El adiós del instagrammer (Adicciones IV: Redes sociales)

No había dejado una nota de suicidio. ¿Para qué? Pero allí arriba, a un salto del fin, se le ocurrió acompañar una frase de su canción favorita. Sí, aquello quedaría perfecto.

Unos minutos después, lamentaba haber escogido un puente tan recóndito mientras buscaba, móvil en alto, una raya de cobertura.
Escrito por Álex Garaizar
Apuestas | Alcohol | Porno | Redes sociales

Mejor relato de abril de 2018


*Uno de los relatos fue penalizado con 15 votos menos por irregularidades.

Naturaleza muerta

En la penumbra de una tarde serena, cada estancia vacía de la casa abandonada recoge sombras de tristeza sobre reflejos de nostalgia en mate. Afuera, en la sinuosa senda del aljibe, la hojarasca seca que cubre el polvo añejo camufla la huella de los últimos pasos inseguros de la niña.
Escrito por Rafa Olivares - Web

Miedo

En aquella mansión abandonada habita un terrible fantasma, dice la gente. Nadie se atreve a entrar en ella, ni mucho menos a comprarla, por el miedo que le tienen.

Observándoles por la ventana, el fantasma permanece en la casa y no se deja ver por el miedo que les tiene.
Escrito por Luis Goróstegui - Twitter

Amor virtual

Él ocultaba el dispositivo móvil a su esposa, el temor de que la aventura nocturna fracasara.

Ella mantenía alejado el celular con recelo, la conversación que tenía con el amigo de su marido quedó en vista.

Dificultades sexuales y virtuales. La amistad, la pasión y la fortuna en una noche.
Escrito por Ricardo Rodríguez Sánchez

Obsesionado con un libro

Era imposible terminar de leer aquel extraño libro. Juan lo intentaba cada noche, pero justo antes del último capítulo caía profundamente dormido; al día siguiente no recordaba el argumento, y volvía a empezar.

Por fin una noche, la anterior a su muerte, lo consiguió.

El último capítulo estaba en blanco.
Escrito por Sonia Serna San Miguel - Web

Quimioterapia

Posó su mano sobre la mía. Todos eran amables.

El miedo se dispersaba a través de sus chascarrillos. El líquido de vida o quizás de muerte penetró despacio. Otra sonrisa.

Es curiosa la vida; a veces la tienes y no la quieres, y otras la quieres y no la tienes.
Escrito por María Sotés

Amores que enseñan

Te conocí desde bien pequeñito, me enamoré de ti. Contigo aprendí a leer, a escribir, a llorar, reír y soñar.

Nos dejamos cuando fui mayor de edad pero siempre supe que volvería a caer en tus brazos.

Hoy seguimos juntos, pero yo desde el otro lado de clase.

Gracias, Enseñanza.
Escrito por Enrique Caño

La tumba de la emperatriz

La cabeza en Maracaibo, el corazón en Siberia y los pies camino de Roma, pero me olvidé los brazos en la barra del balancín. Y allí siguen, aferrados al giro de la veleta y al suspiro del jardín secreto, mientras una sirena aúlla el robo de las reliquias del dodo.
Escrito por Patricia Richmond - Web

Del ser y el hacer

Érase una vez un carnicero con alma de poeta. Ejercía el oficio heredado de su padre y abuelo (porque "con poesía no se come") en la carnicería familiar. De noche, mientras despostaba medias reses, escribía poemas con sangre en la blanca mesada y los lavaba con lejía en las mañanas...
Escrito por Elisa Mancuso

Tres mujeres

Tres mujeres, del mismo año, del mismo lugar, arcaica educación de la llamada clase obrera.

