Reencuentro

Poco había cambiado el mobiliario en cincuenta años. Escogieron esta fecha para encontrarse en el café del barrio. Él esperaba en la mesa del rincón, dos tazas, un asiento vacío. ¡Traía tanto por contar sobre la guerra y el amor! Antes de irse propuso un brindis por los viejos tiempos.
Escrito por Pedro Elías Martínez - Web

La cita

Envié un mensaje a una antigua amiga para cenar hoy en mi casa a las once de la noche.

Después me enteré que falleció en un trágico accidente meses atrás. Me sentí fatal, muy disgustado.

Ahora estoy aterrado, son las once y alguien comenzó a arañar con violencia la puerta.
Escrito por Valentín Bayón Muntaner - Web

El punto exacto

Saltó con decisión de su camastro. Se puso unos pantalones raídos y miró a su alrededor... No encontraba la camiseta. Introdujo sus pies en las viejas botas y salió al campo. Anduvo errante durante varias horas. El sol comenzaba a asomar por el horizonte. Se detuvo. Allí plantaría sus sueños.
Escrito por Salvador Pérez Salas - Twitter

La doncella

A la orilla del río, atusándose la melena dorada, se encuentra la doncella. Un delicado pajarillo se posa sobre su regazo. Llora desconsolada, mañana no habrá remedio. Mañana sus sueños se romperán en mil pedazos. Mañana será desposada con el enemigo. Mañana habrá de renunciar al amor de su vida.
Escrito por Luna Negra

¿Gris?

Siempre nos hemos amado y durante un tiempo también nos hemos odiado.

Creo que ahora es cuando podemos hablar, sin abrazos y sin vasos volando. Creo que ahora pareceríamos personas y no un volcán en erupción.

Es posible que ahora veamos el gris y me pregunto si es como dicen.
Escrito por Jorge LP Logan - Web

Danza de palabras

En mi cabeza danzan cincuenta palabras, que me cuentan secretos al oído. A veces se deshilachan y desaparecen en el aire. En ocasiones se unen y cosen historias, multiplicándose hasta el infinito. El sentido del baile cambia. Entran palabras nuevas, agrandando el corro. Y siempre me muevo a su compás.
Escrito por Maest

Días gris marengo

Por más que intenta esbozar una sonrisa, un nuevo mohín afloja sus mejillas. Incapaz de superar su pérdida, los buenos recuerdos acaban derribados por la nostalgia. Para matar el tiempo, se cose las cicatrices del corazón escribiendo cuentos, mientras espera el día en que el tiempo lo mate a él.
Escrito por Pablo Núñez - Twitter

Azul

—Quería tubos de pintura verde, azul, roja, amarilla, rosa, violeta, magenta, naranja, blanca y negra.

—Serían trescientos francos.

—¡Uf! ¿Qué me darías por treinta francos?

—Un par de tubos de pintura azul o un par de tubos de pintura rosa.

—De momento, me quedaré con el azul —dijo Pablo Picasso.
Escrito por Plácido Romero - Twitter

Mensajes

Anduvo hasta el borde de un puente. El móvil vibró. La señal de wasap se repetía. Su madre, primos, amigos y el fontanero, todos le saludaban. Emocionado, regresó sobre sus huellas. Detectado su crítico estado de ánimo, se activaron mensajes ficticios de sus contactos. Otro éxito de la aplicación antisuicidio.
Escrito por Ángel Saiz Mora

Consejero

Amigo o tesoro, estás acompañando a quien te trajo hasta aquí. Quieres decirle que no se ilusione ante la primera sonrisa o abrazo que le dio esa chica. Sin embargo, decides callar silenciosa y largamente. Después de todo, ¿qué importancia podrían tener las palabras de un oso de peluche?
Escrito por Mauro Marino Jiménez - Web

Bienvenido

Tras una intrincada exploración, halló una de aquellas tribus. Sus féminas, despreocupadas, nadaban en el gran río. Se acercó exultante. Minutos después allí estaba, chapoteando en una gran bañera, con el agua cada vez más calentita y con aquellas buenas gentes alrededor escudriñándole con esa enigmática expresión en los ojos.
Escrito por Matrioska - Web

Blanco y negro

Seducido por la cosa más dulce, se sumergió en el antiguo mundo del blanco y negro para escribirle una carta de amor.

Tan pronto terminó, se encontró extrañamente frustrado y melancólico, al recordar que ya no hay carteros.

