Mejor relato de agosto de 2018

32 autores habéis ordenado de más a menos favorito los ocho finalistas. Por cada votación, se les ha asignado 10, 8, 6, 5, 4, 3, 2 y 1 punto. Estos son los resultados:

El efecto etílico, de Isidro Moreno Carrascosa - 218 puntos
Stalingrado, de Enrique Angulo - 176 puntos
Positivo, de M. Carme Marí - 149 puntos
Cronista de la realidad, de Irreverente inadaptado - 147 puntos
El yoísmo, de Jose Antonio Gallego - 143 puntos
Imperativo categórico, de Javier Igarreta Egúzquiza - 143 puntos
La fina línea que separa el amor del odio, de María José Sánchez - 143 puntos
De raíz, de Elena bethencourt - 133 puntos

El siervo

—Asco de trabajo, explotados nos tienen. Hasta las diez con el proyecto, y total, por cuatro perras. Al final ni tiempo tengo para cocinar algo decente.

Muerto de hambre, comprobó en la app por dónde andaba la bici del repartidor.

—Y al subnormal este le voy a poner una estrella.
Escrito por Álex Garaizar

Por fin, libre

Las vacaciones tan ansiadas habían llegado. Debía aprehender con sus manos la ansiada libertad laboral, para disfrutarla. Pero su paupérrimo salario no daba para más.

Decidió que viajaría a la nada. Convertiría la ciudad en su destino y cumpliría su sueño: ¡no ver a su jefe durante un mes!
Escrito por Gloria Arcos Lado

Prospectiva

Se aseguraron de todo para el viaje: el perro, los pericos y la gata coja. Solo faltó un detalle: la llave del suministro de gas en la casa del vecino. Tal vez lo recuerden cuando vean las noticias sobre la explosión o los gritos del casero, debido a cuentas impagables.
Escrito por Mauro Marino Jiménez - Facebook

Mujeres

Lilith y Eva, del brazo, desnudas, caminaban por el valle soleado. Reían con la frescura de la alegría primigenia. Recogían algunas flores, con las que coronaban sus largas cabelleras, y apetitosos frutos agrestes. De pronto, en un recodo se encontraron con María, que vestía túnica blanca. Instintivamente bajó la mirada.
Escrito por Carmelo Carrascal

Cuidado con el perro

Despertó de madrugada, sobresaltado. Estiró un brazo hacia el velador. Sintió un dolor agudo. Oyó sus huesos crujir. Estaba inmóvil. Pudo ver al caniche toy. Las mandíbulas desencajadas. Los ojos en llama. Cerró sus ojos, pensó: "Es una pesadilla". Lo hallaron muerto. El caniche, de su suegra, en su regazo.
Escrito por C. Alejandro Marrero

Muerta en vida

Sentada sobre la cama, sus gestos faciales evidenciaban misterio.

Así, daba comienzo:

—Me engañaron. Incomunicada y extorsionada, ejerzo como prostituta: esclava sexual dentro de una red cuyo cerebro es Matías.

Perplejo, tomaba nota de cada confidencia, convertido en falso cliente.

Palizas diarias, violaciones masivas: es el retrato de un infierno.
Escrito por Rafael Bailón Ruiz - Web

El reparador

Es más fácil leer a la gente cuando sufre. Por eso ella camina mirando el suelo. Sus zapatos van dejando un rastro de lágrimas. Imperceptibles para el mundo. Luminosas para él.

Aún es pronto para saber si van a enamorarse. Primero debe convencerla para sanarle cada uno de sus sueños.
Escrito por Silvana Alexandra Nosach

Las almas puras

El pequeño ataúd coronado de flores. En México todos festejaban. Vida, muerte... Era una transición. 

A veces, la mamá se asomaba a la ranura de la tristeza, recreando recuerdos de cosas que casi llegaron a ser, que ya nunca sucederían.

Nacida muerta, ahora su alma pura, liberada, la velaría siempre.
Escrito por Raquel Tevas Cisneros

El Rey del Pop

Desde su infancia fue talentoso, a entretener aprendió, pero en su juventud al molde de este mundo se acomodó. La gente exigió belleza, energía, eterna juventud. A la demanda él accedió.

