Su sed

"Como se secan las plantas, como se secan los lagos... Como se secan las fuentes, como se seca mi alma, como se seca mi vida".

Las palabras navegaban entre los surcos que cruzaban el desierto de su memoria.

Se levantó. Abrió el grifo.

Lentamente, bebió el agua de la vida.
Escrito por Salvador Pérez Salas - Twitter

La búsqueda

Todos los días viene algún policía pidiéndome la documentación. Les digo lo que busco y que no encuentro ninguno. Entonces se van, pensativos. Así pues, de momento puedo seguir viviendo en esta tinaja con la lámpara encendida. Aunque temblando, porque al ser griego me pueden aplicar la ley de extranjería.
Escrito por Pepe Sanchis

Excluidos

Las palabras organizaron una gran fiesta. No invitaron al silencio pensando que él nada tenía que decir. Este, al enterarse, irrumpió en la sala haciendo gala de su gran manto, y las palabras, atónitas, enmudecieron.

Después, satisfecho de su elocuencia, salió sigiloso. A lo lejos vislumbró a su amiga soledad.
Escrito por Juana Mª Igarreta Egúzquiza - Web

Ruptura inconveniente

Juan salió con lo puesto. Había perdido algo importante: Amanda le había robado el alma y ahora su cuerpo era un figurín sin conciencia, sin moral y sin rostro, una fría percha de madera que sostenía su traje de ejecutivo prepotente y artero. Nunca pudo volver atrás. Dejó de ser.
Escrito por Lu Hoyos

La tejedora de todas las fantasías

Afila su imaginación, prepara el lapicero y reparte sus cuentos en La Puerta de la Esperanza. A los enamorados se los perfuma con jazmín. A los mentirosos les vende retales de alguno que desechó. Y a los perdedores les regala historias de una heroína anónima que superó todas las adversidades.
Escrito por Pablo Núñez - Twitter

Mateo 24, 44

Jesús regresó varias veces. En el siglo V ordenó ejecutarle Cosroes II. En el siglo XIII fue quemado por herejía. En el siglo XVII lo asesinaron unos soldados suecos. En el siglo XX fue encerrado en un manicomio. En el siglo XXI se hizo tuitero y acabó en la cárcel.
Escrito por Plácido Romero - Twitter

Escritor accidental

Le quedaba poco dinero para terminar el mes. Su abogado le habló de una zanja en la que podría tropezar y romperse otro hueso. Fue hacia allí. Tras pasar por el hospital, el eficaz letrado, de nuevo, se ocuparía de lograr del ayuntamiento la mejor indemnización. Él, solo de escribir.
Escrito por Ángel Saiz Mora

La última función del Roma

De niña pasaba el trago con chocolatinas. Nunca le gustó el circo: trapecistas mareantes, magos engañosos y animales disfrazados.

Se enamoró del aire de payaso de Augusto. No cobraba entrada. Bueno, los sábados noche sí. 

Últimamente necesita un par de ginebras como aquel cacao en el mayor espectáculo del mundo.
Escrito por Cristina Aguas