La nueva Troya

Un caballo de metal se ha infiltrado en cada casa. Destila un óxido hipnótico que adormece la antorcha de la razón. Los guerreros de su vientre suministran edulcoradas píldoras de estulticia, dosis concentradas de humo.

Cuando ya han secuestrado el pensamiento, las páginas de los libros cerrados sangran su tinta.
Escrito por Carmen Cano - Twitter

32 comentarios :

  1. Esta estampa mitológica cobra su dosis de presente de una manera sensacional en tu relato. Elaboras un texto con un poderoso mensaje que debiera, sino fuera por lo que es, remover conciencias. Y no solo mensaje, también letras de hondo calado, como esa maravillosa frase final que deja una poética de la imagen que vuela con gran fuerza por sí misma.
    Me encantan tono, forma y reflexión que propicias, Carmen. Qué gusto. Un fuerte abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. La mitología clásica sigue siendo un recurso muy socorrido. En 'La mancha humana', de Philip Roth, el profesor Coleman comienza sus clases en la Universidad diciendo que la Literatura occidental se inicia con el relato de una guerra -precisamente la de Troya- y ahí seguimos, librando una guerra entre los medios y la cultura. Habrá que aferrarse a los libros para no perecer intoxicados.
      Muchas gracias por tu hermoso comentario, Manuel. Un fuerte abrazo.

      Eliminar
  2. Nuestro mundo se ha vuelto, más que nunca, visual, con pantallas por todas partes que acaparan toda la atención en perjuicio de la conversación, de las relaciones humanas, de la formación del propio criterio. Es muy fácil dejarse llevar por un ingenio mecánico que lo da todo hecho. Leer un libro supone un cierto esfuerzo individual, conlleva otro asociado a pensar. Cuando, como bien se plantea al final de tu relato, esos modernos caballos de Troya que hemos metido en casa han cumplido su objetivo de conquistarnos, a los libros solo les queda llorar, ante la indiferencia ante el contenido que atesoran.
    Un relato lleno de elaboradas y sorprendentes descripciones, que se hacen dueñas del lector para transmitir el trasfondo de una realidad palpable y un peligro cierto.
    Un abrazo, Carmen

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. El peligro es cierto, como bien dices, Ángel, y el daño lo sufrimos cada día. Vivimos la ilusión de estar más informados que nunca, cuando la manipulación de la pequeña pantalla es cada vez mayor. Se publican muchísimos libros, pero la mitad de la población no lee. De modo que el pensamiento crítico está siendo vencido por estos modernos guerreros. Por fortuna, no soy tan pesimista. Sigo creyendo en el poder de la educación, la familiar y la de la escuela, y me consta que hay padres y docentes que cumplen muy bien su labor, por difíciles que sean los tiempos.
      Muchas gracias por tu, como siempre, certero análisis. Un fuerte abrazo.

      Eliminar
  3. Tu relato no tiene desperdicio, carmen. Con gran elegancia, sueltas una feroz crítica a la docilidad con la que nuestra mente troyana deja pasar los caballos que en manada se cuelan desde el televisor, mientras los impotentes héroes de papel, bien armados contra semejante agresión, yacen olvidados y vencidos. Y todo aderezado con la exquisitez de tu lenguaje.
    Enhorabuena Carmen, has elaborado un grandísimo relato.
    Un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Has prolongado, de modo poético, las imágenes de esta nueva Troya en la que vivimos, Antonio. Viniendo de ti, no podía ser de otro modo. Manadas de caballos asaltan nuestra mente porque dejamos en el olvido a los héroes de papel. ¡Precioso! Estamos todavía con la resaca del Día del Libro, de la Diada de Sant Jordi, y contemplar Barcelona con miles de paradas de libros en sus calles y miles de lectores celebrando la fiesta te devuelve la esperanza de ganar esta incruenta pero letal batalla.
      Solo me resta agradecerte tus generosas palabras. Un fuerte abrazo.

      Eliminar
  4. Tocas un tema como la televisión de una forma tan original y escrito con tanta dulzura que el que se queda embobado soy yo ante tan gran obra de arte. Te iba a decir que el final me parece genial pero es que me parece fantástico desde la primera letra del título hasta la del último renglón del micro.
    Tienes un don. Me ha encantado.
    Muchos besos.
    Pablo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pues encantada de que te haya gustado, Pablo. Y mil gracias por tus elogios, que no creo merecer.
      Besos de vuelta.

