Discurso sobre un madero

Ha dicho el juez que sólo me quedan cuarenta palabras. Tenía derecho a cincuenta y, pueden comprobarlo, he derrochado veinte. Para despedirme del mundo podré emplear otro par de decenas. "¡Diecinueve!", corrige el verdugo, blandiendo el hacha.

Con la venia, señoría, ¿cómo redimirse con cuatro vocablos? Ojalá tuviera cincuenta palabras.
Escrito por Vicente Varas - Twitter

13 comentarios :

  1. ¡Vicente! Cuánto se te echa de menos. Qué bonita sorpresa poder leer un relato tuyo en un día tan especial y con la maestría de tu estilo inconfundible.
    Señoría, ¡indulto, por favor!
    Buenísimo, querido amigo.
    Un beso.

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  2. Vicente, como bien dice Patrícia, cómo se te echa de menos. Precioso relato para un día tan especial.
    Una gozada leerte de nuevo por aquí.

    Un abrazo.

    Pablo

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  3. Silvina Palmiero9/2/18 17:18

    Genial Vicente!! Bella y milimétricamente escrito, que me he tomado el trabajo de ir contando cuántas palabras iban quedando al cabo de cada frase!! Muy bueno. Hermoso leer este homenaje en el que, por falta de tiempo y diversas complicaciones, no he podido estar. Saludos a todos y muy feliz aniversario a Cincuenta Palabras!!!

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  4. Eduardo Martín Zurita9/2/18 19:21

    Hola, Vicente.
    Excelente texto el tuyo. Hay quien salvó la vida, ya lo sabes, cambiando una coma en el texto de su sentencia a muerte. Aquí el juego es distinto, hay que utilizar cincuenta palabras, en principio, pero al cabo, a punto de caer el hacha solo quedan cuatro, indúlteme, señoría, soy inocente. Podrían valer. Un abrazo.

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  5. Vicente, de fiesta están las hadas de las palabras. Tu varita mágica las toca y las hace brillar. Qué bueno, la magia de tus cincuenta vuelve de nuevo a volar.
    Un abrazo.

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  6. Un relato que va descontando palabras a la vez que in crescendo la calidad. Original homenaje, Vicente. Un abrazo.

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  7. Me uno a las voces que se alegran de leerte después de un tiempo. Ese reo, protagonista de tu relato, no concebía la existencia sin un mínimo de cincuenta palabras, ni una más, pero tampoco una menos, necesarias para amar, o indignarse si se da el caso, para reivindicar, para intentar salvar la vida in extremis... para todo. Que esa cantidad da mucho de sí lo demuestra este blog cada día.
    Sigue sumando vocablos y nosotros que los veamos.
    Un abrazo, Vicente

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  8. Vicente, que aparezcas de nuevo en el día del aniversario ya es motivo de alegría. Tu cincuenta, tan medido y ajustado, te concederá el indulto, no solo ante el juez sino ante esta familia que te abre los brazos. Visítanos siempre que tus ocupaciones te lo permitan.
    Un brindis en tu honor y un abrazo enorme.

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  9. Poco puedo decir ya, me uno a los comentarios. Voto por el indulto. Un beso.

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  10. Genial, Vicente, cuando lo leí por primera vez me pareció de los más original y me alegra mucho leerlo también por aquí.
    Enhorabuena, un beso.
    Malu.

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  11. Ese madero me ha traído a la mente a Antonio Machado y su poema La saeta, en el que canta a ese Jesús del madero al que no quería ni podía cantar.
    Tú nos traes a un personaje que está sobre un madero, al que se le han dado Cincuenta palabras y, como a todos nos ocurre con el tiempo de vida que se nos da –el cual no sabemos cuánto es, por suerte, pienso-, no puede hacer nada para evitar que las palabras se le vayan agotando y, al final, se quede sin ninguna.
    Veo a ese protagonista como a un pariente del periodista y escritor checo Julius Fucik, que escribió sobre sus últimas vivencias en unas hojas sueltas que luego se convirtieron en el libro titulado Reportaje al pie de la horca. Finalmente, fue ejecutado por la Gestapo.
    También recuerda tu historia, en parte, al soneto que Lope de Vega le había mandado hacer Violante, y del que decía que en su vida se había visto en tal aprieto, y no sé si la sangre llegaría al río y se pondría violento con la tal Violante, o viceversa, si a ella no le gustó el soneto. Sólo que el Fénix de los Ingenios iba en sentido contrario al de tu protagonista, pues él se iba acercando a la culminación de lo que le había pedido su dama.
    Por otra parte, esas palabras que se le van agotando a tu protagonista me traen a la mente los relojes de arena, los cuales simbolizan el tiempo de nuestra vida, ese tiempo que siempre se nos está yendo, tal y como los granos de arena no cesan de caer en el depósito inferior de dicho reloj.
    Y la finalización, con ese deseo-petición del individuo que está sobre el madero al juez, recuerda el tiempo circular, la repetición de las cosas, el eterno retorno nietzscheano.
    En esta página, por suerte, cuando agotamos las cincuenta palabras se nos vuelven a dar otras tantas para que armemos otra historia, y en eso estamos.
    Para acabar, Vicente, decirte aquello de “¡qué bueno verte de nuevo por acá, y cómo se te echaba de menos!”
    Un fuerte abrazo.

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  12. ¡Hola, Vicente! ¡Un placer volver a leerte!
    Ingenioso micro en el que juegas con las palabras con esa cuenta regresiva en que los vocablos se le van escapando al reo como arena entre los dedos.
    Muy bueno. Un abrazo.

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  13. Aunque también he estado "missing" un tiempo, me alegra saber que, más tarde o más temprano, todos vamos regresando. Es un gusto volver a leerte y, en este caso, con un relato homenaje tan original y tan bien construido. Un abrazo, bienvenido y felicidades.

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