Decimonónica alarma

Cuando saltó la alarma en su PC, Amaranta hizo lo suyo de su rodada silla. Vip, vip, vip... Los ojos de la funcionaria crecían al compás del irritante sonido; la sorpresa menguaba a medida que descifraba el mensaje encriptado. La instancia no podía cursarse por un decimonónico "vuelva usted mañana".
Escrito por Ana García Ortiz

Vida

Acabada la tormenta, bajo al parque cercano. El viento agita las ramas de los árboles y una fina lluvia improvisada me alcanza. Sonrío. Los pájaros entonan su melodía. Respiro el aire limpio, con inspiración profunda. El olor de tierra mojada me inunda por completo. Negativo, el resultado ha sido negativo.
Escrito por M. Carme Marí - Web

El libro

Le gustaba oler las páginas del libro de su vida. Algunos escépticos dudaban de que eso fuese posible. Ella, sin embargo, lo había conseguido, aunque no fue fácil. El sentimiento de pérdida y la memoria de unos años que no iban a retornar provocaron esa catarsis. Ya solo restaba desaparecer.
Escrito por María José Viz Blanco

Indisposición

Escucha el ladrido de los perros y las voces que llaman; pero, recostado en un árbol del bosque, el fiel caballo de palo permite que el comején trepe por su pata, mientras espera por su amo, el niño que juega a dejarse comer por los gusanos que cubren su cuerpo.
Escrito por Beto Monte Ros - Twitter

De la vida de las marionetas

Contempladla en su patético abandono. Tras cada representación, mendiga algunos instantes de reposo. Fue creada siguiendo la voluntad de mis manos; pero, ahora que los años han rendido aún más sus facciones y sus desarticulados miembros, ya no tiene sentido su existencia. Deshaceos de esa furcia, ahora inútil. Deseo descansar.
Escrito por Jesús Garabato Rodríguez

Escondido

Me asaltó un enorme temor cuando atravesé la galería que permanecía en penumbra. Estaba amaneciendo y las sombras iban ocupando el espacio acortándose a medida que el sol ascendía por el horizonte. De pronto lo vi, allí estaba Él como siempre, agazapado detrás de un matojo esperando la nueva presa.
Escrito por Mª Luisa Pérez Rodríguez

En una tinaja del Mar Muerto

—Altísimo, guíame de nuevo a mi morada, decía hincado un pastor.

Sentía una piedra en las rodillas y, al sacarla, descubría vetustos papiros. Sin saber cómo, leía al sol inclemente.

—¿Para qué dar este saber al corazón? —preguntaba arrojándolos al mar.

De pronto, atisbó su rebaño en la llanura distante.
Escrito por Gleiber Alvarez - Web

Reina

Su piel es pálida y sonrosada, cabello negro, los ojos color del acero. Atiende una posada húmeda y sombría. Hospeda a aquellos que caminan en la oscuridad. En medio de la noche, con la llave maestra, se cuela en las habitaciones y se alimenta de la sangre de los peregrinos.
Escrito por Pilar Garrido Aláez