Di (putada)

Subo al coche de gama supina, el arco iris de la confortabilidad y la ergonomía. Estoy en un sin sentir en la carretera secundaria que conduce a mi mega galáctico chalet. No responden los frenos. En mi entierro, quizá pueda decir las únicas palabras no prostituidas de toda mi existencia.
Escrito por Eduardo Martín Zurita
Dedicado a Agustín Martínez Valderrama

22 comentarios :

  1. Tus letras siempre son un prodigio de fuerza y expresividad. En este caso no podía ser menos. Tu protagonista ha alcanzado un alto nivel social, a juzgar por su coche extralujoso y un chalet que no le va a la zaga. La parca no perdona a nadie y aparece, muchas veces, cuando menos se la espera. Ese vehículo tan lujoso no evita el final prematuro de su ocupante, que solo en el epílogo se da cuenta de que su existencia, al menos sus palabras, han sido un teatro, un engaño; probablemente, fruto de él, es el estatus que ha alcanzado, con comodidades materiales que no podrá llevarse allá donde vaya a partir de ahora. Una vida de impostura de la que parece darse cuenta y arrepentirse cuando ya no tiene remedio.
    No conocía a la persona a quien dedicas el relato, aunque San Google le ha puesto remedio. Si tiene tu admiración es que merece la pena leerle, igual que a ti.
    Un abrazo grande, Eduardo

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    1. Eduardo Martín Zurita20/6/18 14:31

      Como si te hubieras metido dentro de mi cabeza, igual; mejor: como si hubieras puesto, Ángel, una redacción y te supieras las claves de antemano. Algo así, Ni pongo ni quito coma, tal cual. También da gusto escribir para recibir tus comentarios de lujo.
      Agustín Martínez Valderrama ganó la tercera edición del REC con "carne rebozada", un texto inmenso. Pudo hasta con la eximia Isabel González González, ¡y menuda profesora! Es autor de "Sentidos sin alguno", Agustín, un libro de microrrelatos que es, o debería serlo, una referencia insoslayable en el género. De lectura obligada, vaya.
      Un abrazo muy grande para ti.

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  2. Edu, al final, como las piezas de ajedrez, reyes, peones caballos y torres, todos acabarán en la misma caja. Juntos y... revueltos.
    El tablero seguirá ahí, esperando que nuevas piezas se jueguen la partida de la vida, que le s volverá a desplumar y a enviar a la siniestra (¿o divertida?) caja común.
    Buen relato amigo.
    Como tú dirías, mi más muy sincero y fortísimo abrazo.

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    1. Eduardo Martín Zurita20/6/18 14:39

      Como siempre, Isidro, descontándome años en el casillero con ese tratamiento que tanto me gusta. Al cabo todo cede ante el teatro de las vanidades humanas. Esperemos que la muerte sea divertida, por qué no, puesto que la vida es tan dura y tan cruel tantas veces, y tan injusta. Creo que del otro lado del ajedrez de la vida recibiremos todo lo que se nos ha negado aquí, en la existencia tal y como la conocemos. Ni ante un personaje como el del texto, tan fatuo y miserable, artificial y de palabra prostituida, deja de conmover la muerte.
      Gracias por tu comentario.
      Y otro sincero y más que fuerte abrazo.

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  3. Enrique Angulo20/6/18 0:18

