Gratitud poética

Mis viejas sandalias, remendadas con bramante y lustradas con betún; mi pantalón beige de lino, metido de largo y de cintura; y mi desgastada camisa vaquera, completada de botones y reforzada con coderas, lucían ahora dignamente en el cuerpo de aquel hombre que me cedió el asiento en el autobús.
Escrito por Enrique Mochón Romera - Twitter

58 comentarios :

  1. Interesante lo que nos muestras, Enrique. Te refieres, si no he entendido mal, a una persona que dona ropa dona a los pobres, cuando ya es inservible y vieja (rasgo de generosidad limitada, puesto que se deshace de lo deteriorado y no de la ropa que está nueva y sin estrenar...) y a otro que, por casualidad, encuentra vestido con prendas que fueron suyas, "dignamente". Por si esto fuera poco, aludes a que esa persona es amable y generosa con el donante, puesto que le cede su asiento. Toda una lección de vida nos muestras en tan sólo 50 palabras. ¡Me quito el sombrero, Enrique!
    Un abrazo.
    María José

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Interesante desde luego tu observación, María José, porque el que las prendas estuvieran algo deterioradas era una necesidad argumental para poder fijar la atención en ese digno proceso de rehabilitación de cada una de ellas por parte de la persona que las recibe. Tus palabras, muy acertadas, dan por tanto lugar a más planteamientos sobre la misma situación.
      Muchas gracias por todo, generosidad incluida.
      Un abrazo.

      Eliminar
  2. A veces pensamos que la generosidad no tiene camino de vuelta, pero donde menos lo esperamos, allí aparece. El destino quiso que el joven, sin saberlo, devolviera el favor al anciano. Qué bonito intercambio entre estas dos personas. Y es que los detalles no tangibles pueden ser tan gratificantes como los materiales.
    Un abrazo, querido Enrique.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Estoy completamente de acuerdo contigo. Y creo que el mejor modo de que circule la generosidad es fomentándola. Mirándome a mí mismo, llego a la conclusión de que tengo días, o etapas, en que soy más generoso que otros, por lo que pienso que la sociedad en su conjunto tendrá similar comportamiento. Es evidente que está en nuestras manos que este y otros buenos valores estén más presentes en todas partes.
      Muchas gracias, querida María Jesús.
      Un abrazo

      Eliminar
  3. Lección de filosofía, poesía sin palabras, crítica social, la belleza de las pequeñas cosas que no todos son capaces de ver, y tus pinceladas inconfundibles. Un gran relato, Enrique.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Bueno, Patricia, voy a coger la lata de la costura y le voy a meter a cada una de estas cosas, porque me vienen grandes todas. No te preocupes, que no voy a tirar nada; todo es de mi gusto, ;-).
      Muchas gracias.
      Un abrazo

      Eliminar
  4. Nuestra gratitud para ti por darnos que pensar con un texto tan bello. Lo que para muchos no son más que prendas viejas, ajadas e inservibles, para otros, pobres pero bondadosos, puede ser el más digno de los atavíos. Enhorabuena y suerte. Saludos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias a ti, por supuesto, Jesús. Lecturas como la tuya son las que hacen bello un relato sencillo como este. Me gusta que esté haciendo pensar algo.
      Un abrazo