      Eliminar
  5. Carmelo Carrascal25/4/18 20:32

    Carmen, qué bien has apuntado el triste fenómeno en marcha de la infiltración de la sinrazón, la banalidad y runrún vacío que deshumaniza. Los libros, uno de los remedios posibles de este mal, que podrían protegernos de este ataque masivo en toda regla, aparcados, desdeñados. Al punto de que ellos "sangran su tinta"... ¡Guau! ¿Se puede decir mejor? Lo dudo.
    Un cordial saludo!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Nos hemos acostumbrado a un ocio banal, hueco, carente de valores. Hubo un tiempo, no tan lejano y no mucho mejor que el actual, en el que se apreciaba el valor de los libros, incluso por personas de escasa formación. Hoy los no lectores hacen gala de su desinterés sin sonrojarse.
      Muchas gracias por tus palabras, Carmelo. Un fuerte abrazo.

      Eliminar
  6. Eduardo Martín Zurita25/4/18 20:37

    Hola, Carmen, amiga.
    Es un texto de chisterazo. Qué elegantemente atacas a teletonta, a la telebasura, ese apaga conciencias. Qué dóciles somos, no somos nada chulos, pero tu microcuento sí, es supino. Es la quintaesencia de un relato muy breve. Consigues que mi corazón se enchufe a tu aparato logístico-literario despertador de conciencias. Tu texto es, da la hora exacta lo mismo que un reloj diminuto y puntual, rigurosísimo, amiga mía. Muy exacto y pertinente. El título es para comérselo con la dentadura del alma. Y los renglones todos. Todo en la vida existe y se convierte en libro. la nueva televisión da grima. Sarpulle. Da dolor de ojos y de oídos. Todas tus palabras son bellísimas, sin embargo. Mi más muy mayor enhorabuena y un beso entrañable y admiradísimo. Te has salido, Carmen. Tu relato sí que es, copiando a Pablo Núñez, estratosférico, no te digo más. Los superlativos en los que abundo están justificadísimos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sí somos dóciles, Eduardo, porque todos sabemos cómo funcionan los medios, en especial la televisión, en cambio nos dejamos embaucar con programas de ínfima calidad y con informativos que nos distraen de lo que debiera ser noticia y estar sometido a análisis rigurosos y opiniones contrastadas.
      Nos quedan los libros, el último refugio ante la alienación.
      Mil gracias por tu superlativo comentario, SuperEduardo, si me permites que así te denomine.
      Un enorme y cariñoso beso.

      Eliminar
  7. Carmen, estupendo relato, que tiene como protagonista a la caja tonta, aunque en realidad a los que atonta es al personal que la contempla, dejándolos sin la capacidad de apretar el botón de off. Un relato lleno de excelentes metáforas que le dan gran belleza al mismo. Muy buen título , un magnífico párrafo final y me han encantado esas " píldoras de estulticia".
    Muy bueno, felicidades, Carmen.
    Muchos besos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muy atontados nos deja la televisión cuando, aun irritados por sus programas, tanto nos cuesta apretar el botón que la apaga. Nos venden contenidos golosos que solo sacian la más insana de las apetencias. Nos dejamos manipular tan fácilmente... Menos mal que tenemos siempre el recurso de la lectura. Y que no nos lo censuren.
      Mil gracias por tu comentario, Javier. Muchos besos.

      Eliminar
  8. Carmen, un relato lleno de metáforas para descubrirnos al nuevo caballo de Troya, que nos aleja de lo verdaderamente importante.
    Muy buen relato. Mucha suerte.
    Besos apretados, amiga.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Lo verdaderamente importante no aparece en la pequeña pantalla o lo hace tan distorsionado, que cumple muy bien con el cometido del poder, la desinformación, la destrucción del pensamiento crítico.
      Muchas gracias por tus palabras, amiga. Y muchos besos.

      Eliminar
  9. Qué bien planteas esa lucha entre un caballo de metal, síntoma del aborregamiento y la pervivencia del poder de los libros como guardianes de valores imperecederos. Me ha gustado mucho, por el fondo y por la forma que lo expresas. Abrazos, Carmen.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Es una lucha que debemos librar tanto individual como socialmente. El poder nos quiere alienados, obedientes y acríticos. En los libros encontramos los valores que tu nombras y las herramientas que nos permiten pensar y ser más libres.
      Te agradezco tus palabras, Pepe. Un fuerte abrazo.

