De vuelta

Don Melquíades solía hablar de muertos vivientes antes de la hora de acostarse; era su tema preferido. Ni a la Directora ni al personal auxiliar les hacía la más mínima gracia, pero lo permitían por lo mucho que divertía a los residentes del geriátrico. En especial al grupo de centenarios.
Escrito por Rafa Olivares - Web

En el acto

Aparecemos en escena como grandes ilusionistas, magos sin ninguna alcurnia, pero sí como un par de verdaderos artistas prestidigitadores; y los espectadores, admirados, ya temen lo que viene: taumaturgos que desaparecerán sus pertenencias, pistolas en mano, cual varitas mágicas con las que limpiaremos sus casas u oficinas, bolsas o carteras.
Escrito por Cristopher Josué Escamilla Arrieta - Twitter

Perversión natural

La orquídea martillo no solo conoce la peculiar conducta reproductiva de la avispa thynnid, sino que ha diseñado su propia flor para ser fecundada con su ayuda.

Herminio, una thynnid macho, sobrevuela el prado por enésima vez hoy, enfebrecido, ignorando a su paso a todas las hembras de su especie.
Escrito por Enrique Mochón Romera - Twitter

Lugar común

Cada latido de tu corazón, un calambre electrizante. Tus ojos carbón encienden mi carne. En tus labios, el sabor a tostada quemada de la merienda.

Nos devoran estas llamas que consumen nuestros cuerpos, surgidas del calefactor clandestino que nos presta calor en las noches gélidas de esta residencia de ancianos.
Escrito por María Jesús Briones Arreba

El efecto etílico

Descendí del módulo y mi bota marcó huella en un suelo jamás pisado por el hombre. Postrando mi rodilla en la playa clavé el estandarte y, en nombre de Isabel y Fernando, bendije aquel nuevo mundo mientras mi escudero me interrumpía con "que no son gigantes, mi señor, sino molinos".
Escrito por Isidro Moreno Carrascosa - Web

Epifanía

Se volverá hostil y arisca la tierra que una vez dejaron tus ancestros. La abandonaron buscando un porvenir lejos de allí. Tal vez sea una insolencia retornar a ella y buscar tu solaz. Percibo que las peores desgracias sobrevinieron tras haber visitado la que consideraba mi tierra. Ahora lo intuyo.
Escrito por Manuel López Muñoz

La condenada del alzhéimer

Sentada en su sillón favorito por fuerza mayor, la encontré embelesada mirando a la nada. Ni una respuesta a una palabra, ni un gesto ante una caricia. Encerrada en su mundo lleno de enigmas. ¿Será feliz? Condenada a pasar el resto de sus días con su implacable y mortal enemigo.
Escrito por Carmen Gallego

De raíz

Un día me encontré un miedo pequeñito, me lo traje a casa y lo alimenté hasta que se hizo grande. Empezó a reproducirse y nacieron mil miedos: a las alturas, al fracaso, a los espacios cerrados, a la oscuridad...

Ayer me encontré una envidia chiquita y la maté a palos.
Escrito por Elena Bethencourt - Twitter

Vida nueva, vida vieja

El día que Antoñita comenzó a tomarse las pastillas indicadas trastocó su vida para siempre. Los elefantes dejaron de ser rosas y los pájaros multicolor nunca más sobrevolaron su cabeza.

Solo cuando el pequeño dragón azul viene a visitarla, abre un frasco que conserva bajo la almohada y todo cambia.
Escrito por Malu

Pinocho

Cierta mañana, Pinocho despertó con la idea de ser humano. Para ello, se dirigió al bosque a buscar a su hada madrina para que le cumpliera su deseo. Ella le aseguró que podría realizar su sueño siempre que no mintiese en ninguna circunstancia.

Lamentablemente, nuestro pequeño amigo deseaba ser político.
Escrito por Manuel Sedamano Ballesteros

Destellos

El sol se despertó tempranito, casi de madrugada. Sus rayos iluminaban los esteros, las llanuras, las montañas. Buscaba a su amada y no la encontraba.

Al otro lado del mundo, su novia, la luna, aún dormitaba, esperando por él sollozaba, dejando caer lagrimas en forma de estrellas sobre su almohada.
Escrito por Luis Escorche - Facebook

Las vecinas del tercero

Elena, alegre y exuberante pelirroja, ocupaba el tercero derecha y trabajaba de noche. María, una morena sencilla y discreta que vivía en el tercero izquierda, estaba cobrando el paro.

Cuando los policías hallaron muerta a María en extrañas circunstancias, declararon sospechosos a todos los vecinos. A todos menos a Elena.
Escrito por Juana Mª Igarreta Egúzquiza - Web

Bye

Dejó la gorra oscura en la entrada del caserón. En su cabeza, sus padres allí enterrados, el mayoral, Laurita: un sol en lágrimas. Los gritos del amo iban quedando lejanos a la luz de la luna. En la ciudad, compró una visera verde y un grillo que suena a violín.
Escrito por Eduardo Martín Zurita

Desacompasada

Entró en el quirófano acompañando al equipo médico y tras unas horas salió como una exhalación mascullando en algún idioma ininteligible. Bajo la negra caperuza, la ira protagonizaba su pálido y demacrado rostro.

—Todo perfecto —sonrió el cirujano.

Ovillada en el oscuro sótano, la parca comenzaba a sentirse obsoleta.
Escrito por Álvaro Abad

Estática corriente de pagos

Abatido de que la historia nunca lo recordase por su nombre, el genio de Aladino decidió recluirse indefinidamente entre paredes de latón, desatendiendo así sus actuales obligaciones como ciudadano. Solo el frotamiento enérgico de un servil funcionario lo obligó a salir a la luz, entre chispazos y cabellos de punta.
Escrito por Carri

Por el tejado

Tras media hora, logra dejarse la bufanda como si hubiera quedado así por casualidad. Se pone una chaqueta sport, unas gafas redondas sin cristales, ladea la cabeza y sonríe. Está listo para la fotografía de la solapa. Solo le falta el ingenio que nunca encuentra para empezar su primera novela.
Escrito por Pablo Núñez - Twitter

Ojo versus sol

Echaba de menos el azul del cielo, el verde de sus plantas de interior y el rojo de su camiseta. Ya siempre confundiría el sabido color blanco de las paredes por uno "sepia amarillento". Cerró sus doloridos ojos y suspiró.

Se arrepintió de aquella absurda apuesta. El sol siempre gana.
Escrito por Salvador Pérez Salas

El último viaje de León

Dijeron que había enloquecido porque, al final de su vida, se fue a vivir cerca de la estación. No encontró mejor refugio para estar consigo mismo y aquellos días fueron los mejores. Lo encontraron meciéndose en un sueño final, sonriente y expectante, sereno ante la llegada de su último tren.
Escrito por María José Escudero

Anuncio por palabras

Como cada mañana se dirige al kiosco para comprobar que han vuelto a publicarlo:

Amargado busca recuperar sonrisa. Se aceptan consejos bienintencionados, palmadas en hombro y muestras de afecto de todo tipo. Gratificación a convenir vinculada a eventuales mejoras. Contacto: Taberna La penúltima. Mesa en penumbra. Rincón de la izquierda.
Escrito por Jerónimo Hernández de Castro - Twitter

Temores

Los años no parecen pasar por su mujer. Él, obeso, sedentario, tiene miedo de que deje de quererle a causa de su aspecto. Abandona los poemas que componía por el gimnasio. Logra un cuerpo estilizado. Es otro.

Ella le abandona. Su nueva pareja es un individuo entrado en carnes, poeta.
Escrito por Ángel Saiz Mora

Nunca pude terminar esa canción

Su silencio me gritaba tan fuerte aquí dentro que recurrí al canto para ver si así podía acallarlo; pero entre nota y nota tronaba en mi conciencia el martillazo de su respuesta ausente, de tal suerte que me quitó cualquier posibilidad de aliviar con el canto mi pena de amor.
Escrito por JC Pozo

Geografía

Me perdí entre los contornos de aquella piel tan deseada, trepé por la suave pendiente de sus senos, me extravié en el mar de su vientre, casi naufrago entre la perfecta línea de sus piernas, Entré, con piadosa reverencia, en el santuario de su intimidad. Allí habito, en constante penitencia.
Escrito por Daniel Castillo

No quiero ser una superheroína

Nos unían tantas cosas. Tú y aquellas mallas tan sexis, azules y rojas. Yo y mi segunda piel de cuero negro. Tú trepabas por las paredes. Yo saltaba de tejado en tejado. Tú, Superman. Yo, Catwoman. Pero allí estaba aquella línea vertical trazada con mano firme para separarnos. Puñetero dibujante.
Escrito por Marisa Martínez Arce

El indulto

—¿A quién queréis que libere?

Se escucharon unos tímidos gritos:

—¡A Barrabás!
—¡A Jesús! ¡A JESÚS! —chilló, sin embargo, la mayoría.

Jesús fue liberado.

En aplicación del decreto de indulto, tuvo que regresar a Nazaret. Allí retomó su trabajo de carpintero, se casó y no volvió a pisar una sinagoga.
Escrito por Plácido Romero - Twitter

Contigo, pan y cebolla

—Palomita mía, ¿qué tenemos para cenar?

—Cachupito mío, tu mujercita ha preparado para el hombre de la casa una ensalada verde de brotes tiernos, hamburguesa de seitán con algas y semillas de sésamo y de postre, un yogur desnatado con bayas de goji.

—Gracias, amor. Hoy traigo un hambre canina.
Escrito por Pepe Sanchis

Partimos con una ligera brisa a estribor

Bruscamente, nos alcanzó un intenso huracán.

