Desahogo

Surqué, atormentado, un mar de recuerdos. Me sumergí en los pensamientos que más nos alejaron: los advierto ahogados, vagos e imprecisos.

Ante un pasado que alberga más alegría que desventura: ¿nado para encontrarte o floto a la deriva hasta hallar la razón de tu locura, el por qué te suicidaste?
Escrito por Cristopher Josué Escamilla Arrieta - Twitter

Síndrome de Diógenes

Comenzó a coleccionar corchos como una simple manera de saber cuántas botellas de vino se consumían en su casa. Más tarde lo hizo por impresionar a las visitas. Hoy día también los recoge del suelo de tabernas, de mesas de restaurantes, los roba descaradamente, porque es ya una obsesión incontrolable.
Escrito por Juan Badaya - Web

A extinguir, por favor

Incomprensiblemente desesperada imaginaste el futuro junto a mí como un paraíso placentero y sin fisuras. Posteriormente sucedieron interminables episodios violentamente reprobables que convirtieron nuestra cotidiana convivencia en un aborrecible infierno. Como consecuencia acabé resultando un despreciable maltratador completamente poseído de sádicas tendencias. Y encima un repelente redicho del lenguaje. Desesperante.
Escrito por Jesús Manzaneque Fraile

Reglas de urbanidad

No se habla con la boca llena. Debes masticar seis veces antes de tragar. Límpiate los labios antes de beber. No abandones la mesa sin permiso del anfitrión. No comas hasta que estén todos servidos.

A pesar de la miseria que adornaba su entorno, cumplió las normas. Murió de hambre.
Escrito por Fernando da Casa - Web

Acaso quise tener

Todo era oscuridad; sólo existía el sonido del mar. El agua mojaba mis pies. Se acercó una joven que me dijo: "Resulta inquietante la horizontal calma del océano, ¿verdad?". Después se dirigió al mar y desapareció en él.

Siempre he querido tener la sensación de que estuve con una sirena.
Escrito por Luis Goróstegui - Twitter

De la Nancy a la Barbie

Empezó con un cambio en el color del cabello seguido de un pequeño retoque en la nariz. Los ojos, de color castaño, pasaron a azules. Unos centímetros menos en la cintura y un generoso aumento de pecho. Por último, tocaba estilizar las piernas. Devolvió a su madre su dibujo reciclado.
Escrito por FNR

Cruda realidad

La realidad le hace bajar en un instante a la Tierra.

La Navidad, los villancicos, los turrones y la lotería le habían hecho alzar el vuelo al pensar, por un instante, en un mundo más justo, rico y feliz.

Pero aterrizó bruscamente al comprobar el saldo de su cuenta bancaria.
Escrito por Gloria Arcos Lado

Autorretrato

El escritor fracasado se ganaba su triste vida en las páginas de obituarios del periódico local.

Unos días antes de su jubilación ensayó diversos rictus mortuorios frente al espejo, llevado por un afán de verosimilitud.

Su necrológica fue saludada por la crítica como la creación de un nuevo hiperrealismo literario.
Escrito por Carmen Cano - Twitter

La excelencia

Se ha liberado de artículos, preposiciones, pronombres, gerundios, conjunciones, sustantivos, interjecciones... Ha fulminado los adjetivos. Incluso se ha deshecho de ese adverbio de lugar que oponía tanta resistencia. Tan solo le queda un verbo (verbo transitivo, los más rocosos). En cuanto consiga eliminarlo, intuye que habrá escrito el microrrelato perfecto.
Escrito por José Manuel Dorrego Sáenz - Web

Vida interior

Me pareció verle. De manera suicida, me lancé escaleras abajo, con la intención de alcanzarle en el portal, antes de que llegara al Bajo. Al llegar al último escalón fue cuando leí el aviso: Ascensor averiado. Disculpen las molestias.

En la consulta se lo tuve que explicar, despacio, en persona.
Escrito por Rafael Domingo Sánchez - Twitter

El canto del cisne

No había vuelta atrás. Capturó en el espejo la sonrisa, el aliento y el alma que se le escapó por la boca al expirar. Desde entonces vagó por el mundo intentando recomponer los pedazos que le faltaban. El fin justificaba los medios, eso pensaba él, para conseguir crearla de nuevo.
Escrito por Macarena Fernández - Web

Promesas

Recuerdo su silencio, el color rubí de la desesperación, sus manos implorantes, el pestillo y el olor a orina del cuarto de las puertas cerradas. Necesitaba su presencia, odiaba sus quejas y su mirada incrédula.