Cuando la gente se cansó, terriblemente lo atacó, un día él no pudo más y su humanidad tristemente desfalleció.
Escrito por Eliezer Sánchez

De ciertas vocaciones

Hubo una vez un oficial de Marina que hubiera deseado ser odontólogo. Su padre, Almirante, se opuso tenazmente al intento de transgredir la tradición familiar. Cuando debía interrogar un prisionero, el oficial se complacía en arrancarle los dientes con una oxidada tenaza. A cada uno gritaba, riendo: "¡¡Por vos, papá!!".
Escrito por Elisa Mancuso

Ausencia

Tan agónico era el dolor de la pierna amputada, tan clara la presencia y el picor, que la mujer, convencida de la vuelta de la carne, decidió prescindir de la muleta. Los médicos no entendieron nada cuando, días después, la vieron llegar a la consulta sin la ayuda de artificios.
Escrito por Elena Beatriz Viterbo

Las piedras de Venecia

Iba en un vaporetto junto a una bella y desconocida mujer oriental. El día era azul. Llegaron al bacino di San Marco, a la derecha quedaba La Salute, en frente, la isla de San Giorgio. Emocionado, exclamó: "Venice is wonderful!". Ella sonrió. Meses después, melancólico, aún recordaba il suo sorriso.
Escrito por Enrique Angulo - Twitter

Instinto maternal

Desde que tuvo uso de razón soñó con parir una criatura de sus entrañas. Para regalarle amor infinito. Por eso, cada vez que se reflejaba en el espejo, amargas lágrimas regaban sus ojos y desgarradores lamentos sacudían su alma, al quedar al descubierto la protuberancia que colgaba entre sus piernas.
Escrito por Stbn

Rompeolas

Un diagnóstico desolador: irás olvidando.

Ahora, buceando en internet, suena esa melodía que adorabas. Las noches de aquel verano, junto al mar, se iluminan en mi cabeza otoñal. Esos tres minutos de balada son fogonazos de aquella noche de San Juan.

¿Por qué no te atreves a recordar tanta felicidad?
Escrito por Francisco Rubio Yepes - Web

Alma

Sucumbió al aburrimiento y se tumbó sintiendo el calor de la tierra en su espalda y el olor a tomillo. En el cielo, azul intenso a esas horas de la tarde, su mirada viajó más allá de lo que veían sus ojos e imaginó que, al otro lado, estaría ella.
Escrito por Xurde

El compromiso

¿Tiene un minuto, señor? Por favor, atiéndame. Tras años codeándome con lo más granado del poder político y empresarial, la crisis me devolvió al arroyo. Lamentablemente, no me queda otra que pedir. Escuche, le ofrezco mi compromiso a cambio de ayuda: deme todo su dinero y no lo mataré. Palabra.
Escrito por Jesús Garabato Rodríguez

Aquel invierno

Las estaciones se sucedían ante él. Primavera, verano, otoño, invierno, primavera, verano... Así sucesivamente hasta que el invierno del 83 le quemó con su frialdad. Él, hasta entonces, se alegraba desde su silla por poder ver tras el ventanal cómo mudaba el paisaje.

Dicen que la tristeza congelada le inundó.
Escrito por María José Viz Blanco

Invasión sutil

Aquella mañana todo era maravillosa o angustiosamente rutinario, todo parecía ir como siempre, menos para él; sus constantes vitales dejaron de serlo.

Ellos respiraron de alivio (bueno, aunque en realidad no respiraban, sí se aliviaron), y pudieron, por fin, certificar la muerte del último humano en su tan apreciado planeta.
Escrito por La Marca Amarilla

Las prisas no son buenas consejeras

Contaba las horas, los minutos, los segundos, para volver a verla. Acudía con la infantil ilusión de quien quiere encontrarse con aquello que tanto le gusta.

Aquella curva inesperada se cruzó en su camino.

Ahora es ella quien va a visitarlo. Para llevarle unas flores. Mínimo, una vez al año.
Escrito por José Antonio Barrionuevo - Twitter

Trasiego

El helicóptero es puntual y llega a la terraza del rascacielos a las cinco. Un hombre trajeado con barba acicalada se sube y sobrevuela la ciudad hacia donde no sabe quien lo ve desde el asfalto. Quien lo ve, sube al tranvía que pasa por aquel edificio alto desde donde el hombre con barba miraba, poco antes, el trasiego de serpientes urbanas.
Escrito por Ana García Ortiz

Indefensión

El furor huracanado azotó el parque. Era aún temprano y le sorprendió solo. Los primeros visitantes encontraron el carrito de helados tumbado, con la sombrilla rota. En el banco donde se sentaba apareció una cruz negra pintada y, muy cerca de allí, los cisnes no querían entrar en el estanque.
Escrito por Josep Maria Arnau

Avatares

Observé cómo ella se desvestía. Reconozco que hacía un tiempo ya que no prestaba atención a ese acto que, no hace mucho tiempo, enaltecía mi ánimo y algo más.