      Eliminar
  5. Enrique es una gratitud pero veo un fondo de crítica. El se deshizo de todo lo que no le servía, de lo que estaba roto, tal vez lo tiró a un contenedor como basura, pero siempre hay alguien más necesitado, que rebuscando, encuentra valor en lo inservible, lo repara y le da uso. Y como acabas tu relato la pobreza no está reñida ni con la dignidad, ni con la educación de las personas.
    Buen relato Enrique, me ha gustado mucho, sobre todo esa forma de describir como se van reparando las ajadas ropas por el uso.
    Es como si fuese una continuación a mi relato de este mes, pero el tuyo escrito con mayor maestría y arte.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Naturalmente, estoy de acuerdo en la similitud temática de nuestro dos relatos, Javier, pero en lo de la maestría y el arte nunca me pongas por encima tuyo.
      Has hecho una observación similar la la que más arriba hizo María José y, como le dije a ella, lleváis razón, si bien era importante en la historia el que las prendas estuvieras estropeadas para así darle un poco de "alma" al reflejar ese proceso de adaptación de las mismas. También es cierto, no obstante, que son estos unos "Tiempos difíciles" y que cada vez aprovechamos más las cosas.
      Por otro lado, hace tiempo dije a alguien que me gustaría hacer una historia sobre la dignidad en la pobreza, y por tus palabras me doy cuenta que lo he acabado haciendo, aunque sin querer.
      Muchas gracias por todo.
      Un abrazo

      Eliminar
  6. Mi querido Enrique, has engarzado un relato, como si de un collar de perlas se tratara, en el que cada palabra es una preciosa esfera nacarada. Ropa vieja para una buena persona. Una buena obra pequeñita que tiene su retorno cósmico en forma de un asiento cedido en el autobús. Todo está conectado, amigo. También nosotros.
    Abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Y cuánto me alegro de que lo estemos, amigo Carles. Qué bonito es poder compartir estas pequeñas cosas, o intercambiarlas: yo ofrezco mi pequeña historia y a cambio recibo comentarios como este tuyo, enorme y precioso. Salgo ganando sobradamente. Muchas gracias.
      Un abrazo

      Eliminar
  7. Cuando aparece un MicroMochón, me pongo de gala para leerlo. Enrique, tú me recuerdas e esa persona que, tras heredar las prendas viejas y de otra talla, ha sido capaz de arreglarlas, mejorarlas y que le luzcan tan bien, que solo reconozca su antiguo dueño que en un tiempo pasado no fueron de él. Además, demuestra educación, humanidad, valores que aún existen en algunas personas, como es tu caso, para ceder su lugar a quien estima que más lo necesita.

    ¿Por qué me recuerda a ti? Por lo de la humanidad que atesoras, obviamente, y, haciendo un simil con las prendas, porque eres capaz de armar una historia de la que yo no sería capaz ni de montar una frase, acariciarla con tu estilo, impregnarle tu talento y sacar una verdadera obra de arte con forma, argumento y fondo impecables. Redonda. Resulta un placer leerla por tu esmerada forma de transmitir la difícil sencillez de tu escritura, dejando un poso de ternura y esperanza al lector, convenciéndonos que aún existen buenas personas en el mundo. Como tú, padrino.

    A mi libreta va, al apartado de MicroMochones.

    Que no se me pase: un título acorde con la calidad del relato: ¡genial!

    Un fuerte abrazo.
    Tu ahijado.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me dejas sin capacidad de respuesta, Pablo. Cada vez resulta más evidente que me hipersobrevaloras. Todas estas cosas le vienen grandes a casi cualquiera. A no ser que estemos hablando de alguien como tú, y no es por devolvértela, pero es que a ti te quedan que ni pintadas. Espero que puedas estar en esta próxima quedada. Sospecho que hay mucha gente deseosa de darte un abrazo no virtual. A todos ellos les aviso que, aunque parezca increible, en persona ganas.
      Muchas gracias por todo y recibe un e-abrazo hasta que te pueda dar uno de verdad.
      A todo esto, me alegro de que te haya gustado el relato. Intentaré, aunque solo sea con estos micromochones, no defraudarte nunca.

