El Hada Reina (Tríhada II)

Al destaparle los ojos, diminutas lucecillas perlan la oscuridad del desván. El niño grita entusiasmado: "¡Las hadas, las hadas...!". Toma una de aquellas en la mano su madre y se la acerca al rostro.

Absorto ante el misterio luminoso de las luciérnagas, descubre, encantado, que el Hada Reina es mamá.
Escrito por Manuel Bocanegra
Parte I | Parte II

20 comentarios :

  1. Gran ejemplo de lo que pasa cuando la literatura se convierte en Magia.
    Nada más que decir. Quiero dejar todo el tiempo que tengo para volver a leerte una y otra vez.
    Un abrazo, Manuel.
    Pablo

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    1. Tu visita siempre le confiere a mis relatos un plus que los hace mejores. Eso sí que es arte de cómo el lector hace la literatura.
      Gracias y un abrazo, Pablo.

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  2. Carmelo Carrascal15/5/18 17:49

    Lo que las hadas son en la ficción, las luciérnagas en la naturaleza.
    Las luciérnagas son diminutos seres vivos que pasean la luz que ellas mismas generan. Ahí es nada. A la especie sapiens le llevó muchos milenios llegar al invento de la electricidad luminosa. Poco antes la farolas de gas de los parques guiñaban en su parpadeo a las asombrosas luciérnagas. Y éstas a aquéllas.

    Manuel, el niño de tu relato tiene duende en la mirada, en sus pupilas brilla la luz de las luciérnagas intensificada en las noches sin luna. La noche, las luciérnagas y él mismo, el niño, tu niño que sabe mirar, hacen resonar de belleza tu segunda tríhada. A por la tercera! Un gustazo.
    Delicioso, sí señor.
    Un abrazo.

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    1. La luciérnagas, Carmelo, son palabras encendidas de las noches. O eso creo yo. De pequeño las miraba con arrobo. Las cogíamos del campo y las poníamos en las macetas y el patio se convertía en una feria. Ahora ya no se ven tanto. O yo no las veo tanto, lejos como estoy de aquellos campos de mi infancia, así que no me ha quedado otra que traerlas aquí convertidas en hadas. Qué digo. Son hadas.
      Gracias por tu lectura, Carmelo, tu comentario me hace disfrutar de nuevo, porque indefectiblemente vuelvo al texto a intentar leerlo con tus ojos y encontrar esos hermosos matices que le prestas.
      Un abrazo grande, ya sabes que este mes estoy "mudo" y no estoy haciendo comentarios, pero en la próxima tanda nos encontraremos.

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  3. No se puede terminar de leer este relato sin que una sonrisa te ilumine el corazón.
    Y eso... es magia.

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    1. Qué bello y qué bien suena a mis oídos lo que dices con tus palabras. Un beso, Patricia.

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  4. Precioso, sugerente y mágico. Desde el título. Suerte, Manuel. Un abrazo.

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    1. Muchas gracias, Jesús, por tan apetitosos epítetos. Suerte también para ti y un abrazo.

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  5. Imaginaron, magia, ternura; una tríada para la emoción. Me ha encantado, Manuel. Un abrazo.

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    1. Gracias, Salvador, por tus palabras de consideración hacia el relato. Un abrazo.

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  6. Anónimo16/5/18 4:11

    Precioso y mágico relato, Manuel. Un saludo. Gloria

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  7. Todo es luminoso en este brillante micro, Manuel: los asombrados ojos del niño, las luciérnagas, las hadas y tus mágicas letras.
    Gracias por el placer que nos regalas con esta Tríhada. A la espera de la tercera parte. Un fuerte abrazo.

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    1. Gracias, Carmen, por estas palabras tan hermosas y dulces que dedicas al relato. Un fuerte abrazo.

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  8. Precioso micro Manuel, el reino de las hadas ha llegado a este hogar para enseñarle al niño el poder de su madre: el del amor, tan profundo hacia él que le trae todas las ilusiones del mundo. Me ha encantado esa ternura que expresas en el relato. Muchos besos, Manuel.

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  9. Luna Negra16/5/18 13:36

    Que bonito, que continúes manteniendo encendida en la gente esa "lucecita" de la infancia. Nadie debería dejar de ser niño, nunca deberías dejar de soñar y creer en mundos mágicos. Sólo así conseguiríamos que el mundo fuera un lugar mejor. Manuel Bacanegra, como siempre sensacional. Me ha encantado, espero con ansia la tercera entrega. bss

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  10. Este es un relato que lo empiezas a leer de adulto y lo acabas de lleno en la infancia. Además, desborda optimismo e ilusión; rescata de la sima de los años las sensaciones que la fantasía me produjo en una edad ya olvidada y me devuelve la mágica devoción que de pequeño sentí por mis padres.
    Enhorabuena, Manuel, y gracias por esta maravilla.
    Un fuerte abrazo.

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  11. Enrique Angulo17/5/18 11:58

    Para un niño el mundo está lleno de maravillas y de descubrimientos, por eso, aun en las condiciones más miserables ese es reino en el que habitan, solemos verlo cuando salen algunas imágenes de países pobres con niños jugando en guetos y entre montones de basura. Otra cosa serían los malos tratos y las guerras, en las que el horror se cuela como el más abyecto y cruel de los monstruos en un universo que le debería estar prohibido.
    Pero a nada que estén cubiertas las necesidades básicas, el niño se ensimisma en su universo de seres mágicos y vive ajeno a las enormes injusticias y crueldades de este desdichado mundo.
    En tu microcuento retratas muy bien uno de esos poderes de la infancia –poder del que es bueno conservar la mayor parte de él cuando uno crece- y es el de convertir algo cotidiano en algo mágico, por eso, aunque la pobreza de los padres les impida comprar juguetes a sus hijos, estos serán capaces de convertir cualquier cosa en lo que su imaginación desee, que es lo que hacía Don Quijote.
    A este respecto, recuerdo cómo, en mi niñez, botones, pinzas, chapas, cajas de cerillas y multitud de otras cosas –por no hablar de las canicas o los tebeos- se convertían en objetos mágicos que me trasportaban a mundos de fantasía en los que iba desarrollando las aventuras que se me pasaban por el magín.
    Por eso, el niño de tu historia no necesita grandes dosis de imaginación para convertir en hadas a esos sorprendentes animales que son las luciérnagas, y mucho menos la necesita para ver a su madre como el Hada Reina, máxime cuando esa madre ha sido capaz de meterse en su mundo y abrirle puertas por las que podrá acceder a muchos otros mundos que todavía le quedan por descubrir.
    Excelente también esta segunda entrega de tu Tríhada, Manuel, en ella me quedo jugando con esas luciérnagas hasta que aparezca la siguiente. Un abrazo.

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  12. Magia, Antonio, magia nos has regalado, hasta ya tengo alas.
    Un beso.

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  13. María Sotés17/5/18 21:55

    "Bichitos de luz" llamaba yo a las luciérnagas de pequeña. Un relato lleno de magia que te transporta a la niñez donde todo es posible y las madres aún son infalibles. Precioso. Me ha encantado. Un saludo.

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