Sus caminos se bifurcan. Yeyé, hippie y tradicional, sus errores con los hombres convergen en un mismo destino, una amarga soledad. Ellas, desnudas frente a un espejo, se preguntan el porqué de su mala fortuna.
Escrito por Juanes

Pervives en este baúl, depósito de nuestra vida. El uniforme del colegio, manchado de chocolate. Tu traje de Comunión de encaje sepia, regalo de la madrina. La colección de vestidos imitando a modistos del momento. Los zapatos acharolados que te deslizaron al vacío. Tu rostro quebrado de muñeca de porcelana.
Escrito por María Jesús Briones Arreba

El número 2 (Relato híbrido II)

Calma. Eso era lo que mi cerebro quería transmitir. Pero no, era una ficción. Mi cuerpo reprimía mis verdaderos deseos de pasar a la acción. La cuerda alrededor del cuello impedía cualquier movimiento entre los barrotes, por suerte sonó el disparo. ¡Qué alivio! El jockey tiró de las riendas. Corrí.
Escrito por Rafael Urtiaga
Relato I | Relato II

Abrázame, por favor

Cómo reconforta un fuerte abrazo. Cuando estás asomada al abismo del día a día, con el viento del estrés azotándote en la cara y el constante zumbido del reloj recordándote que no llegas. Cuánto te ayudan dos fuertes brazos que te sujetan por la cintura al borde de la azotea.
Escrito por Aurora Rapún Mombiela

La nueva Troya

Un caballo de metal se ha infiltrado en cada casa. Destila un óxido hipnótico que adormece la antorcha de la razón. Los guerreros de su vientre suministran edulcoradas píldoras de estulticia, dosis concentradas de humo.

Cuando ya han secuestrado el pensamiento, las páginas de los libros cerrados sangran su tinta.
Escrito por Carmen Cano - Twitter

Últimos movimientos (Relato híbrido I)

Abrió la libreta y revisó uno por uno los puntos previstos. Solo entonces, colocó la última pieza. Puso en marcha el reloj de cuenta atrás. Su víctima se recreaba junto a su caballo, pero aquella mujer apareció para dejarle sin ninguna posibilidad de movimiento. Se quedó sin tiempo, se rindió.
Escrito por Ignacio Domingo
Relato I | Relato II

¿Me perdonas?

Confieso que mis mejores cuentos han sido obra de "Nriam". Él me las susurraba al oído. Íbamos bien, pero comenzó a dirigir mi vida. Intenté abandonarlo, pero amenazó a mi familia.

"Nombra públicamente a alguien mejor que tú como reemplazo, y te dejaré libre".

Antonio Bolant, espero entiendas mi situación.
Escrito por Jean Durand - Web

Mi primera vez

Realmente estaba aterrorizada. Lloré, supliqué en vano, pero él me estrechó todavía más, como si nada. Cierto velo (una íntima penumbra) sucumbió en mi mente cuando el macho verbalizó mi nombre, esa denominación que ya no me definía. ¡Vaya primera vez como vampira! La sangre compensó, al menos, el estigma.
Escrito por Víctor Maldonado - Twitter

Nepotismo ilustrado

Como en una torrentera, encadenados lomo con lomo, uno detrás de otro, como si fueran un único todo. Por la ventana de la biblioteca municipal huían, cual cascada de títulos, los libros allí custodiados, añorando a la ordenada doña Virtudes, ya jubilada. Escapaban de la nueva, sobrina carnal del alcalde.
Escrito por José Antonio Barrionuevo - Twitter

Mentiras arriesgadas

El bebé ya no llora. Llora el niño, y la madre viene corriendo desde la cocina.

La cuna vacía. El niño. Una silla. La ventana abierta. Gritos

—¡Es mentira! —dice entre hipos el pequeño con lágrimas en los ojos, mirando a la enloquecida mujer—. ¡Los niños no somos de goma!
Escrito por María Galerna

Homenaje paradójico

El maquinista del tren real era más monárquico que el rey. Apenas si había dormido por las manifestaciones contra la corona, esa noche mientras conducía no pudo evitar tener un pequeño adormecimiento justo al acercarse al puente que estaba en obras.

Los republicanos han puesto su nombre a una glorieta.
Escrito por Irreverente inadaptado

Cómplices

No recuerdo ya si este cuento lo escribiste tú o lo imaginé yo; tantas veces fuimos cómplices en el arte de seducir, maniatar y envenenar a los incautos... Supongo que poco importa ahora: ya se sabe que llegando a los cincuenta hay que despedirse, antes de brindar con la cicuta.
Escrito por Andrés Galindo - Web

Alone again

Es un Mi. Pura casualidad, desde luego; pero el golpeo del estor en la ventana me recuerda al comienzo de aquella canción. La asocié a tu número hace tiempo, como tono de llamada, y no veo el momento de cambiarla.

