Amor filial

Dos hombres arrastraron el cuerpo sin vida por la arena, un rastro de sangre fue señalizando el recorrido; al poco, desaparecieron tras una puerta. En el graderío, la muchedumbre aplaudía y vociferaba excitada. Sólo un muchacho, con el rostro escondido entre sus manos, lloraba desconsoladamente: era el hijo del gladiador.
Escrito por Enrique Angulo - Twitter

La última apuesta

No deseo fracasar. Una vez más, no. Faltan cinco minutos. ¡Puto vértigo! La gente me mira. Cuatro. Este sudor. Me siento desnuda aquí arriba. Fracasaré. Tres. Más gente. Cuchichean. ¿Quiero hacerlo? Dos. Me juzgarán. ¿Quién juzga a quién? Uno. Demasiado tarde. Caigo al vacío. ¡Auxilio!

¡Estimado público, con todos ustedes...!
Escrito por Loli Regs

Carabina

Mi hermano mayor me llevaba a casa de su novia. Encerrados en su cuarto esperaban que hiciera compañía a Piluca. Nos enamoramos enseguida: revolcándonos en caricias, extasiándonos de intenso placer... Cuando ellos rompieron, quisimos continuar con nuestra relación. Pero resultó un amor imposible.

Mis padres jamás consintieron mascotas en casa.
Escrito por Pepe Sanchis

Huyendo de uno mismo

En vano, trato de saber lo que me espera en la otra orilla. Casi llegando, como si de una maldición se tratara, una terrible corriente me devuelve al puerto de partida y me veo de nuevo tratando de huir de esa sombra que ruge desde la linde del bosque oscuro.
Escrito por Rafael Domingo Sánchez

Mi basura

Suena el timbre de mi casa como si hubiera un incendio y, al abrir la puerta, la bolsa de basura que acabo de bajar está ante mí. Tiene una pose desafiante, con las lazaditas puestas en jarra. Ante mi desconcierto se me cuela dentro y se acomoda en el sofá.
Escrito por Nuria Rozas - Twitter

El síndrome de Don Quijote

Descubrió, de repente, que ya no podía caminar por el bosque como solía. Luego se le vio distraído y su voz empezó a sonar como un oboe melancólico. Poco después, perdió el hilo de la conversación con el mundo: fue cuando empezó a señalar con su lanza a los molinos.
Escrito por María José Escudero

Sin villancicos

Como no podía dormir, me he puesto a contar ovejas. De pronto, unos pastorcillos se han encaminado hacia Belén.

Menos mal que he refrenado el impulso de comprar dulces navideños en la cola del súper. Son muy considerados: en atención a nuestra manga corta, aún suena la canción del verano.
Escrito por Carmen Cano - Twitter

Músico

No me escondo nunca de nada y, aunque logra siempre gobernarme, continuaré actuando altaneramente. Si ella puede seguir la partitura, yo llevaré la batuta tocando con todos mis instrumentos: la boca, las manos y la cabeza bien alta para continuar recibiendo orgullosamente todas las distinciones; eso sí, en su honor.
Escrito por Antonio Ortuño Casas - Web

Duelo

Los dos hombres llegaron al duelo con idéntica premura; los dos sostuvieron el arma con las manos temblorosas; los dos dispararon al mismo tiempo, con los ojos cerrados.

Solo uno de ellos se desplomó con el pecho sangrante. La otra bala se quedó incrustada para siempre en mitad del espejo.
Escrito por Daniel Castillo

Ni sumisa ni devota

Siempre había sido tan silenciosa. Aceptaba todo lo que se le pedía. Cuando llegaba a casa, estallaba en lágrimas y dolor. Ser así, era una cualidad tan bien vista por la sociedad.

