Filantropía

Tras las alambradas, el viento y la lluvia azotan sus cuerpos encogidos. Están lejos de su país y se sienten abandonados. Pero los habitantes de un pueblo próximo les traen agua, comida, mantas, entre ellos hay un médico. Entonces, sonríen con timidez, estrechan las manos de sus benefactores, lloran agradecidos.
Escrito por Enrique Angulo - Twitter

33 comentarios :

  1. Y nosotros también deberíamos agradecer el que haya gente dispuesta a ayudar y comprender a nuestros iguales e, incluso, a transgredir algunas decisiones injustas. Buen relato, Enrique. Saludos y suerte.

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    1. En las peores situaciones aparece lo mejor y lo peor de los seres humanos, por un lado, individuos que intentan aprovecharse de la situación desesperada de otros, y por otro, personas que ayudan, a veces, con grandes riesgos para su estatus y hasta para su integridad física.
      Qué hace de un ser humano alguien bondadoso, o una alimaña sólo preocupada en el beneficio propio y en cosas aún peores es una de las grandes preguntas filosóficas de todos los tiempos.
      Muchas gracias por tu comentario, Jesús, un abrazo.

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  2. No debería sorprendernos que haya gente altruista y filantrópica. Tendría que ser algo habitual, pero no es así, desgraciadamente. Tu relato, Enrique, es necesario. Felicidades.
    Un abrazo.

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    1. Desde luego que debería ser lo habitual la filantropía y el altruismo, de hecho, si fuésemos una mínima parte de lo solidarios que deberíamos ser no llegarían a darse esas situaciones, no habría guerras, algo tan espantoso que es como si en este mundo cupiese todo –el cielo, el purgatorio y el infierno-, como si, en ciertas situaciones, muchos seres humanos estuvieran endemoniados, pues esa maldad extrema sólo parece atribuible a los seres que hemos imaginado como representantes del mal absoluto.
      Muchas gracias por tu comentario, María José, un abrazo.

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  3. Estos desheredados, desplazados de su tierra, mal llamados refugiados -porque para ellos no hay refugio, sino alambradas, muros y fronteras infranqueables- agradecen asombrados la ayuda que les prestan espontáneamente personas sencillas de buen corazón.
    Recuerdo un pequeño reportaje de la acogida de niños sirios en una escuela griega. Con gran acierto, los responsables les ofrecían una calurosa bienvenida con músicos apostados desde la calle hasta la entrada a las aulas. Sus compañeros griegos los recibían con aplausos. Y la expresión de felicidad de estos niños desfilando dignamente era toda una lección que deberíamos aprender.
    Me gusta mucho tu relato, Enrique, porque en medio del horror de las guerras y las migraciones involuntarias que provocan, es un canto de esperanza, un acto de fe en la bondad humana.
    Soberbio micro que encoge el corazón. Un fuerte abrazo.

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    1. Lo que cuento es de plena actualidad, pero la idea de escribir esta pequeña historia no me la inspiró lo que está ocurriendo ahora mismo en la cercanía de nuestros mares y nuestras tierras, sino una historia que cuenta Margarete Buber-Neumann, en el libro que escribió sobre Milena, la de las cartas de Kafka. Una historia de refugiados ocurrida hace poco más o menos un siglo, en la que los protagonistas eran judíos orientales, los refugiados, y judíos occidentales, los benefactores.
      Y es que los males se repiten en el alocado y funesto carrusel de la historia, y se repetirán, pues refugiados por unas circunstancias o por otras no van a faltar en el futuro, a pesar de lo brillante que algunos lo pintan debido a los grandes avances de la ciencia. Las hambrunas, las sequías, las guerras, las persecuciones, etcétera, hacen y harán que muchas personas tengan que abandonar sus hogares, sus países e irse con lo puesto, que suele decirse, en busca de algún porvenir por incierto que sea.
      No he visto el reportaje del que hablas, pero son esos hechos los que te reconcilian con la humanidad, con los seres bondadosos, que los hay, y muchos.
      Decía Céline –quien por otra parte como individuo dejó mucho que desear y no se libró del antisemitismo- en su mejor novela, Viaje al fin de la noche, y cito de memoria, que parece mentira que teniendo tanto amor en reserva la gente sea tan cabrona, lo cual podría habérsele aplicado a él mismo.
      Y parte de verdad hay en ello, pues, por las circunstancias que sean –miedo, cobardía, pereza, egoísmo, ofuscación...- a muchos nos cuesta lo suyo sacar lo bueno que llevamos dentro, pues siempre se puede hacer más por los desfavorecidos, sobre todo nosotros que, a nada que reflexionemos, deberemos llegar a la conclusión de que somos unos privilegiados.
      Muchas gracias por tu estupendo comentario, Carmen, un fuerte abrazo de vuelta.

