La insurrección de la señorita Roger

Nadie creyó a la fantasiosa Jolly cuando afirmó que su casa olía a mar. Tampoco dieron importancia a que tiñera su mejor sábana de negro y la tendiera en la azotea. Se alarmaron al ver lo que había bordado en ella, pero, entonces, soltó amarras y partió rumbo al sur.
Escrito por Patricia Richmond - Web

13 comentarios :

  1. Los orígenes del término quedan insulsos y arcaicos ante esta original y preciosa metáfora sobre la sublevación ante la vida, venciendo con ello al miedo. Anclas físicas o emocionales que te impiden soltar amarras en busca de tu destino. Genial, Patricia. Un abrazo.

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  2. Las señales están ahí, avisando, advirtiendo, sólo hay que mirar, darnos cuenta de ellas y actuar en consecuencia. Luego no vale eso de «es que no lo vi llegar», o eso de «pensé que sólo estaba jugando», o incluso aquello de «pensé que ya se le pasaría, que era cosa de la edad»; porque no, no se le pasa, y luego pasa lo que pasa, que llegan los arrepentimientos y las lamentaciones y para entonces la cosa ya no tiene solución. Porque la rebeldía no es una enfermedad, sino un síntoma, y hay dos opciones: o cerrar los ojos «y que sea lo que Dios quiera», abandonando a su suerte a la fantasiosa Jolly, o abrir los ojos, apoyar el hombro, poner manos a la obra y ayudar a quien está pidiendo ayuda aún sin saberlo; y si para eso hay que dejar que flete un barco pirata y se eche a la mar pues se hace y punto, pero no sin antes hacerle saber a la señorita Roger que estás siempre a su lado y que puede contar contigo para lo que necesite.

    Y una vez más, Patricia, abres camino; genial, como siempre. ¡Enhorabuena!

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  3. Hay cosas que las tiene que hacer uno por sí mismo, bien porque los demás no creen en ellas, bien porque se trata de revoluciones personales para las que se basta uno solo. El caso de la señorita Roger será recordado siempre con admiración y asombro por los que la vieron partir. Totalmente de acuerdo con la opinión de Salvador; el término Jolly Roger cobra una mayor dimensión con tu relato.
    Fantástico en todos los sentidos, Patricia.
    Ablacicos.

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  4. Carmelo Carrascal27/5/18 20:24

    La mujer que se atrevió a bordar dos tibias y una calavera.

    Los aventureros, aventurera en el micro, no conciben recorrer la vida más que por el filo de la navaja. La que separa lo que es (lo que dicen que es) y lo que no (lo que nos ocultan); lo posible aburrido de lo imposible pero fascinante e irrenunciable.
    Aventurera y rebelde: mujer pirata. Ella sabe que la única manera de conocer la libertad es buscándola en los lugares desconocidos y peligrosos. Como aquí dices: "soltó amarras y partió rumbo al sur". El sur es el lugar inhóspito donde habitan la libertad, los interrogantes grandes y los verdaderos sueños.Ella no está dispuesta a renunciar a esto.
    Patricia, ¿hará falta decirte que este relato tuyo me ha encantado? No lo sé, pero sí te diré que me complace muuuuuucho hacerlo.
    Un abrazo.

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  5. María Sotés27/5/18 20:52

    ¿Qué sería del género humano sin el inconformismo? Mucho me temo que en los últimos tiempos la sociedad está bastante adormecida. Dan ganas de dejarlo todo y poner rumbo al sur... para no volver. Bonita metáfora la del nombre de la protagonista y abanderada del inconformismo. Me ha encantado el relato, Patricia, felicidades. Saludos.

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  6. Muchas gracias por vuestros preciosos comentarios. Voy rumbo al sur en estos momentos, al sur de mis fantasías. No tengo mucho tiempo, ya sabéis, cosas de ir perdida por callejones.
    Un beso muy fuerte para todos.
    ¡Desplegad las velas!

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  7. Que estupendo relato, ya cautivador desde el título mismo. Me encanta esta Jolly Roger y todo el simbolismo que tiene.
    Un abrazo, un beso y una visita a tu callejón esta semana...

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  8. Has abordado el relato a saco, tal como los piratas, en su quizás tópico típico espíritu libertario, abordaban otras naves. Me ha encantado. Si Drake levantara la cabeza, le daría un abrazo, un like y un aplauso. Ya lo hago yo por él.

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  9. Vaya, vaya Patricia, así que rumbo al confín de los mares, envías a tú protagonista, como una nueva heroína de los mares, y con su bandera, enarbolando las dos tibias y la calavera. Me ha gustado un montón. Muchos besitos.

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  10. Me he quedado plantado ante la casa, mientras el sol de poniente entraba por las ventanas de estribor y su silueta desaparecía entre el polvo del solar que dejaba de estela, polvo que me tragué enterito porque me resultó imposible cerrar mi asombrada boca.
    A mí, esa tal Jolly, me recuerda mucho a otra persona que, estoy seguro, la acompaña en el barco. Así que te diré una cosa, Patricia, yo sí creí a Jolly, y si te asomas por la borda verás a un polizón con un parche en el ojo aferrado al ancla que cuelga. Soy yo.

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  11. Qué me gusta la originalidad de tus brillantes relatos. Contar el nacimiento de la famosa bandera pirata “Jolly Roger”, de la forma en que tú lo has hecho, me demuestra una vez más que eres mágica y que ese sombrero que tienes está lleno de imaginación e ingenio.
    Sé que estás fuera de concurso porque eres más de dar historias que de recibir premios. Pero yo te quiero dar uno: proclamo que eres la pirata más brillante de esta nave y, a la vez, la tejedora de todas las fantasías.

    Un besazo muy fuerte.

    El marinero Pablo

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  12. Nada mejor que la libertad. Un beso.

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  13. Qué bonito este "soltar amarras", Patricia. Voy a ver si remando llego a tiempo de subir a bordo.
    Me encanta tu desbordante imaginación. Eso y que la casa huela a mar.
    Un beso.

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