Tren del olvido

"Nunca pongas en marcha el tren del olvido", susurraba. ¿Qué iba a ser de nuestros gestos cómplices? ¿Del cúmulo de frases robadas al ingenio? ¿En qué carcomidos raíles, patéticos hangares, terminarían los besos sin usura que, confundiéndose la autoría, quisimos regalarnos estación tras estación? Mientras gemíamos, rodaban todas las ruedas.
Escrito por Eduardo Martín Zurita
Dedicado a E. Mochón Romera

52 comentarios :

  1. Sorprendido, conmovido, feliz…, y muy muy agradecido, amigo Eduardo, además por supuesto de de haber disfrutado muchísimo con tan bello relato. Yo, que escribo de oído, cuando leo no sé distinguir entre metáforas, símiles, alegorías y demás figuras literarias, pero creo que sé apreciar los valores que encierra un excelente relato, y el tuyo tiene muchos, incluso después de haberlo leído tranquilamente, una vez pasados los abrumadores efectos iniciales.
    Cuentas una historia de amor que interpreto como rica, verdadera e intensa, pero también bastante dilatada en el tiempo, al menos lo suficiente como para que en su recorrido hayan existido estaciones, puntos de inflexión, que sin embargo no han detenido la relación sino que quizá la hayan fortalecido. Aunque no se habla de final, tal vez la primera frase apunte a que ya no están juntos (o acaso que uno de ellos haya perdido la memoria —única fe de vida a veces—, y de ahí el título), algo que a mí me hace pensar sobre todo, dado el sentido general del texto, en la muerte uno de ellos tras una gratificante vida en común. La última frase (magnífica), teniendo en cuenta ese significado, me sugiere ese paso inexorable de la existencia mientras nos entregamos a los goces mundanos.
    Son muchas las lecturas que ofrece tu extraordinaria propuesta, que aprecio por un lado como un excepcional ejemplo de lo grandes que pueden llegar a ser estas cincuenta palabras, y por otro como muestra de tu gran sensibilidad, de tu enorme calidad literaria y de tu inmensa calidad humana. Encantado de haberte conocido personalmente y de tenerte “cerca” por estos entrañables rincones.
    Muchas gracias de nuevo, querido Eduardo. Y un fuerte abrazo.
    Enrique

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    1. Eduardo Martín Zurita22/4/18 20:19

      Hola, Enrique.
      Sorprendido, conmovido y feliz fui yo al conocerte y poder comprobar tu humildad y simpatía. Ahora, lo estoy más si cabe ante tu comentario, extenso e intenso e intensivo. La dedicatoria es parte ínfima de lo que mereces ser homenajeado.
      Siempre quise escribir una teoría del olvido. El olvido es peor que matar. Es matar para siempre. He tenido que conformarme con escribir un microcuento y consolarme con aquello de Chéjov de que la brevedad es hija de la sabiduría. Cuando la técnica queda oculta y el texto provoca afecto, el escritor debe darse por bien pagado. Es mi caso contigo. Me gustan los textos que sugieran varias sendas iterpretativas. La tuya, tu exégesis, cabalmente fundamentada, es una de las posibles.
      Sensibilidad y calidad humana son palabras que resuenen en mis oídos y me mueven a perfeccionarlas, a hacer como para que se vuelvan más acusadas. Viniendo de tu boca, son sagradas para mí. La suerte es mía: tener tan "cerca", por estos entrañable rincones, a personas de una pieza como lo eres tú y tantos y tantas compañeros y compañeras lo son igualmente. Un abrazo grande para ti, inmenso, Enrique, querido amigo.

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  2. Eduardo, hijo mío, ¿qué dieta sigues? Porque te está sentando de maravilla. Compártela, por favor, que yo también quiero escribir así de bonito. Esta vez no me has dejado con la boca abierta, sino vuelta del revés.
    Y Enrique ya puede estar orgulloso.
    Un abrazo de esta humilde cincuentista agradecida de leer maravillas como esta.

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    1. Eduardo Martín Zurita22/4/18 20:33

      Patricia Richmond, Patricia Richmond, Patricia Richmond, no puedes ser tú, tú por mi humilde rectángulo, por mi reconditorio, como diría un gran amigo. Que me sujeten, que me caigo. Eres tú en persona.
      Pues mira, con la edad, voy a por los 64 (aunque me obstine, rabiosamente, en no aparentarlos), tiendo a la dieta vegana, cuando espartana es la que debería seguir en realidad. Tú escribes así de bonito y más, suelo leerte arrobado, extasiado. No exageres conmigo, a ver si vamos a necesitar un maxilofacial. El orgullo lo siento yo de haber conocido a una persona tan sencilla como Enrique siendo lo grande que es.
      Un beso inmenso de este humilde cincuentista que se maravilla ante comentarios como el tuyo, que me prestan alas de plata para tratar de gustaros, de asombraros, de conseguir que una enorme escritora y muchísimo mejor persona, tilde de maravilla algo que yo hubiera escrito. Gracias. Muchas. Muchas. Muchas.

