El último afilador

Su áspero grito y su flauta estridente desgarran el plácido silencio del alba y levantan algarabías de pájaros y nubes de insectos; horadan el aire limpio y fresco llenándolo de añejos recuerdos y nostalgias dormidas; ahuyentando sueños, reclamando vigilias, alertando sentidos; provocando la ira encendida de sus compañeros de residencia.
Escrito por Enrique Mochón Romera

56 comentarios :

  1. Me parece de una sensibilidad arrolladora.
    Has utilizado un vocabulario exquisito y despertado en mi memoria tiempos de antaño en que el afilador, como tú dices tan poéticamente, aumentaba sueños reclamando vigilias.
    Me imagino que te habrás sentido satisfecho de un relato lleno de tesoros, y con un melancólico final: el afilador lo seguirá siendo a pesar de que el tiempo, siempre cruel, lo ha retirado de las calles. Sus compañeros tendrán que aguantarse porque su oficio es eterno. Como eterna son tus letras, mi querido maestro, padrino y, lo más preciado: amigo.
    Te has salido este mes.
    ¡Enhorabuena!
    Un abrazo, o miles.
    Pablo.

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    1. Siempre me ha parecido un oficio de lo más singular, de esos que marcan a la persona que lo profesa hasta el punto de envolver con su "roll" el resto de rasgos. Creo recordar, por ejemplo, que casi todos tienen problemas de vista como consecuencia de su exposición a las chispas, esas que, según se dice, se comen sus perros si les aprieta el hambre.
      Muchas gracias, Pablo, por tu generosísimo comentario. Creo que si no dejas claro que tu opinión es subjetiva al final van a pensar que no entiendes, ;-).
      Mil abrazos, querido maestro, compadre y amigo.

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  2. Has utilizado un lenguaje tan cuidado y exquisito que no he necesitado cerrar los ojos para escuchar nítidamente la voz y la flauta de ese sempiterno afilador. Un micro que derrocha sensibilidad e impregna de nostalgia. Precisamente ayer en Milagro, un pueblo de Navarra, escuchamos a un afilador, pero venía en coche y con su voz y la flauta grabadas. Nada que ver con la imagen antigua, pero supongo que también ellos tienen derecho a modernizarse. Bueno, Enrique, que me ha gustado muchísimo. Felicidades y abrazo.

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    1. Muchas gracias por todo, Juana. La verdad es que ya se ven muy pocos, y casi todos en coche, como debe ser, claro. Creo que lo que más nostalgia despierta es la figura en sí, aventajando con mucho en ese sentido, por poner solo un ejemplo, al camión del butano con su molesto claxon.
      Un abrazo.

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  3. Enrique, con palabras bellas y cuidadas me has llevado a mi infancia, donde el afilador formaba parte de nuestra vida, haciendo sonar su flauta de pan y gritando "el afiladoooooor" . Al menos en esta nuestra tierra así era. Ahora con la crisis se ha vuelto a retomar el oficio, aunque ahora con medios más modernos y más sonidos más estridentes.
    Y esa sorpresa final que nos muestra la tierna imagen de un anciano afilador internado en la residencia y que nunca ha olvidado su oficio.
    Me ha encantado Enrique. Enhorabuena!
    Besos

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    1. Muchas gracias, Pilar. Hace poco me di cuenta de que a través de todos estos oficios antiguos podía rescatar recuerdos perdidos. Por mi casa iban vendiendo miel, blanca y negra (como decían a la melaza), quesos, tortas, pescado, pan.... haciendo fotos, reparando sillas, comprando chatarra... Bueno, como por todos los sitios, supongo, hace medio siglo, lo que pasa es que no todos estábamos ya ahí para verlo, :-).
      Me alegro de que te guste.
      Un abrazo.

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  4. ¡Qué maravilla! Tu micro huele a autenticidad, a tardes de siesta interrumpida, a carreras anunciando a tus mayores su sonora presencia, a sensación de inexplicable seguridad. Has sabido arrancarme esos recuerdos añejos, meciéndome en la nostalgia de lo que fue. Y tu anciano afilador, que siga desgarrando el silencio de la residencia. :) Mis felicitaciones, Enrique, este va a ser uno de esos micros difíciles de olvidar, por lo que cuentas, y por la elegancia con la que lo has hecho. Muchos besos.