      Eliminar
  10. Una gran metáfora tu fantástico relato, Carmen, me ha gustado mucho como describes al monstruoso engendro de la televisión, que nos aleja de la lucha diaria y nos deja drogados con sus melodramas y programas sin sentido. Gracias al poder de los libros, lograremos salvarnos. Bien llevada la historia. Un fuerte abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Monstruoso engendro el de la televisión porque quienes lo manejan lo hacen en su propio interés, que no es otro que el de perpetuarse en el poder anulando nuestra capacidad de raciocinio. En los libros está la salvación de una sociedad. Fomentar la lectura siempre que podamos es un deber cívico imprescindible.
      Muchas gracias, tocaya. Besos.

      Eliminar
  11. Enrique Angulo26/4/18 12:41

    Lo primero comentar que me llama mucho la atención que se llame troyanos, que fueron los invadidos, a esos virus que alojan en nuestro ordenador para robarnos datos o para cosas peores, con lo cual, tal palabra la incluiría en el apartado de las palabras que juegan al despiste, como románico y gótico que nada tienen que ver con los romanos o con los godos, excepto el normal sucederse de la historia.
    En cuanto a esa nueva Troya en la que vivimos, y de la que hablas en tu microcuento, creo que son muchos los caballos que han entrado en ella, y no sólo de metal, también los hay de otros materiales más caros, como el coltán, detrás del cual hay aspectos tan siniestros de la naturaleza humana como la esclavitud y la explotación de mano de obra infantil.
    Y no sólo eso, me temo que los Ulises modernos son mucho más fecundos en ardides que el protagonista de la Odisea, y que los engaños de este, comparados con los que maquinan estos otros de hoy en día, hasta nos resultan disculpables y, en algunos casos, admirables, pues son tan sibilinos a la hora de envolvernos en sus telas de araña y embaucarnos con sus cantos de sirena, que hasta quienes están más alerta y se empeñan en oponerse a ellos, son también engañados de una u otra forma.
    Por no hablar de los estragos que están haciendo en niños, adolescentes y jóvenes, y que abren una tierra incógnita de cara al futuro, en el que los dispositivos informáticos y robóticos van a ser cada vez más sofisticados y perfectos.
    Y es que su poder se va extendiendo como una mancha de tinta, eso es algo que uno puede comprobar en su propia vida, en la que, continuamente, se siente bombardeado por información basura, en la que todas las empresas que gestionan las cosas imprescindibles para la vida quieren convertirte en uno más de sus empleados para que hagas tú parte del trabajo que deberían hacer ellos, y eso a cambio de algún mínimo descuento, o algún otro caramelo. Y lo que ocurre es que te van comiendo parte de tu tiempo, te van irritando con esas obligaciones y te marean de continuo con su publicidad, y cosas peores que requerirían un análisis más profundo.
    En fin, como ves, mucho que hablar sobre esta nueva Troya, con ningún dios que tome partido por unos o por otros y con muchos menos héroes, me temo, que en la inmortal obra de Homero.
    Por tanto, me temo que los libros cerrados van a sangrar cada vez más tinta y quienes los amamos tendremos que formar sectas y, quizá, reunirnos en catacumbas como los antiguos cristianos.
    No sé si nos amenaza ya lo que sucede en la distópica novela de Bradbury, Fahrenheit 451. Por si acaso, me voy a ir aprendiendo de memoria El proceso de Kafka.
    Genial tu propuesta, Carmen. Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No lo había pensado, pero aqueos -y no troyanos- debieran llamarse esos virus informáticos tan temidos. Quizá los bautizó así un lector distraído de la Ilíada. Son muy curiosas las distorsiones lingüísticas que alejan a muchos términos de su etimología. A mí hay una de tipo astronómico que siempre me ha encantado, la de la Osa Mayor y Menor, que no tienen forma de animal sino de carro, por provenir del griego 'orsa', que era lo que significaba.
      Respecto al coltán, estuve contemplando la posibilidad de utilizarlo en el micro. Habría resultado más certero, pero no supe encajarlo en las imágenes. Los países que cuentan con esta nueva riqueza están siendo explotados salvajemente por los proveedores de las nuevas tecnologías, de modo que esa riqueza se ha convertido en una desgracia más.
      Por muy convencidos que estemos de los peligros de estos nuevos guerreros que atacan nuestra mente troyana, toda precaución es poca. Saben hacernos caer en sus redes. Quien explica muy bien la manipulación de los medios es Noam Chomsky, uno de los pocos sabios que aún viven.
      Si hay que formar algún tipo de secta para un futuro próximo, en esta familia habrá más de un voluntario. Yo voy a intentar memorizar la poesía esencial e imprescindible de un hombre bueno, don Antonio Machado.
      Encantada con tu comentario, Enrique. Muchas gracias y un fuerte abrazo.

