A la deriva

¡Capitán! ¡Capitán! ¡Mira, la tripulación ya ruge, el camarote se amotina! ¿Por qué te has tirado por la borda? ¿Por qué los has abandonado? Ahora no son más que náufragos a la deriva. Después sacarán los cuchillos y se matarán por un bote salvavidas, pero ¿quién los oirá en altamar?
Escrito por Gil Hernando de Santiago

8 comentarios :

  1. No puede negarse que el final de esta insustituible página nos deja a todos un poco a la deriva, pero comprendemos las razones, estaremos siempre eternamente agradecidos a su capitán y trataremos de sobrevivir cada uno a nuestra manera en el mar proceloso. Todo lo que hemos aprendido en ese barco cincuentista nos ayudará, y de qué manera, a salir siempre a flote. Allí nos encontraremos.
    Un abrazo grande y muchos recuerdos a los dos

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  2. Desde que Álex nos dio la noticia, siempre digo que me siento huérfana, pero a la deriva también en una buena descripción. No obstante, comprendo perfectamente las razones y debemos crecer para valernos por nosotros mismos. Un fuerte abrazo.

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  3. ¡Oh capitán, mi capitán!
    Terminó nuestro espantoso viaje,
    El navío ha salvado todos los escollos,
    Hemos ganado el codiciado premio,
    Ya llegamos a puerto, ya oigo las campanas,
    Ya el pueblo acude gozoso,
    Los ojos siguen la firme quilla del navío resuelto y audaz,
    Mas, ¡oh corazón, corazón, corazón!
    ¡Oh rojas gotas sangrantes!
    Mirad, mi capitán en la cubierta
    Yace muerto y frío.

    ¡Oh capitán, mi capitán!
    Levántate y escucha las campanas,
    Levántate, para ti flamea la bandera,
    Para ti suena el clarín,
    Para ti los ramilletes y guirnaldas engalanadas,
    Para ti la multitud se agolpa en la playa,
    A ti llama la gente del pueblo,
    A ti vuelven sus rostros anhelantes,
    ¡Oh capitán, padre querido!
    ¡Que tu cabeza descanse en mi brazo!
    Esto es sólo un sueño: en la cubierta
    Yaces muerto y frío.

    Mi capitán no responde,
    Sus labios están pálidos e inmóviles,
    Mi padre no siente mi brazo, no tiene pulso ni voluntad,
    El navío ha anclado sano y salvo;
    Nuestro viaje, acabado y concluido,
    Del horrible viaje el navío victorioso llega con su trofeo,
    ¡Exultad, oh playas, y sonad, oh campanas!
    Mas yo, con pasos fúnebres,
    Recorreré la cubierta donde mi capitán
    Yace muerto y frío.

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  4. Salvador Pérez Salas4/2/19 15:18

    Épica despedida, Gil. Hemos andado por un camino, surcado unos mares... tenemos un guía, un faro... seguiremos andando... seguiremos navegando. Agradecido por tus relatos.

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  5. Genial despedida, Gil. Nos hemos quedado un poco huérfanos sin nuestro capitán, pero seguro que nos alegraremos de sus éxitos en las travesías que le esperan.
    Abrazo a los dos.
    Pablo

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  6. Jajaja... Estamos rugiendo!! ... y a la deriva nos quedamos un poco, sí.
    Bueno, si el capitán se tira por la borda hemos de comprobar si el barco sigue flotando, y de ser así, lo repescamos!
    Esperemos que no nos matemos por un bote salvavidas y que lleguemos a alguna playa para salir del mar profundo.
    La verdad es que el final "¿quién los oirá en altamar?" me hace pensar en los pobres que sí que se ahogan sin que nadie los oiga, empujados por guerras y hambrunas que los persiguen. Disculpa que haya colado aquí esta otra historia, pero me ha venido a la cabeza con tu frase final.
    Muy buena esta despedida, un poco delirante y bien visual :-)
    Un abrazo.
    Carme.

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  7. Oh capitán, más encima nos has dejado en el mísmisimo Triángulo de las Bermudas... ay ay ay, nuestro destino esta sellado.

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