Un día algo cambió. El silencio encontró su voz. Dejó de ser invisible. Todos creyeron que había enloquecido.
Escrito por Silvana Alexandra Nosach - Facebook

Días de vida

Desde que se lo comunicaron desayuna churros en el Áfrika, ha vuelto a la plazuela con las vecinas y come fuera. Los miércoles se acicala en la peluquería. Cada tarde vuelve a casa feliz. Tras revisar el calendario se acuesta pensando si don Emiliano tenía razones ocultas para no acertar.
Escrito por Ignacio Urtiaga - Twitter

Mesa para cinco (Comensal #2)

―Sí, solicitaron un reservado para "los cinco cincuentones", o algo así, diciéndonos que traerían ellos su comida. Cuando entré ya estaban muertos, con sus manos entintadas y entrelazadas. Parecía un pacto diabólico de esos, apestaba a azufre. Lo más extraño es que dejaron un puñetero dinosaurio despedazado sobre la mesa.
Escrito por Jesús Garabato Rodríguez
Uno | Dos | Tres | Cuatro | Invitado | Cinco

Vuelta atrás

Salimos al monte un día de primavera y, cuando regresábamos, ya era invierno. Una gruesa capa de nieve nos impedía avanzar y el frío nos entumecía los músculos. Al sorprendernos la noche, decidimos guarecernos. En la cueva, un hombre semidesnudo, alumbrándose con una antorcha, dibujaba sobre la pared un bisonte.
Escrito por Mª Luisa Pérez Rodríguez

Alien-Nación (La ciudad sin alma III)

Día 527.

Alienados, se aferraban a sus pequeñas rutinas como si las tinieblas no se hubieran apoderado de todo. Portaban velas. Iban y venían de sus trabajos inexistentes, zombificados. Escuálidos, chocaban contra paredes. Muchos morían atropellados por aquellos intrépidos, que incluso se atrevían a conducir en la más inhóspita oscuridad.
Escrito por Raquel Tevas Cisneros
Parte I | Parte II | Parte III

La plaga

Están por todas partes. Agrupadas con delicadeza en estructuras frágiles de extraña pigmentación que salpican el gris pulverulento del suelo. En las escasas zonas del planeta aún accesibles sin mascarilla es posible captar su aroma sutil, pero será preciso destruirlas de nuevo. Los viejos, apenas las descubren, rompen a llorar.
Escrito por Jerónimo Hernández de Castro - Twitter

Mesa para cinco (Comensal #1)

Se reunían, puntuales, todos los diez de octubre. Ninguno de los cinco escritores recordaba el motivo del encuentro. Su memoria se desvanecía. Olvidaron sus nombres completos. Conocían tan solo sus iniciales: dos C, dos J y una M. Los abrazos, sin embargo, continuaban siendo intensos, emotivos y vivos. Como siempre.
Escrito por María José Viz Blanco
Uno | Dos | Tres | Cuatro | Invitado | Cinco

Categorías distintas

La vi, me sonrió, fui y la besé. Me sentí jodidamente genial, la amo. Desperté de mi sueño, miré la hora. Las tres y cincuenta y cuatro. Quise regresar al sueño, llevarla a la cama y desnudar sus sueños. Pero no. Ella ni me mira. Un sueño, nada más allá.
Escrito por TR

La ciudad acordonada

Me desperté a las cuatro de la mañana. El motor rugía en la otoñal madrugada. Vi la calle cortada al tráfico y acorralados los sospechosos gigantes.

Sigilosos, los operarios levantaban la alfombra de hojarasca con potentes chorros de viento. Si el alba no lo remediaba sería otra noche de insomnio.
Escrito por Francisco Rubio Yepes - Web

Contra natura

El león la observa agazapado. La gacela calma su sed en el río. De un salto, la poderosa melena irrumpe por sorpresa. Los dos animales quedan irremediablemente presos en una red de amor abominable. Unos meses después, una nueva especie luchará por sobrevivir en la dura vida de la sabana.
Escrito por Aurora Rapún Mombiela - Web

Quince meses

Abrí la ventana y una brisa de fuego y miel revolvió mi pelo. Reí y también lloré, hasta que, un día, convertido en molécula, volé.