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  4. Parece increíble que con cincuenta palabras podamos hablar de asuntos tan importantes como la solidaridad, el amor, la intolerancia y el odio. Enhorabuena por tu relato.

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    1. Enrique Angulo15/9/17 16:03

      Pues sí, cincuenta palabras pueden dar para mucho, y darían para más si uno supiese cómo manejarlas con mayor maestría, que no es mi caso. Pero, al menos, sí se puede poner el foco sobre penosos asuntos que nunca dejan de estar de actualidad, asuntos que los más altos organismos mundiales no saben cómo resolver, por eso, en un momento dado, cualquiera podemos hacer un gran bien a gente que está desesperada y lo ha perdido todo.
      Muchas gracias por tu comentario, Smokey, un abrazo.

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  5. Saludo tu relato con una de las frases con las que Guillermo del Toro ha recogido el premio del León de oro a la mejor película en el festival de Venecia:"En este momento, nuestra primera acción política debería ser escoger el amor por encima del miedo. Vivimos en tiempos en que el odio y el cinismo son usados de forma penetrante y persuasiva. Nuestra primera misión cuando nos levantamos tiene que ser creer en el amor”.
    Creo que por encima de todo, tu relato nos trae también este mensaje. Grande, Enrique. Siento no comentar más, pero una contractura en la espalda limita mucho mi tiempo al teclado. Enhorabuena por este emotivo relato. Un gran abrazo.

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    1. Y yo, después de leer este comentario, lo suscribo y no tengo nada más que añadir.
      Un abrazo, Enrique.

      Manuel, ánimo y a mejorar.

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    2. Desconocía las palabras de Guillermo del Toro, pero las suscribo de pe a pa. Los problemas de la humanidad parecen siempre infinitos, y cuando se solucionan algunos aparecen otros, y muchos de esos problemas se deben al odio, al cinismo, a la inhumanidad, al endiosamiento de muchos que no tendrían bastante para una vida tan corta ni aun disponiendo de todo el universo para ellos solos. Lo cual, además de ser una maldad demoníaca, es también una estupidez colosal.
      Por eso, nada más valioso que las personas generosas, nada más valioso que la bondad, nada más valioso que el respeto a la vida, pues de no ser así nos convertimos en el peor monstruo que vive en este planeta.
      Muchas gracias por tu comentario, Manuel, doblemente valioso porque has tenido que soportar las molestias de esa contractura mientras lo hacías, por lo que mi agradecimiento es aún mayor. Un abrazo.

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    3. Pues gracias por suscribir ese comentario, Patricia, en definitiva, poco hay que añadir a la necesidad de ser solidarios y poner nuestro granito de arena en el lado correcto de la balanza de la justicia. Un abrazo.

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  6. Enrique, nos hablas en tu relato de los refugiados. Personas que por circunstancias como la guerra o el hambre se ven en la obligación, en contra de su voluntad, de abandonar sus casas,, su país. Y cuando llegan a la llamada tierra prometida son más tratados como animales que como personas. Menos mal que siempre en todos los sitios hay gente que actúa y suple la labor que debían realizar los gobiernos. Como bien titulas mientras existan buenas personas habrá filantropía.
    Enrique un relato que creo necesario de leer, para no olvidar y pensar que algún día podemos ser nosotros los que estamos tras la valla. Y además hemos olvidado que en tiempos pasados éramos nosotros los refugiados.
    Muy bueno, enhorabuena, Enrique.
    Un abrazo.