Tentado de iniciar el ritual de acercamiento correspondiente a la situación, comprendí que ese avatar estaba en otro nivel del juego.
Escrito por Rafael Domingo Sánchez

Reloj

Las horas pasan lentamente para los que, en la estación, esperan al tren que se ha retrasado. A él tampoco le sobra el tiempo y las miradas que le dirigen lo hacen sentir incómodo. Para rehuirlas da un par de vueltas y, cuando nota que nadie lo ve, se para.
Escrito por Beto Monte Ros - Twitter

El yoísmo

No habla; dicta sentencias. No escucha; te devuelve su verdad eterna. Sabe de todo, siendo lo suyo siempre lo mejor o lo peor.

Un día osé pensar diferente a él, su perseverancia me machacó.

Ahora, yo uso la indiferencia como defensa, aunque esta vez haya sucumbido al dedicarle un relato.
Escrito por Jose Antonio Gallego

La diáspora del puerro elegido

Se sentía especial: el padre labrador guiaba las aguas que regaban su sed y enviaba plaguicidas para aniquilar a sus enemigos.

Cierto día, sin más, fue arrancado del suelo y colocado en un camión de reparto internacional. En su hueco de huerto, el inescrutable labrador había plantado una lechuga romana.
Escrito por Antonio Bolant

De locos y de santos

Cuántas veces no habrás contemplado tu propio cuerpo en la cama, a plena madrugada, sintiendo suave a los bordes que te rodean, virando sin ver a quienes dormitan en la penumbra, para estar en la acera, sobrecogido ante las calles desoladas, y regresarte al lecho sin decir una sola palabra.
Escrito por Gleiber Alvarez - Web

Siete vidas tiene un gato

Dos perdí en guerras sin sentido. La tercera, buscando reconocimiento ajeno. Tras el brillo del Dorado, apagué otras dos. Más la que te quedaste en propiedad al abandonarme, seis.

Solo una me resta ya. Con la piel marchita y arrugas en el alma, envaino las uñas y corro a vivirla.
Escrito por Salvador Esteve

La trampa

Avanzo rápido antes de que amanezca tratando de esquivar lo que ella hace por las noches. ¡Me tiene harto! Muchos compañeros han caído enredados en sus finas y sutiles trampas, casi invisibles. La muy ladina parece buena y tranquila. No va con su físico atraparnos de esta manera. ¡Maldita araña!
Escrito por Mª Luisa Pérez Rodríguez

La pasarela de la muerte

Siempre le había intrigado esa zona descuidada de la Casa de Campo. Cuando iban todos, enmascaraban los miedos con las risas.

Hoy iba solo. Paró su BH, la apoyó en un árbol, y decidido cruzó la línea.

Sus padres no han perdido la esperanza y cada día reanudan la búsqueda.
Escrito por Amelia

Positivo

Londres, 1974. Sigue lloviendo. La pequeña maleta sin deshacer en un rincón. Sobre la cama del hotel, una colcha descolorida. Sentada en el borde, Inés, con los ojos enrojecidos y el alma encogida, mira una y otra vez el resultado de la prueba. Todavía duda... ¿es la decisión correcta? Llora.
Escrito por M. Carme Marí - Web

Cuidado recíproco

La anciana saca todos los días a pasear a su mascota. Le encontró cuando era una joven muchacha y el animalito, extraviado, asomaba su hociquito por una boca de alcantarilla. Gracias a él nadie se mete con ella, pues nadie se atreve a enfurecer a su cocodrilo de seis metros.
Escrito por Luis Goróstegui - Twitter

¡Ay, la familia!

Nunca olvidaré el día en que mi mujer me presentó a su madre. Me dio el visto bueno, porque dijo que me parecía a su difunto marido. Tanto que aún hoy no me llama por mi nombre. Para todos soy Juan, ¿no? Pues ella me llama Manolo. Así 30 años.
Escrito por Juan Badaya - Web

Jugando a perder

Como crece una tormenta creció su afición al juego. Su relación de pareja se alimentaba con algunos momentos en los que salía el sol entre nubes. Esperaba con anhelo un golpe de fortuna y desoía las promesas y amenazas. No vio la oscuridad que lo envolvía y lo perdió todo.
Escrito por Javier Velasco Eguizábal

Rutina

Cerró la puerta de la calle y puso de nuevo la maleta de siempre en el armario. En el espejo del baño pudo ver los moretones bajo el labio mientras cepillaba los dientes.