La primera ráfaga nos rompió los dos palos. Un fuerte oleaje nos arrastraba por la popa. Sepultados bajo las aguas, la proa subía apuntando al cielo.

Un brusco descenso nos hundió en el fondo del abismo y desaparecimos.

Cerré los ojos, no recuerdo nada.
Escrito por Luis Toyos

El encuentro

Al final, de tanto buscar con el candil prestado, encontró Diógenes a un hombre justo en un cruce de caminos casi a las afueras de la ciudad. Ni siquiera hablaron. Cruzaron sus miradas durante unos segundos, se comprendieron mutuamente y cada uno siguió su camino sin volver la vista atrás.
Escrito por Daniel Canals Flores

Reverendísimo

Fue un tipo que vivió hasta los noventa años y demostró en su vida tres cosas. El desboque (no sólo el sueño) de la razón produce monstruos. El ardor nacionalista puede arrastrar a complicidad con terroristas. Era vasco. Por último, que se puede no creer en Dios y ser obispo.
Escrito por Carmelo Carrascal

Una oportunidad

Hay un pajarito en la terraza. No come ni bebe. Dicen que está destinado a morir. Yo sigo esperando que vuele.

Nos observamos mutuamente. A veces le imito. Hoy ha cruzado la terraza hasta situarse en el borde. 

Ahora sólo le escucho mientras él espera que yo despliegue mis alas.
Escrito por Conchita Burillo

Saber

¿Cómo iba él a saber que pasaría por tanto sufrimiento? ¿Cómo iba él a saber que tocaría fondo? ¿Cómo iba él a saber que mataría a su ser más querido? ¿Cómo iba él a saber que la vida era eso? 

Volvió, rezó a su padre, y escupió a la cruz.
Escrito por Iñaki Ferreras - Web

Mirar hacia otro lado

"Privado", reza el cartel sobre la puerta de la oficina detrás de la Sacristía. Sitio vedado para todos a excepción del cura párroco y alguna novicia de turno.

"No autorizado" aún para el mismísimo Dios, quien hace la vista gorda con tal que las ofrendas de su Iglesia no decaigan.
Escrito por Silvana Alexandra Nosach - Facebook

Encuentro en el Paraíso

El apéndice que, momentos antes, colgaba despendolado entre las piernas de la criatura cuando la observaba oculta, se armó desafiante ante mi mera presencia desnuda.

Hallándome indefensa, me acometió con ímpetu, y tras breve batalla, declinó su empeño.

Imprudente de mí, le ofrecí la manzana y se armó de nuevo...
Escrito por Manuel Bocanegra

¡Lobo malo! ¡Lobo malo!

Desde el principio su olfato supo el momento en que ella deseaba ser engañada. Ahora siempre lo esperaba en el mismo lugar. "¿Y entonces?", le decía, sonriéndole. Así iban las cosas cuando decidió renunciar a sus instintos... y a los de ella.

Cansado de lo mismo, tomó el camino largo.
Escrito por Ruperto

Consecuencias

Después de entregar la droga a Braian para su posterior venta al menudeo, recibe un llamado: su hija tuvo un accidente automovilístico.

Al llegar al hospital, le dan la lamentable noticia: fue fatal.

Las pericias dirán que el otro conductor manejaba drogado, pero no dirán que era cliente de Braian.
Escrito por Luciano Doti - Twitter

Dioses

—Quitame la rabia de encima, chiquilla.
—Vos podés.
—Que me ayudés, que solo no puedo.

Siguieron en paz consigo mismos, la guerra la perdieron el día que contrajeron nupcias ante un dios extraño. Al suyo le pidieron por su tribu para que la selva no desapareciera alrededor de su poblado.
Escrito por Antonio Ortuño Casas - Web

Juego de espejos

Se levantó poco a poco. Estaba mareada. Se había golpeado la cabeza al caer. Maldita debilidad. Desde que el espejo deformador entró en su vida, había comenzado la guerra. Seguía viéndose gorda pero ganaría la batalla contra su propio reflejo. El hambre solo era un mero inconveniente que sabría controlar.
Escrito por Aurora Rapún Mombiela

El niño entre ramas

Jugando entre ramas de árboles, vi una en forma de uve. Metí la cabeza entre la rama y me quedé divagando un rato.

Cuando intenté salir, no tenía fuerzas para abrir la rama. Grité un rato hasta que mi madre me salvó, molesta porque le había interrumpido en su costura.
Escrito por Eliezer Sánchez

La vida soñada de los otros

Susana soñaba que era un arquitecto de 33 años que se afeita en su casa a las 6:58. Más tarde, paseaba cerca del casino cuando vio a su mujer con otro. De la impresión, Susana se despertó alborotada.

Mientras, en algún lugar de Thailandia, Malai soñaba la vida de Susana.
Escrito por Raquel Tevas Cisneros

Stalingrado

Bajo la indiferencia de un cielo gris, pudo ver la ciudad en ruinas devorada por multitud de incendios. En las frías aguas del Volga, flotaban los cuerpos hinchados de los muertos, algunos de ellos estaban desmembrados. Entonces, el poeta miró a Virgilio y dijo: "Tendré que reescribir todo mi Infierno".
Escrito por Enrique Angulo - Twitter

La pureza del aire

La bandada de sinuosas bicicletas frenaba en la primera línea del semáforo. Su escolta la formaban coches eléctricos.

Sin contaminación, la ciudad presumía de amigable.

Esa mañana, Moussa ofrecía pañuelos de papel y limpiaba parabrisas, recibiendo una sonrisa, o un "no tengo suelto".

Ahora, en los semáforos se respira mejor.
Escrito por Francisco Rubio Yepes - Web

Los girasoles

No sabía cómo deshacerse de esos malditos girasoles. Cuanto más los cortaba más crecían y se multiplicaban; sus cabezas amarillas la espiaban por las ventanas, y sus largos tallos tapaban la puerta del jardín si intentaba huir.

Era demencial. No tenía escapatoria.

No debió enterrar a mamá bajo los girasoles.
Escrito por Sonia Serna San Miguel - Web

La fina línea que separa el amor del odio

Acaricio sus mofletitos, le seco las lágrimas con los pulgares y beso su frente. Me limito a decirle que mamá no ha tenido más remedio que irse de viaje. Lo arropo, apago la luz y cierro la puerta.

Es medianoche. Tras depositar la basura en el contenedor, me rompo definitivamente.
Escrito por María José Sánchez

Puedo prometer y prometo

Cuando, en el mitin de cierre de campaña, el candidato del PCE anunció que iba a por todas, sus correligionarios, sin siquiera darle tiempo a que bajara del estrado, se abalanzaron ávidos sobre las birras. No fueran a cumplirse, por una vez, las promesas del líder del Partido Cervecero Español.
Escrito por Jesús Garabato Rodríguez

El deprimido

En la mañana pensó pintar el mundo con colores de lágrimas. Luego fue contra las estacas del precipicio buscando pedazos de cielo prometido, pero se mostraron flores marchitas. La casa quedó cubierta de gemidos poblados con lejanos silencios. Él, hecho cenizas, se enteró de que los suicidas no tienen cielo.
Escrito por Edwin Antonio Gaona Salinas - Web

La caja

Aquí me siento muy bien. Estoy muy cómoda, de veras. Tras el trasiego constante de mi vida y del desprecio tuyo, mamá, y el de tantos otros, la paz definitiva ha venido a instalarse en mí. Te lo digo ahora, tumbada en esta estrechez, cuando mi cuerpo se vuelve ceniza.
Escrito por María José Viz Blanco

Exmúsico

En un arranque de nostalgia, desenterró el saxo del sótano, lo montó con mimo y dispuso varias partituras sobre el atril.

Justo de pulmones, los labios cedían y la lengua llegaba tarde. Cosas que, en fin, cabía esperar. Pero ¡ay!, aquel olor a polvo en las yemas de los dedos...
Escrito por Álex Garaizar

Mejor relato de julio de 2018

27 autores habéis ordenado de más a menos favorito los ocho finalistas. Por cada votación, se les ha asignado 10, 8, 6, 5, 4, 3, 2 y 1 punto. Estos son los resultados:

Caso abierto, de Pablo Núñez - 179 puntos
En defensa propia, de Carmen Cano - 156 puntos
¿Entre los geranios?, de Paloma Hidalgo Díez - 154 puntos
Impacto, de Matrioska - 133 puntos
Cuaderno de bitácora, de Javier Igarreta Egúzquiza - 120 puntos
Bodas de plata, de Favourite Day - 118 puntos
Monumento a la diversidad, de Isabel Ballester Torremocha - 109 puntos
Carpooling, de Aurora Baeza - 84 puntos

Ver resultados del jurado

Período de liquidación

"Unas prendas entran, otras deben salir", decía la abuela en cada cambio de temporada, "ese es el proceso de la vida".

Besé la bolsa cerrada y la solté dentro del contenedor de reciclaje. Mis lágrimas implosionaron. Y sus últimas pertenencias fueron arrastradas, como nuestros planes, hacia el inevitable fondo metálico.
Escrito por Loli Regs

Autorretrato en fotogramas

Primero las paredes, luego el suelo me abandona. Sienten miedo los espejos. Llueve. El camino se estrecha y voy perdiendo, a cada siete pasos, una prenda de vestir. Las sandalias, voy descalzo; luego el sueño. El pantalón se desvanece. Como la serpiente, pierdo la camisa. No es un sueño. Grito.
Escrito por Gil Hernando de Santiago - Web

Carpe diem tardo

Trabaja, come, duerme y calla. En su existencia no hay lugar para más. Pasan horas, días, meses y años. Llega el relevo. Disfruta, saborea y vive. No hay tiempo para más. Aunque no corre porque no hay espacio, Manuel tiene prisa. En su esquela se lee: Nunca tarde, siempre presto.
Escrito por Ana García Ortiz

Paganini non ripete

Ser el mejor tiene un precio. Tus deseos se cumplen cuando pactas conmigo, cada vez que el sol se pone un nuevo contrato entra en vigor y un alma más me pertenece a cambio del éxito.