Esta tarde de viento me tiene el alma en vilo.
Escrito por Enrique Mochón Romera

Juicio sumarísimo

—Juro y perjuro que vi caer dos carabelas con su tripulación al oscuro abismo tras el borde fronterizo del mar. Incluso, yo mismo, señoría, asomado peligrosamente al averno, fui rescatado por un ave fénix que volaba por allí.

Ante estas contundentes evidencias, el reo Galileo fue enviado a la hoguera.
Escrito por Isidro Moreno Carrascosa - Web

Muerto de miedo

El miedo, seguro de su ancestral supremacía, aguardaba silencioso en los rincones oscuros del viejo caserón. Pero el intrépido vagabundo, en actitud desafiante y candil en mano, desveló su guarida de polvo y telarañas. Cuando escuchó a sus espaldas aquel angustioso estertor, su corazón latió aceleradamente. Y después se paró.
Escrito por Javier Igarreta Egúzquiza - Web

Tren del olvido

"Nunca pongas en marcha el tren del olvido", susurraba. ¿Qué iba a ser de nuestros gestos cómplices? ¿Del cúmulo de frases robadas al ingenio? ¿En qué carcomidos raíles, patéticos hangares, terminarían los besos sin usura que, confundiéndose la autoría, quisimos regalarnos estación tras estación? Mientras gemíamos, rodaban todas las ruedas.
Escrito por Eduardo Martín Zurita
Dedicado a E. Mochón Romera

El premio

Había ganado un concurso literario de relatos cortos. El premio incluía una cena, alojamiento y desayuno. Dos trenes y dos autobuses le dejaron en la plaza. Cuando llamó al único hostal del pueblo quien abrió la puerta era un ángel. Desde entonces escribe la novela más larga de su vida.
Escrito por Pepe Sanchis

El final de una infancia

Iban de la mano. El pequeño, parlanchín y sonriente, orgulloso de caminar por la calle acompañado tan sólo por su hermano mayor. No hay malos días de cole a esa edad. Según se acercaban al portal su hermano apretaba más la mano. Quería protegerlo, el pobrecillo aún no sabía nada.
Escrito por Álvaro Abad

Gabo ya no existe

La primera en notarlo fue Mercedes. Al principio sólo fueron destellos del Coronel, alguna frase murmurada. Después empezó a hacer pescaditos de oro y a vagar por casa cubierto con una manta... Nadie supo con certeza cuándo el personaje había engullido al autor.

Afortunadamente, ya le habían concedido el Nobel.
Escrito por Aurora Baeza

Sharenting

Nunca lo había tenido tan fácil. La ha visto estrenar uniforme el primer día de clase, soplar las velas de cumpleaños y jugar desnuda en la bañera.

Ahora sus padres lo denuncian por acoso. Los mismos que la han exhibido, impúdicos, desde la primera ecografía que colgaron en su muro.
Escrito por Asun Paredes

Cumpleaños

Al cumplir los doce le regalaron ese barco pirata que siempre había soñado. Para entonces su corazón y el de Alazne latían acordes.

Cerrando los ojos sopló las velas con toda su alma y, al abrirlos, contempló cómo la nave se alejaba veloz, perdiéndose en el mar de su infancia.
Escrito por Juana Mª Igarreta Egúzquiza - Web

Keep calm and carry on

El último abrazo me estrujó el corazón, haciendo volar mi alma sobre una nube con forma de mono; no lo pude contener y las lágrimas acabaron en charquitos de sal. Todo me lo llevo, junto con la dignidad, apretado en una bolsa; que me han atado al final del duodeno.
Escrito por Miguel Ibáñez

Amor en el zénit

Amor amado, amor querido, amor añorado. Cuando ya había perdido toda esperanza. Cuando las nieves del tiempo se habían posado sobre sus sienes. En ese momento en que la resignación se antojaba el único sentimiento posible. Inesperadamente apareció ella y recuperó la pasión, la ilusión y las ganas de vivir.
Escrito por Luna Negra

A

Te restan exactamente 46 palabras para terminar. Olvida los adjetivos. Desdeña los pronombres, los sustantivos. Deshazte de los verbos y los adverbios y elimina, sobre todo, las palabras terminadas en "mente". Y olvida que te estoy apuntando con esta pistola. Ahora, echa la cuenta: Si hay más de cincuenta, disparo.
Escrito por José Manuel Dorrego Sáenz - Web

Mack the dead

Mack paga cada noche la deuda que contrajo con un diablo amante del jazz. Las notas salen de su trompeta haciendo malabares con las melodías, mientras los hilos del pentagrama lo mantienen con vida hasta que la luna se traga el embrujo, justo en el momento que cae el telón.
Escrito por Pablo Núñez - Twitter
Elegido mejor relato de abril de 2018

Monogramas

La discípula supera por días al Maestro. Él está seguro de que sus pinturas brillarán en el futuro. E intenta protegerla de las voces cada vez más airadas del Gremio.