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  3. Eduardo, un relato que demuestra dos cosas: lo gran escritor que eres y la inmensa calidad humana que atesoras. Un brillante homenaje entre raíles y trenes a un maquinista de sueños, creador de un género llamado Micromochon. Sinceramente, pienso que no podías haber escogido mejor persona para este gran regalo que acabas de hacernos a todos los que amamos tus comentarios, tus relatos y tu gran generosidad.
    Enhorabuena, Eduardo. Un relato estratosférico.
    Felicidades, Enrique, tu forma de ser hace que en esta comunidad germine pruebas de amistad tan entrañables como esta.

    Un abrazo a los dos.

    Pablo

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    1. Eduardo Martín Zurita22/4/18 20:45

      Hola, Pablo.
      La calidad humana es la huella posible y más plástica que podemos dejar tras de nosotros. Quien sabe apreciarla es porque la posee a su vez. Tu caso. Tu persona.
      Es curioso, Pablo, por ahí denominé a Enrique como un conductor de trenes habitados por sueños. Volvemos a coincidir pues. La Micromochon, me gusta como lo escribes, sin acento, provoca gran emoción.
      Me gusta volcarme en los comentarios, es verdad.; pero es que me lo ponéis tan fácil...
      La generosidad es, en todo caso, en mi caso, genética: se la debo por entero a mi padre; ése hombre sí era generoso: soy un minúsculo remedo suyo en todos los buenos sentidos.
      Tu Wonderland (tantos), todos tus textos son estratosféricos. No he leído uno que pudiera catalogarse entre los regulares.
      La amistad es uno de los sentimientos más nobles y gozozos (o el que más, a mi humilde parecer) que pueden anidar en un corazón.
      Un abrazo muy entrañable, Pablo, amigo. Y otro en nombre de Enrique, tengo claro que gustosísimo.

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  4. ¡Qué bonito, Edu! Yo de mayor quiero ser Quique Mochón para ser homenajeado con tan precioso relato.
    Por cierto, con este derroche de letras, me has robado las mías y apenas me quedan unas para enviarte un abra

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    1. Eduardo Martín Zurita22/4/18 20:52

      Ah, tunante: tú no vas a ser mayor nunca, aunque solo fuera porque me llamas Edu. No, qué va, es por tu agudísimo sentido del humor. Y además tú sí que te sabes alimentar bien, cuéntaselo a Patricia Richmond: he descubierto que te alimentas con letras. Eres enorme, cada día que te conozco mejor menos quiero a mi perro. Te sales, Isidro Moreno Carrasco
      Anda, todo es contagioso.
      Es incurable
      Un abra
      Bendito seas.

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  5. Brillante relato y excelente homenaje a un amigo común. Ambos podéis estar orgullosos de estas cincuentas palabras que confirma la sensibilidad del autor y lo acertado de la dedicatoria. Fuertes abrazos compartidos, Eduardo y Enrique.

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    1. Eduardo Martín Zurita22/4/18 20:59

      Hola, Pepe.
      Qué hermosura son estas 50 palabras. Porque lo que se escribe es cierto, es verdad, sale del corazón como una saeta dulcísima al clavarse, como una marejada de hojaldre. Brillante es tu texto para esta tanda, como los tuyos todos en general, que siempre leo y releo con placer del grande.
      Es imposible no ser amigo de Enrique. Me alegra saber que tú eres uno de sus amigos, amigo.
      Abrazos fuertes para ti.

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  6. Sensibilidad y dinamismo en las palabras que alguien dirige a su pareja, tras un camino largo y gozoso, que no podría entenderse sin haberlo recorrido juntos. Es posible que en la otra persona aparezcan los primeros signos de esa enfermedad cruel que hace olvidar las vivencias, lo que se hizo y lo que se es. Puede que ella o él quiera cambiar de estación y seguir un recorrido en solitario o con otro acompañante. En un caso o en el otro, existe un pasado común gozoso y algo que lo amenaza. El lenguaje ferroviario es de lo más apropiado para adoptarlo como símil de una trayectoria vital. El homenaje al amigo Enrique, siempre en vanguardia por esos caminos de hierro, grande como persona y escritor, es más apropiado aún si cabe. Esos mismos adjetivos también son aplicables al autor de este relato, a quien mando un gran abrazo.

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    1. Eduardo Martín Zurita22/4/18 21:09

      Hola, Ángel, mi gran amigo.
      Todos los adjetivos llenos de bondad son a ti aplicables, escritor formidable, sensible, el mejor exégeta que conozco, y un ser humano cabal, leal, inteligentísimo y solidario.
      Sea pues como tú interpretas, poco cabo hay que dejes suelto, a tanto alcanza tu sagacidad.
      Sensibilidad es una palabra que me entusiasma, tú bien la conoces porque la atesoras sin medida. El día que escriba la mitad de lo bien que escribes tú, ya puedo retirarme. Y además en cantidad. Eres prolífico de narices, y jamás, nunca mediocre. eso no es nada fácil, te lo aseguro.
      Enrique es como eres tú, reluce de bonhomía por los cuatro costados. Y aquí hay muchas personas así: es como una placentera resaca contagiosa y común.
      Un abrazo entrañable y más que admirado, Ángel, amigo, gran amigo mío.