El violín y tú seréis uno.

Firmado: Mephistópheles

Firmar sobre la línea de puntos ..............
Escrito por Pilar Garrido Aláez

Amigo invisible

Paco guarda el papel sin abrirlo. No le gusta ese juego del instituto. En casa, con la emoción contenida, lo desdobla delante de su amigo Alberto.

Una voz le sobresalta:

—Paco, ¡deja de hablar solo, hijo! ¡A comer!

El último doblez hace invisible la realidad. Fondo blanco, letras azules: MARIC...
Escrito por Carmen Martagón E. - Twitter

Vete de mí

Cuando intentó levantarse, borracha como estaba, se cayó. El cuchillo apoyado sobre la mesada cayó al piso junto con ella, rebotó y se clavó en su pecho. Intentó sacárselo y lo clavó aún más. Cuando él la vio gritó: "¡Loca de mierda, dije que te fueras, no que te mataras!".
Escrito por Elisa Mancuso

Tu sonrisa de papel

Pasaban los meses, todo igual, no despertaba. La espera era la mayor de las desesperaciones, solo quería volver a verla despierta, verla sonreír y decirle te quiero. Él había dejado de sonreír y le molestaba que los demás lo hicieran. Un día más entró a verla y ella le sonrió.
Escrito por Caballero de Luna

De piedra

"Terribles heridas, atroces zarpazos, brutales desgarraduras...", así describía la radio, aquella mañana, la brutalidad del agresor nocturno. ¿Qué clase de monstruo actuaba así?

A mediodía, los operarios que efectuaban las obras de restauración del tejado de la catedral lo descubrieron: la más bella y terrorífica de las gárgolas había desaparecido.
Escrito por Mª Jesús Rodríguez

La primera gota de aguanieve

La joven gota superó en velocidad a los copos. Solo era gravedad, pero la inmadurez inventa méritos que la vanidad ni se plantea. Mientras descendía, imaginaba su llegada entre vítores, a la madre tierra laureando su rapidez, exaltando su celestial singularidad. Todo ello esperaba antes de caer en pleno océano.
Escrito por Antonio Bolant

Adolescente

Atesoro su juventud como si se tratara de un diamante único. Me nutro de ella. Es mi savia, mi alimento. Gracias a ella sigo existiendo, creyéndome indomable, indomesticable y terriblemente fiero.

Y eso, a pesar de las siete décadas que contemplan día a día mi fútil existencia, siempre sintiéndome viejo.
Escrito por Gloria Arcos Lado

Materia perecedera

Con el corazón jadeante de soledad, el mendigo se desploma. Los viandantes pasan sin mirarle, arrugando la nariz, frunciendo el alma.

El cuerpo, olvidado, se consume, y ya solo queda la silueta, corpúsculos de una vida que se niegan a partir. Una brisa compasiva iza sus restos; siempre soñó viajar.
Escrito por Salvador Esteve

La muerte no acecha

Si crees que una plumilla es inofensiva, ignoras que una ramita de muérdago mató a un dios y que una mosca ahogó a un papa. Y si crees que es mejor en combate, olvidas que tu muerte ya fue.

No porque recuerdes que vas a morir, significa que no importe.
Escrito por Gleiber Alvarez - Web

Puede ser su gran día

Cómo se llama, no tiene relevancia. Su edad, tampoco. Sí es importante que sepáis que le fascina jugar, que ha apostado a todo lo habido y por haber. Ahora mismo está esperando que ese revólver deje de girar y lo encañone. "Hoy voy a tener suerte", piensa expectante y ansioso.
Escrito por José Antonio Barrionuevo - Twitter

En el claustro

Están fabulando. Todas saben de amores prohibidos. Todas por lo bajo murmuran, pero siguen con su faena de cantar y rezar. Ocupan sus horas, entre chismes y malos presagios. Conocen los engaños, las citas, pero callan. Hasta que un día el hechizo se acaba. Cierran el convento las autoridades competentes.
Escrito por Mª Luisa Pérez Rodríguez

Mi otoño personal

Tantas veces hablamos de ese momento. Solo faltaba su llamado.

Vamos. Llama, llama, por favor... Llama, no me abandones. Llama, que no voy a poder dejarlo... Llama, que lo siento en la puerta.

Pero no llamó. Y terminó el sueño y volví a la realidad. Volví a mi otoño personal.
Escrito por Marisa Villar Arranz

Acecinar

La vida en la aldea era dura y le dolía ver a los suyos pasando necesidades. No fue fácil tomar la decisión de irse ilegal, navegando hacia la otra orilla del mar. Para que sus hijos comieran estaba dispuesto a dejar pedazos de su piel, salada, colgando de la alambrada.
Escrito por Beto Monte Ros - Twitter

Las pesadillas de mi pasado

Ruedo los ojos, confusa, enojada, furiosa. Vuelves a entrar borracho en la habitación, haciendo tanto ruido que los niños despiertan.

Tomo el cuchillo de la mesa de luz, y me acerco sigilosamente.

Los niños se asustan, es curioso porque nunca tuvimos hijos. Entonces apuñalo a mi fantasma una vez más.
Escrito por Brisa Hoyos - Web

Mirada perdida

Me mirabas a la cara y te reías feliz. No sabías decir mi nombre, daba igual, yo era tu cariño. Supiste vencer todas las dificultades para lograr mantener el amor por tu marido al que confundías con tu madre, la mejor demostración de amor. Nos dejaste sin saber quién eras.
Escrito por - Javier Velasco Eguizábal

Crédulo a medias

Ayer estornudé con muchas ganas y no lo acompañé con el consabido ¡Jesús! Me han dicho que me arriesgo a que se me escape el alma y nunca pueda recuperarla. A cuenta de eso, no duermo, que también he perdido el sueño y la tranquilidad. Lo mío es un sinvivir.
Escrito por Juan Badaya - Web

Mis vacaciones

Terminé en la cuneta de mi equinoccio, sorbiendo la vida, arrastrando mi cuerpo por el árido desierto; apesadumbrado miré al cielo, viendo cómo los buitres observaban qué parte de mi cuerpo comer primero y yo pensaba: "Dios mío, por qué no me fui de veraneo a Benidorm".

Luego, sudoroso, desfallecí.
Escrito por Rubén José Huertas Rojo - Web

La vida en un hilo

Por un momento pensé que tenía vida.

Los aplausos, las risas y las lágrimas. La gente pasa y me mira con alegría, se queda a mi lado mirando fijamente todo el acto.

Todo termina y comienza cuando los hilos los deja de mover el titiritero.

La vida es un sueño.
Escrito por Ricardo Rodríguez Sánchez

Vivir deprisa

Ya no tienen nada que celebrar, pero tanto por beber. Incluso, han dejado de fumar por no tener tiempo para toser. La música taladra sus cerebros, ya agujereados por el éxtasis y el alcohol. Ahora solo les falta el tiro de gracia, sentarse al volante de un coche y volar.
Escrito por Pedro Rodríguez

Las migas del pastel

Los secretos que guarecimos bajo las tejas nos miran, indiferentes a la tempestad que riega la ortiga entre las piedras. Las monedas se han oxidado dentro del pozo y los dientes de oro ríen sepultados bajo el estiércol de las mariposas. No se puede vivir en una casa de muñecas.
Escrito por Patricia Richmond - Web

Su bebé

Iba por la calle y se desmayó. Unos jóvenes llamaron a una ambulancia. Le dijeron que estaba embarazada y que el bebé venía con complicaciones. La ingresaron. Cuando la enfermera la dejó sola en la habitación, huyó del hospital.

No quería que descubrieran que su bebé no era totalmente terráqueo.
Escrito por Luis Goróstegui - Twitter

El sinsentido

"¡Qué vacía me siento!", parecía decir mientras se dejaba mecer por el viento. Recordaba el día en que se había sentido plena, útil, incluso deseada. Pero hacía tanto...

Llegó hasta el borde del agua y pensó: ¿por qué no?

Yo la vi pasar, flotaba en el mar. Otra bolsa más...
Escrito por María Galerna

Añoranzas

La imaginé dándome la merienda desde el asiento que ocupaba en el fondo del vagón de ese renqueante tren que transitaba por aquellos parajes que se me antojaban tan conocidos. Pero no, realmente lo que me decía esa mujer era que despertara de una vez y dejara de llamarla madre.
Escrito por Rafael Domingo Sánchez - Twitter

Panem et circenses

Esta manifestación es trascendental, hay que demostrar al gobierno que con nosotros no se juega o habremos perdido nuestra última oportunidad.

La cola progresa lentamente, en más de una hora he avanzado cien metros, la demostración de fuerza es determinante, pero tengo que conseguir entrada para la final del mundial.
Escrito por Irreverente inadaptado - Web

Se necesita jardinero

Algo nerviosos, no lograban dar con la llave que necesitaban para abrir el candado del cobertizo. Suponían que dentro estarían el serrucho y la escalera de mano que tanta falta les hacían ahora. Después de mucho buscar, la encontraron allí mismo, sobre la hierba, bajo aquellos pies de suave balanceo.
Escrito por Rafa Olivares - Web

Impacto

Un fuerte estruendo alerta a los feligreses. Desconcertados, no se explican cómo tras siglos ahuyentando a los espíritus de la catedral, yace desplomada y esparcida sobre el adoquinado. Ignoran que los ojos de una hermosa doncella se alzaron clavándose por vez primera en sus grotescos ojos, resquebrajando su pétreo corazón.
Escrito por Matrioska - Web

En defensa propia

Había descartado el suicidio por resultar poco verosímil en un villano. Dudaba, pues, entre un fatídico accidente o un ajuste de cuentas.