    La forma artificial y pija en la que se expresa la protagonista de tu microcuento ya nos pone en la pista de que se trata de un ser vacío, como tantos seres vacíos que privilegian por encima de todo el dinero, el lujo, los honores, la apariencia..., los cuales, cometen cuantas iniquidades sean necesarias para conseguir esos objetivos, y mienten, sobre todo mienten, tanto a los demás como a sí mismos; mienten tanto y tan bien que quedan atrapados en sus propias mentiras y supongo que la mayoría de las veces llegan a creérselas, de lo contrario, enrojecerían de vergüenza al verse, leerse y oírse, en periódicos y grabaciones de vídeo y audio, pues las trolas y argucias en las que basan sus existencias son de las que a uno le hacen sentir vergüenza ajena.
    En la primera lectura que he hecho de tu microcuento -¿casual coincidencia?- me ha venido a la cabeza la imagen de una señora que hoy andaba por las televisiones vendiendo las bondades de su persona, sus grandes servicios a la comunidad, y que aseguraba que todo lo había hecho por el bien de su país; quizá sea casualidad que la susodicha viva igualmente en un mega galáctico chalet.
    Aunque también me ha recordado a alguna otra señora de esas que dijeron o dicen que se dejan la piel en el feroz ruedo de la política por esta desdichada piel de toro; las cuales, todas ellas, encajan perfectamente en el modelo que describes.
    Tu protagonista, por lo que se deduce del título, también se dedica a la política, pues es diputada, y la putada que pones entre paréntesis supongo que es la que la reserva el destino cuando va hacia ese lugar de ensueño del que tan orgullosa se siente; hubiese sabido de esa fragilidad del ser humano de haberse detenido a mirar con un poco de atención algún cuadro de Brueghel el Viejo o de El Bosco.
    Pero muchísimos de esos individuos triunfan, y así nos luce el pelo a los seres humanos, luego, la gente de valía como, supongo, la persona a la que dedicas este microcuento, suele vivir marginada y, desde luego, rara vez se le reconocen los méritos humanos e intelectuales.
    En cuanto a la buena señora, no creo que en su entierro pueda decir algo que no suene a vaciedad y engaño, por el contrario, me temo que hasta en su funeral habrá también mucha hipocresía.
    Pertinente denuncia la de tu microcuento, no por repetida a lo largo de los siglos innecesaria. Un abrazo, Eduardo, y mis mejores deseos para ti y los tuyos.

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    1. Eduardo Martín Zurita20/6/18 16:27

      Es un placer, Enrique, intelectual de los grandes leerte. Tu sabiduría y elocuencia son proverbiales. No se puede decir más ni mejor de un texto de lo que lo haces con el humilde mío. Es un privilegio tenerte por aquí, tan cerca. Poder disfrutar de tu vasta cultura y de tus razonamientos fluidos e implacables. Cuanto yo añadiera ahora sería como faltarle al respeto a toda la categoría, y humana, que despliegas como el que no quiere la cosa, con esa facilidad tuya, con esa gracia que vendrá de muchos esfuerzos previos como es natural, aparte la dotación innata.
      No sé qué término emplear para la maravilla que he leído. Acaso baste un gracias salido de la inteligencia y del corazón, a ambas instancias has colmado en mi persona hasta la cúspide.
      Mis mejores deseos también para ti y los tuyos. Y un abrazo muy grande para ti.

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  4. Ah, que bien expresas la hipocresía de la política. Hasta el último momento, la di putada de tu historia sigue siendo fiel a su política. Y ya, cuando nada tiene qué perder es cuando intenta ser ella. Demasiado tarde, verdaderamente es una putada lo que le ha pasado. Morir cuando todo lo tenía a su alcance. Muy buena historia amigo Eduardo. Besos.

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    1. Eduardo Martín Zurita20/6/18 16:35

      Te explicas con gracia también, todos sois bien capaces en esta bitácora. No tengo por más que suscribir una por una tus palabras. No se puede glosar más atinadamente el trasunto del microcuento y sus alcances. Mi opinión del texto, como autor, se ve rebasada a base de bien por vuestros renglones. Por los tuyos. Gracias por tus dos calificativos finales. Que me consideres tu amigo es un privilegio para mí. Y si te parece buena la historia, pues yo de lo más feliz. Así el esfuerzo que conlleva la escritura obtiene el laurel más gozoso: los parabienes de los compañeros y compañeras. Muchísimas gracias.
      Un beso muy grande, amiga.

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  5. Los italianos dicen algo así como que "el hombre es la máquina" referido a la semejanza entre la persona y el coche que conduce. Además, el chalet que posee refuerza la imagen de poderío del o de la protagonista. Muy buena la selección de vocablos para que el relato gane en expresividad. Abrazos, Eduardo.

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  6. Eduardo Martín Zurita20/6/18 22:11

    Gracias, Pepe, por tu comentario. Ella es la máquina. El protagonista accidentado es femenino, si quitamos el paréntesis y lo ponemos luego otra vez. He pretendido dar mucho juego al título en relación con la peripecia. Diputada, di putada y putada. Es una parla-mentaria, mejor parla-mentirosa. Es tan verbosa que no quiere ni callarse la boca de finada. Es una putada lo que le ha sucedido y ya es tarde para enmendarle la plana a su verbo prostituido. Di (putana), podría igualmnete haber sido el título, para seguir con el italiano. Gracias también por resaltar la expresividad del texto. Da gusto con vosotros, ya lo he dicho antes, no se os pasa una.
    Un abrazo grande.

