Vida

Abro y cierro la puerta. Salgo al jardín, cojo la bicicleta, voy al colegio, conozco a María, trabajo, me caso, juego con mi hijo, se casa, vive, descanso.

Abro y cierro la ventana. Miro, sueño, añoro.

Abro y cierro los ojos. Olvido, me despido.

Abro tu memoria. Cierro mi futuro.
Escrito por Crispín - Web

Sueño carmesí

Sintiendo que un familiar temblor le invadía el cuerpo, tuvo que recargarse contra un árbol para evitar desmayarse. Aun así, él tenía fe en que todo hubiera sido únicamente un sueño violento. Sin embargo, las manchas rojas de sus manos parecían multiplicarse a cada segundo. No había forma de escapar.
Escrito por Patricia J. Dorantes - Facebook

Vocación nonata

De mayor seré escritor. Conseguiré entusiasmar a mis lectores con historias maravillosas, repletas de imágenes coloristas de la vida en el campo, hábitat perfecto para encontrar la inspiración verdadera. Ya me veo cosechando premios y halagos por doquier... Espero que nacer "sietemesino" no merme mis aptitudes literarias. ¡Esté lúcido, doctor!
Escrito por Rafael Domingo Sánchez - Twitter

Razones de extensión

Hubiese preferido llevarlo —quizá arrastrándose escaleras arriba y lamentando su sino, maldiciendo, desangrándose y suplicando una ayuda que jamás recibiría— hasta el luminoso ventanal del salón. Pero tuve que resignarme a dejarlo morir allí —fulminantemente y sin ver la luz de su último día—, en el suelo del sótano.
Escrito por Enrique Mochón Romera - Twitter

No lloraré

La odió con toda su alma después del bofetón.

Intentó esquivar el golpe, pero era demasiado lenta pata salir ilesa. La miró a los ojos sin pestañear y juró que no soltaría una lágrima por ella.

Cuando llegó el segundo golpe, dio la bienvenida al dolor como un viejo amigo.
Escrito por JM

La sordomuda

La niña con una bolsa de dulces notó que todas las personas, pávidas y acobardadas, miraban un cielo común. La voz de un Dios los amenazaba, ella no podía oír el mensaje apocalíptico, se asustó y entonces gritó antes de caer al abismo, en donde los condenados iban a parar.
Escrito por Víctor Hugo Ávila Velázquez - Twitter

Hic svunt dracones

Soñar con dragones, dijo el psicoanalista, significa que estás luchando contra etapas regresivas de tu inconsciente. Hizo una pausa para bostezar. De sus enormes fauces salieron gigantescas llamas que quemaban todo mi cuerpo. Cuando desperté, el primate seguía ahí, espada en mano y listo para dar el golpe de gracia.
Escrito por Andrés Galindo - Web

Vuelo eterno

Caminó hasta el acantilado cargando su dolor. El cielo rugía oscuro, furioso, anunciando la tormenta. El viento agitaba con fuerza las olas y revolvía su cabello. Permaneció quieta. Podía sentir su presencia, su aliento, la calidez de su piel rozándola, Se detuvo el tiempo. Abrazados se arrojaron a la mar.
Escrito por Mirta Calabrese - Web

Seguridad vital

Seguridad en las curvas y buen agarre en las pendientes. Tracción perfecta y en las ruedas guía, buena suspensión y amortiguadores. Tras el brutal accidente con el viejo coche, mis padres no escatimaron gastos. En esta ocasión no dudaron. Compraron la mejor y más fiable silla de las ruedas del mercado.
Escrito por Yoya M. Alonso

Esperanzas

Tras su tercer hijo, desistió en su empeño por la niña. Más tarde, anheló conocer a sus futuras nueras. Un desgraciado accidente se llevó a dos de sus retoños.

Hoy, ataviada de madrina, se resigna oyendo a su hijo decir: "Yo, Juan, te quiero a ti, Pedro, como legítimo esposo".
Escrito por Isidro Moreno Carrascosa - Web

In illo tempore

En las mañanas de invierno, la capilla del internado era un auténtico páramo y los jóvenes postulantes, siguiendo las recomendaciones del prefecto, intentaban transformar su fervor espiritual en calor corporal. Entretanto, los piadosos frailes, parapetados al fondo del oratorio y flanqueados por estufas de gas, meditaban recogidos en místico duermevela.
Escrito por Javier Igarreta Egúzquiza - Web

Paseándose por la historia

El capitán fascista no daba crédito alguno: aquel rojo sonreía sardónicamente ante el pelotón. Ignoraba, era evidente, que el sentenciado ya había vivido situaciones similares. En el Coliseo. En la Granada nazarí. Con la temible Inquisición. En 1779 o en la más reciente Gran Guerra... Ese era su sino inmortal.
Escrito por José Antonio Barrionuevo - Twitter