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    1. Muchas gracias, Matrioska. No esperaba recibir comentarios muy entusiastas a este relato. Su primera intención era la que abajo apunta Patricia, pero a medida que le iba dando forma fui comprendiendo que el personaje merecía todos mis mejores respetos, por lo que al final quizá predomine esa faceta.
      Me han llenado mucho tus palabras.
      Muchos besos para ti también.

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  5. A mí a lo que me huele es a mala leche... La del afilador y la del escritor que, dejando migas de poesía por el camino, nos atiza al final con la estridente realidad.
    Muy bueno, Enrique.

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    1. Pues sí, Patricia. La cosa va por ahí, pero parece que esta figura llevaba una carga encima de la que no he querido liberarla, y el resultado ha sido una mezcla que, si a unos da nostalgia y a otros hace sonreír...
      Muchas gracias y besicos.

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  6. La lealtad de este hombre a su identidad es encomiable. Seguro estoy de que más de alguno de sus compañeros se contagiará de su pregón y volverán, entre otros oficios, los serenos y ropavejeros.
    Te comento, Enrique, que hoy día en mi país algunos ancianos afiladores han vuelto a salir a trabajar, para ganarse el sustento.
    Un abrazo.

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    1. Me parece muy apropiada esa palabra que usas, "identidad", pues el oficio, además de modelar a la persona que lo realiza, también pasa a formar parte de su nombre, bien como apodo o como apellido (desconozco en que momento ocurre esto último, aunque supongo que, al censar por primera vez a los habitantes de un pueblo, en muchos casos se recurriría a su oficio como mejor distintivo). Y en efecto corren tiempos de recuperar ciertas cosas por motivos de necesidad, y casi todo tiene su lado bueno.
      Muchas gracias por tu comentario, Vicente.
      Un abrazo.

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  7. Cuando los recuerdos profundos se acomodan en las palabras las historias que las contienen adquieren alma. Esa ha sido mi primera sensación al leer tu relato, Enrique.
    La escala aguda de esa flauta, desgarrando la extensa barrera del tiempo, arrastra con su afilada emoción vivencias, reminiscencias, sonidos sobre ecos de aromas a barrio; igual que hizo aquel flautista con los fascinados roedores.
    Hay historias que van calando en su lectura hasta un final tan intenso que se tarda bastante tiempo en salir de ellas. Esa ha sido mi última sensación al leer esta maravilla.
    Mi más sincera admiración, Enrique.
    Un abrazo.

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    1. Aprecio mucho esta buena disposición que muestras hacia mis relatos, Antonio. Y me asombro también del efecto "amplificador" que la sensibilidad de un buen lector puede tener sobre lo escrito. Una vez que mando los relatos a Álex, no sé por qué, empiezo a desconfiar de ellos e incluso a olvidar detalles en los que he puesto especial intención. Me alegro mucho de que, aparte de darle una mayor dimensión con tus palabras, hayas apreciado esa intensidad que quise dar al final.
      Muchas gracias por todo.
      Un abrazo y mi admiración.