      Eliminar
  8. Hermoso poema Enrique, más parece un romance moderno que un microrrelato. Casi me imagino a un donante reconociendo en la viajeros del autobús pedazos de su propio cuerpo: aquél lleva mi corazón, y este mis ojos. También ese autobús es como un símbolo del último viaje. Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Cuánta literatura llevas dentro, Pepe. Y veo que hace falta poco para despertarla. Me gusta mucho que algunos hayáis visto poesía en esta historia. No era mi intención, pero pienso que hay mucha por las calles esperando a ser contada.
      Muchas gracias por todo.
      Un abrazo

      Eliminar
  9. Has descrito una escena cotidiana que, al contrario de lo que sucede con la mayoría de las noticias de actualidad, hace que nos reconciliemos con el ser humano, que pensemos que aún hay esperanza Algo tan sencillo como una donación desinteresada de ropa puede hacer que una persona vaya dignamente vestida; se trata de un pequeño gesto, como cuando alguien cede un asiento, que quizá no mueve el mundo, pero sí lo hace mejor. Estoy convencido de que un buen relato como éste también contribuye a ello.
    Un abrazo fuerte, Enrique

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. A veces pienso que deberían enseñarnos desde pequeños a ser, al menos por defecto, racionalmente buenos, aunque solo fuera por sentido práctico, y hasta egoísta si me apuras. Creo que a la larga todos saldríamos ganando. En cualquier caso la clave para hacer esto un poco mejor está siempre en empezar por uno mismo, con esos pequeños gestos que tú apuntas. Con razonamientos como el que dejas aquí hoy y que acostumbras a dejar por donde pasas.
      Muchas gracias por todo, Ángel.
      Otro fuerte abrazo para ti

      Eliminar
  10. La generosidad descrita con detalle de encaje, a cambio de un pequeño gesto que suele pasar desapercibido, pero que tú has rescatado con exquisita maestría. Es un placer leerte siempre, Enrique. Te mando un gran abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Una vez dije por aquí que este formato me parecía ideal para fotografiar relámpagos. Luego me he dado cuenta de que da para muchísimo más, aunque conservo siempre la intención de dar forma a esas cosas mínimas que bien vistas no dan para una historia pero que merecen ser descritas.
      Muchas gracias, Belén. Para mí es otro placer leerte y también que me leas.
      Un fuerte abrazo

      Eliminar
  11. Por los personajes que creas y los detalles que describes, me parece a mí que Pablo tiene mucha razón en todo lo que dice en su comentario.
    Si te pillase un psicoanalista por banda te diría algo parecido a que, de forma inconsciente, has relejado en esta pareja de hombres que viajan en un autobús repleto de gente - (a la que ni se la ve ni se la oye ni se la entiende, por cierto; podría representar la masa, que con su presencia neutra y sin forma, ayuda a realzar la imagen de los personajes) - algunas de tus características principales.
    Pero voy a dejar las teorías psicoanáliticas que, como habrás comprobado, no domino y el resultado es como para darme una paliza, y te diré que me quedo con ganas de saber algo más de esta pareja. Hoy estoy "filosófica-tonta", debe de ser que es domingo por la tarde, más noche que tarde, y otoño. En fin, mis disculpas, Enrique, por un comentario tan poco formal; ya que lo he escrito, así se va a quedar.
    Un abrazo primaveral.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pues yo no digo que seas una mala psicoanalista, pero en mi caso te equívocas, y más teniendo en cuenta todos los pueblos que se ha pasado el bueno de Pablo al describirme. Aplicando tu razonamiento, qué diríamos entonces de Stephen King, por ejemplo . La verdad es que si no tengo mucha fe el el género humano es porque ni yo pasaría mi propio casting. Pero vamos a hablar mejor de esos personajes y así de paso los conozco yo también mejor. Y ahí sí que te digo que era yo, más anciano o con una pierna escayolada quizá, quien observaba a aquel hombre pobre pero bueno y digno, aunque lo que de verdad me interesaba al escribir el relato era imaginármelo apreciando aquello de lo que yo me había desprendido, solo que en ese momento era yo también quien remendaba esas sandalias en la piel del otro... Vamos, que estoy para psicoanalista de verdad, :-).
      Muchas gracias por compartir un poco de esa tarde de domingo, Margarita. Y por todo lo demás, por supuesto.
      Un fuerte y florido abrazo

