La cabeza bien alta

Kallistos regresó de Delfos fatigado y con ampollas en los pies.

—¿Qué vicisitudes te reveló el oráculo, Kallistos? ¡Cuéntanos! —le imploraban en la polis. Él mantenía su semblante imperturbable.

—Los asuntos de los dioses deben permanecer con los dioses.

Antes ejecutado por Zeus que reconocer que no vio absolutamente nada.
Escrito por Álex Garaizar

9 comentarios :

  1. El orgullo y el no saber reconocer un fracaso, alimenta fantasías que no van a ninguna parte. La honestidad y la sinceridad son virtudes necesarias que ayudan a avanzar, pero no todos tienen el valor de admitir errores y desmontar creencias.
    Buen relato para la reflexión.
    Un abrazo, Álex

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  2. Carmelo Carrascal30/10/18 18:00

    Sí, es un relato para la reflexión. En concreto sobre el
    sentido y funciones del silencio, eso creo.

    El silencio tanto sirve a la discreción como al ocultamiento, a contenidos de alta densidad como al vacío. Kallistos recuerda a esas personas que dejan caer que mejor que no hablen, que no les hagan hablar. Prefieren no decir todo lo que saben, exteriorizar lo que ellos opinan, pues hacen ver que lo que callan son enormidades. Pero lo cierto es que no dejan de ser banalidades, fruslerías, vacuidades. Se dan importancia, pavonean, y manejan silencios que en esos casos rebosan vacío.

    Un cordial saludo, Álex!

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  3. Salvador Pérez Salas30/10/18 18:16

    Del exterior saltas al interior del personaje describiéndolo con una frase genial.
    El orgullo del necio mantiene una cohorte de otros, más necios que él, pendientes de sus palabras y, por lo tanto, bajo su poder o autoridad.
    Buen final.

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  4. Somos dueños de nuestro silencio, según se dice, y el que sabe administrarlo domina a los demás. A falta de palabra cierta los seguidores elaborarán un relato mitificando al líder y de ahí a una nueva religión, media un oficio, un sacrificio y una letanía impenitente.
    En forma y fondo, me parece un excepcional relato para despachar este mes, conjuntando reflexión y cierto sarcasmo que deja un ácido gustillo a crítica que le viene que ni pintada.
    Esto y un fuerte abrazo, capitán Álex.

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  5. Josep Maria Arnau30/10/18 23:51

    Tu relato me ha gustado, Álex. Por sus posibles interpretaciones y significados.
    Así se mantienen las falsas creencias. Con creyentes predispuestos a escuchar lo que sea que no las cuestione y con hábiles manipuladores que lo saben… y se las apañan para, pase lo que pase, acabar siempre con la cabeza bien alta.
    Un saludo.


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  6. Con qué sencillez, con qué pocas palabras has conseguido llevarme/llevarnos a la Grecia Clásica. Te agradezco inmensamente esta experiencia.

    Enhorabuena, Alex.

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  7. No quiere reconocer el fracaso respecto sus expectativas (y la de los demás). Prefiere ir con la cabeza bien alta entre los mortales a complacer a los dioses en las alturas (de donde parece que no le llegó revelación alguna).
    Demasiados hay que no van con la verdad por delante.
    Un beso, Álex.
    Carme.

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  8. Enrique Angulo4/11/18 12:19

    De entrada, ese Kallistos de tu microcuento desvela un defecto humano, demasiado humano, por recordar a Nietzsche y uno de los microcuentos finalistas del mes pasado, y no es otra que la de enrocarse en la creencia, en la ideología y, aunque la realidad la desmienta de continuo, no por ello dar el brazo a torcer, tal ha sido así a lo largo de la Historia, que tales fanatismos han supuesto grandes tragedias para multitud de pueblos, naciones y hasta imperios.
    Por otro lado, aparece la religión de la antigua Grecia –pero la historia se podría hacer extensible a todas las religiones-, con ese famosísimo oráculo de Delfos donde la sibila, tras entrar en trance, emitía sus predicciones, las cuales, solían ser tan ambiguas que lo mismo podían significar una cosa que la contraria.
    Hay una anécdota sobre el rey Creso –famoso por sus riquezas-, el cual recibió en Delfos una de esas sentencias que le aseguraba que un gran ejército sería destruido, Creso creyó que sería el de su enemigo, el rey Ciro de Persia, pero fue su propio ejército el que sucumbió.
    Y así nos luce el pelo, entre autoengaños, supersticiones, mentiras, absurdas creencias y sectarismos variados.
    Un abrazo, Álex.

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  9. Muchas gracias a todos por los comentarios, sois muy amables. Efectivamente, es un relato sobre el orgullo y el aparentar, algo que vemos constantemente a nuestro alrededor pero que es universal y atemporal. ¡Abrazos!

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