Con pasos quedos se acostó en la cama de espaldas a él.

—Hoy, no era el momento.
Escrito por Nicolás Puente - Twitter

Curvas de la vida

Su muerte cayó como una losa. La tristeza quedó tatuada en mi cuerpo. La vida sin ella perdió significado.Toda la pesadumbre me recorría pensando que se accidentó en esta misma carretera. Al llegar a la curva escucho su voz, volteo a verla y por fin me reúno con ella.
Escrito por Ricardo Rodríguez Sánchez

Cumpleaños

Sonreía mientras acariciaba su regalo de cumpleaños: un moderno celular. Tocó la pantalla, lo sacudió. Nada. Se borró su sonrisa. Se sintió en una cueva, con el cabello y la barba creciéndole lentamente. Lanzó el celular y voló en mil pedazos. Entre los escombros, intacto, vio el manual de usuario.
Escrito por Giancarlo Ubillus - Twitter

Desesperación

No puedo seguir así. Es inhumano. Me duele todo, el cuerpo y el alma. No creo que pueda sobrevivir en este estado ni un día más. Tanta soledad, tanto silencio.

Tengo las manos vacías. Las miro y veo mi fin.

Es mi castigo. ¡Papá me ha quitado el teléfono móvil!
Escrito por María Galerna

Cronista de la realidad

No tenía ninguna imaginación, aquel premio literario lo ganó por escribir sobre cómo había apuñalado a su hermano. Su editor le presionaba para publicar un nuevo relato. Pensó que podía escribir sobre el asesinato de un abogado que visitaba a su cliente en la cárcel.

El lunes será el sepelio.
Escrito por Irreverente inadaptado

El brigadista

Cuatro décadas para encontrarlo. El pueblo arrasado bajo las bombas de la Legión Cóndor. La huida hacia las afueras. El depósito del agua que explota. La corriente que lo arrastra malherido. El soldado alto que repite: "Yo, canadiense". La cueva. Los médicos ingleses. Su obsesión vital desde los once años.
Escrito por Carmen Cano - Twitter

Fornicar con demonios

Sí, ya sé que aún yerran habladurías sobre la muchacha del pueblo que, sin intervención de varón, engendró un niño. Fornicar con demonios, dijeron entonces. Puede ser verdad. No soy la única que calla haber reconocido años después en el chaval la viva imagen del inquisidor que encendió la pira.
Escrito por Ignacio Urtiaga - Twitter

Encuentro clandestino en la verja del parque

Fiel a la cita nocturna llega Ángela con su carrito. Al oírla, sus amigos emergen por la verja en tropel. La reciben con maullidos y carantoñas que curan su vieja alma.

Desde el coche patrulla los observo cómplice. Cuando ella muera, yo cuidaré de la colonia, aunque infrinja la ley.
Escrito por Zrein - Twitter

Conversación conyugal

—Mientras que existe siempre incertidumbre respecto a los ingresos, los gastos en una economía doméstica no sólo son ciertos, sino ineludibles y de gran envergadura respecto al monto...

—Mira, Juan, que te has quedado en paro y mi sueldo no da para hipoteca, colegios y recibos. A ver qué hacemos.
Escrito por Aurora Baeza

Cuento chino

Dicen que, desde que abrieron el restaurante, no hay gatos en el callejón; que el padre lo perdió todo en el casino; que vendió a su hija pequeña a la Tríada. Una sombra espera al anciano que deambula por el local abandonado, sonriendo, como él cuando preparaba el cerdo agridulce.
Escrito por Patricia Richmond - Web

Hablaré

Te lo digo ahora, con el tiempo suficiente se sabrá la verdad. El dónde, el cómo y cuántos. Todo lo que habéis intentado que callara saldrá a la luz, por fin. Solo es cuestión de esperar a que el equipo de forenses me realice la autopsia y por fin... hablaré.
Escrito por Pedro Rodríguez

Imperativo categórico

Tras varios meses sine linea, la pluma se alojó entre sus dedos como un huésped apremiante y redactó mecánicamente aquella fatal misiva, dirigida "a quien corresponda". Después leyó detenidamente lo escrito de su puño y letra y, no teniendo nada que objetar, estampó su firma del calibre treinta y ocho.
Escrito por Javier Igarreta Egúzquiza - Web