Ella pinta satisfecha, ajena a murmuraciones maledicentes. Y traza su firma dentro de monogramas, que perfecciona a cada pincelada certera.
Escrito por Maest

Armas de mujer

Angustias, acompañada de Dolores, aumentaba la intensidad de su presencia a medida que Martirio se hacía notar. Daba igual que Esperanza suplicara Piedad, Constancia no entendía de Virtudes. Menos mal que Felicidad acompañó con Alegría la llegada de Sol: Consuelo anunció su nacimiento, justo después de Alba. La llamaron Paz.
Escrito por Fernando da casa - Web

Ser parte

Fue un alivio para los que temían quedarse fuera por no estar preparados. Se había eliminado la interpretación, para no caer en la ignorancia de quien nada sabe, pensaron. Nadie más dudó. Y los que lo hicieron acabaron por desaparecer, como hice yo apenas unos días después del control rutinario.
Escrito por Javier Díez Martín - Web

Un pollo

He encontrado un huevo de oro en el gallinero. Otro. Lo he puesto junto a los demás y me he dicho que de hoy no pasará. Esta tarde llevaré la gallina a la granja donde la compré y exigiré que me den lo que les pedí: un pollo de engorde.
Escrito por Plácido Romero - Twitter

Bodas de plata

En una arremetida de placer, me empotró contra la pared.

—Siénteme, me dijo, —siente mi cuerpo, mi erección, todo mi ser.

Hicimos el amor a lo loco... A la mañana, nos despertamos acurrucados. Entre risas y caricias, volvimos a hacer el amor, como cada día en estos veinticinco años juntos.
Escrito por Cristina Jiménez Urriza

Haciendo amigos

Minutos antes de que comenzase la final de fútbol puso el televisor a todo volumen. Vecinos suplicantes llamaron a su puerta, que abrió encantado. Pasó de ser un solitario a convertirse en el más popular de la comunidad. Nadie sospechó de él cuando supieron lo del sabotaje de las antenas.
Escrito por Ángel Saiz Mora

Continuidad de la lluvia

La lluvia ocupa la calle, los árboles miran a los niños jugar en los charcos, los adultos reciben el agua empapados en felicidad. La ciudad sonríe. Un arco iris adorna el cielo y un rayo de sol dibuja una flor en el banco del parque donde ella escribe este relato.
Escrito por Manuel Sanz Lázaro - Web

La mudanza

Dejaba una década plagada de amigos y buenos momentos. Sabía que no podría trasladarlos en la mudanza.

Amontonó libros, enseres, muebles para ubicarlos en otra ciudad. Delante tenía nuevos retos, pero miró a su hijo pequeño por el retrovisor. Una lágrima resbalaba mientras gemía:

—Ya no veré a mi seño.
Escrito por Francisco Rubio Yepes - Web

Adaptación

Con el tiempo dejé de ser supersticioso, de lo contrario, mi vida habría llegado a ser un infierno. Desde que perdí mi empleo, vivo refugiado bajo plásticos, entre un par de escaleras abiertas y comparto comida con trece gatos negros.

Mi día favorito: el martes, jornada de reparto de alimentos.
Escrito por Carmen Martagón E. - Twitter

El pescadito

Solo era un pez chico, uno entre tantos miles. Un pececito que jugaba a ser feliz nadando entre las espumas de las olas. Pero hoy un tiburón disfrazado de sirena se lo ha comido. Y hasta el mar se ahoga de pena con las lágrimas vertidas por el pobre pescadito.
Escrito por Manuel Menéndez Miranda

La invasión de las hadas (Tríhada I)

Con las altas temperaturas, las hadas abandonaron los pantanos. Revoloteaban por doquier en grandes nubes de polvo mágico invadiéndolo todo.

