Ya es tarde

Íbamos directos al desastre tan temido. Alguien sugirió no decir nada más al respecto, como si callando el problema dejara de existir. Otros ya intuíamos que podía pasar lo que pasó.

Cuando las luces se apagaron definitivamente y sonó el primer acorde de la película todavía estábamos discutiendo la cartelera.
Escrito por Rafael Domingo Sánchez

El canto de la sibila

—Hija de Babilonia, descendiente de Noé, oráculo en Delfos, temblad, oh, humanos, yo profetizo para tiempos venideros la extinción del Mediterráneo.

Una emoción intensa traspasa el silencio del público asistente. La voz de la doncella alcanza las bóvedas del templo. En el altar suenan los últimos acordes del maestro Savall.
Escrito por Carmen Cano - Twitter

Miedo

Terminará la función, como siempre, sin haber empezado. Convencía fácilmente a la audiencia con su labia; era voraz con el acento; como moderador sabía mediar ante cualquier conato de boicot, de aquellos que no comulgan con la doctrina que va imponiéndose por decreto. Hoy, como siempre, después no habrá sesión.
Escrito por Antonio Ortuño Casas - Web

Otra vuelta al sol

Siempre se me dificulta sobrevivir al Invierno, aunque me prepare llenando el hormiguero de mi cuerpo con los besos que te robé. Recostada sobre el pasto, entrecierro los ojos. Infinidad de destellos que penetran mis pupilas. Respiro hondo, necesito beberme toda la primavera de un sorbo. Otra vez logré salvarme.
Escrito por Silvana Alexandra Nosach - Facebook

Al punto

El sol caía a plomo, aunque no parecía importarles. Sobre aquel pedregal polvoriento, daban patadas desganadas a lo que su madre, por la mañana, les había dejado para que jugaran. Acercándose la hora de comer, los llamó.

—Chicos, traedme la cabeza del misionero. Ya estará blandita. ¿Cómo queréis las hamburguesas?
Escrito por Jesús Garabato Rodríguez

El reloj mágico

Alguien le advirtió que en aquella extraña relojería recompraban tiempo mediante extrañas transacciones y pactos. ¡Vaya broma! Otro bulo vertido en internet. Pero, al fijarse en la pulsera que acababa de comprar, se estremeció.

Estaba anocheciendo y marcaba mediodía. En la esfera del reloj, sus agujas giraban en sentido contrario.
Escrito por Francisco Rubio Yepes - Web

El gobierno nos miente (La ciudad sin alma IV)

Cuando murió Lucía, lo único que significaba algo para mí era la venganza.

Mis contactos en el CNI me permitieron escuchar rumores sobre una estación submarina en la que el gobierno había trabajado. Vi los planos en el despacho de Saavedra.

—Fue orquestado... desde el principio —musité—. Murió por nada.
Escrito por Raquel Tevas Cisneros
Parte I | Parte II | Parte III | Parte IV

No todo cabe en 50

Aprendió a sintetizar. Ahorraba palabras en cada escrito. Hacía sólido lo que antes era un humo disperso.

Pero las letras guardadas se aliaban, formaban frases, párrafos enteros. Pugnaban por hacerse visibles y ser leídas. Cuchicheaban entre ellas planeando dónde y cuándo sería el mejor lugar para hacerlo. 

¡¡En los comentarios!!
Escrito por María Galerna

Contrastes

Horas muertas aposentadas en el rostro de un tiempo disipado. Todos los relojes se detienen en las doce de la noche. Fuera, la vida sangra su locuacidad de vino y verbena. Aquellas ventanas jamás volverán a abrirse. Mientras, continúa la algarabía, ajena a la muerte injusta que rompe el silencio.
Escrito por María José Viz Blanco

Éxtasis

Iba retrasando y con prisa de llegar a la redacción. Había cierre de revista y todavía no teníamos los textos de portada.

De pronto, una linda muchacha se cruzó en mi camino; qué porte, qué cadencia al andar. Era una ricura de mujer; me quedé embelesado y no pude frenar.
Escrito por Juan Manuel Valero - Twitter

La comezón de los pobres

Comezón, terrible comezón en la palma de la mano. ¡Ciérrala rápido, es plata! Si en una, la recibes; si en la otra, lo entregas. Pero... ¿en cuál era? ¡Qué importa! Si ahorita pican las dos.

