La tumba de la emperatriz

La cabeza en Maracaibo, el corazón en Siberia y los pies camino de Roma, pero me olvidé los brazos en la barra del balancín. Y allí siguen, aferrados al giro de la veleta y al suspiro del jardín secreto, mientras una sirena aúlla el robo de las reliquias del dodo.
Escrito por Patricia Richmond - Web

14 comentarios :

  1. Carmelo Carrascal27/4/18 18:09

    Patricia, déjame decirte lo que sigue.
    ¿Es necesario siempre entender una obra de arte, pongamos, un cuadro cubista? Soy de los que responderían que no. En mi opinión, lo imprescindible en esos supuestos contemplativos (yo estoy contemplando tu micro) es preguntarse por qué uno se siente hechizado ante él. No es esencial, creo, saber de qué emperatriz se habla, haber conocido los puntos geográficos en los que, en distintos continentes, sitúas las partes del cuerpo descoyuntado, ni siquiera es importante saber del Pájaro Dodo, ni la ubicación exacta del mencionado jardín secreto... No, no es totalmente necesario saberlo. Es, ante todo, cuestión de sentir y emocionarse.

    El tuyo es un "cuadro" emocionante, una explosión de colorido, sacudidas de la imaginación y sugerencias, un aroma de la belleza eterna prendido a las palabras que escoges (¿de dónde diantres las sacas, Patri?).
    Sobre todo es un algo que imanta, que hipnotiza. Eso me está pasando a mí. Y con (¿sólo?) eso me basta.
    Gracias y un abrazo.

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  2. Esta emperatriz debió de ser alguien muy especial y querida, cuando las piezas que la conformaron siguen presentes, repartidas y apuntando a múltiples lugares que suenan a ensueño. Como le sucede a Carmelo, no soy capaz de dilucidar hasta sus últimas consecuencias el argumento último, pero la culpa es mía, que me encuentro a años luz de los caminos por abrir y nada trillados de la autora de este relato, pura prosa poética y de una belleza plástica en verdad únicas. Creo que puedo presumir de conocer y leer a una artista de verdad, a quien además aprecio infinito, de quien siempre espero (quizá de forma inconsciente) que se me pegue algo (pero eso no se lo cuentes).
    Abrazos grandes

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  3. Eduardo Martín Zurita27/4/18 20:26

    Hola, Patricia.
    Bueno, bueno, bueno, tú sí que me dejas con la boca abierta. Tu texto es una ambrosía, una rara delicatesen para paladares llenos de cielos por todas partes. la tumba de la emperatriz es desde ahora nuestro corazón y nuestra cabeza unidos por el sentimiento. Tu texto conmueve: me ha movido de la silla y he acercado mis ojos a la pantalla del ordenador, hechizados por el arte que desenvuelves. La lógica de ese arte es tu lógica poética y lo que consigues (mucho, muchísimo) transmitir con sus renglones. Consigues hacer real, verdadero lo imposible: superarte en cada nueva tanda. Como Carmelo y casi hasta Ángel, me resisto a encontrar fundamentos que me alejarían del puro deleite de esta pieza magistral que es tu micro cuento. Una auténtica obra de arte. Salve a la emperatriz del duende en la palabra, una tal Patricia, Patricia, Patricia, ahora sí que sí, Richmond.
    la excelsitud de tu texto es incalificable.
    Un beso muy muy muy grande. Inmenso.

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  4. Érase que se era otra vez otro maravilloso reino ingrávido sustentado en la palabra hechizada de su reina Richmond que dejaba boquiabierto a Bocanegra.

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  5. Todo lo que escribe está rodeado de Magia. Con esa forma de narrar única que nos hace viajar por diferentes museos llenos de personaje de otros tiempos, repartiendo el cuerpo de una emperatriz por todo el mundo, llenando de poesía el relato con esa parte que queda en el balancín al giro de la veleta y al suspiro del jardín secreto, y terminando en el museo británico, con el robo de las reliquias del diodo, símbolo de la barbarie humana que permite la extinción.
    Grande, Rich, maga.

    Pablo.

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    Respuestas
    1. Dodo, no Diodo. Maldigo corrector, diantre.
      Un beso.

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    2. Y sigo pensando en tu micro. Todo estaba en el cuerpo prefabricado del dodo. Eso es lo que pienso. Pero no me hagas caso que últimamente solo pienso en tonterías.
      ¡Ala! Me voy a buscar las reliquias.

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  6. ¡Hala, qué de cosas me decís! ¿Cómo no voy a seguir escribiendo raro si me hacéis sentir como una verdadera emperatriz!
    No voy a dar ninguna explicación sobre el significado de este cuento. Tiene claves escondidas, sí, pero... ¡qué más da! Podéis leerlo tan libres como yo al escribirlo.
    Muchísimas gracias por vuestras palabras: Carmelo, Ángel, Eduardo, Manuel, Ricardo y Pablo, queridos amigos, para vosotros con todo mi corazón, que gracias a comentarios tan bonitos ha vuelto a latir, allá en Siberia.
    Un abrazo muy fuerte para todos.
    P.D.: Pablo, si encuentras las reliquias, devuélveselas al Sombrerero. ,-)

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  7. Kintsugi, no he podido evitarlo, con el relato me he acordado de este arte japonés. In conscientemente creo que mi cerebro quiere unir todas esas claves que das. Una persona rota y esperando volver a ser la misma.
    Un beso, Patricia, siempre consigues sorprenderme y enseñarme. Un beso.

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  8. Precioso, Patricia. He intentado aunar todos estos elementos de manera que formen un relato abordable por mis pocas entendederas, y solo he llegado a relacionar esas piezas corporales con el modo en que conformaron los falsos dodos del museo de historia natural de Londres.
    Da igual; me uno a la opinión unánime de lo bello que es aun sin ser entendido.
    Un abrazo.
    ?

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  9. Un viaje de emoción e imaginación donde amazonas de la palabra, como tú, luchan y, a veces, lloran para evitar la extinción de la magia y la sensibilidad. Precioso y evocador relato, Patricia. Un abrazo.

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  10. Probablemente, un corazón pueda acabar como un invierno en finlandia, pero sin un alma cálida es imposible canjear palabras por sensaciones y dejar un relato que te deja calado de fascinación. Cuando la historia toma su fuerza de una escritura imperial, solo nos queda disfrutar de los hijos de la emperatriz.
    Un fuerte abrazo y a sus pies, excelencia.

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