El maestro

Vivía humildemente. Se sentaba en la orilla del río y mendigaba la caridad de los pescadores. De los peces que le daban, hacía su sustento.

Aquella mañana, el pescador se acercó a él con sonrisa serena y le miró a los ojos. En sus manos puso la caña de pescar.
Escrito por Manuel Bocanegra - Web

47 comentarios :

  1. Es mejor enseñar que dar, y el pescador que actúa de maestro parece que con esa sonrisa serena y esa mirada va a ser un gran maestro. Siempre es mejor enseñar a que uno puede ser capaz de conseguir las cosas por si mismo.
    Buen relato Manuel, me ha gustado.
    Un abrazo.

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    1. Tal vez vez la mejor forma de dar sea enseñar a alguien a conseguir por sí mismo no solo su sustento, sino otras cosas tan necesarias para la vida como el amor, el equilibrio personal y la felicidad. Casi todo esto se alcanza con el sedal y la caña adecuados si se saben utilizar.
      Gracias por tu comentario, Javier. Un fuerte abrzazo.

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  2. Silvina Palmiero29/11/16 14:13

    Excelente, Manuel. Transmitir a alguien que puede obtener su sustento por sus propios medios siempre es preferible a la dádiva. Ese individuo a partir de ahora no sólo ganará su alimento, sino también su dignidad. Me ha gustado mucho. Un abrazo.

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    1. Gracias, Silvina, me estimulan tus palabras y tu punto de vista. La dignidad de la persona es tan importante como el sustento. Sin ella, el ser crece raquítico, falto de lo imprescindible.
      Un abrazo.

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  3. Me gusta este contrapunto. Va más allá de no dar limosna sino enseñar a ser autosuficiente y proveer de las herramientas. Hay una candidez tácita, entre agradecida y sorprendida que te deja en un impasse.
    Muchas gracias, Manuel, por compartirlo.
    Salut.

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    1. Hola, Dipandra, la candidez puede que sea hermana gemela de la humildad. Si no se da una, la otra, no se muestra tan poco completa. Y sin humildad, dar o enseñar, quedan solo en el gesto vacío de quien guarda las apariencias.
      Gracias por pasarte y comentar. Salut ty un abrazo.

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  4. Gran maestro, sí señor. Excelente micro. Un gran título, indispensable, de lo más acertado.
    Bravo. Ojalá que en tu próximo cincuenta sobre los ocho finalistas, tengas que meter a este maestro.
    Un abrazo.
    Pablo

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    1. Hola, Pablo, hice el cincuenta homenaje pero, no entró El maestro. Estaba ocupado en enseñar. O en aprender a escribir leyendo las maravillas que otros hacen, sea tu caso, por ejemplo.
      Trasladando la acción del relato a nuestras vidas, te diré que fuiste tú el que puso la caña de pescar microrrelatos en mis manos.
      No sé si te acuerdas, pero nos conocimos en Sevilla hace tal vez dos años. En la Feria del Libro Antiguo, creo. Coincidimos tu hijo Pablo, tú, tu mujer y yo. En esa conversación ya me hablaste de Cincuenta Palabras pero, entonces, yo no escribía relatos. Pasado el tiempo, pesqué un cincuenta casi casualmente mientras escribía un poema. Ese sería mi primera publicación y, desde entonces, sigo con mi caña de escribir arrimado a la orilla, donde pescan los cincuentistas.
      Así que, maestro, aunque esta vez no pudo ser, lo seguiremos intentando, que el gusto está en pescar y no solo en comer pescado.
      Gracias y un abrazote.

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    2. Perdona, tu mujer no, mi mujer.

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  5. Hermoso micro Manuel, pero por desgracia sucede que hay gente que se siente mejor, o más seguro, siempre que tenga a un mendigo cerca. Desprenderse de la caña es un poco como desnudarse y tomar la escudilla uno mismo.
    Un abrazo solidario.