Esta fue la primera página de mi nuevo calendario. Hoy, sus hojas se arremolinan junto a tus besos; y yo, meso mis cabellos y tiemblo.
Escrito por Carles Quílez - Twitter

El comentarista galáctico

El relato se siente algo cohibido hasta que aparecen unas palabras sentidas que van sacando las costuras a su argumento. Respira tranquilo al ver que el precioso comentario ha enmascarado las fisuras del autor y ahora brilla más que nunca. Como colofón, una despedida inconfundible: Mi más muy mayor enhorabuena.
Escrito por Pablo Núñez - Twitter
Dedicado a Eduardo Martín Zurita

Pecado original

Cada tarde cruzaba la plaza hacia la parroquia donde el padre Braulio había aceptado enseñarle el catecismo y las cuatro reglas cuando los demás niños se hubieran ido. Sentía las miradas de siempre tras los visillos y se preguntaba qué culpa tenía ella de cómo ganaba el pan su madre.
Escrito por Aurora Baeza

La forma del agua

Es la hora de la comida y el carcelero se acerca. Los cautivos no tienen noción del tiempo en su encierro.

Se mueven nerviosos. No hay salida.

Algunos han desaparecido sin dejar rastro.

Sobreviven entre cuatro paredes de cristal. Y ahí, en esa líquida cárcel, ni las burbujas son libres.
Escrito por María Galerna

Otro cuento

Ya no hay lobos en las montañas acechando el rebaño, hace tiempo bajaron a la ciudad. Puedes encontrarlos a la vuelta de la esquina, su pelaje simula lana de cordero y ocultan sus colmillos afilados tras una sonrisa inverosímil.

Hay tregua para los ganaderos, las víctimas actuales son otras ovejas.
Escrito por Malu

En la soledad

Allí se esconde de su miedo. Allí anidan los silencios, se apagan las miradas y los sueños rompen sus alas. Allí busca los abrazos perdidos, las caricias quebradas, las palabras que hicieron sangrar sus cicatrices y que le dieron el último impulso hacia el abismo. Sabiendo que no podía volar.
Escrito por Pedro Rodríguez

Crónica de dos ciudades

El frío aviva el eco de un taconeo que tamborilea la acera. En los escarpados hogares, el día se refugia entre rostros que se reconocen y voces que ofrecen respuesta. Afuera, la noche salpica de despedidas sin encuentros su piel prestada, fonda de semblantes anónimos bajo sordos alientos de neón.
Escrito por Antonio Bolant - Twitter

Buenas noches, que descanses

Todavía recuerdo cuando la plaza era un paraíso de aventuras y el sillón de casa, un barco pirata invencible. Eras el Capitán Rojo y yo, la pirata Corbata.

 —¿Mamá, estás bien?

Muevo la cabeza asintiendo, enredada entre tubos y cables. Arreglas las sábanas. Me abrazas diciendo:

—Que descanses, pirata Corbata.
Escrito por Sylvia Bonilla

A tu recuerdo

Ante esta lápida fría, te planto de nuevos tus flores, esos claveles rojos que te preceden ante esta primavera triste. Dos años hace ya que nos dejaste. Dos años recordándote sin verte, oliendo el azahar de los alrededores floridos sin tenerte a nuestro lado. Nunca te olvidamos en nuestros corazones.
Escrito por Cristina Jiménez Urriza

Humectación de las palabras

Tomé sus piernas y ella las abrió. Me pidió platicarle, así le hablé a la flor: deletreando una poesía, susurrándole mi pasión, diciendo lentamente cada letra del abecedario.

La flor se abrió y se humectó de ambrosía.

