Cara y cruz

Lo último que vio antes de que el muchacho se tirara al convoy fueron sus transparentes y grises pupilas, pero él no tenía tiempo, la diálisis le esperaba.

En el hospital le recibieron con impaciencia. Había llegado un donante. Al firmar la autorización unos ojos transparentes y grises le sonreían.
Escrito por La hija del Ferroviario

4 comentarios :

  1. el nieto del ferroviario3/5/14 17:51

    Mi enhorabuena, sigue mandando palabras de cincuenta en cincuenta.

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  2. Tremendo corto que demuestra que cada una de nuestras vidas está relacionada, querámoslo o no, con las de los demás.

    Saludos.

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  3. Mu bueno, hija del ferroviario. alguien debe morir para que otros vivan.

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    Respuestas
    1. Anónimo17/5/14 3:33

      la cara y la cruz de toda moneda

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