De vuelta

Don Melquíades solía hablar de muertos vivientes antes de la hora de acostarse; era su tema preferido. Ni a la Directora ni al personal auxiliar les hacía la más mínima gracia, pero lo permitían por lo mucho que divertía a los residentes del geriátrico. En especial al grupo de centenarios.
Escrito por Rafa Olivares - Web

En el acto

Aparecemos en escena como grandes ilusionistas, magos sin ninguna alcurnia, pero sí como un par de verdaderos artistas prestidigitadores; y los espectadores, admirados, ya temen lo que viene: taumaturgos que desaparecerán sus pertenencias, pistolas en mano, cual varitas mágicas con las que limpiaremos sus casas u oficinas, bolsas o carteras.
Escrito por Cristopher Josué Escamilla Arrieta - Twitter

Perversión natural

La orquídea martillo no solo conoce la peculiar conducta reproductiva de la avispa thynnid, sino que ha diseñado su propia flor para ser fecundada con su ayuda.

Herminio, una thynnid macho, sobrevuela el prado por enésima vez hoy, enfebrecido, ignorando a su paso a todas las hembras de su especie.
Escrito por Enrique Mochón Romera - Twitter

Lugar común

Cada latido de tu corazón, un calambre electrizante. Tus ojos carbón encienden mi carne. En tus labios, el sabor a tostada quemada de la merienda.

Nos devoran estas llamas que consumen nuestros cuerpos, surgidas del calefactor clandestino que nos presta calor en las noches gélidas de esta residencia de ancianos.
Escrito por María Jesús Briones Arreba

El efecto etílico

Descendí del módulo y mi bota marcó huella en un suelo jamás pisado por el hombre. Postrando mi rodilla en la playa clavé el estandarte y, en nombre de Isabel y Fernando, bendije aquel nuevo mundo mientras mi escudero me interrumpía con "que no son gigantes, mi señor, sino molinos".
Escrito por Isidro Moreno Carrascosa - Web

Epifanía

Se volverá hostil y arisca la tierra que una vez dejaron tus ancestros. La abandonaron buscando un porvenir lejos de allí. Tal vez sea una insolencia retornar a ella y buscar tu solaz. Percibo que las peores desgracias sobrevinieron tras haber visitado la que consideraba mi tierra. Ahora lo intuyo.
Escrito por Manuel López Muñoz

La condenada del alzhéimer

Sentada en su sillón favorito por fuerza mayor, la encontré embelesada mirando a la nada. Ni una respuesta a una palabra, ni un gesto ante una caricia. Encerrada en su mundo lleno de enigmas. ¿Será feliz? Condenada a pasar el resto de sus días con su implacable y mortal enemigo.
Escrito por Carmen Gallego

De raíz

Un día me encontré un miedo pequeñito, me lo traje a casa y lo alimenté hasta que se hizo grande. Empezó a reproducirse y nacieron mil miedos: a las alturas, al fracaso, a los espacios cerrados, a la oscuridad...

Ayer me encontré una envidia chiquita y la maté a palos.
Escrito por Elena Bethencourt - Twitter

Vida nueva, vida vieja

El día que Antoñita comenzó a tomarse las pastillas indicadas trastocó su vida para siempre. Los elefantes dejaron de ser rosas y los pájaros multicolor nunca más sobrevolaron su cabeza.

Solo cuando el pequeño dragón azul viene a visitarla, abre un frasco que conserva bajo la almohada y todo cambia.
Escrito por Malu

Pinocho

Cierta mañana, Pinocho despertó con la idea de ser humano. Para ello, se dirigió al bosque a buscar a su hada madrina para que le cumpliera su deseo. Ella le aseguró que podría realizar su sueño siempre que no mintiese en ninguna circunstancia.

Lamentablemente, nuestro pequeño amigo deseaba ser político.
Escrito por Manuel Sedamano Ballesteros

Destellos

El sol se despertó tempranito, casi de madrugada. Sus rayos iluminaban los esteros, las llanuras, las montañas. Buscaba a su amada y no la encontraba.

Al otro lado del mundo, su novia, la luna, aún dormitaba, esperando por él sollozaba, dejando caer lagrimas en forma de estrellas sobre su almohada.
Escrito por Luis Escorche - Facebook

Las vecinas del tercero

Elena, alegre y exuberante pelirroja, ocupaba el tercero derecha y trabajaba de noche. María, una morena sencilla y discreta que vivía en el tercero izquierda, estaba cobrando el paro.