Esa es la mejor conversación y el mejor poema que alberga mi interior.
Escrito por Ricardo Rodríguez Sánchez

Interjecciones que no falten

Tarej Bayuf estornudó con muchas ganas y todos cuantos estaban a su alrededor, cristianos viejos por lo que ve, lo acompañaron con un ¡Jesús! Pero Tarej Bayuf protestó. Si yo soy mahometano, practico el islamismo, no me suelten blasfemias. ¡Hala!, exclamaron los aludidos en un esfuerzo de empatía y comprensión.
Escrito por Juan Badaya - Web

Disciplina espartana

Una vez más, Miguel secaba al sol su colchón mojado. Algunos tutores se reían cínicamente. Sería la última vez.

Cuando Miguel desapareció, lamentaron su excesiva melancolía y aquella maldita costumbre de aventurarse entre los acantilados. Todas las sospechas apuntaban hacia el mar, pero Miguel había puesto tierra de por medio.
Escrito por Javier Igarreta Egúzquiza - Web

La esquina de los besos

El orador pidió silencio en la sala; pidió silencio en el edificio, en la manzana, en la ciudad. Después, colocando la palma de su mano detrás de su oreja, dijo: "Oíd, todos". Fue el trueno, fue el derrumbe: la prosa venció a la poesía en la esquina de los besos.
Escrito por Salvador Cortés Cortés

La hija

Era la pequeña de seis hermanos. Le dijeron que sería ella quién le cuidaría siempre. Hoy su padre tiene ciento cinco años. Ella solo ochenta.

Apoyándose en el bastón, llega a lo más alto del cerro. Inclina su cuerpo sobre la barandilla. Vuela hacía el fondo y saborea la libertad.
Escrito por La hija del Ferroviario

Hijo único

Un divorcio es el hoyo donde se hunde un espejo de dos caras. Doble cumpleaños, cuentos duplicados leídos a medias, calcetines desparejados en quincenas alternas. Hay días en que uno de mis pulmones cesa de respirar y una voz de eco me pregunta si dejará de latir mi único corazón.
Escrito por Belén Sáenz

Mujeres en penumbra

Mujeres que viven una extraña soledad y tristeza huyen de las oscuras tinieblas para salir a la luz. Abren las puertas de sus vidas para manifestarse y afirmar por qué motivos huyen.

Rompen con el silencio y con todo, y se rebelan para liberarse y ser iguales a los demás.
Escrito por Luis Toyos

Espectros

El tren aminora la marcha. Una sombra, con determinación, salta al interior del vagón. Recuesta su maltrecha espalda en el frío suelo. Otras sombras silenciosas, sacos abarrotados de injusticias, yacen apretujados buscando calor. Espectros que caminan bajo el manto de la noche.

En la próxima parada les aguarda el arresto.
Escrito por María del Carmen Pavón Rodríguez

El otro sol

El sol dolía allá en lo alto. Llevaba horas de trabajo agachado, mirando al suelo, viendo avanzar lentamente la labor. El sudor surcaba la capa terrosa adherida a mi piel. Era duro el trabajo del campo.

Hoy, este pensamiento me asaltó mientras me acomodaba en la toalla mirando al mar.
Escrito por Javier Velasco Eguizábal

Mis viejos zapatos

Mis preferidos. Tan gastados de suela y con el brillo perdido de sus mejores días, guardan aún su magnético poder de objetos mágicos. Alados, anduvimos juntos veredas y avenidas; subimos y bajamos empinadas escaleras… las mismas que ahora sorteo, ascendiendo o descendiendo por la rampa, sobre mi silla de ruedas.
Escrito por Manuel Bocanegra

No llamen

De nada sirve que llamen a su timbre con vigor. No está ni para jóvenes que se afanan en aligerar sus facturas, ni para escuchar el evangelio de quienes quieren salvar su alma inmortal.

Tumbado, sus ojos fijos en el techo ignoran ya las grietas que le perturbaban en vida.
Escrito por Manuel López Muñoz