Inconsolable

Su pena, redonda como una bola, le llenaba todo el pecho. Le recomendaron aquel libro de autoayuda. Ella y su pena lo leyeron, escépticas. Al terminarlo, la pena se había ido. Esperó paciente la cola en la feria del libro. Y cuando llegó ante el autor, le descerrajó dos tiros.
Escrito por Tomás del Rey - Web

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