El viaje de los inocentes (Infancias de guerra: Occidente)

Jugando a exploradores del tiempo, descubrimos un portal al pasado: un viejo baúl repleto de cartas del abuelo donde, entre barro de trincheras, describía con aterradora desesperanza la crueldad que entrañan las manos de cualquier hombre.

Inesperadamente también viajamos al futuro, porque ya no bajamos como niños de aquel desván.
Escrito por Antonio Bolant - Twitter
Elegido mejor relato de marzo de 2016
Occidente | Oriente | Tropical

46 comentarios :

  1. Dos viajes en el tiempo que en realidad no son sino uno solo y atemporal, el que lleva a estos críos hasta las más profundas y oscuras entrañas humanas. Esa “aterradora desesperanza”, con la que el abuelo describe la crueldad humana de la que fue testigo directo, tiene una fuerza devastadora sobre cualquier intento de conciliación con nuestra propia naturaleza, y más cuando la extiende a cualquiera de nosotros. No me extraña que tus protagonistas perdieran la inocencia a través de sus palabras.
    Excelente relato, Antonio, con una elección inspiradísima de cada palabra. El efecto que consigues, en particular, situando esa crueldad en nuestras manos me parece fantástico.
    Enhorabuena y mucha suerte.
    Un fuerte abrazo.

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    1. Qué bien y profundamente llegas a la trastienda de las palabras, Enrique. Has captado perfectamente lo que quería reflejar; que la desesperanza llega al comprobar que la crueldad, nos guste o no, es patrimonio de todos y cada uno de los hombres(o como dirían ahora los modernos: de los hombres y de las hombras) y que los colores, banderas y demás símbolos son sólo parte de la estupidez que nos lleva a ella.
      Qué suerte tengo de que me leas. Qué suerte tengo de que escribas para poder seguir aprendiendo de ti.
      Mil gracias por pasarte.
      Un fuerte abrazo recíproco.

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  2. Antonio, un duro viaje a la pérdida de la inocencia. Cualquier historia de guerra te hace madurar. Nada es igual después de vivir algo así.
    Me ha gustado la forma en que nis introduces en la historia y sobre todo como la terminas.
    Enhorabuena!
    Besos

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    1. Perder la inocencia siempre es duro, pero necesario para, entre otras cosas, intentar que otros tarden lo máximo posible en perderla.
      Aunque hay otras formas de perder la infancia, como bien nos has narrado este mes en tu magnífico relato.
      Gracias Pilar por pasarte y hacerme saber que te ha gustado.
      Un beso.

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  3. En el viaje se escuchan las risas infantiles, la excitación ante el descubrimiento de tesoros escondidos en el viejo baúl siempre cerrado, el asombro y la incomprensión ante lo narrado por el abuelo en las cartas. Y tras escucharse el chasquido del desgarro de su inocencia en el desván, el silencio. Perfecto, Antonio. No me gustaría nada encontrarme entre el jurado. Enhorabuena por este fantástico micro avanzadilla, por lo que veo, de otra de tus sensacionales series. Un abrazo fuerte.

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    1. Es emocionante saber que mis palabras adquieren forma en tus sentidos, Matrioska. Y que, además, los transmitas de esta forma tan intensa, es un verdadero regalo. Muchas gracias, es un verdadero placer leerte.
      Un fuerte abrazo para ti también.

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  4. Me parece un ejercicio literario magnífico este relato en el que, tras conocer la crueldad humana, maduran unos niños que subieron al desván como infantes y bajaron como adultos.
    ¡Cómo escribes, Antonio! Si el mes pasado nos regalastes un precioso relato, en este no has bajado el nivel.
    ¡Enhorabuena!
    Un abrazo.
    Pablo.

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    1. No voy a descubrir tu gran generosidad a estas alturas, Pablo. Pero que alguien de tu competencia y sensibilidad construyendo historias haga referencia a mi modo de escribir, me ruboriza. No sólo yo, somos todos afortunados por poder contar con tus acogedores comentarios y encima tener la suerte de poder leer las maravillas que escribes todos los meses.
      Mil gracias y un fuerte abrazo.