El antihéroe saltó del último capítulo para apresar con sus garras el cuello de su verdadero enemigo. Volvió a la historia, acabó el manuscrito y le puso título.
Escrito por Carmen Cano - Twitter

Cuaderno de bitácora

Por primera vez, el segundo de a bordo, temeroso ante la sorda amenaza de un tercero en discordia, comenzó a creer en la cuarta dimensión. Sobre todo cuando la "Quinta de Beethoven", hacia la sexta hora de travesía, anticipó el abordaje de aquella séptima ola que trajo al octavo pasajero.
Escrito por Javier Igarreta Egúzquiza - Web

La resignación tiene alas

En un descuido del verdugo, el canario abrió la celda, desenvolvió las alas y echó a volar por los cielos con aires de libertad. Mientras tanto, las cautivas palomas sólo ven partir al prófugo sin comprender razón, si ahí nunca faltan el alpiste, el agua y los aplausos del público.
Escrito por Selene Argueta - Twitter

La velada

Las melodías tristes lo acongojaban, pero el dulce deseo de llorar por la mujer perdida lo cautivaba tanto como a las luciérnagas la iluminada velada.

Evitó llorar, por vergüenza: la delatora luna le enrostraba su flaqueza. No la de ese instante, sino de cuando cedió ante la voluntad del padre.
Escrito por Ángel Sienfuegos

Carpooling

Salí de Madrid con Janis Joplin, sonriente y aguardentosa, de copiloto. A la altura de Talavera se quedó en una gasolinera y recogí a Nick Cave. Ya por Mérida aparecieron en el retrovisor los Rolling. Anocheció.

Bajo mil estrellas, la eterna Nina Simone; y por fin, en el horizonte, Sevilla.
Escrito por Aurora Baeza

Low cost

Ordenó instalar el trono a lomos de un avestruz y adoquinar las calles con sus huevos.

Cadenas de esclavos los reventaban siendo coceados por el ave imperial.

Cada corazón era paralizado con plumas como flechas y triturado en la granja para pienso.

Aquella nodriza del Emperador tenía la leche agria.
Escrito por María Jesús Briones Arreba

El método Stanislavski

Ejecutó a su víctima con aparente resolución. Pero ¿sintió pena mientras apretaba el gatillo?, ¿lo movía el odio o el deseo de justicia?, ¿hallaría en ello alivio o tormento? Su rostro sugirió todas esas preguntas con un sobrio gesto desapercibido por algunos, merecedor para muchos de al menos una nominación.
Escrito por Enrique Mochón Romera - Twitter

Dime si esto no es amor

Las ideas románticas flotan ingrávidas, presas de una frescura alejada del envejecimiento.

Responder con el pulso acelerado tras un beso. Enajenarse. ¿Cómo dirigir la velocidad de nuestras vidas en momentos tan intensos?

Mientras mi atención se centra en recoger cualquier atisbo de duda y disiparlo, sigo embelesada, mirándote cada atardecer.
Escrito por Malu

Pareja de reyes

Hubo una vez un rey tan generoso que vendió todo lo que tenía para repartir el dinero entre el pueblo. Cuando ya no le quedó nada, lo asesinaron.

Mientras, en un reino vecino, un monarca cruel, despreciable y cicatero murió de viejo siendo venerado por la mayoría de sus súbditos.
Escrito por Rafa Sastre

Magia al amanecer

El hermoso y gallardo sapo, con su afinado croar, su mirada lasciva y su apuesta pose de príncipe azul, se dejó atrapar por la joven doncella de atuendo dominical.

Tras un largo beso, lo acostó bajo su almohada y, dormida, esperó al alba.

Cuando despertó, el sapo todavía estaba allí.
Escrito por Isidro Moreno Carrascosa - Web

Último acto

La magia constituía, entre nosotros, un aspecto fascinante que dotaba de contexto a nuestra realidad convexa.

Formábamos infinidad de universos con sólo unos pases, algunos trucos bajo las sábanas y mis versos.

Cada puesta en escena era espectacular, no entiendo por qué decidiste, con el conejo bajo el sombrero, escapar.
Escrito por Cristopher Josué Escamilla Arrieta - Twitter

Silencios

El abuelo se mantuvo callado. La abuela me explicó que mamá se había ido y no volvería. Yo le dije que ella no quería irse porque gritó mucho. No respondió. Le conté que papá tenía sangre en las manos. Siguió muda. Mi hermana tampoco quería irse. Por ella no pregunté.
Escrito por Josep María Arnau

Filósofo

Contempla las falsas miradas, siniestras siluetas, oscuras delgadeces. Miserables. Prisas. Socavones como bocados de monstruos, fachadas llenas de desperfectos. Coches que muerden. La desalentadora sinrazón de la urbe. Se quita las gafas y las tira a una papelera. Esta realidad, vista con dioptrías sin corregir, le resulta mucho más tolerable.
Escrito por Eduardo Martín Zurita

Caso abierto

Antes del disparo, discutía con alguien que le seguía a todas partes. Cuando derribamos la puerta encontramos un revólver, aún humeante. El forense no pudo determinar las causas de la muerte y al juez le resultó imposible levantar el cadáver. Desde entonces, allí sigue, tendido al otro lado del espejo.
Escrito por Pablo Núñez - Twitter
Elegido mejor relato de julio de 2018

Madre esperanza

Mientras otros niños del sempiterno campamento juegan a la guerra con proyectiles de lodo, los ojos de Nasim migran incansables de mujer en mujer. Sus oídos escudriñan el griterío; tal vez en ese mar de voces logre escuchar la que anhela, y que ya no recuerda, llamándolo por su nombre.
Escrito por Juana Mª Igarreta Egúzquiza - Web

Niñez eterna

A lo largo de los años protegió a su niño interior por encima de todo y de todos, con la fuerza de un águila imperial, llevándolo consigo en sus pensamientos y enfrentándose a la vida y a sus constantes vaivenes.

Ahora, ante la muerte, ese niño seguía siendo... un niño.
Escrito por Salvador Pérez Salas - Twitter

Nadie tiene la culpa

Hace rato que debía haber bajado a cenar. La madre sube a su habitación y la encuentra tendida en el suelo. Sobre su cabeza, en el lugar de la lámpara, un enorme agujero en el techo. La niña llora desconsolada, pero sabe que su sobrepeso le ha salvado la vida.
Escrito por Pepe Sanchis

La fuerza de la teología

León estuvo tres horas hablándole del dogma de la maternidad divina. Le dijo que la Virgen María es la verdadera Madre de Dios, pues parió según la carne al Verbo de Dios hecho carne. Cuando iba a comenzar a explicarle el dogma la santísima trinidad, Atila decidió regresar a Panonia.
Escrito por Plácido Romero - Twitter

Afán de eternidad

Tuvo siete hijos para que mantuvieran vivo su recuerdo, pero nunca les quiso ni ellos a él. Luego intentó que algo escrito por su mano perdurase. Eso sí lo consiguió. Cuatro palabras de su autoría permanecen labradas en piedra: "Fui una persona excepcional", podría leerse si alguien visitase su nicho.
Escrito por Ángel Saiz Mora

Contrastes

Al poeta lo abandonó su musa y se transformó en estatua; quedó ciego a los ojos que reflejaban el reino de la libertad y renunció a su marcha progresiva hacia la infinitud.

La musa abandonó al poeta y lo guardó en el cuarto; luego, salió al acecho de otras imaginaciones.
Escrito por JC Pozo - Facebook

Madres

Escuché unos chasquidos entre los matorrales. ¿Pisadas? Agarré a mi madre y tiré de ella. Me miró con gesto de reproche mientras sacudía sus brazos. "Habla claro y no te andes por las ramas. He de despiojarte". "¡Un cazador!". Se escuchó un disparo. Mientras caía abatida insistía: "Tú, siempre escaqueándote".
Escrito por Marisa Martínez Arce

¿Entre los geranios?

Pierdo todo lo que sabía por la casa. En una taza aparecieron los nombres de varios ríos. En un vaso, unas raíces cuadradas resueltas. Acabo de abrir la cómoda, y ahí estaban los poemas de Rubén Darío. Ahora, en cuanto recuerde cómo se usa el peine, también buscaré tu nombre.
Escrito por Paloma Hidalgo Díez

Tinieblas

Hubo un día con una verdad irreal, un beso robado carente de ladrón, una caricia sola y perdida sin nadie que la provoque, una sonrisa sin más ilusión que la de su propio reflejo, sin más amiga que la triste soledad y sin más luz que la de las tinieblas.
Escrito por Carmen Gallego

Misiva

Introdujo en un sobre ribeteado de azul y rojo una cuartilla. En menos de cincuenta palabras, escribió: "Las musas me han abandonado". Se retiró junto al mar. Allí está en la orilla, sacó un cuaderno y escribió: "Volveré algún día".

Observándola sigo: lee, escribe, mira el mar y hace fotos.
Escrito por Carmen Martínez Marín

Bodas de plata

El vestido despedía un rumor de naftalina. Una aureola de años perdidos revoloteaba alrededor de los bodoques blancos, de los encajes de pasamanería, del velo de tul que añoraba las lágrimas de emoción de una recién casada. Una bruma sepia surgió desde el crepitar de la seda en la chimenea.
Escrito por Favourite day

Obsesión

Lo único que pude rescatar tras tu partida fueron mil cartas sin abrir, tu ropa interior recién usada, la clave de tu cuenta, el perfume de tus axilas, tu diario personal y tu encantadora sonrisa, que me saluda cada mañana, cada vez más deshecha, desde el fondo de mi maleta.
Escrito por Daniel Castillo

Monumento a la diversidad

Hizo los pliegues torcidos, trazó la silueta sin guías y, al recortar, el folio le bailaba. Resultaron unidos seres deformes, flacos y gordos, arrugados, con manchas y algún amputado.

