Mostrando entradas con la etiqueta Eva Mª Domínguez. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Eva Mª Domínguez. Mostrar todas las entradas

Ejercicio mental

La asfixiante oficina me ahogaba. Tras la ventana, el Ebro fluía rápido. Querría ser parte de sus aguas y llegar a su meta: el mar. Vestí mi mente con zapatillas nuevas y empecé a correr tras las olas que el bravo Cierzo azuzaba. Cada metro, una gota más. Sudor, libertad.
Escrito por Eva Mª Domínguez

Pasos de baile

—Talón, punta. Talón, punta, talón...
—¡No puedo! Mis pies no coordinan.
—Son como pasos de baile, hija. Apóyate en mí y volvemos a intentarlo.

Su angustia, amarga y grande como el tumor extirpado, se diluye con cada paso cual gota de esperanza. "Bailaremos cuando vuelvas a andar, hija", piensa ella.
Escrito por Eva Mª Domínguez

Ayer y hoy

Coldplay de fondo, las gafas puestas e hilo y aguja en mano. Concentrado, cose un botón. Ha hecho un curso de corte y confección y hoy se entretiene practicando. Cuerpo y mente disfrutan con la labor. Se relaja y sonríe recordando que en un tiempo lejano era un reputado cirujano.
Escrito por Eva Mª Domínguez

Último deseo

—¿Papá, te llevo al hospital?
—Sí, con cuidado, no me pase nada.

Se levanta rápido. Camina despacio para no caerse. Sus días son gotas de rocío que cada mañana mueren a sus pies.

Son 94 años y después estará preparado. Agradecido, su corazón henchido; hoy conocerá a su primer biznieto.
Escrito por Eva Mª Domínguez

Cayeron sus hojas

Vigilante inagotable, recto y fuerte; sus dedos lanceros cuidaron amorosamente las cocheras de los trenes durante 80 años. Gran envergadura y sólido escudo, protegió todo lo que su sombra cobijaba; generoso regalando su aroma, daba vida. Peno por él. Dentro del taller, solo queda el tronco cortado del gran eucalipto.
Escrito por Eva Mª Domínguez

Ella

Estático y vigilante, mi análisis de vídeo agoniza en la espera. Último turno y nadie en el tren. De pronto, ella. Me mira, sonríe y me siento vivo. Querría decirle que la quiero pero muero. Mi sensor de movimiento detecta que se levanta. La amo. Sale del tren y muero.
Escrito por Eva Mª Domínguez

La excepción

—Solo si ellos te pegan primero.
—¿Y por qué, mamá?
—Porque deben saber que tú sabes defenderte.
—Sus lágrimas mojaron el mármol.
—Pero no está bien. Mis profesores me castigarán.
—No, no te castigarán, mi vida.

Sus ojos en luto miraban la lápida de su hijo mayor de 12 años.
Escrito por Eva Mª Domínguez