      Eliminar
  12. Hace casi tres meses, en el comentario que hice al microcuento de Isidro Moreno, Hoy por ti, mañana..., incluí estos versos: “La salvación del mundo / comienza con ceder el asiento / en el autobús abarrotado / y en realidad / si uno lo piensa a fondo / también termina ahí”.
    Entonces no sabía de quién eran, los había copiado de un poemario, pero se me había olvidado el nombre del autor del mismo.
    Hoy me ha dado por buscar en Google, y no sólo he encontrado el nombre del autor –Jorge Riechmann-, además, ha aparecido el comentario en cuestión. ¡Y uno escribiendo cosas alegremente en estos mundos vaporosos e interconectados!
    Aparte de esto, decir que tales versos casan también estupendamente con tu microcuento, no sólo porque se da una situación similar –la de ceder el asiento en un autobús, algo que cada vez es menos frecuente y que, en mi opinión, indica que las relaciones humanas se van deteriorando más y más-, sino porque, además, está en la misma línea en que entiende la vida en su poema el poeta citado.
    La convivencia empieza por esos pequeños detalles, la solidaridad, el reconocer al otro como alguien próximo a quien, a veces, con un simple gesto amable le podemos hacer un gran bien.
    Son esas pequeñas cosas –por recordar una canción de Serrat- con las que podemos y debemos construir nuestras jornadas: ayudar a una anciana a llevarle la bolsa de la compra, a un ciego a que pase al otro lado de la calzada, a una mamá a bajar su carrito y su niño del bus, dar a una oenegé cosas que nos sobran, ser educado y no un vándalo o un desaprensivo que se pasa por el arco del triunfo las normas...
    En fin, todo eso que nos hace humanos es lo que descubro en tu magnífico microcuento, en esa justicia poética que emociona grandemente. La vida está ahí, en cada acto, en cada pequeño grano de arena cotidiano, y saber eso exige un gran esfuerzo para, día a día, estar a la altura de las circunstancias.
    Mis aplausos, Enrique y un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Recuerdo tu comentario, Enrique Angulo. Me gustó.
      Un abrazo.

      Eliminar
    2. Gracias, un abrazo igualmente.

      Eliminar
    3. Pues sí que hay que tener cuidado con lo que se dice en las redes, que aquí sí que se cumple a rajatabla lo de que luego todo se sabe. Aunque si se trata de comentarios como los tuyos la única consecuencia será que quien los lea se acueste sabiendo mucho más. Me ha gustado mucho ese poema de Riechmann, y estoy muy de acuerdo en que hay que empezar por ahí. Lo de que todo acaba ahí ya me cuesta más trabajo interpretarlo acertadamente. Sí entiendo no obstante la importancia de esa actitud que, a modo de epidemia benigna, se vaya expandiendo, aunque sea lentamente, hasta contagiar todos los ámbitos, que quizá sea eso lo que quiere decir el poeta.
      Muchas gracias por todo, Enrique. Es un placer provocar comentarios como los tuyos.
      Un abrazo

      Eliminar
  13. Un relato que nos da para pensar sobre la riqueza, la generosidad, el egoísmo...
    Me parece un magnífico relato amigo Quique. Llegará lejos.
    Un placer leerte.
    Dos abrazacos virtuales.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Eso de que dé para pensar ya es mucho, amigo Isidro, aunque al final tampoco lleguemos a ningún lado, porque ya ves qué asunto más difícil este de la condición humana.
      Muchas gracias por pasarte y otro par de e-abrazacos.

