Como por ensalmo

Bastaba dar con el vocablo preciso y… punto final. La novela, dos años después, estaría acabada.

El dedo meñique pulsó la tecla blanquinegra. Comprobó, perplejo, que el texto iniciaba una imparable regresión…

La asistenta halló el monitor encendido, la pantalla en blanco, el cursor parpadeando. Nadie más en la casa.
Escrito por José Antonio Barrionuevo

8 comentarios :

  1. Notincgas27/8/14 22:58

    ¡Qué miedo! Ahora mismo apago el ordenador.
    Antes, sin embargo, te doy un "me gusta".
    Saludos

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    1. Gracias, Notincgas, y por favor no apagues tu ordenador o nos perderemos tus magníficos relatos. Mejor te das una vuelta, te tomas una cerveza y regresas sano y salvo.
      Saludos y nos leemos (espero). ;)

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  2. Un relato con infinitas lecturas, o con ninguna como te descuides un poco, jajaja. Yo me quedo con la de la insignificancia de nuestra existencia y de todo cuanto hacemos en ella, aunque quizá no sea esta la que tú propones. "Me gusta", José Antonio. A mí más que miedo me ha dado vértigo. Un abrazo.

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    1. Pues tu lectura, Enrique, es plenamente válida. Muchas veces -la mayoría de ellas-, nuestros esfuerzos se van con una inusitada rapidez y somos incapaces de saber detener su desaparición.
      Me faltó, pero ya no me quedaban palabras, eso de 'Este mensaje se autodestruirá pasados cinco segundos'. Y el escritor salió pitando. O no le dio tiempo.
      Saludos y un abrazo.

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  3. Brrrr, miedo, vértigo ... En mi caso, escalofrío!!! Me ha gustado!!!
    Besos.
    Malu.

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    1. Tampoco es para tanto, Malu. El escalofrío podría proceder de que en la casa no había nadie, pero la asistenta se sentó delante del ordenador (recuerda que el cursor parpadeaba) y se puso a escribir. Y hasta aquí puedo leer...
      Besos también para ti y gracias por leerme y porque te haya gustado.

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  4. Tremendo; el ordenador lo devoró todo, al autor y a su obra. ¡Por Dios, que se aleje la asistenta de él!
    Muy bueno, José Antonio. Suerte. Un saludo.

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    1. Demasiado tarde, María Jesús. La asistenta también cayó rendida, como por ensalmo, ante ese cursor parpadeante que todo lo atrae... y consume. Solamente él subsiste en esa pantalla en blanco, a la espera (tiene todo el tiempo del mundo) de otro incauto. ¿Alguno de nosotros? ;)
      Saludos y gracias por tu comentario.

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