No temas, te prometo, sabré convertir mi ira en recuerdo, solo quiero que seas mía.
Escrito por Crispín - Web

Reencuentro

La viuda me reconoció en plena ceremonia. Al principio su cara contraída parecía negarlo, después se quedó quieta como una piedra. Cómo iba a explicarse mi presencia allí, seis meses después para sabotear su nuevo matrimonio, si estaba convencida de que su primer esposo yacía debajo de toneladas de tierra.
Escrito por Luis Ignacio Muñoz - Facebook

Ad hoc

A pesar de la situación, no puede evitar sonreír al pensar en su mujer. Se imagina lo mucho que le va a costar a ella olvidarlo, sobre todo cuando descubra la mancha pegajosa, rodeada de su silueta de tiza, que le ha dejado sobre la alfombra de diseño que adora.
Escrito por Pilar Alejos Martínez - Web

Ya has decidido

Y cuando cogió el último tren, nunca pensó que dejaba atrás un río de lágrimas en un rostro perdido. 

Ella se alejó de la estación y se perdió entre la gente, y sin mirar atrás abandonó aquellas maletas que poco le importaban.

Arregló el pañuelo, sonrió y camino hacia delante.
Escrito por JM

Los Anacondas

El mono araña come higos en la copa de un ficus mientras el yanomami tensa su arco apuntándole. Antes del disparo, sin embargo, un estridente sonido lo espanta. El cazador sacude contrariado la cabeza: cada vez resulta más crucial, en su dramática lucha por la supervivencia, tener silenciados los grupos.
Escrito por Enrique Mochón Romera - Twitter

Al límite

La niña entra en la habitación y quita las zapatillas rosas al cuerpo que pende como un jamón delgaducho, las muerde y traga el pedazo que arranca. Da una patada a las facturas apiladas en el suelo. Y a su padre le da empujoncitos, le hace dar vueltas y vueltas.
Escrito por Eduardo Martín Zurita

Never more

"Si vas a escribir, tienes que respetar la tradición", me dijo el vampiro sentado frente a mí mientras daba pequeños sorbos a su tacita de té. "No puedes andar por ahí diciendo que los zombies se alimentan de ensaladas de lechuga con arándanos y...". Yo sólo pude replicar: never more.
Escrito por Andrés Galindo - Web

Abdicación

Tiembla la tierra y río. Bendigo el odio, pues desmiembra vidas. Epidemias y guerras me alimentan. Y con regocijo acojo vuestras sorprendidas almas. Pero veo a este niño con la piel pegada a sus huesos, su boca aspirando paz, sus ojos suplicando mi llegada, y con rabia arrojo mi guadaña.
Escrito por Salvador Esteve

La escuela

A través del rojo del paraguas, el mundo deja de ser gris. Mariana y Juanita tiemblan de emoción al entrar. Los pupitres ahora son mesas para adultos. Las manos marchitas, por los muchos años de bregar, escriben temblorosas. Uno más uno son dos. Los recuerdos de tiempos pasados, cien mil.
Escrito por Carmen Hinojal

Se vende gran chalet. 6 dormitorios, jardín consolidado. Buen precio

Di un último paseo por la casa donde nací y crecí, y en la que lloré a mis padres. Y al pasar fui levantando una estela de conversaciones y risas que se asentó como polvo fino sobre los muebles familiares cubiertos con sábanas.

Se vende una parte de mi vida.
Escrito por Aurora Baeza

Indeciso

Observa, desde la puerta, expectante. Alrededor del féretro permanecen visiblemente consternados sus hermanos, cuñadas y algunos sobrinos; su desconsolada esposa, sus tres afligidos hijos. Acaban de presentarse también varios amigos íntimos, nada más enterarse de la noticia. Él, no obstante, duda si abandonar la habitación o quedarse allí para siempre.
Escrito por José Antonio Barrionuevo - Twitter

"Amigo invisible"

—¡Feliz Navidad, Paco! Qué lástima que no pudieses venir a la cena de empresa. Fue muy divertido, acabamos todos borrachos. Me encantó tu regalo.