Cosquillas en la nuca

Posada en el cadalso, esponjó las plumas. Cualquiera en el lugar del condenado, que maldecía. Cayó la hoja de la guillotina, cortando los alientos contenidos. La autoridad torció el gesto mientras la multitud desfilaba boquiabierta ante la cesta con una cabeza muerta de risa. La oscura gaviota levantó el vuelo.
Escrito por Eduardo Martín Zurita

Al filo de la noticia

—¿Quién te espera agazapado? —pregunta el reportero.
—Un gato glotón.
—¿Qué quiere de ti?
—Comerme.
—¿Dónde podrás esconderte?
—En la nevera.
—¿Cuándo te va a comer?
—En cuanto se descuiden.
—¿Por qué te ha elegido a ti?
—Soy una rica salchicha.
—¿Cómo lo quiere hacer?
—Con uñas y con dientes.
Escrito por Carmen Hinojal

Las manos quietas

El enfado se aposentó en la casa. Los reproches volaron por la habitación como avispas furiosas. Nada más que añadir. Las manos dejaron de gesticular y las palabras callaron. Dejaron de hablarse y sólo los ojos tuvieron vida. Los sordos se metieron las manos en los bolsillos.

Todo fue silencio.
Escrito por María Galerna

Despecho

La tristeza de los días previos se tornó rabia en los meses posteriores y amargura con los años. Hoy hacía diez que él le había dicho "sí, quiero" a aquella mosca muerta. Diez años que a ella la mataba a fuego lento ese amor que acabaría por llevársela al infierno.
Escrito por Aurora Baeza

Suicidio machista

El descubrimiento de la traición le ha provocado una sacudida mental inmensa. Camina entre la duda y la ira, que va aumentando mientras se reabren las viejas heridas y fluye la sangre, como un ritual psicótico, alzándose así el puñal del destino que espera tanto a víctima como a verdugo.
Escrito por Olga Noya

La depresión es una cárcel

Él se encierra y no deja que nadie lo vea. Se siente solo y a la vez acompañado, en la prisión donde pasa las horas: Internet. Así es como se desvanece y aparece, a través de los "me gusta" que son reflejo de nuestra sociedad virtual, enferma y pasota.

Like!
Escrito por Esther Moreno Morillas - Web

Goleada

Veintidós hombres en camiseta y calzón corto se agitan y corren. Desean la liga. Atravesar la red y encajar pelotas, su trofeo.

¡Toque de manos! El pito del arbitro enardece pasiones.

Vulpécula, sobre el diván verde manzana, corona sus medias negras de rejilla con una liga de encaje rojo. ¡Goleada!
Escrito por María Jesús Briones Arreba

El regusto amargo de las calabazas

Hacer una fiesta de Halloween aislados del mundo es arriesgado. ¿Quién iba a pensar que algún fantasma nos iba a encerrar, largándose después con las llaves? Seguro que fue tu marido, que propuso entrar sin teléfonos móviles en esta casa abandonada. Nunca le gustaron los asuntos de calabazas. Doy fe.
Escrito por Juana Mª Igarreta Egúzquiza - Web

Una sonrisa

Por tu gesto sé que ya tienes otro relato en mente. Sigues tu camino, pero ahora te llevas una sonrisa puesta, como si me la acabases de comprar. Me apresuro para llegar a la puerta pues quiero observarte unos minutos más. Seguramente, esa mochila que llevas va repleta de melancolía.
Escrito por Maite Moreno

Todo conduce al mismo color

Vivía en el país de la verde esperanza. Pero aquel lejano verano cometió un rojo error.

Tenía amigos grises que lo abandonaron. Tampoco su rosada familia fue capaz de hacer nada por él.

Su futuro es un largo y blanco corredor, una incierta espera hasta el fundido a negro final.
Escrito por Pepe Sanchis

TT

Cuando vio el espeso humo, rápidamente buscó el móvil. Tomó un vídeo, que se apresuró a publicar en Twitter. Esperó inquieto a que lo laiquearan y retuiteran. Imaginó que se convertía en trending topic. Ni por un segundo pensó en la gente que, desesperada, gritaba dentro del edificio en llamas.
Escrito por Plácido Romero - Web

Cicatrices

Me entregaron al viejo Ranjit, pero me negué. Libre nací, no enjaularé mis emociones con barrotes de sumisión ni defraudaré mi libertad; cierro los ojos y espero el ácido.