Su mundo comenzó a llenarse de absurdos colores y frívolos mensajes instantáneos.
Escrito por Selene Argueta - Twitter

Cópula felina (III)

Cuando el chupóptero JC volvió a ver los cojones chiquititos y pegados al culo del Tigre de Metal, sufrió vibraciones cardíacas. La Diosa del Mar del Sur mordió su trampantojo, y acudió a amamantarlo con sus exuberantes ubres, rechazando la cópula felina.

El Tigre de Metal huyó, buscando nuevo destino.
Escrito por Marcuan
Parte I | Parte II | Parte III

Bajando la montaña

Partimos el camino desde la montaña, entrando por el bosque en penumbra. Una vez allí, las cosas se volvieron extrañas. Los ojos de mi amigo centelleaban en un extraño carmesí y parecía que sus caninos crecían sobresaliendo de su labio inferior.

—¡¿Qué haces?! Quítate... me haces cosquillas, mi cuello... ouch.
Escrito por J. J. Kastle - Web

El Hada Reina (Tríhada II)

Al destaparle los ojos, diminutas lucecillas perlan la oscuridad del desván. El niño grita entusiasmado: "¡Las hadas, las hadas...!". Toma una de aquellas en la mano su madre y se la acerca al rostro.

Absorto ante el misterio luminoso de las luciérnagas, descubre, encantado, que el Hada Reina es mamá.
Escrito por Manuel Bocanegra
Parte I | Parte II

Melancolía

Día de lluvia y melancolía. Frío, tiritones y soledad.

Una lágrima patina por el cristal de mis gafas y se funde en la inmensidad de mi alma.

Intento encontrar algo que me haga olvidar esta extraña sensación de tristeza.

Miro a mi alrededor y dos luceros me llenan de gozo.
Escrito por Marola

Memoria

Fueron años de vencedores y vencidos. Fueron años de muertos olvidados en cunetas. Fueron años bendecidos por la iglesia, de pasear el odio y el miedo bajo palio. Fueron años que los desmemoriados quieren olvidar, enterrar de nuevo.

Pese a todo, mi abuela sigue esperando para poder depositar una flor.
Escrito por Javier Puchades - Web

El mal supremo

Cuando te hablan del Mal, con mayúsculas, te lo imaginas terrible, cruel, siempre lejano.

Jamás creerías que se encuentra en tu calle, escondido en la persona de un amable zapatero remendón.

Nunca imaginarías que quien puso tapas a tus zapatos fue torturador en centros de detención de la dictadura argentina.
Escrito por Gloria Arcos Lado

Vincent

Las estrellas no pestañean esta noche, aunque el viento se lamenta de andar suelto por los campos. Nada pasa por delante de mis ojos sin dejar rastro. Siento a través de mis trazos el palpitar de mi alma atormentada que desea expresarse, cuando la comunicación verbal ya no me sirve.
Escrito por Olga Noya

¡Viva México, cabrona!

"Hija de la chingada, ¿qué hace bailando con mi macho?", rumiaba Gladys en la oscura pulquería. Ya tomada, díjole al mesero: "Esos pendejos tienen bien merecido que los apalicen". "Cierto, güey". Le pagó con los pesos que en la tarde, al despedirse entre abrazos maternales, la pinche puerca le regalara.
Escrito por Jesús Garabato Rodríguez

El último invierno de Salvador Stern

La chica muda recogió sus últimos enseres minuciosamente y me miró desconsolada. Nunca llegué a amarla. Supongo que a veces uno es el héroe, otras el villano. Cuando te han arrancado el alma solo hay un invierno glacial. Quedas hueco por dentro, destrozando todo lo que alguna vez significó algo.
Escrito por Raquel Tevas Cisneros

Show must go on

Decía sonriendo que su mujer le había dejado. Se fue con otro más joven. Y lo entiendo, me dijo, le sacaba quince años. Pero bueno, se fue y yo me busqué otro hobby. Sonreía mostrando unos pequeños dientes amarillos, pero parecía una vidente mirando la palma de su propia mano.
Escrito por Salvador Terceño Raposo

La madre

Por casualidad, halló una foto en la que estaba en los brazos de su madre. Hacía una semana que no la visitaba. Pensó que estaría aburrida en casa ante el televisor. Conmovido, fue a verla. "Te quiero, mamá", le dijo tras besar sus arrugadas mejillas. Ella se echó a llorar.
Escrito por Enrique Angulo - Twitter

Final feliz

Su respiración es agitada y el corazón retumba en sus oídos. Afuera, el caos. Turbas de poseídos deambulan por las calles. Tiene el antídoto, pero el cañón no está en la habitación. Lo han engañado. Cuando quiere escapar, la puerta cede. Se inyecta el suero; morirá descuartizado, pero no retornará.
Escrito por José Torma - Web

¿Soplar yo?