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  5. Unos niños descubren jubilosos los secretos del abuelo en el desván. Y así conocen la crueldad humana de la guerra. Todos nos sentimos responsables de esta dura pérdida de la inocencia. Qué bien contado, Antonio. Mucha suerte para este maravilloso micro. Un abrazo.

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    1. Gracias Carmen. Es muy buena tu apreciación acerca de la responsabilidad, yo creo que todos tenemos alguna parte de ella bien sea por acción u omisión. En cualquier caso, es un lujo contar con tu comentario.
      Un abrazo.

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  6. Silvina Palmiero28/3/16 14:15

    Ningún niño debería saber de guerras, porque no hay nada más ajeno a su candor que la evidencia de seres humanos matándose unos a otros. La pérdida de la inocencia de los protagonistas de tu relato, aunque sucede a través de los escritos de su abuelo, duele mucho más en tanto todos somos conscientes de la cantidad de pequeños en el mundo que están atravesando esa horrible experiencia en carne propia. Me ha gustado muchísimo, felicitaciones!

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    1. estoy de acuerdo, hay experiencias que no deberían vivirse siendo niños. Pero los humanos somos muy complejos y los adultos que las provocan también fueron niños a los que destruyeron su infancia adultos que a su vez también fueron niños...
      No olvidemos que los niños, a su nivel, son extremadamente crueles. No sé, yo lo veo muy complicado.
      Mil gracias por pasarte, Silvina, y por dejarme tu comentario y tu reflexión.
      Un saludo

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  7. Nuestros niños de Occidente saben de la guerra por las historias de sus abuelos, pero creo que nunca les harán madurar tanto como el relato de otros niños que se han enfrentado a ella y a todos sus horrores colaterales. Si algún día les entra el sentido común a nuestros gobernantes y somos capaces de ayudar a las personas de Oriente que nos necesitan ahora, también habrá que apoyar a nuestros niños por el horror que conocerán.
    Un relato soberbio, Antonio.

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    1. Nos guste o no, los humanos nos hemos forjado entre el horror, y si conociéndolo de primera mano, aún de niños, nos despierta de un bofetón la conciencia adormecida, habrá merecido la pena.
      Me enorgullece que haya gustado mi relato, encantadora dama de las palabras.
      Un abrazo, Patricia.

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  8. Una inocencia que se queda olvidada en el fondo de un baúl al descubrir los terribles secretos que en él se albergan y el dolor de saberlos realidad.
    Que manera más bonita de narrar algo que es tan oscuro e incompresible. Con una sencilla pieza de madera has destapado todo un 50 fabuloso.
    Un abrazo Antonio.

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    1. Pues es verdad, Belén; todo se desencadenó con la apertura de aquella tapa del baúl que sin pretenderlo les mostró la parte más oscura de su propia especie.
      Gracias por tu generoso comentario.
      Un abrazo.

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  9. Un simple juego de niños, una visita al baul del abuelo, hace descubrir a esos niños la crueldad y el dolor de la guerra.
    Me encanta esa imagen final en la cual dicen ya no bajamos como niños.
    Me ha gustado mucho Antonio, desde el título hasta el final.
    Un abrazo.

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    1. Ese final es el resultado del mazazo que supone saber cómo somos en el fondo, que nadie estamos exentos de convertirnos en lo que despreciamos si se nos ponen las circunstancias precisas frente a nosotros.
      Muchas gracias por tu comentario. Me alegro de que te haya gustado.
      Un abrazo

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  10. Qué manera excelente de contar la pérdida de la inocencia. Vayan mis aplausos, Antonio.
    Un beso.

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    1. Y yo me "genuflexiono" ante ellos, Sandra. Mil gracias por pasarte y comentar.
      Un beso.