De vuelta

Don Melquíades solía hablar de muertos vivientes antes de la hora de acostarse; era su tema preferido. Ni a la Directora ni al personal auxiliar les hacía la más mínima gracia, pero lo permitían por lo mucho que divertía a los residentes del geriátrico. En especial al grupo de centenarios.
Escrito por Rafa Olivares - Web

En el acto

Aparecemos en escena como grandes ilusionistas, magos sin ninguna alcurnia, pero sí como un par de verdaderos artistas prestidigitadores; y los espectadores, admirados, ya temen lo que viene: taumaturgos que desaparecerán sus pertenencias, pistolas en mano, cual varitas mágicas con las que limpiaremos sus casas u oficinas, bolsas o carteras.
Escrito por Cristopher Josué Escamilla Arrieta - Twitter

Perversión natural

La orquídea martillo no solo conoce la peculiar conducta reproductiva de la avispa thynnid, sino que ha diseñado su propia flor para ser fecundada con su ayuda.

Herminio, una thynnid macho, sobrevuela el prado por enésima vez hoy, enfebrecido, ignorando a su paso a todas las hembras de su especie.
Escrito por Enrique Mochón Romera - Twitter

Lugar común

Cada latido de tu corazón, un calambre electrizante. Tus ojos carbón encienden mi carne. En tus labios, el sabor a tostada quemada de la merienda.

Nos devoran estas llamas que consumen nuestros cuerpos, surgidas del calefactor clandestino que nos presta calor en las noches gélidas de esta residencia de ancianos.
Escrito por María Jesús Briones Arreba

El efecto etílico

Descendí del módulo y mi bota marcó huella en un suelo jamás pisado por el hombre. Postrando mi rodilla en la playa clavé el estandarte y, en nombre de Isabel y Fernando, bendije aquel nuevo mundo mientras mi escudero me interrumpía con "que no son gigantes, mi señor, sino molinos".
Escrito por Isidro Moreno Carrascosa - Web
Elegido mejor relato de agosto de 2018

Epifanía

Se volverá hostil y arisca la tierra que una vez dejaron tus ancestros. La abandonaron buscando un porvenir lejos de allí. Tal vez sea una insolencia retornar a ella y buscar tu solaz. Percibo que las peores desgracias sobrevinieron tras haber visitado la que consideraba mi tierra. Ahora lo intuyo.
Escrito por Manuel López Muñoz

La condenada del alzhéimer

Sentada en su sillón favorito por fuerza mayor, la encontré embelesada mirando a la nada. Ni una respuesta a una palabra, ni un gesto ante una caricia. Encerrada en su mundo lleno de enigmas. ¿Será feliz? Condenada a pasar el resto de sus días con su implacable y mortal enemigo.
Escrito por Carmen Gallego

De raíz

Un día me encontré un miedo pequeñito, me lo traje a casa y lo alimenté hasta que se hizo grande. Empezó a reproducirse y nacieron mil miedos: a las alturas, al fracaso, a los espacios cerrados, a la oscuridad...

Ayer me encontré una envidia chiquita y la maté a palos.
Escrito por Elena Bethencourt - Twitter

Vida nueva, vida vieja

El día que Antoñita comenzó a tomarse las pastillas indicadas trastocó su vida para siempre. Los elefantes dejaron de ser rosas y los pájaros multicolor nunca más sobrevolaron su cabeza.

Solo cuando el pequeño dragón azul viene a visitarla, abre un frasco que conserva bajo la almohada y todo cambia.
Escrito por Malu

Pinocho

Cierta mañana, Pinocho despertó con la idea de ser humano. Para ello, se dirigió al bosque a buscar a su hada madrina para que le cumpliera su deseo. Ella le aseguró que podría realizar su sueño siempre que no mintiese en ninguna circunstancia.

Lamentablemente, nuestro pequeño amigo deseaba ser político.
Escrito por Manuel Sedamano Ballesteros

Destellos

El sol se despertó tempranito, casi de madrugada. Sus rayos iluminaban los esteros, las llanuras, las montañas. Buscaba a su amada y no la encontraba.