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    1. Al final de tu comentario dices lo esencial, y es que la desgracia, la tragedia puede caernos encima a cualquiera de nosotros, que refugiado puede ser cualquiera, pues en este vida no hay nada seguro: los países se empobrecen, los imperios caen, las guerras suceden, la naturaleza no distingue entre razas ni entre ricos o pobres, aunque los ricos puedan defenderse mejor de sus furores, pero lo cierto es que la ayuda a quienes más la necesitan debería ser una de nuestras prioridades.
      También, como dices, hay mucha gente altruista, sacrificada, haciendo el bien, a veces, incluso, con riesgo de sus propias vidas, y esos, como decía Bertolt Brecht, son los imprescindibles.
      Muchas gracias por tu comentario, Javier, un abrazo.

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  7. Enrique, qué duro es y que bello a la vez tu relato. Tus 50 palabras encierran abandono, desesperación, frío, hambre, miedo, pero sobre todo esperanza, gracias a la filantropía y a la humanidad de mucha gente, que comparte con los desheredados comida y cariño, supliendo la cruel inacción de los gobiernos.
    Magnífico relato, desde el título hasta el punto final. Te deseo mucha suerte este mes. Lo mereces.
    Besos apretados, amigo.

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    1. Hemos visto muchas imágenes de esas gentes desesperadas, hemos visto fotografías, y no de ahora, sino de años anteriores, del siglo pasado incluso, la gente desperdigada por el mundo porque lo ha perdido todo, a veces hasta a los seres queridos, es una constante en nuestra trágica historia.
      Y también es una constante la gente de buen corazón, los filántropos, los amigos de la humanidad, aquellos que salvaron vidas en las peores condiciones, los ejemplos son numerosos y estremecedores.
      Muchas gracias por tu comentario, Pilar, recibidos esos besos apretados, y aquí van los míos.

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  8. Aplausos a tu micro Enrique. Brilla como luz en la oscuridad de la avaricia humana que tiende a ser el promedio del comportamiento. Mas tu micro nos recuerda que aún hay almas buenas, gente con empatía, con bondad, capaces de obsequiar su tiempo, atención, cariño y hasta cosas materiales (tan necesarias también) en aquellos que por una u otra razón están desvalidos. Para mí es un buen llamado de atención. Un abrazo.

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    1. Malo es que la avaricia sea uno de los pecados capitales más usuales hoy en día, pero así parece que es, pues el dios don dinero –que siempre ha tenido un poder inmenso- hace de las piedras pan sin ser el Dios verdadero, que decía Quevedo.
      Por suerte, no todos los seres humanos son así, y les hay verdaderamente grandes en cuanto a bondad se refiere, pienso que gracias a ellos no se viene abajo este tinglado tan feroz que es el mundo, y también son un espejo en el que mirarnos y en el que recordar que siempre podemos ser mejores de lo que somos, aunque nos resulte harto difícil.
      Muchas gracias por tu comentario, Alejandro, un abrazo.

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  9. Ojalá la filantropía fuera contagiosa y desde ese pueblo solidario que citas se fuera extendiendo como una mancha de petróleo en el mar. Como dice Alejandro, tu micro es una llamada de atención, una llamada a nuestras conciencias. Me atrevo a preguntar, porque lo he pensado muchas veces, ¿cuántos estaríamos dispuestos a compartir nuestra casa con refugiados? Muy buen micro, Enrique, para la reflexión. Un abrazo.

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    1. Debería ser más contagioso lo bueno que lo malo, pero mucho me temo que no es así, que por pereza, por sectarismo, por estupidez, incluso, muchas veces nos enrocamos en posturas enconadas sin entender nada de lo que ocurre a nuestro alrededor.
      Así que siempre hay que estar vigilante con uno mismo porque, a la más mínima, tendemos hacia el lado malo del camino y tratamos de justificarlo con muchas argucias que tratar de tranquilizar nuestra conciencia.
      La pregunta que te haces es el de un acto de generosidad extremo, pero con muchos actos menos generosos creo que se solucionarían muchos problemas, un pequeño apretón de todos supondría una ayuda enorme.
      Muchas gracias por tu comentario Juana, un abrazo.