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    2. Eduardo Martín Zurita22/4/18 21:24

      Hola, María, mi dulce María Galerna.
      Te antecedo porque doy a tu turno de respuesta y me sale Carmelo.
      Como de ti, eliges la interpretación positiva. Y la despliegas con una sencillez y una rotundidad de tren de largo recorrido, y jamás nunca de vía estrecha.
      Grande es una tal M. G. y sé perfectamente por qué lo digo. No me tembló el pulso, tú lo sabes. Y que me quedé como encandilado con tu expresión facial, toda ella superpoblada por la bondad, la virtud más alta, en mi concepto.
      Sea como dices, como prefieres, como deseas, que ese tren del olvido nunca tenga vía libre para transitar por nuestras vidas.
      Tú sí que eres grande, amiga mía, repito.
      Otro besazo para ti; en esto me gusta el aumentativo.

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  7. Maria Galerna22/4/18 16:26

    Quiero ser positiva en este bonito homenaje que hace el gran Eduardo, al no menos grande Enrique.
    El tren del olvido. Nunca digas adiós, mientras los raíles suenen y el viaje continúe, ese tren nunca tendrá vía libre para transitar por nuestras vidas.
    Sois grandes E y E.
    Un besazo Eduardo.

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    1. Carmelo Carrascal22/4/18 16:47

      Eduardo, he releído tu micro y cada vez me gusta más. Además de bien escrito es limpio, sensible y valiente. A los hombres suele costar ventilar estos afectos.
      Nos has hecho cómplices de unos sentimientos que place compartir. Utilizando tus últimas palabras, has puesto a rodar todas las ruedas. Y ninguna chirría, qué va. Has compartido, eso es lo que quería, sobre todo, anotar aquí. Y agradecértelo.
      Un abrazo.

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    2. Eduardo Martín Zurita22/4/18 21:31

      Hola, Carmelo.
      Das en la diana, amigo, en el centro de la diana. Compartir es dejar de estar solo. Buscar la complicidad es más humano que cualquier otra cosa. Que me relea un gran escritor como lo eres me llena de orgullo. Qué adjetivos te sacas de la chistera de tu corazón, porque lo debes tener enorme: limpio, sensible, valiente. Qué barbaridad para mi tan placentera. Y sentimientos, eso ya me puede del todo. Las gracias son todas para ti, por tu perspicacia al anotar, al subrayar. Ojalá pudieran rodar, como yo quiero, todas las ruedas. El mundo sería muy otro. Uno más vecino de la felicidad.
      Un abrazo grande, amigo.

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  8. La contrametáfora del tren de la vida es el tren del olvido, su quietud que deshilvana uno a uno los cosidos que con tanto amor la vida fue tejiendo. Lo cantas tan bonito en este relato lleno de epítetos memorables que dan ganas de achuchar al relato entre los brazos, mecerlo a brazo lento, como a las vírgenes en procesión y echarle una lluvia de pétalos al paso de cada palabra tuya, que se engalanan de interrogaciones, como el torero en los medios se enlaza de chicuelinas para cerrar el tercio.
    Tiene muchos enteros este relato cuyo entrecomillado me mantiene en ascuas. ¿Es una frase tuya de un cuento mayor?¿Un verso de un poeta admirado? ¿Una frase Mochodiana en uno de sus cincuenta? Sea la que fuere, el motivo se hace luz y se alarga maravillosamente entre esa sucesión de lenguaje excelso para colmar de lirismo una prosa dinámica y jugosa que recorre la riqueza de una vida en común por los pasillos de la alegría. Vivir es degustar el esplendor de cada momento compartido y así lo cuentas. Como quien se relame los dedos del almíbar goloso de los recuerdos, pero no subido al tren de la nostalgia, ni al del olvido, sino sobre el tren en marcha que gime y rueda sobre los raíles calientes de la vida.
    Qué hermoso canto al carpem diem. Gemir de gozo es vivir el puro instante que sucede.
    Enrique estará hecho un flan. Qué bien apuntas cuando disparas, ladrón. Das de pleno al corazón de la diana.
    Esta vez soy yo, no me resisto, con tu permiso, el que va a decir aquello de mi muy mayor enhorabuena para ti, querido Eduardo. Qué suerte la de Cincuenta con contar contigo y con tus letras.
    Y un abrazo te va rodando, a todo tren, del tamaño descomunal de tu relato.

