Adolescente

Atesoro su juventud como si se tratara de un diamante único. Me nutro de ella. Es mi savia, mi alimento. Gracias a ella sigo existiendo, creyéndome indomable, indomesticable y terriblemente fiero.

Y eso, a pesar de las siete décadas que contemplan día a día mi fútil existencia, siempre sintiéndome viejo.
Escrito por Gloria Arcos Lado

3 comentarios :

  1. Maria Galerna27/7/18 20:08

    Dicen que se tiene la edad que sientes. Y de quien te rodean.

    Buen micro.

    Un saludo, Gloria. Y feliz verano.

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  2. Anónimo28/7/18 3:45

    María, sí creo que tienes razón. Uno siente otra edad diferente que la biológica, que nunca suelen coincidir. Aunque quizás no he explicado bien lo que quería narrar. Se trata de un sexagenario que cree encontrar el amor en una joven de veinte años, aunque en realidad lo que pretende es beber su juventud, día a día, para sentir que puede frenar así el avance del tiempo, y que podrá volver al pasado cuando sus energías eran, o al menos parecían, casi infinitas. Muchas gracias por comentar. Un abrazo

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  3. Tu maduro protagonista, enamorado como un colegial, cree nutrirse de la juventud y lozanía de quien adora, sin querer darse cuenta de que su edad es una barrera insalvable, que no hace sino negar, con un espejismo, lo evidente: los síntomas del final en el crepúsculo de su existencia, de cuyo balance no parece satisfecho.
    Un relato sobre la mente y sus mecanismos para buscar motivos e ilusiones con los que seguir viviendo.
    Un abrazo de verano, Gloria

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