Su cháchara continua —las hadas nunca duermen— acabó por desquiciar a ogros, elfos y enanos.

El Consejo del Bosque, entonces, permitió a los humanos atraparlas y hacer cuentos con ellas.
Escrito por Manuel Bocanegra
Parte I | Parte II | Parte III | Epílogo

Canta para mí

El dulce sonido que salía de sus labios era como una nana para mí, más bello incluso que la cuarta sinfonía de Beethoven. La pura voz de un ángel, que se veía desgarrada con cada grito ahogado que expulsaba cada vez que mi cuchillo entraba en contacto con su cuerpo.
Escrito por Mª Luisa Cara

Miré aquella estrella desde donde dijiste que me observarías, pero en nada se parecía a ti, ni me recordaba a tu rostro.

Entonces, preferí voltearme a ver mi corazón, donde cada latido pronunciaba tu nombre, y el calor que allí se encendía al pensarte era completamente tuyo desde la partida...
Escrito por J. J. Kastle - Twitter

Réquiem para un amor

Llovía, el viento frío jugaba con su cabello. El aroma a café la obligó. Apenas sentarse los vio. Él la abrazaba y besaba. Los miraba como quien ve una película. Apretó fuerte la taza, bebió el último sorbo. Aturdida echó a correr bajo la lluvia, intentando escapar de su dolor.
Escrito por Miry Calabrese - Web

La desaparición de los dinosaurios

Aprendí mis primeras letras en la vieja tablet de mi madre. Adquirí una multitud de conocimientos en la pizarra electrónica de mi colegio. Desarrollé unas adecuadas habilidades sociales virtuales a través de mi teléfono móvil. Leí a los clásicos en ebooks. Encuentro... todo... en mi ordenador...

¿Hubo, alguna vez, libros?
Escrito por Salvador Pérez Salas - Twitter

Los secretos

Acaba la noche y comienza la bravura a iluminar cada rincón, no hay besos oscuros ni caricias ocultas. Raquel revela todo. Los sueños están escapándose, son caricias de ventana, silencios de ayer, sábanas muertas. Ella creía en Edipo; su madre, en el suicidio. Entonces huyó con recuerdos de caricias muertas.
Escrito por Edwin Antonio Gaona Salinas - Web

Mosquito de cuello blanco

El constante chillido del mosquito cerca de mi oreja es un fastidio. Sí, ese mosquito patón y de cuello blanco ¡me tiene hasta la coronilla!

Trato de ignoralo; cierro los ojos y cuento hasta diez...

Y, cuando por fin me encuentro tranquilo, el chillido vuelve; ahora, convocando a reunión extraordinaria.
Escrito por Selene Argueta - Twitter

Cicatrices en un hogar abandonado

Ella se fue apagando poco a poco, dejando su silencio acurrucado sobre el desnudo somier de nuestro dormitorio. En el comedor, cuando el sol irrumpe al atardecer a través de los agujeros de las persianas, las motas de polvo dibujan sobre el suelo la sombra de mi último aliento balanceándose.
Escrito por Javier Puchades - Web

Sacrificio y entrega

Exhausto tras la faena, fuma un cigarrillo en cubierta. Es su última marea y su mente anhelante surca el océano hasta tierra firme. Por estribor, una colosal ola rompe arrastrando el cuerpo desprevenido de Nico, engulléndolo bajo las gélidas aguas de un mar que jamás brinda riquezas sin cobrarse tributo.
Escrito por Matrioska - Web

Instinto

Mordió su cuello antes de que pudiera reaccionar. Sintió cómo sus dientes penetraban la piel de su presa y el sabor de las primeras gotas de sangre en su boca.

Un agradable calor subió por su médula y sólo después de haber saciado su hambre antigua, empezó a sentir remordimientos.
Escrito por Ignacius Tercero

Beatriz

Recordaba una foto añeja, los almuerzos después de la escuela, los palmazos por las travesuras, los mejores regalos de cumpleaños y su risa contagiosa. Hoy, al pie de su cama, la mira tiernamente y sufre porque no puede decirle todo lo que significa para él. Sí, adivinaron, es su abuela.
Escrito por Giancarlo Ubillus - Twitter

El misacantano

Tras descansar unas jornadas, prosigue su camino. El sol colorea sus mejillas pálidas e imberbes. Sin volver la vista avanza despreocupado, cantando alegre. Despreció las lágrimas de aquellas que, aun sin saberlo, atesoran su semilla. Atrás, en sus caras, asoma el desengaño. Juntas, recogen y afilan sus guadañas. Relucen. Sonríen.
Escrito por Jesús Garabato Rodríguez

La mirada del pintor

La nube soñolienta escudriñaba el estanque mientras el nenúfar la seguía con la mirada.