—No era un regalo. Era una bomba, joder.

—No importa, no lo llegué a abrir. Lo tiré al río porque, conociéndote, pensé que sería otro despertador.
Escrito por Rafa Sastre

Es él

Siempre tan alejado de todos, y eso le gustaba de él. Desesperada por escucharlo hablar, se acercó preguntándole la hora.

—No enseñes tu reloj, contéstame. ¡Por Dios! —respondió ella cuando mostró su Nivada.
—Las diez con diez.

Se quedó paralizada. Era el hombre que le susurraba cada noche. Cayó desmayada.
Escrito por Geyna López - Twitter

Viajar es un placer

Contagiado por la algarabía, Bruno comenzó a dar volantazos mientras todos desafinaban una canción a grito pelado.

Al anochecer finalizaron su viaje, pues el coche, además de no tener cristales ni ruedas, tampoco tenía faros. Así celebraba la pandilla el décimo cumpleaños de Bruno.

Mañana elegirían un autobús del desguace.
Escrito por Isidro Moreno Carrascosa - Web

Nunca

Su padre siempre le dejaba conducir la furgoneta, montar el puesto de venta, atender a los clientes, guardar el dinero en la caja, desmontar el puesto de venta, conducir de vuelta a casa, guardarlo todo en la cochera.

Lo que nunca le había dejado su padre era ir al colegio.
Escrito por Plácido Romero - Twitter

El beso

Él ríe y yo lloro. Él se vuelve a reír y yo sollozo. Él suelta una estrepitosa carcajada y yo permanezco en silencio. Él alucina un mundo utópico y yo balbuceo la realidad. Él busca mi boca y mi carne temblante. El beso del cuchillo se estampa en mi cuello.
Escrito por María Jesús Briones Arreba

Érase una vez

Sentada en el sofá, con mi amor recostando su cabeza en mi regazo, inundada de paz y la televisión encendida, sentía que mi corazón estallaba.

Le pregunté: "¿Donde estoy ahora? ¿Quién me habría dicho 30 años atrás que escribiríamos nuestra historia, y casi nadie entendería?".

Solo respondió: "Valió la pena".
Escrito por Mary González S. - Twitter

Votación: Mejor relato de 2017

Estos son los resultados de la votación entre los ganadores mensuales de 2017. Cada votante debía ordenar los 11 finalistas de forma que se asignaran 12 puntos al primero, 10 al segundo, 8 al tercero, 7 al cuarto... y así sucesivamente hasta dejar al último con 0 puntos.

Querida Roxanne:, de Antonio Bolant - 227 puntos
Abandonado, de Manuel Bocanegra - 191 puntos
Miradas, de Pablo Núñez - 189 puntos
Zoo lógico, de Malu - 174 puntos
Involución, de Javier Puchades - 150 puntos
Hija de la espuma, de Carmen Cano - 129 puntos

Odio la pasta

"No puedo más", me dijo. Hizo su maleta, se fue golpeando la puerta.

Esa noche dormí poco. Cuando salí, cerré, el pomo aún mantenía su olor. Regresé, la casa vacía. Dos platos intactos de espaguetis boloñesa, únicos testigos de nuestra última cena, me recibieron con una cruel y asquerosa sonrisa.
Escrito por Ismael González Martín

Aniquilado

Al salir de aquel lugar inmediatamente sintió vértigo, casi cayendo de bruces donde todo se movía, el piso parecía abrirse en dos. Mantuvo equilibrio a medias; logró detenerse en un poste de energía eléctrica y en su mirada gente iba y venía amorfamente.

Por fin, cayó aniquilado por el alcohol.
Escrito por Xavier Hernández - Google

Antecedentes

Ya estaba amaneciendo, volvió a revisarlo todo: caña, carretes, anzuelos y cebos. Era el primero, sonrió y fue directo hacia la punta del espigón. Cuando vio flotar el cuerpo de aquella mujer palideció, nadie creería en la palabra de un expresidiario. La radio local se hizo eco del doble suicidio.
Escrito por Yoya M. Alonso

La máscara

Estaba obligada a ser la madre perfecta, la jefa sin corazón, la esposa cordial... Su rostro cambiaba según el momento del día. Vistiendo tristeza cuando despedía a sus hijos. Pintada de crueldad destrozando a su equipo. En algunos instantes eliminaba las caretas y los disfraces y, entonces, irradiaba pura realidad.
Escrito por Esther Moreno Morillas - Web

Páginas carcomidas

Aquel lugar se había desdibujado con tanta morosidad que apenas nos dimos cuenta.