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  8. Enrique, con un lenguaje evocador, cadencioso y poético has rescatado a uno de esos personajes entrañables de otra época –lo cual no quiere decir que no pueda volver otra similar-, me vienen a la cabeza algunos de esos variopintos individuos como los organilleros, las castañeras, los titiriteros –a uno de ellos Serrat le dedicó una canción-, los zapateros que tenían un tallercito en la entrada de los portales, las gitanas lectoras de manos y otros tantos que, quizá, fueron unos precursores del llamado autoempleo, el cual, según lo entiendo, en su versión más cínica, es algo así como: búsquese usted la vida y no toque las narices. O sea, nuestro afilador sería una de las tantas personas que no hacen la historia, sino que la sufren sin entenderla.
    Esa sería una de las caras de la áurea moneda de tu microcuento, la otra, que está toda contenida en la última frase: “provocando la ira de sus compañeros de residencia”, es la del paso del tiempo. Estupendo broche final.
    Por decirlo con el nostálgico título de novela de Héctor Abad Faciolince: El olvido que seremos. Olvido porque la memoria se nos va despoblando con los años y porque con la muerte se destruirá del todo, porque sólo quedaremos durante un tiempo en las memorias de las personas que nos hayan querido.
    Dado que en un microcuento la mayor parte del ‘cuadro’ está vacío, y con las cuatro pinceladas que quien lo ha escrito hay que imaginar gran parte de lo que no ha podido, o no ha querido contar, recreo en mi mente retazos del pasado de ese afilador, le imagino una familia, veo sus últimos años de deterioro mental, y me centro en su última etapa en esa residencia en la que pasarán por su cabeza borrosas imágenes de toda una vida que ya no sabrá interpretar, mientras irá de acá para allá repitiendo lo que tantas veces hizo, ajeno a las murmuraciones y recriminaciones de sus compañeros, muchos de ellos más lúcidos que él y sin paciencia para ser tolerantes con sus desvaríos.
    Sobra decir que me ha gustado mucho, mis aplausos y mi enhorabuena. Saludos.

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    1. Muchas gracias, Enrique. Estos comentarios tuyos son todo un derroche de generosidad. Veo que has profundizado en el presente del protagonista y además de un modo muy acertado. Hace poco, curiosamente, uno de mis relatos en esta página se basaba en el mismo planteamiento que apuntas de Faciolince, valorando como algo positivo esa otra existencia nuestra que nos sobrevive durante un tiempo en el recuerdo de los que nos conocieron. Por lo demás, la situación que describes en la residencia no podía estar mejor retratada.
      Me alegro de que te haya gustado.
      Un abrazo.

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  9. Una maravilla de relato, Enrique. Ese afilador que sigue manteniendo sus hábitos pese a la vejez y la desaparición de su oficio. Nos lo presentas con sonidos, sensaciones y poesía. Es fabuloso, te felicito y te corono de laureles.

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    1. Muchas gracias, Belén, por tus elogiosas palabras y por la corona de laureles, la llevaré unos días en tu honor, :-). Por cierto que a ti habría que coronarte con diamantes; vaya joyas que vas dejando por ahí.

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  10. Enrique bellísimo y poético relato, en el cual haces un homenaje a trabajos, como el de afilador, ya casi desaparecidos. Me has hecho recordar mi niñez.
    Has utilizado perfectamente cada una de las palabras. Y encima ese final, en donde encontramos al protagonista que desde su residencia no puede olvidar su oficio de siempre.
    Me ha gustado mucho Enrique, gran relato al que deseo lo mejor.
    Un abrazo.

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    1. Muchas gracias, Vicente. Precisamente mi padre ha dedicado gran parte de su vida a la venta ambulante de frutas y verduras, otro de esos trabajos casi desaparecidos. Aún hoy es conocido como Enrique, el "bercero", y en este caso me ha costado hasta encontrar la palabra en la web (también es cierto que su uso quizá no haya sido nunca muy extendido). Me alegro de que te haya gustado y de que hayas visto todas mis intenciones en la historia.
      Un abrazo.

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  11. Bonito homenaje a un oficio que ya se ha quedado algo antiguo,quizá ni muerto del todo, aun, pero como tu bien relatas ya descansa en una residencia de ancianos.
    Un saludo Enrique,

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    1. Muchas gracias, Raquel. Veo que has encontrado una simbología en mi relato que yo no había buscado pero que me alegro de que esté. También me alegro de que te haya gustado.
      Un abrazo.

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  12. Nos has regalado un bello relato, poético y evocador. Las mañanas de la infancia en el pueblo con su desfile de oficios ya olvidados han cobrado vida en tus delicadas 50 palabras. El fastidio que provoca el viejo afilador en sus compañeros de residencia no le quita ni un ápice de hermosos recuerdos al relato.
    Me ha encantado, Enrique. Un gran abrazo.