Con la mercancía desfigurada, carente de valor y desterrada de cariño, cicatrizo mi corazón y cruzo el horizonte buscando mis sueños.
Escrito por Salvador Esteve

El cocinero

Ella era su inspiración. Tras una noche placentera, sus guisos siempre sabían mejor; pero si discutían, se le agriaba hasta la bechamel.

Le pidió matrimonio en su restaurante. Preparó una opípara cena y escondió el anillo en la mousse de chocolate. Jamás escuchó otro eructo que le hiciera más feliz.
Escrito por Carles Quílez

Amor sin fronteras

Ella dio el primer paso. Él reaccionó como un velocista catapultándose sobre los tacos de salida. Contuvo su ímpetu por inseguridad. Después, instinto y corazón crearon un protocolo de amor. 

Disfrutaban recordando aquel primer encuentro como prodigio estadístico: el viaje del dardo de Cupido entre dos continentes. Después, se amaron.
Escrito por Francisco Rubio Yepes - Web

Huir

Corrí mucho, adentrándome en la oscuridad, escapando de tus malos tratos, donde un grito desgarrador de mi boca no llegase a oírse nunca más. Agotada, encontré asilo en una pequeña cabaña. Cual Blancanieves me sentí al ser acogida por unas manos benévolas, que con cariño ofrecían caricias, besos, abrazos...
Escrito por Cristina Jiménez Urriza

La orden

—¡Aquí D7! ¡Aquí D7! ¡Cambio!
—¡E7 a la escucha, cambio!
—¿Recibida alguna orden? ¡Cambio!
—Esperar ataque blanco, ¡cambio!
—¿Todos los infantes mantenemos la posición? ¡Cam...!
—Exacto. Los ocho infantes de la primera línea, ¡mantener posición! También la caballería. ¡Cambio y fuera! —se escuchó alto y claro la voz del Rey.
Escrito por Omar Martínez González

Quedada cincuentista del 2063

Siempre puntual, el viejo Álex esperaba la junta de este año. Recordaba sus comienzos y cómo los que ya no estaban le habían jurado que "ni muertos" se perderían el 50º aniversario.

Los gritos de terror y el olor a putrefacción indicó la llegada de los primeros cincuentistas al restaurante.
Escrito por Jean Durand - Web

L

Falta el número que va después del cuarenta y nueve. Los físicos temen por la estabilidad atómica del estaño y los matemáticos proponen sustituirlo por el cuarenta y diez, quizá mitad de cien. Se dice que unos juntaletras lo han robado de las cuentas para convertirlo en personaje de cuento.
Escrito por Belén Sáenz

Genealógico

Se fueron reuniendo alrededor del tronco.

Los más antiguos, desde su nacimiento y los primeros brotes. Los que llegaron después, para abonarlo y verlo crecer. Hasta los nuevos, que lo riegan cada mes con ideas frescas.

De sus ramas cuelgan ahora cuatro frutos maduros, jugosas páginas con sabor a cincuenta.
Escrito por Asun Paredes

Discurso sobre un madero

Ha dicho el juez que sólo me quedan cuarenta palabras. Tenía derecho a cincuenta y, pueden comprobarlo, he derrochado veinte. Para despedirme del mundo podré emplear otro par de decenas. "¡Diecinueve!", corrige el verdugo, blandiendo el hacha.

Con la venia, señoría, ¿cómo redimirse con cuatro vocablos? Ojalá tuviera cincuenta palabras.
Escrito por Vicente Varas - Twitter

Fantasía

En los confines del Desierto Blanco, por fin, el narrador perdido olfateó tinta fresca fluyendo entre los árboles escritos con idéntica extensión. Ante él palpitaba el hálito dorado del bosque vivo de la Gran Página. Expectante, empujó su relato sobre el río de palabras adentrándose en el reino de Cincuenta.
Escrito por Manuel Bocanegra

Pasado, presente, futuro

4.000 años A. C

Los hombres comienzan a utilizar la escritura.

9 de febrero de 2013

Un grupo de personas, de forma mensual, combina cincuenta palabras con armonía y enriquecimiento mutuo, germen del progreso alcanzado hoy.