      Eliminar
  14. Enrique, interpreto que el protagonista se ha deshecho de ropa que ya no le sirve y luego reconoce esa misma ropa en el hombre que le cede el sitio en el autobús.
    A veces los mejores gestos y la generosidad viene de las personas más humildes.
    Nos dejas deberes para reflexionar.
    Enhorabuena un mes más Enrique.
    Besos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Creo que has descrito perfectamente lo que quería decir, Pilar. Y debo decir también que muchas veces he llegado a la misma conclusión que tú con respecto a esa mayor generosidad que existe entre las personas más humildes. El motivo se me escapa; habría que hallarlo reflexionando mucho sin duda..
      Muchas gracias por todo.
      Besos para ti también

      Eliminar
  15. Tengo que decirte, mi querido Enrique, que gracias a ti y a este precioso Micro-Mochón, hoy me reconcilio (un poco) con la sociedad en general, no sé si es que me estoy haciendo mayor, pero cada vez me horroriza más este modo de vivir nada amable y tan poco ortodoxo de la población. Debe ser que estoy hoy también de domingo por la tarde y todo se junta, pero es que últimamente veo personas tan egoístas, tan mal educadas y tan poco agradecidas, que estaba perdiendo la esperanza en encontrar un mundo mejor. Y por suerte así dejaré de fruncir el ceño, que ya me estaban saliendo unas arrugas muy feas...
    Esta gratitud poética es un regalazo que nos haces, es una delicia que se saborea más con su re-lectura.
    Mil gracias por compartirlo, te mando mi enhorabuena con un beso bien fuerte, como no podía ser de otra manera.
    Malu.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Qué bien, Malu, que mi relato te haya hecho algún bien. Aunque siento decirte que yo no soy más optimista que tú en ese aspecto. De hecho hace tiempo me autodiagnostiqué misantropía aguda, lo que pasa es que me la trato imaginando historias como esta, que seguro que ocurren a diario, y pensando también que cualquiera de esas personas egoístas, desagradecidas y maleducadas me puede dar una lección de bondad en cualquier momento. Esto sin embargo podría tener una lectura negativa: que ni los que podrían pasar por buenos quizá tampoco lo sean, convenientemente sometidos a algún tipo de presión. No sé, tal vez sea que soy mayor que tú y que este martes tampoco ha sido muy bueno, jajjaja.
      Muchas gracias por todo, querida Malu. Paradójicamente a mí tu comentario me alegró la tarde del domingo.
      Otro beso fuerte para ti

      Eliminar
  16. Cito textualmente: «La justicia poética es un tópico literario en el cual la bondad y la virtud son finalmente premiadas y la maldad castigada, sin que las primeras sean una causa lógica de las segundas».
    En este caso, además de la bondad y el premio, el desfase se da entre la generosidad y la gratitud (de ahí el soberbio título). Me hace pensar en la ética kantiana y el famoso concepto del imperativo categórico, el cual, en una interpretación llana podría ser una especie de agradecimiento por adelantado. «Obra sólo según una máxima tal que puedas querer al mismo tiempo que se torne ley universal».
    Una fábula para reflexionar, Enrique.
    Gracias por compartirlo.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me alegro mucho de esta observación tuya sobre el título. Y es todo un lujo el que hayas diseccionado tan bien el concepto mediante la comparación con el de justicia poética. Esta historia solo empezó a convencerme tras encontrarlo, sirviéndome además para mantener la palabra "hombre", con su connotación humana, y no cambiarla por "desconocido", cosa que quedaba en él implícita. En cuanto al imperativo categórico de Kant, qué decir, que me parece muy apropiado y que siempre lo he encontrado sublime tanto en su valor como en su extraordinaria síntesis.
      Muchas gracias por todo, Vicente.
      Un fuerte abrazo

      Eliminar
  17. La cadena de favores acaba cerrándose de alguna forma positiva en aquel que la inicia. En este caso, la cadena desborda su propia concatenación y nos alcanza a todos los lectores de cincuenta, ramificándose en cada uno de nosotros con este poético y cuidadísimo relato, donde cada remiendo está realizado con una puntada precisa y segura gracias a la elección del lenguaje y a la cadencia del mismo, que va vistiendo prenda a prenda al señor del autobús, que generoso, cede un asiento que es un mensaje en clave del universo gratificador.