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    1. Gracias Pepe, pero se me ocurre otra lectura posible, por levantar la liebre digamos. ¿No pudiera ser que se han encontrado dos maestros en la orilla, dos maneras de proceder diferentes y opuestas en pensar y en vivir? ¿que somos nosotros, según nuestro modelo social y cultural los que nos vemos obligados a elegir entre dos opciones presentadas la que consideramos mejor y más apropiada según nuestro propio modelo de proceder en sociedad?
      Ya ves en las que me ando. Dando vueltas sobre mi propio micro antes de decidirme a echarme de un lado u otro, como los canes.
      Un abrazo.

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  6. Un gran maestro siempre tendrá grandes alumnos. Este micro que nos dejas es el claro ejemplo de lo que hay que hacer para que una persona avance y evolucione.
    Si me llevo tu historia al terreno escolar, tendría para escribir páginas y páginas, precisamente hoy he tenido una larga conversación sobre el tema de los maestros, los maestros-docentes y los docentes que no son maestros. Tres figuras bien distintas, la primera que no me gusta nada (no me gusta que una persona sea solo maestro sin implicarse, sin ser docente), la segunda que es la deseable y la tercera que es una pena que no sean maestros. En fin, no quiero enrollarme mucho, dejo la conversación para cuando nos veamos en persona en la próxima quedada.
    Un beso enorme, tu historia da para mucho, largo y tendido.
    Malu.
    Malu.

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    1. Largo y en quedada tenemos que retomar este apasionante tema del magisterio. Interesante clasificación la que propones al respecto. Con el relato yo he tratado de presentar dos tipos de maestros. El del primer párrafo sería del tipo oriental, que se retira de la vida activa para acceder al conocimiento. El segundo, es nuestro modelo occidental, emprendedor, proactivo, transformador, etc. Cosa curiosa todos, sin excepción, habéis reconocido al segundo como el Maestro, mientras que el primero ha pasado solo como un mendigo en la orilla.
      Creo que ello responde a la identificación con el modelo social y cultural del que provenimos. O sencillamente, que no va tan lejos el relato como pretendía al escribirlo.
      A ver si es posible que tengamos oportunidad para ese encuentro y celebramos también para entonces tu cincuenta cumpleaños en cincuenta. ¡Cifra redonda!
      Felicidades, cincuentista, por tu cuarenta relatos. ¡Eres grande!
      Besos

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  7. Excelente relato, Manuel. Sugieres, más que cuentas, las actitudes y las acciones entre tus personajes, con miradas, gestos... Soberbio!!
    Un fuerte abrazo.

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    1. Estimulantes tus palabras con tan generosos calificativos. Es como dices, un diálogo de gesto y mirada. Un encuentro entre maestros y dos formas diferentes de mirar la vida.
      Un abrazo también para ti.

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  8. Estupendo, Manuel. Has construido una preciosa viñeta que ilustra aquello que sabiamente nos decían nuestros mayores:
    «Regálale un pez a un hombre y comerá un día. Enséñale a pescar y comerá toda la vida».
    Nunca hubo maestro más eficaz.
    Enhorabuena.
    Un fuerte abrazo.

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    1. Sería curioso proceder a reunir a don Servando con estos dos maestros a ver cómo actuaba cada cual. El primero, contemplativo, se sentaría con él a escucharle en el silencio; el segundo, con un manual de foniatra en mano, intentaría hacerle pronunciar su primera palabra.
      Formas de ser, formas de entender.
      Un gran abrazo Vicente.

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  9. El pescador se cansó del gorrón…
    Fuera de bromas, un buen micro, glosa del proverbio chino.
    Saludos, Manuel

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    1. Gracias Plácido. Está por ver qué hará el maestro con la caña. Gracias por comentar. Me alegro que te haya gustado. Saludos.

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  10. Me llama la atención la forma tan clara con la que has contado ese famoso proverbio, Manuel. De forma contundente y aparentemente sencilla, compones una escena que plasma serenamente la esencia de la idea fundamental y ahí la dejas, reposadamente, con una delicadeza magistral. Enhorabuena.
    Un abrazo.