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    1. Muchas gracias, Carmen. Como dice Patricia, el relato tiene un poco de mala leche, aunque una cosa no quita la otra. Si he logrado algo de sentido poético y evocador ha sido con toda la intención.
      A mí me han encantado tus palabras.
      Otro abrazo abrazo grande para ti.

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  13. Como a todos los compañeros, me ha gustado mucho tu micro, pues en cincuenta palabras, con poesía y eficacia, has sabido dar el retrato de una imagen de la infancia. Como decía Enrique Angulo, sólo nos quedan los recuerdos, de manera que no hay mejor recurso contra el tiempo que volver sobre ellos (recordar, etimológicamente, significa volver a pasar por el corazón). Eso, y escribirlos en un micro estupendo. Un saludo.

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    1. Muchas gracias, Miguel. Pienso que siempre nos apoyamos en el recuerdo para escribir, incluso cuando se trata de historias futuristas, si bien en casos como este es solo la propia nostalgia lo que guía nuestro discurrir. Así, lo que pretendía ser en principio el retrato de una escena cómica, ha ido cobrado otros tintes.
      Me alegro de que te haya gustado.
      Un saludo.

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  14. Llevo todo el día dándole vueltas al comentario que quiero escribirte, Enrique, pero algunas palabras se escapan y elevan aprovechando el aleteo de los pájaros para jugar al escondite entre las nubes de insectos; otras, después de sentarse en la tasca con los recuerdos y compartir un chato de vino añejo con ellos, se han puesto nostálgicas y se me diluyen entre las manos; y el resto anda rebuscando entre los cajones esas tijeras oxidadas que ya daban por perdidas, los cuchillos mellados y la navaja de barbero que habían guardado bajo llave para que las más pequeñas no se cortaran.
    Y aquí estoy, con todos los sentidos alerta, porque este afilador me ha dejado sin palabras.
    Un abrazo

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    1. Grande siempre, Margarita, como grandes tus letras y palabras y todo lo que con ellas compones. Creo que tu privilegiada cabecita no necesita un día entero para crear un comentario tan extraordinario como este, pero me gusta pensar que mis palabras hayan podido estar en algún momento enredando por ahí con las tuyas mientras ibas colocándolas en tan buen orden.
      Encantado de que mi historia haya podido inspirar una reacción tan hermosa.
      Muchas gracias y un abrazo.

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  15. José Ramón Sánchez Varela27/3/16 3:33

    Qué bueno, me ha gustado mucho. Muy bien resuelto.
    Enhorabuena.

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    1. Muchas gracias, José Ramón. Empecé este relato sabiendo únicamente cómo lo iba a acabar.
      Me alegro de que te haya gustado.
      Saludos.

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  16. Maravilloso, Enrique. Créeme que leí el micro hace dos días y fui incapaz de poner un comentario que estuviera a la altura de el último afilador. Y, aunque hoy sigo sin encontrar palabras apropiadas, no quiero dejar de decirte que tu micro me ha transportado al lugar donde hace mucho tiempo era incapaz de ir, ni aún poniendo todo mi empeño. Gracias por llevarme a ese rincón de mi infancia con sus mejores recuerdos.
    Beso grande.
    Malu.

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    1. Cuánto me alegro, Malu. Sea cual fuera mi propósito al escribirlo, lo cierto es que es una satisación que este relato esté sugeriendo esas cosas que dices.
      Muchas a ti por tu consideración.
      Otro beso grande.

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  17. Y fíjate, que de un par de notas estridentes sale una historia llena de recuerdos, de cantos de pájaros, de madrugadas perezosas, de sentimientos reencontrados, de la poesía del amanecer y hasta incluso de estudiantes airados.
    ¡Qué grande eres, Enrique!

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    1. Soy vosotros, que soy grandes lectores, porque a fin de cuentas no digo más que eso que apuntas.
      Muchas gracias, Notinc.
      Un abrazo.

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    2. Vaya con el "soy", y además con insistencia, como Matías Prats.