Cuando los policías hallaron muerta a María en extrañas circunstancias, declararon sospechosos a todos los vecinos. A todos menos a Elena.
Escrito por Juana Mª Igarreta Egúzquiza - Web

Bye

Dejó la gorra oscura en la entrada del caserón. En su cabeza, sus padres allí enterrados, el mayoral, Laurita: un sol en lágrimas. Los gritos del amo iban quedando lejanos a la luz de la luna. En la ciudad, compró una visera verde y un grillo que suena a violín.
Escrito por Eduardo Martín Zurita

Desacompasada

Entró en el quirófano acompañando al equipo médico y tras unas horas salió como una exhalación mascullando en algún idioma ininteligible. Bajo la negra caperuza, la ira protagonizaba su pálido y demacrado rostro.

—Todo perfecto —sonrió el cirujano.

Ovillada en el oscuro sótano, la parca comenzaba a sentirse obsoleta.
Escrito por Álvaro Abad

Estática corriente de pagos

Abatido de que la historia nunca lo recordase por su nombre, el genio de Aladino decidió recluirse indefinidamente entre paredes de latón, desatendiendo así sus actuales obligaciones como ciudadano. Solo el frotamiento enérgico de un servil funcionario lo obligó a salir a la luz, entre chispazos y cabellos de punta.
Escrito por Carri

Por el tejado

Tras media hora, logra dejarse la bufanda como si hubiera quedado así por casualidad. Se pone una chaqueta sport, unas gafas redondas sin cristales, ladea la cabeza y sonríe. Está listo para la fotografía de la solapa. Solo le falta el ingenio que nunca encuentra para empezar su primera novela.
Escrito por Pablo Núñez - Twitter

Ojo versus sol

Echaba de menos el azul del cielo, el verde de sus plantas de interior y el rojo de su camiseta. Ya siempre confundiría el sabido color blanco de las paredes por uno "sepia amarillento". Cerró sus doloridos ojos y suspiró.

Se arrepintió de aquella absurda apuesta. El sol siempre gana.
Escrito por Salvador Pérez Salas

El último viaje de León

Dijeron que había enloquecido porque, al final de su vida, se fue a vivir cerca de la estación. No encontró mejor refugio para estar consigo mismo y aquellos días fueron los mejores. Lo encontraron meciéndose en un sueño final, sonriente y expectante, sereno ante la llegada de su último tren.
Escrito por María José Escudero

Anuncio por palabras

Como cada mañana se dirige al kiosco para comprobar que han vuelto a publicarlo:

Amargado busca recuperar sonrisa. Se aceptan consejos bienintencionados, palmadas en hombro y muestras de afecto de todo tipo. Gratificación a convenir vinculada a eventuales mejoras. Contacto: Taberna La penúltima. Mesa en penumbra. Rincón de la izquierda.
Escrito por Jerónimo Hernández de Castro - Twitter

Temores

Los años no parecen pasar por su mujer. Él, obeso, sedentario, tiene miedo de que deje de quererle a causa de su aspecto. Abandona los poemas que componía por el gimnasio. Logra un cuerpo estilizado. Es otro.

Ella le abandona. Su nueva pareja es un individuo entrado en carnes, poeta.
Escrito por Ángel Saiz Mora

Nunca pude terminar esa canción

Su silencio me gritaba tan fuerte aquí dentro que recurrí al canto para ver si así podía acallarlo; pero entre nota y nota tronaba en mi conciencia el martillazo de su respuesta ausente, de tal suerte que me quitó cualquier posibilidad de aliviar con el canto mi pena de amor.
Escrito por JC Pozo

Geografía

Me perdí entre los contornos de aquella piel tan deseada, trepé por la suave pendiente de sus senos, me extravié en el mar de su vientre, casi naufrago entre la perfecta línea de sus piernas, Entré, con piadosa reverencia, en el santuario de su intimidad. Allí habito, en constante penitencia.
Escrito por Daniel Castillo

No quiero ser una superheroína

Nos unían tantas cosas. Tú y aquellas mallas tan sexis, azules y rojas. Yo y mi segunda piel de cuero negro. Tú trepabas por las paredes. Yo saltaba de tejado en tejado. Tú, Superman. Yo, Catwoman. Pero allí estaba aquella línea vertical trazada con mano firme para separarnos. Puñetero dibujante.
Escrito por Marisa Martínez Arce

El indulto

—¿A quién queréis que libere?