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    1. Eduardo Martín Zurita22/4/18 22:00

      Llegó a mi rectangulillo el artista, el monarca de las 50 palabras; sí, el artista de los comentarios para enmarcar, para atesorar en los últimos intersticios del corazón. Es un hombre que trabaja con las manos como un obrero, con las manos y con el cerebro, como un artesano, y con las manos, el cerebro y el corazón, como lo que dije, como un artista, el artista que es hasta respirando. Es un tal Manuel Bocanegra y tengo la suerte, ciertamente inmensa, de que es mi amigo, uno de mis más preferidos y dilectos. Es la palabra vuelta arte, arte del guapo de veras.
      Este comentario me lo voy a imprimir o a fotografiar o, mejor, voy a memorizarlo, si alcanzo.
      No me atrevo ni a añadir palabra. Solo quiero leerlo en silencio absoluto, en penumbra que ilumine el relumbrón de esas sus palabras, un borbollón fantástico, sobrehumano, soberbio. Son las letras de un dios vuelto poeta, es la voz cautivadora de un tal Manuel Bocanegra. Tú sí que eres mucho y, por mucho que lo disimules, rebosa, aflora como un sueño enarbolado, como una envoltura de plata. De oro de la máxima ley. Festín para mis oídos ávidos, sobrehumanos por una, de una vez. Qué más decirte. Darte las gracias por este alud de belleza, jamás acallada en su fortaleza. Manuel, eres el arte, amigo. El ARTE, así, con todas las letras mayúsculas.
      El entrecomillado es obra de Alejandro. La primera frase entrecomillada me la atribuyo, aunque mejor fuera cauto, que al fin las lecturas anidan en el cerebro y de quién serán los pajarillos; tanto da. Creo que es mía, pero da igual. Lo mejor son tus palabras, me las quedo para siempre. Entre lo mejor de lo mejor. Hay que vivir hasta que se nos descosan las entretelas del alma. Con diez pulmones y noventa corazones y cuarenta pares de ojos. Y un raro estremecimiento que ya no quiere irse de uno, porque está cierto de que ha de acompañarle mucho en la hora helada. Son las cosas de ese tren de inmenso recorrido que lleva tatuado en el frontispicio, o en un lateral, como un navío esbelto y airoso: MANUEL BOCANEGRA. Mi amigo del alma. Compañero. Un abrazo que nunca termine, como el cuento de nunca acabar; como tu grandeza.

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    2. Me desbordas, compañero de letras, amigo Trinidad (Eduardo, Martín, Zurita); me emociona tanto pecho en tu pecho, tanto corazón. Todo galope tu grandeza. ¡Gracias!

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    3. Eduardo Martín Zurita23/4/18 12:18

      Que no, Manuel, yo siempre de tras de ti; eso sí, no muy lejos, para que te lleguen los redobles de mi corazón en honor tuyo. La grandeza te pertenece casi en exclusiva. Y no me aflige decir que eres tan grande, me revitaliza. Gracias a ti siempre y por siempre. Me complace ser todo corazón sí, es rigurosamente cierto. Otro abrazo de esos de los que cuesta desprenderse. Un abrazo continuo. Te lo mereces.

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  9. Una preciosa historia de amor que se deja llevar sobre raíles gastados, pero no olvidan su vaivén. Un beso.

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    1. Eduardo Martín Zurita22/4/18 22:11

      Hola, Maite.
      Preciosa lo serás tú, sin duda, que aprecias esta "historia de amor que se deja llevar sobre raíles gastados, pero no olvidan su vaivén". Qué hermosura lo que has escrito. El rataplán de dos corazones que se quieren y que seguirá sonando al fin del todo porque era, o porque fue verdadero.
      Un beso admirado para ti.

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  10. Eduardo, nos traes una bella historia de amor y vida que circula ágil sobre raíles, una historia que ha pasado ya por muchas estaciones y se ha reafirmado con el paso del tiempo. Me encanta el vitalismo de la frase final, el acertado uso poético del mundo ferroviario, el sentimiento que pones en cada palabra y el talento y el corazón de donde salen. Hermoso homenaje a nuestro compañero Enrique Mochón, maquinista de las letras.
    Enhorabuena a los dos. Y sendos abrazos.

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    1. Eduardo Martín Zurita23/4/18 12:28

      Hola, Carmen, querida amiga mía.
      Enhorabuena a ti, por tus letras aquí y allá, y por los buenos sentimientos que nos trasladas. Eres una gran mujer, tuve ocasión larga de comprobarlo en la fiesta.
      Gracias por tu comentario tan hermoso y tan ponderado, tan sincero, que me llega y me estremece como una lánguida tarde de un otoño alegre. Tú también merecerías homenajes. Lo de Enrique fue... Bueno, es que Enrique Mochón Romera es un hombre inefable. Es, como he dicho, la alta sencillez, la grandeza humilde; lo cierto es que me dejó de una pieza cuando tuve ocasión de acompañarle por un rato.
      Enhorabuena a ti por leerme, por escribir todo lo divinamente que lo haces y por saber escuchar (ya me gustaría a mí, verboso empedernido)y por saber acompañar como acompañas. Por tu inmensa humanidad.
      Un beso grande grande, amiga.