    Por otra parte, hermosa manera de apreciar el tacto cercano de esas prendas usadas, que de tanto rozarse con nosotros, se han vuelto una segunda piel, que ajustada, en el relato es piel de otro. Cantar la solidaridad y la empatía entre seres humanos a través de sus prendas de vestir, rezuma delicadeza, elegancia y buen gusto. Un micro del que tomar nota. Felicidades. Un abrazo, Enrique.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Qué gran comentario, Manuel. Es evidente que con él mi relato gana muchísimo. Hermoso análisis el que haces tanto de la intención de la historia como de su forma, y extremadamente sensible tu acercamiento a los personajes y sus circunstancias. Es todo un placer producir este tipo de reacciones, además de un gran privilegio.
      Muchas gracias por todo.
      Un abrazo

      Eliminar
  18. Qué acertado y hermoso título para un micro que ensalza la dignidad humana a través de esos pequeños detalles, como el esmero con el que se ha arreglado cada prenda y el hecho de ceder el asiento. Tu relato nos devuelve la fe en la humanidad. Gracias por ello y por compartir con nosotros tus bellas historias.
    Un abrazo, Enrique.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias a ti, Carmen. Precisamente de esa idea (el interior de la persona que pone tal esmero en esa faena) surgió mi relato. Me alegra mucho que hayas conectado con ella y que de algún modo te haya hecho sentir bien.
      Un abrazo

      Eliminar
  19. Hola, Enrique. Tu micro plantea un tema sencillo, con palabras sencillas utilizadas como sólo los grandes escritores saben hacerlo, mostrándonos pincelada a pincelada que un mundo mejor es posible. Y que no está muy lejos.
    Es un placer leerte.
    Un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me abruman algunas palabras de las que me dedicas, Georges. Me quedo sobre todo con esa sencillez que apuntas, pues es algo que siempre busco, y con el placer de que te haya gustado. Seguro que un mundo mejor es posible.
      Muchas gracias por todo.
      Un abrazo

      Eliminar
  20. Silvina Palmiero26/9/16 13:32

    Ya lo decía Calderón... "Hallo que las penas mías, para hacerlas tú alegrías las hubieras recogido". Y en este caso, no sólo recogido sino devuelto con humildad y generosidad. Me ha gustado mucho, mucho, Enrique. Un abrazo grande.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Bellas tus palabras, Silvina, e interesante ese fragmento de Calderón. No me gusta escarbar en situaciones melosas, pero sí mostrar actitudes como esta, la cual describes tú perfectamente con dos palabras.
      Muchas gracias y un abrazo

      Eliminar
  21. El habito no hace al monje. Y la ropa usada no le hizo ser menos.
    Muy bueno, Enrique

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Por supuesto, María Jesús. Curiosamente, y por seguir abundando en el símil, es más frecuente encontrar indignidad bajo la ostentosa púrpura que bajo el hábito de un monje (en realidad pienso que ambos viven en el error, pero ese es ya otro tema).
      Muchas gracias.
      Un abrazo

      Eliminar
  22. José Ramón SV26/9/16 21:51

    Hay gente que cuanto menos tiene, más generosa es. Así deberíamos ser todos. Buen micro. Saludos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Interesante y cierta a mí parecer esa regla. Estoy de acuerdo también en que habría que fomentar la generosidad.
      Muchas gracias, José Ramón
      Saludos

      Eliminar
  23. La vida te devuelve lo que das, aunque sea en pequeñas cosas.
    Bonito micro que nos transmite optimismo, y un montón de temas que se apuntan en los comentarios anteriores.
    También me ha traído a la memoria el refrán "Haz el bien y no mires a quien" - como han dicho más arriba, aún queda buena gente.
    Un beso!
    Carme.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Estoy seguro de que hasta los más malos albergan algo bueno dentro, y de que la misma fórmula, aunque al contrario, puede ser aplicada a los buenos. La clave debe de estar en hacer prevalecer lo positivo dentro de cada uno.
      Me alegro mucho de que te haya gustado, Carme.
      Muchas gracias y un abrazo