—¿Y si nos intercambiamos elemento por un instante?
—¿Y si el instante tuviera el poder de volverse eterno? —le contestó la nube.

Los juncos de la orilla fueron testigos de la inmortalidad fugaz de aquella alianza.
Escrito por Macarena Fernández - Web

Esto solo podía acabar mal

Estuve conduciendo hasta perder la carretera. Las lágrimas resbalaban incontroladamente. ¿Cómo había llegado todo a complicarse tanto? ¿Alguna vez tuve el control? Ahora, todo lo que fui se despedía de mí por el espejo retrovisor:

—Te lo dije, Donald —me susurré—. Esto solo podía acabar mal.

Apreté el gatillo. ¡Bang!
Escrito por Raquel Tevas Cisneros

Amadeus

Debido a la infernal tormenta de nieve, nadie se atrevió a ir al cementerio. El cortejo fúnebre lo formaron los enterradores y un perrito blanco. Mientras inhumaban a aquel difunto cuya música ya se expandía por las avenidas de la eternidad, el silbido del viento sonaba como un estremecedor réquiem.
Escrito por Enrique Angulo - Twitter

Juan Antonio

De forma inesperada, sus pasos le llevaron al barrio que le vio nacer y de donde salió hace más de 40 años.

Llegó a la altura de su calle, nada era lo que fue, solo quedaban la higuera, el olivo y la palmera. Sintió que había nacido en un jardín.
Escrito por SnowThomas

Era tigre de metal; no rata de barco (II)

Huyó de su jaula de oro, dejando la puerta entreabierta. Tres años. Descubrió la causa de la causa de su angustia. No era por JC, parásito de su diosa del Mar del Sur. Huyó para cerrarla y ella lo llamó rata de barco, equivocadamente. Volvió libre.

Era tigre, no rata.
Escrito por Marcuan
Parte I | Parte II | Parte III

Sí hay salvación posible

—¿Le has llamado tú para que aleje mi pesar de guiñapo apaleado por el miedo?

—No. Ha sido él el que ha atravesado las ventanas y puertas, sin pedir permiso. "Deja de aferrarte a esa frágil rama y vuela conmigo", ha dicho.

Marioneta rota sublimada por el hálito del viento.
Escrito por María José Viz Blanco

Extra, extra

Sé que trabajo para el periódico más pequeño del pueblo, y que yo sea el reportero no implica calidad informativa; pero sólo por una vez en mi vida, me llevaré las primeras planas.

Otras publicaciones retomarán la nota de mi asesinato, uno más en el estado, el décimo en febrero.
Escrito por Cristopher Josué Escamilla Arrieta - Twitter

Muriendo de silencio

Le dolía el pecho. Profundamente. No encontraba analgésico que la calmara. Los rayos X mostraban una protuberancia extraña. Sólida. Al final, la operación fue la única salida. El cirujano movía la cabeza de lado a lado, incrédulo.

Un ovillo de palabras no dichas, atado con una arteria, cubría al corazón.
Escrito por Macarena Abilleira Álvarez

Plenilunio

Ballesteros, escultor vulgar, modelaba escayola y, fortaleciéndola, la convertía en piedra. "La dama vengativa", una mujer que sostenía en los labios una rosa y en la mano, un puñal, fue su obra famosa.