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  11. Yo poco puedo añadir a los maravillosos y merecidísimmos comentarios a tu gran microrrelato, amigo Eduardo. Redundar en lo que siempre te digo: eres POETA, con toda la grandeza que conlleva serlo. No diré nada más. Todo lo que pueda añadir, sobra.
    Besos.

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    1. Eduardo Martín Zurita23/4/18 12:40

      Hola, María José.
      Muchas gracias por tu comentario, queridísima amiga mía y tus parabienes para con el texto. Tú sí que eres poeta, con un poemario ya que se disputan las editoriales. Además, lo tuyo con la poesía es contagioso, lo pronuncias con tan mágico énfasis, en un tono tan seductor, que le dan ganas a uno de escribir los versos de su vida. Poesía cada día, sí, María José como dejó dicho el eximio Juan Ramón Jiménez. Quizá me convenga ser más poeta, sí, ahora, como escribió Cervantes (al que no le negó el cielo la poesía, como creía él), que soy (voy siendo cada vez más)) fuego apagado y espada puesta lejos.
      Voy a ser poeta aunque solo fuera por darte la razón, por contentarte a ti, que tanto estás haciendo por la literatura, con tus propios textos y libros, y con tus charlas y coloquios divulgadores.
      Besos muy grandes y entrañables para ti, gran amiga mía.

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  12. Bueno, muy bueno, Eduardo. Y cómo te honra el homenaje que has hecho a nuestro querido amigo Enrique. Me ha gustado mucho tú forma de poetizarlo. Con tan solo cincuenta palabras, has construido un mundo sobre los railes desgastados de la memoria. Un fuerte abrazo

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    1. Eduardo Martín Zurita23/4/18 12:49

      Hola, Carmen.
      Gracias por tu comentario. Y por el tono enfático que empleas, que me llega al alma. Se escribe para eso, para escuchar eso de una persona, de una compañera escritora. Qué bonito lo has escrito, Carmen: "Un mundo sobre los raíles desgastados de la memoria".
      Lo del homenaje a Enrique fue bien sencillo, se homenajeó él, ante mi, con su manera de ser, una manera de ser muy única, auténtica y especial. Su grandeza humilde sobrecoge gratamente. Es un hombre bueno, de los pies a la cabeza. Y a mí eso me conmueve mucho, en un mundo como el de hoy en día, tan y tan deshumanizado.
      Besos grandes para ti.

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  13. Pura reflexión filosófica utilizando símiles muy visuales. Has logrado una composición muy acertada con la imagen del tren, que rueda por los raíles de la vida, deteniéndose en cada estación de destino.
    Saludos cordiales, Eduardo

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    1. Eduardo Martín Zurita23/4/18 13:00

      Hola, María Jesús.
      Gracias por tu comentario. Eres muy perspicaz. Me encanta, casi o tanto más que la poesía, la filosofía. Me hubiera encantado, hacer escrito, vía ensayo, un especie de teoría del olvido. Un destino está plagado de estaciones, de pasos. Si fueron sentidos, dejarán una huella indeleble, una impronta perdurable, a salvo de las represalias de esa manera de dar la peor de las muertes, que es olvidar. Hay cosas que uno ya no va a olvidar nunca. No podría; sería como traicionar a su corazón. Y eso duele mucho. Dicen que se van olvidando recuerdos para hacerle hueco a otros nuevos, que, pasado el tiempo, serán olvidados también; y eso para poder uno recordar los más cercanos, los más próximos en el tiempo. Te aseguro que hay recuerdos que uno no quiere olvidar y no va a olvidarlos mientras viva.
      Un beso grande para ti.

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  14. Estupendo relato Eduardo.
    Si un tren hay que pensar mucho antes de poner en marcha, ese es el del olvido, especialmente si la carga que lleva es tan valiosa como la que describes con maestría, a ese tren nunca se la debe de dar la orden de marcha, y si por error se le diese, el maquinista debería hacer caso omiso de la misma, pues el reglamento dice taxativamente que los trenes que porten tan preciosa carga nunca deben partir y que se han de frenar "todas las ruedas".
    En cuanto a la dedicatoria que puedo decir, si soy aprendiz de cincuentista gracias a la Mochonmanía, además de ser el más ferviente seguidor del Monchonismo ilustrado.

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    1. Eduardo Martín Zurita23/4/18 16:31

      Hola, Irreverente.
      Gracias por la reverencia que demuestras por Enrique Mochón, lo conocí en la fiesta de enero y el impacto de su grandeza humilde ya se quedó en mí para siempre. Y gracias por tu comentario, de veras jugoso, sublime. Lo suscribo, catenaria tras catenaria. Hay cosas , personas, sucesos que quedan muy al margen de las represalias del olvido. Seguramente es lo mejor que a uno pueda quedarle en la que denomino hora helada, preludio de la muerte, de ese silencio absoluto, museo de todas las voces. Eso del "Monchonismo ilustrado" es todo un hallazgo que anoto, con la "Mochonmanía". Tu discurso es precioso, Irreverente. Lo sé además de otras ocasiones.
      Un abrazo grande, amigo. Ojalá todos los irreverentes fueran como tú. Denomino también "irreverentes" a ciertos tipos de microrrelatos. Acaso alguno salga a la palestra. Todo se andará, mejor por ferrocarril y con Enrique de conductor.

