Hijo único

Un divorcio es el hoyo donde se hunde un espejo de dos caras. Doble cumpleaños, cuentos duplicados leídos a medias, calcetines desparejados en quincenas alternas. Hay días en que uno de mis pulmones cesa de respirar y una voz de eco me pregunta si dejará de latir mi único corazón.
Escrito por Belén Sáenz

11 comentarios :

  1. Carmelo Carrascal2/11/18 17:32

    ¡Qué bien lo has contado, Belén!

    El divorcio es uno de los tres sucesos dramáticos más estresantes. Si hablamos de una pareja que se ha querido mucho y bastantes años y con mayor razón si, acaso, han tenido hijos.

    Con frecuencia se banalizan las cosas y a la aparición de las primeras graves dificultades en la convivencia íntima, se recurre a él: el divorcio es posible, ¿sí?, pues venga con él, arda Troya.

    Tú dibujas al detalle las penosas consecuencias de la separación, especialmente dolorosas para quien es el abandonado, todavía más si coincide con que él fue quien amó más.

    Un cordial saludo!

    ResponderEliminar
  2. Muchas gracias por tu visita y tu comentario, Carmelo. Las rupturas y las duplicidades causan mucho dolor y desconcierto a los que están afectados, sobre todo los pequeños. Un abrazo para ti también.

    ResponderEliminar
  3. Sin olvidar el "¿quién te quiere más?"...
    Una situación que se ha de saber llevar muy bien para que el hijo no dude de si latirá su corazón.
    Ni el padre o la madre tampoco.
    Muy bien planteado Belén.
    Un beso.
    Carme.

    ResponderEliminar
  4. Todos sabemos que sobre los hijos recaen las consecuencias más dramáticas de una separación, que por amistosa que sea, no deja de tener un componente tan doloroso como inevitable. Tu protagonista puede que lo tenga todo duplicado, pero prefería tener menos y disfrutarlo más. Sus padres eran uno y ahora son dos, no ha sido fácil aceptarlo, como no es nada sencillo adaptarse a las consecuencias, dividir el tiempo y los afectos.
    Buen relato y, como no podía ser de otra forma, bien contado.
    Un abrazo, Belén

    ResponderEliminar
  5. Josep Maria Arnau2/11/18 20:34

    Reflexiones y sufrimiento de un niño después del divorcio de sus padres. El relato muestra certeramente una vida partida en dos… hasta avanzar en la radicalidad de lo físico. Pulmones hay dos, pero corazón… El final consigue liberar el significado buscado… que persiste. El título encaja a la perfección con el planteamiento. Enhorabuena, Belén.
    Un saludo.

    ResponderEliminar
  6. Enrique Angulo3/11/18 0:14

    Presentas una circunstancia que no por usual deja de ser dolorosa y, a veces, trágica. La vida, la acumulación de días y de vivencias nos va cambiando, nuestras inquietudes, nuestros deseos, nuestros afectos, todo eso está expuesto a la corriente salvaje de la existencia. La ruptura de una pareja es un hecho traumático que les toca vivir a muchas personas, a veces, hay un claro culpable, uno de los dos ha sido desleal con la pareja con quien se comprometió, o hasta ha sido un sinvergüenza, o un auténtico canalla, todos sabemos de casos; pero otras veces todo se debe a los cambios que se producen en las personas sin que sean conscientes ellas mismas, el amor se acaba, o, por decirlo con más precisión, el amor no pasa por las transformaciones que debe pasar para irse adaptando a las nuevas situaciones que los años nos hacen vivir, a los cambios físicos y psicológicos que el simple hecho del paso del tiempo implica.
    Dada esa situación irreversible, las maneras de salir de ella son múltiples, de hecho, para cada pareja son diferentes, y aquí se podría aplicar la frase con la que Tolstói empieza Ana Karenina: “Todas las familias felices se parecen unas a otras, pero cada familia infeliz tiene un motivo especial para sentirse desgraciada”. Y, desde luego, un divorcio es una desgracia, y cada familia lo vive a su manera.
    En tu microcuento presentas ese hecho desde la perspectiva de un hijo único, el cual vive con desgarro esas dos vidas insatisfechas que lleva, una con su madre y otra con su padre. Y quizá ambos hagan todo lo necesario para que su hijo sea lo más feliz posible, lo cual puede que sea inútil, y él sienta como una desgracia enorme, como una expulsión del edén en el que vivió cuando estaba bajo el mismo techo con su padre y con su madre, ese divorcio; ahí también entra en juego la sensibilidad de cada persona, su capacidad de adaptarse a los reveses de la existencia.
    Has reflejado con mucha maestría la situación de tu protagonista, que él mismo cuenta en primera persona, con esos hechos que parecen nimios, como los cuentos leídos a medias y los calcetines desparejados que, en su cotidianeidad, expresan toda la extensión de la desdicha en la que está hundido, hasta tal punto, que piensa que puede dejar de latir su corazón.
    Un abrazo, Belén.

    ResponderEliminar
  7. Excelente relato, como era de esperar viendo quién lo firma, de un tema que no es moco de pavo.
    Una pareja tiene la suficiente madurez para divorciarse y a la hora de hacerse la puñeta son tan cínicos e inmaduros que utilizan a su único hijo, tercera víctima de la separación, como objeto. Quizá estos padres no conozcan la palabra “sacrificio” a la hora de educar a su hijo y les falte amor para hacerle el menor daño posible ante un divorcio que, ya de por sí, es doloroso para él también.

    Gran propuesta, Belén.
    Un beso.
    Pablo

    ResponderEliminar
  8. La unión de la pareja se rompe en dos mitades individuales e independientes y el mundo del hijo único se tambalea entre las dos. Todo es doble pero a medias, demasiado complicado para un solo corazón que teme romperse también por la mitad.
    Un drama que sufren muchos niños contado a la perfección, Belén. Besos.

    ResponderEliminar
  9. Muchas miradas se han volcado con verdadera brillantez sobre el tema de los hijos en los divorcios, pero la singularidad de la tuya hace que parezca que el tema se trata por primera vez.
    Una gozada. Saludos, Belén.

    ResponderEliminar
  10. Muchísimas gracias a todos por vuestra visita y comentarios, que son enseñanzas para mí. Disculpad que no os conteste individualmente, pero me pilla de viaje. Besos y abrazos!

    ResponderEliminar
  11. Crecemos sobre un número par; unos padres que son las piernas de un tránsito por venir. Las metáforas que empleas son sensacionales, Belén, y proporcionan un altísimo voltaje a las dos caras de lo irreconciliable, de lo perdido.
    Intenso y hermoso. Una delicia. Felicidades.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar

Si no tienes cuenta, elige "Nombre/URL" en lugar de "Anónimo". ¡Gracias!