Nube de la infancia (Tríhada: Epílogo)

María, con cuatro años, atiende a cada florecilla del camino. Alba, más pequeña, va de mi mano.

¡Shhh...! Calladitas y en el arroyo veremos ranas les digo.

Sin embargo, solo una nube baja de mosquitos sobrevuela la orilla

No hay ranas, tito.
¡Sí, María, refunfuña Alba es que están volando!
Escrito por Manuel Bocanegra
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16 comentarios :

  1. Un remate fantástico para una una serie en la que la infancia, con su dulce inocencia, unida a las buenas intenciones de unos adultos cercanos, nos han hecho disfrutar mucho. En esta ocasión, el tío de esas pequeñas encuentra una salida fantasiosa a una situación frustrante.
    Un relato más que muestra lo que se puede hacer con las letras y lo que se disfruta con ellas cuando merecen la pena. La única pega que se le puede penar a esa Tríhada es que se termina. Aunque sea meterme donde no me llaman, te animo a escribir otra.
    Un abrazo, Manuel

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    1. No me faltan ganas, Ángel, he disfrutado mucho escribiendo esta trilogía. El epílogo, era un relato independiente, que cuenta una anécdota real que me ocurrió con mis sobrinas cuando eran pequeñas en el campo. Guardo foto de aquel día y un comentario al dorso que me hizo rememorar ese instante mágico. Así que le di cabida en este espacio dedicado a la magia. Creo que los niños son los únicos seres que conservan intacto aún su vínculo con la magia de la vida. A través de sus ojos, podemos recuperar ese tiempo sin tiempo que es el tiempo de los seres mágicos. No hay duda. Ellos conviven a diario con hadas, orcos, elfos y demás personajes del mundo de los sueños, Con absoluta naturalidad los incorporan a su día a día y a sus juegos, donde todo es posible. Nosotros, sin embargo, necesitamos de las gafas de la literatura para poder imaginar y recordar cómo éramos cuando vivíamos en los sueños.
      De nuevo, te agradezco tus palabras, Ángel, desde que empecé a publicar en Cincuenta, creo que nunca han faltado a su cita con mis relatos, así que en buena parte, eres responsable de esta magia. Detrás de tus comentarios impagables, alumbra el don mágico de una gran persona.
      Gracias. Un fuerte abrazo y feliz verano.

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  2. Carmelo Carrascal11/7/18 20:30

    Manuel, qué gozada! Como bien apunta Ángel, fantástica.

    Observar de cerca a estas increíbles pequeñas criaturas es disfrutar, aprender y bascular entre lo mejor de la realidad humana y la ficción.

    Ellas son hadas, son reinas, poesía en estado puro y la razón de vivir.

    Para estas niñas que saben, las ranas son príncipes, las nubes borreguitos y los mosquitos, ranas.

    Tu delicioso relato tiene magia y candor, e informa de la imaginación poderosa de sus protagonistas. ¡Ah! Y tiene el rumor refrescante, cantarín, del arroyo este que has construido como escenario.

    Un abrazo!

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    1. Una gozada es recibir tus comentarios, Carmelo. El candor es patrimonio del alma inocente. La ingenuidad, tan denostada, es raíz de los principios básicos de la vida que aún nos quedan. Es base de la fe y de la confianza, a la vez, pilares del don más mágico del que se nos ha dotado: el amor. Se dice y es cierto: dichoso del que guarda en su corazón al niño que fue. Es, entiendo, la única forma de hacer pervivir la magia en la realidad chusca que nos rodea. Sorprendiéndonos ante los acontecimientos sencillos de la vida, resistir del lado de ingrávido, de lo leve, de lo íntimo. Y el candor es pieza fundamental del espíritu del asombro, el que nos permite acariciar con el alma la flor que crece, la rana que vuela o el hada que se enamora del ogro.
      Este epílogo está dedicado a mis sobrinas, María y Alba, de las que tantas lecciones de magia tomé cuando eran pequeñas. También a personas como tú, que tienen despierto al niño y no le importa volar haciendo nubes en la orilla del arroyo.
      Un abracito de verano.

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  3. Debe ser la primavera/verano, la estación óptima para las ranas, porque últimamente invaden esta página y la imaginación no tiene límites cómo la de tus dos "mini-protas", que han hecho una delicia la lectura de tu nueva propuesta, Manuel.
    Me fascina tu forma de expresar la mentalidad infantil.
    Suerte y saludos afectuosos.

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    1. Gracias, María Jesús, me apasiona acercarme al mundo que ven los niños. Compartir con ellos un rato es sorprenderse a cada momento. Viven un presente continuo que no pertenece, además, al mundo que nos circunda. Su mundo es propio, creado por las leyes egotistas de las que son reyes absolutos. En su edad caben llanto y risa al mismo tiempo y, por supuesto, la magia. Basta un beso, un soplido, un abrazo, para arreglar los mayores entuertos. Después y seguidamente, continúan siendo felices todo el tiempo. Creo que aún nos queda mucho por aprender.
      Un abrazo.