Suspendió plástica. Aparentemente, la manualidad del Día de la Paz consistía en una fila de hombres blancos idénticos dándose la mano.
Escrito por Isabel Ballester Torremocha

El quid de la cuestión

Practico con mimo. Cada gesto está milimetrado. Aquí respiro; aquí miro al público; aquí hago una pausa; aquí saludo al cielo. Y sonrío. A ti, mi querido maestro. Que me enseñaste que sin palabras también se puede interpretar y hacer reír al público. Ese es el quid de cada actuación.
Escrito por Maest

Nube de la infancia (Tríhada: Epílogo)

María, con cuatro años, atiende a cada florecilla del camino. Alba, más pequeña, va de mi mano.

¡Shhh...! Calladitas y en el arroyo veremos ranas les digo.

Sin embargo, solo una nube baja de mosquitos sobrevuela la orilla

No hay ranas, tito.
¡Sí, María, refunfuña Alba es que están volando!
Escrito por Manuel Bocanegra
Parte I | Parte II | Parte III | Epílogo

Tarde

Todas las tardes visita su tumba con su mejor traje y un ramo de rosas. Le dice que la sigue queriendo, que la ha amado desde siempre. Y regala al viento largos monólogos que formulan idílicas hipótesis de cómo serían las cosas si se hubiera atrevido a decírselo en vida.
Escrito por Ignacio Urtiaga - Twitter

Ataque aéreo

Los violines rasgan el aire, las flautas lo deshilachan, mientras que el arpa lo importuna. Las trompetas lo irritan y no es menor la agresión del piano.

El director muestra su inexplicable enfado con la batuta y la melena danzantes.

Por contra, y quizá para compensarlo, el público ni respira.
Escrito por Carmelo Carrascal

Amarga primicia

Era temprano, demasiado temprano para dar una mala noticia, pensaba mientras una lluvia helada negaba el horizonte y encubría su llanto. Tres meses a lo sumo, acababa de diagnosticarle el especialista. Llegaría a casa y tendría que contarlo. Tres meses, respondería, cuando le preguntaran, me quedan tres meses de vida.
Escrito por María José Escudero

Algo a la medida

Estaba convencido de que lo que necesitaba era tiempo y libertad. Las ideas, el arte, requieren de esas cosas que les permitan crecer, dijo.

El encapuchado repitió la pregunta, a la vez que, impaciente, accionaba una palanca. Ya no hubo respuesta.

Además, estuvo allí justamente por lo "creativo" que fue.
Escrito por Ruperto

La noche de los aullidos

Lo que más me afligió fue su abrazo. Me rompió, creí desfallecer... Sentí el peso frío del tiempo. Pensé en retroceder en mi empeño. Rememore sus palabras siempre envenenadas... No acallaron mis remordimientos. Cuando regresé yacía muerto. La copa de coñac derramada sobre el terciopelo rojo. Quien a hierro mata...
Escrito por Raquel Tevas Cisneros

América

"Estamos a salvo", le dijo Karl Rossmann a su familia mientras, desde el barco donde iban, miraban la Estatua de la Libertad, inmersa en la neblina del amanecer. Luego, sacó de un bolsillo la odiada estrella amarilla con la palabra judío escrita en su centro y la arrojó al océano.
Escrito por Enrique Angulo - Twitter

Un mal sueño

Peter, cuando no luchaba contra Garfio y los piratas, en secreto, ayudaba a Caperucita, Blancanieves, Dumbo o la Sirenita contra sus enemigos, hasta que un día, en la Isla de los Juegos, Stromboli lo descubrió y encerró.

Entonces Pedrito despertó bruscamente y Peter ya nunca pudo salir de la jaula.
Escrito por Crispín

Mambrú

Aguarda, cada tarde, su regreso. Se lo arrebataron, hace demasiados años, junto a los otros chicos del pueblo. Ahonda en su amargura murmurando cansinamente la tonada que otrora habían compartido. 

El viento, silbando sobre las ruinas de la aldea, le devuelve su canción. Mientras, sus ojos, al fin, se cierran.
Escrito por Jesús Garabato Rodríguez

Paciente ansioso

Treinta y ocho. Muy interesante. Crucigrama inconcluso. Caminata por el corredor. Grulla de origami. Lectura de carteles. Qué tiempo loco. Garabatos. Visión de cíclope. Aire fresco. Contar baldosas negras. Subir y bajar escalones. Vaso de agua. ¿Qué hora es? Excursión por los baños. Percusión con los pies. Treinta y nueve.
Escrito por Jorge Aguiar - Twitter

El padre de la bestia

Ya no tengo escapatoria, ahora sí que viene lo peor. Tengo que visitar su morada. ¡Lo prometí! Me emborraché, lloré y lo hice. ¡Lo nunca visto! Fui, aunque solo tenía una pregunta que hacerle: ¿por qué jamás intentaste conocerme? Pero no me contestó. Claro, debí hacérsela antes de que palmara.
Escrito por Teodora Lungu

Nuevo Imperio Galáctico

Año 2204. El Premio Nobel de Física lo obtiene una española: Isabel Reina.

Gracias a su innovadora teoría sobre viajes astrales, España logra catapultar una nave sideral más allá de la Vía Láctea.

Con la epopeya del galaxinauta Fernando Alegre, "alegramos" un nuevo mundo hasta los confines de Galaxia Alegría.
Escrito por Francisco Rubio Yepes

Mi ángel

Sin previo aviso apareció como un rayo de luz en mi vida, enamorándome su grata esencia, tan libre, frágil, tierno y bello. Súbitamente de mis caricias y desvelos se hizo dueño, sus brillantes e hipnotizadores ojos me guiaron; sin dame cuenta lo tenía entre mis brazos y lo llamé: hijo.
Escrito por Carlos Alberto de la Cruz Suárez - Web

Aviso de un niño: devuelvan a Tobi

Este viernes se perdió Tobi, si lo devuelven daré una jugosa recompensa; si se lo quedan, todos los días sale al pasto. Cuando me salvó la vida, quedó herido y sus prótesis requieren aceite sintético. Somos demasiado unidos, siento que me extraña, especialmente cuando bajo de la silla de ruedas.
Escrito por Edwin Antonio Gaona Salinas - Web

En negro

Conocí una joven que me volvió loco, no me atrevía, mas, finalmente me acerqué. Su belleza me estremeció, sus ojos me encandilaron... casi desfallecí.

—Hola —dije.

Ella sólo rozó mi cara con sus manos buscando aprendérsela.

Quien pensé la mujer de mis sueños, nunca vio su rostro... ni el mío.
Escrito por Juan Benito Rodríguez Manzanares - Web

Metamorfosis

Me sentía derrotado. Como un novillo en el brete rumbo al inexorable destino de estar frente a mi matarife. Me detuve. Respiré. Entré decidido. Milagrosamente el brete se transformó en ruedo. El matarife, en matador. El novillo, en toro. Y mi corazón abrigó la remota posibilidad de un destino diferente.
Escrito por Roberto Carlos Díez

Sueño

Soñó que volvían a su casa natal, que la cuidaba. Era todo en su vida. Le dio un beso en la mejilla y le dijo que todo iría bien. Habían sufrido mucho. Sus amigos les esperaban ansiosos. Llegaron. Pero nada era como antes. Despertó sudoroso y quiso morir cuanto antes.
Escrito por Iñaki Ferreras - Web

El perdón

Me lo repetiste mil veces, pero yo seguía sin creerte. Tu teoría cristiana del arrepentimiento que lleva siempre al perdón, defendido con vehemencia en el púlpito, no parecía tener sentido para aquella mujer que miraba con odio, arrodillada en el reclinatorio, al hombre con sangre caliente aflorando en sus manos.
Escrito por María José Viz Blanco

Desencanto

Raimundo III, encogido en su nenúfar, escucha un estremecimiento de juncos. Siente miedo. No tardará en llegar aquella damisela besucona con su fétida halitosis que, como todos los días, le acurrucará en su regazo y, con un pestilente susurro, volverá a decirle que no se preocupe, que sabrá tener paciencia.
Escrito por Luis San José

Desencuentro en la saeta del tiempo

Él le dijo a las once, Sara entendió a las ocho. Llevaría un sombrero de fieltro, ella uno de ala ancha. En la solapa, la ilusión de un nuevo comienzo; en su prendido, un eterno reproche.

La fuente fue testigo del desencuentro.

El reloj no corría demasiado a su favor.
Escrito por Mª Belén Mateos Galán

Ya estábamos preparados

Había conseguido juntarnos a todos ya fuera del hospital. Era su mayor deseo.

Reunidos en torno a él, recordamos sus anécdotas con risas, su peculiar mirada con esas viejas gafas nunca rectas, como en la foto donde inmortalizamos aquella reunión; ahí también aparecían torcidas sobre la urna de sus cenizas.
Escrito por Jose Antonio Gallego

Fin del mundo

En los marcos sobre la estantería del comedor seguimos sonriendo los tres. Éramos felices, a veces sin saberlo, otras con abrazos o carcajadas. Recuerdo cuando fuimos a despedir a Raúl, subían al autocar entre gritos, risas y empujones.