Al otro lado del mundo, su novia, la luna, aún dormitaba, esperando por él sollozaba, dejando caer lagrimas en forma de estrellas sobre su almohada.
Escrito por Luis Escorche - Facebook

Las vecinas del tercero

Elena, alegre y exuberante pelirroja, ocupaba el tercero derecha y trabajaba de noche. María, una morena sencilla y discreta que vivía en el tercero izquierda, estaba cobrando el paro.

Cuando los policías hallaron muerta a María en extrañas circunstancias, declararon sospechosos a todos los vecinos. A todos menos a Elena.
Escrito por Juana Mª Igarreta Egúzquiza - Web

Bye

Dejó la gorra oscura en la entrada del caserón. En su cabeza, sus padres allí enterrados, el mayoral, Laurita: un sol en lágrimas. Los gritos del amo iban quedando lejanos a la luz de la luna. En la ciudad, compró una visera verde y un grillo que suena a violín.
Escrito por Eduardo Martín Zurita

Desacompasada

Entró en el quirófano acompañando al equipo médico y tras unas horas salió como una exhalación mascullando en algún idioma ininteligible. Bajo la negra caperuza, la ira protagonizaba su pálido y demacrado rostro.

—Todo perfecto —sonrió el cirujano.

Ovillada en el oscuro sótano, la parca comenzaba a sentirse obsoleta.
Escrito por Álvaro Abad

Estática corriente de pagos

Abatido de que la historia nunca lo recordase por su nombre, el genio de Aladino decidió recluirse indefinidamente entre paredes de latón, desatendiendo así sus actuales obligaciones como ciudadano. Solo el frotamiento enérgico de un servil funcionario lo obligó a salir a la luz, entre chispazos y cabellos de punta.
Escrito por Carri

Por el tejado

Tras media hora, logra dejarse la bufanda como si hubiera quedado así por casualidad. Se pone una chaqueta sport, unas gafas redondas sin cristales, ladea la cabeza y sonríe. Está listo para la fotografía de la solapa. Solo le falta el ingenio que nunca encuentra para empezar su primera novela.
Escrito por Pablo Núñez - Twitter

Ojo versus sol

Echaba de menos el azul del cielo, el verde de sus plantas de interior y el rojo de su camiseta. Ya siempre confundiría el sabido color blanco de las paredes por uno "sepia amarillento". Cerró sus doloridos ojos y suspiró.

Se arrepintió de aquella absurda apuesta. El sol siempre gana.
Escrito por Salvador Pérez Salas

El último viaje de León

Dijeron que había enloquecido porque, al final de su vida, se fue a vivir cerca de la estación. No encontró mejor refugio para estar consigo mismo y aquellos días fueron los mejores. Lo encontraron meciéndose en un sueño final, sonriente y expectante, sereno ante la llegada de su último tren.
Escrito por María José Escudero

Anuncio por palabras

Como cada mañana se dirige al kiosco para comprobar que han vuelto a publicarlo:

Amargado busca recuperar sonrisa. Se aceptan consejos bienintencionados, palmadas en hombro y muestras de afecto de todo tipo. Gratificación a convenir vinculada a eventuales mejoras. Contacto: Taberna La penúltima. Mesa en penumbra. Rincón de la izquierda.
Escrito por Jerónimo Hernández de Castro - Twitter

Temores

Los años no parecen pasar por su mujer. Él, obeso, sedentario, tiene miedo de que deje de quererle a causa de su aspecto. Abandona los poemas que componía por el gimnasio. Logra un cuerpo estilizado. Es otro.

Ella le abandona. Su nueva pareja es un individuo entrado en carnes, poeta.
Escrito por Ángel Saiz Mora

Nunca pude terminar esa canción

Su silencio me gritaba tan fuerte aquí dentro que recurrí al canto para ver si así podía acallarlo; pero entre nota y nota tronaba en mi conciencia el martillazo de su respuesta ausente, de tal suerte que me quitó cualquier posibilidad de aliviar con el canto mi pena de amor.
Escrito por Juan Carlos Pozo Block

Geografía

Me perdí entre los contornos de aquella piel tan deseada, trepé por la suave pendiente de sus senos, me extravié en el mar de su vientre, casi naufrago entre la perfecta línea de sus piernas, Entré, con piadosa reverencia, en el santuario de su intimidad. Allí habito, en constante penitencia.
Escrito por Daniel Castillo

No quiero ser una superheroína

Nos unían tantas cosas. Tú y aquellas mallas tan sexis, azules y rojas. Yo y mi segunda piel de cuero negro. Tú trepabas por las paredes. Yo saltaba de tejado en tejado. Tú, Superman. Yo, Catwoman. Pero allí estaba aquella línea vertical trazada con mano firme para separarnos. Puñetero dibujante.
Escrito por Marisa Martínez Arce

El indulto

—¿A quién queréis que libere?