Se escucharon unos tímidos gritos:

—¡A Barrabás!
—¡A Jesús! ¡A JESÚS! —chilló, sin embargo, la mayoría.

Jesús fue liberado.

En aplicación del decreto de indulto, tuvo que regresar a Nazaret. Allí retomó su trabajo de carpintero, se casó y no volvió a pisar una sinagoga.
Escrito por Plácido Romero - Twitter

Contigo, pan y cebolla

—Palomita mía, ¿qué tenemos para cenar?

—Cachupito mío, tu mujercita ha preparado para el hombre de la casa una ensalada verde de brotes tiernos, hamburguesa de seitán con algas y semillas de sésamo y de postre, un yogur desnatado con bayas de goji.

—Gracias, amor. Hoy traigo un hambre canina.
Escrito por Pepe Sanchis

Partimos con una ligera brisa a estribor

Bruscamente, nos alcanzó un intenso huracán.

La primera ráfaga nos rompió los dos palos. Un fuerte oleaje nos arrastraba por la popa. Sepultados bajo las aguas, la proa subía apuntando al cielo.

Un brusco descenso nos hundió en el fondo del abismo y desaparecimos.

Cerré los ojos, no recuerdo nada.
Escrito por Luis Toyos

El encuentro

Al final, de tanto buscar con el candil prestado, encontró Diógenes a un hombre justo en un cruce de caminos casi a las afueras de la ciudad. Ni siquiera hablaron. Cruzaron sus miradas durante unos segundos, se comprendieron mutuamente y cada uno siguió su camino sin volver la vista atrás.
Escrito por Daniel Canals Flores

Reverendísimo

Fue un tipo que vivió hasta los noventa años y demostró en su vida tres cosas. El desboque (no sólo el sueño) de la razón produce monstruos. El ardor nacionalista puede arrastrar a complicidad con terroristas. Era vasco. Por último, que se puede no creer en Dios y ser obispo.
Escrito por Carmelo Carrascal

Una oportunidad

Hay un pajarito en la terraza. No come ni bebe. Dicen que está destinado a morir. Yo sigo esperando que vuele.

Nos observamos mutuamente. A veces le imito. Hoy ha cruzado la terraza hasta situarse en el borde. 

Ahora sólo le escucho mientras él espera que yo despliegue mis alas.
Escrito por Conchita Burillo

Saber

¿Cómo iba él a saber que pasaría por tanto sufrimiento? ¿Cómo iba él a saber que tocaría fondo? ¿Cómo iba él a saber que mataría a su ser más querido? ¿Cómo iba él a saber que la vida era eso? 

Volvió, rezó a su padre, y escupió a la cruz.
Escrito por Iñaki Ferreras - Web

Mirar hacia otro lado

"Privado", reza el cartel sobre la puerta de la oficina detrás de la Sacristía. Sitio vedado para todos a excepción del cura párroco y alguna novicia de turno.

"No autorizado" aún para el mismísimo Dios, quien hace la vista gorda con tal que las ofrendas de su Iglesia no decaigan.
Escrito por Silvana Alexandra Nosach - Facebook

Encuentro en el Paraíso

El apéndice que, momentos antes, colgaba despendolado entre las piernas de la criatura cuando la observaba oculta, se armó desafiante ante mi mera presencia desnuda.

Hallándome indefensa, me acometió con ímpetu, y tras breve batalla, declinó su empeño.

Imprudente de mí, le ofrecí la manzana y se armó de nuevo...
Escrito por Manuel Bocanegra

¡Lobo malo! ¡Lobo malo!

Desde el principio su olfato supo el momento en que ella deseaba ser engañada. Ahora siempre lo esperaba en el mismo lugar. "¿Y entonces?", le decía, sonriéndole. Así iban las cosas cuando decidió renunciar a sus instintos... y a los de ella.

Cansado de lo mismo, tomó el camino largo.
Escrito por Ruperto

Consecuencias

Después de entregar la droga a Braian para su posterior venta al menudeo, recibe un llamado: su hija tuvo un accidente automovilístico.

Al llegar al hospital, le dan la lamentable noticia: fue fatal.

