Carencias

Tengo fundadas sospechas de que nuestras almohadas se entienden. Anoche, al ir a acostarme, las sorprendí enredadas como contorsionistas en plena función. Juraría que hasta jadeaban sudorosas mientras perdían no pocas plumas en el ardoroso encuentro.

He creído oportuno que lo supieras. Eso, y que deseo frenéticamente que vuelvas conmigo.
Escrito por Mª Jesús Rodríguez
Elegido mejor relato de agosto de 2016 (mes anónimo)

40 comentarios :

  1. Muy bueno. Tu protagonista parece sentir , además, algo de envidia de la forma de actuar de sus fogosas almohadas. Lo que no sabemos es si eso le importará lo más mínimo a su expareja. Suerte y saludos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Seguro que sí, Jesús, aunque el desenlace... quién sabe. Muchas gracias por tu aportación.
      Un saludo.

      Eliminar
  2. Añora tanto a su expareja que imagina su amor reflejado en sus almohadas. Una bella historia de amor, muy bien contada por la imagen de esas ardorosas almohadas, y el título genial.
    Buen relato amig@, me ha gustado.
    Abrazos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Eso es exactamente lo que le pasa, Javier.
      Muchas gracias y un saludo.

      Eliminar
  3. Te resumo en una palabra lo que me parece tu micro: ¡Genial!
    Saludos.
    Pablo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Te lo agradezco, Pablo.
      Un fuerte abrazo.

      Eliminar
  4. Respuestas
    1. ¿Verdad que sí?
      Gracias, Isidro. Un abrazo.

      Eliminar
  5. Buenísima la imagen de las almohadas enredadas. Cómo dice la copla flamenca:
    "Tus cabellos y los míos
    se han enredao
    como las zarzamoras
    por los vallaos"
    Me ha gustado mucho, gracias por compartirlo.
    Salut.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias a ti por tu aportación flamenca. Je, je, je.
      Un saludo.

      Eliminar
  6. Me quedo con esas almohadas. Muy bueno.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Vale,te las presto un rato y de vuelta. Ja, ja, ja.
      Gracias, Maite, por tu opinión.

      Eliminar
  7. Estupendo, magnífico, buenísimo...

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias por tus alabanzas, querido amigo. Me alegra que te guste.
      Un abrazo.

      Eliminar
  8. Muy buena imagen la de las almohadas haciendo el amor.
    Me ha gustado tu relato.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Olga. A partir de hoy, a echar un vistazo a las almohadas antes de acostarse. ;)
      Un abrazo.

      Eliminar
  9. Después de leer tu micro, me he liado la manta a la cabeza y con ella, a guisa de turbante, te hago una reverencia a lomos de mi alfombra voladora. ¡Mágico!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Agradecida por tanta reverencia, querida Patricia, pero no te alejes mucho, te necesitamos cerquita.
      Un abrazo.

      Eliminar
  10. Me ha encantado tu micro. Las almohadas echan de menos a los que apoyaron sus cabezas sobre ellas y se han tomado afecto mutuo, aún cuando estén ausentes los dueños. Yo me lo creo.
    Enhorabuena. Saludos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Claro que te lo crees, porque es real como la vida misma. Je, je, je.
      Muchas gracias, María José. Un saludo.



      Eliminar
  11. Me ha encantado, He creído oportuno que lo supieras ;)
    Un saludo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Y yo creo oportuno darte las gracias, Margarita, por tu comentario.
      Un abrazo.

      Eliminar
  12. Otro estilo genial que me resulta muy muy familiar. Objetos que se atreven a hacer lo que sus propietarios no, mmmh... sigo pensando. ¡Ah, ya está! Espero acertar y si no, de cualquier manera felicitar al autor@ sea quien sea.
    Un relato/regalo estupendo.
    Abrazos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. A ver si aciertas, ya falta poco para el desenlace final.
      Muchas gracias, Vicente.
      Un abrazo.