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  11. Si, hay descubrimientos que nos hacen madurar repentinamente. Esas cartas del abuelo significaron un antes y un después para esos niños. Quién les iba a decir que jugar a explorar el tiempo (preciosa frase), les iba a mostrar la cara más fea de la vida. ¡Qué bien contado y qué interesante lo que cuentas! Felicidades, Antonio. Saludos.

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    1. ¿Qué más se puede pedir que lo que uno escribe parezca bien contado y se califique de interesante? Gracias por tu comentario y tu generosa valoración, Juana. Te lo agradezco mucho.
      Un saludo.

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  12. Transformación de personaje, a través de la inocencia perdida por el "accidente" de unas cartas, tan reales y crueles como la guerra misma.
    Saludos afectuosos.

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    1. Pues eso parece, María Jesús. Seguramente, el abuelo debió de ser un muy buen escritor a juzgar por el efecto que causó en esos niños.
      Un cordial saludo.

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  13. Hay momentos clave en los que el niño interior pierde fuerza en detrimento del adulto en que habrá de convertirse. Nada como las barbaridades de una guerra contadas en primera persona para ponerse al día de lo que somos capaces de hacer, comprender que terciopelos y algodones pueden tornarse fácilmente en asperezas inimaginables. Un viaje al pasado que supone una inyección de madurez con una difícil vuelta atrás. Una idea original planteada de una forma impecable, en forma y fondo.
    Un abrazo, Antonio

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    1. Terciopelos y algodones no son más que capas sobre una piel que se daña con facilidad y que a menudo pueden impedir que esta se curta y adquiera la fortaleza que necesita. Si se piensa bien, aprender no es más que viajar al pasado, y si ese viaje se hace sin filtros, las consecuencias pueden ser inimaginables, para bien o para mal.
      Impecable es tu comentario, querido Ángel. Como siempre, entre frases de seda, dejas constancia de tu amor por la escritura y del respeto hacia quien escribe.
      Un fuerte abrazo.

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  14. Este relato describe cómo el frío de la guerra es tan intenso que aún de soslayo es capaz de congelar los rostros de los niños. Antonio, como bien sabes, las vidas de muchos de nuestros abuelos, padres, antepasados no han sido fáciles y hay en su silencio bastante de sacrificio. A pesar de todo, ruego porque los niños sigan siendo niños mucho tiempo.
    Excelso.
    Un abrazo.
    Vicente

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    1. La niñez es un derecho que nada ni nadie debiera arrebatarnos antes de tiempo. Pero la vida no sabe de edades y las pasiones humanas, tampoco.
      Pero como bien dices, el sacrificio, la generosidad, la empatía por el semejante también son cualidades que creo nos llevaran a acabar forjando un mundo mejor, esos sí, a un ritmo exasperantemente lento.
      Gracias por ese extremadamente generoso calificativo, Vicente.
      Un abrazo.

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  15. Jo, cómo me gusta, Antonio.
    ¿Cómo decía Neruda? "Me gustaría escribir los versos más dulces en este comentario...porque te lo mereces", y seguro que él podría hacerlo, pero yo no, no soy capaz.

    Me encanta el movimiento que imprimes nada más empezar con ese gerundio, el olor a polvo del desván, el chirrido del baúl cuando se abre, el color húmedo del papel, la expresión inocente de los niños, el tacto áspero de las manos que se aferran a una pluma después de haber agarrado un fusil, el silencio inesperado del futuro,... (y la esperanza que cabe en unos puntos suspensivos).

    Pero hay un pero. No suelo entrar a analizar el contenido de los relatos; sin embargo, hoy sí voy a hacerlo: no estoy de acuerdo con la frase "la crueldad que entrañan las manos de cualquier hombre". Solo hay que echar un vistazo a lo que eres capaz de hacer tú con ellas cuando las posas sobre un teclado, y varios más de los que se pasean asiduamente por aquí (léase ellos y ellas).

    Un beso y dos abrazos.

