Lectura prohibida

A diferencia de otros internos del manicomio, la Srta. C. sabía perfectamente cuándo había perdido la razón. El Dr. Beds hablaba de la evolución de la demencia, pero se equivocaba. Ella se sentó a leer una tarde, perfectamente cuerda, y cuando levantó la mirada del libro había enloquecido por completo.
Escrito por Aurora Baeza

14 comentarios :

  1. Te vuelvo a repetir que tienes un don especial para poner títulos a tus magníficos relatos. Además de eso, eres una excelente relatista que escribes como los ángeles con una capacidad muy difícil en este reino de cincuenta donde casi todo está escrito: la originalidad.
    Me encanta tu lectura prohibida, los nombres de tus personajes (Srta C. y Dr. Beds (Camas)) y el resultado por el que ella enloquece debido a una lectura, sin ningún tipo de evolución como dice el Dr.
    La verdadera protagonista del relato es esa lectura prohibida, tan bien apuntada en el título, que como todo lo prohibido, nos gustaría leer.
    Me encanta de cabo a rabo, Au.
    Un besazo.
    Pablo

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    1. Muchísimas gracias por tu comentario, siempre tan amable, Pablo. En efecto, la protagonista es la lectura y el poder que tiene de abrir los ojos a quien lee. En el fondo me parece a mí que la Srta. C. no está loca sino que por primera vez, ve las cosas con cordura... Por eso ha habido tantos lugares y tantos momentos a lo largo de la Historia en los que ha estado prohibido leer determinados textos.
      Un abrazo, Au.

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  2. La Srta C. sufrió un accidente que condicionó su vida, tras hacer algo tan aparentemente inocuo como leer. El Dr. Beds, con toda su preparación, podrá decir lo que quiera, pero ella conoce mejor que nadie la causa de su demencia, como también, que si pudiera dar marcha atrás al reloj volvería a hacer lo mismo. Esa lectura prohibida es demasiado atrayente. No debemos culparla, seguro que a muchos nos sucedería lo mismo.
    Un relato imaginativo y original.
    Un abrazo, Aurora

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    1. Toda la razón, Ángel. La Srta. C. hubiera hecho lo mismo aunque hubiera sabido que iba a acabar en el sanatorio del Dr. Beds, que por su parte, es de esos médicos de principios de la psiquiatría a medio camino entre la medicina y el esoterismo.
      Gracias por tu comentario. Un abrazo, Au.

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  3. ¡Y si se tiene que enloquecer, se enloquece! Pero no hay quien se resista a una lectura prohibida. Parece que a la Srta. C. le resultó irresistible. El pobre Dr. Beds no tiene nada que hacer. Un abrazo.

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    1. Si hasta creo que sigue leyendo a escondidas en el manicomio, cuando todos los demás internos duermen... o no; quizá en ese sanatorio todos leen a esos autores que nos han permitido enloquecer un poco y hacernos cada vez más cuerdos.
      Gracias por tu comentario. Un abrazo, Au.

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  4. Josep Maria Arnau8/12/18 12:42

    Me ha encantado tu relato, Aurora. Genera una gran inquietud mientras uno sigue y sigue reflexionando sobre su verosimilitud. Enhorabuena.
    Un saludo.

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    1. Una mujer leyendo ha sido un anatema en muchos lugares y momentos de la historia. La lectura es como un virus que, una vez inoculado, prospera en forma de luz, de imaginación, de entendimiento y conocimientos. Espero que podamos acabar todos tan locos de remate como la Srta. C. sin que nos envíen a lugares como el sanatorio del Dr. Beds. Gracias por tu comentario.
      Un abrazo, Au.

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  5. Pilar Garrido Aláez8/12/18 17:22

    A veces la vida da una vuelta de tuerca y sin darte ni cuenta, todo cambia en cuestión de segundos.
    Supongo que eso pasa en la realidad, igual que a tu protagonista.
    Un abrazo, Aurora

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    1. Gracias por tu comentario, Pilar. El relato está vagamente inspirado por una persona cuya vida cambio cuando, tras un diagnóstico, leyó y leyó y leyó hasta que supo demasiado y tomó consciencia de hasta qué punto su vida había cambiado.
      Un abrazo, Au.

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  6. Qué gran placer cuando consiguen arrancarte una sonrisa previa a concluir la lectura. Tal vez haya enloquecido también yo. Te agradezco que hayas compartido esta experiencia con todos.

    Gracias, Aurora.

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  7. Me alegra que el relato de la Srta. C. te haya hecho sonreír. El Dr. Beds, no tiene ni idea: la Srta. C. está mucho más cuerda de lo que haya estado él nunca.
    Gracias por tu comentario.
    Un abrazo, Au.

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  8. Buen relato, lo único que no consigo averiguar porque esa Srta C. y ese Dr. Beds, no creo que sean al azahar o si.

    Un saludo.

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  9. Nadie sale indemne de una buena lectura. Si estaba prohibida y transtornó a la protagonista, era la mejor elección que pudo haber hecho. Loca, ¿y qué? Feliz y abierta a nuevos mundos secretos, opine lo que opine el Dr. Beds con sus sospechosos métodos.
    Muy original, Aurora. Besos.

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