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  10. Los actos generosos son en realidad el más íntimo de los regalos que alguien puede hacerse a sí mismo, pues no hay nada más satisfactorio que una mirada de agradecimiento sincero. Personas como las que describes compensan tanto egoísmo y sinrazón generales, son la llama que mantiene viva la esperanza de que el ser humano puede tener arreglo.
    Un relato con un título que lo dice todo, una palabra que, por desgracia, parece más cercana a un vocabulario culto que al que utiliza el común de los humanos en su expresión diaria. Bienvenidos sean esos benefactores (otro hermoso vocablo), que su ejemplo se propague comenzando por nosotros mismos. Puestos a seguir pidiendo, que haya muchos relatos como éste o que en su esencia se le acerquen, porque mejores no serán.
    Un abrazo fuerte Enrique

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    1. Como muy bien dices, Ángel, el que uno tenga la posibilidad de ayudar a los demás y lo haga es uno de los mayores bienes que puede hacerse a sí mismo. En cierto modo, da un poco de vergüenza el privilegio del que puede gozar uno con respecto a otros muchos –quizá inmerecido-, y reconocerlo y actuar en consecuencia es bueno para nuestro equilibrio mental, pues la vida es un complejísimo juego de carambolas que, mañana, puede ponernos a nosotros en esos lugares de miseria y sufrimientos donde están esos otros, y está claro que nos gustaría que nos ayudasen, que recibiríamos con agradecimiento y emoción la mano tendida de otras personas.
      En el misterio de esta vida, en nuestra orfandad cósmica, sólo el amor de unos hacia otros, sólo la generosidad y la bondad nos salvan, el resto es ir cavando la fosa donde perecerá la civilización, no sé si en su totalidad, pero sí en lo mejor de sí misma, y esos retrocesos sí que serían deprimentes y desesperanzadores.
      Muchas gracias Ángel por tus siempre clarividentes comentarios, un abrazo fuerte de vuelta.

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  11. La estampa viva del refugiado, socorrido por el pueblo, y atendido por la medicina.
    Triste que el número sea tan alto, y en muchos casos no se les pueda dar cabida a todos. Una realidad que nos sobrecoge y pone a prueba nuestra capacidad de amparo.
    Un saludo cordial, Enrique.

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    1. Como dices, María Jesús, las necesidades de los seres humanos son casi infinitas, y la pobreza, la miseria y la ignorancia son como la pescadilla que se muerde la cola.
      Está claro que no somos dioses, que estamos limitados, que tenemos muchos defectos, aun así, podemos hacer cosas, a veces, pequeños gestos, incluso en la convivencia diaria, pues encontrarse con gente respetuosa, educada, generosa, es un regalo en las sociedades ensimismadas y egoístas en las que vivimos, abducidos, muchas veces, por nuestros dispositivos electrónicos que nos alejan de la realidad.
      Muchas gracias por tu comentario, un abrazo.

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  12. Gracias por este relato, Enrique. Si hay algo que me saque de vez en cuando de mi aguda misantropía son testimonios como este, muestras de filantropía en otros, que aunque no sean tan frecuentes como fuera deseable, ahí están, y hay que entrar el foco sobre ellas y potenciar su gratificante efecto. Nada mejor, por otro lado, para lograr la empatía entre el lector y los personajes que el oído en que los has contado.
    Enhorabuena, tocayo. Bello, a pesar de triste, tu relato.
    Un abrazo.

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    1. En primer lugar, Enrique, gracias a ti por tu comentario. Es cierto que contra más sabe uno de los tejemanejes de los seres humanos más se le agria el carácter, más asco siente al conocer sus engaños, su codicia, sus trapicheos, sus violencias y atrocidades.
      Eso ha sido así a lo largo de la Historia, negarlo sería de necios, pero también está la parte positiva, los grandes inventos, las obras de arte maravillosas, los actos de sacrificio y generosidad.
      Y eso me deja atónito, es como si hubiesen cogido la Divina Comedia de Dante, la hubiesen hecho pedazos, y estos los hubiesen lanzado sobre este mundo; así, andan entremezclados el infierno, el purgatorio y el paraíso, con lo que no parece nada fácil aclararse en esta vida y en este mundo.
      Sea como fuere, pienso que uno ha de esforzarse por aprender, por mejorar, por contribuir para que el bien le coma terreno al mal.
      Un abrazo, tocayo.