Estoy pensando no decir nada. Nadie sabe realmente hasta dónde estoy implicado. Nadie me vio, o eso creo. Y mira que se lo dije, lo advertí: no he bebido. El acelerar y pasarle por encima era el final lógico. ¿Cómo iba yo a soplar en ese maldito trozo de plástico?
Escrito por Jesús Manzaneque Fraile

Literatura para sedentes

La sintaxis verbal demostraba su educación: prosa límpida que esgrimía astucia. Divertimentos expresados en minificciones serias; brevedades que conllevan, al margen de su ortodoxa proyección, deleite y gozo.

Textos ufanos en derredor mío, expuestos para el desahogo de esta infección que ahora expulso, a bien, en este inmundo váter público.
Escrito por Cristopher Josué Escamilla Arrieta - Twitter

Dos por uno

Por más que el académico Fernández Fernández perteneciera de número a la RAE, un mal día tiene cualquiera. Subió al estrado y dijo:

—Hoy es hoy. Sí o sí. Erre que erre. No es no. Nada de nada... Punto y final.

Recibió no un aplauso, sino dos y el eco.
Escrito por Carmelo Carrascal

Desde la terraza

Una mujer saluda cuando el coche se va. Suena la ropa tendida al sol cantando canciones de otros tiempos. Ahora, solo quedan los mensajes de buenos días. Su mano corre deprisa pariendo palabras que salen solas y solas se quedan en el cuaderno azul marino. Detrás, el tiesto de geranios.
Escrito por Carmen Martínez Marín - Web

Necesito ayuda

"Necesito ayuda". No decía más el mensaje del correo electrónico que recibí ayer. Era de mi amigo Juan. Tenía su teléfono y no le llamé. Era el segundo aniversario de su fallecimiento. Él siempre había dicho que no se marcharía del todo. El año pasado nos hizo la misma jugada.
Escrito por Gil Hernando de Santiago - Web

Echar el cierre

Cuando llego del colegio, siempre me obligas a despachar. No volveré a obedecerte. Odio este lugar, el negocio y a todos los pueblerinos. Yo todavía soy muy pequeña, mami. Tengo ganas de volar libre y ser feliz.

Don Manuel dice que el cielo es maravilloso. Allí podré, al fin, jugar.
Escrito por María José Viz Blanco

Recuerdo de infancia

Apenas se apagaban las luces de mi habitación, comenzaba a gritar enloquecido, quizás asaltado por algún atroz recuerdo. Mi padre entonces prendía la luz y me recordaba con voz desafiante que los monstruos no existen.

Luego, cerraba con sigilo la puerta de su cuarto y continuaba golpeando a mi madre.
Escrito por Daniel Castillo

¡A volar!

Mario quedó hecho añicos en el suelo cuando María, en un arrebato, rompió el espejo de la alcoba. Luego, irrefrenable, rescató un vestido que escondía, se ahuecó el cabello y se pintó los labios. Después, cerró el libro de autoayuda, atravesó la puerta y, decidida, se enfrentó a la calle.
Escrito por María José Escudero

Dicho y hecho

De nuevo, le pedí que me echara las cartas. Los gestos de su cara no me gustaron nada mientras lo hacía.

Su conclusión fue que mi mujer tenía un amante y que pronto me abandonaría para irse con él.

A la mañana siguiente, ella ya no estaba. La baraja tampoco.
Escrito por Javier Palanca

Perjuicio personal básico

La fuerza de las gotas mece el columpio, rebosan los hoyos que cavan los chiquillos al impulsarse. El color del agua embarrada me trae el recuerdo del cortado que pedía Arturo. Llovía el día que desanudaron su cuerpo del quitamiedos, llueve desde que me quedé huérfana de alma y sangre.
Escrito por Belén Sáenz

Moderno hombre bala

Voló como de costumbre tras el cañonazo. A su alrededor todo fue destrucción, no quedando nada en pie, se respiraba polvo y el hedor a sangre hacía nausear. Algo había fallado, pero él había quedado intacto como siempre, tan sólo un poco aturdido por la onda expansiva tras la explosión.
Escrito por Antonio Ortuño Casas - Web

En un lugar de la Mancha

Todo parecía transcurrir en años llenos de dicha suprema. Unos deseos cumplidos y una extraña felicidad. La tierra nunca pudo ser tan generosa y los días tan radiantes de las caras llenas de felicidad. Pero todo no era más que un sueño de Aldonza Lorenzo una mañana creyendo ser Dulcinea.
Escrito por Luis Ignacio Muñoz - Web

Torrijas y capirotes

Arriba el telón. Campanillas y saetas. Se desnudan las espaldas. Aguardan voraces las madejas de lino. Los picaos se agachan. Un cristal perfora doce veces su carne. Las fustas se convierten en hisopos de latón y sangre. Capirotes señalando el cielo. Las cámaras, a falta de lágrimas, fingen aplausos entusiastas.
Escrito por Luis San José - Web

El ajado peso de los remordimientos

Una magnolia, ya marchita, intentaba convencer a su colibrí:

—Márchate o también morirás. Nunca debiste aletear los vientos por mí.