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  18. Un texto que tiene que llegar forzosamente a la fibra sensible, a no ser que se sea de piedra; que evoca oficios perdidos de una infancia cada vez más lejana, con un anciano que que se aferra a su pasado, consciente de que es un superviviente, apenas una sombra de lo que fue. Poco puede hacer contra todo ello, salvo rebelarse con una fanfarria estridente con la que se ganó la vida. Si a esta buena idea se le suma la maestría de narrarla de forma clara y casi poética, el resultado es este micro para enmarcar por el que te felicito.
    Un abrazo grande, Enrique

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    1. Me gusta ese rasgo de rebeldía que detectas en el personaje ante los efectos negativos del paso del tiempo en nuestras vidas. Sinceramente, yo me había limitado a esbozar una tragicómica figura, un tanto ajena (o bastante) a su actual realidad, que con sus desvaríos (propiciados por la inercia de toda una vida) lleva de cabeza a sus compañeros de asilo. Y luego vuestra sensibilidad ha hecho el resto.
      Muchas gracias por todas tus palabras, Ángel, siempre gratas para quien las recibe.
      Un fuerte abrazo.

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  19. Una profesión, un personaje especial como su labor, sencilla en apariencia y desgarradora en tu relato. Nos vas llevando con un toque de poesía por una historia donde nos muestras los sentimientos que ya no están contenidos y explotan en este afilador anciano, cansado y un tanto vengativo.
    Magnífica manera de narrarlo Enrique, un gusto leerte.
    Un beso.

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    1. Con tan buenas poetisas y poetas que hay en la página algo se va pegando a los demás. Posiblemente esa venganza que dices, o rebeldía, como la cataloga Ángel, sea mal entendida por el viejo afilador, pues poca culpa tienen los otros en este caso de lo injusta que haya podido acabar siendo su vida.
      Me alegro de que te guste la forma en que lo cuento. Como dice la canción, "Me has enseñado tuuuu..." ;-)
      Un beso, Belén.

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  20. Prosa poética en su totalidad, qué bien escribes Enrique.
    Sabes llegar con tus cálidas palabras a todos los rincones del microrrelato con esa naturalidad con la que llegas al final de secuencias perfectas, con un ritmo pacifico y lleno de belleza nos llevas hasta la residencia. Muy evocador, muy bueno. Te felicito y te deseo mucha suerte, amigo
    Besicos

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    1. Muchas gracias, Carmen. Qué palabras más bonitas me has dejado; de las que estimulan de verdad. Como más o menos he dicho al resto de compañeros, mi intención era hacer algo simpático, y valerme del sentido poético para potenciar el final, pero parece que se ha impuesto la poesía sobre la broma.
      Muchas gracias por todo, amiga, y suerte para ti también con tu estupenda propuesta.
      Besos.

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    2. Este haiku lo he encontrado en el enlace que me ha dejado abajo José Antonio.

      Chiflo

      El cielo cubierto
      de oscuros nubarrones:
      Suena un chiflo

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  21. El último afilador que no quiere dejar de serlo. Seguro que sigue tocando esa flauta, no para molestar, sino para mantener vivas esas sensaciones que nos muestras con tanta claridad.
    Desde luego, tu personaje no se limitaba a ejercer su oficio, también disfrutaba de todo lo que le rodeaba y provocaba a su paso.
    Un gran y evocador relato, Enrique. Un abrazo.

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    1. De todos los afiladores posibles que han pasado por vuestros comentarios, este es el que más cerca está del retrato que habría hecho yo de haber podido. Me encantan todas las frases que le has dedicado y que hacen que miremos con cierta ternura tanto al personaje como a su disparatada conducta.
      Muchas gracias por tu amable visita, Jose.
      Un abrazo.

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  22. Cuántos recuerdos, Enrique, y qué bien contada esa historia llena de nostalgia que nos hace viajar en el tiempo para volver a escuchar ese sonido que ya formaba parte del paisaje.
    Un beso grande.

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    1. Me alegro mucho de haber provocado esas sensaciones. Lo cierto es que la nostalgia inspira muchos relatos, sobre todo a los que, como yo, ya tenemos ciertos años.
      Muchas gracias por tus palabras, Sandra.
      Otro beso grande para ti.