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  4. Eduardo Martín Zurita12/7/18 14:23

    Manuel, me haces regresar, felizmente, muy felizmente, a los territorios de la infancia. De esa que aseguran es nuestra patria más verdadera. Mis primeros veraneos en el pueblo. El río y el arroyo llenos del croar de las ranas. Toda esa pureza, incluyendo la de mi propio corazón. Es mágica la manera que tienes de meternos ahí, contigo, con ellas, esas sobrinas reales o ideales, en ese paseo en pos de la fantasía alada. No esperaba este epílogo, la verdad, y te animo a escribir un postepílogo, de tanto como he gozado. Solo el monarca de 50 palabras es capaz de estos ejercicios, de estos desenvolvimientos que interesan la parte más maravillosa del alma.
    Encantadísimo con este epílogo y mis más sinceras felicitaciones por la serie entera, la pena, como dice Ángel, es que se acabe.
    Feliz verano y un abrazo bien fuerte vía Irún o allí donde te encuentres.

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    1. El postepílogo que me reclamas son los comentarios tan hermosos que recibo, prueba incontestable que en muchos corazones de Cincuenta la magia circula en forma de palabra y afectividad amiga. Como la tuya. Puntual como un reloj en flor que a cada hora deshoja pétalos de tiempo preciado y precioso con forma de letras.
      Ese momento que relato es una de las joyas de mi tesoro personal. Compartir algunos momentos del crecimiento de mis sobrinas ha sido, y sigue siéndolo, aunque han crecido mucho y despliegan su magia por el mundo de otra forma,una de los grandes acontecimientos que he vivido. Prueba de ello es este momentazo en el que las ranas volaban en nubes sobre el arroyo. La identidad de las cosas no les es dada por su esencia, sino por la naturaleza que nosotros les conferimos. Si Alba dijo ranas volando, ranas eran. Lo sabe ella y no se lo discutiría la mismísima Alicia.Ni tampoco se nos ocurrió discutirlo a María ni a mí. En el País de las Maravillas, los seres se amamantan con magia y con palabras.
      Las tuyas, sabes que llenan de luz este rincón con su visita. Te lo digo siempre, y es verdad. Después de leerte, mi relato brilla más y mi corazón salta de gozo. Vino el amigo Eduardo, ya me puedo ir a dormir tranquilo. O a escribir... a pintar, que en ello estoy.
      Un muy grande y muy fuerte abrazo que te llegue como respiro de aire fresco de verano.

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  5. Una serie donde la magia nos es regalada, la inocencia la adopta, y el amor la hace suya. Un epílogo para declarar abiertamente, que junto a la imaginación, es un poder que nos hace especiales. Enhorabuena, Manuel, me ha encantado. Un abrazo.

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    1. No se puede decir con más bellas palabras, Salvador. Ni con más altas y resplandecientes. La inocencia, el amor y la imaginación. Son esas las tres patas que sostienen al banco de la creación. Brindemos por ellas.
      Muchas gracias, un abrazo.

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  6. Con este micro, que cierra la mágica Tríhada, rindes un hermoso homenaje a tus sobrinas. Con ellas has recorrido el mundo de la imaginación, donde todo es posible, donde vuelan unas ranas diminutas y donde existen las hadas. Estoy segura de que el tío no solo ha gozado de esa fabulación infantil, sino que ha contribuido a alimentarla y a hacerla volar muy lejos.
    Felicidades por esta maravillosa serie, Manuel. Un fuerte abrazo.

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  7. Me lo pasé genial hilando la trilogía de las estrellas, pero esta, creo que la ha superado con creces. No ya por que sean mejor una que otra, sino porque esta última me ha dejado impregnado de magia desde que empecé a publicarla. La magia de compartirla con vosotros. Es un placer recibir los comentarios siempre, pero esta vez más, sencillamente porque al leerlos volvía a recrear ese momento mágico que nos sorprende a todos los que tratamos de crear algo auténtico al escribir. Algo así como recibir la visita de la musa. Pura magia. Algo de lo que tú y tus letras, Carmen, sabéis bien.
    Te deseo feliz verano. Un fuerte abrazo.

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  8. Enrique Angulo15/7/18 0:43