Claro, mañana cobras, pagas el cuarto, apartas para comida, bondi, puchos, y... ¡Vuelta a yugarla!
Escrito por Elisa Mancuso

Tiempos peligrosos

Cerca de las 8:00 pm adultos y niños regresan juntos de una reunión evangélica, platican animadamente sin sospechar el peligro que se les avecina. De repente, un carro a gran velocidad, desde el cual un imbécil les dispara una ráfaga.

Algunos se encontraron con su creador, otros escribieron esta historia.
Escrito por Eliezer Sánchez - Facebook

Malos tiempos

Antonio escupió, asqueado, dentro de la taza.

—¿Esto qué demonios es?

—El banco ha cobrado treinta euros de comisión por un día de retraso en la cuota. No tenemos presupuesto para café.

Resignado, volvió a sorber. Ella también bebió.

El ruido de una manifestación callejera rompió el silencio esa mañana.
Escrito por Fernando da Casa - Web

Lectura prohibida

A diferencia de otros internos del manicomio, la Srta. C. sabía perfectamente cuándo había perdido la razón. El Dr. Beds hablaba de la evolución de la demencia, pero se equivocaba. Ella se sentó a leer una tarde, perfectamente cuerda, y cuando levantó la mirada del libro había enloquecido por completo.
Escrito por Aurora Baeza

Mesa para cinco (Comensal #5)

Spiderman se subía por las paredes. Los Cuatro Fantásticos le invitaron a cenar, pero apenas vio a La Chica Invisible; La Cosa sufrió un ataque de piedra; La Antorcha Humana, con las encías inflamadas, quemó su filete; y, encima, Míster Fantástico no se estiró y terminó pagando él la cuenta.
Escrito por Carles Quílez
Uno | Dos | Tres | Cuatro | Invitado | Cinco
Micro-homenaje a Stan Lee

Contradicciones, miserias y pequeñas grandezas

Tan solo consigo expulsar el vacío que me hunde en mi propio laberinto los días que soy capaz de olvidar los desengaños, mis derrotas, la fugacidad del tiempo, y se filtran en mi memoria la luz de tu mirada y aquel beso clandestino que juramos decir que nunca nos dimos.
Escrito por Pablo Núñez - Twitter

Metamorfosis

Tumbado en el catre, miraba un desconchón del techo. Llevaba horas allí. Fue hacia la ventana, pero Franz no veía caer la nieve. La frase surgió y la atrapó. Se sentó y escribió toda la noche como un autómata. Amanecía cuando regresó a la cama, enfebrecido, exhausto y completamente feliz.
Escrito por Valle

Cenicienta

Como de costumbre, Cenicienta debía retornar a su palacio antes de la medianoche; sin embargo, esta vez ocurrió algo inesperado: el reloj del castillo del apuesto príncipe se detuvo. Sin percatarse del tiempo, ella disfrutó de la hermosa velada hasta el amanecer. Entonces, desde aquel día, decidió caminar sin zapatos.
Escrito por Manuel Sedamano Ballesteros - Twitter

Libertad

Asqueada, necesitaba respirar, que la brisa arrastrase el pegajoso sudor que había mancillado su cuerpo. Tras pisotear aquellos amontonados ojos, temerosos del látigo del capitán, saltó a cubierta. Las luces de la costa le marcaban su final.

Al alba, contemplaron su piel de ébano, inerte, sobre un mar de libertad.
Escrito por Pedro Rodríguez

Entre algodones

Aquella noche algo en mí cambió. Comencé a oír voces extrañas que me gritaban "vamos... ven". 

Todo era confuso, inicié mi camino por un estrecho e interminable sendero, mi corazón palpitaba con fuerza. Inexplicablemente alguien desconocido me asió firme pero con delicadeza...

