El juramento

Ella, tan ajena a su sensualidad, al erotismo que despierta.
Ella, tan pura, tan inocente en su mundo inventado.
Ella, que se entregó a mí sin reparos.
Ella, que me hizo jurarle sobre la Biblia que siempre estaríamos juntos.
Ella, que ignoraba mi ateísmo...

No la he vuelto a ver.
Escrito por María Galerna

8 comentarios :

  1. Seis pinceladas cortas para describir una relación en la que el compromiso es lo más importante, con un final, a mi entender, abierto, en el que puede pensarse que él la abandonó, al ser su juramento puro humo, basado en algo que no creía, o que fue ella, sin embargo, quien se marchó, bien decepcionada por el ateísmo de su pareja o por otros motivos.
    Un argumento interesante, sustentado en una estructura narrativa que no lo es menos.
    Un abrazo, María

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    1. Maria Galerna12/9/18 21:29

      ¡Oh,vaya!, me encanta eso de que se vea más allá de lo que se escribe.
      Lo dejaré así, en la duda (ja,ja,ja)
      Graciasss.

      Un abrazo, Ángel.

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  2. El desenlace queda a criterio del lector, como te acaba de comentar Ángel, que lee más allá de lo escrito, O él la traiciona jurando en falso o ella lo abandona en cuanto lo conoce mejor.
    En todo caso, me llaman la atención los paralelismos anafóricos de la primera parte. Huimos de las repeticiones en los micros, pero no son siempre descartables. Aquí funcionan muy bien.
    Muy original, María. Besos.

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    1. Gracias Carmen. Un beso

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  3. Jurar, prometer, qué ganas tienen algunos de burocratizar las relaciones. Donde hay amor no hacen falta ataduras, y menos religiosas. Muy original el formato del relato. Abrazos, María.

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    1. Llevas toooda la razón.

      Gracias y un abrazo, Pepe.

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  4. Eduardo Martín Zurita23/9/18 15:04

    Hola, María.
    Una estructura formal atinadamente sorprendente para el dibujo en un texto de una relación imposible.
    Enhorabuena y un besiabrazo grande.

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    1. Cada vez me cuesta más sorprenderte, ja, ja, ja, na, es broma. Que se me ha escapado un poquillo el gustillo por la poesía, y mira...

      Un besibrazo, Eduardo.

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