      Eliminar
  24. La generosidad y la gratitud transitan en un viaje circular hasta converger. Qué bien lo has contado y qué buen sabor de boca deja este micro. Gran relato y gran autor. Besos y abrazos, Enrique.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gran lectura de una gran escritora y comentadora. Cuánto me alegro de que te haya gustado, Matri, y también de que te pases siempre. No pierdas la costumbre.
      Muchos abrazos y besos también para ti

      Eliminar
  25. ¡Qué maravilla Enrique!
    Tus cincuenta palabras, son gráficas ir leyéndote hace ver esa gratitud poética que tan bien nos has dejado para disfrutar de tus buenas letras
    Besicos

    ResponderEliminar
  26. Bueno, Carmen, tus palabras son el colofón de unos comentarios con los que me habéis alegrado mucho. Así que cojo prestada la primera palabra del título para corresponder a la satisfacción que que me habéis dado.
    Muchas gracias y un fuerte abrazo.

    ResponderEliminar
  27. La dignidad es una de esas rutas del alma con la estela más marcada. Quien la posee, no puede ocultarla ni bajo los más desgastados harapos. Ese gesto del autobús, compensa con creces el desdoro de vestirse con ropa gastada. Una simple deferencia puede contener mucho más poder y levantar más admiración que todo el prestigio social que se pueda llevar sobre la piel.
    Nos has dejado una corta pero grandísima fábula, Enrique. Es increíble cómo tocando sólo un par de cuerdas, eres capaz de componer una sinfonía.
    Excelente. Enhorabuena.
    Un fuerte abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Tal vez sea la dignidad uno de los valores más expuestos a agresiones externas tanto a nivel social como particular, siendo a veces las circunstancias tan hostiles que mantenerla supone una continua batalla. Me parece muy bello el modo en que la describes, y me encanta esa observación de que quien la posee no puede ocultarla. Sería muy interesante que esa admiración que despierta en los que la contemplan sirviera como ejemplo a seguir.
      Muchas gracias como siempre, Antonio, por tus siempre sabias y generosas palabras.
      Un fuerte abrazo

      Eliminar
  28. Mi mente (quizás extravagante, no digo que no) ha sacado conclusiones diferentes a la mayoría por lo que veo, al leer tu relato: Cuando todos han visto un pobre que recoge la ropa que dona el rico, yo vi a "otro hombre" ocupando su lugar en la casa y vistiendo la ropa que el dejó en el armario... cosas de las raritas como yo, pero a mí me gustaba esta perspectiva pese a ser mucho menos educativa.

    Mis disculpas, y mi enhorabuena, Enrique, porque tu micro ofrece posibilidades.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No sé qué tengo que disculpar, Manoli. Tu lectura, además de dar un enfoque bastante interesante a la historia, me hace recapacitar sobre lo mucho que hay que analizar la información dada por la historia, pues podemos dar por sabidas cosas que uno solo sabe si no las cuenta.
      Muchas gracias por todo y otro abrazo para ti.

      Eliminar
  29. Llego tarde a comentar, pero no quiero dejar pasar la oportunidad de felicitarte por la sensibilidad que reflejas en tus palabras. Me ha sorprendido la coincidencia porque yo estaba hace unos días dándole vueltas a ese tema para un micro. Por desgracia, cada vez es más frecuente encontrar personas que empujan su carrito de contenedor en contenedor, rebuscando algo que puedan aprovechar entre lo que desechan otros.
    Un beso y enhorabuena.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Tú nunca llegas tarde, Asun. Me alegro mucho de que hayas hecho este "extra" dentro de tu ajustada agenda, y también de que te haya gustado. Si como dices tenías la misma idea en mente, tu conexión con el relato estaba asegurada.
      Muchas gracias y otro beso para ti.

      Eliminar

Si no tienes cuenta, elige "Nombre/URL" en lugar de "Anónimo". ¡Gracias!