Sin villancicos

Como no podía dormir, me he puesto a contar ovejas. De pronto, unos pastorcillos se han encaminado hacia Belén.

Menos mal que he refrenado el impulso de comprar dulces navideños en la cola del súper. Son muy considerados: en atención a nuestra manga corta, aún suena la canción del verano.
Escrito por Carmen Cano - Twitter

20 comentarios :

  1. Pilar Garrido Aláez11/11/18 18:42

    Apreciada Carmen, es que ahora que lo pienso a mi me pasa lo mismo...creo yo que cada vez nos adelantan más la Navidad y se nos junta la ropa de verano con el turrón, las sandalias con la fruta escarchada y la crema del sol con el arbolito navideño.
    Un relato muy sagaz.
    Un abrazo

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    1. Querida Pilar, entre el cambio climático y las estaciones anticipadas de los centros comerciales, ya no sabemos qué vestir ni qué comer. Totalmente desorientados.
      Muchas gracias por tus palabras. Besos.

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  2. Salvador Pérez Salas11/11/18 19:20

    Me ha encantado el juego de no dormir, entrar en un sueño y salir de él con una reflexión sobre cómo nos condicionan, en este caso condicionamos a, los hilos musicales de las grandes superficies.

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  3. El hilo del pensamiento va dando saltos, como las ovejas ante la valla antes de que conciliemos el sueño. Si llegan a poner villancicos en el hilo musical, el insomne del micro se levanta y se atiborra de turrón y polvorones con el abanico en la mano.
    Gracias por tu comentario, Salvador. Un abrazo.

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  4. Enrique Angulo11/11/18 23:54

    Como diría alguno de los personajes de Forges: “Cielos, la Navidad ya está encima y yo con estos pelos”. No sé si esa realidad habrá sido la causa del insomnio que sufre el personaje de tu microcuento, sea como fuere, es un mal hiriente el de no poder conciliar el sueño, y con todo lo que digan, contar ovejas no sirve de mucho.
    Y claro, por esas asociaciones absurdas que suele hacer nuestra mente, de las ovejas se llega a Belén en un pispás, y de ahí a todo lo que conllevan esas fiestas que algunos desearían que duraran todo el año, para poder decirnos eso de “consumid, consumid, malditos”, no hay más que un paso.
    Como bien apuntas, ahora la Navidad empieza en pleno verano, no es raro en esas fechas ver anunciados ya productos navideños, ni tampoco números de lotería no sólo en las administraciones, también en muchos otros sitios y hasta en las playas, un auténtico delirio; pero ya se sabe, el ser humano, en cuanto huele dinero, se agita con mayor avidez que las pirañas a la hora de devorar algún animal vivo o muerto que caiga en sus proximidades, y la Navidad, con sus pagas extras, sus aguinaldos, sus regalos, sus comidas que no sé si s¡ son pantagruélicas o gargantuescas, supone un buen nicho de negocio que, supongo, diría uno de esos linces del marketing.
    Claro está que la mayoría de la gente entra al trapo, o entramos -¿quién puede mantenerse al margen?- que con cuatro destellos y una musiquilla nos engatusan, que cada vez añadimos más obligaciones y excrecencias a unas fiestas que, en su época, fueron entrañables, pero que ahora resultan –y hablo por mí- empalagosas por lo que suponen de villancicos y luces que invaden fechas que antaño no eran suyas, de constantes compras, comidas y obligaciones a las que uno no desearía someterse y que, sin embargo, por no parecer demasiado raro, acaba sometiéndose, y que si ya sus heraldos aparecen en verano, luego, se prolongan, prácticamente, durante un mes o más, y uno queda desasosegado ante la cuesta de enero y con un bajón que no se supera hasta que la primavera no comienza a adornar los jardines y los árboles, lo cual, por la meseta, suele hacerse bastante de rogar.
    Quizá lo único que nos quede es tomárnoslo con ironía –y con una gran imaginación- como has hecho tú en este microcuento, el humor siempre suele ser una buena solución para casi todo. Aun así, mi plegaria será: que pase de mí este cáliz.
    Un abrazo, Carmen.

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  5. Con una calma desesperada, valga el oxímoron, se toma el personaje su insomnio, en primer lugar, y la oferta de productos navideños cuando aún aprieta "la calor", después. Los comercios hacen su agosto en cualquier época del año y nos sorprenden con productos fuera de temporada para que la novedad se convierta en tentación. Como la Navidad se ha transformado en una gran fiesta de consumo desmesurado, alargan más allá de lo razonable la venta y el bombardeo publicitario, de manera que pasamos meses enteros pendientes de esta celebración. Personalmente, disfruto de esos días familiares, me ilusiona pensar en los regalos que elegiré para los míos, pero vivo como una tortura obligatoria el peregrinaje por centros comerciales masificados, colas interminables para pagar y acabo por saltarme la nueva cola de empaquetar, cuando la ofrecen. "Ya lo envuelvo tranquilamente en casa", me digo, "sin villancicos, sin agobio alguno". Y lo mismo vale para cualquier artículo. En agosto ya llenan los escaparates de prendas de abrigo o en febrero de las que nos pondremos cuando nos quitemos el sayo. Una auténtica paradoja que debe resultar rentable, aunque mi mente poco práctica no lo conciba.
    Al cáliz aún le queda, la cena aún no está servida, Enrique. Respira profundamente, y coge fuerzas. Falta más de un mes y hay que disfrutarlo.
    Un fuerte abrazo.

