Sí y no

Y se arrodilló ante un altar de flores rojas. Miró a la virgen y sonrió con desdén.

—Si tú supieras que me has fallado mil veces no te atreverías a volver jamás.

Camila caminó por la iglesia sin reparar en que al fondo se encontraba el sacerdote sonriendo con odio.
Escrito por JM

3 comentarios :

  1. Eduardo Martín Zurita23/3/18 15:40

    Hola, JM.
    Flores rojas: pasión. Camila es nombre de flor. Una flor virgen a la que el sacerdote odia por no haber podido desflorarla. Así lo veo yo. Buen texto. Un abrazo.

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  2. Una escena brutal. Me has dejado sin aliento para seguir comentando.
    Besito virtual, JM.

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  3. Los caminos del Señor son inescrutables, tan intrincados e incomprensibles como ese adjetivo parece indicar. Esta mujer se siente frustrada y ve tambalearse su fe al no hallar una respuesta fehaciente a sus plegarias y peticiones. Al final todo es cuestión de fe, pero algo tan etéreo es lógico que se encuentre en cuestión permanente. Quien tiene como oficio que le sustenta ser intermediario entre lo divino y lo humano es más lo segundo que lo primero y puede tener sentimientos negativos hacia quien se puede apartar del camino y ser, de alguna manera, su fracaso.
    No sé si habré acertado mucho, ya me dirás.
    Un abrazo, JM.

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