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    1. Pues yo creo que sí serías capaz. La poesía es en gran parte imaginación y de eso, amiga mía, a ti te sobra. No sé si ya te lo he dicho, pero tus comentarios son como una obra de teatro, en el que el texto que referencias empieza a adquirir vida y le imprimes texturas, olores, matices que llegan a poner la carne de gallina. En cierto modo, eres una malabarista de los sentidos componiendo imágenes que encajan a la perfección en el alma de los relatos. Y ellos, entre tus comentarios, sacan pecho y se hacen más grandes, más ricos, más completos.
      No sé de donde sacas tanta creatividad, pero no me extraña que la plasmes por escrito, porque si no estallarías.
      Gracias por dedicarme esta preciosidad de comentario, Margarita.
      Dos besos y un abrazo que vale por dos.

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  16. ¿Cómo explicar a un niño la fealdad de la vida, que hay situaciones dolorosas que tarde o temprano van a experimentar o conocer? Esos niños han cambiado, bajan del desván haciéndose preguntas para las que los adultos tampoco tenemos respuestas convincentes.
    Maravilloso relato, Antonio. Un viaje desde la inocencia a la perplejidad. Un abrazo.

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    1. Gracias Jose. Me ha gustado mucho esa perplejidad que mencionas, creo que defines muy bien el estado en el que se encontrarían al terminar de leer.
      Te agradezco mucho tu comentario y es una satisfacción saber que te ha gustado.
      Un abrazo

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  17. La crueldad no conoce distinción, cualquier hombre puede acogerla entre sus manos y convertirse en instrumento de ella. Muy triste relato, pues el viaje a la madurez tiene que ser una suma de inocencia, imaginación y realidad en su justa medida. Genial, Antonio. Un abrazo.

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    1. ¡Uff! ¿Y como saber qué medida es la justa y en qué proporción? Difícil cuestión que sólo podrá resolver una sola cosa: la educación.
      Muchísimas gracias por tu reflexión y tu comentario, Salvador.
      Un abrazo.

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  18. En dos palabras, muy bueno.
    En una, genial.
    A mi no me parece un relato exactamente triste, todos los despertares lo son de algún modo. Es un relato verdad en el que uno puede por fín hablar de la vivido, a través de una carta, y otras personas escuchan y... aprenden.

    Es muy bueno, ahora en tres palabras
    (Es que aprendí a contar ayer y... estoy repasando, jejeje)

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    1. En muchas palabras: enormemente agradecido por todos esos adjetivos.
      Yo también pienso que fundamentalmente no es triste, conocer la verdad no debería serlo. Como decía el gran Serrat: "nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio"
      Gracias Luisa por tan considerado comentario.
      Y ánimo, a seguir aprendiendo, hoy a por el numero cuatro... ;-))

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  19. Querido Antonio, me produce una gran alegría saber que nos vas a regalar otra serie, aunque intuyo que viene con aires de tristeza por el tema que trata, no quiero imaginarme la crudeza de la siguiente entrega, que supongo será Oriente visto con los ojos de un niño...
    En cualquier caso, el relato es muy grande, desvelando la crudeza de la guerra a unos ojos inocentes, que dejarán de ser niños para siempre sin haber pisado el campo de batalla.
    Extraordinario relato Antonio. Ya estoy esperando el siguiente.
    Besos.
    Malu.

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    1. Gran intuición la tuya, Malu. Efectivamente estará dedicado a la infancia de guerra en Oriente y probablemente será el relato más crudo que haya escrito por aquí. Lo que ocurre por aquellas zonas no me daba para muchas poesías...
      Gracias querida escritora; tus comentarios, tus escritos son siempre un auténtico regalo y es un orgullo para mí no sólo que te haya gustado éste, sino que estés esperando el siguiente.
      Un gran beso.

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  20. Perfecto micro por todas las partes que lo mires.
    En una palabra: "Mancantao"

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    1. Pues es maravilloso "quetayancantao", Isidro. Aunque en lo de perfecto "taspasao".
      Gracias por tu comentario.
      Un abrazo.

