Mamá

Mamá, ¿por qué no cantas? Señor, ¿adónde me llevas? Huele como aquel día en la hacienda. La sangre de las ovejas colgadas se pegaba a la piel, salpicando mi vestido de terciopelo azul. No veo. ¿Dónde estamos? Mamá, abrázame. Señor, ¡no!, no grites, mamá. ¿Esos golpes? (Silencio). Mamá, ¿has desaparecido?
Escrito por María Jesús Briones Arreba

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