Cuando no quieren...

Les abro la puerta de par en par, pero ni por esas. Hacen caso omiso a mis zalamerías, mirando con cierto desdén hacia otro lado. Me exasperan cuando se ponen de este humor. Bien saben que las necesito, irremediablemente, porque sin ellas no puedo escribir mi amarga historia de amor.
Escrito por José Antonio Barrionuevo - Twitter
Anónimo hasta noviembre

11 comentarios :

  1. Picasso, que algo sabía de arte e innovación, dijo aquello de: "Cuando venga la inspiración que me encuentre trabajando". Seguro que tenía razón, pero todos sabemos no es solo cuestión de método, técnica, trabajo o voluntad. Cuando no quieren, no quieren. Son muy caprichosas esas musas.
    Es difícil que los que intentamos juntar letras no nos identifiquemos con este relato.
    Un saludo

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  2. Carmen Hinojal4/10/17 18:20

    Precioso relato, quien dude del capricho de las musas es que no se ha visto en tal aprieto. El micro esta escrito con tanta gracia, que quizas al final se apiadaron y le dieron un empujoncito para que existiera. Un abrazo.

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  3. Maria Galerna4/10/17 19:16

    Andarán de vacaciones...

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  4. Yo abriría las ventanas...
    Buen relato cincuentista anónimo/a

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  5. Las musas aparecen cuando aparecen, en ocasiones estás esperando y esperando. Y en otras tienes que dar entradas para que se ordenen y no se agolpen. Pero la mayoría de ocasiones no están y se echan en falta.
    Tal vez lo que quieren es que te olvides de esa triste historia de amor.
    Buen relato.
    Un abrazo, anónimo.

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  6. Las Musas, esas señoras que deben de andar como Pedro por su casa por los recovecos de nuestro cerebro, hacen lo que les da la real gana, no hay forma ni zalamerías que las convenzan para que nos echen una mano cuando deseamos escribir esa gran historia, ese gran poema, esa reflexión sin fisuras que querríamos que saliese de nuestra pluma, o del teclear constante que hace que vayan apareciendo las palabras en la pantalla de nuestro ordenador.
    Muchos grandes creadores han confesado que ellos ha sido meros amanuenses de alguien que parecía dictarles o inspirarles su obra de arte o su creación literaria, y es que las sentinas del cerebro nos son desconocidas; por poner el ejemplo del iceberg, serían la gran masa escondida bajo las aguas, y por más cursos de buzo que hagamos, muy poco es lo que podemos investigar de esas oscuras e ignotas regiones.
    Sin ellas, la creación, aunque sea el fruto de muchos años de oficio, estará falta de gracia, cojeará, se le verán las costuras. Así que, señoras Musas, no se hagan tanto de rogar y sean más generosas a la hora de repartir sus dádivas entre tanto humildes escribidores y artistas que pululamos por este bajo mundo en busca de algún destello trascendente.
    Un abrazo.

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  7. Hay que tener en cuenta que las Musas son griegas, es decir, mediterráneas tan perezosas como nosotros. ¡Ay!, si fueran japonesas…
    Un buen micro. Saludos

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  8. "¿Adónde van las palabras que no se quedaron?..." yo creo que han sabido juntarse, ágiles y frescas, para contarnos tu relato.

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  9. Las musas. En su condición de inspiradoras de toda clase de Arte, son invocadas por los poetas al comienzo de sus obras para que les proporcionen las palabras adecuadas y les muestren los hechos verdaderos. Pero hoy, como dice Serrat "Han pasao de mi..."
    Muy bueno. Besos

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  10. Tal vez las musas no estén por la labor de ayudar al protagonista a escribir sobre su amarga historia de amor, pero porque saben que no es el mejor momento. Deberá dejar reposar esa tristeza, tomar distancia en el tiempo, y cuando menos las espere, ellas volverán. Un saludo, Anónimo 12.

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  11. Se niegan en rotundo a aparecer. Han descubierto la suave indolencia del Dolce Far Niente.

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