del mes anterior, ofreciéndonos un relato de exquisita prosa poética. En otra ocasión fue un sauce el árbol escogido para una elegía. Ahora un fuerte roble acoge el encuentro de las almas en la noche para consolarse unas a otras y recordar los instantes vividos. Ojalá encuentren ese bálsamo acogidos por el roble. Lo que más les deseamos a quienes nos faltan es que hayan encontrado la paz. Esa esperanza nos hace más leve su ausencia.
    Un relato soberbio. Un fuerte abrazo, amigo.

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  14. ¿Y aún quedará alguien que crea que la magia no existe? Como ha sugerido Jesús, lo he leído varias veces en voz alta, de fondo el piano de Peter Sandberg (Synesthesia), y he volado yo también.
    Es un orgullo aprender contigo. Muchas gracias, Antonio.

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  15. Es un placer leer y releer esas frases tuyas, largas, de lenguaje exquisito que conforman otro de tus relatos de inimitable belleza.
    Enhorabuena Antonio. Este micro pinta muy bien para repetir el resultado de Noviembre.
    Un abrazo.

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  16. Ya lo decía alguien: ¡Qué solos están los muertos! Los de tu relato, Antonio, al menos tienen la compañía de un roble –aunque rebrote todos los días– viejo.
    Un buen micro. Saludos

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  17. Otro bellísimo e intenso relato donde la poética de la factoría Bolant nos deja la sublime vibración de su verbo tras los umbrales del más allá.
    Es fascinante comprobar cómo relato a relato tus palabras urden un mundo propio y especialmente intenso,en los cincuenta que se mueven en este magma poético, inspirado e inspirsdor.
    Cuando tu palabra, Antonio, se envuelve en su halo de poesía, una nueva luz ilumina los altares de Cincuenta.
    Enhorabuena nuevamente. Un fuerte abrazo.

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  18. Intenso y poético. Poco puedo decir los compañeros ya lo han dicho todo.

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  19. Siempre me han gustado los robles, pero desde ahora, con la excelsa misión que has encomendado al protagonista del relato, mucho más. Una visión esperanzadora, contada con cincuenta preciosas palabras, sobre el tema de la muerte. Enhorabuena, Antonio. Un abrazo.

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  20. Muy poético y muy bonito, Antonio! Seguro que ese roble del cementerio tiene muchas historias que contar.
    Besos.

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  21. Enrique Caño10/12/17 16:22

    ¡Qué manera de escribir, Antonio! El micro refleja realmente tu don para narrar, crear y contar. Cada palabra emana poesía a los cuatro vientos. Felicidades por la belleza del relato.

    Un abrazo.

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  22. Tu árbol de los encuentros me ha parecido el de los adioses. Un leve roce de las puntas de los dedos y unos besos a escondidas, así me los he imaginado. No sé porqué he pensado en almas que tampoco en vida estuvieron juntas, no en evocación de instantes vividos, sino en culminación de momentos soñados. Felicidades. Tus cincuenta siempre brillan con una luz especial, y si ya van envueltos en poesía, ¡ufff! Un abrazo, Antonio.

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  23. Querido Antonio, me arrebata tu prosa poética. El título tan sugerente... y el texto, que invita a pasear por ese lugar donde el descanso es para siempre...
    Precioso. Enhorabuena, Sr. Bolant.
    Beso grande.
    Malu.

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  24. Eduardo Martín Zurita16/12/17 22:34

    Hola, Antonio.
    Solamente con una gran habilidad literaria puede uno ser capaz de estirar las frases con el acierto que tú pones de manifiesto. Un texto certero el tuyo: precisión directa al centro exacto de la diana. El título es de matrícula de honor innegable. Consigues, en el cuerpo del relato, que el árbol, el roble, cobre vida ante nosotros, parezca todavía más vivo que en la realidad. Para mí los árboles son seres vivos. Muy vivos. Anudas muy bien prosa y poesía. Todos somos como esas hojas entregadas al viento. Hojas con caducidad. Almas perdidas para que el viejo roble entre en función e interconecte nuestros alientos poblando la nada de la oscuridad, pintándola del verde de sus hojas. De lo quedó de nosotros. Mi más muy enhorabuena, poeta. Y un abrazo muy fuerte.

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