Primero, el escaparate. Después, los techos de artesonado. Los sillones fueron sustituidos por mesas y sillas diminutas. Las estanterías mudaron de objetos.

Sólo quedaba el rótulo de la puerta, Livraría Oliveira, al que añadieron Vinhos e Petiscos.
Escrito por Smokey pisó la raya

La despedida

Antes de irnos, lancé una última mirada hacia el interior. Estaba en penumbra. Solo al fondo percibí una pequeña luz parpadeando que me hacía suponer la existencia de algo vivo. Sin pensarlo dos veces me metí de nuevo en la cueva. Allí estaba el pokémon pidiéndome un beso de despedida.
Escrito por Mª Luisa Pérez Rodríguez

Inocencia robada

Silencio, únicamente silencio. Un pequeño golpe de aire sobre su cara. Se estremece entre las sábanas, sollozos de pánico. Viernes, su madre ha salido. El demonio tiene de nuevo luz verde. Su frágil cuerpecito se retuerce. Él posa sus sucias manos sobre su sexo, de nuevo le arrebata la inocencia.
Escrito por Luna Negra

Desamor

Tras amarse hasta lo indecible, se instalaron paulatinamente en inefables silencios, apenas turbados por miradas huidizas y palabras rutinarias. Se olvidaron del roce, desterraron el goce y un mal día despertaron con una pregunta anclada en el fondo de su hastío. No encontraron la respuesta, ni siquiera buscaron la pregunta.
Escrito por Javier Igarreta Egúzquiza - Web

Días de lluvia

Los días de lluvia me gustaba poner mis pies sobre la pisadas de la persona que iba delante de mí. Me hacía sentir otra persona. Fantaseaba cómo sería si ese fuese yo. Era como vivir otra vida. Lo que nunca pensé es que hacerlo me pudiera hacer perder la mía.
Escrito por Iván Pérez Garro - Twitter

Obediencia debida

Tenemos órdenes de ser implacables si un compañero se queda parado de miedo.

Siento estar detrás de él en la fila, pero respiro hondo, lo empujo y cumplo con el deber.

Al tocar tierra sé que extrañaré a mi mejor amigo y un gran despistado, que olvidó ponerse el paracaídas.
Escrito por Ángel Saiz Mora

Sin identidad

Empezaba a clarear cuando escuché sus sollozos. Caminé unos metros hasta ella. Entre lamentos preguntó:

—Pero, ¿quién soy yo? Acaricié su cara.

Susurré:

—Sólo ha sido una pesadilla.
—¿De verdad?

Estiré las sábanas, desmadejadas en su miedo, y se calmó.

Amargamente volví a mi cama. No dijo "gracias, hijo mío".
Escrito por Francisco Rubio Yepes - Web

Emigrante

Cerró su valija y emprendió el viaje. Llevaba el salitre pegado a la piel y la promesa de volver. Pero el tiempo se hizo cada vez más largo y sus anclas empezaron a caer de los bolsillos del abrigo. Cuando el salitre se fundió con la nieve ya nunca regresó.
Escrito por Sylvia Bonilla

Mi querido jefe (I)

No, no y no. ¿Por qué es lunes otra vez? Acaso no existe alguna aplicación en mi teléfono para detener el tiempo y quedarme siempre en domingo...

—Buenos días, señor Magaldi. Feliz día y feliz inicio de semana.

Él simplemente me pide los informes de la reunión de las tres.
Escrito por Paty N - Twitter

Gracias por las flores

Disculpa que no te llamara en su momento. Nuestras reglas imponen el voto de silencio y un estricto recato que eterniza el tiempo olvidándote de todo. Por fin, conseguí perder peso, dejar las drogas y, afortunadamente, encontrar la paz. Solo esta forzada inmovilidad me incomoda; quizá, habría sido mejor incinerarme.
Escrito por Manuel Bocanegra

Te extraño

El sol se coló tímidamente por la rendija de la persiana. Rozó mi cara con tanta timidez que se me antojó un beso tuyo. Desperté ilusionada.