—Pero..., ya no podría libar sin ti, preciosa —balbuceó—. Eres cuanto...

—Tú te quedaste porque me amabas —interrumpió avergonzada—. Yo, inmóvil flor solitaria, fingí amarte sólo para que te quedaras.
Escrito por Antonio Bolant - Twitter

El convulso mar de la adolescencia

Lentamente sus muñecas se hunden en el olvido. Las olas de la pubertad amenazan con la zozobra. Su edad es lucha diaria por seguir a flote.

Se agarra a una boya, Ernesto, que la arrastra a las profundidades: cigarrillos, alcohol, maría...

En una chalupa se acerca Inés remando con fuerza.
Escrito por M. Carme Marí - Web

El legado

Me llevaron a aquel bosque espeso y remoto. Pensaban que no sabía a lo que íbamos, pero también yo lo había hecho con mis padres. Sin que lo notaran, fui retirando las cintas rojas con las que marcaban el camino de vuelta. Gracias a Dios, todavía conservaba mi excelente memoria.
Escrito por Favourite day

Fray Lorenzo, antes del fin

Ha llegado el frío por los huesos de mi tarde, por los laberintos de mi noche, y no estás como te quiere el algodón de la sábana, y no estás como te quieren las aguas de mis rojos tormentos, para fundir los cuchillos suicidas y pronunciar adioses de muertos.

Julieta.
Escrito por Edwin Antonio Gaona Salinas - Web

Contradicción

Al lanzarse desde el puente, el cuerpo hace piruetas: los brazos aletean imitando a un pájaro y los pies buscan apoyo en el vacío. En el fondo del abismo los fantasmas de los otros suicidas observan. Sobrecogidos, comprenden su desesperación; ellos también, mientras caían, tocaron a la puerta del arrepentimiento.
Escrito por Beto Monte Ros - Twitter

Zombi

Arden el recuerdo de su sonrisa, su olor en los armarios, y el eco de su voz en el baño. Desasosiega la mesa donde dejó la nota. Pero el balanceo de la bombilla, ahora fundida, que pende de un casquillo dorado en medio de la que fue su habitación, mata.
Escrito por Paloma Hidalgo Díez

Lucha silenciosa

El golpe sonó a muerte, tiñendo el asfalto de rojo inocencia. El pánico maniató su razón y huyó; nadie lo había visto.

Ya en su hogar, el remordimiento zarandeaba su conciencia y un presentimiento angustió su corazón: su pequeño tardaba mucho en llegar; demasiado... Lágrimas de horror abrazaron sus ojos.
Escrito por Salvador Esteve

Desaparecida

Su marido, compungido, derramaba abundantes lágrimas de desesperación... ¿Reales? En el pueblo recelaban de un nuevo caso de violencia de género.

Cuando ella sintió que los desprecios se le clavaban como cuchillos, decidió cambiar de vida. Ahora sería él quien viviría con el sambenito a su espalda: "Algo habrá hecho"...
Escrito por Fernando da Casa - Web

El algoritmo

Año 2204. Habíamos perdido nuestra capacidad para decidir. Los informáticos habían logrado que los computadores se anticipasen a nuestros deseos. El poderoso Big Data, reencarnado en su hijo El Algoritmo, nos salvó privándonos del libre albedrío. Nuestras biografías eran códigos escritos antes de nacer, que se podían adquirir en internet.
Escrito por Francisco Rubio Yepes - Web

Sant Jordi

Desde pequeña les admiraba. No por correr tras un balón, ni por ser ovacionados por millones de fans, ni por tener mansiones fabulosas y fortunas.

Simplemente porque la hacían soñar. Un día al año se sentaban entre libros y escribían dedicatorias amables a sus lectores.

