Ejercicio mental
La asfixiante oficina me ahogaba. Tras la ventana, el Ebro fluía rápido. Querría ser parte de sus aguas y llegar a su meta: el mar. Vestí mi mente con zapatillas nuevas y empecé a correr tras las olas que el bravo Cierzo azuzaba. Cada metro, una gota más. Sudor, libertad.