Madre esperanza

Mientras otros niños del sempiterno campamento juegan a la guerra con proyectiles de lodo, los ojos de Nasim migran incansables de mujer en mujer. Sus oídos escudriñan el griterío; tal vez en ese mar de voces logre escuchar la que anhela, y que ya no recuerda, llamándolo por su nombre.
Escrito por Juana Mª Igarreta Egúzquiza - Web

Niñez eterna

A lo largo de los años protegió a su niño interior por encima de todo y de todos, con la fuerza de un águila imperial, llevándolo consigo en sus pensamientos y enfrentándose a la vida y a sus constantes vaivenes.

Ahora, ante la muerte, ese niño seguía siendo... un niño.
Escrito por Salvador Pérez Salas - Twitter

Nadie tiene la culpa

Hace rato que debía haber bajado a cenar. La madre sube a su habitación y la encuentra tendida en el suelo. Sobre su cabeza, en el lugar de la lámpara, un enorme agujero en el techo. La niña llora desconsolada, pero sabe que su sobrepeso le ha salvado la vida.
Escrito por Pepe Sanchis

La fuerza de la teología

León estuvo tres horas hablándole del dogma de la maternidad divina. Le dijo que la Virgen María es la verdadera Madre de Dios, pues parió según la carne al Verbo de Dios hecho carne. Cuando iba a comenzar a explicarle el dogma la santísima trinidad, Atila decidió regresar a Panonia.
Escrito por Plácido Romero - Twitter

Afán de eternidad

Tuvo siete hijos para que mantuvieran vivo su recuerdo, pero nunca les quiso ni ellos a él. Luego intentó que algo escrito por su mano perdurase. Eso sí lo consiguió. Cuatro palabras de su autoría permanecen labradas en piedra: "Fui una persona excepcional", podría leerse si alguien visitase su nicho.
Escrito por Ángel Saiz Mora

Contrastes

Al poeta lo abandonó su musa y se transformó en estatua; quedó ciego a los ojos que reflejaban el reino de la libertad y renunció a su marcha progresiva hacia la infinitud.

La musa abandonó al poeta y lo guardó en el cuarto; luego, salió al acecho de otras imaginaciones.
Escrito por JC Pozo - Facebook

Madres

Escuché unos chasquidos entre los matorrales. ¿Pisadas? Agarré a mi madre y tiré de ella. Me miró con gesto de reproche mientras sacudía sus brazos. "Habla claro y no te andes por las ramas. He de despiojarte". "¡Un cazador!". Se escuchó un disparo. Mientras caía abatida insistía: "Tú, siempre escaqueándote".
Escrito por Marisa Martínez Arce

¿Entre los geranios?

Pierdo todo lo que sabía por la casa. En una taza aparecieron los nombres de varios ríos. En un vaso, unas raíces cuadradas resueltas. Acabo de abrir la cómoda, y ahí estaban los poemas de Rubén Darío. Ahora, en cuanto recuerde cómo se usa el peine, también buscaré tu nombre.
Escrito por Paloma Hidalgo Díez