VARIOS AUTORES. (Edición 3013), "Hitos de la evolución". Enciclopedia galáctica, vol. 523, pág. 130.
Escrito por Ángel Saiz Mora

Rayas azules sobre fondo gris

Chapotea en los charcos como si fuera un niño, y llora cuando el otoño cubre el recinto para el paseo. A diferencia de otros, se ha acostumbrado al humo, De hecho, lo que más le gusta es deambular cerca de los hornos crematorios. El olor ha acabado por ser inapreciable.
Escrito por Raquel Lozano - Web

Promesa imposible

Se fue para no volver, para encontrar su camino. Sus padres clamaron al cielo. No les pidió ayuda. Viajó por el mundo. Aprendió más que en la universidad. Pero la vida le puso zancadillas. Murió la madre y volvió deprimido y sin dinero. Prometió no marcharse más; ya era tarde...
Escrito por Iñaki Ferreras - Web

Gulag

Imposiciones, gregarismo, patrañas. Campos de trabajo, de exterminio. Persecución y arrestos arbitrarios. Obsesión de fichar y registrar a millones de presuntos disidentes y delincuentes. ¿Quiénes no eran sospechosos de traición en la URSS de Stalin?

Kolimá, Solovki, Butyrka...

Solzhenitsin rompió tardíamente el muro de silencio de la descomunal barbarie soviética.
Escrito por Danilovich

Varón Dandy

Se miró al espejo.

Vio un ser de color verduzco, un apéndice nasal descomunal y las orejas aleteando constantemente; de su boca asomaban tres descomunales piezas dentales; los ojos eran dos oquedades amorfas escurriéndose por el rostro; poblaba la cabeza un pelo hirsuto distribuido irregularmente.

Sonrió satisfecho y se fue.
Escrito por Isan - Web

La estrella fugaz

Pronto atravesará la noche marcando el fin o el principio de muchas ilusiones. Manos muy jóvenes se rozarán por primera vez, al influjo de su hechizo. Al verla, muchos celebrarán la ocasión y pedirán su deseo.

Y nadie sospechará que... ¡ay!, solo seremos carne y acero desvaneciéndose en la atmósfera.
Escrito por Georges

Soñando con los ojos abiertos

Cada mañana miraba de reojo el buzón esperando encontrar como por casualidad una carta de amor que le llenara la vida de alegría y el corazón, de besos. Como sucedía en los viejos cuentos que, con voz aterciopelada, le contaba la abuela noche tras noche cuando se iba a dormir.
Escrito por Juan Aguilera

Y la raíz se hizo verbo

Silenciadas, se escondieron las palabras en el tintero. Intuían que solo cincuenta de ellas serían las elegidas. Se desglosaron en morfemas y fonemas modelando una cadena lingüística ambigua. Los sustantivos se tornaron en adjetivos, estos en pronombre... Solo los endiosados verbos quedaron complacidos al sentir la pluma rozando sus alas.
Escrito por Mª Belén Mateos Galán

Encarna

Mi abuela tenía los dedos torcidos de hacerse nudos en el alma, del agua fría de una pila de decepciones, del sabor a anís de un hombre sin suerte, de remendar pantalones y de hacer malabares con cuatro perras.

Mi abuela tenía los dedos torcidos; para marcarnos el camino recto.
Escrito por Miguel Ibáñez

Obra maestra

El artista ordenó los bártulos, limpió y allanó la superficie con sus propias manos y se dispuso a mezclar los tintes. Tras agotadoras jornadas a la luz de una pobre antorcha, dio por finalizada su obra. Nacido en el corazón de sus fervientes admiradores, un emocionado "uggg" resonó en Altamira.
Escrito por Rafa Sastre - Web

Sin salida

Su consciencia despertó del sueño en el que estaba sumida y pudo así salvarla de aquella pesadilla. Se dirigió al espejo y notó cómo los dientes se tambaleaban en su boca. ¿Seguía soñando? Volvió a abrir los ojos y entonces se percató: estaba atrapada en su primer viaje astral. Sonrió.
Escrito por Calcetín Rayado - Web

Libre libro quiero ser

Hola, buenos días. Estoy perdido, ¿le gustaría llevarme a su casa? Todo el mundo tiene tanta prisa que nadie me escucha. Yo quería ser libre, recorrer el mundo, contar mis historias, conocer gente diferente...

Me está oliendo mal... ¡¡Socorro!! ¡¡Me hacen pis encima!!

Yo no vine al mundo para esto.
Escrito por Maest

Cosas de juguetes

Finalmente lo descubrí: mis juguetes de peluche se pelean de noche. Se lo conté a mi mamá. No me prestó atención. Siempre está muy ocupada. Pero mi abuela me prometió que cosería la boca del cocodrilo con un hilo mágico. Así ya no podrá morder al resto de los peluches.
Escrito por Sylvia Bonilla

El maestro del suspense

El colegio resultaba una pesadilla para el pequeño Alfred. Ser el gordito era el absurdo motivo para recibir las burlas de toda la clase, excepto de la niña rubia de su pupitre.

