Fe ciega

Mi hijo tenía tanta fe en mí que, si le decía que una inyección no le haría daño, no sentía ningún dolor y sus heridas curaban milagrosamente cuando yo las soplaba. Por eso nunca me perdonaré haberle dicho aquella noche que, si no se dormía, el coco vendría para llevárselo.
Escrito por Manuel Menéndez Miranda

12 comentarios :

  1. A ese muchacho, en este caso, le hubiera venido bien eso que llaman "duda razonable", pero el confiaba a ciegas en su padre, el cerebro es poderoso y la sugestión puede tener todo tipo de consecuencias.
    Un drama, sin duda, con un planteamiento de lo más original.
    Un abrazo, Manuel

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  2. Nos muestras una situación muy dolorosa. Interpretada al pie de la letra, el remordimiento del padre, o la madre, parece más bien producto de la ofuscación que le produce la pena que del sentido común. Aunque yo creo ver una segunda lectura, y que quedaría resumida en la idea de que incluso con las mejores intenciones a veces podemos hacer daño a los demás.
    Muy buen relato, Manuel. Su lectura aflige verdaderamente.
    Enhorabuena y un abrazo.

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  3. Este relato es un ejemplo de cómo se debe escribir un micro. El principio te atrapa, el argumento lleva de la mano al lector a desear el desenlace, y, como buen escritor, y tú lo eres, has guardado el gran secreto para el final. Un final rotundo en el que los remordimientos de un padre, la fantasía y la desgracia se unen en un desenlace magistral. Por supuesto, el título muy bien puesto.
    ¡Qué bueno eres, brother!

    Abrazo.
    Pablo

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  4. Eduardo Martín Zurita7/6/18 22:09

    Hola, Manuel, músico, amigo mío.
    Tomar las cosas al pie de la letra puede acarrear funestas consecuencias. El padre es un modelo de conducta para casi cualquier hijo pequeño, es el ídolo vivo y cercano, la fe sin fisuras. Algo prácticamente milagroso. Pero educar es sumamente complejo. Y engendra remordimientos en el paterno educador, si piensa que ha fallado, que ha estado mal. El niño ha de sentirse atemorizado por la palabra paterna cuando le plantea una situación terrible, funesta en sumo grado. Hay que tener mucho cuidado con lo que se les dice a los niños, vivamente impresionables, y que toman en sentido literal sugestionado las frases paternas. El que ha perdido la fe en sí mismo, en el texto, es el padre, he ahí el gran cambio en el conflicto planteado. La fe tiene sus límites, por activa y por pasiva. Mi más muy mayor enhorabuena y un abrazo grande y los éxitos musicales que te mereces, como artista y gran persona que eres. Te sigo debiendo una, no te creas que mi memoria es frágil.
    Un abrazo muy grande.

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  5. Conseguido contraste entre realidad y ficción, entre misterio e imaginación, con ese punto de inesperada y oscura consecuencia que se cuela entre el amor de un padre hacia su hijo.
    un gran relato, Manuel. Enhorabuena.
    Un abrazo.

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  6. La fe mueve montañas, por eso el convertirla en ciega puede acarrear consecuencias trágicas como que la montaña te acabe engullendo. Un relato muy bien escrito abierto a más de una interpretación como dicen los compañeros. Felicidades, Manuel y un beso grande.

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  7. Jejeje muy bueno y ocurrente, me ha gustado mucho.

    Un saludo Manuel.

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  8. Qué difícil educar a un hijo. Creer a los progenitores los salva de muchos peligros, pero la fe ciega no fomenta su espíritu crítico.
    Un magnífico relato, Manuel, sorprendente, original y de negro desenlace. Un fuerte abrazo.

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  9. Qué duro. Poco te puedo decir pues ya te han comentado los compañeros y estoy de acuerdo con ellos.Un beso.

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  10. Vaya, es que hay ocasiones en las que si nos comiera la lengua el gato...Me gusta tu micro, Manuel, mucha suerte.
    Un abrazo.

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  11. Unas cincuenta palabras perfectamente engarzadas. Se palpa la angustia y la desesperación de ese padre o esa madre. No pide una disculpa, solamente comprensión. Muy bueno. Un abrazo Manuel.

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  12. Enrique Angulo18/6/18 0:22

    La fe ciega no es nada recomendable, ni siquiera hacia la persona que más queramos, o más admiremos en este mundo. Claro está que esto puede uno aprenderlo después de muchos años y muchos tropezones, pues bien es cierto que, sobre todo en la infancia, y a nada que se esfuercen para conseguirlo, los padres suelen ser el espejo donde nos miramos y el refugio donde nos sentimos seguros.
    Por tanto, no me extraña nada la pasión de ese hijo por su padre, y los ‘milagros’ que este era capaz de conseguir sólo con hacerle creer a su hijo que lo que le decía era verdad.
    Aparte de eso, veo en tu microcuento cómo en la educación se repiten actitudes y tradiciones que no se cuestionan, y eso, a veces, puede llegar a convertirse en una tragedia. También veo la fatalidad del destino, y cómo la vida castiga en ocasiones a algunas personas de forma brutal por errores de poca importancia, comparados con otras grandes iniquidades que quedan impunes.
    Así que en esa pequeña historia has puesto sobre la mesa uno de los temas de siempre: el de la educación de los hijos, en el que, como en todo cuanto sucede en este mundo, el albur tiene más que decir que lo que debería.
    Un abrazo, Manuel.

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