Yo tenía una familia: una mujer y un hijo. Hasta esa llamada.
Escrito por M. Carme Marí - Web

Tu recuerdo y yo

Con agitada ingravidez, dos sombras macilentas se arremolinan atrapadas por la pretérita gravedad del tiempo. Ni avanzan ni caen; sólo cabriolean alrededor de un vacío concéntrico, tratando de recuperar vivencias inalcanzables para un ahora tan abrasador que hasta las piedras se evaporan al recordarte.

Y no estás... Y entonces llueven.
Escrito por Antonio Bolant - Twitter

El apagón

Su expresión transmitía gigas de información. Cada gesto suyo inundaba salas e impulsaba conversaciones con el carisma de quienes arrastran multitudes. Todo cambió cuando la descubrió cogida de la mano de otro. Su boca se desplomó en una horizontalidad irreversible y su mirada enfoca un punto cada vez más lejano.
Escrito por Jerónimo Hernández de Castro - Twitter

Débil resistencia

Claudicaremos. No tendremos más remedio que dejarlos entrar.

Llevamos demasiado tiempo conteniéndolos. Nos rondan de día, nos acechan de noche. Intentan invadir nuestros más íntimos anhelos. Cada minuto nos cuesta más resistir su fuerza arrolladora. Abramos las puertas. Que pasen.

Nuestros sueños son inalcanzables, pero los necesitamos para seguir luchando.
Escrito por Aurora Rapún Mombiela

Cuestión de pelotas

¿Quién era tan estúpido como para casarse en pleno Mundial? No pensaba asistir a la boda. ¡Ni siquiera estaba previsto poner pantallas! Lo sentía mucho, pero tenían que haber consultado el calendario. María le amenazó con buscarse a otro si no la acompañaba.

Finalmente se casó con el único asistente.
Escrito por Fernando da Casa - Web

Sirena destronada

Entre peces y algas nado en el fondo del océano como uno más. Me muevo al son de las corrientes submarinas y no pienso en nada, sólo en encontrar a alguien que sea como yo, que su cuerpo brille en luz tornasolada y posea la belleza de los seres acuáticos.
Escrito por Pilar Garrido Aláez

Cinceladas de odio

¡Fiuuu! Caen del cielo buscando almas.

Con los brazos, rodea a sus hijos. Siente su vitalidad, su fuerza. Dando gracias, reza.

El tiempo cabalga sobre cadáveres.

¡Fiuuu! Caen sedientas de carne y vida.

Abrazada a sus hijos, siente sus huesos hambrientos. Mirando al cielo, ahora sin fe, cierra los ojos.
Escrito por Salvador Esteve

Anda a contar las estrellas

Ya despuntaba el primer lucero en el altozano. Las terrazas ardían y las copas chocaban, junto al fiambre, bajo racimos de cristales. Pero solamente una niña acodada en la balaustrada lo contemplaba: no como un astro antiguo, sino como un punto que si alcanzaba, se lo mostraría a sus tíos.
Escrito por Gleiber Alvarez - Web

Inspiración

A veces cuesta encontrar tu musa. Hay gente que busca en libros sagrados, otros que salen a correr, a respirar aire fresco; muchos practican yoga o mindfulness. Yo en estos casos tengo mi secreto, mis amigos Johnnie Walker y Jack Daniels. Un par de copas con ellos no fallan nunca.
Escrito por Pau

Ansiadas vacaciones

Había sido un duro año de trabajo. Fueron días de diez y doce horas de dedicación, incluso fines de semana. Pero al fin encontró sus quince días libres y se dispuso a disfrutar de ellos. Tuvo un mal presagio cuando comprobó su fiebre. Pasó los quince días en la cama.
Escrito por Javier Velasco Eguizábal

La espera

Una calle invadida de recuerdos me llevó hacia la iglesia. Estaba como la recordaba, más deteriorada, pero majestuosa como siempre. En la penumbra, reconocí el sepulcro de mis antepasados y, sobre él, un gran ramo de lirios frescos. En uno de los bancos, estaba Ella esperándome. Aquí estoy, le dije.
Escrito por Mª Luisa Pérez Rodríguez

Novia con hándicap

A Eloísa le gustaba mucho enamorarse, ya fuera de un buen mozo, de un casado, de un juglar, de un lancero real... Imaginaba fantasías que le colmaban de gozo y le dibujaban una sonrisa irresistible. Sus paisanos nunca le correspondieron ni por cortesía. Pena. Era hija del verdugo del rey.
Escrito por Juan Badaya - Web

El urbanita intrépido

Cuatro días en la estepa kirguisa habían alterado los planes de su sofisticado aparato digestivo. La austeridad de la yurta y una alimentación basada en carne de caballo hallarían su feliz desenlace bajo el confort de aquella pensión rural.

Confrontado por aquella oquedad en el suelo, sopesaba ahora sus opciones.
Escrito por Álex Garaizar

Mejor relato de junio de 2018

40 autores habéis ordenado de más a menos favorito los ocho finalistas. Por cada votación, se les ha asignado 10, 8, 6, 5, 4, 3, 2 y 1 punto. Estos son los resultados:

Cambio de rasante, de La Marca Amarilla - 258 puntos
El Cambiapieles, de Antonio Bolant - 210 puntos
Fe ciega, de Manuel Menéndez Miranda - 198 puntos
Caballo perdedor, de Matrioska - 184 puntos
Muerto el perro se acabó la rabia, de Mable - 180 puntos
Naturaleza muerta, de Daniel Castillo - 179 puntos
Retrocuento de la lechera, de Rafa Olivares - 177 puntos
Escritor accidental, de Ángel Saiz Mora - 176 puntos

Las dos caras de enero

Éramos como dos extraños en un tren. Yo tenía una afición peligrosa, amarte. Tú, ese dulce mal de ser un alma a merced del viento. Solo quiero escapar contigo de esta celda de cristal. Ser pájaros a punto de volar. Abandonar este mar de fondo. Y convertirnos en cadáveres exquisitos
Escrito por Pedro Rodríguez

Hasta la sepultura

Así, en la tranquilidad, los celos llegaron.

Él supo compenetrarse con ella como nunca lo hice. Creó una relación que siempre envidié. Siempre lejana, evasiva, hasta que se fue.

Me llegaron una carta, una receta y una dirección. Al llegar pude contemplar su lápida con la frase: Siempre te amé.
Escrito por Ricardo Rodríguez Sánchez

Asesinando la primavera

Era septiembre, ella juntaba las flores, las rompía una a una y anhelaba el invierno.

Él la espiaba de lejos sin importar las estaciones, la miraba desde su ventana, y la deseaba.

Un día logró llevar a cabo su plan: rompió sus pétalos uno a uno y borró su sonrisa.
Escrito por Brisa Hoyos

Sólo te queda lo que das

Lo aprendí bien de mis padres: poner todo mi ser en cada pequeña acción cotidiana. La receta funciona, cuando se cierra una puerta, se abre una ventana.

Aún hoy, a pesar de mis sombras, intento ser luz titilante en la oscuridad.

Por alguna razón los hombres grises no lo entienden.
Escrito por Chispita

Los peligros de la red

—Los leones no atacan si no están hambrientos —dijo mi guía mientas nos acercábamos para la foto —y hoy ya han comido.

La pose duró apenas unos instantes, lo justo para que la fiera los devorara sin contemplaciones.

"Estoy de Facebook hasta la melena", pensó el felino ahíto pero iracundo.
Escrito por Jesús Manzaneque Fraile

Le llaman justicia

"No seas impaciente", le dice a su hijo que, enfurruñado, tuerce el gesto, sin protestar.

Los hombres cogen una piedra, forman un círculo y el alcalde lanza la primera.

El padre da la pequeña al niño, que la tira con rabia, hasta que su madre, la adúltera, se queda inmóvil.
Escrito por Gloria Arcos Lado

Si te lo quitan todo...

Cuando asesinan a tu padre o a tu madre, o a ambos; cuando te apresan un hermano o una hermana, o ambos; cuando apalean a tus tíos, a tus primos; ¿qué te queda entonces?

Si vives en Gaza, acaso una mochila y unas ganas enormes de marcharte, de volar lejos.
Escrito por José Antonio Barrionuevo - Twitter

La banda sonora

La música entraba en escena, irrumpían con fuerza los instrumentos de viento: oboes, flautas y clarinetes; de repente, los de cuerda acariciados, raspados y punteados daban la nota. Por último, con maestría y alegría, redoble de percusión.

—Paco, la última vez que ceno contigo como te traigas a la orquesta.
Escrito por Rubén José Huertas Rojo - Web

La estatua

De día, sobre su pedestal, con gesto grave mirando a quien quiera mirarle y su mano en la empuñadura de la espada, hace las delicias de los niños que escalan hasta la corona. De noche recoge bártulos y monedas, sonriendo y deseando volver a su parque a la mañana siguiente.
Escrito por Xurde

Egocentrismo extreme

Desde pequeño siempre disfrutó acaparando todas las miradas. Pero aquel día, ser el centro de atención le dejaba más bien frío. Y en cuanto el ataúd se cerró, supo que se arrepentiría eternamente de haber estrellado el coche para llenar sus oídos de elogios, de llantos y de pésames sinceros.
Escrito por Stbn

Cambio de rasante

Cuando nos avisaron de la muerte del tío Joaquín, papá, muy afectado, tomó tres copas antes de coger el coche. Hicimos el trayecto en un vuelo, ni nos enteramos. Por eso sorprendió que nadie nos saludara cuando llegamos al velatorio, sólo el tío Joaquín dijo:

—¿Qué hacéis aquí tan pronto?
Escrito por La Marca Amarilla
Elegido mejor relato de junio de 2018

Un dios inmortal

Una vez naufragué en una isla donde sus habitantes vivían sólo un día: nacían al amanecer y morían cuando amanecía el día siguiente. Cuando les dije que yo vivía años enteros me adoraron como a un dios.