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  15. En la estación de la memoria, el tren del olvido tiene que reposar en vía muerta, en silencio, para que nadie despierte su embestida en busca de los recuerdos. Apearse de la vida no es una opción mientras compartes viaje con los seres amados. Precioso y gran relato, amigo Eduardo, lleno de sugerentes matices. La dedicatoria a Enrique engrandece aún más el texto. Un abrazo.

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    1. Eduardo Martín Zurita23/4/18 16:38

      Hola, Salvador, poeta, gran escritor, amigo.
      Tu precisión es la del bisturí empapado en alma. Lo tuyo es pura sustancia sin adornos, sin ambages; la pureza bien pulida. Y la fidelidad. Eres uno de los grandes, para que lo sepas y se enteren algunos. De los más grandes. Y se me llena toda la boca de alegría al enaltecerte. Te lo mereces. No digo nada más, porque podría no quedar ileso lo que has tenido a bien reseñar.
      Un abrazo grande grande y muy pero que muy admirado.

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  16. Ósar R.J.23/4/18 18:46

    Bonito y sobre todo valiente texto. Pese a estar en el S.XXI, no todos los hombres se atreven a manifestar, aunque sea de forma poética y un tanto velada, sus sentimientos amistoso-amorosos hacia otro hombre.
    Saludos

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  17. Eduardo Martín Zurita23/4/18 20:49

    Hola, Ósar (¿Óscar?, supongo).
    Gracias por tu comentario. Leer de un texto que es bonito es muy grato a los ojos. Si es mío, humildades aparte, te puedes figurar.
    Vamos a ver, si el amor es sincero (la amistad es punto y aparte), no creo que admita distinción de sexos. Pero no soy homosexual, gay o la palabra que tú prefieras. Si lo fuera, lo reconocería sin alharacas, como no presumo tampoco de mi masculinidad. Afinando, te diría que soy de ese tipo de hombres suaves. Me gustan a rabiar las mujeres, a las que considero, lo digo cada vez que tengo oportunidad, superiores a los varones muchos peldaños. Escribí, con veintipocos: "Disfruto harto con mujer, peno con el hombre menos..." Y lo escribí porque el amor al cabo hace sufrir, quien lo ha probado lo sabe, que ya se dijo. Si has obtenido esa conclusión, de que yo era homosexual, por mi dedicatoria a Enrique, has errado. Enrique me fascinó como ser humano por su grandeza (sin ir más lejos, esta tarde ha ganado la final semanal del REC), una grandeza humilde y sin imposturas. El texto me lo inspira una mujer, una en concreto, y no un varón. Aunque el escritor siempre tiene el deseo de que lo particular se extienda a lo universal. El texto es aplicable a una relación del tipo que se quiera y esa interpretación tuya no me ofende en absoluto. Lo estupendo de un texto pueda ser acaso que resulte amparador de las diversidades, que a todas las acoja, salvo a las delictivas. A esas ni en broma.
    Bueno, Óscar, esto es lo que hay, amigo. Soy absolutamente sincero en cuanto he manifestado. Un abrazo fuerte.

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    1. Ósar R.J.24/4/18 13:38

      Mi comentario no tiene nada de ofensivo. El que tú pongas en duda mi nombre sí que ofende.
      Yo no insinúo que seas homosexual. El tema de la orientación sexual lo sacas tú.
      Un saludo.
      ÓSCAR

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    2. Eduardo Martín Zurita24/4/18 16:11

      Pues nada, ÓSCAR, si te he ofendido, poniendo en duda tu nombre, te pido perdón.
      El tema de la orientación sexual sale a la palestra al hilo de tu comentario. "Sentimientos amistoso-amorosos hacia otro hombre". No tengo, insisto, sentimientos amorosos respecto de ningún hombre; ahora bien, respeto profundamente a quien sí que los tenga. Sentimientos amistosos por hombres tengo algunos, por fortuna.
      Un saludo de vuelta para ti.

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    3. Ósar R.J.24/4/18 17:04

      Disculpas aceptadas. Insisto que el que saca a la palestra el tema eres tú. Yo hablo de sentimientos amistosos-amorosos. Y tú respondes: "Si el amor es sincero no creo que admita distinción de sexos" y luego te marcas un discurso para defender tu masculinidad en el que ni entro ni salgo. Yo no tengo tanta necesidad de defender mi masculinidad como la llamas tú pero tampoco soy homosexual. Si me tomaran por tal tampoco me ofendería como tú. Tantas explicaciones son sospechosas.
      Un saludo de revuelta.