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  6. No puedo negar que también me he visto invadido por este espiritu navideño presente ya casi en agosto. Pero prefiero decir que me ha encantado el arranque, cómo se van sumando los pastorcillos al recuento insomne. Me alegra haber disfrutado de tu relato. Gracias, Carmen

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  7. Gracias a ti, Manuel. Me quedaba la duda de la conexión entre la parte del insomne que deja divagar su mente y la de los dulces navideños.
    Un abrazo.

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  8. Josep Maria Arnau12/11/18 12:46

    Me ha gustado tu relato, Carmen. Más ahora que se acercan estas fechas. La motivación del sueño del primer párrafo se revela en el segundo. Lamentablemente, la presión comercial es muy fuerte. A muchos les cuesta “refrenar los impulsos”… no sé que hubiera hecho el/la protagonista si le ponen villancicos (título que encaja como anillo al dedo).
    Un abrazo.

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  9. El micro surgió con los primeros alimentos navideños, cuando todavía nos calentaba un sol veraniego. Es evidente que cada año se anticipan más los comercios, creando estos absurdos climatológicos. Pero alguien debe de comprar en pleno calor, de otro modo no lo ofertarían. Mi protagonista parece aliviado por no haber sucumbido a la tentación. O quizás no. Podría haber mordisqueado unos dulces esperando a Morfeo. Desde luego, le había faltado la banda sonora.
    Muchas gracias por tus palabras, Josep Maria. Abraçades.

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  10. Muy bueno. Empiezas por un insomnio con sus ovejas y nos llevas a una reflexión irónica sobre la sociedad de consumo en la que estamos metidos. Todo vale para vender en todas las estaciones del año, se inventan nuevos días con nombres en inglés, totalmente alejados de nuestras costumbres. La globalización es lo que tiene. Abraçades, Carmen.

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    1. Ah. No recordaba el famoso viernes que debe de estar al caer. Siempre hay ocasión para que los consumidores nos acerquemos, como moscas atraídas por la miel, a llenar la despensa y el armario. Nos atrapan con nuestras propias tradiciones y las foráneas.
      Muchas gracias por tu comentario, Pepe. Abraçades.

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  11. Tan divertida, ingeniosa y corrosiva tu visión global sobre el calentamiento consumista que nos asola cada vez más temprano, como irreal parece esta realidad de mercado que a fuerza de crear necesidades nos mantiene anclados y uncidos a la rueda de un sistema de consumo exponencial que amenaza con agotar recursos y condena a la biodiversidad en función de sus ambición desmedida.
    Da para reflexionar tu relato, tanto como para reír. Imagino a tu protagonista comiendo polvorones, móvil en mano, en chancletas de verano tumbado al sol.
    Fantástica estampa.Esto y un fuerte abrazo, Carmen.

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  12. Tus palabras no pueden ser más acertadas. La estampa final es mucho más divertida que el micro. Me has hecho reír al visualizarla. Hemos entrado en una espiral absurda de consumo, nos entra sin avisar por todos los sentidos.
    Mil gracias, Manuel. Un fuerte abrazo de vuelta.

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  13. Antes, para acordarte de la navidad tan pronto, tenías que ver cosas como un viejo haciendo migas, o botas..., pero ahora se trata de que empecemos pronto a comprar y acabemos tarde, poco antes de que empiece la primavera en el Corte Inglés. Me parece genial el modo en que lo has contado, con esa imagen surrealista tan irónica del principio y esa otra en la que conviven polvorones y música veraniega.
    Enhorabuena, Carmen.
    Un abrazo.

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  14. Enrique, El Corte Inglés ha sido el pionero en este desajuste de estaciones, con sus reclamos publicitarios. Hoy no hay negocio que no ofrezca productos fuera de temporada. Ya ves a qué puede llevar el recurso, siempre fallido, de contar ovejitas para curar el insomnio. Un puro disparate que la realidad nos recuerda cada día.
    Muchas gracias, Enrique. Un fuerte abrazo.

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  15. Me encanta tu primer párrafo Carmen. Haces fácil imaginarse la perplejidad de tu insomne protagonista, quizá debido al calor, viendo dirigirse al portal a esos prematuros pastorcillos.
    Un relato divertido y con saludable mala leche como crítica al afán consumista de los grandes vaciadores de bolsillos.
    Un abrazo.

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    1. El insomne deja volar el pensamiento y se le cuelan los pastores del Belén en pleno calor. No es para menos, con la confusión de estaciones a la que nos someten los comercios. Todo sea en beneficio de las empresas, aunque comamos turrón bajo el aire acondicionado.
      Muchas gracias por tu comentario, Antonio. Un fuerte abrazo.

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  16. Una cosa es cierta: A los españoles nos gustan las fiestas y nos apuntamos a todas, incluso a los bombardeos.
    Ante esta situación, los almacenes, supermercados, marcas comerciales... quitan los bañadores del escaparate y ponen las caretas y calabazas de Halloween, ¿Qué no es nuestra la fiesta? ¡Qué mas da, nos apuntamos también! cuando se acaba, se quita la calabaza y se ponen las bolas de navidad, los abetos norteños, los camellos entre pirámides, la nieve en el desierto y Herodes, nervioso, preparado para salir de la caja del Belén y sus "belenitas" ¿o figuritas? y así... Gira il mondo, gira.
    Que me ha gustado tu relato. Y lo sabes.
    Un fuerte abrazo.

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  17. Isidro, además de disfrutar de las fiestas propias y foráneas, ¿no será qué eres un poco goloso? Habrá que montar el Belén -interprétalo como desees- y el árbol navideño en plenos calores para tener la excusa perfecta de saborear los dulces y brindar con cava. ¡Que no pare la fiesta!
    Un fuerte abrazo.

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