La madre

Por casualidad, halló una foto en la que estaba en los brazos de su madre. Hacía una semana que no la visitaba. Pensó que estaría aburrida en casa ante el televisor. Conmovido, fue a verla. "Te quiero, mamá", le dijo tras besar sus arrugadas mejillas. Ella se echó a llorar.
Escrito por Enrique Angulo - Twitter

9 comentarios :

  1. Precioso homenaje a las reinas de nuestras vidas.
    Un abrazo, Enrique.
    Besos.
    Pablo

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    1. Enrique Angulo13/5/18 23:45

      La vida actual tiene muchos estímulos y el tiempo escasea, por no hablar el propio egoísmo, lo cual supone una lucha constante para intentar gestionar de la mejor manera posible el tiempo del que disponemos. Y parte de ese tiempo creo que debe ser dedicado a nuestras madres, sobre todo cuando son ancianas y, por desgracia, viudas.
      Muchas gracias por tu comentario, Pablo, un abrazo.

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  2. El amor y la entrega de una madre tienen que estar grabados a fuego en nuestras emociones. En la vejez, el tiempo se eterniza sin el estímulo de las caricias y los besos. Muy buen relato, Enrique, que nos hace reflexionar sobre la prioridad de nuestros sentimientos. Un abrazo.

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    1. Enrique Angulo13/5/18 23:56

      Suele ser curioso en la vida que no solemos valorar en su medida lo que otras personas hacen por nosotros, es como si fuese algo natural, es como si nosotros nos lo mereciésemos todo.
      En lo que respecta a los padres, a veces tienen que pasar muchísimos años para que caigamos en la cuenta del enorme caudal de afecto, generosidad, sacrificio y muchas más cosas que han invertido en nosotros, sus hijos, sin que, sobre todo en esos años locos de la juventud, lo valorásemos en nada o en muy poco.
      Pero también ocurre que cuando más nos necesitan, y ya tenemos una edad más madura como para caer en la cuenta de todo y estar dispuestos a hacer lo que es de justicia, seamos renuentes y, a veces, hasta egoístas.
      En mi barrio veo a muchas mujeres viudas a quienes los hijos visitan de ciento en viento y como por compromiso, y eso me duele, pues si uno no es generoso con su madre, o su padre, ¿con quién va a serlo?
      A mí, algunas de esas mujeres, me han pedido que les dé un beso, y me han llamado hijo, y se han mostrado sumamente agradecidas cuando las he ayudado en alguna cosa mínima, como ayudarlas a cruzar la calle, o sujetarles la puerta para que entrasen en el portal de sus casas.
      Muchas gracias, Salvador, por tu comentario. Un abrazo.

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  3. La figura de la madre preside nuestras vidas. Sabemos que le debemos, además de la vida, casi todo cuanto somos. Pero lo damos por sentado y olvidamos que también ellas están necesitadas de nuestro reconocimiento y de nuestro amor. Tu personaje reacciona tarde, pero aún se acerca a tiempo de decirle lo que más desea escuchar en labios del hijo. Cuantos más años cumplimos, más conscientes somos de la entrega y el amor que nos ha regalado. Y, si ya la hemos perdido, habitamos en un vacío atemperado por el paso del tiempo y por su recuerdo constante.
    Una visita, una caricia, unas palabras de ternura es lo mínimo que se puede hacer cuando todavía la tenemos con nosotros. Tristes ancianos los que son olvidados por sus hijos.
    Tu relato me ha emocionado, Enrique. Felicidades y un fuerte abrazo.

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    1. Enrique Angulo18/5/18 0:09

      En esta carrera de la vida en la que, según pasan los años, vamos perdiendo fuerzas y capacidades, llega un momento en que esos dioses que en un principio eran para nosotros los padres se van desmitificando, y hasta llegamos a superarlos, si no en inteligencia –pues hay hijos que nunca pueden superar a sus padres en algunas de sus capacidades-, sí en vigor y juventud, y eso nos hace vernos superiores a ellos.
      A veces, si los padres viven muchos años y tienen enfermedades más o menos graves, necesitan de nuestra ayuda, aunque, muchos de ellos, por lo general, no se atreven a pedirla, la dejan en manos de los hijos, los cuales pueden estar inmersos en sus propios problemas y ser incapaces de encontrar ese tiempo que sus padres necesitan, o ser excesivamente egoístas con quienes lo han dado todo por ello.
      La clase de sociedad en la que vivimos no es propicia para esos cuidados que hasta no hace mucho sí se daban, y podría decirse de ella, parafraseando el título de la novela de Cormac McCarthy, que luego llevaron al cine, las nuestras no son sociedades para viejos, por más que cada vez haya más gente anciana, y por más que muchos de quienes son ahora jóvenes se vayan a ver en el futuro en esa situación.
      Por eso, quienes tengan la suerte de que les vivan sus padres, o sólo su madre, como es mi caso, harán bien en darle cuanto cariño puedan y disfrutar de su compañía mientras los hados les sean favorables, sin olvidar que, en la ruleta de la muerte estamos todos y, aunque no es lo normal, alguno de nuestros padres puede sobrevivirnos. En mi barrio conozco a muchas viudas que, además de la pérdida de sus maridos, arrastran la amargura de haber perdido a algún hijo.
      Muchas gracias por tu comentario, Carmen. Un fuerte abrazo de vuelta.

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  4. Hola, Enrique. Con sencilla delicadeza nos muestras una escena que, por desgracia, no siempre se produce "espontáneamente". Y, como bien dices, en la mayoría de ocasiones, no se puede recuperar lo que no se hizo en su momento. Aunque últimamente no comento demasiado y estoy algo "desentrenado", solía gustarme, en esos comentarios, citar (cuando venía a cuento) algo de lo que yo haya podido vivir, leer, escuchar... Mi madre murió en el 86, cuando me faltaban un par de meses para acabar la mili; es decir que durante su último año solo la vi dos veces y la oí en unas cuantas llamadas telefónicas cortas, y a aquella edad (la mía) tampoco se es mucho de decir Te quiero, mamá... Solo quería contar eso y que tu texto, a mí también, me ha emocionado. Suerte y un abrazo.

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  5. Enrique Angulo18/5/18 0:17

    Perder a la madre es una gran desgracia, todas las pérdidas de personas queridas lo son, pasan los años y quizá nos hacen un poco más sabios –no a todos-, pero también nos van dejando ausencias permanentes, y sólo nos queda la memoria para intentar revivir aquello que, en su día, no le dimos importancia alguna porque formaba parte de nuestro presente, porque pensábamos que era lo normal, lo lógico; lo mismo que podemos pensar ahora que el que nosotros llevemos unas vidas ricas, a pesar de todo lo negativo que pueda haber en ellas, mientras otros llevan unas vidas miserables, y no sólo eso, viven en lugares donde a la vida no se le da ningún valor, es lo más normal de este mundo.
    Por eso, madurar creo que es saber valorar lo que uno posee y obrar en consecuencia, aparte de hacer el mayor bien que esté en nuestra mano, sobre todo a las personas más queridas y a las que más debemos, y en ese aspecto las madres suelen estar a la cabeza.
    Muchas gracias por tu comentario, Jesús. Un abrazo.

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  6. Un texto escrito con una exquisita sencillez que aporta, por sí sola, toda la fuerza emocional y descriptiva de lo que representa una madre. Y sí, es cuando aún les tenemos cuando debemos demostrarles más que nunca todo nuestro amor. Muy emotivo, Enrique, felicidades y un gran beso.

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