      Eliminar
  13. Las carencias hacen que una persona perciba señales de aquello que ansía por todas partes, hasta en los objetos más inverosímiles, lo que demuestra que la realidad está fuera, pero también dentro de cada uno, o que cada uno tenemos la nuestra, una propia y distintiva, aunque aparentemente todos vivamos dentro de la misma, lo que hace el mundo plural y rico.
    Buen relato. Saludos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Eso le sucede a nuestro personaje, Ángel, qué bien lo has resumido. Muchas gracias por tus comentarios.
      Un fuerte abrazo, amigo.

      Eliminar
  14. Me ha encantado el erotismo que desprende tu relato. La imagen de esas almohadas enrolladas es genial.
    Enhorabuena, anónim@.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Eso pretendía, me alegra haberlo logrado.
      Muchas gracias, Asun, por comentar.

      Eliminar
  15. Caricias y carencias... mmm... me suena de algo.
    El micro, genial.
    Un beso.
    Malu.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Mmmmm... ¿te suena? Gracias, querida Malu.
      Un fuerte abrazo, amiga.

      Eliminar
  16. Grande el final que desentraña la historia de los propietarios de ese par de almohadas sensuales y apasionadas, ¿tal vez tal y como lo fueron sus dueños? Me encanta ese erotismo simpático que nos has descubierto.
    Saludos a su anónimo autor.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Así es,los deseos ardorosos de la propietaria, expresados por sus almohadas. Gracias por tu aportación, J.L.
      Un saludo.

      Eliminar
  17. ¡Muy bueno!
    Igual al recibir este mensaje le queda claro que desea su vuelta, con la imagen que le traslada quizá quiera imitar a esas almohadas los dos juntos de nuevo. -como mínimo le sacará una sonrisa, no?
    Un beso.
    Carme.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Volver, no sé si volverá, pero seguro que le ha hecho pasar a su pareja un buen rato con la historia de las almohadas enredadas. O al menos, lo ha intentado.
      Muchas gracias, M. Carme, por tu comentario. Un abrazo.

      Eliminar
  18. Si uno suele echar de menos a su almohada cuando se va de casa y duerme en un hotel, me imagino que a las almohadas les ocurre lo mismo cuando son abandonadas por sus dueños.
    Y si dos que duermen en el mismo colchón se vuelven de la misma condición, también debe de ocurrirles eso a las almohadas; por no incidir en que las almohadas suelen ser nuestro psicólogo de turno de noche, y también suelen estar disponibles para tales menesteres en alguna de nuestras siestas.
    Así que todo muy lógico en el desarrollo del microcuento, debido a lo cual, creo que tanto ambas almohadas como el narrador, quizá apoyados por el colchón, las sábanas, las mantas y los edredones deben hacer una manifestación y reclamar a esa desaprensiva que ha dejado tanto vacío y frustrado frenesí en ese lecho, que regrese cuanto antes, y después de ayudar a que esas plumas vuelvan a su sitio, establecer la armonía perdida para que se pueda aplicar la fórmula de y fueron felices y comieron perdices, aunque si quieren zamparse un gazpacho tampoco pasa nada.
    Enhorabuena por tan sugerente e imaginativo microcuento y un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Una magnífica explicación, Enrique. Esperemos la pronta solución del conflicto de esta pareja, y que las almohadas también decidan felices sus destinos.
      Un saludo.

      Eliminar
  19. Divertidamente humano. ¡Ja, Ja.!
    Toda la suerte para este ocurrente relato.

    ResponderEliminar
  20. Muy bella y sugerente la imágen de esas almohadas amándose.
    Por no repetir los anteriores comentarios solo decirte que me ha encantado. Es genial!
    Besos

    ResponderEliminar
  21. Plinio el Bizco12/9/16 13:31

    Muy bonito. Enhorabuena!!

    ResponderEliminar
  22. Enhorabuena. Un cuento muy bellamente relatado.
    Saludos cordiales

    ResponderEliminar

Si no tienes cuenta, elige "Nombre/URL" en lugar de "Anónimo". ¡Gracias!