Deambular felino

Salté el muro y me dirigí hacia el lugar en el que mi instinto me indicaba una buena recompensa.

Para no precipitarme permanecí agazapado y observando los alrededores. Algunos colegas merodeaban cerca de allí.

"¡Maldición!", maullé. El cuenco estaba vacío. Esperé con paciencia mientras me lamía las patas.
Escrito por Javier Velasco Eguizábal

3 comentarios :

  1. Eduardo Martín Zurita12/3/18 15:11

    Hola, Javier.
    Bueno, es bien claro que hablas de un gato atribuyéndole cualidades humanas: la de hablar, seguramente la más acusada de todas. El gran estagirita nos definió, a los humanos, como seres sociables por naturaleza, que hablan. También, puestos a imaginar podría tratarse de un pobre que, tan mísero de sí se encontraba, que acechaba la comida de los gatos, para birlársela a ellos y a sus colegas de mendicidad. Me gusta micro cuento. Un abrazo.

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  2. Pobre gato, cuánto esfuerzo para tan poca recompensa. En el siguiente capítulo vendrá con dos pistolas para defender su estómago. Me lo figuro. Buen relato.

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    Respuestas
    1. Es dura la vida del gato, pero tiene la virtud de ser paciente. Así que no cogerá las pistolas y visitará otras casas en busca de más cuencos de comida.

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