Algún día también firmaría ella.
Escrito por Pau

Trabajo en equipo a distancia

Cuando él murió, ella pensó que sin sus trucos descubrirían que sus sesiones de espiritismo no eran más que un fraude y que se iría a la quiebra. Sin embargo, estaba equivocada, porque ahora que no estaban físicamente juntos, él seguía haciendo su trabajo e, incluso, mucho mejor que antes.
Escrito por Sir Helder Amos - Web

Traición

Era guapa. Parecía interesante. Le encantaba la noche. Y, al mismo tiempo, necesitaba conocerse a sí misma. Comenzamos a salir. No sé si me enamoré, pero yo la necesitaba y también conocerme por dentro... Esa noche de copas me traicionó, pero se engañó a sí misma. Parecía muy interesante; parecía...
Escrito por Iñaki Ferreras - Web

El mejor momento del día

Suspira poniéndose el abrigo, sin quitar ojo al reloj, desea que no entre una última llamada que extienda su jornada.

¡Las diez, desconexión!

—¡Hasta mañana!

Sale corriendo de la oficina. Semáforo verde, coge el autobús a tiempo, el tren también.

Por fin en casa.

—Buenas noches, cielo.
—Te quiero, mami.
Escrito por Zrein - Twitter

Lección de historia

Prefería un protagonista a los libros de texto, pero quien siempre narraba los hechos era su madre. De mayor comprendió que el silencio del padre no era por olvidar aquella quinta. Las cicatrices de metralla y su sordera constantemente le recordaban que él había sobrevivido al infierno; su hermano, no.
Escrito por FNR

Música relajante

Música relajante amordaza mi silencio. Apareció Gabi completamente desnuda. Increíble cuerpo que jamás olvidaré.

Su mirada desborda. Su sonrisa y sus besos salvajes me cautivaron. Sin palabras, conseguí penetrar en su mente y llegar a su corazón.

Desapareció y nunca más volvió. dejando solo el recuerdo de tan genial encuentro.
Escrito por Luis Toyos

Por tu culpa

Tras la subida, de forma involuntaria, eres arrastrada por una fuerza oculta al lodazal.

Ni las mariposas, ahora ahogadas por exceso de adrenalina, consiguen evaporar el peso de los candados concesores de libertad.

Cargados de argumentos, amanecen los pleitos internos saturados de alegaciones.

El silencio, juicioso, dicta sentencia: siempre inocente.
Escrito por Malu

Toque de difuntos

Las campanadas de la iglesia se escucharon pausadamente, con una lentitud dramática que cargó el ambiente de incertidumbre y temor. Anunciaban, seguro, un nuevo muerto en la aldea. Todos acudieron a comprobar quién era. Y se toparon con Anacleto, el sacristán, en pleno reportaje para National Geographic. Casi lo matan.
Escrito por Juan Badaya - Web

El culpable

—¿Debo decidir ya?

—Se marcha a Roma.

—Quizás me haya equivocado.

—Lo llevas grabado en el alma. Ya tengo la pistola. Mañana, antes del anochecer. Y no temas, señor Diputado. No saldrás en el periódico, ni nadie sabrá que, en el seminario, alguien te cerró los ojos a la inocencia.
Escrito por Carmen Hinojal

Por fin

Cuando camino huyendo, el mundo se agranda ante mí.

Los pasos me conducen hacia el abismo y allí empiezo a volar. Con frecuencia te recuerdo, pero poquito. Ya no te temo. Se acabaron los días oscuros, los llantos y los reproches. Siempre estuve esperando y, al fin, me nacieron alas.
Escrito por Mª Luisa Pérez Rodríguez

Crist va al Colón

No valoraba la música. Sí formar parte. En parte con desmanejos, y en parte con retenciones, consiguió un abono en el Colón, justo cuando el gastroenterólogo diagnosticó abono en el colon. No habría más conciertos. Desconcertado intentó desabonarse, pero olía demasiado a colon, cuando él siempre quiso oler a colonia.
Escrito por Sebastián de Amorrortu - Facebook

Inversión beneficiosa

Había tomado la decisión. No se reiría de él. Acabaría con ella. En cuanto volviera.

Sacó la escopeta, la cargó y la esperó. La puerta se abrió. Era ella.

Sonó un disparo. Las bolsas cayeron.

Fue el primero. Le seguirían otros. Se suicidaban y después intentarían ir a por ellas.
Escrito por Manuel Serrano

Batalla final

Las hordas vociferantes marchaban compactas sembrando el pánico a todo el que osaba asomarse a hurtadillas. Sus caras pintadas y vestimentas denotaban que venían preparados para la lucha. Algunos defensores iniciaron una escaramuza, pero fueron sofocados a la entrada del campo de batalla. Al final nos ganaron 1 a 3.
Escrito por Javier Velasco Eguizábal