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  18. Eduardo Martín Zurita24/4/18 19:31

    Hola, Óscar.
    Me alegra que aceptes mis disculpas. No tenía intención alguna de herirte o menospreciarte. Fue una mala, torpe muestra de sentido del humor.
    En lo de las explicaciones sospechosas: soy así, extrovertido, hasta excesivo en eso, lo reconozco. Pero ni me estoy justificando ni reivindicando ni nada parecido: soy masculino y punto. Como el niño yuntero (ojalá fuera niño) que trabajaba seriamente masculino. No soy ni mejor ni peor que otros por eso; no presumo de nada, y menos de mi virilidad o de mi orientación sexual. Simplemente he comentado y me he expandido, qué le quieres. Espero que te quede claro porque esto va camino de convertirse en algo como aquello del sexo de los ángeles. Y, con sinceridad, no creo que mi persona merezca un concilio ni tanta extensión. Hablemos de literatura, si quieres. El tema del texto va del olvido.
    Un saludo de re-revuelta, de revuelta devuelta para ti.

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    1. Ósar R.J.24/4/18 20:42

      Bonito texto literario. Soy educado, qué le quieres.
      Hasta otra.

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    2. Eduardo Martín Zurita24/4/18 22:35

      Viva, la educación, y el buen humor que acreditas, Óscar Ósar. Las amenas erratas de la vida, que diría el eximio José Manuel Caballero Bonald.
      Hasta otra, amigo, te aseguro que será un placer.

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  19. Enrique Angulo25/4/18 1:06

    Como mi tocayo Enrique, yo también he trabajado en el ferrocarril, aunque no conduciendo máquinas, sino en el servicio de telecomunicaciones, o sea, que tu texto me atrapa desde el primer momento por el mero hecho del tema, el cual, por otra parte, es un tema que da mucho de sí tanto en el cine como en la literatura, por no hablar de la música.
    A mí una canción que me marcó fue Nunca te cases con un ferroviario del conjunto holandés Shocking Blue. Es broma, pero los amigos de la cuadrilla me daban mucho la paliza con ella. Por suerte, hubo una mujer que no les hizo caso. Y, por seguir con la música, ahora mismo está sonando dentro de mi cerebro la pegadiza canción de Satus Quo Railroad.
    Pero dejando aparte todo lo anterior, debo decirte que has escrito un hermoso y poético microcuento en el que, utilizando metáforas del mundo de los trenes –y creo que ofrece gran riqueza de ellas-, incides en dos de los temas más universales de todas las culturas: el paso del tiempo y el amor.
    El paso del tiempo es el enemigo número uno, no sólo del amor, sino de todo, pues es indudable que los raíles y las catenarias se van desgastando con el paso de los días –trenes que jamás se detienen-, que las marquesinas se oxidan y a los andenes se les levantan las baldosas, y hasta se mueren los taquilleros que nos vendían los billetes con destino al país de la felicidad.
    De ahí ese ruego que el protagonista –femenino o masculino- le hace a su pareja, que sería algo así como la letra del bolero: “Reloj no marques las horas”. O aquello más fino de Goethe: “¡Instante, detente, eres tan bello!”
    Por lo que narras, creo que le hará caso, que ambos lucharán por ese amor hasta que una de esas fuerzas superiores a nosotros –la enfermedad, la muerte- les derrote a uno o a ambos.
    Mis felicitaciones, Eduardo, por tu microcuento, por tu dedicatoria a un magnífico compañero y por tu generosidad. Un abrazo.

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  20. Eduardo Martín Zurita25/4/18 12:19

    Hola, Enrique.
    Me admiras nuevamente con tu erudición signada sobre todo por el vitalismo. Mi barrio, el de las Delicias, madrileño, es un barrio ferroviario. Me fascinan los trenes. Siempre que los veo pasar desde las alturas de un parque concebido al modo de las terrazas de Persépolis, me siento transportado hacia no se sabe dónde. Y es muy agradable ese traslado. Y más cuando escucho ese silbo mágico y la gimiente tirantez de las catenarias azotadas por el viento. "Venus", era la canción que sonaba por aquel entonces, de los Shocking Blue, pero era común que me gustasen más las caras B de los singles. Ese Never maried a rail road men era, es memorable. Los boleros casi todos, como los tangos, los reyes de la nostalgia, con ese tiempo pasado que ya nunca volverá. Y Goethe, pues uno de los grandes literatos de todos los tiempos.
    "El tiempo es algo que quedó detrás", canta Aute. Y:" Decir espera es un crimen, decir mañana es peor que matar, ayer de nada nos sirve, las cicatrices no curan el mal. Solo morir permanece, como la más inmutable razón, la vida es un clavo ardiente, un ejercicio de gozo y dolor. "Ay amor, como inmenso es el mar", Víctor San José, Víctor Manuel.
    El amor, el tiempo y el olvido. Podría haberse ocupado de ello Schopenhauer.
    Somos sendas de demolición, escribí una vez. Y la muerte, esa infatigable cobradora de vidas. Y la enfermedad, tejiéndose insidiosa.
    Se olvidan recuerdos para dejar hueco al presente que luego será recuerdo. Se olvidan recuerdos para poder recordar otros cercanos, más próximos en el tiempo. Fíjate, Enrique, que cabe una interpretación en términos negativos del texto. El título habla no del tren del olvido sino de tren del olvido, como refiriéndose al compás, a la velocidad de ese olvido. De un olvido que se está nutriendo del presente, del presente más inmediato y no el pasado, del recuerdo. En otras palabras, mientras esa pareja hace el amor están poniendo los cimientos del olvido, se están ya olvidando y el tren del olvido avanza a toda rueda. Es el principio de su fin. Y es absolutamente paradójico gemir de gozo y estarse ya olvidando. Dicho esto, me aferro a la interpretación positiva que habéis puesto en valor todos vosotros y vosotras, mis compañeros.
    Un abrazo entrañable y más que admirado por tu prosopia y más si cabe por tu bonhomía.

