Compañeros

Me gusta despertarlo con besos y mimitos, le canto, le abro la ventana para que le entre el sol y le pongo un buen desayuno. A veces creo que soy un friqui, pero entonces mueve la colita y me lanza burbujitas... Al fin y al cabo solo es un pececito.
Escrito por Pau

United Colors

El héroe envuelto en su capa desaparece en las alturas, con la chica desmayada entre sus brazos. La multitud vitorea entusiasmada; la ciudad está segura bajo su protección.

Regodeándose ante su inminente festín, Drácula reflexiona que empezar a vestirse con colores chillones ha sido la mejor idea de su muerte.
Escrito por Manuel Menéndez Miranda

El banco de la desolación

Se pusieron de pie y él la besó por última vez. Caminaron solo algunos pasos cuando otra pareja ocupó el lugar que ellos habían dejado.

Llegados al límite del parque, ahí se separaron.

En el banco discutían. Después se les vio ponerse de pie. Luego él le dio un beso...
Escrito por Ruperto

Viviré mi vida vivida

Comencé la carta escribiendo: ¡Hola... yo!

Iría dirigida a mí pero... cuarenta y dos años atrás. Posiblemente, la letra, me resultaría familiar. Tan parecida a la, entonces, "suyamía".

No sé qué mentiras decirme para llegar vivo hasta el día de hoy.

Seguramente lo deje así: ¡Hola... yo!

Será lo mejor.
Escrito por Salvador Pérez Salas - Twitter

Añoranza

El astronauta estuvo un año en el espacio. Cuando regresó a la Tierra, a veces iba a la piscina que tenía en el sótano de su casa y se metía en el agua, en la parte profunda; allí se sumergía e imaginaba estar de vuelta en el espacio. Sentía añoranza.
Escrito por Luis Goróstegui - Twitter

Nunca más elixires

Cruzó la calle con el corazón descubierto. Los autos dibujaron la evasión exacta para dejar que el cuerpo ciego pase. Sorteó todo con el elixir de la vida, pero vino un auto guiado por el elixir de las cañas, y se encontraron. Aún no renuncian. Sus heridas los siguen matando.
Escrito por Edwin Antonio Gaona Salinas

Amor filial

Dos hombres arrastraron el cuerpo sin vida por la arena, un rastro de sangre fue señalizando el recorrido; al poco, desaparecieron tras una puerta. En el graderío, la muchedumbre aplaudía y vociferaba excitada. Sólo un muchacho, con el rostro escondido entre sus manos, lloraba desconsoladamente: era el hijo del gladiador.
Escrito por Enrique Angulo - Twitter

La última apuesta

No deseo fracasar. Una vez más, no. Faltan cinco minutos. ¡Puto vértigo! La gente me mira. Cuatro. Este sudor. Me siento desnuda aquí arriba. Fracasaré. Tres. Más gente. Cuchichean. ¿Quiero hacerlo? Dos. Me juzgarán. ¿Quién juzga a quién? Uno. Demasiado tarde. Caigo al vacío. ¡Auxilio!

¡Estimado público, con todos ustedes...!
Escrito por Loli Regs