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  23. La abrasión degrada el metal al igual que el tiempo erosiona los recuerdos. Los compañeros de residencia expresan su ira por la estridencia del sonido y por las chispas de nostalgia en su memoria. Me ha gustado mucho, Enrique. Un abrazo.

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    1. Vaya comentario más inspirado, Salvador. Y me parece muy acertada tu visión sobre las causas del enfado de los compañeros. En ciertas circunstancias la nostalgia puede doler demasiado.
      Muchas gracias y un abrazo.

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  24. ¡¡Otro magnífico cincuenta -y ya van este mes unos cuantos- que nos regala, en esta ocasión, el gran Enrique!!

    Después de tan buenos comentarios precedentes, a mí me queda muy poco que añadir, salvo que ese pito de afilador, esa pequeña flauta de pan, ese silbato -mágicos para unos, molestos para otros-, creo que se denominaba "chiflo" o "chifla", de "chiflar", verbo que en su 5.ª acepción, y como pronominal, significa "tener sorbido el seso por alguien o algo". En resumidas cuentas, amigo Enrique, que me ha chiflado tu historia.

    Va, por tanto, mi me gusta, por todo lo que tiene de nostalgia para mí como para tantos otros lectores. Y con este, mi sincera enhorabuena por tu buen escribir, en cuanto a estilo y en cuanto a lo que nos narras.

    Un abrazo y nos seguimos leyendo.

    Y como complemento (espero que se pueda enlazar bien), el entrañable sonido del afilador, que cuando he leído el relato lo he podido rescatar de mi memoria: http://www.funjdiaz.net/museo/mp3/chiflo.mp3

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    1. Tú sí que eres grande, José Antonio. Y menudo comentario marca de la casa que me dedicas, documentado y educativo, y de los de una cosa lleva a la otra. He intentado lo del enlace pero no encuentro el sonido, aunque con este portátil no me extraña; mañana lo buscaré en casa. Sí que he encontrado un haiku que me ha gustado y que te copio aquí (además de ponérselo arriba a Carmen, que sé que le gustan:

      Chiflo

      El cielo cubierto
      de oscuros nubarrones:
      Suena un chiflo

      Muchas gracias por tus generosas palabras (a las que me tienes malacostumbrado) y un fuerte abrazo, amigo.

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  25. Jo... se me había pasado comentarlo. Lo leí y me encantó, te quise escribir un comentario pero no pude en ese momento y ahora... ahora ya no tengo perdón y decir, no puedo decir casi nada nuevo del relato, sólo que es muy bueno y merece ser seleccionado.
    Un abrazo amigo Quique. Espero que me perdones.

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    1. Pero bueno, Isidro. Cómo es eso de perdonarte, hombre; agradecerte siempre el que te pases, sea cuando sea. La verdad es que cuando te publican el relato a final de mes hay pocos días para comentarlo. Me alegro mucho de que lo leyeras y de que te haya gustado.
      Un abrazo, amigo.

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  26. Uno de tantos oficios que se van perdiendo... y si al recordarlo se hace con palabras tan bellas como las tuyas, el lector queda immerso en ese mundo y transportado al pasado.
    Y para acabar, una nota final de humor, que no está reñido con la nostalgia (ay, esos abuelos con sus cosas...)
    Un beso.

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    1. Qué bien has resumido toda la intención del relato, Carme.
      Muchas gracias por haber tenido este amable detalle de visitarnos.
      Otro beso para ti.

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  27. Jose Antonio Gallego6/4/16 8:25

    Ya se que es un poco tarde, pero el relato lo merece, y es que me ha transportado a mi niñez cuando jugando al fútbol en la calle pasaba con su típico sonido el afiladooooor, y si eso me ha gustado el momento residencia ha sido genial.

    Gracias y un saludo.

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    1. Muchas gracias a ti por tu visita, José Antonio. Y me alegro mucho de haberte despertado esas sensaciones. Pienso que esto que hacemos, solo cuando logramos ciertas cosas, por más que nos entretenga siempre, deja de ser un simple juego de artificio.
      Un abrazo. Nos leemos.

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