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  21. Que este gran relato del no menos grande Eduardo Zurita estuviera dedicado a mí ha dado pie a que me mandéis algunos piropos, todos ellos infundados cuando no exagerados, pero que agradezco muchísimo. Intentaré merecerlos en el futuro o como poco aparentar que los merezco. Abrazos para todos y muchas gracias de nuevo a Eduardo.

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  22. Eduardo Martín Zurita26/4/18 7:09

    Las gracias a ti, Enrique, por ser justamente como eres, esa grandeza humilde, sin ningún tipo de impostura; ese acercamiento tan afable a alguien que no se conoce o muy de lejos, y que es y significa menos, mucho menos que tú, es digna de encomio. De ahí que te tribute este modesto homenaje cuando lo merecerías de mucho mayor calado. Lo bonito es que las virtudes de alguien como tú, se noten, no pasen desapercibidas y se pongan en valor para ejemplo de todos. No tienes que darme las gracias, tendrías que dártelas en justicia, en rigor a ti mismo, felicitándote por ser como eres. Abrazo grande, amigo y compañero.

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    1. No quisiera hacer esto interminable, pero tampoco puedo dejar pasar eso de que alguien, y menos si es como tu persona, pueda significar menos que yo. Abrazos, amigo Eduardo.

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  23. El retrato de la pasión a base de frases que son fotogramas, sobre ruedas, atravesando ningún túnel oscuro, con romanticismo desenfrenado, bajo la intensidad que las palabras no dichas son capaces de transmitir cuando se escriben... Y encima dedicado a ese pedazo de escritor que, además, es un gran tipo.
    Felicidades y enhorabuena por esta delicia con guinda, Eduardo.
    Un fuerte abrazo.

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    1. Eduardo Martín Zurita26/4/18 10:05

      Hola, Antonio, arbiter elegantiarum, caballero de la palabra en el pecho:
      Fino comentario el tuyo. Gracias, amigo. Romanticismo desenfrenado, sin duda alguna. Hoy de amor ya no se muere, como decía una canción italiana. Y es una pena gorda y oscura. Tizna, le pone a uno casi bruno. Las palabras no dichas frente a ese alud de interrogaciones. Qué sería, el deber ser frente al ser. El presente y el futuro. El pasado instalado en el presente y del futuro. Un presente, que ya es pasado, y pone en marcha, a su tren, el tren del olvido. Aunque insisto que me quedo con la interpretación sin "túnel oscuro", como tu dices.
      Un abrazo sentido, agradecido y admirado, muy admirado, amigo mío.


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  24. Small fish25/5/18 18:36

    El tren ya pasó hace tiempo. Pero me paro en la estación. Es bonito mirarlo; está maravillosamente bien escrito. Va a ser imposible olvidarlo.

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  25. Eduardo Martín Zurita25/5/18 20:18

    Hola, Small o ¿es Smail fish? Puestos a imaginar...
    Es un comentario que hace de mi corazón uno de vía ancha que se detiene en tu estación, sea la que fuere. La maravillosa eres tú, solo una mujer puede ser tan generosa en un comentario, que ese sí es maravilloso y va a ser de todo punto imposible no retenerlo en la memoria de las grandes cosas que le ocurren a uno. Si eres varón, también me gusta el comentario, no te creas; pero quiero pensar que es una mujer inmensa la que ha dejado caer, como perlas de lluvia de un país donde llueven las alegrías, esos dos renglones memorables. Un beso inmenso o un abrazo de semejante calibre.

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  26. Desi Gala1/2/19 19:16

    El hecho de que el presente Blog anuncie su inminente cierre no impide que siga su curso legal la demanda de plagio que pesa sobre este relato de mi autoría (tal y como quedó expuesto en el comentario al microrrelato firmado por Irreverente inadaptado el 20 de diciembre de 2018, texto gracias al cual fui consciente del plagio del que había sido objeto)

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