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    1. La serenidad se supone al carácter de los maestros, así que debía formar parte del hilo narrativo o, al menos, fluir sobre el equilibrio sopesado de la estructura. Enseñar no debiera ser un acto violento o de fractura, sino una invitación a aceptar distintos puntos de vista. Unos maestros, los más activos, enseñan transformando desde la acción y, otros, más contemplativos, enseñan la actitud serena de la transformación mediante el ejemplo.
      Gracias, Antonio, por la sensibilidad que pones en tus palabras, un sedal de palabras movido por la brisa.
      Un abrazo.

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  11. Me he quedado pegada mirando su mirada (perdón por la redundancia). Da la sensación de que estos dos hombres se mueven por la pantalla, y puedo oír la voz cristalina del río y los aplausos de los peces de colores.
    Y después de la lectura, ¡qué tranquilidad!
    Vamos, que coincido plenamente con Antonio, (serenidad, reposo, delicadeza), pero yo no sé decírtelo como él, así que siempre puedes volver a leer su comentario.
    Me ha encantado, Maestro.
    Un beso

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    1. Me gustó mucho el comentario de Antonio, pero me quedo en el tuyo a escuchar la maravillosa cháchara de tu alegría cantarina, el río poblado de peces que baja por tu corriente creativa y atropella tus palabras hasta esta cascada que desborda el texto y se convierte en sonrisa, en una chispa que es, a la vez, humor blanco y ternura.
      ¡Ay, qué haría yo sin tus visitas!
      Gracias, Margarita, un beso de cristal.

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  13. A veces en la vida uno necesita que le echen una mano. Supongo que eso es lo que este pescador ha hecho con tu protagonista, devolviendole la dignidad. En referencia al famoso proverbio que todos conocemos. Sencillo y emotivo micro.
    Un abrazo Bocanegra.

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    1. Entre maestros la dignidad debe ser como una moneda que cambia de color según el punto de vista filosófico en que se mira. ¿Está la dignidad en saber dar o en saber pedir?
      Te dejo la cuestión.
      Un abrazo Tevas.

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  14. Manuel, muy buena escenificación del proverbio. Siempre es mejor enseñar para que se pueda valer por si mismo, que darlo todo hecho.
    Buen micro.
    Besos.

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    1. Gracias, Pilar, enseñar es una virtud que solo es posible desarrollar cuando hay alguien dispuesto a aprender.
      Un abrazo.

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  15. Maestro, una palabra que parece antigua, es aquel que sabe proveer a otros de los instrumentos para que sepan manejarse sin depender de nada ni de nadie, convertiles en seres autónomos y útiles para sí mismos y para los demás y, dado el caso, saber enseñar. Ese es el espíritu de la escuela, como también mostrar que hemos de aceptar con humildad que somos eternos discípulos, que no debemos anquilosarnos y estar abiertos a nuevos conocimientos.
    Un abrazo, Manuel

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    1. La mirada del maestro proyecta sobre nosotros un universo ignoto que cada cual explorará en la medida de sus virtudes y necesidades. La mayor virtud para conducirse en él parece ser la humildad, que permite dejarnos guiar y acceder al conocimiento desde nuestra propia plataforma personal, pues ningún aprendizaje lo es verdaderamente si no se incorpora a nuestra experiencia y pasa a formar parte de las mismas. Desde este prisma, humildad ha de tener quien da, y humildad quien recibe, pues ambas posturas pueden en sí mismas son postulados de universos diferentes, que paradójicamente, se contienen.
      Gracias, Ángel, mis felicitaciones por tu relato finalista. Un abrazo.

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  16. Maestro, qué gran palabra, aunque su uso esté devaluado en una sociedad que no apuesta por la educación. Este pescador es maestro porque enseña a enfrentarse con la vida, porque le da dignidad al discípulo. Ojalá encontremos siempre al maestro adecuado para seguir aprendiendo.
    Un micro aparentemente sencillo y muy profundo, Manuel.
    Enhorabuena y un gran abrazo.