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  21. Los baúles y los desvanes nos remiten a otros tiempos, despiertan en nuestra mente recuerdos de historias leídas en los libros y vistas en el cine; o sea, que ahí ya tenemos todo un mundo de analogías que entronca perfectamente con la infancia y con los personajes del microcuento, a los cuales, como a todos, a unos antes, a otros después, se les revela la cara oculta de la vida humana, esa serie de verdades que no quisiéramos conocer, que, a veces, nos empeñamos en no conocer, pero que, a pesar de esas resistencias –lógicas por otra parte, pues no somos titanes del espíritu, sino humanos con nuestras carencias y nuestras miserias-, suelen arrollarnos antes o después.
    Las infancias destrozadas por la guerra han sido y son innumerables, esas trincheras absurdas donde miles de hombres fueron arrojados como por fuerzas sobrenaturales, cuando eran ellos mismos, cada uno con su granito de arena, quienes las propiciaban. Tenemos tales cantidades de espanto a nuestras espaldas que abstraerte en ellas te llevaría directamente a un psiquiátrico.
    El impacto que esas cartas causarían en las almas inocentes, hasta ese momento, de esos niños sería tremenda; pero, ellos, como nosotros que no hemos vivido una guerra, son afortunados en comparación con otros niños que son arrancados de su inocencia aun de formas mucho peores, haciéndoles partícipes y víctimas de las horribles guerras en las que la humanidad se ha desangrado y ha descendido a los pozos más oscuros de su insania y su crueldad durante siglos.
    Muy buen microcuento, Antonio, como todos los tuyos que he leído, yo también bajo de ese desván dando algunos traspiés y con la desazón que me entra cuando no me queda más remedio que bailar con esa dama siniestra del mal que tiene la boca negra y los dientes cariados. Mi enhorabuena y mis más afectuosos saludos.

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  22. Tus exquisitos comentarios son un auténtico deleite, Enrique. Ver como desgranas la historia, la haces tuya y la desmenuzas con tanto mimo, es un auténtico lujo.
    Muchas gracias por ofrecerme esta joya.
    Un abtrazo.

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  23. ¡Qué bonita frase final!
    Buena reflexión: las cartas pueden ser puertas al pasado y las experiencias (vividas o contadas) adelantar el futuro y hacer madurar deprisa. Además muy bien escrito

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    1. Mil gracias, M. Carme.
      Cierto que las experiencias pueden hacer madurar, pero también, si son demasiado bruscas y rápidas, pueden llegar a pudrir.
      Me alegro de que te haya gustado.
      Un abrazo

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  24. ¡Sublime, Antonio!

    He tenido la enorme oportunidad de formar parte del jurado de este mes y desde que leí tu relato me impresionó cómo con tus cincuentas exquisitas palabras, junto a las cinco fundamentales del título (que las otras palabras, según nos apunta el capitán del barco, son porque tu relato se integra en una miniserie, que ya estoy ansioso por seguir) nos trasladabas a un viaje que terminaba siendo dos. El final de tu micro, ¡excelente! Lamento enormemente llevar tanto retraso en mis comentarios, pero nunca se llega tarde a algo que está ahí como esperando que sea acariciado por los lectores. Yo te confieso que lo he releído varias veces y con cada una de sus relecturas descubro nuevos sentimientos.
    Va mi me gusta porque es así, con toda sinceridad, y aprovecho este momento para felicitarte como justo ganador del mes. Tu historia bien se lo merecía y ello a pesar de que no lo tenía nada fácil, porque el mes de marzo ha sido de una cosecha increíble.
    Un abrazo y te reitero mis parabienes. Nos seguimos leyendo.

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    1. Nunca es tarde para un obsequio, que justo eso son tus palabras, querido José Antonio.
      Imagino la dificultad de valorar los magníficos relatos que acompañaban al mío y otras muchos que por fuerza se quedaron en el tintero. Me siento muy halagado por vuestro fallo, pero soy muy consciente de que cualquiera de los que me acompañaban podrían haber ganado. Con que te haya gustado, créeme, me doy por satisfecho.
      Un fuerte abrazo.

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