Y me entregó a mi madre. —Es niña.
Escrito por Pilar Garrido Aláez

Locura

Todas las mañanas, sin excepción, Ivette se levantaba de la cama con el ánimo de comprobar si en la habitación colindante la cigüeña había dejado a su tan ansiado niño de París. Y todas las mañanas, sin excepción, Ivette amamantaba de su pecho a la abominable serpiente de la locura.
Escrito por Ventura Panisse - Twitter

The other side of the wind

¿Qué hay al otro lado del viento?

Sólo está la croata Oja Kodar, mujer fascinante y misteriosa, modelo y actriz, a la que perseguí locamente como amazona erótica de la compleja película, a través del tiempo y del espacio, pero que nunca logré alcanzar.

Porque Orson Welles no me dejó.
Escrito por Luis Toyos

La señora del anillo

Guarda hobbits bajo el pecho, ogros en las mazmorras de su paciencia, elfos entre su intuición y magos a flor de piel. Todos ansiaban el anillo único forjado en las cumbres de su carisma, pero ella había decidido entregárselo a los hombres, en mano, concretamente al anular de la mía.
Escrito por Antonio Bolant - Twitter

¿Quién es ella?

Nuestra vida de casados la fue moldeando mi enfermedad. Dejamos de ser nosotros, de hacer cosas. Solo te importaba mi bienestar. Tu tiempo era para mí, hasta que dijiste basta. Nos dijimos adiós después de veinte años juntos. Un año tardé en saber que la otra se llamaba "esclerósis múltiple".
Escrito por Manuela Balastegui

Pecados cristianos

Los pasos de don Gerardo eran sigilosos. Él, un farmacéutico ejemplar, se movía por las calles cuidando al máximo esconder la sombra de un hombre que con asiduidad se acababa perdiendo en casa de doña Angelita. ¿Qué ocultaba? Nada menos que un secreto de estado, un secreto de estado civil.
Escrito por Juan Badaya - Web

Hiperoxia

La fotosíntesis artificial revirtió los altísimos niveles de CO2. El oxígeno sobrepasaba lo recomendado. La gente usaba máscaras para no morir de hiperoxia. El aire era muy inflamable y peligroso, tanto así, que un día la guardia nacional arrestó a un fumador que destruyó media ciudad al encender un cigarro.
Escrito por Víctor Andrés Parra Avellaneda - Web

Un taco al borde del desacato

Tras sacarme de la bolsita, me introdujeron en un ajustado agujero. Completamente hundido, sentí cómo una punta de acero perforaba, con insistentes vueltas de rosca, mi virginal alma de plástico. ¿Hasta cuándo tendría que soportar aquella escarpia alojada en mis entrañas? Entonces escuché al señor Fischer: "Mis tacos aguantan siempre".
Escrito por Javier Igarreta Egúzquiza - Web

Caminos invisibles

Mamadou, varado en la playa, sin aliento, tararea la canción del abuelo. La primera enseñanza es no perder de vista las aves que buscan nido. Luego deben avanzar estrofa y pies para despistar a sus perseguidores, esperando llegar con vida al estribillo y que la luna blanquee su piel morena.
Escrito por Belén Sáenz

Pasó muy cerca

Ya en la calle cerró fuertemente los ojos. La sensación de que un tren había pasado a su lado rozándole la piel lo dejó sin aliento. Hasta sintió el viento producido.

Lívido, recordó las palabras del médico: "Eran células cancerosas, pero ya no existen". Y su recomendación: "Una buena cena".
Escrito por Javier Velasco Eguizábal

Pan para hoy

Ignoraba si habría cometido delito de sangre de haber llegado al frente vivo. Nada podía alegar, salvo que su hombre fue bueno y se vio obligado a ir a la guerra.

Ahora en el Auxilio Social, con sus dos pequeños, mendigaba una piadosa e implacable cartilla de racionamiento. Necesitaban comer.
Escrito por Manuel López Muñoz

Mi regalo

Mis amigos hacen listas de juguetes para Santa Claus. Yo no quiero ninguno. Sólo que me devuelva el que me robó las navidades pasadas.

Cuando mi hermanito y yo nos perdimos en el centro comercial dijo que le esperara allí sentado, que lo llevaría con mamá para que no llorase.
Escrito por Manuel Bocanegra