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  7. Ante la muerte todos somos iguales, pero es algo que no muchos piensan e intentan vestir con mentiras, brillos y lujos la fealdad de sus egoístas, insustanciales y fraudulentas vidas. Muy buen relato, Eduardo, enhorabuena. Un beso grande.

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    1. Eduardo Martín Zurita21/6/18 21:53

      La tribu de los muy mentirosos qué nefasta es. El egoísmo es la peor de las antivirtudes. Lo mío está alrededor, dijo el descomunal Rimbaud. Los brillos fraudulentos, apócrifos, cuánta razón tienes, son la viva encarnación de la fealdad, de lo grotesco. La falta de sustancia no se le perdona ni al Avecrem. El lujo está en la vida sencilla y llena de amor y amor por todas las cosas. Somos seres para la muerte, sobre todo, ya lo sentenció Martin Heidegeer. Por ahí tenemos que pasar todos, ojalá lo más tarde posible o al gusto, porque los años basura. En fin... Que muchísimas gracias por tu enhorabuena y otro beso grande de vuelta para ti.

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  8. Irreverente inadaptado21/6/18 12:02

    Eduardo la protagonista de tu historia parece que -como una buena parte de los diputados y senadores- ha llegado a la política como una manera de enriquecerse, pero en el pecado lleva la penitencia pues se ha fijado más en que el vehículo en cuestión sea de gama supina, en la confortabilidad y la ergonomía, haciendo de menos otras cosas sin importancia como el sistema de frenos, toda una filosofía de vida, dar importancia a lo superfluo y accesorio obviando lo esencial, y me temo que en su entierro va a tener poco que decir, si acaso podrían poner en su lápida:

    Bajo mí yace una diputada
    que nada cierto dijo en los plenos
    vivió en el lujo sin hacer nada
    nunca en su vida conoció frenos

    Siento el ripio lamentable, pero no he podido resistirme

    Un abrazo Eduardo

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    1. Eduardo Martín Zurita21/6/18 22:06

      De ripio lamentable nada de nada. Te has descubierto y revelado como un estupendo rapsoda. El ripio no tiene desperdicio. La tribu de los arribistas insustanciales que dan forma a nuestras leyes. No me canso de reiterar (cosas de viejo) que hay leyes nulas de pleno Derecho: joder, si hasta atentan contra la razón, si van contra la naturaleza de las cosas. El EEUU, en uno de los Estados, hay una ley que garantiza el sol, manda güevos. Has pillao la sustancia del cuento: la falta de sustancia de diputados y senadores. No deberían desconocer que un principio jurídico, el de la accesión, postula que lo accesorio (ellos y ellas, diputados y diputadas, con perdón) sigue a lo principal (el resto de nosotros). Pero, claro, una cosa es el ser y otra el deber ser. Y, sí, por supuestísimo, el pecado lleva implícita la penitencia. Oye, en serio, cultiva el arte de la poética. ¡Formidable cuarteto o cuarteta (con perdón nuevamente) te has largado!
      Gracias por tu comentario tan prosaica y poéticamente atinado y un abrazo grande.

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  9. A esta diputada, instalada en el lujo, la mentira, la superficialidad y esa demagogia llamada posverdad, le llega accidentalmente su hora. A una vida desenfrenada le corresponde, por justicia poética, una muerte automovilística sin frenos. Para su entierro la desalmada ya no podrá pronunciar dos palabras verdaderas; ese es un honor reservado a los escritores con alma, como es el deseo del que tú homenajeas en este ácido micro.
    Muchas gracias, Eduardo, por darme a conocer a este autor y enhorabuena por el relato. Un abrazo enorme.

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  10. Eduardo Martín Zurita21/6/18 22:16

    Agustín Martínez Valderrama es un monstruo literario con un talento y un ingenio inmensos. Lo que ocurre es que los genios en vida como esta... tan, pues eso, insustancial en las voces dirigentes... El alma, parece que ya han descubierto su existencia y se puede hablar de ella en literatura, sobre todo en poesía. Le homenajeo, sí, porque se lo merece: es un escritor con alma y, bien mirado, no es una víctima del marketing, como otros y otras que yo me sé. Agustín merece mucho la pena. No sé siquiera si seguirá escribiendo. habría que alentarle para que lo hiciera si es que no lo lleva a cabo. Y sí, suscribo cuanto dices y estoy de acuerdo en que el texto es ácido, mucho, consecuencia de la vida y la atención puesta en las maneras tan poco fiables, por no decir escandalosas, que tiene de manifestarse.
    Gracias por tu enhorabuena y un beso muy grande.