    Como cantaba Serrat en una canción: “Cada niño es el tuyo / cada hembra, tu mujer”. Aunque quizá, hoy día, en el que se le saca punta a todo, el segundo verso, algunas y algunos lo considerarían machista; pero estoy de acuerdo en que las personas, sean niños o adultos, no son sólo para el disfrute de unos pocos, por muy allegados a ellos que sean.
    Sea como fuere, ese tito es afortunado al poder estar en compañía de sus dos sobrinas, recorriendo con ellas los campos y disfrutando de todo lo que la naturaleza pone a nuestro alcance; y que nosotros, en nuestra opacidad, tantas veces obviamos.
    Pero el ir en compañía de unas niñas, cuyas mentes aún no están contaminadas, y cuya curiosidad es infinita, obliga al adulto no sólo a estar mucho más atento a cuanto ocurre a su alrededor, además, también a aniñarse, y pobre de quien no conserve una pizca de esa capacidad.
    Las florecillas del camino ya son milagrosas por su humildad, por su belleza, por lo efímero de sus existencias, y luego, esas ranas con las que el tito ha enriquecido sus fantasías infantiles les hacen esperar lo mejor, lo sorpresivo, lo milagroso; pues quizá ya hasta les han contado algún cuento donde ese prodigioso anfibio es el protagonista, y en sus mentes se están creando todo tipo de historias.
    Pero las ranas parece que se han trasladado a otro cuento, que se han ido a otros parajes acuáticos más atrayentes para ellas y sólo los irritantes mosquitos sobrevuelan la orilla; y hay que ser un San Francisco de Asís para tener algo de simpatía a ese insecto, y más si, como es mi caso, no me libro de sus picaduras en cuanto hay uno cerca, pues debo de tener una sangre con sabor a cubata de ron, o algo por el estilo, muy atrayente para esos dípteros jaraneros.
    Decepción por tanto, pero he aquí que la imaginación de Alba, la más pequeña, hace que las ranas vuelen, algo que no ha conseguido la evolución en millones de años –aunque hay que reconocer que dan unos saltos prodigiosos-, y la magia lo invade todo.
    Paul Valéry –cito de memoria- contaba la anécdota de un niño que, al ver a un pájaro muerto en un lago, dijo que eso le había ocurrido porque lo había confundido con el cielo. Y luego, Valery, añadió: “¡Y dicen que mis metáforas son difíciles!”
    Así que, en muchas ocasiones, habría que decir aquello de Groucho Marx: “¡Que me traigan un niño de cinco años!”
    Precioso epílogo, y más si, como dices, se basa en una anécdota real, y es que, en este caso, y no es de extrañar, el arte ha imitado a la realidad.
    Enhorabuena, Manuel, por esta tetralogía o trilogía con epílogo, un abrazo fuerte.

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  9. En esta anécdota real tienen el protagonismo, por una parte, mis sobrinas, representantes de la inocencia de la infancia, de su magia sin par y, por otra, el protagonismo está en el campo, ese espacio natural común y cercano que es nuestra pequeña comarca íntima de naturaleza conocida y próxima, escenario idílico que propicia la magia en un entorno impregnado de significatividad personal.
    Los ojos de los niños están siempre abiertos al milagro de la vida. Sin juzgarla son capaces de ver tanto su hermosura en la florecilla como en la alimaña que escapa asustada entre las hierbas. Esa capacidad de asombro es uno de los componentes de su felicidad continua. Asombro que hace acontecimiento de lo pequeño. De ahí que la nube feliz que envuelve su mundo no se disipe hasta mucho más tarde, cuando socializados por un sistema que requiere su incorporación a las leyes del mercado, vayan tapiando las ventanas del mundo mágico y los conduzcan a las de realidad cuantificable, donde las flores se abren añadiendo ceros a los números de las cuentas corrientes, la magia se transforma en un valor que se reduce a ilusionismo y el juego libre se sustituye por necesidad creada y por obligación.
    Cuando crecemos y nos damos cuenta del caudal preciado de lo perdido, intentamos volver atrás y ya los caminos están cegados. Nos queda la vereda salvaje que recorre los mapas de la literatura, los túneles subterráneos del arte, la resistencia que contra todo pronóstico ejerce el niño interior atrincherado en las reductos de la creatividad, en la palabra, en el verso, en el microrrelato...
    Esta trilogía con epílogo, finalmente, no es sino un acto de humilde rebeldía contra el adulto tirano que ha colonizado los campos de la infancia, un corte de mangas elegante contra la sensatez madura que nos impone el sistema productivo. Reivindicación del tiempo interior, del pulso mágico, de la invitación a tener fe y a soñar que volar y hacer nubes, aún es posible.
    Antes de despedirme, miro por la ventana y veo pasar una nube de elefantes blancos barritando rumbo al sur. Son elefantes, estoy seguro, no garzas; así que no todo está perdido. Nos quedará, en todo caso, este rincón de palabras.
    Muchas gracias, Enrique. Compartir contigo pareceres es un placer. También, cómo no, compartir mis relatos. Saber que tengo un lector con el que comparto la fobia a los mosquitos es, además, consolador. No estamos solos.
    Esto y un fuerte abrazo, Enrique. Feliz verano.

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  10. Josep Maria Arnau22/7/18 19:06

    Yo acabo de llegar a “Cincuenta palabras”, Manuel. Después de leer “Nube de la infancia”, me he leído los tres relatos anteriores de “Tríhada”. Pienso que rebosan magia y misterio. Apelan al poder de la imaginación con imágenes muy bien seleccionadas. En los textos conviven, cómplices, miradas infantiles y adultas. Me han gustado mucho. Enhorabuena y un saludo.

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  11. Hola, Josep María, bienvenido a Cincuenta. No sabía que era tu estreno, si no, te hubiera dado la bienvenida al leer tu sobrecogedor relato. Un feliz estreno, sin duda. Estaré al tanto de tus nuevas publicaciones en la página.
    Te agradezco la visita y el comentario sobre la trilogía. Un abrazo.

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