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    1. Maestro, debiera ser la palabra vital para el alumno, como lo es Libertad para el preso. No obstante, parece que hoy en día cada cual se siente maestro de sí mismo y hay poca actitud de aprendizaje. Ni actitud ni tiempo. Los alumnos actuales piden peces continuamente y pocos se detienen a considerar el tiempo necesario para sentarse en la orilla a pescar.
      Gracias por tu comentario, Carmen. Un abrazo.

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  17. Una lección simple y sin artificios la de este humilde, sincero y afable maestro. Un lección de esas que se pueden dar sin que nunca nadie pueda llegar a sentirse humillado. Me ha encantado el micro por su magnífica sencillez. Enhorabuena, Manuel. Un abrazo fuerte.

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    1. Hola, Matrioska, me alegra que señales lo de la sencillez, porque a mí es algo que también me gusta de este relato. Parece como si las palabras en función de su mensaje eligieran el vestido más adecuado para su fiesta.
      Gracias por tu delicadeza. Un abrazo fuerte.

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  18. La mejor solución a nuestros problemas está en este microrrelato. Gracias por regalárnosla, Manuel. Un saludo.

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    1. Alma, gracias. Pienso que cada uno de nosotros es en sí su problema y su propia solución. Si en el relato has vislumbrado reflejos de la actitud que nos lleva a encontrar soluciones, me siento muy complacido.
      Gracias por tu generoso comentario. Saludos.

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  19. Cincuenta y dos palabras para enmarcar, Manuel. Como ya han destacado algunos compañeros, tu relato está escrito asombrosamente bien, dando como resultado unas imágenes que resplandecen por su belleza. Su sabio mensaje, por otro lado, nos recuerda una máxima que, en mi opinión, los países poderosos se empeñan en aplicar pero al revés, algo así como quitarle la caña a los países pobres para obligarles a mendigar esos peces, haciéndoselos pagar a menudo con sus más preciados tesoros.
    Enhorabuena una vez más, Manuel.
    Un abrazo

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    1. Hola, Enrique, tan cierto como lo cuentas. El mundo, o mejor, sus dirigentes, han vuelto la cara a cualquier aprendizaje que suponga actitud de humildad y escucha. Amparados en el hostigamiento del pensamiento divergente y la acumulación material y económica como factor de éxito, humillan para someter y dominar. Lejos de ellos la actitud del maestro. Muy lejos, la intención de hacer un mundo mejor y más justo.
      Gracias por tus generosas palabras hacia el relato y por tu comentario, pues le presta un alcance más largo de donde llega por sí mismo el sedal de sus palabras.
      Un abrazo, Enrique.

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  20. Precioso y aleccionador, nunca mejor dicho, relato para un más que merecido homenaje a quienes tienen en sus manos el noble arte de enseñarnos a pescar (a vivir) y no darnos simplemente algo que comer.
    ¡Enhorabuena, Manuel, por tu microhistoria, de contundente título!

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    1. Gracias, José Antonio, como dices, noble arte es el de enseñar a vivir. Hoy, cuando se debate tanto acerca del modelo educativo, estaría bien que a quien le corresponda, se parara a reflexionar sobre el cómo y el cuándo de este importante servicio que hemos de prestar a la sociedad.
      Un abrazo y muchas gracias por tu comentario.

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  21. Hola Manuel, me gusta tu relato, tiene toda la enseñanza que desde la antigüedad, de distintas formas, nos han querido enseñar los grandes hombres.
    Va mi gusta (aunque no tenga facebook) y mi +1 (aunque no use el google+).
    Saludos!!!

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  22. Recibo agradecido tu comentario. Me alegra que estés como finalista con ese relato que pone una guinda genial al pastel de la trilogía.
    Un abrazo.