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  13. Con unas simples alambradas y mantas has reflejado el claroscuro de la relación del hombre con su semejante en este estupendo micro, Enrique. Qué sencillo resulta poner alambradas para infligir sufrimiento, pero qué sencillo resulta también regalar mantas cuando se dispone de más y ello no nos hace pasar frio a nosotros mismos. Ojalá nadie ponga alambradas a nadie para que nadie tenga que regalar mantas de sobra a nadie.
    Un abrazo.

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    1. Alambradas, muros, separaciones debidas a la lengua, la raza, la religión, las clases sociales, etcétera. Y eso que, como ha demostrado la ciencia, somos todos homos sapiens. No puedo imaginarme lo que hubiese ocurrido en este planeta de haber sobrevivido también los neardentales.
      No sé de dónde nos viene ese afán de crear conflictos, si es que existen incluso entre vecinos, entre barrios, entre pueblos colindantes.
      No sé que cayó en la retorta donde nos hicieron, seguro que se descuidó nuestro doctor Frankenstein particular y se le coló algún ingrediente dañino.
      En fin, sólo nos queda tener paciencia con los demás y con nosotros mismos y estar prestos a luchar en el lado de los buenos.
      Muchas gracias por tu comentario, Antonio, un abrazo.

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  14. Muy actual y muy buena imagen de la desolación, la destrucción del hombre... Dramas comunes en los campos de refugiados.
    Espero no vivir nunca en primera persona la tristeza, incertidumbre, miedo..., que siente un refugiado.
    Un beso, Enrique.

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    1. A pesar de las neuronas espejo que dicen que tenemos, la empatía no suele ser una de nuestras virtudes, de entrada, es muy difícil imaginarse los sufrimientos de los demás, y no digamos ya compartirlos en parte. Además, hay tantas desgracias en el mundo, tantos frentes que reclaman nuestra presencia que tiramos la toalla y hacemos pequeños gestos para lavarnos la conciencia.
      Ojalá no nos toque nunca pasar por eso sufrimientos, sólo con imaginar lo que tiene que ser perderlo todo, a veces, incluidos algunos o todos los seres queridos, ya estremece hasta lo más hondo.
      Muchas gracias por tu comentario, Olga, un abrazo.

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  15. La imaginación, estimulada por tu micro, Enrique, me ha transportado a un campo de refugiados. He sentido en mi propio rostro el azote de la tormenta y también un impetuoso llanto de alegría y alivio, en agradecimiento a la generosidad de los ayudantes.
    Abrazo.

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  16. Si mi pequeña y lineal historia ha tenido el poder de hacerte imaginar todo eso me doy por muy satisfecho. De todas formas, tenemos tan presentes esas imágenes que no hace falta mucho para que aparezcan en nuestra mente con toda su crudeza.
    Qué lamentable que en la época del descubrimiento del genoma y de los experimentos con partículas subatómicas ocurra eso, que la mente humana sea capaz de tales logros y, por otra parte, impotente e incapaz de dar lo mínimo para llevar una vida digna a todos los habitantes de este planeta.
    Muchas gracias por tu comentario, Carles, un abrazo de vuelta.

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  17. Querido Enrique, los pueblos que acogen refugiados son dignos de todas las alabanzas y bendiciones, aunque yo voy un poco más lejos, ¿no podrían los pueblos vecinos ayudar de otras formas? Y voy más lejos aún; si todos los pueblos fueran solidarios y colaboraran de forma global, ¿podríamos evitar que existieran refugiados?
    Perdona por mis macro-preguntas para solucionar el problema mundial de guerras y refugiados, pero es que tu micro me ha hecho reflexionar y mucho.
    Un beso grande.
    Malu.

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