Se escucharon unos tímidos gritos:

—¡A Barrabás!
—¡A Jesús! ¡A JESÚS! —chilló, sin embargo, la mayoría.

Jesús fue liberado.

En aplicación del decreto de indulto, tuvo que regresar a Nazaret. Allí retomó su trabajo de carpintero, se casó y no volvió a pisar una sinagoga.
Escrito por Plácido Romero - Twitter

Contigo, pan y cebolla

—Palomita mía, ¿qué tenemos para cenar?

—Cachupito mío, tu mujercita ha preparado para el hombre de la casa una ensalada verde de brotes tiernos, hamburguesa de seitán con algas y semillas de sésamo y de postre, un yogur desnatado con bayas de goji.

—Gracias, amor. Hoy traigo un hambre canina.
Escrito por Pepe Sanchis

Partimos con una ligera brisa a estribor

Bruscamente, nos alcanzó un intenso huracán.

La primera ráfaga nos rompió los dos palos. Un fuerte oleaje nos arrastraba por la popa. Sepultados bajo las aguas, la proa subía apuntando al cielo.

Un brusco descenso nos hundió en el fondo del abismo y desaparecimos.

Cerré los ojos, no recuerdo nada.
Escrito por Luis Toyos

El encuentro

Al final, de tanto buscar con el candil prestado, encontró Diógenes a un hombre justo en un cruce de caminos casi a las afueras de la ciudad. Ni siquiera hablaron. Cruzaron sus miradas durante unos segundos, se comprendieron mutuamente y cada uno siguió su camino sin volver la vista atrás.
Escrito por Daniel Canals Flores

Reverendísimo

Fue un tipo que vivió hasta los noventa años y demostró en su vida tres cosas. El desboque (no sólo el sueño) de la razón produce monstruos. El ardor nacionalista puede arrastrar a complicidad con terroristas. Era vasco. Por último, que se puede no creer en Dios y ser obispo.
Escrito por Carmelo Carrascal

Una oportunidad

Hay un pajarito en la terraza. No come ni bebe. Dicen que está destinado a morir. Yo sigo esperando que vuele.

Nos observamos mutuamente. A veces le imito. Hoy ha cruzado la terraza hasta situarse en el borde. 

Ahora sólo le escucho mientras él espera que yo despliegue mis alas.
Escrito por Conchita Burillo

Saber

¿Cómo iba él a saber que pasaría por tanto sufrimiento? ¿Cómo iba él a saber que tocaría fondo? ¿Cómo iba él a saber que mataría a su ser más querido? ¿Cómo iba él a saber que la vida era eso? 

Volvió, rezó a su padre, y escupió a la cruz.
Escrito por Iñaki Ferreras - Web

Mirar hacia otro lado

"Privado", reza el cartel sobre la puerta de la oficina detrás de la Sacristía. Sitio vedado para todos a excepción del cura párroco y alguna novicia de turno.

"No autorizado" aún para el mismísimo Dios, quien hace la vista gorda con tal que las ofrendas de su Iglesia no decaigan.
Escrito por Silvana Alexandra Nosach - Facebook

Encuentro en el Paraíso

El apéndice que, momentos antes, colgaba despendolado entre las piernas de la criatura cuando la observaba oculta, se armó desafiante ante mi mera presencia desnuda.

Hallándome indefensa, me acometió con ímpetu, y tras breve batalla, declinó su empeño.

Imprudente de mí, le ofrecí la manzana y se armó de nuevo...
Escrito por Manuel Bocanegra

¡Lobo malo! ¡Lobo malo!

Desde el principio su olfato supo el momento en que ella deseaba ser engañada. Ahora siempre lo esperaba en el mismo lugar. "¿Y entonces?", le decía, sonriéndole. Así iban las cosas cuando decidió renunciar a sus instintos... y a los de ella.

Cansado de lo mismo, tomó el camino largo.
Escrito por Ruperto

Consecuencias

Después de entregar la droga a Braian para su posterior venta al menudeo, recibe un llamado: su hija tuvo un accidente automovilístico.

Al llegar al hospital, le dan la lamentable noticia: fue fatal.