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  23. La sociedad que necesite de la caridad es una sociedad fracasada, dicho lo cual, me temo que hasta hoy todas las sociedades complejas lo han sido y lo son, pues dejan en sus márgenes a multitud de personas abandonadas a su suerte o, como mucho, a la caridad que otros puedan tener con ellas.
    Lo que hace el pescador de tu microcuento es dar la entrada a la sociedad de los pescadores a ese hombre que vive mendigando, le hace ver que puede ser como ellos, los pescadores, que, de hecho, lo es, para lo cual sólo necesita aprender a pescar, algo que él, el maestro, le va a enseñar.
    Esa es una gran lección de moral, tan difícil de llevar a la práctica que en ninguna sociedad se consigue, quizá sólo en las más primitivas, en las que aún viven en tribus. No tengo un gran conocimiento de ellas, pero me resulta difícil imaginarme que en esas sociedades primitivas pueda haber mendigos, enfermos mentales, marginados y desesperados que se autodestruyen; lo cual es para reflexionar sobre nuestros enormes avances incapaces de conseguir lo que ya estaba conseguido en nuestras más antiguas sociedades.
    Pero el runrún que continuamente oímos es competitividad, leyes del mercado, ley de la oferta y la demanda, beneficios, índices bursátiles... y entre toda esa maraña queda el individuo asfixiado, confuso, estresado, y muchos, los desheredados, convertidos en monstruosos insectos, como supo muy bien ver Kafka.
    Aleccionador microcuento con una sencilla enseñanza que todos quienes tienen poder para hacerla realidad obvian. Mis felicitaciones, Manuel, un abrazo.

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    1. Interesante la reflexión que propones, Enrique. Entre las sociedades primitivas y la actual media un abismo ocupado por un sistema ingente y depredador: el capitalismo. Y de una forma anónima de entender la vida, con el individuo disuelto en el bien común y en la colectividad, pasamos al feudo del individualismo que empieza a florecer con el Renacimiento con el auge de las ciudades y la aparición de los comerciantes como clase rica y poderosa al margen de nobles y aristócratas. Ese impulso imparable ya para el desarrollo de las sociedades que conocemos, ha derivado en la casi total aniquilación de los valores comunales, basados en la cooperación, en la solidaridad y en la vigilancia del bien común.
      Hoy, tal como subrayas, el río marginal de detritus que arroja el sistema llena continentes enteros, pueblos ancestrales utilizados como mano de obra de producción barata, bosques primigénios y su biodiversidad asolados para el monocultivo que permiten la oferta de los fast food y las infinitas bebidas azucaradas que hacen dependiente a millones de adictos convirtiéndolos en obesos diabéticos.
      Para no alentar el pesimismo, dejaremos otros aspectos consustancialmente aberrantes también para otra ocasión. Convengamos, como epílogo, en que la sociedad actual polariza sus diferencias hasta sobrepasar el límite de la fractura social a la vez que pone en peligro su propia supervivencia con este modelo insostenible por los altos costes de recursos naturales que consume.
      Confiados a la inteligencia y a la capacidad de adaptación que nos ha traído hasta aquí, esperemos que el Maestro acuda a tiempo con su enseñanza y de a la humanidad un sentido nuevo donde hombre devenga de nuevo persona y solo consumidor insaciable.
      Se alegra uno de escribir su modesto relato cuando genera comentarios como el tuyo que estimula el intercambio de pareceres e ideas. Tal vez sea por ello que continúa uno escribiendo de cincuenta en cincuenta, por enrique-cerse con las visitas y los comentarios.
      Gracias Enrique, un placer contar con tus palabras.

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    2. Gracias a ti, Manuel, por tan completa respuesta.

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  24. Deberían aplicarse el ejemplo del pescador de tu cuento los que librándose de alguna migaja sobrante o de alguna calderilla ya están satisfechos, pues creen haber cumplido. Ojalá todos actuásemos como él. Enhorabuena, Manuel. Un saludo.

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  25. Gracias, Jesús, ojalá cunda el ejemplo y se ponga remedio a tanto desconcierto global.
    Un saludo, gracias por comentar.

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