Indecisiones faraónicas

Tras exprimir a cinco generaciones de egipcios, y justo en el instante en que se acababa de colocar el último y puntiagudo bloque de piedra sobre lo más alto de su imponente y colosal pirámide funeraria, Amenapakthón III decidió que prefería ser incinerado y sus cenizas, arrojadas al río Nilo.
Escrito por David González (AYE) - Twitter

10 comentarios :

  1. Se le podía haber ocurrido antes.
    Simpático relato que encierra una reflexión sobre el capricho de los poderosos y el poco respeto al pueblo.
    Saludos, David.
    Pablo

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  2. Se me cayó encima la pirámide, has logrado dejarme de piedra. Un beso

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  3. Caprichoso este Amenapakathón III, pero porque puede.
    Un relato simpático, con cierto trasfondo, y donde costumbres de ayer y de hoy, en este caso funerarias, se dan la mano.
    Saludos

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  4. Parece que su cohorte de asesores no le aconsejó debidamente en el momento oportuno, ¡cachis!
    Descanse en paz.
    Un saludo, David.

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  5. Antonio B.17/5/15, 22:26

    Un relato descrito con limpieza y con una aparente facilidad que no resulta nada fácil. Me ha gustado David.

    Sólo me queda decir una cosa (que si no la digo reviento):

    ¡Qué cabrón ese Amenapakthón!

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  6. Esto, por desgracia no ha cambiado, seguimos a merced de las dilapidadoras manos de nuestros caprichosos dirigentes. Ingenioso y mordaz. Enhorabuena David!! Un abrazo!!

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  7. Un micro muy ocurrente, y audaz, saltándote todas las tradiciones faraónicas. Por otro lado un faraón muy caprichoso.
    Saludos.

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  8. Esperemos que Amenapakthón IV, al menos, sí lo aproveche. Buen micro, David, aunque cinco generaciones me parecen muchas generaciones. :) Un saludo.

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  9. Coincido con Juancho. Hay cosas que nunca cambian. Si sustituyes el nombre del faraón por el de cualquier dirigente actual, el micro conserva todo su sentido.
    Muy bueno, David.

    ¡Saludos!

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  10. ¡Qué hidepu este Amenapakthón III! Espero que con él terminara su linaje o al menos su descendencia tomara por costumbre lo de la incineración.
    Simpatiquísimo microrrelato que no deja de lado la mordaz crítica a los caprichos de los poderosos atemporales, sean faraones, césares, jeques, reyezuelos varios, presidente de repúblicas o alcaldes (también valen presidentes de comunidades autónomas o de diputaciones provinciales).
    Va mi "Me gusta", porque me ha gustado, y un saludo muy cordial junto a mi cariñosa y calurosa bienvenida, David.

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