Desde entonces veo el tiempo de otro modo; me da tiempo a todo.
Escrito por Luis Goróstegui - Twitter

Fondo de armario

La escafandra es para sacarte a flote. La pamela, para abanicarte la solemnidad. El birrete, para gaudearnos igitur. La boina, hasta las orejas, para no escuchar la risa de la helada. El turbante, para cabalgar sobre la arena. La chistera, para caernos dentro. Y la gorra, para pedirte la voluntad.
Escrito por Patricia Richmond - Web

Crisis cervantina

―Boberías, Sancho, hoy la banca procura caudales.
«Lentejas, que es viernes... siete maravedíes».
―Solo el dispendioso no arriba a fin de mes.
«Saco de alfalfa... otro para el rucio... diez maravedíes».
―Vuesa merced, paréceme más bien que acabó la costumbre de confesarlo.
―Mañana carnero, apunta, Sancho.
―No alcanza, vuesa merced.
Escrito por María Sotés

Retrocuento de la lechera

—Tranquilo, no te impacientes, aún tengo que conocer a tu padre, que empecemos a salir, que se declare, que estemos de acuerdo en la casa, los muebles y las cortinas, que nos casemos y que decidamos tenerte —le dijo al bebé, ansioso por agarrarse al pezón para succionar su alimento.
Escrito por Rafa Olivares - Web

Desperté sin saber

Desperté sin saber que ese día marcaría mi vida. Caminé tranquila pensando en mis proyectos, ignorante del desastre que se aproximaba. El cielo no me avisó. El reloj no se detuvo. Mi corazón no se aceleró. No doblé en la calle que me salvaría. Ese maldito día, amor, te conocí.
Escrito por Marisa Villar Arranz - Twitter

Mientras te piense

Ha visto su rostro reflejado en el espejo esta mañana... Ha sentido sus manos sobre su cuerpo al acostarse... Ha vislumbrado su espalda cruzando rápidamente la avenida... Ha mirado sus manos apoyadas en el borde de la mesa de un bar...

Sabe que ha muerto... Su memoria no quiere saber.
Escrito por Elisa Mancuso

Cuestión de colores

Creció con la idea del príncipe azul. Del alma gemela de las leyendas chinas. Y tener una vida de color rosa.

Pero cuando el "hilo rojo" de su destino le apretó la garganta, hacía ya mucho tiempo que su vida la coloreaban en morados y negro.

Su existencia fue gris..
Escrito por María Galerna

Punto final

Había llegado el día en que se sintió demasiado cansada por una infinidad de cosas... Que si ese enorme anhelo de ser aprobada por los demás... o la inundación de su interior a causa de aquellas miradas punzantes.

Se quedó pensando un largo rato y exclamó muy decidida:

—¡No más!
Escrito por Irina D. - Web

Uno más

Cuando se juntaba con el grupo se sentía alguien.

"¡¡Mamá, no me digas lo que tengo que hacer!! ¿Te crees que soy todavía un niño?".

"¡Voy a demostrarte de lo que tu hijo es capaz!".

Sólo al verse en las noticias, comprendió que la culpa no era solamente de ella.
Escrito por Rafael Domingo Sánchez - Twitter

Caminos

Ha muerto en paz tras una vida plagada de las cosas más mundanas, después de andar miles de veces por senderos domesticados, algunas sudando para mantenerse en forma, uno solo alcanzando nervioso el tabernáculo, otros antes para empezar a aprender, y así hasta el primero al poco de haber nacido.
Escrito por Antonio Ortuño Casas - Web

Locus amoenus

Regreso, años después, al lugar en donde fuimos dichosos. Los troncos han curado las heridas de nuestras iniciales. Escucho la melodía del agua que discurre en arroyos límpidos y sé que repite tu nombre con la armonía de los vidrios que gimen lo efímero de tu paso por el mundo.
Escrito por Carmen Cano - Twitter

Iba vacío

Ya no me sorprende nada. El coche negro venía a gran velocidad, dispuesto a atropellarme. La música, como la velocidad, se oía de lejos. El conductor debía ser suicida o al menos temerario. Pasó rozándome.

Entonces me di cuenta de que era de la funeraria. Yo creo que iba vacío.
Escrito por Gil Hernando de Santiago - Web

Hechicería

"Apéguense", dijo el prestidigitador. Encajó una señora encima de un niño; un árbol en una moto; un peluche gigante en la tarima de un político; un enjambre de avispas en un baño portátil; un colchón encima de una casa.

Luego regresó a su casa, contó las propinas y bebió cerveza.
Escrito por Mauro Marino Jiménez - Web

Cuento real

La doncella besó la rana. Apareció el príncipe soñado, quien la hizo suya.

En el castillo fue recibida a ritmo de trompetas. Festejaron el ceremonial rematado por banquete pantagruélico.

De copas de oro libaron reserva corinto. La bandeja de plata ofreció al soberano la pechuga y muslos de la enamorada.
Escrito por María Jesús Briones Arreba

Traduttore traditore

Mantenían una relación compleja, pero el envarado escritor nórdico nunca imaginó que la sangre llegaría al fiordo. Un pequeño matiz fue suficiente para transformar al envidioso traductor en su "asesino a sueldo". Cuando adivinó, entre líneas, aquel mensaje subliminal, convertirlo en móvil sólo fue un exagerado tic de deformación profesional.
Escrito por Javier Igarreta Egúzquiza - Web

Correo reiterativo

Entre los correos de mi bandeja de entrada, hay uno que remite un tal Mefistófeles, en el que me pide que dé mi conformidad para permanecer en su lista, por tener que adaptarse a la nueva ley de protección de datos.

Tengo el correo configurado para contestar que SÍ automáticamente.
Escrito por Irreverente inadaptado - Web

Amistad

Lo único que las unía era la amistad misma. A Laura le hacían una cesárea programada el martes y Carmen daba una conferencia en Oslo; pasaría algún tiempo hasta que volvieran a comer juntas. Para entonces la vida las habría separado un poco más, y ellas seguirían unidas como siempre.
Escrito por Aurora Baeza

Paula

Nunca supe bien si los astros orbitaban conociendo nuestras vidas. Si el tiempo avanzaba indiferente o si el espacio nos observaba impasible. Si los elementos fluían, reposaban o ardían respondiendo al azar. Si todo, en fin, desde su origen había seguido un propósito. Hasta que te tuve en mis brazos.
Escrito por Enrique Mochón Romera - Twitter

Ella viaja al infinito

Se levantó y comenzó a caminar entre sombras grises, secándose las lágrimas y, casi de forma increíble, desatándose de la opresión de tantas penas y desengaños vividos los últimos diez años, llegó. Lo toma de la mano, lo hace elevarse en un viaje lleno de abrazos, sensaciones e infinito placer.
Escrito por J. Jesús Martínez M. - Twitter

A otro perro con ese cuento

La abuela, el leñador, el guardabosques y Caperucita le tendieron una emboscada.

El lobo, que sabía de antemano la intención provocadora y de deshonra hacia él, prefirió eludir enfrentamientos y evitar una cacareada masacre.

Harto de ser siempre el malo de la historia y tragándose su orgullo, escapó del cuento.
Escrito por Isidro Moreno Carrascosa - Web

Di (putada)

Subo al coche de gama supina, el arco iris de la confortabilidad y la ergonomía. Estoy en un sin sentir en la carretera secundaria que conduce a mi mega galáctico chalet. No responden los frenos. En mi entierro, quizá pueda decir las únicas palabras no prostituidas de toda mi existencia.
Escrito por Eduardo Martín Zurita
Dedicado a Agustín Martínez Valderrama

Humanidad

Cuando aprobaron la pena de muerte contra el maltrato animal, hubo manifestaciones en diversos lugares del país. En algunas ciudades la policía antimotines recurrió a choques eléctricos para dispersar a la multitud.

Los mayores disturbios ocurrieron en la plaza del Bolívar Desnudo. Cientos de animalistas lo querían bajar del caballo.
Escrito por Pedro Elías Martínez - Web

Todo en juego

Busqué en el fondo de aquel plato tan hondo y no hallé ninguna respuesta acerca del huésped sospechoso. Sin duda, él tenía la clave y la llave del baúl. Sí, en el baúl estaba el comienzo de mi nueva vida, pero antes debía hacer algunas llamadas para proteger mi persona.
Escrito por Jorge LP Logan - Web

Su sed

"Como se secan las plantas, como se secan los lagos... Como se secan las fuentes, como se seca mi alma, como se seca mi vida".

Las palabras navegaban entre los surcos que cruzaban el desierto de su memoria.

Se levantó. Abrió el grifo.

Lentamente, bebió el agua de la vida.
Escrito por Salvador Pérez Salas - Twitter

La búsqueda

Todos los días viene algún policía pidiéndome la documentación. Les digo lo que busco y que no encuentro ninguno. Entonces se van, pensativos. Así pues, de momento puedo seguir viviendo en esta tinaja con la lámpara encendida. Aunque temblando, porque al ser griego me pueden aplicar la ley de extranjería.
Escrito por Pepe Sanchis

Excluidos

Las palabras organizaron una gran fiesta. No invitaron al silencio pensando que él nada tenía que decir. Este, al enterarse, irrumpió en la sala haciendo gala de su gran manto, y las palabras, atónitas, enmudecieron.

