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El peso de la nieve

Lentamente el silencio se instaló entre sus cómodas vidas. Los días fueron pasando despacio, como cuando empieza a nevar. La suavidad de los primeros copos termina siendo una pesada capa de hielo.

Ella no se dio cuenta de su muerte hasta la mañana siguiente. Al despertar, no olía a café.
Escrito por Ricardo García - Web

La última noche en Berlín

Sentado frente a la puerta, cuento con que todos lo imaginen (trago), cuando todo sale mal pocos se acuerdan de ti (trago largo). Es tan fácil criticar...

El teléfono encendido sin sonidos, me quito la chaqueta, apuro el vodka. Comienza a nevar y hace frío.

Pronto llegará el sueño liberador.
Escrito por Ricardo García - Web

La escalera

Entró y la vio subida a la escalera, limpiando libros. Ella se agachó y entonces pudo ver su ropa interior. Se le cayó el pan al suelo.

—Anda, baja —le dijo.
—¿Y los nietos? —protestó ella tímidamente.
—Me importan un pito —contestó él, muy serio.

Y ella bajó despacito, sonriendo.
Escrito por Ricardo García - Web

Cargando...

Todo fue muy rápido, doctor. No recuerdo nada más que un café en mi mano y, de repente, todo se paró. Pude ver la taza cayendo a cámara lenta, en silencio. Y hasta el cielo se oscureció... Usted me entiende. ¿Verdad, doctor?

—Cargando. ¡Apártense! ¡Tchas!
—Es inútil, doctor.
Escrito por Ricardo García - Web

Don de lenguas

Podría estar horas hablando para ti. Porque quizá en un primer momento, después de una risa ligera de unos temas intrascendentes, obligatorios para romper el hielo, vendría el típico silencio forzado. Pero entonces, al mirarte a los ojos, surgiría el beso que desataría nuestras lenguas y haría innecesarias más palabras.
Escrito por Ricardo García - Web

Paciencia

—A veces, me das miedo —dices, y te imagino pensando donde está el truco.

No lo hay. Observo, averiguo cosas y luego te sorprendo con una de esas intimidades.

Acertar no es magia, es solo paciencia. Esa que nadie ha tenido contigo...

Qué tontos. No saben lo que se pierden.
Escrito por Ricardo García - Web

Sonrisa helada

Abrió la puerta dispuesta a la batalla. Últimamente además de soportar su odioso trabajo, tenía que soportarlo a él y su maldito desorden. Pero se encontró el mantel perfectamente colocado y la cocina recogida.

Sobre la almohada, una nota: "Ya no tendrás que preocuparte del desorden, sino de tu soledad".
Escrito por Ricardo García - Web

Todo preparado

Por fin, después de tantos esfuerzos, esta es LA noche.

Está todo preparado: traje y corbata, el coche limpísimo y en casa está lista la mesa para la cena.

Sólo tengo una duda con el vino: no tengo clara la dosis de narcótico para conseguir dormirla rápidamente. Tendré que improvisar...
Escrito por Ricardo García - Web