Las pericias dirán que el otro conductor manejaba drogado, pero no dirán que era cliente de Braian.
Escrito por Luciano Doti - Twitter

Dioses

—Quitame la rabia de encima, chiquilla.
—Vos podés.
—Que me ayudés, que solo no puedo.

Siguieron en paz consigo mismos, la guerra la perdieron el día que contrajeron nupcias ante un dios extraño. Al suyo le pidieron por su tribu para que la selva no desapareciera alrededor de su poblado.
Escrito por Antonio Ortuño Casas - Web

Juego de espejos

Se levantó poco a poco. Estaba mareada. Se había golpeado la cabeza al caer. Maldita debilidad. Desde que el espejo deformador entró en su vida, había comenzado la guerra. Seguía viéndose gorda pero ganaría la batalla contra su propio reflejo. El hambre solo era un mero inconveniente que sabría controlar.
Escrito por Aurora Rapún Mombiela

El niño entre ramas

Jugando entre ramas de árboles, vi una en forma de uve. Metí la cabeza entre la rama y me quedé divagando un rato.

Cuando intenté salir, no tenía fuerzas para abrir la rama. Grité un rato hasta que mi madre me salvó, molesta porque le había interrumpido en su costura.
Escrito por Eliezer Sánchez

La vida soñada de los otros

Susana soñaba que era un arquitecto de 33 años que se afeita en su casa a las 6:58. Más tarde, paseaba cerca del casino cuando vio a su mujer con otro. De la impresión, Susana se despertó alborotada.

Mientras, en algún lugar de Thailandia, Malai soñaba la vida de Susana.
Escrito por Raquel Tevas Cisneros

Stalingrado

Bajo la indiferencia de un cielo gris, pudo ver la ciudad en ruinas devorada por multitud de incendios. En las frías aguas del Volga, flotaban los cuerpos hinchados de los muertos, algunos de ellos estaban desmembrados. Entonces, el poeta miró a Virgilio y dijo: "Tendré que reescribir todo mi Infierno".
Escrito por Enrique Angulo - Twitter

La pureza del aire

La bandada de sinuosas bicicletas frenaba en la primera línea del semáforo. Su escolta la formaban coches eléctricos.

Sin contaminación, la ciudad presumía de amigable.

Esa mañana, Moussa ofrecía pañuelos de papel y limpiaba parabrisas, recibiendo una sonrisa, o un "no tengo suelto".

Ahora, en los semáforos se respira mejor.
Escrito por Francisco Rubio Yepes - Web

Los girasoles

No sabía cómo deshacerse de esos malditos girasoles. Cuanto más los cortaba más crecían y se multiplicaban; sus cabezas amarillas la espiaban por las ventanas, y sus largos tallos tapaban la puerta del jardín si intentaba huir.

Era demencial. No tenía escapatoria.

No debió enterrar a mamá bajo los girasoles.
Escrito por Sonia Serna San Miguel - Web

La fina línea que separa el amor del odio

Acaricio sus mofletitos, le seco las lágrimas con los pulgares y beso su frente. Me limito a decirle que mamá no ha tenido más remedio que irse de viaje. Lo arropo, apago la luz y cierro la puerta.

Es medianoche. Tras depositar la basura en el contenedor, me rompo definitivamente.
Escrito por María José Sánchez

Puedo prometer y prometo

Cuando, en el mitin de cierre de campaña, el candidato del PCE anunció que iba a por todas, sus correligionarios, sin siquiera darle tiempo a que bajara del estrado, se abalanzaron ávidos sobre las birras. No fueran a cumplirse, por una vez, las promesas del líder del Partido Cervecero Español.
Escrito por Jesús Garabato Rodríguez

El deprimido

En la mañana pensó pintar el mundo con colores de lágrimas. Luego fue contra las estacas del precipicio buscando pedazos de cielo prometido, pero se mostraron flores marchitas. La casa quedó cubierta de gemidos poblados con lejanos silencios. Él, hecho cenizas, se enteró de que los suicidas no tienen cielo.
Escrito por Edwin Antonio Gaona Salinas - Web

La caja

Aquí me siento muy bien. Estoy muy cómoda, de veras. Tras el trasiego constante de mi vida y del desprecio tuyo, mamá, y el de tantos otros, la paz definitiva ha venido a instalarse en mí. Te lo digo ahora, tumbada en esta estrechez, cuando mi cuerpo se vuelve ceniza.
Escrito por María José Viz Blanco