Después, satisfecho de su elocuencia, salió sigiloso. A lo lejos vislumbró a su amiga soledad.
Escrito por Juana Mª Igarreta Egúzquiza - Web

Ruptura inconveniente

Juan salió con lo puesto. Había perdido algo importante: Amanda le había robado el alma y ahora su cuerpo era un figurín sin conciencia, sin moral y sin rostro, una fría percha de madera que sostenía su traje de ejecutivo prepotente y artero. Nunca pudo volver atrás. Dejó de ser.
Escrito por Lu Hoyos

La tejedora de todas las fantasías

Afila su imaginación, prepara el lapicero y reparte sus cuentos en La Puerta de la Esperanza. A los enamorados se los perfuma con jazmín. A los mentirosos les vende retales de alguno que desechó. Y a los perdedores les regala historias de una heroína anónima que superó todas las adversidades.
Escrito por Pablo Núñez - Twitter

Mateo 24, 44

Jesús regresó varias veces. En el siglo V ordenó ejecutarle Cosroes II. En el siglo XIII fue quemado por herejía. En el siglo XVII lo asesinaron unos soldados suecos. En el siglo XX fue encerrado en un manicomio. En el siglo XXI se hizo tuitero y acabó en la cárcel.
Escrito por Plácido Romero - Twitter

Escritor accidental

Le quedaba poco dinero para terminar el mes. Su abogado le habló de una zanja en la que podría tropezar y romperse otro hueso. Fue hacia allí. Tras pasar por el hospital, el eficaz letrado, de nuevo, se ocuparía de lograr del ayuntamiento la mejor indemnización. Él, solo de escribir.
Escrito por Ángel Saiz Mora

La última función del Roma

De niña pasaba el trago con chocolatinas. Nunca le gustó el circo: trapecistas mareantes, magos engañosos y animales disfrazados.

Se enamoró del aire de payaso de Augusto. No cobraba entrada. Bueno, los sábados noche sí. 

Últimamente necesita un par de ginebras como aquel cacao en el mayor espectáculo del mundo.
Escrito por Cristina Aguas

¿Estamos desmoralizados?

Cleantes, un humilde jardinero, acabó dirigiendo la escuela estoica con 50 años.

Inspirado por esta historia, el joven Harry decide emularle. Tiene un trabajo en Correos que le asfixia. Decide estudiar Filosofía pues solo ahí encuentra cierto sosiego. Al final, decide dejar atrás su vida para buscar la Verdad.

Pobre.
Escrito por El pillo Merlín

Caballo perdedor

La suerte, la mala, se adhirió a mi piel tras nacer. Enraizado en mi fragilidad, sucumbí ante falsos cantos de sirena que me malearon debilitando mis alas hasta que una negra noche, en un negro portal de un negro callejón, un último caballo plateado galopó desbocado por mis venas, quebrándolas.
Escrito por Matrioska - Web

No puedo irme

Tengo que mejorar mucho y seguir. Todavía no puedo irme. La primera vez que aterricé en París estaba deseando verle. Fue a su regreso de la guerra.

Es un gran padre cuando está sobrio. Y estoy tan cansada de mantenerlo. Sé que nuestra familia es lo único que nos une.
Escrito por Luis Avellano

Esperando la suerte

La vida es esa bola que nos atrapa siendo incapaz de soltarnos sin dejarnos ilesos. Mientras tanto, nosotros, eternos aspirantes a indemnizados, lanzamos ruletas de una fortuna que, cegada por dar el gran salto, solo roza las casas que mantienen puertas cerradas y techos sin abuhardillar.

Mañana jugaremos de nuevo.
Escrito por Malu

Lluvia

En el medio de la calle sentía cómo la lluvia empapaba su frágil cuerpo, hacía tiempo que no escuchaba el latir de su corazón. El agua persistente consiguió, por fin, arrebatarle su alma que, deslizándose entre los charcos, se alejó hasta desaparecer de su vista. Se arrodilló rota y vencida.
Escrito por Isabel Mora

¿A qué suena el vacío?

Volteó al cielo, miró más allá de donde debería estar el dios del que tanto escuchó hablar; comprobó que ya no existe.

Su pregunta resonó en la vaciedad entre planetas, asteroides, satélites y soles. La respuesta le rugió en las entrañas, el estómago le dolía de tanto aguantar el hambre.
Escrito por Cristopher Josué Escamilla Arrieta - Twitter

Al atardecer

Azim lloraba. Picado varias veces por las avispas, parecía un Ecce homo. Le veía corretear, como si las carreras aplacaran su dolor.

Al atardecer llegaron los aviones, dispuestos como avispas a acribillarnos. Padre no llegó aquella noche, tampoco las que siguieron. Frente al fogón nos acurrucábamos: mamá, Azim, y yo.
Escrito por Carmen Hinojal

El hada y la bestia (Tríhada III)

El orco bizqueó ante la pequeña criatura alada que yacía sobre el hielo. Acercando su inmundo hocico, le infundió calor con su aliento de cloaca. Despertada del mortal letargo, el hada se iluminó ante la tierna mirada del engendro. Sin dudarlo, le entregó su varita mágica; es decir, su corazón.
Escrito por Manuel Bocanegra
Parte I | Parte II | Parte III | Epílogo

Motivos de alegría

Tendrá que buscarlos porque la tristeza no le abandona por la orilla de los días. En los pasos perdidos se detiene a mirar alrededor y en la luna del escaparate, se ve, se reconoce. Entonces amaga una sonrisa, da la vuelta a la esquina para seguir buscando esa alegría perdida.
Escrito por Carmen Martínez Marín - Web

Naturaleza muerta

Invento cada día un nuevo arreglo que me permita recordarte: coloco tu planta preferida al lado del sofá, tu jarrón de porcelana sobre el mantel floreado, mis cuadros al óleo frente a tus jarrones chinos. Pero nada parece hacer juego con tu cabeza ladeada graciosamente sobre el centro de mesa.
Escrito por Daniel Castillo

La sospecha

—¡No rompan el papel de los regalos! ¡No rompan el papel de los regalos! —insistían papá y mamá, contrariando lo que indica la tradición.

Mi hermana y yo comenzamos a sospechar cuando Papá Noel, los Reyes Magos y hasta el conejo de Pascua nos dejaron regalos con el mismo envoltorio.
Escrito por Rubén Faustino Cabrera - Web

El tamaño de un garbanzo

Ella los sentía cerca. Aunque no conociera sus rostros, ni el tono de sus voces, los leía. Jugaba a analizar sus estilos, a psiconalizar sus microrrelatos...

Pero, ¿eran sus amigos? ¿Era eso conocer? (Quizá una, muy intima).

De todas formas sentía la necesidad de anunciarles que estaba esperando un bebé.
Escrito por Raquel Tevas Cisneros

Game over

Primero decretó el ajusticiamiento de sus hijos, hermanos y sobrinos. Después ordenó que todos sus bienes pasaran a manos del pueblo. Como colofón, que cortasen su propia cabeza.

Las creencias de su consejero, un viejo republicano infiltrado en la corte, habían calado profundamente en el último rey sobre la tierra.
Escrito por Rafa Sastre

Ellos esperan afuera

"¡Ay, madre, qué miedo tengo. He de salir a la calle, afuera esperan ellos, los que desean sangre! ¡Ay madre, me han de matar y no puedo evitarlo!".

Y lo mataron. Y no pudo evitarlo, deseaban sangre. Lo dejó escrito él mismo, Joseba Pagazaurtundua, una buena persona. ¡Ay, madre, ay!
Escrito por Carmelo Carrascal

Una habitación con vistas

Qué maravilla. Cuando llegué a la ciudad, no pensaba encontrarme con tanta belleza. Qué iluminado está todo. Y qué hermosas esas esculturas. Y las rosas. Ojalá pudiera verlas mi madre. No, por favor. No cierre aún las contras. Ya sé que hace frío. Yo también lo sufro bajo el cobertizo.
Escrito por Jesús Garabato Rodríguez

JFK

Sus enemigos eran muchos y poderosos y deseaban su muerte. Incapaz de soportarlo, aquel 22 de noviembre de 1963, en Dallas, aceptó su fatal destino. Y, junto a su esposa Jacqueline, representó lo mejor que pudo el papel de ser el cuarto presidente de los Estados Unidos que moría asesinado.
Escrito por Enrique Angulo - Twitter

Orgullo y perjuicio

Mi padre, albañil de profesión, se dedicaba a la reforma integral de interiores. Llegaba cansado, apenas hablaba y poseía un reservado sentido del amor. Aún recuerdo su olor, amalgama de cemento y tabaco negro, y esa innata tozudez que le impidió culminar su obra más importante: reformarse a sí mismo.
Escrito por Loli Regs

On / Off

Sus temblorosas y arrugadas manos resultaban arcaicas para el mundo digital.

Creyéndose inservible, aguantó veinte minutos de rodillas con la cabeza dentro del horno. Nada, ni un leve mareo. Una luminosa "E" parpadeante y un molesto pitido confirmaron su obsolescencia. Dirigió sus trémulas piernas hacia el balcón. Sencilla apertura manual.
Escrito por Álvaro Abad

Lo que yo tenía por decir

Cada vez se veía más lejos de lo que quería plasmar. Trabajó de noche para rebuscar mejor en él. Con la mente blanca, un escalofrío le recorrió al caer en que no tenía nada que decir. Quedaba entender que tenía que mirar fuera antes de hacerlo sólo en sí mismo.
Escrito por Javier Díez Martín - Web

El silencio de las hadas

Mientras mamá se atrincheraba en el piso, la abuela rescató los libros y los cuentos. Luego, me dio su mano firme y nos pusimos a salvo frente al portal. Ella, rendida, esperaba un milagro. Yo, suplicante, invocaba a las hadas. Pero llegó antes la policía con la orden de desahucio.
Escrito por María José Escudero