Ayer encontraron su cadáver con una daga en el pecho y, destrozada a su lado, la escultura.
Escrito por Nicolás Puente - Twitter

Psicópata

Narciso fue un niño difícil. Tempranamente se mostró siniestro. Luego comenzó a robar flores. En su escondite destruía las flores robadas con frialdad pasmosa. Aniquiló jardines, balcones y plazas. Se volvió famoso aterrorizando a los habitantes de la ciudad que fueron perdiendo ilusiones y colores. La policía jamás lo atrapó.
Escrito por Sylvia Bonilla

Cinco niñas al cielo

La Virgen del Pilar dice que no quiere 250 kilos de amonal, que quiere... a sus niñas mañas: Silvia Pino, Silvia Ballarín, Rocío, Esther y Miriam. Pero, con ser ella quien es, su deseo fue más frágil que el de Pakito y Fiti. Nombres de payasos de circo, pero asesinos.
Escrito por Carmelo Carrascal

La diestra celestina

¡Míralo!, embobadico perdido, pensando en ella mientras me tiene trazando rayajos como una tonta. Así nunca conseguirá escribirle sus sentimientos y, sinceramente, estoy harta de tanto vaivén de consuelo en su entrepierna.

Tendré que echarle una mano ahora que está distraído y transformar estos garabatos en audaces palabras de amor.
Escrito por Antonio Bolant - Twitter

Moderna huelga

Señores pasajeros, rogamos presten atención y disculpen las molestias por los problemas que les pudiera acarrear la huelga de los aviones, que se niegan a despegar por los malos tratos a los que tripulación y pasajeros, dicen, los sometemos. El incitador aún no ha sido detenido, un dron bastante escurridizo.
Escrito por Antonio Ortuño Casas - Web

Los caramelos

El viejo rebuscó en su bolsillo, sólo para darse cuenta del agujero.

Bolsillo izquierdo, pipa y tabaco.

Derecho, los caramelos para los niños, que uno a uno se derramaron como la nostalgia del desterrado.
La botella, lo único que aseguraba con manos y uñas negras de rebuscar en la basura.
Escrito por Carlos Tejera

Inevitable destino

El hombre tenía que morir: sabía demasiado. Ese es el destino inexorable de los que se creen perfectos.

En una apresurada reunión de la cofradía decidimos su destino en cuestión de minutos.

Ahora tenemos que concentrarnos en saber quién será el nuevo mejor puntuado en la próxima prueba de matemáticas.
Escrito por Daniel Castillo

El dolor de saber que ya no me recuerdas

No supe ver la distancia en tu mirada, las pisadas desoladas, los descuidos. Ahora, la frialdad del olvido se cuela por las grietas de esta casa y, rendida y sin consuelo, me aferro a los recuerdos que tú, en tu delirio, extravías mientras te adentras, presuroso, en un inexorable laberinto.
Escrito por María José Escudero

Desolación

Sábado. El peor de mi vida.

No imaginé jamás aquella noticia. Caminé hasta la puerta, el dolor traspasaba mi piel, mi mirada se iba perdiendo, deseaba escapar hacia un pasado donde había sido tan feliz. Volví a la realidad. Allí, yerta e inmóvil, mi madre ponía fin a su vida.
Escrito por Liliana Bilello - Web

Distensión

Un atardecer más, y es el último. El agua derramada y las arreboladas mejillas de Jimena auguran la llegada de nuestro primogénito. Por suerte, junto a los pañales he traído mi viejo revólver (recién cargado con granos del mejor café). Su función, esta noche, será fundamental: debe matar el sueño.
Escrito por Loli Regs

La niña

Ese fulgor cautivo de la niñez vivida que enciende aún sus mejillas arrugadas. Esas astillas de infancia mecidas en olas de recuerdos, que todavía mojan sus ojos. La anciana sigue ganando el pulso a la muerte, de la mano de la pequeña que vive bajo su piel fina y gastada.
Escrito por Paloma Hidalgo Díez

Una cita ineludible

Pasó tantos años trabajando en su novela, que acabó olvidándose de la Muerte. Pero esta no se olvidó de él... Y cuando al fin llamó a su puerta, creyó que se trataba de la Inspiración.

Murió junto a su obra inacabada, solo, cansado, pero con una enorme sonrisa de satisfacción.
Escrito por Nelo - Web

Búsqueda

A ojos cerrados buscó aquello que su alma percibiera; no deseaba amar a quien miraba, no deseaba ver al amor entrar por sus ventanas; buscaba caricias de un interior sagrado y puro.

A ojos cerrados encontró la respuesta; entonces abrió su corazón de par en par y le amó incondicionalmente.
Escrito por Xavier Hernández - Google +

Anikuni kaunani

Ani’qu ne’chawu’nani’, An i’qu ne’chawu’nani’; Aw a’wa biqāna’kaye’na, Awa’wa biqāna’kaye’na; Iyahu’h ni’bithi’ti, Iyahu’h ni’bithi’ti...