Pero al regresar de nuevo a la cordura recordé tu despedida. Quiero volar junto a las estrellas y poder volver a sentirte. Te extraño.
Escrito por Marola

Colores

Nadie reparó en el cielo cuajado de idénticas nubes rojas romboidales. Tampoco vieron que el indigente, que solía dormir entre cartones en los soportales de la plaza, yacía rodeado de un charco de sangre azul.

Aquella tarde se enfrentaban en la ciudad los dos grandes equipos de fútbol del país.
Escrito por Juana Mª Igarreta Egúzquiza - Web

La gota

No le dolían los golpes ni los insultos. Se había acostumbrado. "Para lo bueno y para lo malo". Le había tocado lo malo.

No más golpes. Sí llantos, aunque no los suyos. Una ira desconocida se apodera de ella.

—¡Nunca más! —grita.

El osito ocupa su lugar en la maleta.
Escrito por María Galerna

Egoísmo

Era la hora de comer, pero no le apetecía probar bocado. Era la hora de cenar, pero seguía sin tener hambre. Hora de ir al trabajo y prefería quedarse en cama. Nada le satisfacía. Se sentía desgraciado.Un accidente cuasi mortal le hizo recapacitar y ya comenzó a sentirse feliz.
Escrito por Iñaki Ferreras - Web

El apocalipsis de las vanidades

"Ya probaste tu punto: con cincuenta palabras armaste un relato... ¡Desiste ya de crear cincuenta relatos con una única palabra! Si lo consigues, el término resultante tendrá el poder de desatar el Apocalipsis".

Desoí el consejo del vidente ciego. Ahora truena la tierra y cruje el cielo.

La palabra es...
Escrito por Víctor Maldonado - Twitter

No puedo vivir sin ti

Éramos Marie y Claire, amantes inseparables. Recuerdo las íntimas horas que pasamos una sobre otra en una acogedora habitación; la suavidad con que nos rozábamos en nuestros paseos; los baños de espuma que nos dábamos en un extraño artilugio. Pero te perdí, y ahora agonizo en una bolsa de basura.
Escrito por Enrique Angulo - Twitter

Navidad perdida

Los adornos de Navidad siguen ahí, un mes después. El espumillón arrugado se esconde por los rincones. Con el postre todavía dan un poco de turrón.

A ellos les dan igual los adornos o el turrón. En sus miradas vidriosas esas fechas entrañables hace tiempo que ya no se celebran.
Escrito por Maest

Hay cartas que nunca llegan

Colocan el último regalo bajo el árbol y se marchan.

Convencidos de que solo dedicará su atención a la nueva tablet y de que aún tiene juguetes sin estrenar desde los últimos Reyes.

Frustrados al pasar de largo por delante de la siguiente casa de la lista, este año también.
Escrito por Asun Paredes - Web

La alargada sombra de la frustración

Cada día, a la misma hora, acudía al desértico callejón. Justo cuando el sol se colaba entre las estrechas paredes, su sombra se alargaba hasta donde las risas y burlas de sus compañeros quedaban enmudecidas. Y, por unos efímeros instantes, se convertía en aquel niño gigante que siempre soñaba ser.
Escrito por Stbn

Al otro lado de la pared

Siempre escuché un "mamá te quiere", pero nunca un "papá te quiere". Jamás me atreví a preguntar. Aunque, cuando ella decía que se iba a trabajar y me dejaba encerrada en mi habitación, la oía al otro lado de la pared decir:

—Papaíto, ¿qué quieres que te haga esta noche?
Escrito por Javier Puchades - Web

Pecadores

No me atosigues con tus pecados, que tengo suficiente con los míos. Rezaba cada vez que se veía influenciado por ella. A decir verdad, respetaba lo esencial de su fe y, fiel a sus principios, la perdonaba siempre. Era sólo una manera inicial y sana de hacerlo para sí mismo.
Escrito por Antonio Ortuño Casas - Web

Chat(ina)

Dibujó sus curvas mentalmente, poniendo cada trazo virtual al servicio del más pecaminoso deseo. Solo imaginarla le llevó a experimentar sensaciones jamás conocidas, ni en precoces contactos con el universo del placer. Pero cuando ella identificó su corbata fucsia, tras aquel impecable cristal, habría deseado convertirse en el hombre invisible.
Escrito por María José Sánchez

Fruto de sangre

Hay un cruce con una señal oculta en el rincón de la curva, donde se estrellan, en el viejo roble del bosque, los inmaduros pubescentes.