Las pericias dirán que el otro conductor manejaba drogado, pero no dirán que era cliente de Braian.
Escrito por Luciano Doti - Twitter

Dioses

—Quitame la rabia de encima, chiquilla.
—Vos podés.
—Que me ayudés, que solo no puedo.

Siguieron en paz consigo mismos, la guerra la perdieron el día que contrajeron nupcias ante un dios extraño. Al suyo le pidieron por su tribu para que la selva no desapareciera alrededor de su poblado.
Escrito por Antonio Ortuño Casas - Web

Juego de espejos

Se levantó poco a poco. Estaba mareada. Se había golpeado la cabeza al caer. Maldita debilidad. Desde que el espejo deformador entró en su vida, había comenzado la guerra. Seguía viéndose gorda pero ganaría la batalla contra su propio reflejo. El hambre solo era un mero inconveniente que sabría controlar.
Escrito por Aurora Rapún Mombiela

El niño entre ramas

Jugando entre ramas de árboles, vi una en forma de uve. Metí la cabeza entre la rama y me quedé divagando un rato.

Cuando intenté salir, no tenía fuerzas para abrir la rama. Grité un rato hasta que mi madre me salvó, molesta porque le había interrumpido en su costura.
Escrito por Eliezer Sánchez

La vida soñada de los otros

Susana soñaba que era un arquitecto de 33 años que se afeita en su casa a las 6:58. Más tarde, paseaba cerca del casino cuando vio a su mujer con otro. De la impresión, Susana se despertó alborotada.

Mientras, en algún lugar de Thailandia, Malai soñaba la vida de Susana.
Escrito por Raquel Tevas Cisneros

Stalingrado

Bajo la indiferencia de un cielo gris, pudo ver la ciudad en ruinas devorada por multitud de incendios. En las frías aguas del Volga, flotaban los cuerpos hinchados de los muertos, algunos de ellos estaban desmembrados. Entonces, el poeta miró a Virgilio y dijo: "Tendré que reescribir todo mi Infierno".
Escrito por Enrique Angulo - Twitter

La pureza del aire

La bandada de sinuosas bicicletas frenaba en la primera línea del semáforo. Su escolta la formaban coches eléctricos.

Sin contaminación, la ciudad presumía de amigable.

Esa mañana, Moussa ofrecía pañuelos de papel y limpiaba parabrisas, recibiendo una sonrisa, o un "no tengo suelto".

Ahora, en los semáforos se respira mejor.
Escrito por Francisco Rubio Yepes - Web

Los girasoles

No sabía cómo deshacerse de esos malditos girasoles. Cuanto más los cortaba más crecían y se multiplicaban; sus cabezas amarillas la espiaban por las ventanas, y sus largos tallos tapaban la puerta del jardín si intentaba huir.

Era demencial. No tenía escapatoria.

No debió enterrar a mamá bajo los girasoles.
Escrito por Sonia Serna San Miguel - Web

La fina línea que separa el amor del odio

Acaricio sus mofletitos, le seco las lágrimas con los pulgares y beso su frente. Me limito a decirle que mamá no ha tenido más remedio que irse de viaje. Lo arropo, apago la luz y cierro la puerta.

Es medianoche. Tras depositar la basura en el contenedor, me rompo definitivamente.
Escrito por María José Sánchez

Puedo prometer y prometo

Cuando, en el mitin de cierre de campaña, el candidato del PCE anunció que iba a por todas, sus correligionarios, sin siquiera darle tiempo a que bajara del estrado, se abalanzaron ávidos sobre las birras. No fueran a cumplirse, por una vez, las promesas del líder del Partido Cervecero Español.
Escrito por Jesús Garabato Rodríguez

El deprimido

En la mañana pensó pintar el mundo con colores de lágrimas. Luego fue contra las estacas del precipicio buscando pedazos de cielo prometido, pero se mostraron flores marchitas. La casa quedó cubierta de gemidos poblados con lejanos silencios. Él, hecho cenizas, se enteró de que los suicidas no tienen cielo.
Escrito por Edwin Antonio Gaona Salinas - Web

La caja

Aquí me siento muy bien. Estoy muy cómoda, de veras. Tras el trasiego constante de mi vida y del desprecio tuyo, mamá, y el de tantos otros, la paz definitiva ha venido a instalarse en mí. Te lo digo ahora, tumbada en esta estrechez, cuando mi cuerpo se vuelve ceniza.
Escrito por María José Viz Blanco