La canción invade el espacio. Transforma el ruido de golpes de pelota y gritos infantiles en murmullos corales y pisadas ligeras para entrar a las aulas.

Solo se queda Wakanda, "la niña nueva", que solloza:

—Aniqunechaaawunaniii...
Escrito por Maite Moreno

Protección

Estiró la mano y, aunque la cama se encontraba tan vacía como ayer, cada milímetro de su cuerpo se llenó en un instante del más dulce calor. Alguien, desde lo más alto, la seguía cuidando. La joven sonrió con infinita dulzura. Por hoy, las pesadillas del pasado no la atacarían.
Escrito por Patricia J. Dorantes - Facebook

Esperando una nueva primavera

Me dijo que, como un circo, debía renovar las atracciones. ¿Dónde quedó lo susurrado a la luz de la luna? Sus palabras temblaron cual funambulistas sobre un alambre que la rutina no sostiene, cayeron en tropel helando mis ilusiones.

El tiempo pasará despacio mientras sigue lloviendo en un largo invierno.
Escrito por M. Carme Marí - Web

Bienvenidos a mi mundo (Relatos desde el otro lado: Dios)

Es el cielo. No es un error. No hay ángeles jugando.

Desde mi trono divino, es divertido observaros dedicándome inútiles canciones de fe y devoción, mientras vais como corderos al matadero siguiendo vuestra particular política de la verdad.

Y aquí ya no hay nada que hacer, solo disfrutar del silencio.
Escrito por Jose Antonio Gallego
Hombre | Dios | Diablo

Amanecer

La ciudad se iba despertando lentamente. Desde las ventanas veía el fluir continuo de los coches por la M-30, que anunciaba un martes complicado. Afuera la nieve amenazaba con cubrir el asfalto y organizar el caos. Aunque las aves nocturnas, como ella, aguardaban para retirarse al lecho acogedor y placentero.
Escrito por Gloria Arcos Lado

Nada como un amigo

Descanso en este ataúd que me recoge; me queda, al menos, la añoranza de saber que te dejo en buenas manos. Pensaba que era un leal compañero, aunque cuando llegue de nuevo el caso, hazle saber que el veneno actúa mejor cuando uno está en las manos relajadas de Morfeo.
Escrito por Jesús Manzaneque Fraile

Fragmentos de la memoria

Cuando cierro los ojos, puedo oír el ruido de la máquina de coser al ritmo de tus pies que aprietan el pedal, mientras la tela resbala suavemente sobre el suelo. Y si vuelvo a cerrar los ojos puedo verte sentada en el porche, al fresco, bajo un manto de estrellas.
Escrito por Maribel N.

En pijama

Con pijama de hospital se acerca a mí. De sopetón me pide un cigarro. No tengo. A gritos se lo pide a la limpiadora que cuida el baño. Esta contesta: "No fumo, además soy anti tabaco". Ella, la enferma en pijama azul, contesta airada: "¡Ah, sí, me lo estoy dejando!".
Escrito por Carmen Martínez Marín - Web

Escarbar

La niña reprime un grito cuando encuentra a Barbie, destrozada, en un basurero. Proclama su inocencia, al ser señalada como sospechosa de manipular la escena de un crimen; pero la prueba de ADN confirma que los restos en sus uñas son compatibles con el plástico del cuerpo de la muñeca.
Escrito por Beto Monte Ros - Twitter

La memoria del agua

Añadí un tubo de ensayo con una disolución de 0,03 del virus de la encefalitis equina a cincuenta litros de agua de manantial, después los vertí en la cuba de una cisterna que contenía quinientos litros más para conseguir la medicina homeopática que curará a todos los unicornios del mundo.
Escrito por Encarna Cuesta García - Twitter

Nada más que feliz

El Ambrosio viejo despertó una mañana extrañamente feliz. Al levantarse tuvo la sensación de sacudirse del más extraño letargo padecido a lo largo de toda su vida. Ya no pudo ser el mismo de noche ni de día, pero siempre lo veían con su extraña felicidad irradiando en su rostro.
Escrito por Luis Ignacio Muñoz - Web