      Eliminar
  12. Después de lo dicho por los compañeros, llego tarde para decir algo nuevo.
    Sólo quiero decir que, lamentablemente, este caballo de Troya ha venido para quedarse y me temo que seguirán sangrando los libros y los ríos de tinta llegarán, inexorablemente, a un mar muerto que esperemos no contamine otros mares.
    Es un placer leerte, Carmen.
    Besos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ay, Isidro, que ya tenemos los mares y océanos bastante contaminados por toda la basura que fabricamos y depositamos en ellos. Hagamos que esa tinta sea una savia vivificadora que nos mantenga despiertos. No nos dejemos adormecer por estas nuevas armas con las que nos embotan la mente. Yo tengo un amigo, entre otros, con la tinta aún fresca de su primer libro. Que vengan más, Isidro, que leerte a ti sí es un placer.
      Besos.

      Eliminar
  13. Una metáfora con el símbolo del caballo, como adormidera. Quizás así estamos todos ante los acontecimientos que vivimos. Una repetición de Troya que arrasa con los valores y sobre todo con esa razón que nos diferencia del reino animal: Todos equinos.
    Pefectamente construida la historia, con la tinta de sangre derramada.
    Carmen, te veo de jurado en la próxima
    Besito virtual.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Esa razón que nos diferencia del resto de los animales -aunque en bastantes ocasiones los animales muestren inteligencia y mejores sentimientos que muchos humanos- está en peligro. Nos quieren adormecidos y embrutecidos. Equinos, dices tú. Burros, añado, con todo el respeto hacia tan entrañables y literarios animales.
      Muchas gracias por tu comentario, María Jesús. Te ha quedado muy lorquiana esa "sangre derramada" del final. Besos.

      Eliminar
  14. María Sotés28/4/18 12:58

    No queda mucho por decir tras los acertados comentarios precedentes.
    Quizás solo que me sobrecoge pensar en que hemos perdido de antemano la guerra. Una guerra en la que nuestra conciencia aletargada por el brillo de las pantallas en todas sus formas no pena por los libros cerrados y sangrantes que tras leer tu relato vislumbro sembrando los campos abandonados en una aterradora metáfora.
    Mientras, mis hijos adolescentes juegan a la Play y yo me planteo convertirme en una moderna Casandra, por si acaso los guerreros ocultos en las tripas del caballo aún no han logrado su cometido.
    Magnífico relato, felicidades.

    ResponderEliminar
  15. Ya no puedo decir mucho más, los compañeros han dicho, y muy bien. Me ha encantado. Un beso.

    ResponderEliminar
  16. Hace poco me sorprendí al conocer la noticia de que ahora se lee más que antes, algo que no me explico y que podría ser un dato estadístico erróneo, quizá partiendo del número de descargas de libros, porque de ahí a leerlos va mucho. Ojalá sea cierto, aunque la imagen de gente leyendo en el metro o en el “cercanías” ha cambiado drásticamente en favor de la del chateo. En cualquier caso de lo que no parece caber duda es de que la cultura mediática impone un tipo de lecturas que deja mucho que desear, y esta nos acompaña en todo momento, en casa y en la calle, provocando ese adormecimiento que dices y alienándonos en una suerte de inercia carente de pensamiento.
    Magnífico y clarividente relato, Carmen. Enhorabuena.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  17. Un caballo que, si no sabes domar, puede adormecer tu pensamiento y desvirtuar el conocimiento. Muy bueno, Carmen. Un abrazo.

    ResponderEliminar
  18. Muchas gracias, María, Maite, Enrique y Salvador. Mis disculpas por no haber llegado a tiempo de contestaros individualmente, como merecéis. No siempre se dispone del tiempo que se desea.
    Abrazos.

    ResponderEliminar

Si no tienes cuenta, elige "Nombre/URL" en lugar de "Anónimo". ¡Gracias!