Ni se inmuta ante esa precipitación, ni ante el quebrar de sus ramas. Solo espera el riego de sangre para hacer brotar su nuevo fruto.
Escrito por Mª Belén Mateos Galán

Viajera nocturna

Sor Inés escapa con Edmundo en el sudario del abate Faria, pero el amanecer la devuelve al convento, donde solo les permiten textos sacros y, aunque para ella el suyo lo es, ha de ocultarlo hasta la noche. Entonces regresará con Dantés a reanudar la huida de sus respectivas celdas.
Escrito por Pablo Núñez - Twitter

Un botifler

Jordi va a tener el primer hijo, al que pondrá su nombre. Vive, con Marta, a dos calles de las Ramblas. Adoctrinado en la escuela, soportó sin protestas la propaganda proselitista del independentismo. Está señalado en el barrio por no ser buen catalán. Debería saber quién les roba y reprime.
Escrito por Danilovich

Alucinación infrecuente

Sobre su manta, frente al salón de juegos, me miraba y, con voz aguardentosa, pedía una moneda. La botella escondida detrás de los cartones no olía precisamente a cerveza.

Entonces sonó dentro de su manta andrajosa un teléfono móvil. Era de última generación. Cogió la botella y entró al local.
Escrito por Gil Hernando de Santiago - Web

Cobardes

—¡Fistros pecadores! ¡Os voy a hacer pupita, por la gloria de mi madre! ¡Os dais cuen! ¡Al ataquerrr! ¡Jarl! —clamaba, desde el púlpito, don Benjamín.

Lucas, avergonzado, recoge la bandeja mientras observa cómo sus colegas le arrojan, ya vacías, las vinajeras que se habían llevado. Descojonándose, gritan: "¡Hasta luego, Lucas!".
Escrito por Jesús Garabato Rodríguez

Ocaso

Con el paso del tiempo no controlo mi cuerpo. Los recuerdos también se han borrado.

Cada tarde, un espejo de cuerpo entero viene hacia mí, avanzando por el pasillo. Cuando estamos frente a frente, unos brazos me rodean con fuerza.

Todos los días, la misma pregunta:

—¿Cómo estás hoy, papá?
Escrito por Pepe Sanchis

Las Guerras del Martillo: La Secta del Cráneo Carmesí (V)

Cuando el Conde elector aún no ostentaba tal cargo, mucho antes, juró obediencia al Caos. Rememoraba aquel día que despellejó la carne cruda del cráneo de aquel sigmarita, extasiado en sangre, mientras el líder invocaba en lengua demoníaca:

—¥¬¶¶¬♈⚕️➿☦️¥¶.

Aún palpitaba en él aquella sed inextinguible, cada vez más insaciable...
Escrito por Raquel Tevas Cisneros
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El encuentro

Estaba allí. Esperándome. Porque estoy segura de que era a mí a quien aguardaba. Yo deseaba tener la oportunidad de verla, de tocarla y de llevármela conmigo. ¡Resultaba tan atractiva! Aunque era pequeña, su cara brillaba intensamente. Recogí la preciosa moneda y este hallazgo se coló, feliz, en mi bolsillo.
Escrito por María José Viz Blanco

Pizza con champán

Firmemente atado a una camilla, tomo pizza de un plato imaginario, y lleno una copa incorpórea con champán.

Parapetados tras cristal y gesto grave, celadores, letrados y otros sádicos observan.

Los ignoro. Apuro el champán. Siento un pinchazo y fuego, y unas burbujas heladas que hormiguean detrás de mi nariz.
Escrito por Georges

Turno de entrada al infierno entre los maizales

Despertó ligero como la paja, pero inerte. Despojado de entrañas, nada sentía, salvo un odio desmedido, devastador. Sólo los pájaros percibían espantados tanta desolación.

Poco después, el suelo lo succionó justo cuando alguien cometía un asesinato premeditado. Ese alguien desfalleció para despertar cargado de odio, inerte, ligero como la paja.
Escrito por Antonio Bolant - Twitter