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  11. Por supina y mega galáctica que sea una vida, o pomposo un entierro, el día después, bajo tierra o entre cenizas, hace tabla rasa a toda existencia.
    Otra cosa es la huella dejada, no siempre agradable, aunque en este caso, tanto homenajeador como homenajeado ya van dejando la suya; intensa y profundamente atractiva.
    Enhorabuena a ambos.
    Un abrazo.

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  12. Eduardo Martín Zurita23/6/18 14:43

    Con la muerte, partimos de cero supuestamente, porque ¿qué sabe nadie? Yo quiero creerla, por los que me faltan, alegre y llena de paz, de otro tipo de vida plena.
    El homenajeado es, como tú mismo, un as de la literatura, en especial de la microliteratura. Lo último que leí sobre él fue una entrevista y lo noté muy desencantado. O al menos a mí así me lo pareció. El ejercicio de la escritura no siempre resulta agradable.
    Gracias por tu comentario.
    Un abrazo muy grande.

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  13. Me subo al ritmo de tu relato y no me importa que vengan curvas. Cuéntame, si quieres, la Biblia en verso antiguo e, igualmente, me dejo ir directo contra el muro sabiendo que el punto final de tu escritura no termina en el apéndice ortográfico, sino que subido en esa tupida alfombra voladora que teje a ritmo sustantivo tu relato, viajo más rápido y más alto y me siento más cielo y menos tierra, más ligero, como si acabaras de revelarme que la epifanía de toda vida dulce pende, como todas, también de un tirante tenso.
    Así de breve discurrimos, al lomo rápido de la prisa por consumir ingentes cantidades de vacío, el tirante va y se suelta y en la curva solitaria nos presenta, cuando menos, la muerte sus respetos. Qué putada; aunque, bueno, siempre siempre nos quedan, si es posible, las últimas palabras.
    Eduardo, amigo capital del ritmo, qué gozada. Esto y un fuerte abrazo.

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  14. Eduardo Martín Zurita24/6/18 16:40

    Bueno, es un hecho probado, por archiconstatado además, mi Manuel Bocanegra, que eres un descomunal escritor, y que no le va a la zaga tu labor como comentarista. Pero, de verdad, que es un lujazo escribir, que cuesta, para recibir luego palabras como las tuyas. Puro verso, neto, artístico y certero. Se conoce que los aires de Irún te sientan tan bien como tu más dilecto sombrero, o chistera, porque, a qué engañarnos: eres un mago, título que sumas al de monarca absoluto, que no absolutista, de las cincuenta palabras. Me dejas ahíto de gozo, instalado en las cúspides del deleite, al ritmo de tu sapiente y nutritiva escritura.
    Somos seres para la muerte, por eso toda vanidad cede y claudica al hacer de la hoz oscura. Solo nos llevaremos, si acaso, aquello que hayamos dado a los demás en esa fraterna humanidad universal que preconizas sin desmayo. Das mucho, amigo, luego mucho te has de llevar, allí donde no sabemos; y que sea muy tarde y te coja de viejecito versificador. A ti van a tratarte bien doquiera que te encontrases, y es por una razón tan simple y soberbia como la que sigue: porque te lo mereces.
    Un abrazo vía Irún, mi adorado Manuel, con el ritmo sentimental que la amistad no se fatiga de poner nunca en marcha.

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  15. Original título y no menos original historia, la que nos ofreces, Eduardo, con ese toque tuyo tan especial, que hace reconocer tus escritos entre un millón.
    Enhorabuena por ponerle esa ración de pimienta que nos escuece un tanto. .
    Saludos virtuales.

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  16. Eduardo Martín Zurita25/6/18 14:24

    Muchas gracias por tu comentario y por tu enhorabuena. Escribir, que es tarea ardua, tiene su recompensa en comentarios tan maravillosos como el tuyo, que me animan a aporrear el teclado, pobrecillo. la vida, ya lo sabemos, tiene su sal y su pimienta. Y la pimienta escuece, claro que sí. Pero es necesario desahogarse ante determinado estado de cosas. La literatura sirve mucho para eso.
    Un beso grande.

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