Él quería asustarlos y hacerles sentir el temor que lo atenazaba, pero tardó mucho tiempo en averiguar cómo.
Escrito por Jerónimo Hernández de Castro - Twitter

Soledad

Otra vez es 4 de febrero. Otra vez le embarga la rutina. Se levanta y pone su canción, acto seguido abre el armario y coge su jersey. Se deja embriagar por el evocador aroma. Observa la lluvia tras los cristales. Como desde que el murió ese fatídico 4 de febrero.
Escrito por Luna Negra

Juzgue usted

—¡No os quedéis sólo en lo que otros os digan! —exclamó apasionadamente la maestra—. ¡Contrastad ideas, tened siempre en cuenta lo que otros dijeron! ¡Pero juzgad siempre siguiendo vuestro criterio! ¿Hay algo más hermosamente humano que la libertad de pensamiento?

—¡Eh! —exclamó indignado uno de los preadolescentes—. ¡No nos adoctrines!
Escrito por Carmen Balibrea - Twitter

Deporte de riesgo

Entró en su casa. Abrió el armario de los tiestos. Sacó un arnés, ganchos, piquetas, mosquetones, una mochila y cuerdas. Con mucha parsimonia escogió prendas de abrigo ajustadas al cuerpo. Volvió a comprobar cada uno de los elementos. Se vistió.

Ahora ya estaba preparado para subir "la cuesta de enero".
Escrito por Salvador Pérez Salas - Twitter

El truco final

El gran Kaspar desapareció del teatro en medio de una cortina de humo ante los ojos del público. Fue su último número e iba camino de ser el más ovacionado hasta que, en su palco, la condesa Walevska empezó a echar de menos, mientras aplaudía, el sonido de sus joyas.
Escrito por Pablo Núñez - Twitter

Consecuencias del punto final

Fallecido el personaje principal, el escritor dio por terminada la historia. Entonces, un ruido en forma de llanto llenó la habitación. No era posible, pero tal vez… Tomó asiento y continuó: "Pero no estaba muerto...". Volvió el silencio a la habitación.

No había reparado en la pobre esposa del protagonista.
Escrito por Ignacio Urtiaga - Twitter

Anuncios por palabras

Cumplía las condiciones para ese trabajo. No le importaba volar, ni los ambientes caldeados. Apartó el humo de sus ojos para poder seguir leyendo. Pero lo que más le gustaba era aquello de "fijo en plantilla". Por fin dejaría de ir de cuento en cuento fantástico resoplando como un dragón.
Escrito por Javier Puchades - Web

De buena fe

¿Cogiste el iPhone y la cartera? Llegas tarde, será mejor que pidas un taxi. Ayer también se te pegaron las sábanas y un pobre andrajoso de mierda te quitó el puesto en la puerta del súper. ¡Puto cabronazo! Gracias a Dios que conseguiste un sitio en la de la iglesia.
Escrito por Jesús Garabato Rodríguez

Sueños de celuloide

Desde un expreso, Marilyn Monroe me sonríe. Por el andén, taciturnos, pasean Ingrid Bergman y Humphrey Bogart. En la cantina, Greta Garbo y Marlene Dietrich se ríen con Charles Chaplin. Salgo de la estación y veo en una vespa a Audrey Hepburn y Gregory Peck. Entonces pienso que estoy soñando.
Escrito por Enrique Angulo - Twitter

La nube que quería ser oveja

La desdichada nube anhelaba sentir el relieve inaccesible que sólo conseguía ensombrecer. Se imaginaba correteando junto a esas diminutas criaturas de algodón que rumiaban los verdes prados, cuidadas por un joven pastor que tendido sobre la hierba soñaba con flotar en el cielo inalcanzable imaginándose incorpóreo, como aquella afortunada nube.
Escrito por Antonio Bolant - Twitter

La importancia de lo nimio

Era un estorbo para todos. Se daba cuenta, pero le resultaba indiferente. Se dedicaba a volar, de un extremo a otro, permanecía en suspensión y acababa posándose en todos los muebles, en las mesas y en las sillas de la casa. La llamaban, despectivamente, "mota", pero eso tampoco le importaba.
Escrito por María José Viz Blanco

Las Guerras del Martillo: Vientos de guerra (VI)

Serpientes aladas sobrevolaban el Imperio, envenenando el paisaje con su aliento. Hordas orcas penetraban hasta donde alcanzaba la vista, arrasando todo a su paso. Atronadores tambores de guerra rugían furiosos, mientras lanzaban, enloquecidos, goblins desde catapultas. Gigantes exaltados devoraban sus propias tropas fuera de control.

La Gran Guerra había estallado.
Escrito por Raquel Tevas Cisneros
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